Cristo de los Ramos

Domingo de Ramos

San Mateo 21, 1-11: “Bendito el que viene en nombre del Señor”

Isaías 50, 4-7: “No aparté mi rostro de los insultos, y sé que no quedaré avergonzado”

Salmo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Filipenses 2, 6-11: Cristo se humilló a sí mismo, por eso Dios lo exaltó”

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26, 14- 27, 66)

 

¿Qué le dirá la imagen de Jesús, tan pequeño, tan humilde, montado en un burrito a un mundo de tecnología, de poder, de ambición, de terrorismo y de prepotencia? Las ramas cortadas al pasar, los mantos ofrecidos con generosidad y los corazones dispuestos a recibir a Jesús podrían ser los auténticos signos de un mundo,  que igual que Sión, busca encontrar la paz, la verdad y la justicia.

Jesús es el único rey que puede darnos la paz. San Mateo nos narra una sola visita de Jesús a Jerusalén y la coloca como el centro de toda su actividad evangelizadora y la manifestación del verdadero mesianismo de Jesús. La figura de Jesús montado en un burrito debería contrastar enormemente con los gritos de júbilo proclamándolo como Hijo de David. Todas las expectativas que señalaban al Mesías como un rey poderoso y fuerte, que con espada y lanza liberaría a Israel de todos sus enemigos, se ven  ridiculizadas cuando Jesús se presenta “montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo”.  Y si por un lado se anima a Sión manifestándole que viene “su rey” que le procurará la paz, por otro lado toda la humildad y sencillez con que Jesús entra en Jerusalén nos manifiestan el verdadero camino de la paz. Jesús ofrece una manifestación de su condición de Rey-Mesías, no con el aire triunfal de los vencedores, sino en son de paz, con la sencillez del que viene a servir a su pueblo. La entrada de Jesús a Jerusalén y la entrada de Jesús en nuestros pueblos es en sí misma una interrogante sobre lo que significa su presencia y su misión en medio de nosotros: ¿Cómo estamos construyendo la paz? ¿A base de descalificaciones, amenazas y venganzas? ¿Lo hacemos desde el interior, desde el servicio y desde la recuperación del valor de la persona?

El Cristo de los Ramos y los Hosannas resulta contradictorio y paradójico. Domingo de Ramos  se nos presenta como un día pleno de contrastes, luces y sombras, de un sabor agridulce. En un momento se llenan nuestras calles con los gritos: “¡Viva Cristo Rey!, ¡Hosanna al Hijo de David!”, y momentos después resuenan en nuestras iglesias las trágicas palabras de la Pasión, y se van sucediendo, paso a paso, la entrega, el beso de la traición, la negación de Pedro, las burlas y las aclamaciones irónicas de los soldados: “¡Viva el rey de los Judíos!”, los gritos de “¡Crucifícalo!”, hasta la última exclamación en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, para que Jesús dando un fuerte grito, expire. Es la dolorosa realidad que cada día se hace presente en nuestras vidas. Por una parte se exalta al hombre, se le alaba y por otra se le desprecia, se le tortura y se le aniquila. Escuchamos la proclamación de los derechos humanos, la exaltación al respeto y a la igualdad de la mujer, se defiende apasionadamente a los niños y a los pobres, y los noticieros dan cuenta de abusos, de drogas, de violaciones, de secuestros y de la trata de personas. Es la pasión de Jesús vivida cada día en la persona de cada hombre y cada mujer.

Realidad humana vivida por Jesús que toma el rostro y el dolor de cada persona y que lo asume para rescatarlo, para darle su verdadero significado, para llevarlo a la verdadera libertad, más allá de las expectativas meramente humanas y económicas. Acontecimientos vividos en aquel día, lo que pasó en esa semana, no es historia del pasado, se trata de una especie de profecía y documentación anticipada de todo lo que ocurre siempre en el mundo y en nuestra historia. El escenario no tiene importancia. Todas las situaciones de nuestra vida reflejan la pasión: siempre se encontrará en el centro a un hombre, Cristo-hoy, víctima de la injusticia, de la soledad, de la traición, de la indiferencia, de la ausencia de amor. Y siempre los actores serán los mismos, quizás con alguna pequeña diferencia, el Herodes que condena, Pilato lavándose las manos, el Pedro que niega al amigo por temor al compromiso, la huida, el beso de la traición… la muchedumbre que igual en un momento alaba y exalta y en otro, se burla, condena e insulta. Alguna vez me comentaban los actores de la representación que si no habría posibilidad de cambiar un poco los papeles. Así esperaríamos encontrar a un Pilato que alguna vez no se lave las manos o a un Herodes que realmente busque la justicia; a un Pedro que no se escurra sino que diga con toda claridad: “Sí lo conozco, es mi amigo”; a unos discípulos que venciendo sus miedos, no huyan cobardemente sino que se queden firmes en la lucha contra la injusticia. Y hoy tenemos la posibilidad de cambiar el guion… ¡con nuestra vida!

Domingo de Ramos, Semana Santa… es la historia de Cristo encarnada en la humanidad, con la posibilidad de que nosotros cambiemos las situaciones y nos unamos al Jesús, Hijo de David, en su misión de paz y de amor. Claro que necesitamos cambiar las actitudes y asumir los criterios de Jesús que se entrega, mientras los demás huyen; que da la vida, mientras los otros toman las armas; que perdona, mientras los demás se llenan de odio. La Semana Santa debe vivirse en este clima del gran amor de Jesús, pero al mismo tiempo debe vivirse como un fuerte reclamo  ante las agresiones a la dignidad del hombre. No podemos vivir una Semana Santa sin compromisos, sin atención al hermano. Que cada una de las palabras de Jesús encuentre eco en nuestro corazón. Este día y esta Semana Santa llenémonos del amor de Jesús, guardemos sus palabras, sus actitudes y sus enseñanzas en nuestro corazón. ¿Habrá tiempo para escuchar a Jesús? ¿Habrá tiempo para aceptar la manifestación de su amor hacia nosotros? ¿Estaremos demasiado ocupados? ¿Lo dejaremos muriendo en soledad, en la cárcel, por el hambre y el abandono? Semana santa: tiempo de Jesús y tiempo del hombre verdadero.

Padre Bueno que nos has dado como modelo a tu Hijo, nuestro Salvador, hecho hombre, humillado hasta la muerte de cruz, haz que participando vivamente en su Pasión, manifestemos y vivamos nuestra fe en su Resurrección. Amén.

 

La tirada de dados editorial: el valor icónico de la poesía

La tirada de dados editorial: el valor icónico de la poesía

José María Espinasa

La Jornada Semanal

¿Cómo recordamos a una editorial? ¿Por el libro que leímos y nos marcó, por la frecuentación de una colección o de su catálogo? Sí, pero muchas veces se nos fija en la memoria una apuesta icónica que se sale de sus parámetros… Por ejemplo, podemos recordar a Joaquín Mortiz por Las dos orillas o por El volador, por las Obras, de Arreola, o por haber leído con ese sello Se está haciendo tarde (José Agustín). Sin embargo, yo la recuerdo casi siempre por dos ediciones anómalas, los Cantares, de Pound (traducción de Joaquín Vázquez Amaral) y la Poesía, de Apollinaire (de Agustí Bartra). En esas publicaciones se combina oficio editorial, ambición y poesía. Suele ser este género el que más fácilmente provoca la relación icónica o fetichista con un libro. Por ejemplo, a Juan Pablos Editor, que tiene un amplio catálogo en ciencias sociales y que muchos recordarán por las obras de Trotsky o de Gramsci, yo la recuerdo de forma inevitable y automática por las Poesías, de Cavafis.

Sobre todo las editoriales independientes tienden de vez en cuando a lanzar un libro que en principio parecería fuera de su alcance. Por ejemplo, hace unos años (2009) La Cabra publicó una extensa muestra de la obra de Gottfried Benn en dos tomos, Un peregrinar sin nombre, en traducción de José Manuel Recillas. Cuando pienso en esa editorial ese libro me viene siempre a la cabeza. Esos libros suelen ser apuestas muy arriesgadas, costosos de producir, y por lo tanto caros y con poco futuro de ventas, y sin embargo se vuelven el rostro de un sello, incluso si no es exclusivamente literario. Ya en plan de apantallar, Ediciones del Lirio publicó hace unos dos años los cuatro tomos de Poesía visual mexicana, verdadero desafío de diseño y tipografía. Pero ese síndrome lírico también ocurre en otro tipo de editoriales. Por ejemplo, cuando pienso en las ediciones de la unam lo que me suele venir a la cabeza es la antología Más de dos siglos de poesía norteamericana, en dos tomos, que se publicó bajo el impulso de Hernán Lara Zavala y organizada por Eva Cruz (xix) y Alberto Blanco (xx).

Que esa función icónica en la memoria esté cargada hacia la poesía no es sólo por las particulares preferencias mías como lector. Suele ocurrir incluso cuando la tendencia es, por ejemplo, la novela policíaca o la historia patria. Y tiene que ver inevitablemente como el valor simbólico de ese género en el inconsciente colectivo. Es por eso también que muchas veces a las editoriales independientes que tienen colecciones diversas de ensayo y narrativa se les identifica por su labor en poesía. Los lectores suelen tener más cerca, sobre el escritorio o en el librero más próximo, la sección de poesía. Es una estrategia que el inconsciente le juega a la mercadotecnia que repite machaconamente: la poesía no se vende.

Esa tirada de dados editorial suele involucrar al editor con un obstinado traductor, generalmente poeta, que persiste y se anima con una cierta idea de completud. Baste ver lo celebrada, y con razón, que ha sido la Obra completa, de Rimbaud recientemente publicada en España por Atalanta, traducción de Mario Armiño (además, bilingüe). En México, donde el poeta-niño ha contado con espléndidos traductores, hace años se había publicado Obra poética y Correspondencia escogida (por la unam, versión de José Luis Rivas, que no desmerece para nada ante la de Armiño). Así el propio Rivas anunció hace años una, nunca concluida hasta ahora, Poesía completa, de Saint John Perse, una de sus figuras tutelares. Verdehalago se embarcó en la Obra completa, de Pessoa (traducción de Miguel Ángel Flores) y Papeles Privados en la Poesía, de Pavese en traducción de Elvia de Ángelis.

Las menciones anteriores han sido suscitadas por dos casos de lo que he llamado aquí el valor icónico de la poesía, aparecidos el año pasado. Por un lado, la culminación de una ya longeva, constante y extensa labor de traducción y difusión de la poesía de Seamus Heaney que ha venido haciendo la escritora Pura López Colomé, y que desembocó en la edición de la Obra reunida del escritor irlandés publicada por la editorial Trilce, y que –creo– se volverá libro insignia, icono de un sello que se ha repartido entre los libros de arte y su magnífica colección de poesía Tristan Lecoq. Es, además, un buen ejemplo del interés, devoción y fidelidad a un autor por parte de su traductor. Pura, que había publicado en diversas editoriales adelantos de este trabajo, lo revisó íntegramente y en comunicación con el autor, escritor por cierto nada fácil de traducir. La editorial así lo entiende y echa la casa por la ventana con un libro muy bien diseñado y acompañado de abundante iconografía.

Cuando se vierte a un idioma toda la poesía de un autor, las exigencias que se le hacen al traductor no son las mismas que si traduce un puñado de poemas o un libro. A la exigencia puntual se suma la exigencia de conjunto (atmósfera, unidad de léxico y estilo) y el conocimiento del desarrollo biográfico y conceptual. Junto a la traducción de la Poesía completa, de Montale, de Fabio Morabito, la de Pura de Heaney es un hito en la historia de los seguidores de San Jerónimo en México.

La otra tirada de dados editorial corresponde a Vaso Roto, sello nacido en Monterrey y hoy ya con casa en Madrid, camino que también siguió anteriormente Sexto Piso. Pero si este último es una admirable proyecto que ha enriquecido nuestras posibilidades de lectura en español con novelas y reflexiones, Vaso Roto lo ha hecho en el terreno de la poesía y el ensayo, y en poco tiempo ha configurado un extraordinario catálogo. Su tirada de dados es la poesía y la prosa de Elizabeth Bishop en dos gruesos volúmenes (la poesía traducida por Jeannette l. Clariond, directora de la editorial, y la prosa por Mariano Peyrou). De esta y otras tiradas de dados editoriales seguiremos hablando en una próxima entrega, pues el tema da para mucho •

Arp, por primera vez en México

Arp, por primera vez en México

ANNE MARIE MERGIER

PARÍS, Francia

Proceso

 

México fue elegido como puerta de oro para mostrar en América Latina la obra polifacética, sensual, única de este artista de las vanguardias del siglo XX: 80 esculturas de bronce, piedras, cobre, latón, aluminio, duraluminio, madera, yeso –además de relieves, pinturas, litografías, dibujos, papiers collés, tejidos, bordados, fotografías–, prestadas por la Fondation Arp, coleccionistas privados y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo. De la mano del curador Serge Fauchereau, Proceso adelanta la visita de la retrospectiva ARP que este sábado 8 abrirá el Museo de Arte Moderno de Chapultepec.

– ¿Cómo llamarlo? ¿Hans Arp? ¿Jean Arp? o ¿Hans-Jean Arp?

 

 “Arp. No más. Así lo llamaban todos sus amigos. Discrepo con los alemanes que buscan germanizarlo a toda costa y con los franceses que intentan afrancesarlo con el mismo empeño. Arp no se deja asignar a un solo país, un solo idioma, una sola cultura, un solo estilo. Arp es múltiple, libre, se burla de etiquetas y dogmas.”

Curador de ARP, retrospectiva de la obra de ese apasionante artista del siglo XX –la primera jamás realizada en América Latina– que se inaugurará el próximo 8 de abril en el Museo de Arte Moderno, Fauchereau concretiza por fin un sueño de mucho tiempo. Confía:

“La idea de exponer Arp en México nació hace varios años en San Luis Potosí durante una plática que sostuve con Enrique Villa Ramírez, director del Museo Federico Silva, único museo latinoamericano exclusivamente dedicado a la escultura. A ambos nos parecía profundamente injusto el hecho de que por razones económicas –el prohibitivo costo de transporte de las obras– los grandes escultores del siglo XX nunca podían ser exhibidos en América Latina y que solamente se daban el lujo de acogerlos unos cuantos museos estadunidenses.”

Vicepresidente de la Fondation Arp y curador de una muestra del artista en el Círculo Bellas Artes de Madrid en 2006, el destacado historiador del arte dedicó dos libros al escultor –entre los más de cincuenta que escribió sobre los grandes movimientos del arte moderno y sus principales actores.

“Para mí no cabía la menor duda: Arp tenía que viajar a México. Sylvia Navarrete se enteró de mi proyecto y se entusiasmó”, comenta escuetamente antes de precisar:

“Alrededor de ochenta obras –esculturas de bronce, piedras, cobre, latón, aluminio, duraluminio, madera, yeso, además de relieves de madera, pinturas, litografías, dibujos, papiers collés, tejidos, bordados, fotografías– prestadas por la Fondation Arp, coleccionistas privados y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo familiarizarán al público mexicano con un artista polifacético.”

Y recuerda:

“Junto con su compañera Sophie Taeuber, sus amigos los poetas rumanos Tristan Tzara y Marcel Janco y los alemanes Hugo Ball, Richard Huelsenbeck y Hans Richter, Arp fue al origen del movimiento dadá que surgió en febrero de 1916 en una modesta taberna de Zurich que Ball había bautizado como Cabaret Voltaire. Fue una aventura tan iconoclasta como primordial. Sin el dadaísmo el arte del siglo XX no hubiera sido lo que fue.”

Entrevistado en París en víspera de su salida para México, Serge Fauchereau es inagotable cuando evoca la vida y la obra de “ese personaje sumamente atractivo” que a lo largo de cincuenta años de vida “lo exploró todo” con una mezcla de curiosidad, audacia e ingenuidad. André Breton, admirativo, decía que su creación nacía de la frescura de la infancia que Arp habia sabido preservar en lo más hondo de sí mismo.

* * *

Arp nació en 1886 en Estrasburgo, capital de Alsacia, cuando esa provincia ubicada en la frontera entre Francia y Alemania (que ambos países se disputaron de 1871 a 1945) estaba bajo dominio del imperio alemán.

De madre francesa y padre alemán, Arp hablaba francés en casa, alemán en la escuela y alsaciano con sus compañeros.

Desde muy joven se apasionó por la poesía leyendo con igual deleite a Novalis y Kleist, Rimbaud, Verlaine, Mallarmé y Baudelaire. No resistió a la tentación y a los 17 años empezó a escribir poemas primero en alsaciano y luego en alemán.

“Arp compuso poesía a lo largo de toda su vida y hoy está considerado como uno de los grandes poetas alemanes del siglo XX –enfatiza Fauchereau–. A partir de 1930 escribió también en francés, pero es en alemán que su talento poético se despliega mejor. Contaba tanto la poesía para él que en varias oportunidades afirmó que si estuviera en la obligación de elegir entre su obra plástica y sus poemas, renunciaría a la primera. Afortunadamente no tuvo que enfrentar ese dilema.”

Fue primero en la Escuela de Artes y Oficios de Estrasburgo y luego en la Künstakademie de Weimar que Arp se inició en las bellas artes. Pero el academicismo de ambas instituciones lo aburrieron. En 1907 dejó Weimar para ir a vivir en Lucerna (Suiza) donde se había trasladado su familia.

Según cuenta Serge Fauchereau, Arp viajaba con frecuencia a París, donde expuso sus primeras obras junto con Henri Matisse, Kees van Dongen y Paul Signac y se inscribió en la renombrada Academie Julian de la Ciudad Luz de la que también se hartó.

Tenía sólo 25 años cuando fundó en Lucerna El Moderne Bund, una asociación de artistas internacionales que expuso en la misma muestra colectiva, sumamente ecléctica, obras de Paul Gauguin, Paul Klee, Pablo Picasso y Auguste Herbin… La exhibición dejó a los suizos bastante perplejos pero permitió al joven artista conocer a Vassili Kandisky y Max Ernst, con quienes tejió duraderos lazos de amistad.

Finalmente en 1914 Arp realizó su sueño: instalarse en París. Vivía en Montmartre y sus amigos se llamaban Guillaume Apollinaire, Amedeo Modigliani, Arthur Cravan, Max Jacob, entre tantos otros. Entabló relación con Pablo Picasso y frecuentaba también el taller de Montparnasse de la artista rusa Marie Vassilieff en el que Diego Rivera conoció por primera vez a Marevna Vorobieff. Serge Fauchereau sin embargo no halló indicio de un eventual encuentro de Arp con Rivera.

Esa estadía en la Ciudad Luz fue importante en la evolución artística de Arp, quien se interesó profundamente en el cubismo y sobre todo en la técnica de los papiers collés (papeles pegados).

“Su obra plástica se diversificó mucho en París –subraya Fauchereau–. No sólo hizo pinturas y dibujos, sino numerosos collages así como hermosas ‘construcciones’ de madera, sin hablar de su incursión en el universo del bordado. A lo largo de toda su vida Arp siguió fiel a ese eclecticismo. En la muestra de México por supuesto estarán presentes estas obras tempranas del artista.”

Paralelamente, entre 1912 y 1914 Arp dedicó mucho tiempo a la poesía y compuso su famoso poema “Kaspar ist tot” (Kaspar está muerto), cuyo misterio fascinó tanto a sus cómplices del Cabaret Voltaire. Al grado de que se convirtió en uno de los textos de culto del dadaismo. Enfatiza Serge Fauchereau:

“Kaspar es un personaje complejo. Hace años, cuando lo descubrí, pensé en una especie de duende, amable y travieso. Pero un día escuché una grabación extraordinaria de Arp leyendo su poema con un tono de voz tan lúgubre que casi me sacó lágrimas. Entendí entonces que Kaspar era un enigma… El avatar de Arp quizás. O su doble… Quién sabe. En todo caso Arp lo resucitó en 1930 en una escultura de 50 centímetros de alto, tan enigmática como el poema. Esa escultura –una de mis predilectas– es emblemática a la vez del dadaísmo y del surrealismo. Por supuesto se exhibirá en el Museo de Arte Moderno.”

El curador se endereza en su sillón y entusiasta anuncia:

“En realidad habrá dos Kaspar. Una escultura de yeso en la que aún se vislumbran las huellas de los dedos de Arp. Es en realidad la obra original a partir de la cual se realizó la versión en bronce que también estaré en México. Es absolutamente excepcional que viaje un yeso original. Los museos casi nunca aceptan prestarlos por temor a un accidente. Pero Claude Weil-Seigeot, presidenta de la Fondation Arp, comparte conmigo el deseo de ofrecer al público mexicano la emoción de ‘sentir’ las manos de Arp dando forma a Kaspar.”

* * *

En mayo de 1915 Arp tuvo que dejar Paris. En ese segundo año de guerra el nacionalismo francés estaba exacerbado y las autoridades consideraban bastante sospechoso a ese alsaciano bohemio de nacionalidad alemana.

De regreso a Suiza en ese mes, Arp acabó viviendo en Zurich, donde se había refugiado un sinnúmero de artistas e intelectuales europeos así como revolucionarios alemanes y rusos atraídos todos por la neutralidad del país.

James Joyce radicaba en el casco viejo de Zurich, a pocas cuadras de la Spiegelstrasse donde Lenin alquilaba un piso a unos pasos del Cabaret Voltaire.

A Serge Fauchereau le parece descabellada la “leyenda” según la cual todos se conocían.

“No existe testimonio fidedigno al respecto. Pertenecían a círculos totalmente distintos. Es probable que se cruzaran en los mismos cafés, pero no se frecuentaron”, asegura.

La primera noche dadaísta se dio el 5 de febrero de 1916 y fue delirante. Los artistas llegaban con sus obras “futuristas” bajo el brazo y las colgaban en las paredes de la taberna, los poetas aullaban sus versos y provocaban al público, improvisando auténticos happenings. Se hablaba rumano, francés, alemán, italiano. Las siguientes noches fueron aún más extremas. Explica Faucherau:

“Todo ese grupo de gente cultísima estaba literalmente traumado por la barbarie de la guerra. ‘¿De qué sirvieron tantas bellas teorías artísticas, tanta cultura, tantas civilización?’, preguntaban. ‘De nada. Basta ver cómo se destripan alemanes y franceses’, contestaban. Ya no creían en nada. El horror que les inspiraba la guerra los llevaba a cuestionarlo todo, a repensarlo todo.

Y agrega:

“Dadá fue un movimiento de coraje y asco, un movimiento nihilista y filosóficamente anarquista que se reía amargamente de todo. Los dadaístas querían arrasar con todas las formas artísticas que les habían antecedido. Pero ese movimiento que se proclamaba destructivo fue increíblemente constructivo e inventivo. Arp y Tzara, por ejemplo, cada cual a su manera, otorgaron una importancia capital al azar y al sueño en su proceso creativo abriendo camino a los surrealistas.

“Arp insistía para dejar que la obra surgiera en ‘forma natural’. Esa noción de ‘naturalidad’, que no excluía un trabajo intenso de creación, fue el eje de su pensamiento artístico. Ese periodo de la vida y de la creación de Arp tiene un lugar importante en la muestra de México.”

La estadía en Zurich fue también fundamental en su vida porque encontró a Sophie Taeuber, con quien se casó en 1922 y con quien trabajó en perfecta ósmosis hasta la muerte accidental en 1943 de esa mujer talentosa y discreta, considerada hoy en Suiza como una de las mayores artistas modernas del país.

Egresada de la Escuela de Artes y Oficios de Saint Gallen (Suiza), Sophie Taeuber trabajaba la madera con suma destreza y realizó varias obras dibujadas por Arp; pintaba, tejía, bordaba, dibujaba, y pronto optó en pintura por la abstracción y una geometría lírica que admiraba Arp. Diseñó muebles que anticiparon los del Bauhaus. Además realizó títeres dadaístas y los vestuarios futuristas de los efímeros ballets del Cabaret Voltaire, en los cuales también bailaba.

“A lo largo de toda su vida artística Arp creó obras a cuatro, seis u ocho manos. Le importaba el trabajo colectivo. Solía integrar grupos de artistas, trabajar un tiempo con ellos y escaparse cuando sentía que el colectivo se tornaba demasiado dogmático. Pero tenía la elegancia de salirse sin enemistarse con sus integrantes. Fue una proeza excepcional en ese ámbito muy pasional. Participó en el movimiento surrealista desde su creación en 1924, luego se retiró, y sin embargo el implacable André Breton nunca lo marginó ni lo condenó. Creo que es un caso único”, cuenta riéndose Serge Fauchereau.

Entre los grupos en los que participó Arp se encuentra Cercle et Carré (Circulo y Cuadrado) –fundado por el pintor francés abstracto Michel Seuphor y el escultor y escritor uruguayo Joaquín Torres García–, al cual Arp se incorporó en 1929 y en el que tejió lazos de amistad con el mexicano Germán Cueto.

“Ambos se llevaban muy bien, porque además de compartir los mismos intereses artísticos tenían en común un carácter jovial, un inmenso interés por todo y un sentido del humor a toda prueba”, recalca.

Luego Arp, a partir de 1932, integró el grupo Abstraction-Création, al que pertenecían pintores abstractos radicales como Wassili Kandisky, Frantisek Kupka, Piet Mondrian y Auguste Herbin.

“Arp fue un abstracto ‘moderado’. Los visitantes mexicanos al Museo de Arte Moderno se darán cuenta de que la geometría de sus cuadros era una ‘geometría amable’. Pero eso no le impidió llevarse muy bien con los abstractos puros e inflexibles. Colaboró inclusive con Mondrian, que distaba de ser un hombre fácil…”, señala el historiador de arte con sonrisa maliciosa.

* * *

Una de las grandes aventuras artísticas de Arp y Sophie Taeuber fue la que vivieron junto con Theo van Doesburg en Estrasburgo.

Fundador con Piet Mondrian del movimiento De Stijl, importante corriente artística de los Países Bajos, Van Doesburg preconizaba una colaboración estrecha entre artistas de distintas disciplinas: pintura, arquitectura, diseño y escultura para crear obras de arte total.

En 1926 dos empresarios alsacianos, los hermanos Horn, contrataron a los tres amigos. Su misión: convertir el ala derecha de un inmenso edificio del siglo XVIII ubicado en el corazón de la ciudad en un centro de diversión de cuatro pisos. El lugar, llamado L’Aubette, era inmenso y debía ofrecer al público una sala de cine, otra de baile, una tercera de billar, un salon de té, un bar… y, en el sótano, un caveau-dancing, discoteca de la época.

Arp, Taeuber y Van Doesburg dedicaron tres años de su vida a ese trabajo. Les entusiasmaba la posibilidad de concretizar la utopía de la obra de arte total. Y lo lograron. L’Aubette exhibía una estética vanguardista y constructivista abrumadora. Todas las salas estaban adornadas con atrevidos y vibrantes murales abstractos, cuyos colores vivos se combinaban con el negro y el gris y formas asimétricas que jugaban con otras más regulares.

En las paredes de la discoteca, adornadas por Arp, bailaban formas geométricas mucho más sensuales, redondas, casi sin ángulos. La magnífica escalera de línea pura de Van Doesburg estaba iluminada por un vitral de Arp compuesto de largos rectángulos azules, grises y blancos. El salón de té imaginado por Sophie Taeuber era una auténtica sinfonía geométrica de rojo, verde, negro y gris.

“Fue algo único en Europa, de una perfección y un atrevimiento impresionantes –recalca Fauchereau–. Si bien en ciertas salas era notoria la intervención de uno de los tres artistas, en todas cada creador logró introducir su toque. Fue realmente un trabajo colectivo inédito, demasiado vanguardista para esa ciudad dinámica pero bastante conservadora.”

Los habitantes de Estrasburgo no quisieron L’Aubette, los comerciantes que explotaron las salas no respetaron las obras, el conjunto se degradó a toda velocidad y acabó por desaparecer. Sólo queda una importante documentación fotográfica que Estelle Pietrzyk, directora del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Estrasburgo, presta para la exposición de México.

Serge Fauchereau expone, junto con los tirajes originales de la época, fotografias en color de la parte de L’Aubette ‘milagrosamente’ restaurada. Fue en 1970 cuando las autoridades culturales de Estrasburgo decidieron resucitar esa obra maestra de su patrimonio artístico, devolviendo su esplendor original a la escalera y a tres salas que impresionan por su modernidad.

“Me importa que el público mexicano pueda descubrir murales franceses, realizados a finales de los años veinte, es decir, cinco años después de que Diego Rivera empezara a pintar La Creación en los muros del anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria. Hasta la fecha no he logrado descubrir si Arp, Taeuber y Van Doesburg estaban enterados del surgimiento del muralismo mexicano.”

Gracias a la remuneración de su trabajo en L’Aubette, Arp y Taeuber compraron un terreno en el municipio de Clamart, en los alrededores de París, donde mandaron construir una casa a partir de planes arquitectónicos de Sophie.

El pequeño edificio, un rectángulo de piedra de dos pisos, es también atrevido para su época. Sobria, de líneas geométricas tanto en su fachada como en sus estructuras interiores, la casa refleja los conceptos estéticos y arquitectónicos de Taeuber.

Hoy es la sede de la Fondation Arp y alberga gran parte de las obras del artista. Asegura a la reportera Claude Weil-Seigeot, quien supervisó su restauración:

“No es un museo. A la hora de volverle a dar vida decidimos preservar antes que todo la intimidad de la casa y de los talleres. Existen muy pocos talleres de grandes artistas tan auténticos como el nuestro hoy día en París y sus alrededores.”

* * *

Arp y Sophie Traeuber se instalaron en Clamart a finales de 1929 y muy pronto el lugar acogió a todos sus amigos: Max Ernst, Tristan Tzara, James Joyce, Kurt Schwitters… Empezó uno de los periodos creativos más densos de su vida, que duró hasta el principio de la Segunda Guerra Mundial.

En 1942 los dos artistas huyeron de París, ocupado por las fuerzas nazis, dejando su casa y todas sus obras al cuidado de su empleada de servicio. Se refugiaron primero en Grasse, sur de Francia, donde se encontraron con dos cercanos amigos artistas, Sonia Delaunay y Alberto Magnelli.

“Los cuatro buscaban escapar a los tormentos de la guerra aferrándose a su arte, y de vez en cuando creaban obras a ocho manos –enfatiza Fauchereau–. Realizaron así una serie de litografías que sólo se editó después de la guerra. Arp daba el motivo inicial de esa creación colectiva que luego desarrollaban los otros tres, cada uno trabajando por turno en la misma hoja. Y esa es la gran originalidad de ese trabajo que podrán admirar los visitantes del Museo de Arte Moderno.”

Después de algunos meses en Grasse, Arp y Taeuber retomaron el camino del exilio volviendo a Zurich, donde los acogió el arquitecto, escultor y poeta suizo Max Bill. La tragedia se dio al poco tiempo de su llegada: el 13 de enero de 1943 Sophie fue encontrada muerta, intoxicada por emanaciones de una estufa de carbón.

Arp pasó cuatro años sin pintar ni esculpir, refugiándose en la escritura y la poesía. Lo ayudó a sobreponerse una amiga de muchos años, Marguerite Hagenbach, rica coleccionista helvética con la que acabó casándose en 1959. La pareja vivió entre Locarno, Basel y Clamart, donde Arp recobró su pasión por la escultura.

A mediados del siglo XX era ya un artista reconocido, con múltiples galardones, como el destacado Gran Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Venecia en 1954.

“Museos y coleccionistas compraban sus obras y eso le dio la posibilidad de asumir el alto costo de la fundición en bronce de esculturas monumentales como Pastor de nubes. Ninguna pudo viajar a México. Pero exhibimos una quincena de obras de bronce y dos de duraluminio de tamaño mediano que permiten apreciar la energía que emana del trabajo de Arp y entender hasta qué punto escapa a toda clasificación.

“Sus esculturas son abstractas sin ser abstractas, sorprenden por su armonía, su sensualidad y su pureza. Arp decía: ‘La escultura debe caminar con la punta de los pies, sin grandes fastos ni pretensión, ligera como la huella de un animalito en la nieve. El arte debería perderse en la naturaleza, inclusive confundirse con ella’.”

Agrega el curador de la retrospectiva:

“En la muestra del Museo de Arte Moderno decidí prescindir de elegantes pedestales y opté por colocar todas las esculturas sobre bloques de concreto, tal como lo exigía Arp.

Él solía repetir que una obra de arte se vale por sí misma y que no requiere escenografía alguna.”

En las dos últimas décadas de su vida Arp viajó mucho.

“En 1958 se trasladó a Estados Unidos para inaugurar una restrospectiva de sus trabajos en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y aprovechó la oportunidad para pegarse un brinco a Yucatán. Ansiaba descubrir la civilización maya in situ –dice Fauchereau– . Hace poco encontramos en los archivos de la Fondation Arp un dibujo hecho en Chichen Itzá que por supuesto se exhibirá en México.”

El 7 de junio de 1966 Arp murió de un paro cardiaco en Basel.

 

Este reportaje se publicó en la edición 2109 de la revista Proceso del 2 de abril de 2017.

Elizabeth Bishop, la poeta que nos enseñó a perder

Elizabeth Bishop, la poeta que nos enseñó a perder

Marta Rebón

El País

Tímida e introspectiva, la poeta estadounidense encontró su universo en Brasil. Allí construyó parte de su obra, observadora y minuciosa, y allí recibió el Pulitzer en 1956. Una biografía y una obra de teatro recuperan su figura.

EN 1951, a la edad de 40 años, la poeta norteamericana Elizabeth Bishop parte desde Nueva York en un carguero con el deseo de dar la vuelta al mundo. No es una simple turista en busca de placeres e inspiración. Al expatriarse, anhela soltar lastre, zafarse de un pesado fardo lleno de episodios de depresión y alcoholismo, alternados con fuertes ataques de asma y brotes de eccemas, que amenaza con truncar su carrera como escritora. La competitiva escena literaria neoyorquina, sumada a la soledad que allí la invade, choca con su extremada timidez y fragilidad emocional marcadas por la ausencia de un padre que, muerto prematuramente, no alcanzó a presenciar su primer cumpleaños y de una madre que, hundida por el dolor, no tardó en ser internada en un manicomio y desaparecer por completo de su vida.

MÁS QUE CREAR UN MUNDO, BISHOP DESCRIBE CON SOBRIEDAD EL QUE VE, SIN CEDER NUNCA AL SENTIMENTALISMO

A partir de entonces, Elizabeth se quedará a veces a cargo de la familia paterna y otras de la materna, sin llegar a encontrar el calor de un verdadero hogar. De hecho, cuando vive con las hermanas de su madre, su “sádico” tío la somete a unos abusos que solo confesará décadas más tarde a su psiquiatra, como se desvela en A Miracle for Breakfast, la reciente biografía de Megan Marshall. No es de extrañar que, en una entrevista a The Paris Review, Bishop confesara que de niña se sentía como una invitada. “Creo que siempre me he sentido así”, decía. Marshall, aspirante a joven poeta y exalumna suya en Harvard en 1976, cuenta por correo electrónico que Bishop “no creía que se pueda enseñar a escribir y decía que los poemas, en su caso, empezaban como un misterio y una sorpresa y que los llevaba a término a base de gran esfuerzo y arduo trabajo”.

El buque SS Bowplate, cuyo destino era Tierra de Fuego, hace su primera escala en el puerto brasileño de Santos, y la escritora la aprovecha para visitar en Río de Janeiro a una compatriota y a su pareja, Maria Carlota Costallat de Macedo Soares, con quienes había coincidido cuatro años antes en Manhattan. El viaje toma entonces una dirección imprevista: obligada a guardar cama durante semanas por una intoxicación virulenta, acabará por quedarse más de quince años en Brasil. Su anfitriona, a quien todos llaman Lota, había nacido en París y era hija de un magnate de la prensa carioca. Cosmopolita e implicada en la vida cultural y política de su país, le abre de par en par las puertas de su impresionante hacienda Samambaia (helecho gigante) en Petrópolis, 70 kilómetros al norte de Río de Janeiro. Cuando se estrecha la relación entre ambas, Costallat, arquitecta y paisajista autodidacta, manda edificar expresamente un estudio para la poeta. Suspendido en el aire como un mirador de cristal, se alza de espaldas a la casa, ajeno al trajín doméstico y arrullado por las aguas de un riachuelo.

El escritor Michael Sledge reconstruye en Cuanto más te debo (Vaso Roto, 2016) la relación sentimental entre las dos mujeres. Una historia vivida con intensidad y con desenlace trágico: Lota murió por una sobredosis –no se sabe si accidental– en una visita a su ya examante en Nueva York, en 1967. Durante los 14 años de vida en común, la escritora crea piezas memorables en prosa en las que recupera, por ejemplo, los ecos de su difícil infancia en Nueva Escocia (Canadá) y Massachusetts; publica su segundo poemario, Una fría primavera, premio Pulitzer en 1956, y concibe un tercero, Cuestiones de viaje (1965), en el que lanza esta pregunta: “¿Es falta de imaginación lo que nos obliga a venir / a lugares imaginados, en vez de quedarnos en casa?”. La paisajista carioca, por su parte, trabaja, infatigable, durante los últimos años de su relación, para dar a su ciudad el imponente Parque del Flamenco: un proyecto agotador que se cobrará un alto precio personal.

“SU ESCRITURA ERA UNA LABOR TAN RIGUROSA QUE LLEVAR UN POEMA A UN PUNTO ACEPTABLE PODÍA LLEVARLE AÑOS”, DECÍA DE ELLA EL ESCRITOR MICHAEL SLEDGE

Todo lo que Costallat tiene de expansiva y segura lo tiene Bishop de tímida e introspectiva, pero en la combinación de esos polos opuestos surge un vínculo que transformará la vida y la obra de ambas. Para Bishop supuso echar raíces por primera vez en un lugar y permitirse ser merecedora del amor de alguien: “A veces parece que solo las personas inteligentes son lo suficientemente estúpidas para enamorarse y que solo las estúpidas son lo suficientemente inteligentes para dejarse amar”, escribió en un cuaderno. Cuando sus caminos se cruzan ­definitivamente, Bishop ya había publicado un primer poemario, Norte y sur. Sledge apunta que su “escritura era una labor tan rigurosa que llevar un poema a un punto aceptable podía llevarle años”.

Más que crear un mundo, como hacen muchos poetas, Bishop describe con sobriedad el que ve, sin ceder nunca al sentimentalismo, que detestaba, y parece animar sosegadamente al lector a observarlo más de cerca. La suya es una poesía de la percepción en la que las palabras transmiten una verdad transitoria, nunca absoluta, sin explayarse en confesiones ni verter sentencias categóricas. En su obra confluyen extrañamente lo impersonal con lo íntimo. Bishop rehuía las etiquetas, cualesquiera que fueran: mujer, lesbiana, modernista o norteamericana. Su docena de relatos y sus cuatro poemarios, uno por década desde que debutara, dan buena cuenta de la exigencia con la que afrontaba cada composición.

Megan Marshall, su biógrafa, cree que la popularidad de la escritora no dejará de crecer y menciona, entre otros ejemplos, la reciente obra de teatro de Sarah Ruhl, Dear Elizabeth, que condensa 800 páginas de relación epistolar entre Bishop y el también poeta Robert Lowell. En uno de sus mejores poemas, Bishop nos recuerda algo tan simple, a la vez que esencial, como que vivir es aprender a conjugar el verbo perder: “Pierde algo cada día. Acepta el sobresalto / de las llaves perdidas, de la hora malgastada. / No es difícil dominar el arte de perder”.

Marshall subraya que Bishop “nos muestra que la pérdida es una experiencia universal, y al escribir tan bien sobre este tema consigue crear, paradójicamente, algo que perdura”. Añade que la poeta era amante del español, lengua que aprendió de adulta y a la cual se sentía unida “desde que pasó varios meses, durante la II Guerra ­Mundial, en México, donde conoció a Pablo Neruda, y que fue entonces cuando debió de saber de la existencia del poeta Miguel Hernández, cuya Elegía intentó traducir en 1970, y que sin duda influyó en la composición de su inmortal Un arte, su elegía”.

Las fotografías de Juan Rulfo inauguran los actos de su centenario

Las fotografías de Juan Rulfo inauguran los actos de su centenario

La retrospectiva ‘El fotógrafo Juan Rulfo’, inaugurada en Puebla, repasa a fondo la otra gran faceta del autor de ‘Pedro Páramo’

DAVID MARCIAL PÉREZ

Juan Rulfo

Durante mucho tiempo el trabajo fotográfico de Juan Rulfo ha sido interpretado como una correlación de su obra literaria. Sus estampas del México rural vendrían a funcionar como una fuente para las descripciones geográficas –“este duro pellejo de vaca que se llama llano”– donde aterrizan sus narraciones. Aprovechando el centenario (1917-1986), los eruditos rulfianos han llegado ahora a un nuevo consenso. Víctor Jiménez, el director de la Fundación Juan Rulfo, es muy tajante: “Él mismo dijo que cuando hacía fotos estaba conjugando la realidad, mientras que al escribir creaba ficciones. Por si había alguna duda, ya está zanjado”. Hay un Rulfo narrador y hay otro Rulfo fotógrafo.

Esta especificidad fotográfica del autor de Pedro Páramo es el punto de partida para la exposición El fotógrafo Juan Rulfo, inaugurada este jueves en el Museo Amparo de Puebla, y que sirve de pistoletazo de salida para los actos del centenario. La muestra –la primera gran retrospectiva que de manera más completa y sistemática se ha sumergido en el archivo visual del escritor de la mano de la agencia Canopia y la propia fundación– incluye 150 fotografías, las revistas donde publicó muchas de ellas, catálogos de otras exposiciones, sus incursiones en el cine y hasta recortes de fotografías de autores a los que admiraba, como Alfred Stieglitz o Paul Strand.

“Hay una distinción incluso cronológica. Rulfo empieza a tomar fotos en los años 30. Mientras que no es hasta el 45 cuando se publica su primer relato”, explica el académico Jorge Zepeda. El célebre pero errático currículo literario de Rulfo comienza con La vida no es muy seria en sus cosas, un cuento poco conocido que no entró en la selección del Llano en llamas y que ha sido recuperado ahora por la edición conmemorativa de toda su obra publicada, a cargo de la editorial RM.

Autodidacta y armado de una cámara Rolleiflex, las primeras fotos de Rulfo –paisajes de su Jalisco natal– aparecen en el año 38 bajo distintas firmas: Pérez Vizcaíno, Juan Pérez Vizcaíno, Juan Pérez Rulfo. Hijo de una familia de terratenientes venidos a menos tras la Revolución, su nombre completo es: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno.

“Ya fuera de Jalisco, en las cartas que le escribía a su novia le llega a decir que le gustaría poder vivir de la fotografía”, añade el director de la Fundación. Con apenas 20 años Rulfo se muda a Ciudad de México. Trabaja de oficinista y durante tres años se dedica a viajar por todo el país. Paisaje, arquitectura y vida rural son los tres ejes de su obra visual. Su trabajo fue expuesto en vida en dos ocasiones: una en Guadalajara en 1960; otra, una exposición-homenaje a su trayectoria en el recinto de la alta cultura mexicana, el Palacio de Bellas Artes, en 1980.

El curador de la muestra y experto rulfiano, el británico Andrew Dempsey, subraya el valor de su trabajo por encima del mero registro documental: “Sus imágenes crecen y crecen. Son muy ambiciosas y tienen una clara intención artística”. Para apuntalar el argumento, una cita de Susan Sontag: “Juan Rulfo es el mejor fotógrafo que he conocido en Latinoamérica”.

Muere el politólogo Giovanni Sartori

Muere el politólogo Giovanni Sartori

Redacción

La Jornada

Notimex

Roma.

El politólogo italiano Giovanni Sartori murió el lunes a la edad de 92 años por complicaciones respiratorias, anunció hoy el director del diario Corriere della Sera, del que era colaborador, Luciano Fontana.

Sartori, nacido en Florencia en 1924, combinó la docencia y la investigación con la escritura y el periodismo. Fue licenciado en ciencias sociales y profesor emérito de la Universidad de Florencia.

Fundó en 1971 la Revista Italiana de Ciencia Política y fue colaborador-editorialista en el diario Corriere della Sera. También impartió clases de filosofía moderna, lógica y teoría del Estado en universidades estadunidenses, como Yale, Stanford y Harvard.

A lo largo de su trayectoria generó una ingente obra escrita, traducida a más de 30 idiomas, con libros como Ingeniería constitucional comparada, ¿Qué es la democracia? y La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros.

Recibió diferentes honoris causa otorgados por diversas universidades de América y Europa, entre ellas la UNAM, en 2007; además, de las medallas de oro al Mérito Cultural y Educativo de Italia y de la Instrucción Pública al Mérito de la Escuela, la Cultura y el Arte, entre otros reconocimientos.

En 2005 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales ”por su compromiso con las garantías y las libertades de la sociedad abierta, además de contribuir al debate contemporáneo de la ciencia política”.

En 2015, de gira por Italia, el presidente Enrique Peña Nieto le entregó la Orden del Águila Azteca, al reconocerlo como “máxima referencia mundial en materia de ingeniería constitucional”.

En entrevista con La Jornada en 2003, habló de los problemas que implicaría para Europa la integración de inmigrantes provenientes de países islámicos y que profesan su religión, el riesgo por el sentimiento de que su tierra, su propiedad y sus creencias sean destruidas por Occidente.

Subrayó: ”Tenemos un escenario terrible” ante la agresión, y explicó con una metáfora la siguiente relación: ”El fundamentalismo es como el agua que permite que florezca el terrorismo. La agresión está desarrollando esta situación”.

Considerado protagonista del debate político contemporáneo hizo un análisis exhaustivo sobre la influencia de los medios de comunicación en la sociedad actual, plasmado en su libro Homo videns, donde plantea los peligros de la exposición exhaustiva a la televisión en lo que llama la generación del videoniño.

En una entrevista publicada en La Jornada, Sartori dijo: “como la televisión, desde mi punto de vista, es el medio de comunicación más importante, el más eficaz, el que integra un público más vasto, ahora más que nunca resulta decisivo también para la cultura, lo mismo que para la información y la política. En sus inicios, en los años 50, no se esperaba esta potencia del medio, nadie lo había previsto. Sin embargo, ahora es el instrumento usado no sólo con fines negativos, también como beneficio, como el árbol de la ciencia que produce el bien y el mal”.

En ese sentido agregó que el objetivo de una televisión seria y responsable “es instruir, educar y acercarse a un público que desea ver una mejor televisión. El impacto de la televisión cultural es mucho más importante que los ratings, porque cuenta con un público específico, que a su vez transmite la información de lo que aprende en la televisión, por lo que hay un efecto multiplicador que las estadísticas no registran, pero que es importante porque integra a un público y crea una opinión”.

(Con información de Notimex)

Guido Tonelli, un exégeta del cosmos

Guido Tonelli, un exégeta del cosmos

Silvia Hernando

LUPE DE LA VALLINA

El País

Guido Tonelli iba para arquitecto, pero por azar acabó estudiando Física.

Tras décadas de trabajo en el CERN, participó en uno de los hitos científicos de nuestra era: el descubrimiento del bosón de Higgs.

EN SUS tiempos de estudiante, un vehemente profesor de filosofía consiguió espolear en él, ya de por sí curioso, “unas ardientes ganas de conocimiento”. “Por entonces yo quería ser piloto o futbolista”, recuerda Guido Tonelli. “Los típicos sueños de niños”. Más allá de su natural inclinación por el saber, nada hacía presagiar entonces que aquel chaval nacido en el ecuador del siglo XX, en la aldea italiana de Casola in Lunigiana, presentaría años después un libro –El nacimiento imperfecto de las cosas (Los Libros del Lince)– en el que relataría su participación en uno de los mayores hallazgos científicos de nuestra era: el del bosón de Higgs, que explica el origen de la masa en las partículas.

Fue cuando estaba a punto de matricularse en la Universidad de Pisa cuando Tonelli tomó una decisión que trastocaría el curso de su existencia. “Mi idea era apuntarme a Arquitectura”, rememora. “Pero cuando iba a la secretaría, me encontré con un amigo un año mayor que ya estudiaba esa carrera. Nos pusimos a hablar y me dijo que era aburrida, y que ningún profesor había despertado un interés en él”.

El trabajo de este experto en Física de Altas Energías consiste en una exploración inversa: la de las diminutas partículas.  LUPE DE LA VALLINA

A Tonelli la física siempre le había resultado “fácil”. Así que, una vez decidido a no diseñar edificios, se decantó por ella. “Después, una serie de eventos afortunados me llevaron adonde estoy”. Ese lugar es el CERN, la Organización Europea para la Investigación Nuclear, con sede en Suiza. Desembarcó en 1976 y desde los noventa participa en la alucinante empresa del Gran Colisionador de Hadrones, la máquina que a la postre proporcionaría la ansiada prueba de vida del bosón.

Desde su llegada al LHC, el italiano colaboró en la puesta en funcionamiento del CMS, uno de los varios experimentos que se llevan a cabo en el CERN para intentar efectuar detecciones. En los decisivos años de 2010 y 2011 Tonelli fue líder del proyecto, y sus esfuerzos, combinados con los de otro ensayo, el ATLAS, desembocaron en el hallazgo de esta elusiva partícula, que lleva “de Dios” por apellido y por la que sus teóricos, Peter Higgs y François Englert, recibieron el Nobel en 2013. “Claro que ese premio me hizo feliz. Pero cuando sientes pasión, harías este trabajo solo con que te pagaran”.

Tonelli, en el Real Observatorio de Madrid, construido para estudiar los grandes objetos del universo.  LUPE DE LA VALLINA

Tonelli aclara este punto porque ahí reside una clave de su relato: la que, junto a los entresijos de un avance trascendental, indaga en la faceta emocional de la ciencia, que progresa siempre en colaboración. “Hay relaciones que son tan importantes como los aspectos técnicos”, ilustra. Un vínculo que ha marcado su carrera ha sido el que le une a Fabiola Gianotti, portavoz del ATLAS en el tiempo en que él lo era del CMS. Al lado de esta compatriota vivió un momento irrepetible: el anuncio conjunto de su hazaña el 13 de diciembre de 2011, un día que llegó tras décadas de esfuerzos, de varios errores (incluido uno casi fatal en 2008) e incluso de la propagación del pánico por parte de individuos que vaticinaban que el colisionador formaría un agujero negro.

Por delante queda comprender los desarrollos que este conocimiento podrá propiciar, un reto para el que Tonelli busca mentes jóvenes: “El objetivo secreto de mi libro es que un chico o chica lo lea y diga: ‘¿Por qué no intento yo resolver estas cuestiones?”.

Bob Dylan recibió el Nobel en Estocolmo

Bob Dylan recibirá el Nobel en Estocolmo este fin de semana

La Academia sueca exige que el galardonado pronuncie una conferencia para poder cobrar el dinero

AGENCIAS

El País

Estocolmo

Bob Dylan recibirá el premio Nobel de Literatura este fin de semana en Estocolmo en un encuentro que mantendrá con la Academia sueca, ha informado este miércoles la secretaria permanente de la institución, Sara Danius. “La buena noticia es que la Academia y Dylan han decidido reunirse este fin de semana. La Academia le dará entonces a Dylan el diploma y la medalla del Nobel, y le felicitará por el premio”, ha escrito Danius en su blog. La secretaria ha precisado que el cantautor no pronunciará la conferencia de recepción obligada al recibir el galardón, aunque la Academia tiene “razones para creer” que enviará una versión grabada más adelante, algo que deberá hacer antes del 10 de junio para poder cobrar los 839.000 euros del premio.

“El encuentro será pequeño e íntimo, y no habrá medios de comunicación presentes; únicamente asistirán Dylan y los miembros de la Academia, de acuerdo con los deseos del cantautor”, continúa el comunicado de Danius. “Por favor, tengan en cuenta que no habrá lección del Nobel [como se conoce al tradicional discurso de recepción]. La Academia tiene razones para pensar que se enviará una versión grabada ulteriormente”, ha puntualizado.

Según las normas de los Nobel, el galardonado debe pronunciar una conferencia en los seis meses siguientes a la ceremonia de entrega de los premios para hacerse acreedor de este. La concesión del galardón se dio a conocer a principios de octubre, tras lo cual Dylan mantuvo un absoluto mutismo durante más de una semana, para luego comunicar a la Fundación Nobel que lo aceptaba, aunque explicó que tenía compromisos que le impedían ir a recogerlo. No asistió a la ceremonia de entrega, aunque sí envió un discurso que leyó su compatriota Patti Smith, quien además cantó uno de sus temas.

El cantautor, de 75 años, ofrecerá dos conciertos en Estocolmo el 1 y el 2 de abril. La secretaria permanente de la Academia sueca no ha indicado si el encuentro con Dylan se producirá antes o después de los conciertos.

Reconocerá Senado trayectoria de la periodista y escritora Cristina Pacheco

Reconocerá Senado trayectoria de la periodista y escritora Cristina Pacheco

POR JENARO VILLAMIL

CIUDAD DE MÉXICO

Apro

El Senado aprobó un punto de acuerdo para reconocer la trayectoria de la periodista Cristina Romo Hernández, mejor conocida como Cristina Pacheco, por sus 56 años de trayectoria y en reconocimiento a su trabajo en favor del rescate, difusión y análisis de las diferentes voces de los mexicanos, sus quehaceres, virtudes y presencia en favor de la cultura en México.

En el mismo punto de acuerdo, promovido por el senador del PRI Jesús Casillas Romero, se destacaron las aportaciones hechas a lo largo de su carrera, ya que “integran un valor en la construcción de un México social y cultural en el que ha profundizado sus raíces”.

Cristina Pacheco ha sido conductora del programa Aquí Nos Tocó Vivir, transmitido en Canal Once, actualmente conduce Conversando con Cristina Pacheco. Durante años ha sido la autora del “Mar de Historias” del periódico La Jornada. Es autora de una decena de libros de crónica y novela, especialmente El eterno viajero, su obra más reciente en homenaje a su esposo y poeta José Emilio Pacheco.

Durante su última participación en la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY), Cristina Pacheco afirmó que “estamos en una época muy rápida y tecnologizada, pero hay ciertos elementos periodísticos y de literatura que no deben perderse”.

Igual consideró que el periodismo en redes digitales pierde el contacto humano y esto provoca “un empobrecimiento terrible en el lenguaje”, además de que existe “una cierta impunidad” porque puede decirse “lo que quieras, de quien quieras, en cualquier momento y sin ningún motivo”.

Sobre la crónica, su género periodístico preferido, Pacheco opinó que gracias a ella “se tiene una constancia de los hechos, a través de la visión de una persona”.