Orquesta del Teatro Mariinsky en el Auditorio Nacional

Orquesta del Teatro Mariinsky en el Auditorio Nacional

ARMANDO PONCE

Apro

Bajo el mando de Valeri Gergiev, la Orquesta del Teatro Mariinsky (OTM) de San Petersburgo mostrará en el Auditorio Nacional un repertorio de autores rusos que incluyen las Danzas Polovtsianas, de Aleksandr Borodín; el Concierto para piano y orquesta No. 1 en si bemol menor, Op.23, de Pyotr Ilyich Chaikovski; El pájaro de fuego (versión corta), de Igor Stravinsky, y la Obertura 1812, op. 49, también de Chaicovsky. Una muestra de su cultura, musicalidad y calidad, en opinión del concertino de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, Oleg Gouk. El ensamble Mariinsky es uno de los más antiguos en el mundo, y fue dirigido durante 50 años por Eduard Nápravník, director y compositor checo. Actualmente está bajo el mando de Valeri Gergiev, una de las batutas más reconocidas a nivel internacional, quien ha colaborado con las principales salas de óperas y concierto como el Kennedy Center, San Francisco Opera y el Carnegie Hall. La orquesta llega al Auditorio Nacional (METRO Auditorio) este 4 de marzo a las 20:30 horas con costos de boletos que van de 200 a los 1550 pesos.

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Encuentro de lauderos

Con el propósito de difundir y promover el arte de la laudería y fortalecer el área cultural musical en México, se realiza la sexta edición del Encuentro de Música, Madera y Laudería hasta este sábado 5 en la Fonoteca Nacional. Es un encuentro de reflexión para los profesionales, estudiantes y aficionados de la laudería que incluye más de 20 actividades entre clases magistrales, conferencias, conciertos, clínicas, exposiciones, proyección de cortometrajes, talleres y venta de instrumentos. El evento tiene como eje la relación “músico-laudero”, y los mitos y realidades del instrumento musical a través de seis bloques temáticos que propician la reflexión y el diálogo entre los profesionales y los aficionados del arte de la laudería. La Fonoteca se encuentra en Francisco Sosa 383 en Coyoacán, y para conocer el programa completo visite: www.emml.com.mx

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Chagoya en el Museo de la Estampa

Enrique Chagoya presenta la muestra Palimpsesto Caníbal en el Museo Nacional de la Estampa (Munae), que en esta ocasión seleccionó 65 piezas correspondientes a la gráfica, serigrafía, litografía, chine collé, aguafuerte, aguatinta e impresión digital, entre otras. Con una amplia gama de imágenes icónicas que le sirven para crear un discurso visual y nuevas propuestas gráficas, podríamos decir que se trata de una antropofagia simbólica, reinterpretaciones que se transforman y se convierten en nuevas imágenes, diálogos desde el campo formal, hasta el semántico de manera puntual y desenfadada. El Munae se ubica en Avenida Hidalgo 39, Centro Histórico, y la exposición permanecerá abierta al público hasta el 28 de marzo.

La adicción a lo audiovisual limita la capacidad de reflexión.

La adicción a lo audiovisual limita la capacidad de reflexión.

El mundo a través de una pantalla: juventud y sociedad en la era digital

Xabier F. Coronado

Giovanni Sartori, Homo Videns

Vivimos lo que se puede llamar la era de la comunicación. Las sociedades humanas que habitan el planeta están interconectadas de manera global. Las redes de información son un valor en alza y estar enlazados a ellas se ha convertido en una necesidad. Una de las consecuencias de este hecho es que nos hace vulnerables. Tener predominio en los medios confiere un poder de control y manipulación sobre la sociedad que hace real el omnipresente Big Brother que Orwell alcanzó a prever.

A este incremento de las posibilidades de información/comunicación, y su consiguiente penetración social, han contribuido las tecnologías desarrolladas desde la segunda mitad del siglo pasado. Sin duda, los medios han evolucionado deprisa en las últimas décadas y lo han hecho de una forma que nos es difícil procesar. Inmersos en el frenético devenir diario, sometidos por un trabajo que nos deja pocos momentos de descanso y presionados por la demanda de atención de las nuevas tecnologías, no tenemos tiempo para evaluar las consecuencias que este cambio está generando en nuestras vidas, ni lo que puede suceder a mediano o largo plazo.

Cuando activamos nuestra terminal electrónica, no nos detenemos a reflexionar que estamos accesibles, entretenidos y olvidados de nosotros mismos. Este proceso afecta sobre todo a las nuevas generaciones, educadas en un escenario que antes no existía. La juventud vive vinculada a los medios digitales y es su promotora ante el resto de la sociedad, que va adaptándose a las costumbres impuestas por el avance tecnológico.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Modelamos nuestras herramientas y luego éstas nos modelan a nosotros.

M. McLuhan, Comprender los medios

El desarrollo y la propagación de las nuevas tecnologías han supuesto un hecho histórico tan determinante como la imprenta o la revolución industrial. El cambio producido afecta nuestras relaciones, perturba los sistemas de valores y convulsiona la propia estructura social. La tecnología nos ha modificado las costumbres, la vida y hasta la manera de pensar.

La historia de la comunicación va paralela al desarrollo de la civilización humana. La actual revolución tecnológica permite la transmisión de datos con tal repercusión que se ha corroborado el concepto de “aldea global” enunciado por Marshall McLuhan en La Galaxia Gutenberg (1962): “La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global.” El pensador canadiense también alertó sobre el determinismo tecnológico al expresar que “el medio es el mensaje”.

Las posibilidades de comunicarnos y emitir información se han multiplicado sin cesar. El sistema de correos tradicional se vio reforzado a principios del siglo XIX con la invención del primer medio electrónico de comunicación: el telégrafo. Años más tarde, el teléfono entró en nuestras vidas para hacer realidad la conexión distante en tiempo real. Durante el siglo XX se desarrolló un conjunto de instrumentos tecnológicos que se introdujeron en los hogares para transmitir información: radio, televisión y reproductores de música experimentaron una acelerada metamorfosis, al igual que las cámaras fotográficas y las grabadoras de imágenes y sonidos. A partir de la década de los ochenta vivimos la expansión informática y la computadora se ha impuesto como el medio más eficaz para almacenar, procesar y difundir datos de todo tipo.

En los últimos veinte años se produjo la consolidación de internet, una red de redes global formada por computadoras interconectadas. La Red se ha intercalado en todos los sectores de la vida social y, en la actualidad, gracias a una sofisticada tecnología, nos mantiene virtualmente conectados con todo lo que pasa en el planeta. La mayoría de la población posee una terminal digital con la que puede obtener información, escribir, producir y acceder a material audiovisual, publicarlo y comunicarse con cualquiera persona o entidad que también la posea.

Hay muchas cosas que ahora nos parecen normales pero que hace cuarenta años eran poco menos que impensables. La juventud de entonces sentía la urgente necesidad de modificar costumbres y valores sociales, pero, cuando el cambio se produjo, los jóvenes sólo aportaron su espíritu renovador: el timón nunca estuvo en sus manos, la dirección fue marcada por una clase empresarial mundial que sólo atendía intereses económicos y políticos, un poder desproporcionado que mantiene el control y arrastra a la humanidad al desequilibrio.

Los tiempos cambian

La tecnología está aquí para quedarse, con todas las maravillas que aporta, pero es el momento de considerar cómo afecta a otras cosas que apreciamos.

Sherry Turkle, Reclaiming Conversation

En la era digital todo está mediatizado y en pocas décadas han cambiado nuestras costumbres cotidianas. Hay aspectos de la vida humana que han sido afectados, positiva o negativamente, por la revolución tecnológica. El desarrollo de internet ha transformado la sociedad y trajo consigo otra manera de hacer las cosas. La Red maneja la economía, la política y la cultura; en definitiva, la sociedad global depende de ella. La llamada nube de información (cloud computing) que se está configurando, parece haber encontrado su sitio en algún lugar virtual de la atmósfera terrestre. El ser social, en cuerpo y mente, está atrapado en una niebla de redes inalámbricas que lo rodea día y noche. La nube administra y domina nuestras vidas, nos pasamos horas pendientes del correo electrónico, de las redes sociales, de mensajes y noticias. Vivimos obsesionados por la información y la comunicación, desconectarse es cada vez más difícil y no queremos hacerlo por temor a perdernos algo importante.

En el campo de los valores y sentimientos también ha habido cambios. En especial entre los jóvenes, que se han criado en estos parámetros tecnológicos. Cuando los observamos ensimismados en la realidad virtual, nos llegan las preguntas: ¿Qué buscan ahora los jóvenes, cuáles son sus sueños, por qué estarían dispuestos a luchar, a dar la vida? ¿Les sigue motivando alcanzar una sociedad más justa e igualitaria como a la juventud del siglo pasado?

No hay indicios de que hayan surgido nuevos planteamientos que combinen y equilibren la realidad evolutiva con la ética natural, en busca de objetivos comunes al margen de fanatismos políticos, sociales o imposiciones divinas. Se tiene la sensación de que, para la mayoría de la juventud, esa línea de pensamiento orientada hacia la consecución de un ideal humano ha sido abandonada, bloqueada por modelos individualistas, de culto a la imagen. Permanecen embelesados por el perfil público que ellos mismos diseñan y proyectan, confirmando así la metáfora esencial del libro Comprender los medios de comunicación (Understanding Media), de McLuhan: el mito de Narciso. No existe un debate social abierto ni se plantean alternativas, no parece haber ganas de ponerse a razonar o a valorar, más bien se aprecia una indolencia convenida, reforzada por la tendencia a dejarse llevar por estímulos cada vez más virtuales.

A este “remolino caótico” que es la sociedad actual sólo se le podrá encontrar sentido a través de la observación: ver quiénes somos, en dónde estamos ubicados, qué nos está pasando y qué necesitamos. Es importante hacernos conscientes del vacío que nos rodea y descubrir hacia dónde se dirige este camino que estamos recorriendo. La pregunta fundamental es saber si realmente hemos elegido transitarlo o se trata de una imposición. ¿Podríamos ejercer el libre albedrío, decir no, aunque sea a nivel personal, y abrir otras brechas por dónde caminar? ¿Existe realmente la probabilidad de hacerlo o el sistema nos pondría toda clase de trabas? La respuesta tiene que darla cada uno, pero sospecho que la mayoría no cree que sea posible y adopta una actitud de dejarse llevar, de justificar su entrega para seguir encomendados a un ente superior, en este caso tecnológico, que excluye toda reflexión o duda.

Consecuencias y perspectivas

Debido a que el presente es siempre un período de penoso cambio, cada generación tiene una colisión del mundo en el pasado.

B. R. Powers

En definitiva, los cambios han sido notables: entre las formas de comunicarse que existían hace cien años y las actuales hay un abismo. Las nuevas tecnologías nos han invadido súbitamente, produciendo transformaciones sociales y culturales que afectan nuestros círculos más próximos: el trabajo, la educación, la familia…; su manejo en cualquier ámbito se hace imprescindible. Las sociedades contemporáneas dependen de la tecnología para funcionar en todos sus estratos. Hoy en día, los medios audiovisuales son los canales de socialización más importantes; quien los controle puede influir de forma decisiva sobre los puntos de vista y el criterio de las audiencias.

Las relaciones interpersonales y los comportamientos sociales se han modificado desde que manejamos equipos digitales. Nuestra actividad en períodos de descanso sería diferente si tuviésemos desconectada nuestra terminal móvil; hacerlo sería para muchos inconcebible. La dependencia de los dispositivos y sus prestaciones es cada vez mayor. Utilizarlos nos hace vivir pendientes de ellos y en consecuencia desconectados de nuestra realidad: limitan el tiempo de reposo y la atención para relacionarnos. Un buen ejercicio sería recordar qué cosas hacíamos antes y ver qué hacemos ahora, para distinguir con claridad lo que ha cambiado en nuestras vidas.

En su más reciente libro, Reclaiming Conversation (2015), la psicóloga Sherry Turkle, que estudia estos temas desde hace años (Vida en pantalla, 1997; Alone together, 2011), al referir a que estamos perdiendo la capacidad de conversar afirma que “se nos ha olvidado que hay una nueva generación que ha crecido sin saber lo que es una conversación ininterrumpida”. Cuando la conversación se produce se ve interrumpida constantemente porque mantenemos abiertos canales virtuales de relación que atendemos con descaro estemos con quien estemos. De esta costumbre emerge un nuevo concepto: phubbing, que hace referencia al acto de ignorar a alguien al mirar el teléfono en lugar de prestarle atención.

Las nuevas tecnologías nos mantienen conectados pero no nos comunican realmente, se nos escapa el mundo de las experiencias directas y los vínculos afectivos, no sentimos los latidos de nuestra propia vida. ¿Podrá la electrónica sustituir el –hasta ahora– necesario contacto físico?

El consumo tecnológico en aparatos y en tiempo se expande, lo que puede convertirse en una barrera para establecer relaciones cordiales, abiertas, creativas. Las redes sociales, a pesar de su capacidad de ser plataformas para ejercer la libertad de expresión y luchar por el bien común, se vuelven espejo de los nuevos tiempos, donde se refleja una imagen proyectada, un escaparate más en el centro comercial del culto al ego.

Las consecuencias del uso de las nuevas tecnologías suscitan más preguntas que respuestas porque todavía están sin analizar. Se habla del tema pero no se reflexiona sobre la manera en que afectan la cultura y el arte, los valores sociales, a niños y jóvenes que se están formando. El porcentaje de uso de equipos móviles entre la juventud es el más elevado y eso deja secuelas.

¿Qué bagaje trae la juventud? Las nuevas generaciones han crecido en esta dinámica de relación que implica otro esquema de valores. El mundo virtual les resulta más cercano, inmediato y conocido, incluso más natural; una realidad donde enfrentan menos problemas porque tienen el control. Las terminales digitales móviles –para qué seguir llamándolas teléfonos– se han convertido en una extensión de los sentidos y nos provocan problemas de atención y omisiones de conciencia.

Ante la evidencia del predominio del ambiente virtual entre los jóvenes, se nos plantea una cuestión que puede ser vital para el futuro de la sociedad: ¿las nuevas generaciones serán capaces de frenar el ímpetu tecnológico que está cambiando nuestra visión del mundo y encontrar alternativas donde confluyan los nuevos tiempos con la realidad física cotidiana tal como ahora la conocemos?

La pregunta queda en el aire, sólo el tiempo podrá darnos la respuesta. Mientras tanto, convendría recordar lo que Marshall McLuhan afirmaba: “No hay absolutamente nada que no pueda evitarse mientras exista el deseo de contemplar lo que está ocurriendo.” (The Medium is the Massage, 1967). Tenemos que mantener la esperanza y creer que, por medio del análisis y reconocimiento de pautas de relación, conseguiremos entender la realidad social y sus circunstancias, afrontarla y armonizarnos con ella •

“Todos necesitamos la música, sin ella no podemos vivir” : Murió Nikolaus Harnoncourt

“Todos necesitamos la música, sin ella no podemos vivir” : Murió Nikolaus Harnoncourt

El pensador, director de orquesta, violonchelista y líder de la filosofía musical en torno al significado de la música en nuestras vidas y artífice de la renovación del estilo barroco y el sonido de las orquestas contemporáneas, Nikolaus Harnoncourt, falleció en su residencia austriaca a los 86 años, exactamente dos meses después de despedirse mediante una carta escrita de su puño y letra y que se repartió en facsímil en los programas de mano de su último concierto, en el Musikverein de Viena.

El anuncio lo hizo su viuda, Alice, con quien Nikolaus fundó hace 63 años la orquesta Concentus Musicus, con la cual revolucionó la manera de hacer música antigua, persiguiendo lo que él consideraba la autenticidad, “la verdad”, utilizando instrumentos originales de época o bien réplicas fieles. Siguió un procedimiento similar con el repertorio subsiguiente, aplicando el canon vigente en la época en que Mozart, Beethoven, Brahms y otros cuyas partituras renovó, siguieron.

Como pensador, lega textos invaluables, recogidos algunos de ellos en el libro “La música como discurso sonoro” (editorial Acantilado, distribuido en México por Colofón).

“Todos necesitamos la música, sin ella no podemos vivir”, escribió ahí.

Cuanto más ahondemos y más intensamente nos esforcemos en comprender la música –argumentó—“más podremos ver lo que es esa música, muy por encima de la belleza, cómo nos cautiva e inquieta con la variedad de su lenguaje”.

Al final, discurrió, “a través de la música así entendida de Monteverdi, Bach o Mozart, tendremos que reencontrar la música de nuestro tiempo, pues habla nuestra lengua, es nuestra cultura y la continúa. ¿No tendrá mucho que ver con lo que hace nuestro tiempo tan inarmónico y terrible el hecho de que el arte ya no esté involucrado en nuestras vidas?”.

Su preocupación estribaba en que, “creyendo todavía en la fuerza transformadora de la música, tenemos que ver cómo el espíritu general de nuestro tiempo la ha desplazado de su posición central: de lo conmovedor a lo bonito”.

La música, deploraba, ha pasado a ser un ornamento, limitada solamente a ser “bella”, cuando la música actual, decía, “no puede cumplir con esa exigencia, ya que por lo menos refleja –como cualquier arte—la situación espiritual de su tiempo, o sea del presente”.

Una reflexión honesta sobre nuestra situación espiritual “no puede ser sólo bella”. Ver la realidad resulta molesto para las personas y por eso, en afán de evasión, la limitan a mero ornamento, fundamentaba Harnoncourt.

Comprender la música, entonces, tiene que formar parte de la educación general, para regresar a su poder original: el de transformar a las personas.

A eso consagró su vida El pensador, director de orquesta, violonchelista y líder de la filosofía musical en torno al significado de la música en nuestras vidas y artífice de la renovación del estilo barroco y el sonido de las orquestas contemporáneas, Nikolaus Harnoncourt, falleció en su residencia austriaca a los 86 años, exactamente dos meses después de despedirse mediante una carta escrita de su puño y letra y que se repartió en facsímil en los programas de mano de su último concierto, en el Musikverein de Viena.

El anuncio lo hizo su viuda, Alice, con quien Nikolaus fundó hace 63 años la orquesta Concentus Musicus, con la cual revolucionó la manera de hacer música antigua, persiguiendo lo que él consideraba la autenticidad, “la verdad”, utilizando instrumentos originales de época o bien réplicas fieles. Siguió un procedimiento similar con el repertorio subsiguiente, aplicando el canon vigente en la época en que Mozart, Beethoven, Brahms y otros cuyas partituras renovó, siguieron.

Como pensador, lega textos invaluables, recogidos algunos de ellos en el libro “La música como discurso sonoro” (editorial Acantilado, distribuido en México por Colofón).

“Todos necesitamos la música, sin ella no podemos vivir”, escribió ahí.

Cuanto más ahondemos y más intensamente nos esforcemos en comprender la música –argumentó—“más podremos ver lo que es esa música, muy por encima de la belleza, cómo nos cautiva e inquieta con la variedad de su lenguaje”.

Al final, discurrió, “a través de la música así entendida de Monteverdi, Bach o Mozart, tendremos que reencontrar la música de nuestro tiempo, pues habla nuestra lengua, es nuestra cultura y la continúa. ¿No tendrá mucho que ver con lo que hace nuestro tiempo tan inarmónico y terrible el hecho de que el arte ya no esté involucrado en nuestras vidas?”.

Su preocupación estribaba en que, “creyendo todavía en la fuerza transformadora de la música, tenemos que ver cómo el espíritu general de nuestro tiempo la ha desplazado de su posición central: de lo conmovedor a lo bonito”.

La música, deploraba, ha pasado a ser un ornamento, limitada solamente a ser “bella”, cuando la música actual, decía, “no puede cumplir con esa exigencia, ya que por lo menos refleja –como cualquier arte—la situación espiritual de su tiempo, o sea del presente”.

Una reflexión honesta sobre nuestra situación espiritual “no puede ser sólo bella”. Ver la realidad resulta molesto para las personas y por eso, en afán de evasión, la limitan a mero ornamento, fundamentaba Harnoncourt.

Comprender la música, entonces, tiene que formar parte de la educación general, para regresar a su poder original: el de transformar a las personas.

A eso consagró su vida Nikolaus Harnoncourt, nacido en la rancia nobleza austriaca, que transformó en nobleza en el sentido de hacer de su trabajo un servicio a favor de los demás.

Nació en Berlín por mera circunstancia, pero creció, se educó y trabajó toda su vida en Austria.

Nació como Johann Nicolaus, conde de la Fontaine y de Harnoncourt-Unverzagt, bisnieto del archiduque Johann de Austria de Estiria, en línea directa de la madre del músico, Ladislaja Gräfin von Meran.

Nikolaus Harnoncourt es un referente de la vida musical del mundo hoy en día. Al morir se termina una era, como bien anotó este sábado 5 de marzo, Thomas Angyan, director de la Musikverein, cuando confirmó la noticia del deceso. Aunque no se dio a conocer el dato de manera oficial, los rumores apuntan a un padecimiento grave de cáncer.

Gracias a Harnoncourt la manera de pensar, ejecutar y entender la música ha cambiado para mejorar.

Un indicativo de su pensamiento lo podemos observar en la manera como titulaba sus discos: “Mozart´s Instrumental Oratorium”, para referirse a las últimas tres sinfonías de ese autor, y las hace sonar de manera sorpredente, inimaginada y con mayor belleza y entendimiento y de quien también grabó obras prácticamente desconocidas, como la partitura monumental que co-escribió con Ignaz Franz von Mosel: “Timotheus oder die Gewalt der Musik (Timoteo ó el poder de la música”), Grosse Kantata nach Handels Das Alexander-Fest” (Gran Cantata a partir de La Celebración a Alejandro, de Handel). O bien los celebérrimos Conciertos de Brandenburgo de Bach, que suenan de manera muy diferente a la conocida hasta entonces, bajo el bello y elocuente título de “Concertos Avec Plusiers Instruments” (Conciertos con Instrumentos Varios).

Nikolaus Harnoncourt encabezó un vasto movimiento de renovación, con sentido historicista, de la música del barroco e integrado entre otros por los hermanos belgas Sigislaw y Wieland Kuijken, el clavecinista holandés Gustav Leonhardt (con quien grabó todas las Cantatas de Bach) y John Eliot Gardiner, autor de un bello y voluminoso libro: “La música en el castillo del cielo. Un retrato de Johann Sebastian Bach” (editorial Acantilado, también distribuido por Colofón).

Ha muerto un gigante y con él termina una era, la de los grandes que cambiaron la manera de pensar, interpretar y amar la música.

“Todos necesitamos la música, sin ella no podemos vivir”. Funja su frase a manera de epitafio., nacido en la rancia nobleza austriaca, que transformó en nobleza en el sentido de hacer de su trabajo un servicio a favor de los demás.

Nació en Berlín por mera circunstancia, pero creció, se educó y trabajó toda su vida en Austria.

Nació como Johann Nicolaus, conde de la Fontaine y de Harnoncourt-Unverzagt, bisnieto del archiduque Johann de Austria de Estiria, en línea directa de la madre del músico, Ladislaja Gräfin von Meran.

Nikolaus Harnoncourt es un referente de la vida musical del mundo hoy en día. Al morir se termina una era, como bien anotó este sábado 5 de marzo, Thomas Angyan, director de la Musikverein, cuando confirmó la noticia del deceso. Aunque no se dio a conocer el dato de manera oficial, los rumores apuntan a un padecimiento grave de cáncer.

Gracias a Harnoncourt la manera de pensar, ejecutar y entender la música ha cambiado para mejorar.

Un indicativo de su pensamiento lo podemos observar en la manera como titulaba sus discos: “Mozart´s Instrumental Oratorium”, para referirse a las últimas tres sinfonías de ese autor, y las hace sonar de manera sorpredente, inimaginada y con mayor belleza y entendimiento y de quien también grabó obras prácticamente desconocidas, como la partitura monumental que co-escribió con Ignaz Franz von Mosel: “Timotheus oder die Gewalt der Musik (Timoteo ó el poder de la música”), Grosse Kantata nach Handels Das Alexander-Fest” (Gran Cantata a partir de La Celebración a Alejandro, de Handel). O bien los celebérrimos Conciertos de Brandenburgo de Bach, que suenan de manera muy diferente a la conocida hasta entonces, bajo el bello y elocuente título de “Concertos Avec Plusiers Instruments” (Conciertos con Instrumentos Varios).

Nikolaus Harnoncourt encabezó un vasto movimiento de renovación, con sentido historicista, de la música del barroco e integrado entre otros por los hermanos belgas Sigislaw y Wieland Kuijken, el clavecinista holandés Gustav Leonhardt (con quien grabó todas las Cantatas de Bach) y John Eliot Gardiner, autor de un bello y voluminoso libro: “La música en el castillo del cielo. Un retrato de Johann Sebastian Bach” (editorial Acantilado, también distribuido por Colofón).

Ha muerto un gigante y con él termina una era, la de los grandes que cambiaron la manera de pensar, interpretar y amar la música.

“Todos necesitamos la música, sin ella no podemos vivir”. Funja su frase a manera de epitafio.

Las mujeres no reconocidas por la historia mexicana

Las mujeres no reconocidas por la historia mexicana

Tratar de contar a las mujeres que han hecho la diferencia en nuestro país resulta imposible. El género femenino ha trascendido en todos los ámbitos: política, periodismo, medicina, economía, literatura, física, biología, dramaturgia… La lista es larga, aunque muchas veces esas mujeres no hayan tenido el mismo reconocimiento histórico que los hombres.

Desde pequeños hemos aprendido de la obra y vida de mujeres que rompieron esquemas y que, gracias a su talento y valentía, aparecen en los libros de historia que nos acompañaron durante nuestra infancia. Sin embargo, hay muchas otras que no se mencionan en esas páginas.

Este 8 de marzo dejamos descansar a La Malinche y a La corregidora para recordar a nueve mexicanas admirables que no siempre aparecen en tus libros de historia.

1. Macuilxochitzin. Esta princesa, cuyo nombre significa Cinco Flor, vivió en los días del máximo esplendor azteca y fue pionera de la literatura mexica en el siglo XV. La poetisa fue hija de Tlacaélel, consejero de los gobernantes del imperio y se distinguió por escribir poemas sobre los triunfos y conquistas de su padre.

Entre sus obras destaca aquella en la que recuerda las batallas de su padre en el Valle de Toluca. En ella, Macuilxochitzin habla de la actuación de un grupo de mujeres otomíes que con súplicas, salvaron la vida de uno de sus capitanes, pues había herido a un soberano mexica.

2. María de la Soledad Leona Camila Vicario. Nacida en 1789 en la Ciudad de México, esta periodista fue una rebelde desde muy joven. Formó parte del movimiento independentista Los Guadalupes. Utilizó parte de la fortuna heredada de su padre para comprar armas y provisiones para los insurgentes, según un artículo sobre Vicario del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. La insurgente también ayudaba a los familiares de presos y reclutaba hombres para las batallas.

Escribió para El Semanario Patriótico Americano, El federalista y El Ilustrador Americano. A los 24 años fue encarcelada y amenazada con permanecer en prisión si no delataba a sus compañeros independentistas. Vicario optó por la cadena perpetua. Posteriormente logró escapar y seguir luchando, al lado de su esposo Andrés Quintana Roo, por un proyecto de nación.

Leona Vicario. Via Wikimedia Commons

3. Laureana Wright de Kleinhaus. Fue una escritora y promotoras de la educación para las mujeres en México. Nació en 1846 en Taxco, Guerrero. Desde joven mostró interés por la situación social de las mujeres y se dedicó a difundir sus ideas en distintas publicaciones de la época.

En 1887 fundó la primera revista feminista de México, Las Violetas del Anáhuac, en la que sólo escribían mujeres. En esta publicación de circulación nacional se hacían fuertes críticas al gobierno de Porfirio Díaz, motivo por el que estuvo a punto de ser expulsada del país.

Laureana Wright de Kleinhaus.

4. Matilde Montoya. Nacida en la Ciudad de México en 1859, fue la primera mujer en graduarse de médico en el país, en la Escuela Nacional de Medicina (ahora Facultad de Medicina de la UNAM). Por su labor de partera en Cuernavaca, Puebla y Veracruz recibió fuertes críticas en periódicos locales, que la acusaban de protestante, algo mal visto en las sociedades católicas de esa época, según un artículo de la Secretaría de Salud.

Inició sus estudios de medicina a los 25 años. Logró cursar materias exclusivas para hombres gracias a la intervención del entonces presidente Porfirio Díaz. En 1887 aprobó su examen profesional, evento que fue festejado por varios periódicos nacionales, según reporta la Secretaría de Salud.

‘Ilustración Hispano Americana’ (Publicación periódica), via Wikimedia Commons

5. Elvia Carrillo Puerto. Fue una de las líderes feministas más importantes en México en el siglo XX. La también llamada Monja Roja del Mayab por su devoción al socialismo. Fue miembro del Partido Socialista del Sureste y luchó activamente para lograr el sufragio femenino, la libertad sexual y el divorcio.

Nació en Yucatán en 1878. En 1912 fundó la primera organización de mujeres campesinas y organizó el Primer Encuentro Feminista de Yucatán en 1915. Fue electa diputada en el Congreso de ese estado y así se convirtió en la primera mexicana en ostentar ese cargo político. Era hermana del caudillo Felipe Carrillo Puerto.

Fotografía histórica de Elvia Carrillo Puerto de 1901.

6. María Valentina Ramírez Avitia. Mejor conocida como La Valentina, esta mujer soldado nació en 1893 en Durango. Se disfrazó de hombre y peleó durante la Revolución Mexicana y bajo el nombre de Juan Ramírez, esta revolucionaria luchó en decenas de batallas y alcanzó el grado de teniente.

Eventualmente fue descubierta y dada de baja de las filas de la revolución, pues un compañero descubrió sus trenzas. Posteriormente se trasladó a Sinaloa, estado en donde radicó el resto de su vida.

7. Amalia González Caballero de Castillo Ledón. Fue una diplomática y luchadora social. Nació en 1898 en Tamaulipas. Fue embajadora de Suiza, Austria, Suecia y Finlandia y la primer mujer en formar parte de un gabinete presidencial, el de Adolfo Ruiz Cortines (1958-1964) para ser más específicos.

González fue promotora de la equidad de género y por ello fundó y presidió el Ateneo Mexicano de Mujeres y el Club Internacional de Mujeres. Sus labores e iniciativas en favor de la mujer fueron claves para que en 1953, Ruiz Cortines decretara el derecho de la mujer a votar y a ser votada.

Amalia González Caballero de Castillo Ledón.. Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes

8. Florinda Lazos de Léon. Lideró en 1934 el Bloque Nacional de Mujeres Revolucionarias, la agrupación femenina del Partido Nacional Revolucionario (ahora el Partido Revolucionario Institucional). Lazos de León fue una revolucionaria que luchó por la igualdad de género en México.

Nació en Chiapas en 1898. Como enfermera y diputada, Florinda Lazos participó en la organización de grupos campesinos de mujeres y participó activamente en el surgimiento del Primer Congreso de Obreras y Campesinas de Chiapas en 1919. Fue directora de La Gleba, una publicación feminista importante.

9. Benita Galeana. Esta activista nacida en Guerrero en 1903 formó parte del Partido Comunista mexicano y del Partido Socialista Único. Luchó por los derechos de los trabajadores, promovió el sindicalismo y los movimientos huelguistas y buscó que se estableciera la jornada de ocho horas de trabajo en el país.

Sus esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de las mujeres en el país también fueron importantes. Como pionera del movimiento feminista luchó por la legalización del aborto, las salas cunas y al descanso materno (garantía de que la mujer puede descansar antes y después del parto con derecho a remuneración). Fundó organizaciones como el Frente Único Pro-Derechos de la Mujer con ayuda de otras activistas intelectuales.

Elena Garro y su amor por los campesinos

Elena Garro y su amor por los campesinos

Elena Poniatowska

La Jornada

No conocí ser más adictivo que Elena Garro; cuando la traté la viví como una droga, con necesidad y angustia. Los días tenían sentido sólo si ella aparecía, si me dirigía una palabra, una mirada. ¡Esta niña es un Renoir!, decía, y yo sentía que la Virgen me hablaba.

Elena nació en Puebla el 11 de diciembre de 1916 (pero ella insistía que en 1920), y aunque faltan varios meses para su centenario, las universidades, los institutos, las escuelas y los críticos se han propuesto dedicarle todo 2016 para releer y difundir su obra. Darle el lugar que merece en nuestras letras es la misión de muchos fans que creen que no ha sido lo suficientemente reconocida.

La conocí junto a Octavio Paz en 1954. Tuvimos largos años de amistad antes de 1968. A raíz del 68, Elena y yo ya no estuvimos del mismo lado. No entendí su devoción por el secretario de gobierno Fernando Gutiérrez Barrios, al que ella llamaba D’Artagnan. A su regreso a México, después de una larga ausencia, Helenita Paz me llamó y me pasó a su madre; apenas era un hilo de voz, tal vez una prueba que Elena ponía al poder hipnótico de sus palabras, a su inmenso poder de seducción. Me contó que se les había perdido una gatita. Hablamos poco.

El 26 de julio de 1998 recibí una buena alegría: una carta de la Chata Paz escrita en un francés que ya quisiera yo y con un poema suyo dedicado: Petit Pierrot lunaire para darme las gracias por el libro sobre su padre: Las palabras del árbol. Sentí que me había llenado los brazos de flores, tantas que apenas podía retenerlas.

Por la enfermedad de mi madre no pude ir al sepelio de Elena Garro el domingo 23 de agosto de 1998, en Cuernavaca, pero acompañé a Helena Paz en su dolor.

Me quedo con la Elena Garro de mi juventud, la gallarda, la avasalladora, la furiosa, la que seducía con sólo hacer su entrada. Guardo muy buenos recuerdos de París, en su departamento de la rue de l’Ancienne Comédie, en su compañía que decían había sido de Molière. Con ella, la ciudad de mis primeros años cobraba una dimensión distinta. Cualquier acontecimiento, en México o en París, en su casa de Alencastre, en las Lomas de Chapultepec, o en Cuernavaca, cambiaba de color, de textura, de temperatura. Sus cuentos de La semana de colores, el formidable La culpa es de los tlaxcaltecas (que fascina a Sergio Pitol), me supo muy distinto al resto de la literatura mexicana. Su vuelo era más alto, su movimiento más gracioso. Elena Garro es nuestro Marcel Schwob, nuestro Jules Renard, nuestro Jean Giraudoux, nuestra Alicia en el país de las maravillas, pero es también el Juan Rulfo femenino, a todas luces, la gran escritora mexicana, la que todo poetiza y transforma.

Los recuerdos del porvenir es una novela joven, vital, lírica que conjuga la magia, la luminosidad, la poesía y la acción: Helencitos, ha escrito usted un libro maravilloso –se fascinó Octavio Paz, quien sacó del célebre baúl el manuscrito y lo llevó a Joaquín Díez-Canedo. En esas 250 cuartillas se evidencia hasta qué grado la autora estaba ligada a su país, a los campesinos y a la Revolución Mexicana. A pesar de que Elena viajó mucho y estuvo fuera durante largas temporadas, sabe de las cocadas y las botas federicas, las tertulias al atardecer, las aguas frescas y los amores intensamente callados, porque en pueblo chico el infierno es grande.

Los recuerdos del porvenir nos muestra a una Elena Garro impredecible y no la que discutía desde la mañana hasta la noche sentada sobre la alfombra avellana de su casa, sino la Elena que sabía del campo, amaba al animalero de plantas y de árboles y al animalero de hombres, mujeres y niños, y podía describir hasta la menor nervadura de la hoja de un árbol, una Elena llena de sol (y también de luna) que supo hablar de perfumes, de sabores, del calor de Iguala, con palabras fogosas, embrujadoras, que refrescan y dan un sabor distinto a nuestra literatura. ¿Es una novela autobiográfica?, le pregunté en alguna ocasión:

–Pues sí, porque está hecha con lo que me acuerdo de mi infancia; son los recuerdos de un pueblo donde viví. La escribí en París en 1951. La escribí muy rápido. Luego se quedó guardada en un cajón. A Octavio le gustaba mucho, pero a mí siempre se me perdía. La olvidé en un hotel en Nueva York y más tarde mi hermana, que iba de pasada, recogió el baúl abandonado con todos mis papeles. Además se me quemó. Toda desbarajada y mochada la remendé y le llegó a Joaquín Díez-Canedo, quien la publicó. Estaba en París, enferma, en la cama, y para no aburrirme empecé a escribirla. La terminé muy rápido, en mes y medio. Toda la gente que sale allí es gente de verdad y muchos viven todavía. Los apellidos son de Iguala. El pueblo es Iguala, en Guerrero. Los personajes son mis conocidos, los vi todos los días hasta que vine a México. Yo era una niña muy vagabunda y me escapaba de la casa. Mi hermana Devaki y yo éramos muy fisgonas, andábamos siempre en la calle husmeando, conocíamos a todo el pueblo, íbamos de tejado en tejado, de árbol en árbol, nos metíamos al cuartel, a la comandancia militar… ¡éramos la peste! Juan Cariño, el loco, es real. Lupe y Juan Urquizo, ese español que se presenta un buen día y desaparece misteriosamente, también. El general Rosas y Julia, su querida, vinieron realmente a Iguala, yo los conocí, hicieron barbaridades y se fueron. Todo eso que yo veía de chica, esos personajes así muy mágicos, porque cuando eres chica todo es muy extravagante, todo eso lo armé y le metí una intriga. En realidad este libro es un compendio de varios años de infancia.

Elena Garro ha quedado tan ligada a Octavio Paz que es fácil escuchar ¡Ah, sí, la que fue mujer de Paz!, una frase machista que forma parte de su identidad y una exclamación que encierra una historia de amor y de odio que identifica a la pareja.

Contradictoria a más no poder, al igual que sus personajes –de ella misma decía que era una partícula revoltosa–, Elena se fue destruyendo y quién sabe si sus admiradores la acompañaron en su caída, la legión de fieles seguidores, amigos, familiares, enamorados, quienes frecuentaron su casa en la avenida Nuevo León y luego en las Lomas; los incautos que tocaron a su puerta, los embrujados por su magia y los despistados que nunca faltan.

Para la escritora y académica de la lengua Silvia Molina, Elena Garro es indudablemente la mejor escritora de finales del siglo XX mexicano: “Sólo bastó para que le reconozcamos su formidable talento escribir dos libros: Los recuerdos del porvenir y La semana de colores, los más sobresalientes, desde mi punto de vista”.

Sujeta a depresiones profundas, las cóleras de Elena fueron sagradas cuando defendió a los campesinos de Morelos, de Ahuatepec, de Atlixco, de Cuernavaca. Amiga del entonces jefe del Departamento Agrario, Norberto Aguirre Palancares, Elena se la pasó en la Secretaría de la Reforma Agraria en la Ciudad de México, yendo y viniendo entre los escritorios de los burócratas, exponiéndoles los asuntos de multitud de campesinos que arribaban de Morelos y de Guerrero. Como estos trámites tardaban hasta meses, Elena alojaba en su casa no sólo a los campesinos que no tenían adonde ir ni qué comer, sino al líder de los copreros, César del Ángel, personaje nefasto que le dio de cocos y nunca logró gran cosa para los que viven en la costa.

Los campesinos de Ahuatepec la miraban como a un Zapata femenino y les parecía lógico que ella enarbolara su bandera y marchara al frente de su batallón de sombrerudos. Se le veía siempre con su abrigo de piel de camello y sus trajes color miel, elegantísima. Alguna vez, en una audiencia, le pregunté si no le parecía inapropiado su vestuario entre tanta pobreza, tanto deshilacherío, y me respondió: No soy una hipócrita, que me vean tal como soy, que me conozcan tal como soy. No tengo nada que esconder, a diferencia de otros sepulcros blanqueados, escritores que se fingen indigenistas y en el fondo son racistas; juegan un doble juego, porque se fingen salvadores de los indios, pero están muy contentos de ser blancos y rubios. ¡Qué gran asco me dan! Si yo soy dueña de un abrigo de pieles, me lo pongo donde sea y cuando sea. No lo voy a esconder.

Con su hermana Deva (comunista y casada con Jesús Guerrero Galván) discutía mucho sobre su activismo y la repartición de las tierras: “Nos peleábamos todos los días, y yo le decía: ‘A ti y a mí no nos matan porque somos güeras, pero a estos pobres campesinos, tan pobres, tan indefensos y tan indios, pues les pegan un tiro en la cabeza y ni quien se mueva’, y ella me decía: ‘¡Ay, qué reaccionaria!’”

Elena era católica y siempre adoró a la monarquía. Pensaba escribir un libro sobre los Romanov y ella y la Chata (Helena Paz) hablaban durante horas de Anastasia, aferradas a la creencia de que había sobrevivido a la masacre. Madre e hija enumeraban, siempre sentadas en posición de loto sobre la alfombra, a toda la dinastía Romanov, Nicolas II, el jefe de familia; Alejandra, la emperatriz, y las cuatro grandes duquesas: Olga, de 22 años; Tatiana, que caminaba como una bailarina, incapaz de soltar a su perrito; María, de 18 años, y finalmente Anastasia, de 16, todas preocupadas por Alexis, el niño de 13, frágil y delgado, a quien Rasputín no logró curar. Fueron asesinados en lo más negro de la noche, a las 3:15 de la madrugada, aseguraba la Chata. Odio a los Rojos. Lenin es un miserable, Stalin es peor. Esa novela a Elena se le quedó en el tintero, pero en cambio produjo La semana de colores y una cantidad de obras de teatro totalmente seductoras que hicieron que Carlos Monsiváis la considerara la mejor dramaturga mexicana. La puesta en escena de El hogar sólido, que hizo Poesía en Voz Alta, con Octavio Paz a la cabeza, triunfó en grande. La señora en su balcón, La sopa de poro y papa, El encanto, tendajón mixto, La mudanza, El árbol, Andarse por las ramas, La dama boba, Los perros (Devaki y Elena son los perros en El día que fuimos perros) y Los pilares de doña Blanca son obras líricas y fascinantes ahora representadas en varios escenarios universitarios.

Me pregunto qué haría Elena Garro si se enterara de que en Iguala –el pueblo que la vio crecer y le inspiró el libro que todos ponderan– desaparecieron 43 normalistas, la mayoría hijos de campesinos sin recursos ni poder político. Seguramente iría hasta la Procuraduría General de Justicia al frente de una marcha y no se separaría de los padres de los muchachos como no lo hizo de los campesinos que cobijó bajo su abrigo de piel que cubría su corazón y sobre todo su indefinible y valiosa originalidad.

Por último, quisiera recordar a Helena Paz Garro, la Chata, hija de dos personajes fuera de serie. También ella fue capaz de darnos unas memorias muy bien escritas y muy amenas; todavía recuerdo la admiración que sentí cuando puso en mis manos, en su casa de Cuernavaca, varios centenares de páginas escritas a renglón seguido que demostraban su capacidad literaria y amorosa. La Chata fue –al entender de muchos– la víctima de dos personajes centrales en la cultura mexicana. Por desgracia ninguno supo abrir las manos y la enjaularon en un abrazo mortal.

Cartas de Rosario Castellanos

Cartas de Rosario Castellanos

Durante su estancia en Tel Aviv, en el año de 1971, Rosario Castellanos le escribió a Ofelia Benavides, esposa del médico pediatra Lázaro Benavides, quien también era una gran amiga de Raúl Ortiz y Ortiz. Su hija, la pintora Emilia Benavides, tuvo a bien entregarme cuatro cartas que Rosario le escribió a su madre y en las que reitera la orfandad que padeció durante toda su vida. Esas cartas confirman la actitud ante la vida de la gran escritora que a lo largo de los años nos repitió que ella era la malquerida y que su destino estuvo marcado por el desamor, el de sus padres, primero, y más tarde, el del filósofo Ricardo Guerra, su marido. Rosario dijo que había intentado comunicarse con el mundo sin encontrar quien la escuchara y habló de las citas fallidas con sus duendes y sus musas. Afirmó que su amiga Ofelia –también escritora y miembro del taller de Alicia Trueba en el que dimos clase Raúl Ortiz y Ortiz y yo– jamás dejaría de recordarla.

 “Ahora estoy de regreso./ Llevé lo que la ola, para romperse, lleva/–sal, espuma y estruendo–,/ y toqué con mis manos una criatura viva:/ el silencio. Heme aquí suspirando/ como el que ama y se acuerda y está lejos.

Estas cartas a Ofelia datan de 1971, enviadas desde Tel Aviv, con Castellanos nombrada embajadora de México por el presidente Luis Echeverría Álvarez:

Mi querida Ofelia:

No creas que no me acuerdo de ti lo que pasa es que como mi trabajo consiste especialmente en escribir cuando descanso ya no quisiera yo usar ese medio de comunicación si no otros más fáciles como la telepatía, por ejemplo. Pero mientras no lleguemos a ese estado de perfeccionamiento interior (o a algunos otros adelantos técnicos) habrá que conformarnos con aprovechar oportunidades como esta de la que me estoy valiendo ahora: una gripe siniestra con la entrada feroz del invierno, un reposo forzado en la cama, esto es tiempo libre y posibilidad de dedicarlo a lo que me gusta sin que sea obligación.

Mucho gusto me ha dado saber el entusiasmo con que sigues tus clases y nada me extraña ese entusiasmo si el maestro es Raúl Ortíz. Además de que somos muy amigos hemos tenido una curiosa relación en esto de la enseñanza. Él empezó un curso en la Facultad de Filosofía y Letras –creo que en 1963 o algo así– y al fin del primer semestre tuvo que dejarlo por incompatibilidad de horarios. Me lo heredó a mí. Lo terminé pero al principio del semestre siguiente me enfermé y volvió a sus manos. Y después otra vez a las mías y así sucesivamente hasta que ambos volvimos a coincidir en casa de Carmen Turrent que organiza también cursos especiales como los que tú estás llevando. Yo no sé si la literatura tenga una importancia objetiva o no. Si se la sujeta a análisis –como todo– se desmorona. Pero como asunto subjetivo, como actividad liberadora, como “saber de salvación”, por lo menos para mí ha sido y sigue siendo esencial. Yo no me atrevo a volver la vista atrás y a recordar mi infancia, esa etapa caótica en que todo se aparece por primera vez, sin explicaciones, sin términos de comparación, desproporcionado, absurdo. Lo único que a mí me ayudó a poner un poco de orden, a entender y, por lo tanto a sobrevivir, fue la aptitud de expresarlo. Al principio eran pergeños muy toscos, copias de modelos muy baratos. Pero poco a poco se va soltando la mano, se va pudiendo más y se va uno exigiendo más. En mi caso tuve la suerte, no sé si buena o mala, depende de cómo la juzgue, de que la adolescencia fuera aún peor de angustiosa y de no haber encontrado nunca una persona con la que yo pudiera establecer una relación tan satisfactoria como la que ya había establecido con los libros. Después aprendí, si no a dar más que no es fácil, sí a pedir menos que casi es indispensable. He tenido amistades, admiraciones muy hondas, gratitudes pero me temo que todas han estado ya teñidas de literatura. En cierta ocasión escribí algo que los críticos tacharon de pedante y que lo sería si no fuera cierto: que yo no doy por vivido sino lo redactado. Mientras no puedo transformar en palabras una experiencia no siento haberla tenido. Por ejemplo, la muerte de mis padres. Jamás he podido siquiera platicarla como algo íntimo, que me aconteció a mí, que de muchas maneras (aunque quizá no en el sentido convencional) me dolió. Jamás he podido escribir una letra al respecto. Jamás la he podido incorporar a mi historia y creo que seguirá siendo uno de mis traumas psicológicos no resueltos.

Con Gabriel temí que me ocurriera lo mismo. Pero ya, por lo menos, salió un poema. Quiere decir que estoy comenzando a asumir la maternidad y que eso me ayudará a vivirla plenamente.

Pero la literatura, como todo, es asunto de tiempo. Supongo que de Israel yo no podría decir nada más que las impresiones superficiales. Tengo aquí nueve meses y creo que he visto muchas cosas y observado muchas otras pero que no podría aún formularlas. Es un país muy complejo, con un enorme problema de integración de sus ciudadanos que vienen de todas partes del mundo y que tienen unas peculiaridades que nuestra educación nos ha enseñado a aborrecer pero que son admirables. Un sentido de la dignidad propia, un aprecio a la inteligencia y un cultivo al conocimiento que no encuentras en otros pueblos para quienes un intelectual (de la categoría que sea) suscita desconfianza, desprecio o risa. Esto en abstracto es muy plausible. Pero en la vida cotidiana resulta más bien ingobernable. Jamás puede pedirse algo (ordenar algo es inconcebible) sin tener que dar toda clase de explicaciones racionales y fundar el pedimento. ¿Caprichos? Sí, a menos que se admita que es un capricho y que eres lo suficientemente imbécil como para ceder a ellos.

Eso se da en todos los niveles. Si vas a un salón de belleza tienes que llevar redactado tu pliego de peticiones porque de otro modo te hacen lo que se debe hacer, no lo que tú quieras. Hasta el problema de la migración. Los judíos en la URSS, pongamos por caso. Claman al cielo porque quieren salir para venir a la Tierra prometida. Las autoridades soviéticas les niegan el permiso. Huelgas de hambre en Rusia, en el muro de lamentaciones de aquí. Activa campaña de propaganda en el mundo entero, ciclos de conferencias, artículos en los periódicos, ¡hasta Salvador Elizondo habla del derecho de irse! Por fin, se les da la visa. Se reúne una multitud en el aeropuerto internacional de Lod para recibirlo, bajan, reciben y dan abrazos y besos ¿y qué hacen? Inmediatamente, una huelga. Se sientan en el suelo y se niegan a moverse de allí porque no les gusta el sitio que les designaron, porque han sabido que las casas no son cómodas y el clima es caliente y los separarán de sus amigos y etc. etc. etc. Empiezan rápidamente a hacer sus trámites para regresar a Rusia. ¡Increíble! Pero se les respeta que es todavía más increíble aún.

Y más cosas: el Shabath en que si estás en un hotel internacional o volando en la línea aérea de Israel no te permiten fumar porque Moisés lo prohibió hace chorrocientos mil años y dijo que era un desacato prender el fuego. Y las luchas de los patólogos para hacer autopsias en los hospitales sin que los linchen los grupos de fanáticos religiosos… junto a las instalaciones hospitalarias más modernas del mundo.

En fin, como tú ves no tenemos la exclusiva en paradojas en México. Aunque lo que me cuentas es bastante inexplicable. Yo he llegado a convencerme de que el poder es una ficción y de que el único que manda en cualquier parte no es el jefe sino el conserje, el que deja pasar a la gente, el que contesta el teléfono, el que transmite los recados. El poderoso es inerme y está totalmente aislado. Algún día voy a desarrollar esta idea de otro modo.

Y no dejes de escribirme. Yo no soy puntual contestadora por razones obvias pero tus cartas nunca han caído en saco roto y las estimo y me alegran muchísimo y me hacen desear volver a México y conocerte y platicar contigo.

Feliz Navidad, ¿no se dice así en estas épocas? Y un año nuevo que te traiga lo mejor para ti y para los tuyos te desea, Rosario.

 Tel Aviv, 24 de agosto de 1971.

Sra. Ofelia M. de Benavides.

México, D.F.

Mi querida Ofelia:

Mucho gusto me dio recibir tus dos cartas y encontrarte, al través de ellas, tan entusiasta, tan generosa, tan dispuesta a dar y a darte a los demás. Es en verdad envidiable tu familia por tenerte a ti como centro de ella, irradiando tus dones y procurando la felicidad de todos. Me dio gusto pero también un poco de envidia. Yo tuve la desgracia de haber nacido en un hogar en el que algo más profundo que la desavenencia dividía a mis padres. Nunca vi, entre los dos, el más mínimo signo ni de amor ni de amistad ni de solidaridad humana sino al contrario. Sin expresarse con palabras pero sí con actos un rechazo, un rencor, un deseo de aniquilarse mutuamente que no sólo presencié los veintidós años que tuve la suerte de vivir al lado de ellos sino de ser el campo de batalla en el que dirimían sus diferencias que eran radicales.

Para colmo fui hija única y quedé tan horrorizada de una convivencia de la que sólo me libró la muerte de ambos (que fue casi simultánea) que me mantuve sola mucho tiempo hasta que me atreví a dar el gran paso, el para mí terrible paso que era el matrimonio.

Me temo que yo estaba demasiado deformada pro lo que había visto y vivido y que la persona que cometió el error de suponerme apta para la felicidad no era excesivamente pródiga tampoco en simpatía y comprensión. El resultado fueron trece años más o menos infernales en los que yo saqué en limpio y como ganancia cosas que me son muy importantes. En primer lugar, un hijo (tuve tres, se me murieron dos) y, para estar a la altura de las circunstancias de la maternidad, un serio tratamiento psicoanalítico gracias al cual mi hijo y yo hemos establecido una relación muy profundamente tierna en la que yo procuro poner lo mejor de mí misma y tratar de que las circunstancias en que mi hijo se mueve (un hogar deshecho, un padre que no le prestó nunca mayor atención, varios destierros y separaciones de sus amigos, de sus maestros, de todo lo que en un momento dado considera su mundo) no lo afecten. Creo tener la suficiente lucidez para evitarle trampas muy obvias pero no está en mi mano darle lo que no tengo.

En muchos sentidos mi hijo me ha obligado a lo que decía Sor Juana: finjamos que soy feliz. No siempre lo soy pero siempre lo aparento ante él. Los desgarramientos de las vestiduras y el crujir de dientes se reserva para los poemas.

Por otra parte, es una ventaja el que yo tenga mi propia vida para que no trate de alimentarme de la suya. No quiero después cobrarme a lo chino de los supuestos sacrificios que hago por él como es una costumbre en México. Quiero que él viva para sí y que se independice lo más pronto posible de la tutela materna. En fin, ya ves que por buenas intenciones no quedamos. Pero que con buenas intenciones se pavimenta el infierno.

Pero basta de autobiografía deprimente. Estoy trabajando mucho en Israel. Me han ofrecido una cátedra en la Universidad Hebrea de Jerusalem y voy a dictar un curso de novela mexicana contemporánea. Y conferencias en el Instituto Latinoamericano de Relaciones Culturales y la Embajada que todavía no entiendo muy bien en qué consiste porque no hay dinero, como es normal.

Muchos saludos y abrazos desde este devaluado país. Escríbeme siempre que puedas y no temas ser ni inoportuna ni excesiva. Tus cartas me producen siempre una gran alegría. Rosario.

Tel Aviv, a 9 de julio de 1971

Querida Ofelia:

Recibí oportunamente tu segunda carta aquí en Israel y si me tardé un poco en contestarla fue por haber hecho un viaje fuera del país del que apenas acabo de regresar.Me complace mucho mantener la comunicación contigo pero me gustaría que la estableciéramos en un punto más concreto: que me contaras de ti, de tus circunstancias, de tus aspiraciones, de tu trabajo. En lo que a mí respecta eso no es necesario porque creo que prácticamente todo lo que ha ocurrido lo he contado por escrito. Y cuando no menciono algo no es porque lo considero demasiado privado sino porque no me pareció interesante.

Tú sabes (por lo que has leído) en qué trabajo, qué hago, qué personas constituyen mi familia, etcétera ¿Por qué no completar este cuadro con una imagen tuya? Te aseguro que la amistad podría entonces prosperar mucho más fácilmente.

Esperando tus letras, quedo como siempre tu amiga, Rosario.

 Tel Aviv, a 22 de septiembre de 1972.

Mi querida Ofelia:

Quizá lo que me ha paralizado para contestar es, entre otras cosas, el sentimiento de culpa. Tú me has escrito cartas tan largas, tan sinceras y tan generosas que yo [ilegible] me en el mismo nivel y para ello tendría necesidad de tiempo, de un poco más de ropos (sic.) y (aunque tú no lo creas) de fluidez para escribir.

Cuando la literatura se convierte en un oficio empieza uno por inventar trucos a los que le llama técnica o estilo y al final el truco acaba por apoderarse de ti y ya no puedes más que obedecerlo e ir a desembocar siempre a los mismos lugares comunes.

Mucho me alegra que hayas leído y te hayas dejado conmover por mi libro de poemas. Para mí también esta reunión de lo que durante tantos años estuvo disperso me pareció una sorpresa. Algunas veces agradable, otras, vergonzosa, pero la mayor parte del tiempo incomprensible. Se establece una distancia tan grande entre los yos que se van sucediendo y expresando a lo largo del tiempo y el yo que contempla cuando lee. Me imagino que tú has tenido este tipo de experiencia y que entiendes muy bien lo que quiero decirte.

Nada me cuentas en la última carta sobre los problemas que tanto te preocupan en relación con la profesión de tu marido y de las instituciones para el cuidado de la infancia. Se dice que la falta de noticias son buenas noticias y yo quisiera que, en este caso, el dicho fuera verdad.

Tengo el proyecto de ir a México pero todavía no [sé] la fecha para el viaje. Mientras nos vemos por primera vez personalmente no dejes de escribirme y no atribuyas nunca mi silencio a otra causa que el trabajo, la falta de tiempo y la confianza de que sabrás perdonarlo.

Con un abrazo muy cariñoso se despide, Rosario.

La muerte de Rosario Castellanos en Tel Aviv el 7 de agosto de 1974 habría de causar un hondo estupor en el medio intelectual y político mexicano. La propia Golda Meier, gran política y protectora de Israel, habló con mucha pena de su desaparición.

En México, la ausencia de Rosario antes de cumplir los cincuenta años nos hizo recordar también la muerte muy joven de Sor Juana Inés de la Cruz. Hoy ambas poetas y escritoras (Sor Juana, la más grande de nuestro continente) son objeto de culto. Estudiosos universitarios, feministas y lectores de todas las edades las reverencian •

Murió el guitarrista José Luis Domínguez

Murió el guitarrista José Luis Domínguez

Esencial del sonido de Arpía y Nine Rain

La escuela DIM, una de las contribuciones del músico, formador de roqueros y jazzistas

De la Redacción

La Jornada

Los grupos Arpía y Nine Rain, además de músicos como Cecilia Toussaint y Jaime López, tuvieron el privilegio de contar con la música del guitarrista mexicano José Luis Domínguez, quien murió este domingo.

Al margen de su labor de músico, Domínguez destacó en la labor de docencia: fundó la escuela Desarrollo Integral Musical (DIM), que ha formado un sinnúmero de cuadros de las nuevas generaciones, sobre todo las encaminadas al rock, jazz y sonidos circundantes.

El Gordo, como sus amigos le decían de cariño, en 2012 comentó en estas páginas: No tengo miedo y enfrento mi realidad. Si mañana me tocara morir estaría conforme, porque he sido un ser humano muy afortunado. No tengo ninguna religión, pero sé que tengo aún varias cosas por hacer.

Ese año se organizó un concierto en su beneficio.

Domínguez era un excelente intérprete, pero mejor ser humano. Generoso, abrió su escuela a principios de 2000. El objetivo esencial de DIM, afirmaba, es no dar a los alumnos fórmulas ni formatos para hacerlos estrellas; no tiene que ser una fábrica de astros, sino de músicos.

Abundaba: “En México, de la mayoría de escuelas de música salen jóvenes que tan sólo hallan trabajo en el hueso (formando parte de un grupo, por ejemplo) o tocando cóvers, pero a la larga eso los frustra”.

Domínguez tocaba desde hace décadas en Arpía, grupo de Cecilia Toussaint, y desde hace algunos años en Nine Rain. En mi generación ser músico era más de actitud, pero ahora hay que sumar conocimiento y lo que sé es como persona.

Negaba que tener formación académica quite el filin, lo emotivo, al tocar. “El filin sin conocimiento no funciona. Hay que prepararse y tener disciplina. En general, el medio es mediocre porque los músicos sólo sobreviven. Tienen que tocar diario para ganar 500 pesos por show, pero uno va dejando la juventud. Creces y no tienes en qué caer muerto. Yo toqué cóvers, pero salí, y los que siguen haciéndolo ganan una miseria”.

La creatividad de las lenguas

La creatividad de las lenguas

Este año, el inglés y el español conmemoran el cuarto centenario luctuoso de sus escritores máximos, Shakespeare y Cervantes

DARÍO VILLANUEVA

El País

En el presente año, el inglés y el español conmemoran el cuarto centenario luctuoso de sus escritores máximos, William Shakespeare y Miguel de Cervantes.

Las lenguas, todas las lenguas, son instrumentos prodigiosos para la configuración de nuestras identidades personales y sociales. Gracias a ellas podemos comunicar lo que pensamos y sentimos, lo que vemos del mundo en torno y dialogar con los demás para entendernos o para discrepar. A través de la lengua atesoramos y transmitimos el legado de nuestros saberes filosóficos o científicos. Incluso, se repara también en su valor económico, en términos del producto interior bruto de cada país.

Pero donde el rendimiento de la lengua se expresa al máximo es cuando las palabras, creativamente, se hacen música, imagen y arte. La literatura es el ámbito privilegiado de tal logro, y sus frutos superan las barreras del espacio y del tiempo: por eso Cervantes y Shakespeare son clásicos.

El crítico norteamericano Harold Bloom ejemplifica su admiración hacia el autor de Hamlet con una declaración que puede parecer escandalosa, cuando afirma que la personalidad humana, en nuestro concepción moderna, es una invención shakespeareana. Y en su libro Where Shall Wisdom Be Found consagra el hermanamiento entre Shakespeare y Cervantes cuando los sitúa, hombro con hombro, entre las parejas de autores en los que funda su concepto de literatura sapiencial, y les atribuye la supremacía entre todos los escritores occidentales desde el Renacimiento hasta hoy.

Ello no le impide señalar las diferencias entre ambos, pues la literatura de Shakespeare nos enseña sobre todo cómo hablar con nosotros mismos. Sus grandes figuras dramáticas son magníficos solipsistas, mientras que Don Quijote y Sancho se escuchan de verdad el uno al otro, y cambian a través de su receptividad, de sus maravillosas conversaciones.

Precisamente dedicará especial atención a Cervantes el séptimo congreso internacional de la lengua española, que se desarrollará en San Juan de Puerto Rico entre el 15 y el 18 de marzo. Allí será el francés Jean-Marie Le Clézio el primero en rendir sus honores de premio Nobel de Literatura al autor de El Quijote, el segundo libro más traducido a las distintas lenguas después de la Biblia.

Este congreso puertorriqueño sigue a los que desde 1997 se realizaron en Zacatecas, Valladolid, Rosario, Cartagena de Indias, Valparaíso y Ciudad de Panamá. Se trata del gran escenario que cada tres años reúne en un país hispanohablante una cumplida representación de los escritores, artistas, cineastas, críticos literarios, intelectuales, científicos, lingüistas y estudiosos de las culturas para abordar un gran asunto relacionado no solo con el español, sino también de las otras lenguas habladas en los territorios hispánicos, que se extienden por cuatro continentes.

En esta ocasión se abordará el tema de la creatividad, que incluye aspectos parciales relacionados con la literatura y el mundo editorial, con las otras artes y el llamado espacio iberoamericano de conocimiento, con la ciencia (con la presencia del Nobel mexicano de Química Mario Molina), el pensamiento y la comunicación en español, y con la unidad y diversidad de este idioma y sus relaciones con las otras lenguas de América, África, Asia o Europa.

Capítulo aparte merecerá la quintaesencia de la creatividad lingüística, que no es otra cosa que la poesía. En Puerto Rico, la patria de Luis Palés Matos, recibió en 1956 la noticia de su Nobel de literatura Juan Ramón Jiménez y allí descansa para siempre otro miembro de la llamada “generación del 27”, Pedro Salinas.

Este grupo de extraordinarios cultivadores de la lírica, al que pertenecieron también Rafael Alberti, Jorge Guillén, Federico García Lorca o el Nobel de 1977 Vicente Aleixandre, no hubiese podido existir sin la reinventada creatividad de la lengua poética española aportada por el nicaragüense Rubén Darío, cuyo primer centenario luctuoso estamos celebrando.

La única figura literaria de la América del siglo en el que Rubén nació, y que cumplió para su lengua y para su poesía el mismo papel renovador y visionario que el nicaragüense para el español, fue precisamente el norteamericano Walt Whitman, que vio la luz en 1819 y falleció en 1892.

Whitman y Darío fueron, pues, rigurosamente coetáneos durante tan solo veinticinco años, y les separaba casi medio siglo entre sus respectivas edades. Pero tenemos constancia de que la trascendencia de la obra del norteamericano no escapó a la inagotable curiosidad y erudición enciclopédica que caracterizaron al literato nicaragüense.

Darío y Whitman viven. Como Cervantes y Shakespeare. Son cuatro de nuestros primeros clásicos para quienes hablamos español o inglés, para la Humanidad entera también. No importa que hayan pasado cien o cuatrocientos años. No necesitan otro epitafio que nuestra adhesión. Cada vez que los leemos estamos reviviéndolos. Pero de no ser así, bien podríamos grabar sobre su lápida el verso de Byron: “Pues la espada duró más que su vaina” [The sword outwears its sheath].

Darío Villanueva es el director de la Real Academia Española y presidente de ASALE, Asociación de Academias de la Lengua Española.

Oaxaca, placeres de mole y mezcal

Oaxaca, placeres de mole y mezcal

Los cercanos yacimientos prehispánicos de Mitla y Monte Albán son un buen ejemplo de la riqueza cultural de la ciudad mexicana, cuya gastronomía vive un gran auge. Las enfrijoladas del chef Alejandro Ruiz así lo atestiguan

24 horas en Oaxaca, el mapa

JAIME PORRAS FERREYRA

El País

Oaxaca

La catedral de Oaxaca.

MASSIMO BORCHI

En una visita a Oaxaca, el célebre chef danés René Redzepi experimentó una iluminación gastronómica. Fue en Casa Oaxaca (1, pinche sobre el número para ver el mapa ampliado) (Constitución, 104-A; casaoaxacaelrestaurante.com), probando las enfrijoladas del chef Alejandro Ruiz. En este plato compuesto por tortillas de maíz y otros ingredientes, Ruiz añadió a los frijoles negros parches de hoja de una especie local de árbol de aguacate. A Redzepi le pareció una exquisitez como nunca había saboreado. Un logro que ejemplifica la tradición gastronómica de Oaxaca, que viene de lejos, y de la que Ruiz es ahora uno de sus principales referentes. Rodeada de montañas, fiel guardiana de sus costumbres y con más de 483 años a cuestas, Oaxaca (255.000 habitantes) es una de las ciudades más encantadoras y mejor conservadas de México. Capital del Estado del mismo nombre, es patrimonio mundial desde 1987.

8.00  Deleites matutinos

Chocolate caliente, pan de yema y una quesadilla de flor de calabaza en el céntrico mercado 20 de Noviembre (2) brindan suficiente energía para las primeras horas de la jornada. Otra opción es pedir un café de olla y un plato de entomatadas: tortillas fritas bañadas en salsa de tomate y especias, decoradas con crema, cebolla y queso fresco. El menú de las fondas y los productos de este mercado refleja en buena medida por qué la gastronomía oaxaqueña es tan seductora. A unos cuantos pasos, en el mercado Benito Juárez, hay muchos ejemplos del talento de los artesanos locales con distintos materiales: cuero, madera, barro, manta, acero, palma, entre otros más. Y en el mercado Central de Abastos, un despliegue de productos locales. Si hay tiempo y es domingo, se recomienda acercarse, a unos 30 kilómetros de la ciudad, al mercado de Tlacolula (3).

10.00  Nieve de rosas o de leche quemada

Sobre la avenida de la Independencia, a pocas calles de la Alameda, está ubicada la basílica de la Soledad (4), la virgen de los oaxaqueños. Junto a este templo del siglo XVII se encuentra la sede del Gobierno municipal, en una sección del convento que antaño acogió a las monjas agustinas. Al salir, uno se topa con la plaza de la Danza, escenario para conciertos de bandas de viento y ensayos de grupos folclóricos. El recorrido por este lugar brinda una dulce recompensa helada: saborear una nieve de rosas o de leche quemada con tuna en los diversos puestos.

12.00  Una joya del Barroco

La pirámide de Monte Albán, en Oaxaca.

GRÄFENHAIN GÜNTER

Al caminar hacia el norte, por el recorrido turístico marcado, se llega al templo de Santo Domingo de Guzmán (5), uno de los ejemplos más destacables del Barroco latinoamericano. A su lado se ubica el espacioso convento que aloja al Museo de las Culturas de Oaxaca, con tesoros prehispánicos de Mitla (6) y Monte Albán (7) (los visitantes harán bien en programar una excursión a estos dos fabulosos yacimientos arqueológicos próximos a la ciudad), obras de la época colonial y muestras de la diversidad étnica del territorio oaxaqueño. En el mismo recinto se encuentra la biblioteca Fray Francisco de Burgoa, con sus incunables y su colección de documentos de los más importantes políticos del liberalismo mexicano. Asimismo, a unos metros está el Jardín Etnobotánico. Otras instituciones de visita recomendable son el Museo de Rufino Tamayo (8), de arte prehispánico, y el Instituto de Artes Gráficas (9).

14.30  Camino de Villa de Etla

El chef Alejandro Ruiz, del restaurante Casa Oaxaca.

OMAR TORRES

En Oaxaca se puede hacer una buena comida económica en el comedor del mercado de las Flores. A precio medio, en el restaurante Luz de Luna, frecuentado por Alejandro Ruiz, en la calle de la Paz de San Andrés Huayapam, a las afueras de Oaxaca. Y, en el centro histórico, a buen precio, comida muy rica en un espacio agradable en Los Danzantes (10) (Macedonio Alcalá, 403, dirección en la que también destaca, para comprar textiles, la tienda Los Baúles de Juana Cata). Otro plan interesante es dirigirse a Villa de Etla (11), a 17 kilómetros de la ciudad y que destaca como uno de los lugares donde mejor se cocina el mole, ese platillo mexicano de altísima elaboración producto del mestizaje. Lo más recomendable es comer en una de las fondas de esta localidad y dejarse embelesar por la oferta de moles de varios colores (negro, amarillo, rojo, verde) con pollo y arroz, a lo que hay que agregar una buena cantidad de tortillas hechas a mano y unos generosos trozos de quesillo (un queso de hebra que se prepara en las poblaciones aledañas).

16.30  Sentirse en CaSa

A pocos minutos de la Villa de Etla está el Centro de las Artes de San Agustín (12), conocido popularmente como CaSa. Este espacio ocupa las instalaciones de una antigua fábrica textil y fue fundado en 2006 por el artista plástico Francisco Toledo. En sus diversas salas, el CaSa ofrece talleres, laboratorios y exposiciones. Cuenta también con una zona para alojar a artistas residentes. El CaSa se ubica en un majestuoso edificio en pleno paisaje montañoso. ¿Qué más se puede pedir? De vuelta a Oaxaca, nos da tiempo a visitar la galería Quetzalli (13) (Constitución, 104), donde hasta el 21 de mayo se presenta la exposición Café Paraíso, del artista neoyorquino George Mead Moore.

19.00  Música en vivo de jarocha

Mapa de Oaxaca.

JAVIER BELLOSO

Bajo la luz del sol, cada día del año transitan por el zócalo de Oaxaca (14) miles de residentes y turistas. Por las noches, esta plaza se convierte en escenario para el deleite familiar, el paseo de las parejas y las conversaciones entre amigos. Nada como instalarse en una de las mesas exteriores del bar Jardín para contemplar el ambiente local y disfrutar con la música de la marimba, todo esto acompañado de cerveza, chapulines (los saltamontes emblemáticos de Oaxaca) y cacahuates con ajo, sal y chile de árbol. “Todos pasan por el bar Jardín: periodistas, artistas que visitan la ciudad, jubilados, políticos, universitarios”, comenta Luis, camarero del establecimiento. En el café cultural La Nueva Babel (15) se programa música en vivo de jarocha, jazz y blues con un toque oaxaqueño. La Orquesta Sinfónica de Oaxaca ofrece una buena programación, y el Instituto de Órganos Históricos organiza conciertos en las iglesias de la ciudad y de las poblaciones vecinas.

21.00  Un buen trago de tobalá

Oaxaca es tierra mezcalera, así que no hay que perder la oportunidad de degustar esta reputada bebida que suma cada día más feligreses. Una primera opción es visitar La Casa del Mezcal (16), cantina tradicional fundada en 1935 y ubicada a unos cuantos pasos del zócalo, para pedir en su barra de cedro un buen trago de tobalá (tipo de agave) y deslizar una moneda en la rocola para escuchar un bolero del compositor costeño Álvaro Carrillo. La segunda es conocer In Situ (17), una buena mezcalería de la calle de Morelos.