Luis Spota rescatado por Siglo XXl

Luis Spota rescatado por Siglo XXl

Redita las seis novelas del escritor que articulan la serie La costumbre del poder

La cercanía del periodista con el poder le permitió ver desde dentro y no ser partícipe de él, explica el poeta y ensayista Jaime Labastida en entrevista con La Jornada

En vísperas de una sucesión presidencial es totalmente oportuno conocerlas, sostiene el director del sello

Alondra Flores Soto

 La Jornada

Fuerte ironía y sarcasmo feroz sobresalen en la literatura de Luis Spota, importante periodista del siglo pasado, amante del box, autor de una treintena de novelas y amigo de presidentes, los que lo halagaban y reconocían su enorme talento, cuenta el ensayista y poeta Jaime Labastida. Fue amigo de Miguel Alemán y de Adolfo López Mateos; de ellos dos me consta.

Sin embargo, ¡qué crítica más dura! Spota no hace concesiones. Su cercanía con el poder le permitió ver desde adentro y no ser partícipe con él, considera el director de Siglo XXI Editores, en entrevista con La Jornada, con motivo de la redición de la serie La costumbre del poder, integrada por seis novelas que transcurren en un país imaginario, pero con una cercanía deslumbrante con el sistema mexicano. Lo que uno ve en sus novelas es la modernidad narrativa, expresa.

El sexteto son novelas políticas que tienen por tema cómo las personas se acostumbran al poder. Estamos en vísperas de una sucesión presidencial, por lo que es totalmente oportuno conocerlas. A pesar de que hayan cambiado muchos aspectos secundarios en la forma en que se hace la política, la estructura es la misma.

Y apunta Labastida: “Spota pudo ser amigo de presidentes. Pero hay una crítica profunda del sistema.

No se hizo ilusiones sobre lo que producía el poder. Como Cronos devora a sus hijos, el poder también los devora. En ese sentido es la capacidad crítica que tiene Luis.

El niño terrible de Bucareli

A los 21 años, Spota ya dirigía el periódico Últimas Noticias y acaparaba las primeras planas de los diarios; se le conocía como el niño terrible de Bucareli. Nació en 1925 en la Ciudad de México y su trabajo atendiendo en un café del Centro lo acercó a los que encabezaban los medios y comenzó a ejercer el periodismo, no sólo escrito, sino en radio y televisión.

Aunque fue un periodista prodigioso, siempre pensó que lo más importante de toda su labor era la dedicada a la narrativa, su voluntad era ser escritor, explica Labastida, poeta, ensayista y filósofo.

En los años 50 del siglo pasado la narrativa mexicana aún vivía, en lo fundamental, con el impacto de la Revolución y su violencia, estaba apoyada en un México rural. Quiero insistir: no es la temática rural o urbana lo que la hace moderna, es el modo de tratarlos. En su opinión, junto a Martín Luis Guzmán y Juan Rulfo, Spota fue visionario de la modernidad en las letras mexicanas.

Foto

Luis Spota (1925-1985), imagen proporcionada por Siglo XXI Editores

Sobre el escritorio de Jaime Labastida, en su oficina de Siglo XXI Editores, descansan los seis títulos que en conjunto, en el lomo, dibujan el rostro de Spota. Los dos hombres miran de frente, los ojos cubiertos por los cristales de los anteojos. A 32 años de la muerte del periodista se apuesta por sacudir un vacío editorial y llevar su obra a los jóvenes.

Hemingway hizo crónica periodística, pero fundamentalmente se le reconoce como novelista. Es lo mismo que debe suceder con Luis Spota, apunta Labastida, mientras revisa documentos, añade comas, resuelve asuntos. Hay que ver hacia adelante, sugiere a su asistente en horas ocupadas.

Regresa a la charla, y expone que si rastrearan los reportajes y artículos periodísticos de Spota quedarían sin duda 40 o 50 volúmenes, ¡Es imposible! ¿Qué es lo que queda? y él lo sabía: su narrativa. Estamos apostando a la revaloración de su obra.

En su favor, además de una modernidad con sabor a un Faulkner que juega con el tiempo, está su capacidad literaria, el hecho de volver adictivo al lector y mantener la tensión en estas piezas que retratan el poder.

Cuando murió el padre de Spota, quien vivía en la colonia Roma, el presidente Alemán lo veló en casa de Luis toda la noche, como prueba de la relación de fraternidad entre ellos. Y sin embargo, en su novela Casi el paraíso hace una crítica terrible de los nuevos ricos alemanistas o es tan sardónico cuando habla del presidente Ávila Camacho y su aspiración de ser reconocido como estadista universal. Yo vi que fue respetuoso con presidentes, pero nunca que fuera lamesuelas: mantenía su distancia.

La costumbre del poder no se había publicado de nuevo. Cuando vivía, Spota recibió la negativa en Joaquín Mortiz y Siglo XXI, entonces dirigida por Arnaldo Orfila, y fue Grijalbo quien lo acogió con tirajes hasta de cien mil ejemplares de cada título. A pesar de que no tenía reseñas de los críticos, se le hacía el vacío, el silencio y el ninguneo, se leía mucho a Spota. No lo conocían, pero atrapaba a sus lectores.

A la vuelta del siglo, ahora al frente de la editorial que rechazó alguna vez a Spota, Jaime Labastida afirma: Trato de reparar ese error. Pero, además, lo hago con seis volúmenes que conservan unidad.

Muere el poeta y filósofo Ramón Xirau

Muere el poeta y filósofo Ramón Xirau

Dpa

la Redacción

Ramón Xirau perteneció a la generación de exiliados españoles que enriquecieron la cultura de México.

Ciudad de México.

El filósofo, poeta y editor español Ramón Xirau, que llegó exiliado a México con sus padres en 1939 y radicó en ese país, murió a los 93 años, anunció hoy la secretaria de Cultura, María Cristina García.

“Admirable hombre de letras, intelectual imprescindible; Ramón Xirau nos deja su legado como poeta, ensayista y filósofo”, señaló García.

Nacido en Barcelona el 20 de enero de 1924, Xirau era miembro de El Colegio Nacional, una de las instituciones culturales más importantes de México, y profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). No se detallaron las causas de la muerte.

Ramón Xirau fue “un poeta que escribe versos en catalán y ensayos de reflexión filosófica en español”, en palabras de Javier Aranda Luna.

Xirau, que adoptó la nacionalidad mexicana en 1955, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y realizó estudios en La Sorbona de París. Publicó más de 40 obras de filosofía, poesía y ensayo, entre ellas Introducción a la historia de la filosofía, Mito y Poesía y Genio y figura de Sor Juana Inés de la Cruz.

Perteneció a la generación de exiliados españoles que enriquecieron la cultura de México. Llegó con su familia huyendo de la Guerra Civil española y aquí se convirtió en discípulo de José Gaos y Raimundo Lida. Desde entonces no dejó la academia.

“Xirau fue uno de los estudiosos más prolijos de la poesía mexicana, y sus exámenes de la obra de Octavio Paz y Xavier Villaurrutia, sobre todo, son indispensables para entender no sólo a estos poetas, sino a toda una corriente del pensamiento nacional”, indicó El Colegio Nacional. “Como filósofo, es igualmente un crítico y un divulgador que ha contribuido al esclarecimiento de las escuelas contemporáneas”.

En 2009 recibió la Medalla Bellas Artes de México como parte de un homenaje por sus 85 años.

En entrevista con La Jornada, en 2007, el poeta y filósofo explicó que “a veces en la poesía, hay o puede haber una división intuitiva del mundo, que no se puede demostrar, a diferencia de la filosofía, en la que se trata de argumentar, de demostrar las cosas, lo cual no siempre funciona”.

En la poesía “no se discute nada, la poesía se da, muestra; uno no necesariamente tiene que estar muy consciente, el asunto es como más intuitivo. Uno, por ejemplo, puede estar dormido y tener una idea de un ritmo y éste se puede convertir en palabras.

Tortillas de maíz

Tortillas de maíz

Una masa sencilla, sin levado y con un formado a prueba de torpes que solo lleva tres ingredientes. Además no tiene gluten y se cocina en una sartén. ¿Más ventajas? Se puede rellenar con casi cualquier cosa.

TONATIUH CORTÉS

El País

Uno de mis mejores amigos me contó un día que había viajado por México durante varios meses, haciendo autostop. Había visto selvas, playas, pirámides y, por supuesto, la gran urbe de donde soy. Con un poco de malicia, pero sobre todo con mucha ingenuidad, le pregunté qué había comido y qué era lo que más le había gustado, pues sabía que es intrépido también en lo que come.

Me contó que después de viajar varios cientos de kilómetros y atravesar buena parte del sur del país, se encontró en medio de la nada, caminando bajo un sol implacable, con una humedad de cerca del 90%, mosquitos, hambre, sed, y sobre todo, solo: por aquel camino no pasaban ni coches, ni camiones, ni ningún otro tipo de vehículo. Estuvo andando varias horas hasta caer rendido bajo un árbol, y ahí se quedó esperando.

Cuando se iba haciendo de noche apareció un hombre a lo lejos, de entre la hierba. Se le acercó y le dijo que lo invitaba a pasar la noche en su casa, pues no era probable que nadie pasara por ese camino de noche. Caminaron un buen trecho, o al menos el camino se le hizo muy largo. La casa era muy pobre, apenas una techumbre con cuatro paredes y suelo de tierra. El hombre le explicó que el vivía ahí con su familia, que trabajaban la tierra y se disculpó por lo humilde del lugar y de la cena: frijoles hervidos y tortillas.

La mamá estaba en cuclillas delante de un comal grande, colocado sobre unas piedras que dejaban entrever un fuego de leña bastante vivo. De una olla de barro, la señora sacaba una cantidad de masa siempre idéntica, la estiraba entre sus manos y la colocaba sobre el comal con la habilidad de quien lleva repitiendo un gesto toda la vida.

Con la misma agilidad daba la vuelta a la tortilla, con movimientos rápidos y eficaces, y la colocaba finalmente en un pequeño canasto. Dice mi amigo que durante su viaje por México comió de todo lo que pudo: fruta, pescado, insectos, tacos en todas sus variedades, tortas, platos tradicionales y algún restaurante caro, pero no recuerda nada tan bueno como aquellas tortillas de la selva chiapaneca.

Por fortuna para nosotros, hacer tortillas es bastante fácil y divertido, se pueden hacer en equipo -recomiendo que sean mínimo dos personas-, no tienen gluten y no hace falta encender el horno, algo a tener en cuenta en esta época tan calurosa. Solo llevan tres ingredientes y se pueden comer casi con cualquier cosa que se nos ocurra: desde algo fresquito como un guacamole o un pico de gallo hasta platos más contundentes con carne, como una cochinita pibil, unas fajitas o un buen mole. Conseguir harina de maíz nixtamalizado es fundamental, pero hoy en día se consigue casi en cualquier supermercado latino e incluso en alguna cadena de toda la vida.

La tumba desconocida del primer cronista de Indias

La tumba desconocida del primer cronista de Indias

Gonzalo Fernández de Oviedo fue militar, conquistador, historiador de Carlos V, botánico y etnógrafo

ENRIQUE BOCANEGRA

El País

Santo Domingo

Esta crónica comienza como muchas películas y libros de misterio: un grupo de hombres realizan una obra en un edificio religioso con varios siglos de antigüedad y, por casualidad, levantando el subsuelo, se encuentran con una cripta en cuyo centro, cubierta de escombros y abandonada por el tiempo, aparece lo que a todas luces es la tumba de una persona. Con la diferencia de que lo que cuenta esta crónica está ocurriendo en la realidad. El templo es la catedral de Santo Domingo, en la capital de República Dominicana, y la cripta fue descubierta en 1992, durante las obras para trasladar el panteón donde fue enterrado Cristóbal Colón a un nuevo emplazamiento con motivo de la celebración del V Centenario.

Justo debajo del mausoleo del navegante genovés, en el trascoro de la catedral, a varios metros de profundidad, apareció una cripta con la bóveda de ladrillo destruida, de 8,46 metros de largo por 3,80 de ancho. ¿El misterio? Quién es el personaje, sin lugar a dudas ilustre, que está enterrado en el banco que se encuentra en el centro de esta cripta.

Según Esteban Prieto Vicioso, responsable de conservación de la catedral de Santo Domingo, todo apunta a que los restos que alberga esta tumba son los de Gonzalo Fernández de Oviedo, un nombre tan ignorado por el gran público como imprescindible para conocer la historia de América: nacido en Madrid en 1478 y muerto en Santo Domingo, en 1557, se trata del primer cronista oficial de Indias, nombrado por orden del emperador Carlos V, el primer historiador que de forma sistemática informó y publicó libros no solo sobre los hechos de los españoles en América, desde el primer viaje de Colón en 1492, hasta la sublevación de los Pizarro en Perú, en 1549, sino también el primero que comenzó la descripción física, botánica, zoológica y etnográfica del continente.

“Sabemos que hasta mediados del siglo XVI hubo en este sitio un altar dedicado a Santa Lucía, que fue construido por instrucción de Oviedo, y que justo debajo mandó hacer una bóveda donde fue enterrado. Ningún documento acredita que fuese cambiado de lugar por lo que todavía debe estar ahí”, según Prieto Vicioso.

Según todos los indicios, cuando se levante el banco central de la cripta, proyecto para el que se busca financiación, los forenses podrán identificar los restos de un hombre de 80 años, edad a la que murió Oviedo y que pocos alcanzaban a mediados del siglo XVI. También encontrarán, según las crónicas, una llave de hierro, la de la fortaleza de Santo Domingo, con la que fue enterrado por haber sido su alcaide durante los últimos 25 años de su vida. Un último detalle que autentificaría los restos es una lesión en el cráneo que sufrió al ser apuñalado por otro español durante una pelea en el Darién (hoy en Panamá). Oviedo no fue solo testigo sino que también participó de los violentos enfrentamientos que marcaron a la generación de conquistadores de la que formó parte.

 Grabado de uno de los libros de Gonzalo Fernández de Oviedo.

Grabado de uno de los libros de Gonzalo Fernández de Oviedo.

La Historia entró como un vendaval en la vida de Gonzalo Fernández de Oviedo cuando apenas contaba 13 años de edad. Entre 1492 y 1522, durante esas tres décadas en las que españoles y portugueses cambian la historia de la humanidad, expandiendo las fronteras del mundo hasta límites hasta entonces desconocidos, Fernández de Oviedo está presente en todos los grandes acontecimientos que marcaron su época, y se relaciona con todos sus grandes protagonistas: acompaña a los Reyes Católicos cuando entran por primera vez en Granada y ocupan el palacio de la Alhambra el 6 de enero de 1492; es testigo en Barcelona del primer encuentro de los reyes con Cristóbal Colón tras regresar de su primer viaje a América en la primavera de 1493.

Posteriormente se muda a Italia, donde conoce a Leonardo da Vinci y a los principales miembros de la familia Borgia, como el papa Alejandro VI y su hija Lucrecia, para terminar como secretario de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran capitán. En 1514, emprende su primer viaje a América como miembro de la expedición de Pedrarias Dávila y es testigo de sus enfrentamientos con Vasco Núñez de Balboa, el descubridor del Pacífico, al que terminó ajusticiando.

De regreso a la Península publica en Toledo, en 1526, Sumario de la natural historia de las Indias, que alcanzó un éxito inmediato, siendo reeditado hasta en 15 ocasiones durante el siglo XVI y traducido al francés, inglés e italiano. En 1532 recibe, por orden de Carlos V, el cargo de Cronista Oficial de Indias y de Alcaide de la Fortaleza de Santo Domingo. Allí pasa el resto de su vida, en una casita de dos habitaciones repleta de libros y documentos, junto a la orilla del río Ozama, manteniendo correspondencia con gobernadores, veedores y otros funcionarios reales repartidos por todo el continente, y entrevistando a descubridores y conquistadores a su paso por la isla, recopilando información para su gran obra, Historia general y natural de las Indias, cuya primera parte fue publicada en 1535, aunque los dos volúmenes restantes no vieron la luz hasta mediados del siglo XIX. El descubrimiento de su tumba permitirá reivindicar el legado de un nombre imprescindible para la historia del conocimiento de América.

Cien años de soledad y el vendaval de los años

Cien años de soledad y el vendaval de los años

Javier Aranda Luna

La Jornada

Cuando un poeta muere va perdiendo sus lectores. Mueren con él. Cada aniversario se le recuerda menos y la circulación de sus libros disminuye. Pocos sobreviven a ese río que todo lo devora y que es el tiempo. Gabriel Garcia Márquez es uno de esos sobrevivientes y goza de muy buena salud. Sus libros se siguen reditando, sus malquerientes continúan ladrando para subirse a su fama y su novela emblemática, Cien años de soledad, sigue siendo un best seller con casi 40 millones de ejemplares publicados en medio siglo.

Cuarenta millones de ejemplares son una barbaridad. Significa que en medio siglo se han publicado unos 800 mil libros al año, poco más de 2 mil por día.

Pero me interesa, más que el número de ejemplares, que con esa novela haya alcanzado a diversos públicos: a la élite literaria que lo denostó en Colombia (carece de lógica interna y de rigor estético: Eduardo Gómez) y lo aplaudió en México (es una novela perfecta: Emmanuel Carballo), pero también y, sobre todo, a ese público lector que, sin ningún entrenamiento literario, ha devorado esa novela en la que resulta difícil seguir las genealogías por la repetición de nombres y por los espejos y espejismos que se funden en el relato.

La primera edición de Cien años de soledad fue publicada por Editorial Sudamericana en Buenos Aires hace medio siglo, con la célebre portada donde una carabela se encuentra en medio de la selva. Fue como una botella lanzada al mar en busca de los lectores de ese manuscrito que llevaba maquinando su autor desde los 17 años y que había abandonado entonces por parecerle un proyecto demasiado grande.

En 1967 García Márquez ya había publicado ese portento que es El coronel no tiene quien le escriba y que consideró desde entonces y hasta el fin de sus días como su mejor novela. Pero el terremoto iniciado con Cien años de soledad no tuvo parangón en la vida del novelista, ni lo ha tenido en la literatura del siglo XX, pues sus ondas telúricas no han dejado de alcanzarnos desde hace medio siglo y al parecer habrán de sobrevivirnos por largo tiempo.

Cien años de soledad, esa historia donde las esteras vuelan, los muertos resucitan, los curas levitan tomando tazas de chocolate y las bobas suben al cielo en cuerpo y alma, fue escrita en 18 meses. Escribía todos los días de nueve a cuatro de la tarde. Comía, dormía una hora y corregía los capítulos del principio, a veces hasta las dos y tres de la madrugada, como escribió en una carta a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, el 27 de junio de 1966.

Fueron días de altos contrastes. La locura de escribir la novela hizo sentir a García Márquez de manera estupenda –nunca me he sentido mejor, todo me sale a torrentes–, pero también lo hizo padecer a él y a su familia una penuria económica mordedora: “Mercedes aguanta como un hombre –le escribe a Plinio Apuleyo en la misma carta–, pero dice que si luego la novela no funciona me manda a la mierda”.

En una nota publicada en 1968 en la célebre sección Calendario de La cultura en México, José Emilio Pacheco nos recordaba que 1967 fue un año significativo en el terreno literario: fue el año que marcó la consolidación de un movimiento que significa para la prosa narrativa lo que el modernismo del 900 fue para la poesía.

Y vaya que Pacheco tenía razón: en 1967 Miguel Ángel Asturias recibió el Premio Nobel, Vargas Llosa el Rómulo Gallegos, Cabrera Infante publicó Tres Tristes Tigres, empezó a difundirse Paradiso, de Lezama Lima, y García Márquez dio a conocer Cien años de soledad.

Desde entonces el novelista se ha convertido en un polo de atracción y repulsión. De atracción para los lectores sinceros y de repulsión para los ideólogos que discrepan de las ideas políticas del autor. Los lectores precarios siempre estarán entre nosotros como sentencia La Palabra a propósito de los pobres.

A medio siglo de la publicación de Cien años de soledad, la obra que se convirtió en un clásico de la literatura, sigue provocando entuertos: por envidia o por colgarse de su fama.

Como sea, Cien años de soledad sobrevivirá a sus críticos y sus rencores, pues serán desterrados de la memoria de los hombres con el vendaval de los años y no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra.

Cirugía torácica con una sola incisión

“Parecía ciencia ficción”

González Rivas revoluciona la cirugía torácica operando con una sola incisión. Su técnica se estudia en las universidades y se ha implantado en todo el mundo.

MANUEL JABOIS

La Coruña

El País

El primer día que Diego González Rivas (A Coruña, 1974) entró en un hospital se quedó “pasmado”. Era un niño que ese día acompañaba a su madre, enfermera. Hay vocaciones que despiertan con furia, y la de González Rivas fue imparable. Hoy este doctor del hospital de A Coruña es el miembro más joven de la Asociación Americana de Cirugía Torácica, opera en todo el mundo, dirige el programa de videocirugía torácica en el Shangai Pulmonary Hospital y, sobre todo, ha inventado una técnica. Algo que se llama Uniportal VATS. Un libro de Elena Pita, Imposible es nada (La Esfera), da cuenta de la revolución quirúrgica que ha mejorado la vida de miles de pacientes.

Es curioso: mi primera opción fue cirugía plástica. Pero un par de días antes de elegir el MIR empecé a pensar en cirugía torácica o cardíaca. El día concreto aún seguía confuso. La torácica era como la gran desconocida; había gente que no sabía ni lo que se operaba.

La aprendió, y en unos años la revolucionó.

Yo veía que los posoperatorios eran muy duros; muchas veces los pacientes se retorcían de dolor. Hay que separar las costillas entre quince y veinte centímetros, y hay que trabajar manualmente tocando el pulmón.

¿Qué ocurrió?

En 2006 supe de la cirugía videoasistida. Me parecía ciencia ficción. En España había un grupo de Sevilla que hacía algo de video, en Europa muy poco. Fui a Estados Unidos y aprendí la técnica; vi que así se podían operar los tumores del torax y el posoperatorio era buenísimo: en dos o tres días el paciente se iba para casa casi sin dolor.

Pero no se conforma.

Al año siguiente regresé a Estados Unidos, al Memorial de Nueva York. Conocí de casualidad a una médico residente del Duke Medical Center de Carolina del Norte. Le conté que hacía vídeo, que estaba entusiasmado y ella me respondió que usaba esa técnica también, pero con dos incisiones. ¡Dos incisiones! Se hacen tres como mínimo para entrar y operar un tumor, no conocía a nadie en el mundo que hiciese sólo dos. Ella era del grupo de Thomas D’Amico.

¿Qué hizo?

Contacté con él por mail para hacer una rotación allí y me rechazó. Dijo que no aceptaba gente que no hubiera conocido previamente. Busqué algún congreso en el que estuviese D’Amico. Volé a Orlando. Cuando acabó su charla me acerqué a él; para mí era como hablar con Dios. Le pedí amablemente visitar su hospital, me dijo que le enviase un mail sin ningún problema. Volví a España, creé otra cuenta de mail y le escribí; fui allí y aprendí su técnica. Hoy somos amigos íntimos. Y curiosamente él hace ahora mi técnica.

Dos incisiones.

Volví a España a hacer la técnica de dos incisiones. Para hacer dos incisiones lo que tienes que hacer es cambiar la cámara de un puerto a otro. Con tres cortes, los usas para triangular; pero con dos, tienes que ir cambiando la cámara. Y me di cuenta de que cuando yo cambiaba la cámara y la ponía en la incisión de arriba (la principal, con la que se trabaja, que es un poco más grande) veía mejor. Veía directamente el pulmón; la arteria, la vena. Lo que hice fue mantener la cámara arriba y hacía todo por la misma incisión, porque me sentía más cómodo. O sea que hacía dos cortes, pero usaba sólo uno.

La incisión única.

Al principio pensábamos que la técnica que sólo se podía hacer en la parte inferior de pulmón, y así lo publiqué. Pero nos dimos cuenta de que podíamos acceder al pulmón de otra manera (a todos los lados), desarrollar otro concepto de instrumentación. Y ahí la técnica nos facilitaba hacerlo todo con una incisión.

Tuvieron problemas para implantarla.

Hoy se estudia en las universidades y se ha implantado en todo el mundo, pero tuvimos dificultades en nuestro servicio. Un jefe de servicio vio eso como una amenaza, quiso bloquear la técnica y dijo que jugábamos con la vida de los pacientes. También fuimos acusados de llevar pacientes de la sanidad pública a la privada; fue todo sobreseído, no tenía sentido.

Con su técnica se opera un tumor de pulmón mediante un corte de entre dos y tres centímetros, y a los dos días el paciente está en casa.

A finales del pasado año lo hicimos sin ayuda, con la tecnología. Fue en Shangai: extirpé un tumor de pulmón gracias a la videocirugía y con el único apoyo de un brazo articulado robótico. Mantenía la cámara estática, me dejaba más espacio y la operación fue un éxito.

Madrid, capital del cine iberoamericano

Madrid, capital del cine iberoamericano

La ciudad española llena sus salas con películas y documentales latinoamericanos y españoles, un aperitivo para la entrega de los Premios Platino de este sábado

EL PAÍS

México

El cine iberoamericano ha aterrizado en Madrid. Con el calor de julio han llegado un centenar de películas, documentales y mesas de debate sobre la situación del séptimo arte en los países de América Latina y de la península. La capital española se ha convertido estos días en la sede de los Premios Platino, unos galardones que compiten directamente con los Premios Fénix (el 6 de diciembre), y que desde hace cuatro años buscan un lugar en el reconocimiento internacional y una plataforma que impulse la creación de películas de un lado al otro del Atlántico. La gala principal se celebrará el próximo 22 de julio en el recinto madrileño La Caja Mágica.

Como un aperitivo a la entrega de premios, que serán presentados por el cómico español Carlos Latre y la actriz y cantante uruguaya Natalia Oreiro, y transmitidos por hasta 17 televisoras de toda América Latina, la Cineteca de Matadero proyectará más de 70 películas en las que incluyen algunas que fueron nominadas a los Platino de la primera edición de 2014. En la Sala Plató, del mismo recinto, retransmitirá en directo la gala del sábado a partir de las 22.00 (hora española).

Otro de los recintos de la capital que se ha sumado a la exhibición de cine iberoamericano ha sido el centro cultural Conde Duque, donde acogerá hasta el próximo 28 de julio un ciclo llamado Cine de estío, una mirada iberoamericana, en la que se proyectarán títulos como: El acompañante, del director cubano Pavel Giroud; Una segunda madre, de la brasileña Anna Muylaer; y El clan, del argentino Pablo Trapero.

En cuanto a los puntos de debate sobre la situación del cine iberoamericano en CentroCentro se expone el IV Foro del Audiovisual Iberoamericano, que pretende reflexionar además sobre la relación del séptimo arte y la educacion. La Asociación Madrileña del Audiovisual ha anunciado que otorgará además una beca de 10.000 euros para fomentar y descubrir el talento de nuevos creadores iberoamericanos.

La capital española se comprometió hace un año a ser la sede de la cuarta edición de los Premios Platino que en 2016 se celebraron en la ciudad uruguaya de Punta del Este. “Estos premios están ganando en prestigio y peso y desde la alcaldía de Madrid queremos mostrar todo nuestro apoyo. Es un evento de alto nivel que supone una gran promoción para nuestra ciudad, además de ser el gran emblema del cine iberoamericano”, señaló el coordinador general de la Alcaldía de Madrid. La alcaldesa, Manuela Carmena, será una de las asistentes.

En cuanto a las nominaciones, la última producción del español Juan Antonio Bayona, Un monstruo viene a verme, se presentó como favorita con un total de siete nominaciones, muy por delante de cualquiera de las 42 películas finalistas. Las candidaturas en las que fue seleccionada son mejor dirección de arte, mejor dirección de sonido, de fotografía, montaje, música original y en la categoría especial de cine y educación en valores.

Las candidatas al premio más importante, el de Mejor Película Iberoamericana de Ficción, son Aquarius, de Kleber Mendonça Filho (Brasil); El ciudadano ilustre, de Gastón Duprat, Mariano Cohn (Argentina, España); El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez (España); Julieta, de Pedro Almodóvar (España) y Neruda, de Pablo Larraín (Chile, Argentina, España).

Junto a Un monstruo viene a verme destacan en esta edición la obra de Larraín, Neruda, que defiende un total de cinco nominaciones. Les siguen con cuatro candidaturas Desde allá, de Lorenzo Vigas; La delgada línea amarilla, de Celso García; El ciudadano ilustre, El hombre de las mil caras y Julieta. Entre las aspirantes al premio Platino a la mejor interpretación femenina están Angie Cepeda (La semilla del silencio), Emma Suárez (Julieta), Juana Acosta (Anna), Natalia Oreiro (Gilda, no me arrepiento de este amor) y Sonia Braga (Aquarius), ganadora del Platino de Honor en 2014. En la categoría de mejor interpretación masculina les acompañan Alfredo Castro (Desde allá), Damián Alcázar (La delgada línea amarilla), Eduard Fernández (El hombre de las mil caras), Luis Gnecco (Neruda) y Óscar Martínez, (El ciudadano ilustre).

La novedad de este año es la categoría de Mejor Miniserie o Teleserie Cinematográfica Iberoamericana con la que los Platino quieren reconocer la gran aportación de la televisión a las artes visuales. Las primera nominadas en esta categoría son Bala Loca (Chile); Cuatro estaciones en La Habana, de Félix Viscarret (Cuba, España); El marginal, de Luis Ortega, Mariano Ardanaz, Javier Pérez, Alejandro Ciancio (Argentina); El ministerio del tiempo, de Marc Vigil, Abigail Schaaff, Jorge Dorado, Paco Plaza, Javier Ruiz Caldera (España); La niña, de Rodrigo Triana, Camilo Vega (Colombia) y Velvet, de David Pinillos y Manuel Gómez Pereira (España). El actor y director Edward James Olmos recogerá el Premio Platino de Honor.

El cocinero, el crítico y el cliente…

El cocinero, el crítico y el cliente

El momento que vive la crítica gastronómica ha alcanzado tal nivel de deterioro que un crítico haciendo honestamente su trabajo puede acabar siendo noticia de portada

IGNACIO MEDINA

El País

La historia es sencilla. La joven estrella culinaria Jordan Kahn abre Vespertine, su nuevo restaurante en Los Ángeles. No está llamado a ser un restaurante más: el cubierto sale a 500 dólares por cabeza y todo indica que es, con diferencia, el restaurante más caro de la ciudad. No está mal por una comida. A 100 dólares por escalón se sitúa un peldaño por debajo de lo que se cotizaba en Noma Tulum, la bizarra aventura que René Redzepi mantuvo un semestre en la Riviera Maya, y a 10 del nivel estratosférico y más bien obsceno que alcanza este año el Sublimotion de Paco Roncero en Ibiza: 1.500 dólares por experiencia, que es como algunos le dicen a la comida cuando tienen que justificar precios como ese. Llegados al punto de buscar un cierto tipo de público la cocina deja de ser un reclamo; la exclusividad queda en manos del precio. Cuanto más alto, más cadenas de oro, más exhibición hortera en la mesa y más deportivos de lujo en la puerta. Glamour de suburbio moscovita.

El caso es que llega Gary Baum, el crítico de The Hollywood Reporter, a Vespertine en su cuarta noche de servicio y le hace una crítica. Su texto deja claro que no le gusta la propuesta y la valoración no resulta precisamente favorable. Por lo que leo, les da duro con el palo de la escoba y exhibe argumentos difícilmente rebatibles que no gustan al joven chef estrella. Si no hubiera sido así y la crítica hubiera resultado favorable, nadie hablaría del tema. En todo caso, hubiera sido aplaudida y no habría trascendido a ese patio de vecinas universal que son las redes sociales. Pero no es el caso.

Corren tiempos bien extraños en la crítica de restaurantes y las cosas se complican todavía más cuando esta afecta a uno de los grandes. Ha pasado un año y medio desde que otra crítica rigurosa y argumentada del controvertido Peter Weiss —titular en The New York Times— al restaurante Per Se, una de las estrellas del firmamento culinario neoyorkino y global, se convirtió en noticia mundial. El momento que vive la crítica gastronómica ha alcanzado tal nivel de deterioro que un crítico haciendo honestamente su trabajo puede acabar siendo noticia de portada.

Los clásicos de la crítica estadounidense siempre hicieron gala de distancia: mejor esperar tres o cuatro meses a que el negocio se asiente que precipitar un juicio de valor. Alguno lo hace notar, medio en público, medio en privado, y los tiburones empiezan a saltar fuera del agua. El debate está armado y por todo lo grande. Llego a él a través del periodista especializado Nicholas Gill, impulsor de New Wolder —una web dedicada a las gastronomías latinoamericanas que merece ser seguida—, la continúo en un par de webs y veo cómo se desencadena en las redes sociales. Críticos de una y otra costa opinan sobre el asunto. Aparentemente, no se trata del contenido de la reseña, sino de la oportunidad de hacerla unos días después de abrir el restaurante.

Hay quien piensa que los restaurantes necesitan tiempo y rodaje antes de ser criticados. Defienden que es preciso esperar a que perfilen los detalles, ajusten el servicio, pulan los ritmos en la cocina, depuren la carta, consoliden el negocio y se adapten al tiempo que les toca vivir antes de sufrir juicios de valor. Bien pudiera ser si este fuera un asunto privado a ventilar entre críticos y cocineros. Hay un tercer elemento que nadie incluye en el debate, aunque cumple un papel protagónico: el cliente. El mismo cliente que se sentó a comer el primer día de vida del restaurante y pagó religiosamente sus 500 dólares, el que lo hizo el segundo día, el tercero, el cuarto o pasado un mes. Ese mismo cliente al que nadie alivia la carga económica que supone una comida servida en un restaurante sin rodar, sin ajustar el servicio, a falta de un pulido y seis reparaciones en los platos o de un hervor en los conceptos que maneja el jefe del asunto. El cliente no importa. Acabaremos encontrando avisos a pie de carta: “Hemos abierto hace poco, no moleste al chef con valoraciones precipitadas”.

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Brasil es el campeón de la educación superior en América Latina. Así lo ha destacado un estudio publicado este jueves por la publicación británica Times Higher Education. La Universidad Estatal de Campinas ha desplazado este año del primer puesto a sus vecinos de la Universidad de Sao Paulo, que ahora están en el segundo sitio. Otras tres instituciones brasileñas se ubican entre los primeros 10 puestos. La Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile se encuentran en el tercer y cuarto lugar. La Universidad de los Andes, en la quinta posición, es la única representante de Colombia en el grupo de punteros. El Tecnológico de Monterrey es el instituto mexicano mejor valorado (6) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cierra el conteo de los 10 más reconocidos.

El éxito de la Universidad de Campinas ha sido una culminación de un esfuerzo de 15 años por mejorar su estrategia de investigación y de transferencia de conocimiento, ha señalado el rector, Marcelo Knobel. El decano ha dicho que han sido muy selectivos en la contratación de nuevos profesores y que se ha trabajado en fortalecer los vínculos entre Campinas y el sector empresarial.

No todo son buenas noticias para Brasil. Su dominio es indiscutible, pero ha perdido fuerza en los últimos meses, según el estudio. Solo 18 instituciones están entre los primeros 50 sitios, en comparación con 23 que había el año pasado, y 20 universidades han perdido posiciones en 2017. La clave de los problemas puede estar en la crisis económica que ha azotado al país en los últimos tres años.

LAS 10 PRIMERAS

Universidad Estatal de Campinas (Brasil)

Universidad de Sao Paulo (Brasil)

Pontificia Universidad Católica de Chile (Chile)

Universidad de Chile (Chile)

Universidad de los Andes (Colombia)

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (México)

Universidad Federal de Sao Paulo (Brasil)

Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil)

Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (Brasil)

Universidad Nacional Autónoma de México (México)

“Nuestro presupuesto es similar al que teníamos en 2008, pero la universidad ha crecido un 30% en ese periodo”, ha dicho Knobel y ha reconocido que las finanzas de su casa de estudios atraviesan una época difícil. El impacto de la desaceleración económica en Latinoamérica ha precipitado una caída en los salarios de los profesores y en los fondos públicos que reciben las universidades. Esto, aunado a plantillas burocráticas demasiado grandes, ha provocado una fuga de cerebros en la región, apunta el estudio.

Chile, Colombia y Argentina han logrado mejorar respecto del año pasado, con más universidades dentro de los 50 primeros sitios, pese a las dificultades económicas. Es probable, sin embargo, que Brasil mantenga su hegemonía al ser el líder regional en inversión para los rubros de investigación y desarrollo, así como su red colaborativa en el campo de las “ciencias duras”, detalla el estudio.

México no ha logrado ir a contracorriente y su desempeño en la lista también ha caído. Solo seis universidades lograron colarse entre las 50 mejor evaluadas: El Tec de Monterrey (6), la UNAM (10), la Universidad Autónoma Metropolitana (en el rango del sitio 26 al 30), el Instituto Politécnico Nacional (36-40), la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (46-50) y la Universidad Autónoma del Estado de México (46-50). En 2016 había ocho representantes.

Las instituciones latinoamericanas aún están lejos de las “universidades de clase mundial”, que se concentran en el Norte y se caracterizan por un sistema de investigación homologado, ha citado el informe. El valor de los rankings también ha sido cuestionado al argumentar que sus diagnósticos son parciales y ayudan poco para planificar la mejora de las instituciones.

Perú estrena su primera película en lengua aymara: Wiñaypacha

Perú estrena su primera película en lengua aymara

La ópera prima de Oscar Catacora se filmó a 5.ooo metros por encima del nivel del mar y en medio de las explosiones que causan los glaciares al derretirse

JACQUELINE FOWKS

Lima

El País

Óscar Catacora, cineasta autodidacta nacido en Puno, la región altiplánica del país, en la frontera con Bolivia, estrena Wiñaypacha (Eternidad), el primer largometraje peruano rodado íntegramente en aymara, y que cuenta la historia de una pareja de ancianos, abandonados por sus hijos, que viven añorando una visita y mantienen sus costumbres de religiosidad respetuosa con la naturaleza, a 5.000 metros de altura.

Para realizarla, el director del filme logró una subvención del Ministerio de Cultura en 2013, y esta semana recibió la noticia de que ganó por unanimidad el Premio de distribución que otorga anualmente la misma entidad. Con una financiación de 30.000 dólares, pretende proyectarla en dos ciudades de su región, subtitularla en quechua, y llevarla en un ciclo itinerante por el país. Pero antes, Catacora la proyectará por primera vez, en agosto, al público peruano y extranjero del Festival de Cine de Lima que inicia en un par de semanas.

La película ha sido programada en la sección Hecho en Perú, y compite -para el premio del público y el del Ministerio de Cultura- con El Abuelo, Deliciosa fruta seca, Los ojos del camino, Nada queda sino nuestra ternura, y Pacificum: el retorno al océano.

El director comentó a EL PAÍS el origen del relato minimalista de dos personajes abandonados. “Se basa en mi vida en el pasado con mis abuelos, veía la ausencia de mis papás y de sus otros hijos, mis tíos que viven en Lima, que pocas veces los visitaron; veía su nostalgia. Y ese abandono sigue ocurriendo porque muchos jóvenes dejan su lugar”.

Catacora, de 30 años de edad, explica que creció aprendiendo español, pero que cuando tenía seis o siete, sus padres acordaron mandarlo con sus abuelos para que aprendiera a hablar aymara. “Mi padre sobre todo no quería que aprenda, por ese estigma de que no es bueno para evitar que el niño tenga el mote (la forma de hablar español de un indígena). Pero mi madre sentía esa necesidad de que aprendiera. Convivir con mis abuelos fue etapa crucial en mi vida, en tres o cuatro meses empecé a comunicarme con mi abuela, al inicio era solo con señas. De regreso a casa, la primera vez, mi madre me dijo que había vuelto como un aymara”, recuerda.

“Al ganar el premio en 2013, mi compromiso fue filmar todo en el idioma nativo, en respuesta al Ministerio de Cultura, para agradecer que quede como un registro cultural e histórico-social de la cultura aymara, que es también de mi identidad”, añade el director.

El dolor del deshielo

El cineasta vivió con sus abuelos en las alturas de Acora, en la zona sur-central de Puno. “En la zona alta donde viví había bastantes nevados. Cuando escribí el guion de Wiñaypacha quería ese escenario muy parecido a mi historia, pero cuando fui al lugar para el scouting de locaciones, ya estaba todo descongelado, ya no había lo que había soñado”, señala por teléfono desde Puno.

“Al productor, Tito Catacora, que siempre me ha motivado y ayudado, le dije: ” necesito un nevado”. Gracias a él, fuimos a buscar en el norte de Puno y elegimos el Allincapac, en el distrito de Macusani (provincia de Carabaya)”, refiere.

Dado que los protagonistas eran aymara-hablantes de unos de 80 años, Catacora requirió un equipo en el que todos hablaran la lengua.

“En el rodaje, todos los días era de deshielo constante de este nevado. Conversamos con el equipo de producción, ellos sentían ese dolor de los indígenas, de cuándo va a desaparecer. Se escuchaba explosiones, como si fueran bombas”, describe.

En el mundo tradicional andino, los ancianos tienen mucha autoridad y el trato con los más jóvenes no es horizontal, por ello Catacora reclutó a un intérprete aymara de unos 50 años, como asistente de director e intermediario con los protagonistas.

“Hay un aspecto cultural de respeto: solo los mayores pueden hablar, los jóvenes no se meten. No es fácil que una persona de 29 interactúe con otra de 80. También fue un reto explicarles qué iban a hacer, porque el término cine no existe para ellos, ni actuar, no han visto nunca una película”, detalla.

El rodaje duró cinco semanas a 5.000 metros sobre el nivel del mar. “No podíamos filmar todos los días por el frío, necesitábamos tiempo para que el cuerpo se recupere, todos estuvimos agripados”.

Puno es un faro cultural desde los años 20 del siglo pasado: allí surgieron vanguardias andinas en poesía y ensayo, con revistas literarias multilingües que son conocidas poco a poco en la capital. Catacora aporta con su filme a la producción aymara de su región.