El gran asteroide Florence pasará a ‘solo’ 7 millones de kilómetros de la Tierra

El gran asteroide Florence pasará a ‘solo’ 7 millones de kilómetros de la Tierra

El cuerpo estelar transitará este viernes a una distancia equivalente a 18 veces la que nos separa de la Luna

EL PAÍS

Madrid

Florence es un pedrusco estelar de 4,4 kilómetros de diámetro -algo así como el tamaño del Teide- que orbita alrededor del Sol -tarda 859 días en rodearlo- que de vez en cuando se acerca a la Tierra. Este viernes, 1 de septiembre, este asteroide (se llama 3122 Florence) pasará a solo unos 7 millones de kilómetros de nuestro planeta, lo que viene a ser 18 veces la distancia que nos separa de la Luna.

El asteroide rozará la órbita terrestre a una velocidad de 13,53 kilómetros por segundo y los científicos podrán observarlo con telescopios y radares, según ha explicado la investigadora Guadalupe Cordero, del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Florence está dentro de los asteroides “potencialmente peligrosos” debido a que “sus dimensiones son mayores a 140 metros y su distancia mínima de acercamiento es menor a 19,5 veces la distancia entre la Tierra y la Luna”.

 “Aunque muchos asteroides conocidos han cruzado la Tierra a una distancia más corta que lo que lo hará Florence el viernes 1 de septiembre, todos eran más pequeños”, ha precisado Paul Chodas, responsable del Centro para el Estudio de Objetos Cercanos a la Tierra, dependiente de la NASA.

El asteroide, cuyo nombre menos poético es 3122, ocupa el cuarto lugar en la clasificación de asteroides en relación con su tamaño. Por delante de Florence, solo estarían el 1999 JM (nombre provisional), el asteroide más grande del que hay noticias, con un diámetro de unos 7 kilómetros; seguido del 4183 Cuno, que presenta un diámetro de 5,6 kilómetros, y del 3200 Phaeton de 5,1 kilómetros de diámetro.

El cuerpo estelar fue descubierto el 2 de marzo de 1981 por el reconocido astrónomo americano Schelte J. Bus, que lo llamó Florence en honor de la considerada fundadora de la enfermería moderna, Florence Nightingale. Cuando mañana pase de largo, Florence no debería regresar a las inmediaciones de la Tierra hasta octubre de 2024 y no volverá a pasar tan cerca de nuestro planeta hasta dentro de 500 años, dijo la Nasa.

Las colisiones entre grandes asteroides y la Tierra son eventos inusuales. “Aproximadamente cada 2.000 años, un meteorito del tamaño de un campo de fútbol golpea el planeta, devastando el área de impacto y los alrededores”, según la NASA. ¿Y uno capaz de aniquilar a la civilización humana, como el que provocó el fin de los dinosaurios hace 66 millones de años? Esos solo amenazan la Tierra una vez cada varios millones de años, según la agencia espacial norteamericana.

En busca del secreto que eliminó la primera enfermedad de la historia

En busca del secreto que eliminó la primera enfermedad de la historia

Las vacunas, bautizadas así por su supuesto origen en las vacas, podrían ser en realidad equinas

MANUEL ANSEDE

El País

Viruela

La persona que no tenga fe en la humanidad es porque no conoce la batalla contra la viruela. El enemigo era mayúsculo. Quizá, el más espantoso de nuestra historia. Corría el siglo XVIII y algo invisible mataba a 400.000 europeos cada año. El asesino no hacía distingos. En una sola centuria, habían caído cinco reyes, víctimas de diarreas salvajes y hemorragias letales. El adversario solo dejaba como rastro un cadáver lleno de úlceras.

La guerra estaba perdida, hasta que un médico rural inglés, Edward Jenner, se lanzó a llevar a cabo el experimento más osado de la historia. Hoy estaría prohibido. Jenner había observado que las ordeñadoras que se infectaban de la benigna viruela de las vacas no sufrían la viruela humana que llenaba las calles de cadáveres. Un día de 1796, cogió líquido de las pústulas de una de estas mujeres, Sarah Nelmes, y se lo inoculó a un niño de 8 años, James Philipps. Seis semanas después, el médico introdujo exudaciones de un enfermo de viruela en el brazo del chiquillo. Y el chaval, en lugar de morir en un charco de heces, sobrevivió.

La viruela mataba a 400.000 europeos cada año en el siglo XVIII

Jenner acababa de inventar la inmunización, un acto que ahora salva nueve millones de vidas cada año, según UNICEF. Como la idea surgió de la contemplación de las vacas y de sus ordeñadoras, el benéfico pus se acabó llamando vacuna. Pero la científica brasileña Clarissa Damaso cree que el bautismo fue equivocado. “Probablemente, la vacuna debería haberse llamado equina. Y el procedimiento debería llamarse equinación en lugar de vacunación”, sentencia.

La viruela fue derrotada hace cuatro décadas. El cocinero somalí Alí Maow Maalin, de 23 años, fue la última persona que se infectó de viruela de manera natural, el 26 de octubre de 1977. Su foto —curado, sonriente y sin pústulas meses después— es un icono de la salud pública. Gracias a una campaña de vacunación masiva, capitaneada por la Organización Mundial de la Salud, la viruela es la única enfermedad humana erradicada de la faz de la Tierra. ¿Pero qué había dentro de las vacunas usadas desde 1796 contra esta peste?

Damaso, bióloga molecular de la Universidad Federal de Río de Janeiro, subraya que en ninguna de las vacunas antiguas que todavía se conservan aparece la viruela de la vaca. Su investigación sugiere que Jenner pudo utilizar, más bien, viruela de caballo. El propio médico inglés, en un texto publicado en 1798, sostenía que “la enfermedad progresa desde el caballo hasta el pezón de la vaca, y desde la vaca a la persona”, subraya Damaso en un estudio publicado en la revista especializada The Lancet Infectious Diseases.

La inmunización se topó, como casi cualquier avance a lo largo de la historia, con la oposición de algunos sectores de la Iglesia. En el siglo XVIII, un destacado reverendo cristiano de Londres, Edmund Massey, ante los progresos que acabarían desembocando en la vacuna de Jenner, atacó las medidas sanitarias preventivas, porque a su juicio se oponían a los designios de Dios. Sin embargo, sus argumentos acabaron en la basura de la historia y el éxito de la vacuna en el siglo XIX fue brutal.

En 1803, el médico alicantino Francisco Xavier Balmis cogió a 18 niños de los orfanatos de Santiago de Compostela y a otros cuatro de los hospicios de Madrid. La misión de los llamados galleguitos era embarcarse en A Coruña en un navío y ser inoculados con la supuesta viruela bovina, uno a uno, para que la vacuna llegara viva, de bracito en bracito, hasta América, donde la enfermedad llevada por los españoles había aniquilado a civilizaciones enteras.

Ante la falta de brotes de viruela bovina, la vacuna se transportaba de esta manera rudimentaria por el mundo, igual que los humanos prehistóricos transportaban su antorcha en la película En busca del fuego. En 1864, por ejemplo, el médico francés Gustave Lanoix viajó hasta Nápoles, donde el italiano Giuseppe Negri había perfeccionado un método para pasar la linfa vacunal de ternera en ternera, sin necesitar bracitos de niños. Impresionado, Lanoix regresó a París con una vaca napolitana y montó el Instituto de Vacunación Animal.

Allí, pronto, en 1866, el francés sustituyó la cepa italiana por líquido de pústulas de un brote de viruela en vacas del pueblo de Beaugency, en el valle del Loira. A partir de estas muestras, comenzó la estandarización de la vacuna. La llamada linfa de Beaugency viajó por Europa y se extendió por África y América. A Brasil llegó en 1887. “Hemos secuenciado el genoma completo de esta cepa y hemos visto que está extremadamente emparentada con el virus de la viruela equina”, señala Damaso.

“Si hubiera triunfado la cabra, ahora no hablaríamos de vacunación, sino de cabronación”, bromea el médico José Tuells

En realidad, todas las muestras de vacunas antiguas que se conservan contienen vaccinia, un virus de origen desconocido que no se encuentra en la naturaleza y que pertenece a la misma familia que las viruelas humana, bovina y equina. Damaso recuerda que la versión de los caballos también puede infectar a las vacas, produciendo las mismas pústulas, y viceversa.

El virólogo español Antonio Alcamí, miembro del Comité Asesor de la OMS en Investigaciones sobre el Virus de la Viruela, coincide con Damaso: “Yo creo que, probablemente, la vaccinia que forma parte de las vacunas humanas es un horsepox [virus de la viruela equina] europeo aislado en el siglo XIX”. Es imposible comprobar su hipótesis. El virus equino tampoco se encuentra ya en la naturaleza.

El médico José Tuells, de la Universidad de Alicante, es uno de los mayores expertos del mundo en la historia de la vacuna de la viruela. No se sorprende por las conclusiones de Damaso. Tuells recuerda que el propio Jenner, en 1798, describía siete casos en los que había utilizado pústulas de caballo como fuente del pus vacunal. “Cuando no tenían caballos, cogían linfa de vaca o de cabra o de lo que fuese. Si hubiera triunfado la cabra, ahora no hablaríamos de vacunación, sino de cabronación”, bromea.

La lengua que hablas es tu identidad

La lengua que hablas es tu identidad

Shimon Adaf presenta obra en la Feria Universitaria del Libro

La caligrafía hebrea articula los versos de su poemario bilingüe Lo que creí sombra es el verdadero cuerpo, publicado por Editorial Trilce

Alondra Flores Soto

La Jornada

Pequeños signos emergen de las páginas impresas en un alfabeto distinto al castellano. La caligrafía hebrea forma los versos de Lo que creí sombra es el verdadero cuerpo, poemario que motivó al israelí Shimon Adaf (Sderot, 1972) a visitar por primera vez México para presentarlo en la Feria Universitaria del Libro (FUL), en Pachuca, Hidalgo.

Tú eres la lengua que hablas. Para mí es identidad, afirma en entrevista con La Jornada. El mundo está lleno de lenguas. Si estudias una, adoptas una nueva identidad y tratas de unir todo.

La lengua hebrea, la cultura judía y la realidad israelí son parte del conjunto del género polifacético del poeta, novelista y músico, quien representa a la joven generación de autores en su país, escrita por descendientes de judíos originarios de países árabes.

El pequeño poblado de Sderot, en el desierto del Negev, a menos de un kilómetro de la franja de Gaza, donde nació Shimon, es un referente en su escritura. Ahí creció con el hebreo sacro inculcado por sus padres. De adulto, alejado de lo religioso, ha adquirido un elemento de identidad.

Mis dos primeras décadas de vida fueron en Sderot. No puedo hacer distinción entre mi biografía personal y la historia del lugar. Mis padres fueron de los primeros en llegar a la recién fundada ciudad, provenientes de Marruecos. No había pueblo, lo construyeron y les dieron casas ahí; habla de su raíz que lo antecede, en este asentamiento fruto de la dispersión erigido en 1951 y ciudad marcada por la guerra y los bombardeos. Representó un cambio mayor en Israel que fue importante para mi formación. Algunas veces la biografía de un lugar lo es también de las personas.

Ahora radica en Tel Aviv y con la huella imborrable del desierto de su origen, la capital israelí significó convertirse en un ser extraño. Es considerada la única metrópoli donde puedes obtener tus sueños si eres un artista, es una ciudad idealizada, donde cualquier cosa puede pasar, afirma.

Sin embargo, comprendí cuán problemática era. Es donde se crean muchos estereotipos sobre las diferentes capas de la sociedad. Mi papel de escritor ha sido negarla, tomarla y hacerla pequeña otra vez. Es un sitio mitológico.

La lengua sagrada de la sinagoga

Shimon Adaf creció con el hebreo de la sinagoga de sus padres. Al oír el Cantar de los cantares, ha descrito: Recuerdo las palabras golpeándome, silbando por el aire, resonando como el trueno. Desde entonces los textos sagrados, tras una aversión adolescente, suben a la superficie, imponen su presencia y le dan densidad a su poesía. Si eliminara esa lengua santa, estaría matando mi hebreo.

Refiere que el hebreo coloquial es muy secular, pues fue desarrollado como el idioma del Estado. Para mí, la lengua sagrada es la que hablaba mi padre, de la sinagoga, la del libro que solía estudiar cuando era niño.

Añade que en algunos países es posible saber el estatus socioeconómico de acuerdo con el acento. En su caso, es el hebreo que hablas el que delata de dónde provienes. En Israel las personas que hablan un lenguaje cercano a lo sagrado son considerados los más pobres. Para mí fue donde crecí, la lengua de mis padres. En mi poesía trato de cultivar este lenguaje que ya no es tan usado, aunado al coloquial, en un choque que trato de convertir en un tercer idioma, que finalmente es uno: el de mi identidad.

Fenómeno literario

Ana María Bejarano, traductora al español e introductora del poemario de Shimon Adaf, apunta en el texto que el autor es un fenómeno literario. En 2013 obtuvo el premio Sapir, el más importante de su país, por Mox Nox, una de sus seis novelas, que se suman a otros dos poemarios.

Combina su faceta de autor oriental con mitología griega, los poetas ingleses del Romanticismo, la filosofía de Baruch Spinoza, la ciencia ficción, la intriga, las fuentes judías de los textos bíblicos a la poesía sinagoga y abundantes elementos autobiográficos.

Al respecto, Adaf explica que al escribir trata de mezclar elementos como la mitología del este y la occidental, textos sacros y seculares.

Sin embargo, para cualquiera, al pasar la vista al extremo derecho de las páginas en la edición bilingüe publicada por Trilce, lo que uno encuentra es un constante uso de la naturaleza, los árboles, el verano, la lluvia, los pájaros. Versos breves, libres de rima y sin métrica, en una musicalidad que llega a la conciencia como rayo contundente, inherentes a una idea de poesía universal.

En medio del bullicio de la feria en Pachuca, en un pasillo circular abarrotado por libreros, Adaf conversa con el público mexicano sobre su poesía hebrea. En días recientes, considero que uno de los escritores más relevantes es Roberto Bolaño, quien siento que está describiendo mi realidad. Es un tipo de coincidencia, cuando de repente encuentras culturas muy diferentes que te remiten a la propia. Al final, mucha de la literatura realmente habla de la naturaleza humana y ésta no cambia de un lugar a otro.

Por ejemplo, puedes provenir de Marruecos, leer a Shakespeare y te va a hablar, o la música de África será el latir de tu corazón.

A dos semanas de haber llegado a México, se dice sorprendido por lo que ha descubierto; todos los estereotipos son completamente falsos, afuera no conoces demasiado del pasado. Las culturas maya o mexica, así como la etapa colonial, son elementos hallados en su visita, y planea volver. Amo la atmósfera. Tal vez es una ilusión porque vine a una feria del libro, pero siento mucho entusiasmo por la literatura y la cultura.

“A Juan Gabriel le debo hasta la comida que como”

“A Juan Gabriel le debo hasta la comida que como”

Ciudad de México homenajea al gran ídolo popular en el primer aniversario de su muerte

DAVID MARCIAL PÉREZ

El País

Era una feria del chile en un pueblito del Estado de México y cuando salió a cantar los parroquianos agarraron lo primero que tenían a mano: chiles en vinagre. Los arrojaron sobre su traje azul turquesa, aullaron, le llamaron puto, joto, puñal. Era 1998 y Juan Gabriel llevaba ya dos décadas arrasando en la canción mexicana y levantando a su alrededor un estado de excepción en la homofobia. Pero subido a aquel escenario no estaba Juan Gabriel, sino Javier Lavat, un imitador de Juan Gabriel.

“Cuando vi la serie de su vida y supe que a él también le tiraron botellas en sus primeros conciertos me sentí aún más identificado”, decía este lunes, justo un año después de la muerte del último gran ídolo popular mexicano. “Yo a Juan Gabriel le debo hasta la comida que como y las medicinas de mamá, que es diabética”, continúa Lavat, que para el aniversario ha elegido un traje rojo con lentejuelas y rosas bordadas en el pecho y en la espalda. “A mi Juan Gabriel me salvó la vida”.

 44 años y 26 de sosias juagabrielero, Lavat cuenta que Tres claveles y un rosal fue su epifanía. “Yo era casi un niño y mi primer novio acababa de morir. Entonces escuché aquella canción por la radio”:

Las puertas del panteón, se abrieron de par en par,

Sepultaron a mi amor, jure, no volver a amar

Hasta la tumba llegue, donde hoy descansa en paz

Y en su tumba le deje, tres claveles y una rosa

“Lloré todo lo que no había llorado, saqué todo lo que tenía dentro. Tuve muchos problemas sobre todo con mi padre, que al principio no aceptaba mi homosexualidad, pero decidí dejar la universidad y dedicarme como oficio a ser imitador de Divo de Juárez”. Hace unos meses Lavat fue nombrado el rey de la comunidad gay de Ecatepec, la dura barriada del Estado de México donde nació. Al terminar la ceremonia, se quitó la corona y se la puso a su padre. “Porque él ha sido el que ha sufrido el bullying. Yo no, yo fui feliz, a mí no mi afectaban los insultos, y eso también me lo enseñó Juan Gabriel”.

En la plaza de Garibaldi, en el corazón mariachi de la ciudad, subido a un pedestal hay una estatua de bronce del artista, y a su alrededor revolotean y cantan sus canciones imitadores, seguidores y curiosos. Mario López, psicólogo, 36 años, explica su interpretación sobre el insólito fenómeno juanga. “Contribuyó a la educación sentimental de los mexicanos. Sus canciones apelan al sentimiento, que es lo que conecta y genera identidad. Además, él como figura es un símbolo que sintetiza muy bien nuestras contradicciones. Es el niño pobre que consigue fama y éxito. Es el charro, esa cosa supermachista, pero a la vez es homosexual”.

Almibarando con sensibilidad pop la tradición ranchera, atravesó clases, géneros y razas. “Juan Gabriel –escribió Carlos Monsivais en la crónica del primer concierto en Bellas Artes, su asalto al sacro recinto de la alta cultura mexicana– es la vindicación literal de lo expulsado del canon televisivo o de lo jamás incluible: los nacos y los traileros y las secretarias románticas y las amas de casa sin casa que aguardan y los “raritos” y los adolescentes de las barriadas. Y ese gusto atravesó la marginalidad, domesticó a los celos modernistas y a la homofobia”.

El secreto que guardaron un siglo los agujeros negros

El secreto que guardaron un siglo los agujeros negros

La posibilidad reciente de detectar ondas gravitacionales hace posible estudiar objetos que hasta ahora eran casi invisibles

DANIEL MEDIAVILLA

Durante la Primera Guerra Mundial, mientras calculaba trayectorias de proyectiles como artillero en el frente ruso, el físico alemán Karl Schwarzschild estudiaba la recién publicada Teoría General de la Relatividad de Albert Einstein. Además de comprobar que las ecuaciones de su compatriota describían el universo con una precisión sin precedentes, Schwarzschild observó que también implicaban la existencia de objetos cósmicos inesperados. Las curvaturas del tejido del espacio tiempo provocadas por los planetas o las estrellas generaban una especie de pozos gravitatorios que mantienen a los humanos anclados a la Tierra y hace que la Luna gire a nuestro alrededor mientras nosotros viajamos alrededor del Sol. En casos extremos, cuando la concentración de masa fuese máxima, la atracción gravitatoria sería tan intensa que ni siquiera la luz escaparía a su influjo.

Aquella fue la primera vez que se planteó la existencia de los agujeros negros, un concepto tan extraño que hasta Einstein dudó de su existencia real. Poco después, mientras seguía rumiando las consecuencias de su idea más revolucionaria, le escribió a Schwarzschild sobre la posibilidad de que algunos objetos supermasivos como aquellos extraños agujeros negros produjesen ondulaciones en el tejido espaciotemporal similares a las que se producen cuando se arroja una piedra a un estanque.

Un siglo después, aquellas hipótesis locas han sido confirmadas por pruebas empíricas. En septiembre de 2015, el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO), en EE UU, captó las primeras ondas gravitacionales producidas justo en el momento en que dos agujeros negros chocaban un instante antes de fusionarse. Aquellos objetos tenían entre 10 y 30 veces la masa del Sol y su unión liberó en una fracción de segundo más energía que todas las estrellas conocidas juntas. Este tipo de colisiones habían sido predichas, pero era la primera vez que se observaban.

Una hipótesis plantea que los agujeros negros nacieron juntos en forma de pareja de estrellas

Como se anunció entonces, la posibilidad de detectar ondas gravitacionales inauguraba una nueva etapa para la astronomía, que podía estudiar de forma directa fenómenos hasta entonces invisibles. Esta semana, un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, y las universidades de Maryland y Chicago, en EE UU, ha publicado en Nature los resultados de uno de los primeros trabajos de esta nueva astronomía. Su intención era explicar cómo se formaban las parejas de agujeros negros como las que ha detectado LIGO.

Ilya Mandel, científico de la Universidad de Birmingham y coautor del artículo, explica en The Conversation que los astrónomos se plantean dos hipótesis para la formación de estas parejas. En una de ellas, la pareja habría iniciado su periplo unida desde el inicio, con el nacimiento simultáneo de dos estrellas masivas. Después de una larga existencia, cuando su combustible nuclear se agotase, ambas se colapsarían bajo el peso de su propia gravedad concentrándose hasta formar dos agujeros negros. Si estuviesen a la distancia adecuada, ambos objetos empezarían a perder parte de la energía que los mantenía en sus órbitas en forma de ondas gravitacionales y caerían en una espiral hacia el otro hasta fusionarse. En la segunda opción que se plantea, los monstruos cósmicos se habrían formado por separado, pero lo habrían hecho en una parte del universo con superpoblación de estrellas. Los tirones gravitatorios de esos astros habrían acabado por reunir a los dos agujeros negros.

La información proporcionada por LIGO permite saber si estos objetos rotan lentamente o lo hacen rápido y si están alineados entre ellos o no. Por ahora, los datos indican que los agujeros negros giran sobre sí mismos a toda velocidad y que no están alineados. Esto pondría los datos contra la teoría de que se formaron como estrella binaria e indicaría que, al menos en este caso, las dos bestias gravitatorias surgieron por separado en una región con muchas estrellas y se acabaron por unir después.

Los autores señalan que ese tipo de agujeros negros serían similares a los observados en nuestra galaxia. Calculan que harían falta otras diez observaciones de los efectos de la fusión de otras parejas para confirmar su origen. Sin embargo, también advierten que es posible que esos agujeros lejanos sean distintos de los que vemos en nuestro vecindario y en ese caso harían falta muchas más observaciones para dar sentido a tanta complejidad. Resolver el misterio del todo requerirá tiempo, pero al menos ya se sabe que los protagonistas de la historia son reales. Lo que se sabe ahora, pese a todo lo que se desconoce, habría fascinado a aquel artillero que aprovechaba los descansos entre disparos para reflexionar sobre los enigmas del universo.

Paul Auster recibirá Medalla Carlos Fuentes de FIL Guadalajara

Paul Auster recibirá Medalla Carlos Fuentes de FIL Guadalajara

Notimex

Guadalajara, Jal.

El escritor, guionista y director de cine estadunidense Paul Auster, considerado uno de los autores más brillantes de la actualidad, recibirá la Medalla Carlos Fuentes de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

De acuerdo con la FIL-Guadalajara, el premio Príncipe de Asturias de las Letras (2006), Paul Auster, participará por primera vez en este encuentro donde ofrecerá la conferencia magistral que abre el Salón Literario de este año, y presentará su más reciente novela 4 3 2 1, que llegará a librerías mexicanas la próxima semana.

Señaló que en  4 3 2 1 (Seix Barral, 2017), Paul Auster vuelve a la narrativa después de siete años de silencio literario, para inquirir a sus lectores con la siguiente pregunta: “¿Recuerdas el día en que cambió tu vida?”, y es que quizá no haya otra obra de Auster que condense con mayor acierto las obsesiones de su universo creativo.

El diario británico The Guardian ha dicho de 4 3 2 1, que “Auster se centra no sólo en lo inesperado, sino en ese “¿qué hubiera pasado si…?”, que nos obsesiona; en todas las vidas imaginarias que alimentamos y que corren paralelas a nuestra existencia actual.

La obra destaca la importancia de lo imprevisible: el accidente feliz o el quiebre oscuro, un tema que lo persigue desde que tenía 14 años, cuando él y un grupo de niños atrapados por una tormenta eléctrica, durante un campamento de verano en el bosque, intentaban cruzar una cerca para entrar a un campo abierto; de pronto, el niño que lo antecedía en la fila india, a unos centímetros de distancia, fue alcanzado por un rayo y murió al instante.

Según el autor, esa es la historia más crucial que ha experimentado, “es algo que me ha acechado a lo largo de los años y con lo que he vivido desde entonces, fue sin duda el día más importante de mi vida”.

Paul Auster es reconocido como un renovador literario por unir lo mejor de las tradiciones norteamericana y europea, por innovar el relato cinematográfico e incorporar a la literatura algunas de sus aportaciones.

El trabajo de Auster ha sido galardonado con los premios Médicis por la novela Leviatán; el Independent Spirit Award, por el guión de Smoke; el Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid, por El libro de las ilusiones; el Qué Leer, por La noche del oráculo y el Leteo.

Es miembro de la American Academy of Arts and Letters y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras Francesas.

De acuerdo con la FIL, la apertura de su Salón Literario será el 26 de noviembre a las 12:30 horas, y la presentación de su libro 4 3 2 1, el 27 de noviembre a las 18:30. Ambas actividades se realizarán en el Auditorio Juan Rulfo y estarán abiertas al público.

Humboldt en México, documental de Ana Cruz

Humboldt en México, documental de Ana Cruz

COLUMBA VÉRTIZ DE LA FUENTE

CIUDAD DE MÉXICO

Proceso

La figura del incansable investigador que visitó el país en los umbrales del siglo XIX es conocida de manera muy general. Si acaso se cita su frase, aplicada a la capital mexicana, “La Ciudad de los Palacios”. Pero hoy se le considera como padre de una concepción integral de la naturaleza. De ahí que la realizadora Ana Cruz, en pleno año Dual México-Alemania, se haya propuesto realizar un documental científico, como lo explica a Proceso. En texto adjunto se entrevista a la biógrafa Andrea Wulf, cuyo libro acaba de editar aquí Random House, quien define a Humboldt como pionero en el cambio climático.

Es el año 1833 en Berlín, Alemania. A cuadro aparece el científico, humanista y explorador prusiano Alexander von Humboldt (interpretado por el actor Alexander Holtmann) cuando posee más de 70 años. Sentado en el escritorio de su biblioteca, se le ve contento y pensativo. Luego, empieza a escribir, en su obra Cosmos, sus recuerdos del viaje por América, el cual le dejó una huella profunda en su vida.

Se trata del nuevo documental Humboldt en México. La mirada del explorador, dirigido y escrito por Ana Cruz, donde se relata el recorrido que Humboldt  efectuó en México de marzo de 1803 a marzo de 1804 para su investigación científica de la minería y la antropología, de la flora y la fauna.

A la realizadora, quien desde hace más de 30 años es además guionista productora de cine, televisión y radio, le parece “un personaje histórico extraordinario”, pero muy poco plasmado en la pantalla grande del país. Entonces toma el reto de crear una cinta:

“Surgió la idea con motivo de la preparación del año dual México y Alemania 2016-2017. Eso sucedió en mayo 2015 y empecé a investigar. Estaba colaborando con el secretario de Cultura Rafael Tovar, cuando me nombraron miembro del grupo de selección de proyectos. También está el antecedente de que soy exalumna del Colegio Alemán Alexander von Humboldt, entonces Humboldt era una figura que estaba en mi entorno, y además mi carrera siempre ha estado vinculada a la divulgación de la ciencia.

“Fui becaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) cuando estudié en la BBC de Londres dirección de documental cinematográfico y televisivo, y trabajé con Manuel Buendía en el Conacyt realizando divulgación científica. Así que con este filme retomo un poco ese camino. Pero me atraía y gustaba mucho que Humboldt fuera un artista, hay que ver sus libros donde son fascinantes sus ilustraciones, un humanista, un sociólogo, un arqueólogo y lo que ellos llaman un etnobotánico. ¡Era una persona absolutamente completa!”

En Humboldt en México…, Ana Cruz combina escenas ficticias para ver a Humboldt (el actor maneja fragmentos de sus diarios de viaje) con testimonios de especialistas. De México entrevista a Jaime Labastida, director general de Siglo XXI Editores, quien además fue el asesor histórico de dicho filme; Robert Bye y Edelmira Linares, del Instituto de Biología de la UNAM, también asesores científicos del proyecto; José Sarukhán, coordinador nacional de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio); Omar Escamilla, responsable del Acervo Histórico del Palacio de Minería; Claus Siebe, del departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica de la UNAM; Eduardo Matos Moctezuma, arqueólogo; José N. Iturriaga, historiador y novelista, y Brígida von Mentz, historiadora del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social.

De otros países intervienen Thomas Janota (igual asesor científico del documental), autor del libro Alexander von Humboldt, un explorador científico en América; Ottmar Ette, director del Proyecto Alexander von Humboldt de la Universidad de Potsdam de la Academia de Ciencias de Alemania; Thomas Borsch, del Jardín Botánico y Museo Botánico de Berlín-Dahlem en Alemania; Ralf T. Schmidt, curador de la Colección Mineralógica del Museo de Historia Natural de Berlín, y Jutta Weber, especialista en los diarios de viaje de Humboldt, ubicados en la Biblioteca Estatal de Berlín.

Pero hay una sorpresa: la aparición de Gabriela von Humboldt, sobrina nieta de la quinta generación.

Labastida dice en la pantalla que el especialista en etnografía, física, zoología, climatología, oceanografía, en fin, no tenía previsto venir a la Nueva España, pero en España encontró apoyo por parte de un ministro ilustrado de Carlos IV, el marqués Mariano Luis de Urquijo. Janota subraya también en la película que “Humboldt era de otra nación, no católico, y los españoles no solían permitir que extranjeros entraran en sus colonias, pero él llegó en el momento justo para obtener una respuesta positiva”.

Enseguida explica:

“El rey Carlos IV no estaba muy interesado en la botánica o en la exploración científica, lo que realmente le interesaba era el hecho de que Humboldt pudiera tener algunas ideas sobre cómo ayudar a la industria minera de las colonias, y esa posibilidad hacía interesante la proposición de Humboldt, quien él mismo se financió el viaje. Lo pagó con su dinero.”

Allí mismo, José N. Iturriga resalta como inusitado que el rey católico Carlos IV les diera amplios pasaportes para la Nueva España a Humboldt, quien era protestante, y a su amigo el francés republicano Aimé Bonpland, donde les ordenaba a los virreyes la apertura, sin límites, de archivos y acceso a todas las colecciones vinculadas a las investigaciones.

La capital de los contrastes

Se le comenta a la también realizadora de los documentales Mujeres de la revolución mexicana y Las sufragistas, cómo Humboldt, según la película, califica a la Ciudad de México como la Ciudad de los Palacios y al mismo tiempo se lamenta de ver el contraste de la pobreza y la riqueza de sus habitantes. Ana Cruz comenta en entrevista:

“Esto de las desigualdades es algo que flagela. Humboldt se da cuenta de esa situación, y ¡qué terrible que lo sigamos viendo! Decía de la capital mexicana: ‘Nunca he visto las riquezas más grandes junto a las miserias más grandes’. Mientras yo sabía más de Humboldt, más me enamoraba de él. Al buscar a Sarukhán me aclaró que su especialidad era Charles Darwin, pero enfatizo: ‘Conozco a Humboldt porque Darwin no podría existir si no hubiera existido Humboldt. Eso me impresionó. Me puse a leer, pero más me impactó el reconocimiento científico que le hace Darwin a Humboldt.”

Ana Cruz describe así al considerado padre de la geografía moderna universal, nacido el 14 de septiembre de 1769 y fallecido el 6 de mayo de 1859:

“Era un nómada a pesar de haber sido un aristócrata de castillo y rico. No le importaba haber abandonado su castillo. Tuvo una madre muy estricta y su hermano Wilhelm se queda en Alemania, fue ministro de Educación y fundó la Universidad de Berlín. Él es allá el famoso. Y Alexander no es tan conocido porque, según Gabriela von Humboldt, cuando regresó de sus viajes, vivió 23 años en París. Le gustaba ser republicano. Napoleón Bonaparte siempre sospecha de Humboldt. Se preguntaba: ¿Cómo un prusiano era uno de los científicos más importantes de Francia? Tenía a su grupo de científicos en el observatorio de París.”

Napoleón no lo apoya, pero eso a él no le importa, gasta toda su fortuna en sus investigaciones. Se acaba el dinero y regresa a Berlín a pedido de su hermano y que le pone casa para que continúe su obra, y es cuando vuelve a escribir en alemán, porque la mayor parte de sus escritos estaban en francés. Sus diarios están en diferentes idiomas (que se me hace padrísimo), hasta con notas en español.”

La cineasta plasma en el filme (financiada por Producciones Arte y Cultura en Movimiento con el apoyo del Conacyt, los gobiernos de Guanajuato y de Guerrero, la Asociación del Colegio Alemán y la Conabio) el impacto que le causaron a Humboldt los esclavos en las minas de México:

“Ve que viven explotados, y eso existe hasta la fecha, por eso el oficio del documentalista es maravilloso, porque ve uno que la historia sigue teniendo sus consecuencias. Además, él tenía admiración por la raza indígena.”

El arqueólogo Eduardo Matos cuenta ante la cámara de Ana Cruz cómo Humboldt estudia los monolitos del calendario azteca y la Cuatlicue.

–Usted incluye en su filme esta acusación de que fue espía en México para favorecer a Estados Unidos. Eso es aún una discusión, ¿verdad?

–Si el documental pone un granito para el debate, sería sanísimo hablar sobre ese tema. A mí me parece absurdo calificarlo de espía porque publicó el conocimiento científico. También se le acusó mucho de que después de los reportes mineros que realizó, vino la invasión de los alemanes a Zacatecas y Pachuca. Quizá si Humboldt no hubiera escrito esos reportes, tal vez los alemanes no hubieran venido a sobreexplotar lo que los españoles ya habían explotado durante tantos años. Humboldt sólo actuó de una manera muy correcta: compartir el conocimiento. Coincido con lo que dice Sarukhán de que Humboldt fue el pionero de la divulgación de la ciencia. Hacen más daño esos personajes que se guardan el conocimiento, ya sea para los gobiernos o para las políticas.

Labastida recuerda en el documental que en México a Humboldt se le regatea porque se cree, “por un nacionalismo estrecho”, que vino y plagió a los ilustrados:

“Es verdad que entró a los archivos, pero es lo que hace un investigador. Durante mucho tiempo Estados Unidos consideró que su frontera natural era el río Misisipi. Thomas Jefferson no sabía qué había en esos territorios (la frontera de Luisiana y la Nueva España) y le pidió información a Humboldt sobre dichos lugares, quien tampoco sabía qué había porque no los había recorrido. Él le dio el mapa de la Nueva España, pero de todos modos Humboldt lo publicó en su Ensayo político de la Nueva España (1811), lo dejó al alcance de todo el mundo, no sólo a Jefferson. ¡La acusación es una tontería! El mapa estaba al alcance de todo el mundo. Que eso le permitió 43 años después a Estados Unidos invadir nuestro territorio, es una verdadera tontería.”

Sarukhán también sale a la defensa:

“Mucha gente lo tilda de espía de Estados Unidos respecto a México, pero lo que él estaba haciendo era transmitir lo que había visto.”

Luego de que Humboldt en México… se estrenara en la 20 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato, el pasado 29 de julio, Ana Cruz por ahora desea que recorra otros festivales de cine, nacionales e internacionales, y le encantaría mostrarlo en Alemania:

“Es finalmente un documental científico. Mi acuerdo con el doctor Sarukhán es que esté en los 167 museos de ciencia de los que participa la Conabio, pero antes me gusta mucho la idea de exhibirlo en salas cinematográficas. Me encantaría que se estrenara allí, porque traté de que fuera para el público en general, no sólo para los especialistas.”

Este reportaje se publicó el 20 de agosto en la edición 2129 de la revista Proceso.

Rubén Darío: el judío errante de La Nación

Rubén Darío: el judío errante de La Nación

Elena Poniatowska

La Jornada

En enero de 2017 se cumplieron 150 años del nacimiento de Rubén Darío, a quien hoy más que nunca es justo celebrar, porque su Nicaragua natal –a la que regresó después de 30 años de peregrinar por el mundo– padece a Daniel Ortega y a su mujer, la poeta Rosario Murillo, quienes hoy representan una de las grandes calamidades de nuestros países latinoamericanos: la perpetuidad en el poder de los que antes combatieron la dictadura.

Lo dice muy bien Jorge Ramos, el primer periodista que se enfrentó a Trump: La ironía es que se necesitaría otro movimiento revolucionario para terminar con la corrompida revolución que acabó con el somocismo.

Además de ser el país más pobre del hemisferio occidental después de Haití, Nicaragua es la patria de los escritores de Centroamérica, desde Rubén Darío hasta el padre Ernesto Cardenal, desde Salomón de la Selva hasta José Coronel Urtecho, desde Claribel Alegría (Premio Reina Sofía 2017) y Daisy Zamora hasta Gioconda Belli, desde Ernesto Mejía Sánchez (quien vivió entre nosotros muchos años y fue miembro de El Colegio de México, entonces dirigido por don Alfonso Reyes) hasta Sergio Ramírez, autor de Margarita, está linda la mar, título de una de sus novelas, tomado de un poema del padre del modernismo, Rubén Darío, el que cubrió de “Azul…” a la literatura del futuro de América Latina.

Uno de los estudios más completos sobre los artículos que escribió Rubén Darío para el diario argentino La Nación es este de Noel Rivas Bravo, catedrático de la Universidad de Sevilla, a quien conocí gracias a mi amigo, el abogado Miguel Polaino Orts, quien tuvo a su cargo la edición mexicana de Tierras solares. El resultado es un libro completísimo y ameno que seguramente celebrará la doctora Rocío Oviedo Pérez de Tudela, de la Universidad Complutense de Madrid, quien organizó –del 12 al 15 de septiembre de 2016– el magno congreso sobre Rubén Darío y logró que a partir de ese momento cientos de estudiantes –conocedores o no de Darío– se convirtieran en agradecidos y entusiastas lectores.

El profesor Noel Rivas no sólo se detiene en cada párrafo de Darío, sino que lo hace en cada uno de sus viajes. Analiza, ofrece fechas y minucias para ubicar tiempo, espacio y referencias literarias; cuenta anécdotas de la visita de Darío a Juan Ramón Jiménez, quien escribe: “Una mañana muy temprano la doncella me anunció a Rubén Darío. Venía vestido de caqui, con sombrero blanco de paja, un panamá, botas amarillas, estrechas, la parte alta sin abrochar, botas que le hacían daño. Oscuro, muy indio y mongol de facciones. Me pareció más pequeño, más insignificante. ‘Sorpresa: he venido a Madrid sólo para verle a usted’. Pasó entonces de prisa, camino a Málaga, a curarse una bronquitis alcohólica en el clima inocente”.

Si en el primer momento, Juan Ramón, despectivo, le perdona la vida a Rubén Darío, más tarde habrá de defenderlo y enojarse al señalar que “en su paso por Madrid, la prensa lo ignoró (…) Vosotros no sabeís, imbéciles, como canta este poeta”.

En México, los pocos poemas que aprendí de memoria en primaria fueron de Rubén Darío. Me contagió el júbilo del poema: Del Trópico: Qué alegre y fresca la mañanita, me agarra el aire por la nariz y La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?, que muchos años más tarde habríamos de recitar al unísono Monsiváis, Granados Chapa y yo –invitados por la Histadrut– en autobús en los caminos de Israel.

Supo sintetizar el sentido de la vida humana

Si algo caracterizó a Rubén Darío fue su facilidad para trasladarse de un país a otro cuando viajar era muy difícil. A él nada le impedía desafiar océanos, mares, lagos, desiertos y montañas rechazantes, ya sea por cuenta propia o como corresponsal del periódico argentino La Nación, a tal punto que se autodefinió como “El judío errante de La Nación”. Bélgica, Alemania, Austria, Hungría e Italia –sólo para nombrar algunos países– aplaudieron su paso. En primerísimo lugar describió a España, su Patria Grande: Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla, Córdoba, Granada y Andalucía, sobre todo una triste Andalucía que viene a contradecir las visiones de la Andalucía idealizada y legendaria de Zorrilla, Pérez de Hita y Arolas, además de las crónicas de los viajeros románticos: Hugo, Gauthier, Chateaubriand, Mérimée, Byron, que habían dado una visión hiperbólica a diferencia de Darío, quien describe una ciudad sumida en la miseria y el hambre: Porque así son aquí la vida y el amor; todo lo contrario de lo que piensan los que sólo han visto una Andalucía a la francesa, de exposición universal o de caja de pasas. En verdad os digo que este es el reino del desconsuelo y de la muerte.

Darío supo sintetizar el sentido de la vida humana: Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto/ y el temor de haber sido y un futuro terror. / Y el espanto seguro de estar mañana muerto.

Recorrió el mundo con una capacidad de asombro digna del más inteligente de los niños. Hoy que La Rambla de Barcelona sangra con la muerte de 15 personas y más de 100 heridos debido a la absoluta locura de Younes Abouyaaqoub, miembro de la organización terrorista del Estado Islámico, es bueno recordar que Darío cantó a las ramblas floridas de Barcelona, al cielo limpio, de limpidez mineral de Málaga, al cantaor de Andalucía con su voz larga y gimiente, al corazón de mármol labrado de Granada, a las rosas de invierno de Sevilla, a “los verdes naranjos de Córdoba, a los aljibes admirables de Gibraltar, a las aguas soñolientas de Venecia, a los callejeros organillos de Florencia, al desfile de castillos de Colonia, a la casita de verjas de hierro y cortinillas blancas de Fránkfurt, al paraíso de los cisnes de Hamburgo, a las pomposas cigarrerías de Berlín, a la Viena de ojos azules de tanto mirarse en el espejo del Danubio, a la colección de beldades de Budapest.

Si la poesía del padre del modernismo sigue enamorándonos, incluso a los más jóvenes, su prosa como corresponsal de La Nación también es una brisa fresca que recuerda que nuestro paso sobre la tierra también sería una brisa y no una tormenta, si no padeciéramos la amenaza de Trump. La literatura de Rubén Darío es una auténtica oda a la libertad y al ansia del descubridor porque, ante todo, Darío fue un caminante. Poeta peregrino, viajero incansable, poeta errante, centroamericano trotamundos lo han llamado sus críticos y él mismo pidió que lo consideraran peregrino de artes de americanas tierras. Sin duda el apodo que más lo complació fue el de “judío errante de La Nación” porque se liga a la leyenda del eterno peregrinar del hombre en busca de su felicidad y también al diario La Nación y a su país de origen abandonado a los 15 años para retornar a los 49.

Si alguien sabe de despedidas y nostalgias, es Darío; si alguien sabe lo que es cortar de raíz un árbol y de inmediato plantar otro, es Darío; si alguien sabe de patrias propias y adoptivas, es Darío; si alguien sabe de costumbres y lejanas e idiomas enmarañados, es Darío. Para él nunca hubo muros que detuvieran su sed viajera, su ansia de otros mundos y culturas. Y es por eso justamente que su pluma es una de las más ricas de toda América Latina. En los tiempos que corren, cuando en lugar de abrirse las puertas se cierran y se pretenden levantar muros, Rubén Darío es el mejor ejemplo de que, si el mundo fuera una aldea abierta y solidaria, otro gallo nos cantara.

La Revista de la Universidad: fin de época e inicio

La Revista de la Universidad: fin de época e inicio

Por José María Espinasa

La Jornada Semanal

El ejemplar de agosto de 2017 de la Revista de la Universidad desconcierta al primer golpe de vista, pues la imagen en su portada es de Kazuya Zakai, el pintor y diseñador de la revista Plural en la época de Octavio Paz. Sus volutas son casi una huella dactilar de la publicación, de un momento clave en nuestra cultura y de una estética que, si bien nos llena de nostalgia, ha envejecido mucho.

Es lógico, piensa el lector, cuando ve que se trata de un número especial dedicado a las revistas literarias, pero adentro no hay ningún texto sobre Plural y tampoco viene en la separata en color obra plástica del artista argentino-japonés. Ese desconcierto se volvió asombro al leer el contenido del número. Pero para explicar mi sorpresa hay que volver un poco atrás. En febrero de este mismo año Jorge Volpi, coordinador de Difusión Cultural de la unam desde fines del año pa-sado, anunció que Guadalupe Nettel tomaría la dirección de la revista, mientras que Ignacio Solares pasaría a ser director emérito. Si bien el nombramiento del director saliente –que llevaba ya muchos años al frente, desde 2004– parecía una manera protocolaria de dulcificar el relevo, en los números siguientes no se vio un cambio abrupto, como se podía esperar de la diferencia de edad entre ambos narradores, pues Guadalupe Nettel es casi treinta años más joven. Se trata evidentemente de un relevo generacional radical.

Si se observaban bien, sin embargo, los siguientes números sí empezaron a mostrar, más allá de los cambios naturales en el directorio de la revista y de ciertos momentos de las editoriales escritas al calor de un cambio como el que hubo, leves modificaciones que beneficiaban a las entregas, en especial la dedicada a los cien años de Rulfo, número que está muy bien armado, una de las mejores entregas que se hicieron en nuestro país sobre la efemérides.

La revista bajo la gestión de Solares, de la que fui colaborador en varias ocasiones, había entrado desde hacía tiempo en una inercia caracterizada por la administración de fallecimientos y aniversarios, textos de ocasión, marquesina con grandes nombres (Fuentes, Vargas Llosa, Poniatowska, etcétera), salpicada de textos políticos de funcionarios de la unam. No había, en conclusión, un trabajo de mesa de redacción visible que dinamizara la publicación. Se estaba, pues, ante la situación descrita por Luigi Amara en su texto: “Cuando parece que encontró la fórmula, cuando repite su estructura número a número, cuando se desliza tersamente sobre un monorraíl aceitado, es momento de recomenzar la revista desde cero.”

No es fácil hacerlo, sin embargo, en una publicación institucional. Hay compromisos evidentes que no tiene una publicación independiente o institucional pero menos visible. La nueva directora y su equipo se tomaron su tiempo con inteligencia. Y en el mentado número de la sorpresa anuncian ya el cambio con una especie de despedida de la época anterior. Cosa curiosa: la despedida es un garbanzo de a libra, que debía mover, aunque sea un poco, el estancado lago cada vez más seco de las revistas culturales mexicanas en estos años.

La editorial describe la razón de ser de dicho número: reflexionar sobre el papel de las revistas literarias y anunciar la ampliación del horizonte a partir de su próximo número desde una perspectiva más moderna, con un espectro de intereses más amplio y con ambiciones multidisciplinarias. Ya verá el lector el número de septiembre y podrá juzgar qué tanto lo consiguió.

Aquí interesa destacar las muchas bondades de este número. Como señala la propia Nettel en la mencionada editorial, la revista propone y los colaboradores disponen. Se pidieron textos que, por lo visto, sorprendieron a los propios hacedores de la publicación, en apariencia poco cohesionados entre sí. El resultado, en su dispersión, es espléndido. Reflexiones sobre lo que debe ser una revista, panoramas históricos, testimonios de un lector, consejos profesionales, ensayos históricos, entrevistas con editores legendarios, recuentos personales, análisis históricos. Un amplio mosaico de aproximaciones al tema.

Horizonte ampliado

E

l número debería ser una llamada de atención para la actual situación de las revistas culturales en México. Hay pocas, no son muy buenas, y sobre todo no parece haber el interés en las nuevas generaciones en hacerlas, pues o bien han desplazado su foco de atención hacia la web, en blogs y portales, o bien se han integrado a revistas ya existentes como mano de obra intelectual, o –también y más importante– han escogido la aventura esencialmente distinta de hacer una editorial que publica libros. En el taller que doy en la Fundación para las Letras Mexicanas sobre producción de revistas, se ha planteado varias veces la razón de que eso ocurra. No es suficiente con señalar que las nuevas tecnologías virtuales permiten una mayor eficiencia en la distribución y en el uso de recursos económicos (cosas que no son, en la práctica, tan ciertas), a lo que hay que sumar los cambios en los hábitos de lectura y entre ellos el de la superficialidad que prohíja la pantalla (no se leen textos extensos, no se retiene la información ni crea diálogo e intercambio de ideas) ni se ha pensado suficiente sobre el hecho de que la periodicidad es un concepto ajeno a la web, donde no hay desplazamiento de la información sino inercia acumulativa. Dar respuesta a estos cuestionamientos excede el espacio de este texto y al mismo taller, pero ha sido muy importante y productivo plantearlos.

Una de las hipótesis más plausibles, como dije, es que el interés de las nuevas generaciones en definirse como grupos se realiza ahora a través de un proyecto editorial y no de una revista, y de allí la abundancia de editoriales independientes. Un buen ejemplo es Luigi Amara, editor de las revistas Pauta y Paréntesis, que después funda la editorial Tumbona. Otro, aunque no tan bueno, es el de Julio Trujillo, editor de Letras Libres en España y en México, que después pasó a la industria editorial, hoy en Random House Mondadori después de un breve paso por la Dirección de Publicaciones del cnca. Aclaro el “no tan bueno”: no hace un proyecto propio, se integra a una editorial establecida. Ambos publican textos, muy bueno el de Amara, aunque más parece una serie de aforismos que un ensayo, y un poco didáctico el de Trujillo.

Hay también repasos revisteriles de Cuba, Argentina, Brasil, un texto de Pepe Ribas sobre la resurrección de Ajo blanco. Un texto de Pacho Paredes sobre revistas contraculturales y fanzines, análisis histórico de la edición facsimilar de Proa, la mítica revista dirigida por Borges, Rosa Beltrán habla de Margo Glantz y Punto de partida, otro texto sobre Lateral, la magnífica revista que hizo Mihály Dés en Barcelona, un texto sobre la labor, imprescindible, de José Luis Martínez como impulsor de facsimilares de revistas históricas, más otros textos sobre asuntos no relacionados con las revistas y las acostumbradas notas y reseñas.

Una parte central y notable son los dos textos que hablan sobre la propia Revista de la Universidad de México, de Verónica González Laporte y Marina Garone, más una separata en color que reproduce varias portadas de distintas épocas de la publicación, ya casi centenaria. El apretado pero bien hecho resumen de su historia por Verónica González Laporte nos permite tener una idea de conjunto y la posibilidad actual, ahora que se acerca ya a sus noventa años, de leerla en línea, al lector actual le permite también conocer muchos de sus brillantes números. No es difícil ponerse de acuerdo en que la década en que la dirigió Jaime García Terrés la publicación marcó la temperatura intelectual de aquellos años y fue el mascarón de proa de una época con muy buenas publicaciones literarias. No es que haya un buen número aquí o allá, sino que la revista tuvo un período extraordinario.

Su influencia se mostró en otras revistas tanto independientes como institucionales del momento, como Diálogos, Revista Mexicana de Literatura, Cuadernos del Viento, Estaciones, Revista de Bellas Artes, El Corno Emplumado, entre otras. Y se prolongó después en Casa del Tiempo (de la uam), incluso en algunas de las buenas que se hacen actualmente como Crítica (de Puebla) o Luvina (de Guadalajara). Vale la pena que los lectores se sumerjan en su lectura en línea.

El ensayo de Marina Garone merece unas palabras aparte. Ella es una extraordinaria investigadora y ensayista sobre la tipografía mexicana, a su conocimiento de la historia editorial suma sus habilidades como investigadora académica y su sensibilidad artística. Se ocupa por igual de estudiar los orígenes del libro en América que de reflexionar sobre el diseño contemporáneo. A ella se debe un libro excepcional que ha circulado poco: La historia en cubierta (documentado e inteligente recorrido sobre la historia del Fondo de Cultura Económica desde el diseño de sus portadas). Algo así como un apunte, en el marco mucho más modesto de un artículo de revista, hace con las portadas de la Revista de la Universidad. Recorrer la separata en color es uno de esos ejercicios de placentera melancolía.

He dejado para el final la mención a tres ensayos tomados de la revista francesa L´Atelier du Roman porque me permiten señalar varias virtudes del número que comento. La primera: durante años las revistas fueron lugares idóneos para la traducción, para que los lectores conocieran nuevas corrientes de pensamiento, autores en otras lenguas, polémicas intelectuales y así se aireara un poco el ambiente cerrado, a veces claustrofóbico, de una cultura construida sobre el culto a lo nacional. No conocía la publicación –pura ignorancia– y la busqué en la red: se ve realmente muy atractiva. Por lo pronto los tres textos que se toman de ella –“Salir de casa”, de Yvon Rivard; “De Amicitia…”, de Monique La Rue y “Laboratorios de subjetividad”, de Lakis Proguidis, son modelos de la reflexión que se debe hacer sobre lo que significan las revistas en la cultura.

La tradición francesa, como la inglesa en ese campo, son admirables. Paz pudo hacer su revista Plural tan buena porque se formó, en la postguerra francesa, con la lectura de nrf (La Nouvelle Revue Française, la de Gide, Paulhan y Valéry) y Les Temps Modernes, de Sartre, entre bastantes otras. Así, que Guadalupe Netel conozca esa revista y decida traducir textos para poner la muestra me parece un gesto que hay que agradecer. Termino de describir mi sorpresa con la paradoja implícita: un número que anuncia el fin de una época en la revista es también un buen inicio •

La vuelta al cine de la diva ecuatoriana que triunfó en el París de los 60

La vuelta al cine de la diva ecuatoriana que triunfó en el París de los 60

El documental ‘Mi tía Toty’ propone reflexionar sobre el paso del tiempo, el olvido, la soledad

SORAYA CONSTANTE

El País

Quito

La idea inicial fue documentar todas las facetas de su tía, María Rosa Rodríguez, una actriz que forjó su fama en el París de los años 60 y que sigue sobre las tablas. En los apuntes iniciales de León Felipe Troya, el director del filme y sobrino de la protagonista, dice que quiso registrar todo: la etapa francesa, su militancia de izquierda, sus campañas feministas, y el otoño de la actriz que se aferra a su oficio. Pero tras siete años de grabación resolvió contar también las peripecias que pasó en su intento de desnudar a su tía Toty, como se la conoce popularmente. Troya cuenta que poco a poco se fue “metiendo en el cuadro”. Todo empezó en la visita que hacen a París, cuando la caña del boom no llegó a tiempo y tuvieron que improvisar. La colocación del micrófono corbatero es una de las escenas hilarantes del filme.

La historia de vida de Toty, que se estrena este 18 de agosto en las salas comerciales, propone reflexionar sobre el paso del tiempo, el olvido, la soledad. Lejos de ser una hagiografía, es un relato honesto de esta exreina de belleza que abandonó el brillo de París y volvió a Ecuador para trabajar por la igualdad de la mujer en Ecuador, y que, como todos, está envejeciendo y lidiando con sus demonios.

Las imágenes del pasado de la actriz incluyen algunas escenas de Le Grand Restaurant, de Louis de Funes, donde actúa la ecuatoriana, y una serie de entrevistas que ella misma grabó en los años 80 para demostrar el aporte de la mujer a la sociedad ecuatoriana. Los registros de su presente, sin embargo, son menos glamurosos y se ve a una mujer madura que lucha por mantenerse vigente.

“Cazar a Toty cruda”, como dice el director, fue una tarea muy difícil. Según Troya su tía “siempre actuaba como en un escenario” y para romper esto recurrió a las conversaciones telefónicas que hilan buena parte del documental. Aquí la diva desaparece y queda la mujer de carne y hueso con la que muchos se pueden identificar.

Mi tía Toty es el primer trabajo de largo aliento de Troya, su filmografía incluye algunos cortos de ficción que hizo luego de estudiar cine en Praga en los años 90. Luego hizo un parón por su vida familiar, pero se mantuvo cercano al cine a través de colegas y llegó a actuar en alguna producción. Hacer un documental para el cineasta fue “un gusto adquirido, como el sushi” y se queda la característica de “lo orgánico” que ofrece este tipo de cine. “Todo va pasando y se va encuadrando en el tiempo”, dice.

El montaje de la pieza fue clave y tomó ocho meses de trabajo intenso con la editora, Carla Valencia, que tomó el proyecto de forma fría y cirujana, y redujo las más de 100 horas de grabación a 86 minutos. Confirmando así la regla de que el cine de lo real se hace en la sala de montaje y no durante el rodaje.

La película tuvo su estreno mundial en el festival de documentales de Ecuador (el Encuentro del Otro Cine) en 2016 y su estreno internacional fue en abril pasado, en la 19 edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici). Para Troya ha sido un recorrido importante, ahora queda por ver cómo se recibe la cinta en las salas comerciales. Ayuda mucho, sin duda, que el personaje retratado sea muy conocido y que de alguna manera vuelva al cine, pero para protagonizar su propia vida.