María Zambrano, la primera mujer en ganar el Premio Cervantes

María Zambrano, la primera mujer en ganar el Premio Cervantes

La filósofa española nació el 22 de abril de 1904 y este sábado hubiera cumplido 113 años.

El País

Madrid, Abril 2017

“He comprendido esta mañana que ni siquiera es —ha sido— el ser persona mi proyecto, mi único proyecto, como tantas veces me he dicho a mí misma…”, escribió en 1958. Y poco más adelante: “Ser persona es la respuesta y, por ello, el único proyecto posible, al cual todos los proyectos deben quedar supeditados: lo moral, lo humano”. De muchacha quiso ser seria del modo más alegre; de adulta, peleaba por ser persona. De esa batalla dan cuenta estos escritos autobiográficos.

La filósofa española María Zambrano Alarcón habría cumplido este sábado 113 años. Google conmemora este lunes a través de un doodle el aniversario del nacimiento de esta intelectual, ganadora del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1981 y del Premio Cervantes en 1988.

María Zambrano es una de las principales figuras del pensamiento español del pasado siglo, y fue una innovadora al defender la necesidad de lo poético en toda indagación filosófica. Hija de maestros y firme defensora de la II República, se opuso al pensamiento único que se impuso durante los años treinta y cuarenta en España y Europa.

Hace 29 años, María Zambrano se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Cervantes. Homenajeamos a la pensadora

Nacida el 22 de abril de 1904 en Vélez, Málaga, María Zambrano estudió Filosofía en Madrid, donde fue alumna de José Ortega y Gasset y Xavier Zubiri y desde 1931 ejerció como profesora en la Universidad Central de Madrid. En los años anteriores al exilio entabló amistad con miembros de la Generación del 27 como Luis Cernuda o Miguel Hernández.

Al estallar la guerra, María Zambranose trasladó a Valencia y Barcelona, donde residió hasta 1939, cuando fue empujada al exilio en Francia. En los años siguientes, pasó por ciudades como París, Nueva York, La Habana y México, donde se instaló para impartir clases de Filosofía en la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en Morelia (Michoacán). Durante esta etapa conoció a Octavio Paz y a León Felipe y publicó Pensamiento y poesía en la vida española y Filosofía y poesía.

María Zambrano pasó una temporada en Puerto Rico y después en Roma, donde escribió obras como El hombre y lo divino, Los sueños y el tiempo y Persona y democracia. Más tarde volvió a Francia y en 1984 regresó a España. La filósofa falleció el 6 de febrero de 1991 en Madrid.

Lutero te ordena pensar

Lutero te ordena pensar

Una muestra en el Ateneo de Madrid celebra los 500 años de la reforma protestante

JUAN G. BEDOYA

Madrid

El País

La Reforma luterana no fue solo una denuncia contra las corrupciones, la avaricia y el paganismo que se habían adueñado del papado en Roma y extendido por toda la cristiandad. Provocó sobre todo una revolución en las estructuras sociales, la política y la manera de entender desde entonces la teología, la filosofía, la educación e incluso el arte. También obligó a la Iglesia católica a reformarse para sobrevivir y recuperar el prestigio perdido. “La fecha de 1517 es clave en la historia de Europa y del mundo. No solo dio paso a una manera distinta de entender las religiones o la cultura, y también otra manera de leer la Biblia. Dio paso, sobre todo, al imperativo atrévete a pensar”.

Así opina Ángel Martínez Samperio, uno de los organizadores de la exposición que se abrió este martes para conmemorar los 500 años de la reforma Protestante en el Ateneo de Madrid, ligado desde su fundación, hace 200 años, al protestantismo. El monje benedictino Martín Lutero clavó el 31 de octubre de 1517 sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg (Alemania).

El ateneo conmemora esa fecha con un debate sobre Lutero y con una exposición sobre su tiempo, incluidas varias vitrinas con primeras ediciones de algunos de los libros fundamentales del acontecimiento, entre otras la Biblia traducida al alemán por el propio monje, un hito en la historia del cristianismo. La efemérides se titula ‘El pensamiento moderno y la pintura en relación con la Reforma Protestante’ y en la organización ha sido fundamental la Federación de Entidades EvangélicasEvangélica Española (FEREDE), representante ante el Estado de las iglesias protestantes. Cuenta con 4.000 congregaciones y un par de millones de fieles si se cuentan a los extranjeros residentes en España.

Mariano Blázquez, secretario ejecutivo de la FEREDE, hizo el panegírico del monje reformista, en una evolución personal de monje perfecto (“El suyo fue un monjismo radical”), que empieza perdiendo la confianza en el papado por el escándalo de las indulgencia, y culmina en una manera nueva de ver al hombre y su relación con Dios, la fe, la razón y las iglesias.

Fue la de Lutero una vida que conmueve: su lucha interior, la soledad, sus dudas y certezas, la rabia por una Iglesia corrompida. “En todos sus años de formación nunca le dieron a leer la Biblia”, subrayó el historiador y filósofo José Luis Villacañas, catedrático en la Universidad Complutense de Madrid. Lo que provoca Lutero es, en su opinión, “una revolución mental”. Con la Reforma, el hombre y el mundo se miran desde fuera, desde el exterior. “El hombre por naturaleza quiere que Dios no sea porque el hombre quiere ser Dios”, señala Villacañas. Es la pulsión de omnipotencia que sumió a la humanidad en un colapso evolutivo, en un callejón sin salida, con un Dios incomprensible, que no podía hablar al ser humano salvo con los castigos y que no ofrecía consuelo ni misericordia, “las dos palabras más repetidas por Lutero”.

En cambio, la modernidad que se inicia con la Reforma y el Renacimiento resitúa al ser humano, que deja de verse desde sí mismo. Además, impidió que la palabra de Dios fuera expropiada al ser humano con la insólita prohibición de leer la Biblia y los castigos que imponía Roma a quienes desobedecían. “Lutero dio una nueva ética a la sociedad”, concluyó Villacañas. También provocó una nueva estética en el arte, como se encargó de señalar, con múltiples ejemplos en pantalla grande, el pintor Miguel Ángel Oyarbide.

El presidente del Ateneo, César Navarro, abrió los actos rememorando la tradición reformista y crítica de la institución que preside y los desencuentros de esta con el pensamiento totalitario, en especial cuando el dictador Primo de Rivera mandó encarcelar a todos sus directivos, encabezados entonces por Gregorio Marañón.

JULIANILLO EN LA HOGUERA

El luteranismo tuvo en España seguidores muy relevantes desde el principio, a veces tachados también de erasmistas, lo que produjo un cataclismo teológico y social, que la Inquisición trató de frenar llevando a la hoguera a muchos de sus promotores y callando de miedo a quienes se salvaban de sus garras. “Vivimos en tiempos tan difíciles que es peligroso hablar o guardar silencio”, dijo antes de huir el gran pedagogo Juan Luis Vives. El obispo Carlos López Lozano, prelado en España de la Iglesia Evangélica Reformada, lo subrayó anoche recordando a unos de aquellos mártires, Julián Fernández, famoso como Julianillo. Marcelino Menéndez Pelayo le dedica varias páginas en su imponente Historia de los Heterodoxos, relatando con regocijo nada cristiano cómo fue sometido a tortura y quemado vivo ante una multitud en Sevilla.

Escribe el polígrafo santanderino: “No se habría producido aquel incendio (la difusión del protestantismo en España) sin la ayuda de un singular personaje, el más activo de todos los reformadores, hombre de clase y condición humilde, pero de una terquedad y fanatismo a toda prueba, de un valor personal que rayaba en temeridad y de una sutileza de ingenio y fecundidad de recursos que verdaderamente pasman y maravillan. Este tipo de contrabandista puesto al servicio de una causa religiosa no era sevillano, ni andaluz siquiera, sino castellano viejo, de tierra de Campos. Dicen que era arriero, pero parece más probable que adoptó este oficio para introducir con más seguridad sus géneros de ilícito comercio. Llamábase Julián Hernández, y por la pequeñez de su estatura le apellidaron los españoles Julianillo, y los franceses, Julián le Petit. Su cuerpo era tan macilento, que parecía constar sólo de piel y huesos. Murió como había vivido. Fue al suplicio con mordaza y él mismo se colocó los haces de leña sobre la cabeza, en presencia de mucha gente grave y docta, e de innumerable vulgo”.

Con la frivolidad de la que hizo gala tantas veces, Menéndez Pelayo, por lo demás un sabio imponente, contribuyó a la persecución del protestantismo en España, con saña también durante el franquismo, que envió a incontable evangélicos al pelotón de fusilamiento. Sus tesis sobre la Reforma chocaron sobremanera con el pensamiento mayoritario en la Europa de su tiempo y resultan aún más extravagantes ahora que están siendo asumidas y alabadas hasta por el papa Francisco. “El protestantismo no es en España más que la religión de los curas que se casan, así como el islamismo es la religión de nuestros escapados de presidio en África”, llegó a escribir don Marcelino.

Hace 200 años de la primera bicicleta: estos fueron los primeros modelos

Hace 200 años de la primera bicicleta: estos fueron los primeros modelos

Pesadas, sin pedales, con una rueda enorme, pero también con mucho estilo

El País

Las bicicletas son cada vez más ligeras y sofisticadas, y su uso está cada vez más extendido: no se trata solo de un juguete para niños o de un vehículo deportivo, sino que muchas ciudades tienen sistemas públicos de alquiler por horas y carriles bici para fomentar su uso. Sin embargo, hubo un tiempo en el que no era tan fácil verlas por las ciudades e incluso estuvieron consideradas como una novedad tecnológica pasajera. Aprovechamos que este miércoles es el Día Mundial de la Bicicleta y que además hace 200 años del primer modelo para repasar cómo era ir en bicicleta hace más de un siglo.

La bicicleta del barón alemán Karl von Drais, de 1817, está considerada como la pionera. La llamó “máquina corredora” (laufmaschine en alemán) y la prensa la llamó Draisine o velocípedo. Estaba construida en madera y funcionaba empujándose con los pies. El objetivo de Von Drais era ofrecer un medio de transporte más barato y fácil de mantener que los caballos. Ganó cierta notoriedad, hasta el punto de que el poeta John Keats habló de este invento como de “la nada del momento”, según recoge The New York Times.

Se atribuye la invención de la bicicleta a pedales al herrero escocés Kirkpatrick MacMillan, en 1839, aunque quien empezó a fabricar su modelo fue el inglés Thomas McCall en 1869. Algunos historiadores dudan de que esta invención se pueda atribuir a MacMillan: no quedan ni diseños ni modelos anteriores a la década de los 60.

En los años 60 se popularizó el modelo vendido como velocípedo, pero llamado bone shaker (agitahuesos), por lo que ocurría cuando se llevaba por calles empedradas. El pedal iba en la rueda delantera. Aunque es posible que hubiera modelos anteriores, el fabricante de carritos para bebés Pierre Lallement fue el primero en patentar la bicicleta a pedales.

En 1870 comienza a fabricarse la bicicleta de rueda alta, siendo uno de los modelos más conocidos (y caros) la Ariel, de James Starley. Aunque ahora resulte extraño, estas bicicletas eran más cómodas que sus predecesoras, pero su popularidad fue limitada porque, según la web Ibike, “necesitaban un acróbata”. Se trata de la primera bicicleta fabricada totalmente en metal, gracias a los avances de la metalurgia a la hora de fabricar piezas ligeras y pequeñas. Las ruedas eran cada vez eran grandes porque así se avanzaba más con cada pedalada. De hecho, algunos modelos llegaban a los 40 kilómetros por hora. Como la seguridad era un problema, también se fabricaron modelos con tres o cuatro ruedas.

En 1936, Tornado Smith deja una carta en el buzón. Su bici anuncia su espectáculo Wall of Death, en el que llevaba a cabo acrobacias con su moto. Derek Berwin / Getty Images

Los triciclos de rueda alta eran algo más seguros y se fabricaron pensando en las mujeres.

A partir de la década de 1880 surgen las llamadas “bicicletas de seguridad”, precisamente para ahondar en el riesgo de caídas de los modelos anteriores. La primera es la Rover, obra del ingeniero J. K. Starkley. Son bicis ya muy parecidas a los actuales, con dos ruedas del mismo tamaño y el cuadro en forma de diamante. En 1888 John Dunlop inventó además las ruedas neumáticas, haciendo más cómodos los trayectos. Y en 1889, el estadounidense Isaac R. Johnson patenta una primera bicicleta plegable. A partir de la década de los 90, las bicicletas comienzan a producirse en masa. Y las mujeres no solo comienzan a usarlas cada vez más, sino que, como recordaba Smoda, se convirtieron “en todo un símbolo de libertad para el sector femenino y muchas veces estuvo asociada a movimientos sufragistas”.

Los automóviles comienzan a extenderse a partir de los años 20 y los fabricantes de bicicletas se fijan en un nuevo público: los niños. Los diseños, explica Ibike, eran cada vez más ostentosos y llamativos, incluyendo en la década de los 50 elementos de diseño que recordaban a aviones y a cohetes.

César Vallejo y Ramón López Velarde: dos heraldos devotos

César Vallejo y Ramón López Velarde: dos heraldos devotos

Enrique Héctor González

La Jornada Semanal

I

El postmodernismo hispanoamericano, secuela inexacta del primer gran movimiento poético surgido en América y encabezado por Rubén Darío, alberga en la obra inicial de Ramón López Velarde (1888-1921) y de César Vallejo (1892-1938) quizá su aliento mayor y su firma de finiquito, pues ambos crecerían cada vez más lejos de este primigenio aroma de pavorreales multicolores y demás joyería verbal para convertirse en dos poetas esenciales del siglo xx en nuestra lengua.

Es posible que entre La sangre devota (1916) y Los heraldos negros (1918), los libros con una más evidente deuda modernista de ambos poetas, no exista una vinculación digna de señalamiento; sin embargo, a cien años de su aparición, la relectura de estos poemarios deja ver que, por lo menos, se trata de dos autores fundamentales a cuya obra –parca, si se quiere– nada le sobra, pues tres son los libros que, en cada caso, conforman su obligada bibliografía: Zozobra (1919) y El son del corazón (1932, edición póstuma), además del ya anotado de López Velarde, y Trilce (1922) y Poemas humanos. España aparta de mí este cáliz (1939), posteriores a la heráldica obra del poeta peruano.

De manera más significativa, es de advertirse que uno y otro modificaron el lenguaje heredado y, gracias a su fertilísima imaginación, supieron denotar en su trabajo literario las inquietudes metafísicas que los golpearon (el verbo es apenas una hipérbole) durante su corta vida. En efecto, la peculiar comunión de santidad y erotismo en la poesía de López Velarde es tan apacible como la simple rima de las palabras “caricia” y “novicia”, pero tan perturbadora como dar inicio a un poema de título casi delirantemente sensual (“Boca flexible, ávida”) con los siguientes versos de un esmerado prosaísmo: “Cumplo a mediodía/ con el buen precepto de oír misa entera/ los domingos…” La oblicua inocencia que anima el grueso de los poemas de La sangre devota alienta, asimismo, una pericia particularmente certera en lo que se refiere al modo de adjetivar, quizá una de las virtudes más rotundas de la poesía velardiana: sus alardes velan muchas veces el añejo provincianismo que pudiera mancharla. Antonio Castro Leal cuenta que el poeta dejaba huecos en los borradores de sus textos, que luego iba llenando con los epítetos que mejor le satisfacían, espantosa paciencia que explica la originalidad de ciertos calificativos: paz “celibataria”, oración “asmática”, prosa “municipal”, “tónica” tibieza “mujeril”. En cierta medida, de esta rara perfección formal depende la devota lubricidad, la erótica religiosidad poética del escritor zacatecano.

Si el amor es fuerza y vitalidad, una infusión de gracia divina y sin embargo corpórea en López Velarde, en los versos de Vallejo acusa caracteres menos melifluos: es “la punta chispeante de los cuernos del diablo”, como dice en el poema “Amor prohibido”. El Creador no inspira ningún sentimiento exaltado o siquiera compasivo en Los heraldos negros, donde la indiferencia convencida es la respuesta más afín a lo que llama Vallejo “el suicidio monótono de Dios”. Prevalece, en todo caso, una curiosa mezcla de indignación desangelada y fe que se desinfla: una cierta rabia, debilitada por la resignación, es la que anima –sería mejor decir: desanima– algunos versos del libro: “Hay ganas de… no tener ganas, Señor;/ a ti yo te señalo con el dedo deicida:/ hay ganas de no haber tenido corazón.”

No obstante que la amargura parece ser la instancia que identifica los sentimientos sagrados en ambos poetas (aunque en López Velarde, y muy a su pesar, el pesar se disfrace de vértigo amoroso y el padecimiento de pasión), los rasgos diferenciales de la fe en cada poeta son los que mejor definen los asuntos religiosos de las dos obras. El llanto de tristeza o entusiasmo que se confunde con el mar en la mareante maraña metafórica velardiana, es fúnebre y acaso macabro en la poesía de Vallejo, donde hasta las gotas son duras si son de sangre y lágrimas convocadas por la muerte del hijo de Dios, como sucede en el poema “Impía”, cuyo solo título se vuelve revelador de la áspera naturaleza del cristianismo vallejiano.

El Dios de Vallejo odia, golpea, se arrastra como un gusano sarnoso. Si la festiva divinidad de López Velarde canta con frecuencia su propia tristeza, la vallejiana no pocas veces grita su desesperación. Aquella es agua; esta, piedra. La dicotomía de tales concepciones religiosas es sintomática de una actitud estética paralelamente dispar pues el autor de Trilce, como lo señala Saúl Yurkievich, se desentiende absolutamente y con soltura de cualquier idealismo romántico. Su obra es realidad vivida, sus palabras son de carne y hueso.

II

La atmósfera mística que se respira en López Velarde funciona como contrapunto de la sensualidad casi inguinal que galopa en sus imágenes. Dios se presenta en su obra como el Gran Testigo que autentifica el camino de la pasión –diría Octavio Paz– elegido por el poeta. El universo de Vallejo, en cambio, es el de la blasfemia del hombre frente a la ira de Dios: la culpa compungida, el arrepentimiento mendaz, el escupitajo rijoso a las imágenes sagradas constituyen el muladar moral en el que habita la devoción humana. En el sentimiento religioso del poeta de Jerez es frecuente la presencia de una suerte de autocompasión, de una voluntaria flagelación que se resuelve, desde los primeros poemas (en los que suele hablar de sus experiencias íntimas en el seminario), como un reconocimiento de las limitaciones humanas: “Huirá la fe de mi pasión risible”, dictamina en categórico endecasílabo. Al mismo tiempo, la divinidad gesticula amorosamente en la figura de primas, raptos adolescentes de romances platónicos y mujeres de “perímetros joviales” y “grupas bisiestas”. La asunción al alimón de asuntos de franca lubricidad y férrea fe católica es tan feliz y espontánea, tan poco artificiosa, que raya a veces en la inocencia impúdica de un ojo a la vez tímido y taimado: “Dormir en paz se puede sobre sus castos senos/ de nieve, que beatos se hinchan como frutas/ en la heredad de Cristo, celeste jardinero.”

Las vías de acceso al mundo de los cálices y las devociones es distinta también en ambas obras: mientras López Velarde confiesa la condición erótica de su fe (“Nada puedo entender ni sentir sino a través de la mujer: por ella he creído en Dios”), para Vallejo Su presencia supone la necesidad de un tribunal redentor de los hombres que sufren, de los pobres de espíritu y de los que “tiemblan de frío, tosen y escupen sangre”. Si en el mexicano es una fuerza, en el peruano es una imagen del desconsuelo: Vallejo duda, zozobra al son descorazonado de su sangre de creyente que exige respuestas.

Consecuentemente, la mujer en López Velarde es forma divina de la flama amorosa mientras que el hombre, para Vallejo, es la muestra más dolorosa de la naturaleza celestial del sufrimiento y la desesperanza. El primero celebra a Dios, el segundo lo llama a cuentas. El mundo en ambos es imperfecto, deleznable y lúgubre, aun cuando lo animen ciertos rasgos de edificante entusiasmo (la mujer y el amor, en López Velarde; la solidaridad en el dolor, para el poeta andino), ciertos signos felices que en Ramón son señal inequívoca de que Dios está con nosotros y en César síntoma de que el Creador se distrae con frecuencia de sus deberes.

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La autenticidad emocional que se revela en el primer Vallejo acusa (pero no se agota en) los estragos de un modernismo que ya había dado sus aciertos más significativos en la obra de Darío, de Lugones, de Silva, de Díaz Mirón, y dejaba ya, hacia finales de la segunda década del siglo xx, una inevitable cauda de epígonos y copistas. El poeta peruano supo siempre sortear ese fácil mecanicismo de escuela con alguna línea agridulce (o “trilce”) que sabiamente rescataba a sus textos más artesanales de las redes del lugar común. Así por ejemplo, en poemas de títulos tan escasamente originales como la melodía que los anima –piénsese en aquel que se llama “El poeta a su amada”–, la piadosa cristiandad de los sentimientos, la devoción amorosa que caracterizan, más bien, a López Velarde, se resuelve en misticismos del corazón que apenas sucumben a la tentación de emocionarse a través de un catecismo de provincias. El poeta no se deja arrastrar por las cristianas efusiones del alma. Fiel a la materia prima del poema, esto es, al trabajo con el lenguaje y a una evidente determinación de originalidad, de búsqueda, de apurar la experiencia personal hasta volverla sensación compartida, Vallejo, quizá más avezado que López Velarde en asuntos de vanguardias, asume la doble experiencia místico-erótica con gran imaginación: “Amada, en esta noche tú te has crucificado/ sobre los dos maderos curvados de mi beso.” Y agrega: “En esta noche rara que tanto me has mirado,/ la muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.” La sola representación de una muerte feliz, un beso curvado y una crucifixión erótica, tensada por dos sentimientos tan distantes como idénticos (el amor pagano y la pasión divina), alienta una epifanía llena de curiosidades formales así de estrictas y prometedoras como las que más tarde abundarán en Trilce. Lo mismo ocurrirá, cabe acotar, en Zozobra de López Velarde.

Ambos poetas siguieron sin duda caminos distintos. El mexicano encontró una muerte próxima que dejó en treinta y tres años –los de Cristo– la encomiable devoción poética que lo ha convertido en un autor fundamental de nuestra tradición. Vallejo se embarcó a París, sufrió injusticias y una miseria atroz que desembocarían en sus poemas sociales de la última etapa. Asimismo, se encontró de manera temprana con la muerte, a los cuarenta y seis años. No es factible que haya conocido, cada uno, la obra del otro; sin embargo, por esas vías que sólo a veces cruza el azar, y en las que circulan a sus anchas la conjetura y la suposición, es distinguible en sus primeros libros una cierta simbología erótica de perfiles místicos que los empareja, así sea de lejos, en los albores que hace un siglo iba edificando la poesía hispanoamericana contemporánea •

Dolores Castro: nueve décadas entre lo vivido y la palabra

Dolores Castro: nueve décadas entre lo vivido y la palabra

La Procesión del Silencio

La Procesión del Silencio

San Luis Potosí

José Félix Zavala

Las plazas de la ciudad se llenaron a toda su capacidad. Se abarrotaron las calles, de viandas, de dulces, de reliquias, de manzanilla y pan bendito, de globeros, de recuerdos, todo huele a Semana Santa. 

Impresionante manifestación de duelo popular. Un cortejo silente de cerca de tres mil personas entre niños, jóvenes, damas y varones, llevando en andas, imágenes veneradas, que son el motivo de la aglomeración. Es la noche del Viernes Santo.

La Dolorosa, La Virgen de la Soledad, escultura preciosa esculpida por Manuel Tolsá, llena de nardos e iluminada por más de cien cirios, con rostro lloroso, coronada y resplandecida por estrellas en su diadema, cubierta por un manto en forma de capote de paseo, bordado por monjas Capuchinas y realizado tanto el capote como el vestido por María Luisa Salas, bajo un precioso palio recamado en negro y oro, mientras los Costaleros la levantan a la vista del público en un dosel ricamente cubierto en oro. Es la figura central que el pueblo quiere ver, darle el pésame. Hoy recuerda el mundo la muerte de Jesús.

El pueblo forma el cortejo, también es el espectador. Los rebozos de Santa María lucen en oro, rojo, azul, gris, palomo, blanco, amarillo. El luto es riguroso en las damas, -peineta, rebozo trenzado- cofrades con vestidos talares, -capuchas en negro y oro, blanco y morado, gris y rojo, blanco y azul, amarillo y rojo, vino y oro, negro y morado, marfil y amarillo- farolas y un devoto silencio, solo interrumpido por el duelo del tambor y el clarín.

La Plaza del Carmen, profusamente iluminada. Hacen valla a la manifestación de dolor el teatro de la Paz y el Palacio Federal, hermosos vestigios potosinos del siglo XlX.

Presentes los barrios de Tlaxcala, Santiago, San Miguelito, San Sebastián, El Montecillo, San Juan de Guadalupe y Tequisquiapan. También están presentes los Conventos: El Carmelita, El Agustino, El Franciscano y el que fuera de los Jesuitas, La Compañía.

Niños, jóvenes, profesionistas, ferrocarrileros, tablajeros, -todos vueltos cofradías- además los Charros y las Adelitas, La Guardia Pretoriana y Las Verónicas.

Son las ocho de la noche del Viernes Santo, todo mundo espera el inicio del duelo, la salida de la Procesión.

Al medio día gente de coleta se había reunido en el Camerín de la Virgen, donde Sarah cantó las primeras saetas y dio el más castizo piropo a la Madre de Dios, mientras la escuchaban los cientos de Ángeles y querubines que acompañan a los siete arcángeles, todos ellos esculpidos por manos del pueblo potosino en la portada magnifica que da entrada al Camerún  Carmelita, que es un retablo que parece de la cultura mesoamericana y un cielo presente hecho retablo, que solo viendo y remirando se puede creer su belleza.

Ese medio día estaban presentes además de la memoria de Fermín Rivera, las tumbas de los Cossío Lagarde, Quijano, Pitman, Othón y De La Maza, mientras Federico Garibay declamaba “Los dolores de una madre por su hijo torero”. Esta Curro Rivera quien presenta a sus subalternos, a sus pupilos que van camino a los ruedos y el Padre Antonio mientras bendice a los concurrentes. Es el inicio formal de la Procesión del Silencio.

En este edificio único como es el templo del Carmen, tiene en su interior un retablo fastuoso en piedra que por su hermosura parece de cera, da acceso al Camerín donde se “viste” a la Virgen para la Procesión del Silencio. Las pinturas se visten de Vallejo y muchas otras visten a la Sacristía, el coro y la capilla. El Profeta Elías le toman de encargo, esta repetido muchas veces y en diferentes formas, mientras los róelos, las flores, los frutos, las legumbres y la hojarasca se empalma una a otra para sobresalir.

Los doctores de la Iglesia San Agustín, San Ambrosio, San Jerónimo y San Gregorio testifican el doctorado de Teresa de Ávila y el misticismo de San Juan De La Cruz, son los nuevos padres del Carmelo, mientras los carmelitas de esta Orden contemplan satisfechos, son San Alberto, San Atanasio, San Dionisio. Son los pintores de estos santos José Luís Rodríguez Alconeda y Antonio Sánchez, quienes pintan este cielo además de Vallejo, en este bello templo.

Al interior del Colegio de Niñas, contiguo a la Carmen, en el corredor, las imágenes y los grupos escultóricos que participaran en la procesión, son preparados en sus andas, con flores, velas, luces. Este trabajo afanoso se extiende sobre la calle y la plaza.

En punto de las ocho de la noche del viernes santo, el clarín, desde la escalinata del Teatro de la Paz da la orden de inicio, la Guardia Pretoriana camina marcialmente hacia la puerta principal del templo del Carmen y llama al Zaguán que se abre y da comienzo la Procesión del Silencio.

Ocho campanadas, tres toques a la puerta y un brioso corcel montado por su jinete, frente a la plaza y seguido de un banderín labrado en plata, una Cruz Alta y ciriales mas la Cofradía de monaguillos venidos del barrio de Tequisquiapan encabezan esta manifestación de duelo popular.

Viene la imagen barroca tallada en el siglo XVlll titulada “El divino preso”. Los ferrocarrileros hacen su aparición, lo mismo que los nazarenitos y damas de San Agustín que siguen el peregrinar del grupo escultórico “La oración del huerto”, un ángel consuela al Salvador en conmovedora escena y la gente contempla asombrada, mientras aparece “El Señor de la columna” robusto, musculoso, doliente, bien tallado, que presenta la inocencia de culpa de quien ha sido flagelado, lo saben quienes miran absortos la procesión, de tanto escucharlo desde niños.

El atrio repleto del templo de San Agustín espera el paso del Cortejo, mientras viene a la memoria el Padre Castroverde que iniciara la Doctrina agustina en el barrio de San Sebastián.

La torre del templo agustino, es orgullo potosino, se ve por todos lados donde se mire hacia el Convento, es el barroco en todo su esplendor, -medias columnas tritóstilas, follaje, vano de medio punto, estípites lobulados y en el cuerpo de la nave una Cruz esbelta rodeada de hojarasca  ligera, la bóveda de la sacristía tiene sus danzantes con plumas en la cabeza, policromados- la Virgen del Perpetuo Socorro y de la Consolación también son parte del lujo de este templo.

Del Montecillo trajeron al Señor de la Flagelación, tallado en el ya lejano siglo XVlll, esta imagen pasea en su actitud sumisa, entre la población, mientras la banda de guerra marca el paso cadencioso y lento del peregrinar doliente. Profusamente iluminado entre Cofrades encapuchados. Rodeado de claveles. Como si fuera el mes de mayo, salido de la Catedral y en peregrinación se ve al  “Señor de la Humildad” que fuera esculpido por el potosino Rafael Pérez. Es negro el vestido de la corte que lo acompaña.

Saeteros y pregoneros cantan el dolor de María, mientras la procesión es una invitación a la contemplación de los cinco misterios dolorosos del rosario y las catorce estaciones de la “Vía Crucis”, con signos, esculturas y Cofradías en desfile, con tambores cubiertos de telas negras y estandartes vistosos.

De la Cofradía Guadalupana se desprende el “Encuentro de Jesús con las santas mujeres”, mientras todo avanza y la Cruz Alta marca la llegada de la procesión a la Plaza de Aranzazu, ubicada atrás del Convento Grande de San Francisco.

En este convento al comienzo de la historia de la Ciudad de San Luís Potosí se  adoctrina a los naturales de estas tierras.

La construcción de este edificio es lenta, se da por etapas, va dejando estilos, desde el clasicismo, pasando por el barroco mexicano, el renacimiento hasta el helenismo. En él se abrigaron los doctrineros, los conventuales, los novicios y quienes leían gramática, latín, lenguas mexicanas, geografía, teología, mientras los pintores renombrados de la época dejan  su arte, son Miguel Cabrera, Antonio Torres, Vallejo, Francisco Martínez entre otros muchos.

De este convento ya mutilado, nos detiene su sacristía churrigueresca, llena de lienzos en todos sus espacios, la entrad tiene un capialzado estofado, que da la impresión de ser una fiesta de arte. También es motivo de alegría a pesar del agravios recibido, la Capilla Alta, donde la cantera se moldeó como la cera para que los indios la labrasen a su gusto y la sellaron con la ventana que ofrece su belleza al exterior, lo mismo que la cúpula que engalana a toda la ciudad.

El conjunto conventual se acompaña con el templo de la Tercera Orden y con lo que queda del de Nuestra Señora de los Remedios, las fachadas hacen sentir a esta ciudad levítica, como un pueblo dedicado al culto.

Del norte de la ciudad esculpido recientemente, baja una talla llamada “Jesús del silencio”, en poco tiempo milagroso, de gris y rojo viste su cortejo. Irrumpe la belleza del dolor entre los espectadores de esta noche maravillosa de viernes Santo en San Luís. Por si fuera poco en majestuosas andas desfila “El Señor de los desamparados” de quien ningún potosino puede decir que no haya obrado en su favor, esta aquí desde el principio de la construcción del Convento Carmelita, es una preciosísima imagen de Cristo crucificado.

Los conventos femeninos no existieron en el San Luís Potosí de la Colonia Española en México. Las Vestales potosinas tuvieron como único refugio el Beaterio de San Nicolás, cuyo claustro y templo cayeron para dar paso a la construcción del Palacio de Cristal.

Cercano a la algarabía de la procesión está el templo que fuera de los Juaninos, llamado San Juan de Dios, cuyos muros atestiguan que hubo valor artístico en él, su hospital ya no existe a su lado y cerca también esta la Capilla de Nuestra Señora de la Salud, convertido en la actualidad en un templo expiatorio, solo vemos de él la torre arabesca que no luce del todo en medio de tanta belleza que lo rodea.

La escolta pretoriana con paso marcial abre paso a la impresionante escena que dan las tallas que forman “El Ecce Homo”, parecen hablar, platicar entre ellas, flanquean la imagen de Jesús, Pilatos y el Centurión. El pueblo se conmueve, las andas requieren de veinticuatro costaleros para llevar en hombros este grupo escultórico a la vista de todos.

De inmediato de vuelve la mirada de los concurrentes al “Padre Jesús” que lleva la cruz a cuestas venerada esta imagen en el templo de la Compañía y de quien todos saben que una vez platicó la talla con Concepción Cabrera de Armida, que va rumbo a los altares, nomás que Roma tarda mucho en contestar.

De este colegio y templo jesuita viene el “Jesús Nazareno”, en ese mismo sitio se encuentra un Cristo de caña, realizado a la usanza indígena. Allí también está un lienzo de la Virgen de la Luz, patrona de los estudiantes, que como siempre aparece en los colegios jesuitas de época. El patio del colegio jesuita ofrece hermosura, descanso, lo mismo que una fachada que enaltece la Plaza de Fundadores.

Algarabía en la Plaza de San Francisco, lo mismo que en las de Aranzazu, de Fundadores, de Armas, todo es un esperar conviviendo mientras los Charros y Adelitas ricamente ataviados, integran la manifestación de duelo de viernes Santo en esta Ciudad. La esquina que forman las calles de Madero y Allende, donde convergen los edificios de la Real Caja, La Lonja y el Palacio de Gobierno permite ver de reojo la Catedral y al fondo el templo del Carmen, allí si luce en todo su esplendor el desfile doliente.

La procesión camina, las mujeres que la integran traen sobre sus manos el rosario y un devocionario, más de alguna la Biblia y desde luego sus farolas, el paso es rítmico y lento.

Dos filas interminables marcan las calles de Villerías, Universidad, Galeana, Independencia, Carranza y Othón. Los fotógrafos se dan vuelo, luces, relámpagos aparecen por todos lados.

Ya viene del barrio de Santiago una Talla del siglo XVlll, “El encuentro”, es Jesús con la cruz a cuestas y María llena de dolor, como testigo Juan Evangelista, improvisado con una capa pluvial en desuso.

Del barrio de Tlaxcala viene “El Cirineo y Cristo” que cae por el peso de la cruz, las flores hacen menos dramática la escena, el pueblo mira y remira, todo está bellamente realizado, es donde el dolor se extrema y donde más de algún cofrade lleva los pies encadenados.

Jovencitas vestidas a la usanza judía se integran a la manifestación, son las verónicas, dan un toque de feminidad y alegría al monótono ritmo del tambor.

De la Catedral potosina pueden decirse muchas cosas, para nosotros basta recordar que el logro de su fachada en varios planos enseña al arte una solución arquitectónica, lo mismo que el apoyo renacentista que le da el Obispo Montes de Oca al colocar en esta misma fachada los apóstoles, en marmol. Las bóvedas pintadas al estilo de la época gloriosa de los Bernini.

Tiene un San Sebastián bajo el ara del altar y la tumba del obispo ilustrado destaca dentro de este edificio. La Virgen de la Expectación y el Ciprés de esta Catedral nos dan la oportunidad y motivo de recurrir a este lugar muy seguido para contemplarlos. Es la ciudad episcopal y metropolitana.

La casa de Nuestra Señora de los Dolores o la llamada de Las Recogidas es ya solo en la ciudad un recuerdo. La Calle de Vallejo nos detiene frente al edificio que ahora ocupa el lugar, las Magdalenas ya no se encuentran allí. Su capilla y su patio potosino lloran a las antiguas presas.

Frente a la multitud aparece de repente rodeada de hábitos y capuchas, en morado y blanco, “La Piedad”, escultura barcelonesa, ataviada de flores deja ver un cuadro conmovedor. La mujer madre, recuerda a esas mujeres que a escondidas salen del claustro y ven su alrededor sorprendidas, como pájaros recién nacidos que abandonan a hurtadillas el nido. Madre dolorosa con el hijo en brazos.

La Dolorosa que recibe esta noche el duelo centra la atención de una religiosidad mariana. Se recuerda que extramuros de la ciudad se levantó una ermita a la guadalupana que se transformaría en el suntuoso santuario, lo mismo que la ermita del desierto y la actual capilla de la Acción católica, amén de que todos los templos la tienen por patrona y en el nicho principal. Es un pueblo mariano.

Cuenta entre las obras potosinas destruidas el Convento de los mercedarios, que estuviera en la antigua capilla de san Lorenzo ahora el Mercado Tangamanga. Dicen que tenía un hermoso campanario coronado, también fue derruida la iglesia del barrio de Teques dedicado a la Virgen de los Remedios.

Esta ciudad esta sitiada desde sus inicios por los antiguos conventos: franciscano, agustino, carmelita, juanino, mercedario, jesuita y el beaterio, más el antiguo seminario y la casa de las recogidas, añadiendo el Santuario, la Catedral y las capillas.

Todos estos monumentos observan siempre admirados el cortejo fúnebre. Ya viene yaciente “Jesús en el sepulcro”, sus acompañantes visten de luto riguroso y demuestran piedad conmovedora. Tendido sobre flores un Cristo muerto, las andas pesan, los crisantemos buscan lucir, la gente llora y alguien pide perdón.

Las vírgenes de Loreto, del Rosario, de la Salud, de la Merced, de la Inmaculada. De Aranzazu, de Guadalupe, de la Consolación, de los Remedios, de la expectación, se vuelven una esta noche: La Dolorosa.

Aparece la Virgen de la Soledad, llora, sigue al hijo muerto, los nardos con su intenso olor no opacan su figura, los cirios iluminan su rostro que no logran disminuir su dolor, la corona real, las perlas, la diadema, la daga al pecho la acompañan, lo mismo que su suntuoso vestido bordado en lentejuela, no compiten con el rostro de esta imagen tallada por Tolsá.

Es la Dolorosa, la Soledad que comienza el recorrido por estas calles que levantaron desde su inicio monumentos a su nombre, todos los ojos la miran, las luces la reflejan y las pesadas andas se vuelven ligeras, los treinta costaleros desaparecen o parece que no existen, la imagen flota entre las miradas de los presentes.

Las damas que ricamente están ataviadas y que la acompañan no se notan ante la presencia de la taumaturga católica, los miles de fieles la han esperado por horas, se ponen de pie y los edificios que la enmarcan se ven mas iluminados que nunca.

Es la provincia de la grana abundantísima, del oro y de la plata, de las haciendas prosperas, de las grandes huertas conventuales, familiares y de barrio, de las tunas cardonas, del suave clima que nada tiene de incomodo, llena de plazas, desaparece por momentos para dejar lugar a la Escogida.

Cumple 142 años la Academia Mexicana de la Lengua

Cumple 142 años la Academia Mexicana de la Lengua

Notimex

 

Ciudad de México.  

La Jornada

La Academia Mexicana de la Lengua celebra este jueves el aniversario 142 de su fundación, que la convierte en la tercera más antigua de Latinoamérica, destacó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas de la máxima casa de estudios, Concepción Company, explicó que entre las funciones de la academia destaca estudiar la lengua, describirla, controlar en cierta medida sus irregularidades y generar herramientas como diccionarios y manuales.

Indicó que es una de las 22 academias de la lengua española del mundo, las cuales se agrupan en la Asociación de Academias de la Lengua Española, creada por iniciativa del expresidente Miguel Alemán Valdés, en 1956.

Sobre algunas de las labores que realiza, la universitaria refirió que se encuentran las consultas sobre el uso correcto de la lengua y se emiten recomendaciones.

“Se prefiere tal forma o es deseable usar una construcción y no otra. Una pregunta recurrente es: ¿cómo se dice haya o haiga?, ambas formas son correctas, pero si dice haiga en condiciones urbanas probablemente va a quedar marcado, pero si lo dice en un ambiente rural, no pasa nada”, indicó.

En un comunicado, la filóloga señaló que “lo que nos debe regir es el uso. Hay que estar orgulloso del español de México y estar orgulloso de que hablamos un dialecto distinto de los españoles”.

Indicó que la Real Academia Española no rige los usos de la lengua en México sino las academias locales, a través de la asociación, laboran en conjunto en un nivel de igualdad.

Precisó que esas entidades realizan funciones esenciales como la descripción de la lengua que se habla en cada país, qué las diferencia o qué comparten con el español general, además crean herramientas de consulta general como el Diccionario de la Lengua Española y los diccionarios identitarios, como el de Mexicanismos.

De igual forma, destacó la labor de miembros indigenistas al interior de la AML, pues a ésta institución también le interesa el patrimonio intangible que significan las 67 familias lingüísticas originarias de México, y que dan vida a casi 300 lenguas diferentes y sus vocablos que han enriquecido al español mexicano.

Además de estas labores, mencionó que una función social primordial de la AML es la adecuada aplicación de la lengua, dependiendo del contexto del hablante.

“Si yo llego a una entrevista de trabajo y digo: ‘Quihubo, ¿cómo estas, qué pasó mi buen?’, el señor que me hace la entrevista no me daría trabajo, porque no estoy usando el código adecuado para la situación comunicativa adecuada. El juego de la lengua es único, pero tiene subjuegos y hay que saber en qué situaciones usarlos”, finalizó.

José Clemente Orozco en el Carrillo Gil

José Clemente Orozco en el Carrillo Gil

DAVID MARCIAL PÉREZ

México

El País

En 1947, un José Clemente Orozco en la cima de su carrera fue invitado a presentar en el Colegio Nacional, el club de los grandes nombres de la cultura mexicana fundado entre otros por el propio muralista, una exposición sobre la Conquista. Orozco tomó la crónica seminal de Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la Nueva España, como hoja de ruta para Los Teules, una muestra concentrada en la fiereza de la batalla y equidistante con ambos bandos. “Es el dolor, es el horror de un lado y del otro sin politiquerías –decía la crítica de entonces– Nunca se había pintado o hablado así de la Conquista”.

El Museo de Arte Carrillo Gil de la capital mexicana recompone ahora la muestra con 43 de las 60 pinturas, dibujos y acuarelas. La idea original del museo, una de las instituciones privadas con una de las mayores colecciones de Orozco, era aprovechar las siete décadas de su inauguración. Pero el azar, y la verborrea ideológica de algunos políticos, le ha hecho coincidir también con una furiosa ola de revisionismo desde el otro lado del Atlántico.

“El autor no se muestra antiespañol ni anti indígena. Nos viene a decir que la Conquista es: dolor humano, desgarramientos de carnes y de espíritus y temeridad como extremos”, defendía en los cuarenta el historiador y crítico Justino Fernández. “Evita hablar de víctimas y victimarios e intenta llevar a un plano de objetividad el choque brutal entre dos mundos”, argumenta ahora la directora del Carrillo Gil, Vania Rojas.

En su autobiografía, el propio Orozco dejó escrita una crítica a las interpretaciones adánicas del indigenismo. “Según ellos, la Conquista no debió haber sido como fue. En lugar de mandar capitales crueles y ambiciosos, España debió haber enviado una delegación de etnólogos, antropólogos, ingenieros civiles, cirujanos, dentistas y veterinarios”.

La postura de Orozco no llega a las cotas del director de Televisión Española, que la semana pasada prácticamente se envolvió en la bandera de los cruzados al defender que no hubo colonización, sino “evangelización”; pero tampoco hay duda de que Orozco fue de entre el famoso tridente de muralistas –junto con Rivera y Siqueiros– que glorificaron el nuevo México posrevolucionario, el menos entusiasta de su pasado prehispánico.

“Las obras se presentan como una sucesión descriptiva de episodios de violencia extrema”, explica la curadora de la exposición, Dafne Cruz. En el debe mexica, aparecen Cabeza flechada, un primer plano de un barbudo cristiano atravesado por la boca y por lo ojos; Piel azul, una figura totémica sosteniendo una cabeza cortada, o Sacrificio humano: una toma cenital, como si fuera una mesa de quirófano, donde un sacerdote introduce su mano en el torax de un cadáver para sacarle el corazón.

La representación de la violencia española queda patente en El desmembrado, un guerrero mexica hecho de pedazos rojos; o El alanceado, otro combatiente indígena atravesado por el vientre, que forma parte de la primera muestra pero que no ha podido ser rescatado para la recomposición del Carrillo Gil. Distribuidas por las paredes de las salas, se recogen frases que el propio Orozco, que asumió también la tarea curatorial de la exposición original, resaltó del libro de Díaz del Castillo:

Llegaron hartas cargas de tasajo cecinado de indios mexicano, que repartieron entre sus parientes y amigos y como cosas de sus enemigos las comieron por fiesta

Vuestras carnes son tan malas para comer que amargan como las hieles

“Orozco concibió la muestra casi como una crónica cinematográfica, con detalles y primeros planos que hasta ahora no había trabajado, y llevando a su máxima expresión en trabajo en caballete”, explica la directora del Carrillo Gil. Los oleos y guaches miden en ocasiones más de dos metros. Orozco aparcó el muralismo, pero no las dimensiones monumentales. En la mayoría, utilizó la piroxilina, un material sintético con el que jugó al final de su carrera para lograr densos empastes sobre la tabla y colores mates. Los trazos son gruesos y hay una intencionada geometría en las composiciones, así como una acumulación de objetos, cada vez menos figurativos, que lo acercan al expresionismo y la abstracción, en la que entraría ya sin pudor con su última obra, Alegoría Nacional, un mural pintado sobre la pared de un teatro al aire libre.

Más interesado por el mito clásico, el destino trágico del hombre o la tensión entre el mundo industrial moderno y la antigüedad, Orozco, como el resto de sus compañeros de generación, ya había tratado el tema de la Conquista. Su Cortés y Malinche, un fresco de 1926 que remata uno de los techos del Colegio de San Ildefonso, muestra a dos figuras simétricas y desnudas. Un Cortes de piel blanca tomando la mano de una Malinche morena: su esclava, traductora y amante. A los pies de la pareja, el cadáver de un indígena. La Conquista como final y como comienzo.

Nuevas estaciones del Viacrucis por Annee-Marie Pelletier

Nuevas estaciones del Viacrucis por Annee-Marie Pelletier

Entre las estaciones más “novedosas” están la segunda titulada “Jesús es negado por Pedro”, la tercera “Jesús y Pilato”, la séptima “Jesús y las Hijas de Jerusalén”, y la decimocuarta “Jesús en el sepulcro y las mujeres”.

VATICANO

ACI

El Vía Crucis que presidirá el Papa Francisco en el Coliseo de Roma el próximo Viernes Santo, 14 de abril, presentará un elenco de meditaciones elaboradas por una biblista francesa que ha decidido no usar las estaciones tradicionales, sino un elenco distinto al que habitualmente se sigue en esta oración.

Anne-Marie Pelletier recibió el encargo del Santo Padre y las meditaciones ya han sido publicadas en distintos idiomas este lunes 10 de abril.

Entre las estaciones más “novedosas” están la segunda titulada “Jesús es negado por Pedro”, la tercera “Jesús y Pilato”, la séptima “Jesús y las Hijas de Jerusalén”, y la decimocuarta “Jesús en el sepulcro y las mujeres”.

En una entrevista concedida a Radio Vaticana y que ha sido publicada en italiano, la biblista explicó que decidió no usar las estacionales tradicionales porque “el Vía Crucis tiene distintas referencias y no tiene un esquema obligatorio. He elegido aquellos momentos que me parecían particularmente significativos”.

Así, “decidí insertar la negación de Pedro y la escena en la que Pilato, consultado por las autoridades judías, declara que Cristo debía ser crucificado. Para mí era muy importante recordar, en esta circunstancia, que los judíos y los paganos estaban unidos en la complicidad de la condena a muerte de Jesús”.

Sobre lo que le sirvió de inspiración para sus meditaciones, Pelletier explicó que se basó “fundamentalmente en mi experiencia de creyente, en la experiencia de la lucha de la fe. Porque cuando nos encontramos – como en el caso de la Pasión de Jesús – ante este extremo del pensamiento de Dios, cada uno de nosotros se siente perdido y tiene dificultades para entrar en la lógica de las Escrituras, del ‘debía ser así’”.

En cuanto al mensaje que ha querido dar, la biblista resaltó que “estamos ante una gran paradoja, porque lo que tenemos bajo los ojos es la realidad de un fracaso, del sufrimiento triunfante, del reino de la muerte”.

“Es muy importante volver a tomar consciencia del hecho que ser cristianos es lo opuesto de este chantaje de la violencia, de la muerte, y que el amor es más fuerte. El amor que viene de Dios tiene la victoria sobre todo. Es tarea de los cristianos de hoy ser testimonio de esto”.

Sobre la última estación que tituló “Jesús en el sepulcro y las mujeres”, Pelletier explicó que la quiso dedicar al Sábado Santo, que es “un momento de recogimiento, de silencio: nos prepara a reconocer la resurrección”.

“Es también un momento femenino, que nos muestra a las mujeres que sufren la prueba de la muerte de Jesús, pero que al mismo tiempo siguen teniendo una actitud de vida: preparan las toallas con las que honrarán el cuerpo de Cristo y tienen un comportamiento muy distinto al de los discípulos de Emaús”.

Estos discípulos, concluye, “están desilusionados y desorientados. Las mujeres, en cambio, no se muestran así, simplemente, sobriamente, preparan las telas y se disponen a recibir la gran sorpresa del anuncio de la resurrección”.

Anne-Marie Pelletier no es la primera mujer que escribe las meditaciones del Viernes Santo. En el año 2012, Danilo y Ana María Zanzucchi, unos esposos que iban a cumplir 60 años de casados, fueron elegidos por Benedicto XVI para esta labor.

Anne-Marie Pelletier ganó el Premio Joseph Ratzinger en el año 2014. Nacida en 1946, Pelletier –que con sus trabajos investigó también el lugar de la mujer en el cristianismo y en la Iglesia– enseñó lingüística general y literatura comparada en la Universidad de París X, teología del matrimonio en el Institut catholique de París.

Desde 1993 enseña Sagrada Escritura y Hermenéutica bíblica en el “Studio” de la Facultad Notre Dame del seminario de París.

Cinco platillos mexicanos típicos para esta Semana Santa

Cinco platillos mexicanos típicos para esta Semana Santa

Dos chefs recomiendan sus guisos preferidos para estas fechas

MARIÉN KADNER

México

El País

Semana Santa 2017

Tlayuda de pulpo de la chef Martha Ortiz, de Dulce Patria.

Por la tradición cristiana que vino de la mano de la colonización española, México celebra estos días la resurrección de Jesucristo. Como en muchas otras partes del mundo son fechas de cuaresma en los que los creyentes tienen la carne prohibida y deben acogerse al ayuno; esto es, comer una sola vez al caer el día. Para aquellos que quieran seguir la usanza –más o menos, por fe o tradición– al pie de la letra, dos chefs de la alta cocina mexicana, Óscar Pérez, del restaurante El Jardín de Ninette, situado en el Estado de Jalisco, y Martha Ortiz, propietaria de Dulce Patria en Ciudad de México, escogen sus platillos preferidos para esta Semana Santa.

 Una capirotada dulce.

Una capirotada dulce.

1. La capirotada dulce (pero también la hay salada)

Lo más glotones pueden escudarse en la tradición mestiza para atiborrarse con una buena dosis de azúcar y carbohidratos. La capirotada, en peligro de extinción, data de tiempos ancestrales y, para Pérez, chef de El Jardín de Ninette (Ajijic, a 40 kilómetros de Guadalajara), especializado en una cocina de tendencia europea, es un claro ejemplo de la gastronomía mestiza.

“La capirotada viene del mestizaje”, opina Pérez. “La base principal es el pan y antes de que llegaran los europeos no lo había. Debe ser un producto de curas y monjas”, explica. En efecto, este platillo mexicano puede recordar a las torrijas españolas: pan frito con huevo y espolvoreado de azúcar. La capirotada, sin embargo, conlleva una mayor elaboración: se fríe el pan, que se baña en miel de panela y se adorna con frutos secos como cacahuates (cacahuetes, en España), nueces, uvas pasas y queso adobera (fresco). Después de mete en el horno para dejar que se haga y se gratine. Una excelente dosis de alimento para aguantar el ayuno el resto de la jornada.

 Sopa de habas con nopales.

Sopa de habas con nopales.

2. Sopa de habas con nopales (o de nopales con habas)

En un sofrito de cebolla, ajo y jitomate (tomate rojo), con el imprescindible toque de chile, en esta ocasión de árbol –uno de los más picantes– y un caldo de pollo. Se hierven las habas verdes, los nopales (u hojas de chumbera, en España), bien limpios de espinas, y unas ramas de cilantro. Esta recomendación de la chef Martha Ortiz, cuyo restaurante figura en el puesto número 48 de los mejores restaurantes de América Latina, puede hacerse puré o servirse como una sopa o potaje. Su alto contenido en fibra es su principal sello distintivo.

 Cinco platillos mexicanos típicos para esta Semana Santa

3. Tortas de chinchayote

El chinchayote recibe muy diversos nombres, en función de la región: chanchayote (Estado de México y Veracruz), huaraz o guarás (Michoacán), cuesa o cueza (Chiapas), chayocamote (Oaxaca), chayoteste, chayotestle o chayotextle (Puebla y Veracruz). Se encuentra a mitad de camino en textura entre la raíz y el tubérculo, tal y como explica Pérez. Por su sabor, “es una mezcla entre la papa (patata) y el chayote (una hortaliza de color verde conocida como “papa del aire). Este se toma en torta (tortilla francesa, en España).

4. Chiles poblanos rellenos

 Chiles poblanos rellenos de arándano, nueces y quinoa.

Chiles poblanos rellenos de arándano, nueces y quinoa.

Como es época de cuaresma, lo más sencillo es ceñirse a una dieta vegetariana durante esta semana (o aprovechar para atiborrarse de pescado, como se verá en la siguiente y última recomendación). Unos chiles poblanos rellenos, es la opción que recomienda la chef Ortiz. Según el gusto de los comensales, se puede hacer hacer una preparación, a partir de un sofrito de cebolla, ajo y jitomate, de granos de maíz, champiñones y frijoles. Después de su paso por el horno, se puede decorar el platillo con perejil y rábanos picados.

5. El rey de la semana: el pescado

Para aquellos que amen la carne y al mismo tiempo quieran seguir la tradición al pie de la letra, el pescado es la mejor solución para llevar con buen humor la semana. Ambos chefs proponen un platillo de pescado. Ortiz sugiere “la tlayuda [tortilla de maíz] de pulpo a la manera tradicional con colores vivos y que la servimos a propósito de esta fechas”. Por su parte, Pérez recomienda el caldo michi, originario de Jalisco, con bagre del lago de Xalapa –donde se ubica la localidad Ajijic– como ingrediente principal.