La 4ª compañía, arrasa en los Ariel, la película que nadie ha visto.

La 4ª compañía, arrasa en los Ariel sin haberse estrenado en las salas

La ópera prima de Amir Galván y Mitzi Arreola se lleva diez estatuillas en los premios de la industria mexicana

LUIS PABLO BEAUREGARD

México

AP

Ganó la película que nadie ha visto. No solo ganó, arrasó. El cine mexicano puede pasearse con seguridad por La Croisette de Cannes e impregnarse de glamour en los festivales europeos. Pero en casa, solo en la intimidad del hogar, vuelve a orear sus realidades y problemas entre sus conocedores y allegados. Los problemas que causan el divorcio entre la industria y la audiencia salieron nuevamente a flote en la entrega 59 de los Premios Ariel, los galardones del cine mexicano. La 4ª compañía, una película que solo un puñado de personas ha visto, se alzó como la indiscutible ganadora de la noche con diez premios. Aún sin fecha de estreno y con problemas de distribución, la cinta se convierte en una gran ganadora cuando los espectadores no pueden decir una palabra sobre ella.

 “Menos mal que La 4ª compañía no tiene guión adaptado”, bromeó David Desolá, el dramaturgo catalán que ganó por la adaptación cinematográfica de su obra teatral, Almacenados. El español vio subir al escenario, como todos los asistentes al Palacio de Bellas Artes, a buena parte de la producción de La 4ª compañía. Primero los técnicos y después el talento fueron dejando su butaca para recoger sus estatuillas: diseño de arte, edición, efectos especiales, efectos visuales, maquillaje, sonido, vestuario, mejor actor de cuadro y mejor actor (ex aequo). Era un ansiado reconocimiento para un proyecto que tardó más de una década en concretarse.

Fue hacia el final de la ceremonia que Adrián Ladrón, protagonista de La 4ª compañía, dijo en medio de un largo discurso de agradecimiento algunas claves de la ganadora de la noche. “La película habla de la pérdida de inocencia… habla del miedo a la libertad porque este país quiere ser libre y no sabe cómo serlo”, leyó Ladrón. La ópera prima de Amir Galván y Mitzi Vanessa Arreola, premiada en el Festival de Cine de Guadalajara en marzo de 2016, es un drama carcelario basado en hechos reales. Relata la historia de un joven delincuente que llega a la prisión de Santa Martha Acatitla durante la presidencia de José López Portillo (1976-1982). El encierro le sirve al personaje para graduarse del crimen con honores.

Ladrón compartió el premio a mejor actor con José Carlos Ruiz, un veterano histrión que ha recogido seis Arieles en 60 años de carrera. Ruiz ganó por su protagónico en Almacenados. Su coprotagonista, Hoze Alberto Meléndez, también se llevó a casa el premio de mejor actuación de reparto. Esta sólida pareja actoral retrata el encuentro (o colisión) entre dos generaciones. Un joven y un viejo se ven obligados a convivir en una fábrica mientras Ruiz, un trabajador cerca de la jubilación, debe entrenar al novato en un empleo sin sentido. Almacenados, de Jack Zagha, ganó tres premios.

La otra gran ganadora de la noche fue Tempestad, de Tatiana Huezo. Esta cineasta se convirtió en la primera mujer en obtener el Ariel a mejor dirección. La directora retrata desde otro ángulo la crisis de seguridad y carcelaria que sufre México. La violencia que impacta y cambia a decenas de miles de mexicanos. “Es una película sobre lo que significa el miedo en la vida de las personas”, dijo la cineasta tras ganar su premio. Su trabajo no ilustra estos males desde la sordidez. Lo hace con un alto esmero estético. Ernesto Pardo, su fotógrafo, también fue reconocido esta noche por su mirada. La cinta, que competía en la categoría de mejor película, se tuvo que conformar con el mejor largometraje documental. Sin embargo, los profesionales del cine en México reconocen con el premio de mejor dirección la fuerza que el documental ha ganado en el país.

El cine contra los políticos

No existe edición del Ariel sin proclamas políticas. Quizá este año fue más pertinente el reclamo del mundo de la cultura al mundo político. La gala 59 de estos premios estuvo cerca de no realizarse. Los draconianos recortes presupuestales a la cultura amenazaron la celebración de este premio, que depende en buena medida de los presupuestos de la Academia mexicana de artes y ciencias cinematográficas y del Instituto Mexicano de Cinematografía, que depende de la Secretaría de Cultura.

Es por eso por lo que las soflamas y reclamos al poder ejecutivo y legislativo sirvieron de transición entre las entregas de premios. Fueron todas mujeres. Desde estudiantes de las escuelas de cine, pasando por primeras actrices como Julieta Egurrola y Giovanna Zacarías hasta rematar con Dolores Heredia, la presidenta de la Academia. Todas ellas pidieron no tocar el presupuesto de la cultura en estos años donde la violencia empuja con fuerza en México. Y la presidenta fue más allá al exigir al grupo mexicano negociador del Tratado de Libre Comercio (TLC) incluir al cine en la discusión del acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá. “Nuestra comunidad piensa que no fue tomada en cuenta hace 20 años. Nuestro cine fue marginado”, dijo Heredia casi al terminar la gala. Está por verse si el Gobierno recoge el guante rumbo a las renegociaciones del tratado, que comienzan el próximo 16 de agosto.

La diplomacia fue de las mujeres. Más directo fue José Carlos Ruiz. El primer actor dio un nostálgico discurso sobre los placeres de la oscuridad. “Yo no fui a la escuela, fui al cine”, recordó el actor los días en los que iba a las salas en compañía de su padre. Pero de la nostalgia pasó a la cruda realidad. Aquella donde el cine mexicano sigue marcado por su debilidad a pesar de alcanzar cifras históricas de producción. “Es una vergüenza que haya tanto dinero que se vaya de las manos de nosotros. Quien sabe adonde pero sí sabemos donde”, dijo sobre los escándalos de corrupción que salpican diariamente las primeras planas de los diarios. Y remató arrancando una promesa a los asistentes: ir a orinar las tumbas de los políticos si algún día la falta de recursos ahoga los premios Ariel.

El Papa Francisco a la Virgen del Carmen en su día: Ayúdanos a purificar el corazón

El Papa Francisco a la Virgen del Carmen en su día: Ayúdanos a purificar el corazón

Por Álvaro de Juana

VATICANO

ACI

En el día de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros y una de las advocaciones más queridas por los fieles católicos en todo el mundo, el Papa Francisco recordó esta fiesta en el Ángelus desde la Plaza de San Pedro.

“Que la Madre de Dios, a quien recordamos hoy bajo el título de Bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, insuperable en la acogida de la Palabra de Dios y en su puesta en práctica nos ayude a purificar el corazón y a custodiar en él la presencia del Señor”, dijo al final del rezo de la oración mariana.

Además, en el momento del saludo a los peregrinos, se acordó especialmente de las hermanas y frailes carmelitas, en el día de su fiesta. “Les deseo que puedan continuar con decisión en el camino de la contemplación”.

En su cuenta en español en Twitter, el Santo Padre publicó el siguiente mensaje: “Dejemos que la Virgen María nos guíe por el sendero que conduce a la santa montaña que es Cristo, donde se encuentran Dios y el hombre”.

En una entrevista a Radio Vaticano, el prior de la Orden de los Carmelitas en Italia, Giovanni Grosso, explicó que, la de la Virgen del Carmen es una fiesta “muy sentida en todo el mundo”.

“Hay tantos lugares donde los carmelitas no han estado nunca presentes, pero donde a través de la predicación, la presencia de confraternos, de grupos terciarios o de otras formas asociativas, se ha extendido después la devoción y, hoy, es recordada la Virgen del Carmen”.

El religioso subraya que “en la espiritualidad carmelitana la oración es una parte esencial muy fuerte, y a esta se une el compromiso con los demás, la atención a los hermanos y hermanas en la caridad, en primer lugar en la misma comunidad, hasta llegar a todos”.

Sobre el escapulario mariano, uno de los signos de la devoción a esta Virgen, explicó que se trata de “un signo de pertenencia, de pertenencia a María, a la Iglesia, a la familia carmelitana, y un memorial de nuestro compromiso de vida cristiana y bautismal”

El movimiento perpetuo de Francisco Toledo

El movimiento perpetuo de Francisco Toledo

Germaine Gómez Haro

La Jornada Semanal

El autorretrato en la obra de Francisco Toledo ha sido un hilo conductor a lo largo de todo su quehacer artístico y un tema que ha dado abundantes y variopintos frutos.

En diversas ocasiones lo he escuchado decir –a propósito de su pintura– que no soporta repetirse, que ya basta de esto o de aquello, que se aburre y necesita buscar algo nuevo que lo estimule y lo divierta. Y justamente esa inquietud y ese desasosiego, aderezados con una curiosidad infinita, son lo que lo ha motivado a explorar tan diversos caminos y experimentar en las más variadas técnicas, materiales, formas y medios. “La pintura ya me cansó, siempre hago lo mismo”, y se pone a diseñar calcetines, lámparas en papel, objetos en vidrio, joyería, tapices, mosaicos hidráulicos, papalotes, tejidos en hilo de cobre, rejas en hierro forjado, vitrales, figuritas elaboradas en placas radiográficas, entre tantas otras creaciones inimaginables. Pero el autorretrato es un tema recurrente que no se ha agotado, y seguramente no se agotará pues es una de sus obsesiones. Con motivo de su exhibición Naa pia´ (Yo mismo, en zapoteco), que se presenta actualmente en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (iago), conversamos con el maestro acerca de su trabajo reciente, una serie de 120 autorretratos pintados en tela y papel que son muestra de su siempre asombrosa maestría técnica y estilística. Ahí vemos a Francisco Benjamín López Toledo, su identidad oficial. Vemos a Chico´Min, su apodo familiar. Vemos muchas caras del artista: Toledo es muchos Franciscos, Toledo es muchos Toledos. Siempre el mismo, siempre diferente. Pero lo más importante es que vemos pinturas hermosas, exquisitas, sorprendentes, resultado de ese refinamiento que caracteriza su obra plástica. En 2015 se presentó en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México la magnífica exposición de esculturas titulada Duelo, que reunió un centenar de piezas. Pero hace muchos años que no se organizaba una exposición de pinturas como ésta que confirma que el artista es uno de los máximos exponentes del autorretrato contemporáneo a nivel mundial.

–¿De cuándo son estas pinturas?

–Las telas son de este año, los papeles no son de más de un año. Son obras que estaban por ahí arrinconadas y las retomé; tienen intervenciones de varios momentos y las voy cambiando. Se retocan, se borran, se tiran, se recuperan. Siempre es la misma historia de no estar seguro de lo que uno está haciendo. Bueno, tengo que dar el crédito a Manuel Serrano que me preparó unas telas que no absorben mucho y de alguna manera me permiten jugar más, borrar, quitar, y eso me dio el empujón para realizar estas pinturas.

–¿Esa preparación da lugar a una mayor libertad de ejecución?

–Bueno, realmente la libertad no existe. Pero da la posibilidad de una mayor soltura.

–El género del autorretrato se remonta a la Antigüedad y los más grandes artistas de todos los tiempos lo han explorado. Usted lo ha desarrollado a lo largo de toda su trayectoria, ¿recuerda cuándo hizo el primero?

–Tengo autorretratos de los cincuenta, cuando tenía catorce o quince años. No recuerdo bien qué me motivó a hacerlos pero tal vez fue la fotografía. Cuando descubrí la obra de don Manuel Álvarez Bravo en un catálogo en la biblioteca de la Escuela de Bellas Artes me entusiasmé y quise ser fotógrafo. Fotografié muchas azoteas y me tomé fotos a mí mismo en ese momento. Yo vivía entonces en una pequeña pensión y todo eso se perdió.

–Años después desarrolló más en forma el autorretrato en fotografía.

–Sí, eso fue cuando descubrí la Polaroid. Siempre me ha gustado mucho intervenir las fotos. Mientras leo revistas, las dibujo. En aquellos años usaba una punta de grabado para levantar los colores de las impresiones, era algo muy cercano al grabado. Se hacen surcos como en la punta seca y se les pone el pigmento o la pintura y luego se fija. A veces me ponía en el rostro unas rayas para hacer una máscara o colocaba hoja de oro.

–Yo tengo la impresión de que esos trabajos en fotografía tienen un carácter más de experimentación técnica y son quizás más lúdicos, mientras que los autorretratos en pintura implican su confrontación frente a su yo interno. Al mirarse profundamente al espejo, usted seguramente ve muchos Toledos y reproduce Toledos muy diversos: lo vemos ensimismado, soñador, atribulado, reflexivo, melancólico, asombrado, juguetón… ¿Se da conscientemente la operación de plasmar un estado de ánimo?

–No creo que haya una intención de buscar un estado de ánimo, la tristeza, el alma o la psicología. Yo más bien estoy ocupado en pensar en el color, el aguarrás, el secado. No recuerdo haber tenido ninguna voluntad de revelar ningún estado de ánimo.

 –Intención deliberada tal vez no, pero aquí tenemos más de un centenar de Toledos y todos son diferentes, no nada más en cuanto a técnicas y estilos, sino en cuanto a la esencia de su alma. Al menos así los percibo…

–Pienso en los autorretratos de Rembrandt: nosotros vemos la vejez, la tristeza, pero yo siento que él estaba enfocado en su pincel, en su secado, en la materia. Yo le pongo más atención al trabajo que a la cara que estoy viendo, que es la de siempre. Entonces, el tema es sólo un pretexto. Sí he pensado que me gus-taría dedicar más tiempo a todo lo que va pasando en mi rostro, las arrugas, las canas, pero no tengo paciencia. Entonces la barba termina en un manchón blanco. Mis autorretratos no son muy veraces.

 enso que sí son veraces…

–No todos, inclusive hay algunos que son máscaras. Ahora quiero ver si puedo hacer una serie de retratos de los amigos pintores, de los familiares, para ya salirme del tema del autorretrato y ver si eso me lleva a otra cosa. Va a ser más divertido que ver la cara de uno mismo.

–Pero la suya es una cara que cambia mucho: de pronto es insecto, luego calaca, máscara, mono, murciélago, trompo, martillo, felino… Hay intervenciones con mica, hoja de oro y de plata, collage. No hay solemnidad, hay humor y espíritu lúdico. Todo esto hace que nunca sean aburridos, sino todo lo contrario.

–Algo hay de eso, pero yo ya estoy aburrido.

–¿Y cuáles son sus autores de autorretratos preferidos?

–Pienso en el Rembrandt de viejo que está en el museo de Colonia, y en el Bonnard boxeando frente al espejo. También hay algunos de José Clemente Orozco que me gustan mucho, ésos que están emparentados con el expresionismo. Recuerdo que de muy joven me gustaban los autorretratos de Juan Soriano, de Goitia, de Xavier Guerrero. Y hay una pintura de Stanley Spencer donde se retrata con su mujer, los dos desnudos como un par de chuletas, con toda la carne floja. Es impresionante.

 –Sus autorretratos son todos distintos porque usted es muchos Toledos con esa capacidad de hacer tantas actividades tan distintas: la suya es una personalidad caleidoscópica.

–Eso me recuerda a Jorge Dubon que venía y me decía: “¡Ya te pareces cada día más a tus autorretratos!” (ríe) Ese soy yo.

–O cuando Gertrude Stein le reclamó a Picasso que no se parecía nada al retrato que le hizo el pintor y éste le contestó: “Ya te parecerás…” Y usted, ¿se parece a sus retratos?

–Bueno, no lo sé, a veces. Me importa más pensar en el proceso. No me fijo en función del retrato sino en cómo el cuadro puede resultar mejor.

 –He adquirido muchas piezas a lo largo de los años pero también muchas han sido donaciones de los artistas. Nunca tuve el interés de hacer una colección personal.

–Es un hecho que la presencia de esta magnífica colección que ha reunido a lo largo de su vida y que ha puesto al alcance del público aquí en Oaxaca ha dado lugar al desarrollo de un importante movimiento de artistas gráficos locales, un fenómeno único en nuestro país.

–Sí, de hecho ha venido la investigadora Deborah Caplow, quien escribió un libro sobre Leopoldo Méndez, y dice que es un fenómeno muy raro, que en ningún lugar del mundo hay tantos talleres de gráfica como aquí. Ella va a hacer un libro y será muy interesante ver todo lo que se ha hecho en el estado, pues no nada más hay talleres en la ciudad, sino que existen en lugares como Huajuapan, Juchitán y muchos otros más. Y es que la biblioteca del iago también ha hecho mucho bien, ha formado a muchos jóvenes en la gráfica y en la pintura.

La Biblioteca del iago cuenta con más de 50 mil volúmenes y crece día con día gracias a las constantes adquisiciones de las novedades editoriales que el maestro patrocina. Las salas se han multiplicado y es emocionante ver la cantidad de usuarios leyendo y trabajando en estos espacios que invitan al recogimiento.

–Cada vez que vengo a Oaxaca me encuentro con novedades y gratas sorpresas. No había visto en el iago el nuevo taller “El alacrán”. ¿Qué están haciendo aquí?

–Descubrimos que en la Escuela Normal Bilingüe de Oaxaca no hay material didáctico; ni sé por qué la llaman bilingüe, será porque suena más bonito, pero ni salen maestros bilingües ni ellos regresan a sus comunidades. Por lo tanto, buscamos apoyarlos con material y aquí se están haciendo los prototipos. Hace poco leí un artículo en La Jornada donde venían unas decla-raciones de la unicef que decía que en México la edu-cación bilingüe es un desastre porque no se toman en cuenta las comunidades. Con estas maquinitas que tenemos en el taller se pueden hacer cosas modestas y estamos buscando el apoyo de la sep, del iepo (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca) o de la Normal para que incluya el material que proponemos y se imprima en tirajes grandes. Las Fábulas, de Esopo, ya se tradujeron al zapoteco, mixteco y mixe e inclusive ya se agotó la edición, y ahorita estamos por traducir “Luvina”, de Juan Rulfo, para que lo incluyan como libro de texto en las secundarias. Pero la idea es que se traduzcan a las lenguas indígenas los libros de matemáticas, de gramática, de geografía regional. Y no sólo eso, se necesitan los maestros que hablen la lengua y regresen a enseñar a sus comunidades. Necesitamos el apoyo de las instituciones oficiales, si no el esfuerzo sólo llegará a unos cuantos. Nosotros solos no nos damos abasto.

Violeta Parra: Una Violeta llamada Chile en un país llamado Parra

Una Violeta llamada Chile en un país llamado Parra

Un recuerdo de la cantautora en su centenario, que La Mar de Músicas conmemora este domingo con un concierto

RAFAEL GUMUCIO

El País

“No me lo hace a mí, se lo hace a Chile”, solía decirle Violeta Parra, nacida hace 100 años en San Carlos (región del Bío Bío), a toda suerte de funcionarios diplomáticos cuando le negaban subvenciones y apoyo. Estaba convencida de modo innegable que Chile era ella, y ella era Chile. A la luz de su posteridad, es imposible negar que Violeta Parra es Chile y Chile es en gran parte su creación, la idea de una cierta tristeza que ríe, de una cierta pasión que baila, de una cierta pobreza que no rechaza darse ningún lujo.

Folcloristas, rockeros, raperos, poperos, pero también escritores, pintores, arquitectos, filósofos y bailarines buscan en la obra siempre inconclusa, siempre debutante, de Violeta una raíz a la que asirse. La nueva canción chilena, pero también la Nueva Trova cubana, la obra de Mercedes Sosa, Paco Ibáñez o Joaquín Sabina no se entienden sin Violeta. Una obra que crece y se complica en la medida en que se encuentran nuevos tapices, cuadros, grabaciones, cartas y manuscritos que dan cuenta de su manía de convertir todo en personal, todo en único, evitando siempre el prestigio de los profesionales, siendo en todo siempre una debutante que consigue la obra maestra en el primer ensayo.

Su fuerza nace quizás de su capacidad de contagio. Así lo cuenta en sus décimas, el relato de su vida en versos de ocho silabas, que su hermano mayor, su hermano-padre como lo llamaba ella, el antipoeta Nicanor Parra, le encargó escribir. Ahí cuenta cómo el sarampión que trajo de Santiago viajó con ella en tren al sur de Chile, matando animales y hombres. El secreto placer con que cuenta las muertes que su sobrevivencia costó es quizás una de las claves de su magia. Una magia en cierta medida negra.

Violeta, que murió no en vano en las tierras de La Quintrala, una terrateniente colonial famosa por azotar a sus hombres. La Violeta que encarna la madre pero también el padre de todo chileno. La Violenta Parra, como la llamaba su hermano Nicanor, que no se hizo nunca la dulce, o la frágil, pero que no dejaba nunca, sin embargo, de seducir. Porque no es fácil escuchar sin una mezcla de rabia y de emoción la voz quebrada y metálica de Violeta, que rechaza toda melancolía, toda nostalgia, pero no le tiene miedo casi nunca a la muerte, al dolor, a la pobreza, a la rabia. Una voz que “lleva 40 años sufriendo”, como dice ella para explicar por qué ella y solo ella puede cantar su ballet atonal El gavilán.

No es fácil escuchar sin una mezcla de rabia y de emoción su voz quebrada y metálica, que rechaza toda melancolía, toda nostalgia

Violeta, hija de profesor primario que murió demasiado luego y demasiado pobre, se ganó la vida cantando en circos, calles y velorios. Llegó de Chillán a Santiago vestida de gitana de Triana, cantándole al río Manzanares. Formó luego con su hermana Hilda un dúo que interpretaba con la misma facilidad boleros y rancheras. Un día cualquiera de 1952, impaciente ante la poca atención que su hermano Nicanor le prestaba, le preguntó qué leía con tanta atención. Su hermano estudiaba la poesía popular chilena del siglo XIX para intentar escribir un Martín Fierro chileno. Violeta se fue bruscamente de la casa de su hermano para volver a las pocas horas con cientos de hojas llenas a rabiar de versos.

“Estudia eso mejor”, le dijo. Nicanor se encontró de pronto con canciones como las que cantaban los ciegos en los bares de mala muerte en los que perdió su fortuna su padre. “Canto a lo humano y lo divino”, como ese que improvisaban sus tíos y amigos en guitarrones de 12 cuerdas. Todo un tesoro infinito de versos, imágenes, comidas y ritos que siempre habían estado ahí, al alcance de la mano, pero que nadie se había dignado en recoger antes de que Violeta Parra lo empezara a hacer.

Violeta Parra, que dejó el dúo con su hermana y su matrimonio con el maquinista Luis Cereceda, decidió no sólo recopilar esas canciones, sino habitarlas de cuerpo entero. Su forma de vestir, de hablar, de comer, de amar, se hizo a la medida de esa idea de Chile, popular e inevitable, pobre de solemnidad y rico de colores, de contrastes. Se sentaba siempre en un piso más bajo que los campesinos a los que entrevistaba, pero terminaba por cantar ellas sus canciones, una más entre los mapuches, chilotes, campesinos y mineros que iban entregando sus canciones y dichos a su incómoda grabadora.

Con su muerte por suicidio, parecida a la de los presidentes Allende y Balmaceda, cerró su alianza eterna con su país

Le preguntaron en París que, si tuviera que elegir entre la pintura, la música, los tapices o la poesía, qué arte escogería. “Escogería quedarme con la gente”, respondió ella, pero no hizo, sin embargo, más que arrancar lo más que pudo de su adorado país. Mientras cantaba en Varsovia en el Festival de la Juventud que auspiciaba la Internacional Comunista, su hija Rosa murió de frío en Santiago. No volvió antes de grabar en Londres y exponer en el Museo de Artes Decorativas de París. Esos éxitos, que contrastaban con la inestabilidad sentimental y material de su vida en Chile, no hicieron más que acelerar la tragedia. En febrero de 1967, en la carpa polvorienta en la que quería fundar una universidad del folclore, Violeta Parra se disparó en la cabeza.

Esa muerte, que se parece a la de los presidentes Allende y Balmaceda, era quizás lo único que le faltaba a Violeta para cerrar la alianza eterna con el país. Un país suicida como ella, violento como ella, un país mujer como ella, que como ella también es perfectamente capaz de cantarle gracias a la vida justo cuando está a punto de matarse. Un homenaje, una despedida, un canto de esperanza, pero también una ironía antipoética, un chiste cruel, un desafío: un gracias a la vida ante el que a la vida no le queda más que responder:

—De nada, comadre, vuelva cuando quiera, en su casa no más está.

El festival La Mar de Músicas, de Cartagena, celebra este domingo un homenaje a Violeta Parra con la participación del cantautor chileno Manuel García y Tita Parra, nieta de Violeta.

Mitos y sueños: Kevin Morby

Mitos y sueños

El cuarto álbum del estadounidense Kevin Morby es un homenaje a Nueva York

RAFA CERVERA

Kevin Morby

El País

En entrevistas recientes, Kevin Morby ha dicho que quiere ser como sus héroes, aquellos que le iluminaron cuando empezó a hacer música a finales de la pasada década. Los héroes a los que se refiere Morby, son Dylan, Cohen, Patti Smith o Ramones, todos pertenecientes a una época en la que la música popular podía cambiar el curso de la historia. Hoy, los alumnos de todos ellos y de otros maestros surgidos de generaciones posteriores, como Beck, Bill Callahan o Jeff Tweedy, tienen en aquellas voces un modelo que, salvo contadas excepciones, cuentan con una repercusión restringida, si la comparamos a la que podían tener hace años. Sin embargo, da igual que el mundo no sepa si necesita un nuevo Dylan, siempre habrá gente que opine que sí. Morby es de esos.

Nacido en Kansas City, Misuri, hace 29 años, Morby es un músico que, como Cass McCombs o Destroyer, mantiene viva una tradición necesaria y que proviene de unos tiempos que ya son historia. City Music, su cuarto álbum en solitario, es un catálogo de canciones sobre mitos y sueños que hoy solamente parecen reales a través del cine, la literatura, la fotografía o la música, igual que el Hollywood de la década de 1950 o el París surrealista de 1930.

Es un disco que deja bien claro a quién quiere homenajear. En gran medida, la música de ciudad que inspira cada una de estas canciones proviene de Nueva York, de cuando Dylan actuaba en el Gaslight Café y Leonard Cohen escribía canciones en el Hotel Chelsea; de cuando los Ramones cobraban forma en el CBGB y todos querían cantar con el estilo nasal y lacónico de Lou Reed. Pero el concepto de música urbana que plantea Morby va más allá desde el instante en que engalana Caught In My Eye, firmada por Germs, una de las primeras bandas punk de California. Morby la despoja de su furia original y la transforma en una hermosa canción de country pop, rindiendo homenaje a una de las primeras bajas del punk norteamericano. Darby Crash, víctima temprana de la implacable Los Ángeles, falleció por sobredosis en 1980.

Los guiños y las referencias no son más que eso cuando las canciones brillan por sí mismas. City Music rozaría la perfección con un par de cortes menos. Pero la conjunción de momentos álgidos puede más que cualquier otra cosa. Por esa Downtown Lights que acerca la melancolía de Cohen a la del country. Por cómo emula las guitarras celestiales de Television en la canción que da título al álbum, y a los Velvet Underground de 1969 en Dry Your Eyes. Porque tiene en Aboard My Train, Come To Me Now, Pearly Gates y Crybaby momentos de sencilla pero indiscutible excelencia. Episodios que constatan que Morby, que en 2016 ya destacó por la madurez del álbum Singing Saw, será tarde o temprano uno de esos héroes que la música pop aún necesita, aunque ya nada sea como lo era antaño, o precisamente por eso mismo.

El cine de barrio vuelve a Coyoacán

El cine de barrio vuelve a Coyoacán

El nuevo Cinema Coyoacán ha abierto sus puertas hace dos meses con una propuesta de ocio que combina el cine en su sala principal y la comedia de ‘stand up’ y monólogos en el foro contiguo a la sala

ALMUDENA BARRAGÁN

El País

México

En los últimos 12 años, poca gente recuerda que en la esquina de la Avenida Centenario y la calle Viena, en el conocido barrio de Coyoacán de la Ciudad de México, había un cine.

El edificio abandonado se había convertido en una cicatriz de color hormigón con las puertas y las ventanas tapiadas y sucias por el que la gente pasaba sin volver la cabeza. Hasta ahora.

“Igual que otros cines en México, el Coyoacán sufrió los embates propios de los cambios culturales, por lo que primero fue transformado en dos salas en los años 90 y luego parcialmente abandonado y considerado obsoleto hacia el cambio de siglo. Desde entonces, ha sido objeto de diferentes propuestas de transformación y cambio de uso”, algunas de ellas polémicas que desataron la oposición de los vecinos de la zona a que se reabriera el edificio. Entre las propuestas “hubo planteamientos culturales, recreativos y comerciales”, explica el arquitecto Francisco Haroldo Salazar, coautor del libro Espacios distantes aún vivos: las salas cinematográficas de la Ciudad de México.

Gracias a la inversión privada y a la unión de varios socios, el nuevo Cinema Coyoacán que así es como se llama ahora, abrió sus puertas hace dos meses con una propuesta de ocio que combina el cine en su sala principal y la comedia de stand up y monólogos en el foro contiguo a la sala. Se espera que también abra un restaurante y un tercer espacio que se encuentra vacío.

Volviendo a lo cinematográfico, el nuevo Coyoacán ha decidido apostar por el circuito comercial. A tiro de piedra de la Cineteca Nacional, sus impulsores, el equipo de la empresa Labo Digital, son conscientes de que no podrían competir con sus vecinos exhibiendo cine independiente y de autor, por lo que prefieren apostar a títulos como Wonder Woman, Los Minions 3 o Spiderman pero con un trato cercano y familiar. Algo que el responsable del proyecto, Jesús Ávila, denomina “recuperar los valores”, ofreciendo cada semana un título que podría verse en las grandes cadenas pero brindando una experiencia única con un trato más directo, destaca.

“La cinematográfica es una industria que cada año crece, una industria muy noble. El cine tiene todavía mucho tiempo para poder seguir dando espectáculo pese a las tablets, Netflix, Blim, HBO… Buscamos que la gente viva la experiencia, es lo que vendemos nosotros. El trato, las instalaciones, recuperar la calidad que no te da un dispositivo”, precisa Jesús de Labo Digital.

“Empecé a hacer números y con el cine no comercial no te da ni para la renta. Así que le apostamos a la fórmula que todo el mundo conoce y nos ha ido muy bien. Tenemos 10 semanas abiertos y ya tenemos clientes frecuentes”, explica Ávila quien cuenta que durante la primera semana hubo 400 espectadores que llegaron al cine sin haber hecho publicidad ni promoción. Ahora ya tienen página web y cuenta de redes sociales donde poseen 11.700 seguidores. Una combinación entre lo viejo y lo nuevo que les ha hecho retocar la fachada “recreando el imaginario de los antiguos cines de época déco”, como menciona el arquitecto Salazar. “Dentro de ese concepto se ha agregado una taquilla en la esquina, sobre la vía pública, con lo que se genera un pequeño vestíbulo urbano”, mientras que el interior se ha ambientado con murales y mobiliario de época que “recuerdan a los teatros de espectáculos a la manera del Moulin Rouge”, explica el especialista.

En el centro del techo, en la sala, una enorme lámpara original de araña cuelga sobre las 400 butacas frente a la pantalla. El escenario y los cortinajes de terciopelo azul de las paredes y la entrada ayudan a viajar en el tiempo hasta el verano de 1974 en el que el Coyoacán abrió sus puertas con El día del Chacal de Fred Zinnemann, aunque ahora el sonido y la imagen son mejores. Las instalaciones cuentan con la mejor tecnología audiovisual y de proyección que hay en el mercado.

“El nuevo uso queda en el ámbito recreativo, y si el cine puede recuperar la audiencia vecinal, podrá tener una clara aceptación, a la manera de los tradicionales cines de barrio. Actualizadas sus instalaciones, seguro puede ser un atractivo para que la gente se anime nuevamente a ir al cine, a pie y desde casa. Por el lado del foro, sin duda es un centro nocturno, para espectáculos, mismo que deberá ser cuidadoso en su operación para ganarse a la población vecina y no generar tensiones adicionales a las que ya se han vivido durante el proceso de reutilización”, opina Francisco Haroldo Salazar.

Esta combinación entre lo viejo y lo nuevo es lo que hace al Cinema Coyoacán un experimento curioso que solo el tiempo decidirá si se trata de una apuesta de éxito en la era del amor por lo vintage, tan querido por el público mienial, o si cae en el olvido de los que crecieron sin tener un cine de barrio cerca y prefieren seguir acudiendo a las grandes cadenas de la industria o quedándose en casa pegados a sus nuevos dispositivos. Mientras tanto, la función continúa a 50 pesos el boleto con una película nueva cada viernes.

“Prohibido lamentarse”

“Prohibido lamentarse”

La advertencia que el Papa puso en la entrada de su habitación en Santa Marta

VATICANO

ACI

La foto de un pequeño cartel ha comenzado a circular en redes sociales y medios de comunicación con una frase que desde ya se considera una “advertencia” del Papa Francisco a todos los que pasan delante de su habitación en la residencia Santa Marta: “Prohibido lamentarse”.

La foto ha sido tomada por un sacerdote anciano, italiano y antiguo amigo del Santo Padre que al notar la presencia del cartel le pidió autorización a Francisco para fotografiarlo y divulgarlo.

“Prohibido lamentarse. Los transgresores sufren de un síndrome de victimización con el consecuente abajamiento del tono del humor y de la capacidad de resolver problemas. La medida de la sanción será duplicada siempre que la violación (de la norma) se cometa en presencia de niños. Para llegar a ser lo mejor de uno mismo se necesita concentrarse en las propias potencialidades y no en los propios límites. Deja de lamentarte y actúa para mejorar tu vida. Doctor Salvo Noé”, señala el cartel.

Francisco, que por estos días se encuentra de vacaciones, contó entre sonrisas la historia del pequeño cartel al término de una audiencia que tuvo a inicios de semana.

Según el relato recogido por La Stampa, el Santo Padre explicó que ese cartel es una invención del psicólogo y psicoterapeuta Salvo Noé, autor de libros y cursos motivacionales. En la última de sus obras dedicó algunas páginas al Pontífice.

Así, el pasado 14 de junio al terminar la audiencia en la Plaza de San Pedro, Noé tuvo la oportunidad de saludar por algunos instantes al Papa y le regaló el libro, una pulsera y el cartel, que fue inmediatamente apreciado por el Santo Padre. Francisco le dijo que “lo pondré en la puerta de mi oficina donde recibo a las personas”.

Sin embargo, señaló La Stampa, la oficina donde el Papa recibe para las audiencias se encuentra en el Palacio Apostólico, cuya austeridad y belleza no habrían armonizado bien con aquella prohibición un poco goliardesco. “Así, Francisco decidió colocarlo sobre la puerta de su apartamento”.

Los 11 nombres más populares de pueblos en México

Estos son los 11 nombres más populares de pueblos en México

Aún existen muchos topónimos de origen prehispánico, pero hoy predominan las localidades llamadas como los santos

EUGENIA COPPEL

El País

Los nombres de los lugares reflejan sus historias y son dinámicos como los propios sitios. Sus habitantes los inventan, los adoptan, los transforman y los olvidan. Muchas ciudades y pueblos mexicanos aún conservan sus denominaciones prehispánicas, las cuales solían crearse a partir de alguna característica geográfica del terreno, del clima o de la descripción de la flora y la fauna: Xcaret significa pequeña caleta; Xochimilco significa la milpa de las flores.

El periodo prehispánico es la primera etapa toponímica que identifica el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la que los nombres de los asentamientos eran invención de culturas como la maya, la tarasca, la mixteca o la zapoteca. Después vino la expansión del imperio azteca, con la que también se extendieron los topónimos de origen náhuatl. Estos aún abundan en el país. Chilpancingo, Xalapa, Atizapán, Colima y todos esos sitios que terminan en tlán son solo algunos de ellos.

La llegada de los españoles trajo consigo nuevas formas de referirse a los lugares. Los evangelizadores recurrieron al santoral para bautizar a cientos de pueblos y ciudades. En otros casos, los nombres surgieron de malentendidos entre los conquistadores y los pueblos mesoamericanos. El nombre original de Cuernavaca era Cuauhnahuac, que en náhuatl significa lugar rodeado de árboles. Las dificultades en la pronunciación derivaron en el topónimo actual.

Hoy en día, los pueblos llamados como los santos son los que más se repiten en México. En Verne hemos consultado el catálogo de localidades de INEGI para conocer los topónimos más populares. De acuerdo con la clasificación del organismo, la localidad es la unidad geográfica más pequeña en el país y puede tener títulos como ciudad, villa, pueblo, ranchería, congregación o ejido. Los requisitos para entrar en ese catálogo son que el lugar cuente con al menos una vivienda, que puede estar habitada o no, y que el conjunto sea reconocido con un nombre.

A continuación encontrarás los topónimos más populares entre las localidades mexicanas y el número de veces que se repiten en los 32 Estados de la República:

1. San Antonio: 947 localidades

El Ayuntamiento de Unión de San Antonio, Jalisco. Gobierno municipal de Unión de San Antonio

Es el santo al que se le reza para encontrar pareja. En la imagen aparece el edificio del Gobierno municipal de Unión de San Antonio, en el norte de Jalisco. Los franciscanos construyeron la primera parroquia y la dedicaron a San Antonio de Padua, por lo que el pueblo incorporó el nombre del santo.

2. San Isidro: 841 localidades

Una ceremonia de saludo a la bandera en el ejido de San Isidro, en Coahuila. Gobierno de Piedras Negras

A San Isidro Labrador lo invocamos en esta época del año en México: para que se lleve el agua y traiga el sol. En la fotografía aparece un ejido en el municipio de Piedras Negras (Coahuila), muy cerca de la frontera con Estados Unidos.

3. San José: 817 localidades

San José del Cabo es uno de los principales destinos turísticos en México. Gobierno de Baja California Sur

Estos lugares se bautizaron en honor al padre de Jesús. Una de las más conocidas es San José del Cabo, la cabecera municipal de Los Cabos (Baja California Sur). Su nombre viene de la misión jesuita que en el siglo XVII colonizó la parte sureña de la península. Hoy es uno de los destinos turísticos más visitados del país por su combinación de playas y paisajes desérticos.

4. Buenavista: 709 localidades

La producción de aceite de limón es parte de la economía de Buenavista Tomatlán. Secretaría de Desarrollo Rural de Michoacán

También hay 516 pueblos que se llaman Buena Vista. INEGI explica que muchos lugares nombrados en épocas más recientes guardan grandes expectativas en sus nombres, como en este caso. Otros ejemplos son El Porvenir o La Libertad. En la imagen se ve una escena de los trabajadores del aceite de limón en Buenavista Tomatlán (Michoacán). La combinación de topónimos de distintas etapas históricas también es común en México. Tomatlán es una palabra de origen náhuatl que significa lugar de tomates.

5. San Francisco: 704 localidades

La parroquia de San Francisco de Asís en el municipio de San Francisco del Rincón. Gobierno Municipal

Francisco es el quinto nombre más común entre los mexicanos y también es popular en la geografía. A algunos de estos sitios se les llama coloquialmente San Pancho, como sucede con un pueblo costero en Nayarit. La parroquia que aparece en la fotografía es la de San Francisco de Asís, en San Francisco del Rincón (Guanajuato). Este municipio se autodenomina como la capital mundial del sombrero.

6. San Miguel: 644 localidades

La ciudad de San Miguel de Allende, en Guanajuato. Secretaría de Turismo

Una de los lugares más famosos en México con ese nombre es San Miguel de Allende, la ciudad colonial de Guanajuato que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 2008. Su nombre compuesto refleja otra práctica usual en los topónimos mexicanos: a un lugar ya establecido se le agrega el nombre de algún héroe de la nación. En este caso, Ignacio Allende. Otros casos similares son Tixtla de Guerrero o Ixhuatlán de Madero.

7. Rancho Nuevo: 626 localidades

Pobladores de Rancho Nuevo, Tamaulipas, protegen los nidos de tortugas. Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas

En la foto aparece la playa Rancho Nuevo, una localidad situada en el municipio de Aldama, en el sur de Tamaulipas. Algunos pobladores del lugar trabajan para proteger los nidos y liberar a las crías de tortugas lora, un especie endémica del Golfo de México.

8. La Esperanza: 614 localidades

El municipio de Esperanza, Puebla, cerca del Pico de Orizaba. Ayuntamiento de Esperanza

Uno de ellos es un municipio en el Estado de Puebla, casi en la frontera con Veracruz. Desde ahí se puede admirar el Pico de Orizaba, la montaña más alta de México, cuyo nombre náhuatl es Citlatépetl.

9. Santa Rosa: 596 localidades

El Templo de Santa Rosa. Secretaría de Cultura CDMX

Estos pueblos llevan el nombre de una de las santas nacidas en América (Santa Rosa de Lima). Por ejemplo, el pueblo de Santa Rosa Xochiac, un área rural localizada en la delegación Alvaro Obregón, que es parte de la Ciudad de México. La imagen muestra el Templo de Santa Rosa, construido a principios del sigo XX.

10. Guadalupe: 590 localidades

El cerro de la silla se encuentra en el municipio de Guadalupe, en el área metropolitana de Monterrey. Archivo Histórico de Monterrey

El de la virgen morena también es uno de los nombres más comunes en México. Guadalupe (Nuevo León) es un municipio integrado en la Zona Metropolitana de Monterrey, y en su territorio se levanta el inconfundible Cerro de la Silla. Un atractivo reciente de esta localidad es el Estadio BBVA Bancomer, donde se disputan los partidos del Club Monterrey.

11. Ojo de Agua: 578 localidades

Uno de los manantiales de la localidad oaxaqueña. Ojo de Agua Magdalena Tlacotepec Facebook

Que exista un río, un lago o un manantial cerca de una comunidad, es una buena razón para nombrarla Ojo de Agua. En la fotografía aparece un sitio localizado en el municipio Magdalena Tlacotepec (Oaxaca). Tlacotepec es una palabra náhuatl que significa lugar situado en medio de cerros. Estos manantiales naturales se encuentran en el corazón del Istmo de Tehuantepec.

El Cervantino llega a 45 años…

Participarán unos 2 mil 500 artistas de 35 países; Francia y el estado de México, invitados

El Cervantino llega a 45 años; ya es un hito mexicano y universal

En 44 ediciones del festival han acudido 112 mil creadores y asistido 22 millones de personas, informa María Cristina García Cepeda

Es un espacio de diálogo siempre abierto y siempre renovado, define Lidia Camacho

Embajadora gala destaca el vigor de la cultura como crisol

María Cristina García Cepeda, titular de la Secretaría de Cultura federal, ayer en el Palacio de Bellas Artes, donde se difundió el programa artístico cultural de la edición 45 del Festival Internacional CervantinoFoto Jesús Villaseca

Ericka Montaño Garfias

 La Jornada

A lo largo de 45 años, con la participación de 112 mil artistas de numerosos países y 22 millones de visitantes, el Festival Internacional Cervantino (FIC) se ha convertido en el encuentro cultural más relevante de México y el mundo.

Esta vez el FIC se desarrollará del 11 al 29 de octubre en su sede tradicional, la ciudad de Guanajuato, adonde acudirán unos 2 mil 500 artistas de 35 países, con Francia y el estado de México como invitados.

Los temas de la programación, articulada con 180 propuestas, son Revolución rusa, Constitución mexicana y Revoluciones, noción que integra movimientos sociales, políticos y cambios tecnológicos, con artistas y creadores de Argentina, Bélgica, Austria, Canadá, Chile, Islandia, Israel, Italia, Grecia y Hungría.

El Festival Cervantino cumple 45 años; 45 años de construir, juntos, el reconocimiento nacional e internacional. Son muchos años de trabajo constante que han rendido grandes frutos: somos el festival más grande e importante del país y uno de los encuentros multidisciplinarios más destacados en el mundo, explicó Marcela Diez, directora del FIC, durante la presentación del programa efectuada ayer en el Palacio de Bellas Artes.

La también directora general de Promoción y Festivales Culturales destacó que como cada año hemos buscado un balance en la programación procurando dejar en los amantes del teatro, la danza, o cualquier tipo de música, el recuerdo de un espectáculo memorable dividido en ópera y música vocal, música de cámara y solistas, orquestas y ensambles, música del mundo, música antigua, teatro, danza, diálogos cervantinos, artes visuales y cine. Habrá también presentaciones editoriales, talleres, seminarios y charlas, conferencias y actividades de fomento a la lectura.

Innovación, juventud y educación

La directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, Lidia Camacho, fue la primera en ofrecer su discurso, en el cual resaltó que el FIC es una fiesta que promueve el conocimiento en sus más variadas expresiones y es un espacio de diálogo siempre abierto y siempre renovado.

La embajadora de Francia en México, Anne Grillo, dijo que la relación de su país con el nuestro está en uno de sus mejores momentos, y recordó que hace unos días el presidente francés Emmanuel Macron y su par mexicano Enrique Peña Nieto tuvieron una cena en la que se destacó cómo los lazos culturales, humanos y científicos alimentan la amistad franco-mexicana.

Entre todos los retos que compartimos se encuentra la importancia de la cultura entendida como crisol, donde vienen a mezclarse innovación, juventud, educación y desarrollo económico. Gracias a esta visión de la cultura podremos afrontar los desafíos del mundo, añadió la diplomática.

Entre los artistas que Francia traerá al FIC figuran Pierre Jodlowski, Dionysos, Ensemble Multilaterale, Le Poèmme Harmonique, Surnatural Orchestra, el Ballet Nacional de Marsella, Collectife Porte y James Thierrère, así como tres proyecciones de ballets de la Ópera de París, tres óperas bufas de la misma institución y tres óperas del Festival d’Aix en Provence.