Novelas para el Otoño: Lecturas recomendadas

La gran novela del otoño

Una guía para iniciar la temporada pertrechado con las mejores lecturas

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS

El País

Cada nuevo curso, los lectores esperan la gran novela; los editores, también, pero a veces se conforman con que sea la primera en llegar. Se garantiza así la atención de los medios y de los libreros antes de la avalancha de premios nacionales, planetas y nobeles, y antes de la campaña de Navidad, momento de vender lo que ya se vende (la revolución rusa en papel de regalo). Si Anagrama lleva años colocando sus novedades la última semana de agosto (esta vez, Roberto Saviano), Duomo empalma éxitos madrugadores en una racha que inauguraron las memorias de André Agassi y que este año espera prolongar con La voz de los árboles, de Tracy Chevalier. Siguiendo su estela —y los consejos de sus distribuidores—, el resto de sellos tiende cada vez más a desembarcar cuando arranca septiembre, antes de que a los clientes se les vaya el moreno.

1. La gran novela sobre ETA

Una de las curiosidades del nuevo curso es saber qué libro desbancará a Patria del primer puesto de la lista de libros más vendidos. Aunque la novela de Fernando Aramburu —un puzle impecablemente armado para gustar a todo el mundo— será la vara con la que se medirá durante mucho tiempo cualquier ficción sobre ETA, la expectación esta temporada recae por ese lado en Mejor la ausencia (Galaxia Gutenberg), la primera novela de Edurne Portela. Su anterior libro, El eco de los disparos, era un ensayo sin paños calientes sobre el modo en que la cultura se ha ocupado del terrorismo etarra, y nada hay tan interesante como comprobar la coherencia entre teoría y práctica. La novela narra una sórdida historia familiar de terrorismo, machismo, alcoholismo y heroína desde la mirada de una niña —luego adolescente, luego mujer— que ve cómo su familia se va por el sumidero de los silencios, los secretos y las medias verdades. (Nota muy al margen: el inédito de Roberto Bolaño que Alfaguara publica el día 14 llevaba el título de uno de los relatos que contiene: Patria. Por razones obvias pasó a llamarse Sepulcro de vaqueros).

2. La gran novela sobre Google

“La capacidad de simular el futuro extrayendo consecuencias del pasado distingue, dicen, a los seres humanos de otros animales. El precio que pagan es el temor y la esperanza”, sostiene la voz narradora de Quédate este día y esta noche conmigo (Literatura Random House), la nueva novela de Belén Gopegui. A partir de una solicitud de trabajo a la madre de todos los buscadores —y padre de la transparencia universal—, Gopegui despliega el diálogo entre Olga, una matemática retirada, y Mateo, un joven inconformista marca de la casa. Ella es de las que se preguntan qué pasará “el día en que Google no solo procese búsquedas y mensajes, sino también genomas y recuerdos”. Él, de los que no quieren “chips en la cafetera” ni webs que registren su nivel de estrés: “Quiero que funcionen unas pocas cosas importantes”. Un diálogo entre generaciones —joven escritor / profesor de filosofía— recorre igualmente La mirada de los peces (también en LRH), el libro en el que Sergio del Molino demuestra que hay vida después de La España vacía.

3. La gran novela de la ‘era Trump’

La gran novela americana es como el partido del siglo: cada tanto celebramos uno. El 8 de noviembre, coincidiendo con el primer aniversario de la inesperada elección del Gran Hombre Blanco, se publica una de ellas: La decadencia de Nerón Golden (Seix Barral), de Salman Rushdie. La historia de un cineasta en ciernes sirve para retratar el viaje que va de Obama a Trump. Rushdie tendrá que competir por la medalla con su compañero de editorial, Paul Auster, que publica 4321, y, sobre todo, con Colson Whitehead, que desembarca en España con El ferrocarril subterráneo (Literatura Random House), una historia de esclavos y esclavistas — la cara B de América— que le valió los últimos Pulitzer y National Book Award. Como nada de lo que sucede en la capital del imperio es ajeno a las provincias, y menos cuando el racismo presidencial se convierte en tendencia, resulta oportuno el retorno a la ficción de la británica Zadie Smith con Tiempos de swing (Salamandra) y de Arundhati Roy con El ministerio de la felicidad suprema (Anagrama). Esta última publica su segunda novela en 20 años. La anterior fue El dios de las pequeñas cosas. ¿Se acuerdan? La leyó hasta el presidente del Gobierno.

4. La gran novela sobre Barcelona

Aunque Sergi Pàmies dinamitó toda pretensión titulando así —La gran novela sobre Barcelona— uno de sus libros de cuentos, en octubre, días después del referéndum independentista, llegará a las librerías otra aspirante al título: Taxi, de Carlos Zanón. Con los Clash como banda sonora, asistimos a la odisea semanal de un taxista que —insomne, melancólico y mujeriego— se mete en líos por ayudar a una compañera de oficio. Ella, disculpándose por quedar en el Port Olímpic: “No sé dónde se escucha la música que a ti te gusta”. Él: “En mi coche”. La actualidad se mueve tan rápido que no sería extraño que la edición digital se titulase Uber. Por lo pronto, en este taxi caben, como telón de fondo, la CUP, Millet, los hijos de Pujol, el turismo masivo y hasta un chaval marroquí que cambia el rap por la yihad. También las cenizas de una abuela y un pirado empeñado en resucitar a los muertos. “¿Has tenido una buena vida cuando toda la gente que va a tu entierro cabe en un taxi?”. El siguiente trabajo de Zanón será resucitar al Carvalho de Vázquez Montalbán.

5. La gran novela sobre el secreto

En tiempos de transparencia total, es posible que solo se pueda escribir sobre los secretos con una máquina eléctrica. Es lo que hace Javier Marías, que en Berta Isla (Alfaguara) retoma, con el MI6 británico de fondo, el principal motor de su narrativa: lo que sabemos y lo que creemos saber. Su propio autor la describe como “una novela de espías, pero sin espías”. La misma editorial publicará otra novela de espías pero con espías: Eva, de Arturo Pérez-Reverte, segunda entrega de la serie Falcó, ambientada en la Guerra Civil. A esa “guerra interminable” dedica Almudena Grandes el cuarto de sus episodios nacionales: Los pacientes del doctor García (Tusquets). Nazis y, por supuesto, espías, entre Madrid y Buenos Aires.

6. La gran novela del premio gordo

Lo de “eterno finalista” del Nobel es otro de los clásicos en las solapas de otoño. Este octubre puede ganarlo otra vez una polaca o un cantante de folk. Por si lo consigue alguien cuyo nombre sepamos pronunciar, ahí están las novedades de Adonis, Joyce Carol Oates, Margaret Atwood, Cynthia Ozick y Edna O’Brien. Esta última es la escritora favorita de Philip Roth, el eterno finalista por antonomasia. El día que se falle no faltará quien diga que los suecos nunca se atreven a premiar a un escritor popular de verdad. Como consuelo, Ken Follett, Dan Brown y John Grisham estrenan novela grande. También tendrá libro nuevo el único que los pondría de acuerdo a todos: Stephen King.

7. ¿Y si la gran novela fuera un poemario?

Por si acaso, el otoño trae libro nuevo de otro “eterno candidato” al Nobel, Adam Zagajewski –Asimetrías (Acantilado)– y la Poesía completa (1.500 páginas en Lumen) de Vicente Aleixandre, que lo ganó en 1977. Mientras, Visor publicará A puerta cerrada, de Luis García Montero, y la versión en castellano –la catalana la edita Proa– del 20° libro de uno de los grandes cantores de la Barcelona contemporánea: Joan Margarit. Puede que el título, –Un invierno fascinante–, sea premonitorio.

El tenor del pueblo

El tenor del pueblo

Diez años después de su muerte, crece el mito de Pavarotti y se demuestra que ha sido excepcional, insustituible y también indolente

RUBÉN AMÓN

El País

La cercanía de Juan Diego Flórez a Pavarotti en sus últimos días trasladaba los síntomas de un proceso sucesorio. Eran amigos. Tenían una “dacha” en la misma ciudad, Pésaro. Y pertenecían a la familia de los tenores líricos, pero la perspectiva de los diez años transcurridos desde la muerte del Big Luciano demuestra que el trono sigue vacante. No por demérito de Flórez, demasiado aséptico para remplazarlo, incluso frustrado en el repertorio grande que cultivaba el maestro, sino porque Pavarotti es insustituible. No tuvo delfines, como tampoco hay antecedentes de su linaje.

Decía Pavarotti (1935-2007) que su padre, Fernando, cantaba muy bien, es verdad, pero no se dedicó a la música profesionalmente. Como estuvo a punto de sucederle a Pavarotti, pues cerca estuvo Luciano de dedicarse a la correduría de seguros. Se hubiera malogrado una de las mejores y mayores expresiones solares del canto. Pavarotti cantaba con la naturalidad de quien da los buenos días, pero sobre todo iluminaba el escenario con la prerrogativa de su timbre solar y su calidez mediterránea.

Puede que el milagro tuviera que ver con la leche de su nodriza. Pavarotti fue niño de la guerra. Y adquirió su primera revelación del ritmo con el traqueteo de las metralletas, pero le confortó el regazo del gineceo donde creció. Su madre, sus tías. Y esa nodriza cuya leche igualmente había templado las cuerdas vocales de Mirella Freni.

No es una leyenda. El tenor y la soprano nacieron en Módena. Se amamantaron de la misma manera. Y volvieron a coincidir en los grandes teatros y en los estudios de grabación. Juntos subieron a la cima de “La Bohème”, una versión memorable que concibió Karajan y que proyectó a Pavarotti como símbolo comercial de Decca,

Es la razón por la que la compañía discográfica ha convertido el décimo aniversario de la muerte de Pavarotti en el pretexto de un cofre recopilatorio cuyo título, “El tenor del pueblo”, tanto reconoce el origen popular de Pavarotti como su extrema popularidad. Antes de “los tres tenores” (1990). Y después de “los tres tenores”.

El triunvirato que ungió la reconciliación de Luciano con Domingo -rivales irreconciliables hasta entonces- en el regreso a la vida de Carreras exploró hasta límites desconocidos el fenómeno de la ópera de masas, pero ya era Pavarotti un icono de la cultura occidental, un ídolo pop, un tipo carismático, simpático cuyo pañuelo blanco dio la bienvenida a los aficionados que nunca hubieran frecuentado un teatro de ópera.

La dimensión misionera le condujo a codearse con las estrellas del rock. Y a cantar junto a ellas, pero la dimensión comercial de Pavarotti no degradó nunca la coherencia de su carrera operística. Un tenor lírico puro, purísimo, que fue evolucionando hacia un repertorio más exigente -“Trovador”, “Payasos”, “Turandot”- y que cruzó su último límite aviniéndose a cantar -solo en versión de concierto y en estudio- el papel de Otello.

Pude que no haya habido un Nemorino (“Elixir de amor”, Donizetti), mejor que él, ni un Cavaradossi (“Tosca”, Puccini) tan superdotado, ni un intérprete tan sensible del claroscuro verdiano, pero toda hagiografía que pueda hacerse de Pavarotti requiere al mismo tiempo un reproche a su falta de ambición, a su conformismo, a su indolencia.

Ni quiso aprender una palabra de alemán, frecuentó poquísimo a Mozart (“Idomeneo”) y nunca se avino a manifestarse en un repertorio tan idóneo, tan propicio, como lo hubiera sido el romanticismo francés: Werther, Romeo, Nadir, Hoffmann. Siendo enorme, Pavarotti podía haber sido aún mayor. Más en serio que en broma, decía que su papel preferido era el cantante italiano de “El caballero de la rosa”: una arietta, un caché completo, tiempo para irse a cenar y regresar a tiempo de llevarse las ovaciones.

Panerai, artesanos del tiempo

Panerai, artesanos del tiempo

Kino Verdú

Detalle de un mecanismo Panerai de alta relojería.

La firma relojera Officine Panerai tiene alma florentina y más de un siglo y medio de historia. Viajamos hasta su cuartel general para conocer la nueva revolución tecnológica de la casa.

SOY UN MEZCLA de raíces”, comenta orgulloso Frédéric Dreyer-Gonzales. Su madre es polaca. Su padre, español. Nació en Francia hace 36 años y vive en Suiza desde 2004. La esencia de casi toda Europa concentrada en la sangre de un tipo cuyo currículo es imbatible. Pero mejor que lo cuente él mismo: “Las ciencias para mí son como un recreo de juegos infantiles. Me enamoré de la física cuando tenía 14 años y comprendí que las matemáticas constituyen una herramienta para entender la física y no son tan aburridas. La combinación de matemáticas, química y física me dio las cartas para tener éxito en la vida profesional”.

Aquello fue solo el comienzo de una senda intelectual que derivó hacia la relojería de alta gama. “Para ampliar mi experiencia en ciencias, cursé un doctorado que me permitió adquirir sólidos conocimientos en terrenos de biomecánica, microtecnología, química y ciencia de los materiales en su naturaleza global (comportamiento mecánico, durabilidad e impactos ambientales). Al final de mi doctorado conseguí dos trabajos, uno en una empresa de ­aeronáutica y el otro en la firma de relojería Swatch Group, donde ejercí cuatro años como gerente de proyectos de innovación”.

En la nueva planta de Neuchâtel, unos 260 empleados fabrican los componentes de los relojes.

Semejante perfil no pasó inadvertido para el jefe de Panerai, Angelo Bonati. Este personaje esencial de la relojería moderna fichó a Dreyer-Gonzales como director del departamento de investigación y desarrollo de la marca italiana. El objetivo: dar un empuje tecnológico a una manufactura anclada (nunca mejor dicho) en ejemplares de corte clásico (aunque reconocibles en cualquier muñeca).

El origen de la casa está en Florencia, donde Giovanni Panerai abrió, en 1860, un taller de relojería. Su momento de gloria llegó en 1936, cuando el Cuerpo Submarino de la Armada Real Italiana, debido a la alta precisión de los instrumentos marinos que fabricaba, le encargó un lote de relojes sumergibles fiables y resistentes. Ahí nació el modelo Radiomir, que llevaba radio en los índices y agujas que brillaban en la oscuridad. La casa fue creciendo y creciendo, hasta que apareció Luminor: un prototipo con puente protector de la corona que parece el gatillo de una granada de mano y que marcó un hito hasta nuestro tiempo.

Prueba técnica de un modelo de Panerai.

Durante el último Salón de Alta Relojería de Ginebra, Frédéric Dreyer-Gonzales presentó dos ejemplares que rompen los cánones Panerai y suponen un avance de última generación que nadie en el sector esperaba. “El BMG-Tech contiene una nueva aleación sin estructuras cristalinas”, dice Dreyer-Gonzales. “Es resistente a la corrosión, amagnético y posee una gran elasticidad”. El otro nuevo icono, LAB-ID, “está hecho de nanotubos de carbono que le confieren una gran propiedad: no necesita lubricante en unos 50 años”. Al calor de estas dos innovaciones, la firma presenta en septiembre (y en estas páginas puede verse un adelanto) el Radiomir 1940: la otra cara de la ­moneda del espíritu Panerai, una delicada y sensible vuelta al pasado, recuperando modelos escondidos en los baúles de la empresa, que hoy cuenta con unas nuevas instalaciones de más de 10.000 metros cuadrados en Neuchâtel (Suiza). “El objetivo es respetar nuestras raíces y llevarlas al presente, construir un puente sólido entre el pasado y el futuro: utilizamos el pasado para añadirle las nuevas tecnologías”, dice Dreyer-Gonzales. Su impulso le ha llevado a convertirse en mano derecha de Angelo Bonati, presidente e impulsor de Panerai, ferviente defensor de la herencia y la tradición sin perder la vista lo que está por venir. “Tenemos nuestro camino y lo seguimos”, apostilla Bonati. Alma italiana, esencia suiza. “Re­inventamos nuestra colección de creaciones a partir de modelos de antaño, ofreciendo siempre algo nuevo y valioso, pero sin perder la esencia y el alma de Panerai. Eso sí, siempre aumentando calidad y rendimiento, renovando la oferta en términos de funciones, movimientos y nuevos materiales”.

El Stress

El Stress

El País

HOLLY BLAKE

Todos experimentamos estrés de vez en cuando. Es algo que forma parte de los altibajos emocionales de la vida. Las fuentes del estrés son muchas. Puede tener su origen en nuestro entorno, en nuestro cuerpo, o en nuestros propios pensamientos y en cómo vemos el mundo que nos rodea. Sentirse estresado en momentos de presión, como la época de exámenes, es de lo más natural, pero estamos diseñados psicológicamente para lidiar con ello y reaccionar.

Cuando nos sentimos sometidos a presión, nuestro sistema nervioso manda instrucciones al cuerpo para que libere hormonas del estrés, como adrenalina y cortisol, que producen cambios fisiológicos con el fin de ayudarnos a hacer frente a la amenaza o al peligro que vemos cernerse sobre nosotros. Es lo que se llama “respuesta de estrés” o reacción “de lucha o huida”.

En realidad, el estrés puede ser positivo, ya que la respuesta a él nos ayuda a estar alerta, motivados y centrados en la tarea que nos ocupa. Normalmente, cuando el estrés se atenúa, el cuerpo recupera el equilibrio y volvemos a sentirnos tranquilos otra vez. Pero cuando experimentamos estrés demasiado a menudo o durante demasiado tiempo, o cuando los sentimientos negativos son superiores a nuestra capacidad de salir adelante, aparecen los problemas. La activación continua del sistema nervioso ?al experimentar la “respuesta de estrés”? provoca el desgaste del organismo.

Cuando estamos estresados, el sistema respiratorio sufre el efecto inmediatamente. Nos suele costar más respirar y lo hacemos más deprisa en un intento de llevar rápidamente sangre rica en oxígeno al cuerpo. Aunque a la mayoría de nosotros esto no nos supone ningún problema, sí puede serlo para las personas con asma, que pueden tener sensación de falta de aliento y esforzarse por aspirar suficiente oxígeno. También puede provocar que la respiración se acelere y sea superficial, de manera que el aire aspirado sea mínimo, lo cual puede desembocar en una hiperventilación. La probabilidad de que esto ocurra es mayor si la persona es propensa a la ansiedad y los ataques de pánico.

El estrés causa estragos en el sistema inmunitario. El cortisol liberado en el organismo inhibe tanto este sistema como las vías inflamatorias, así que nos volvemos más vulnerables a las infecciones y a las inflamaciones crónicas. Nuestra capacidad de defendernos de la enfermedad se reduce.

El sistema inmunitario, músculoesquelético y endocrino sufren los efectos del estrés

El sistema músculoesquelético también sufre los efectos. Los músculos se tensan, lo cual es la manera natural que tiene nuestro cuerpo de protegernos de las heridas y el dolor. La tensión muscular repetida puede provocar molestias y dolores en el cuerpo, y cuando esto ocurre en los hombros, el cuello y la cabeza, puede resultar en cefaleas y migrañas por tensión.

También se producen efectos cardiovasculares. Cuando el estrés es agudo (en ese preciso momento), la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea suben, pero vuelven a la normalidad una vez este ha pasado. Si se experimenta estrés agudo repetidamente o si el estrés se convierte en crónico (si se prolonga durante un periodo largo de tiempo), puede provocar daños en las venas y las arterias. Esto incrementa el riesgo de sufrir hipertensión, ataques al corazón o infartos.

El sistema endocrino sufre igualmente. Este sistema desempeña un importante papel en la regulación del estado de ánimo, el crecimiento y el desarrollo, la función de los tejidos, el metabolismo y los procesos reproductivos. El metabolismo resulta afectado. El hipotálamo está situado en el cerebro y cumple una función clave en la conexión del sistema endocrino con el sistema nervioso. Las señales de estrés procedentes del hipotálamo disparan la liberación de las hormonas del estrés cortisol y epinefrina, y el hígado produce azúcar sanguíneo (glucosa) para abastecernos de energía que nos permita enfrentarnos a la situación estresante. La mayoría de la gente reabsorbe la glucosa suplementaria cuando el estrés disminuye, pero para algunas personas esto supone un mayor riesgo de sufrir diabetes.

Podemos tener problemas con el sistema reproductivo

El estrés puede tener desagradables efectos gastrointestinales. Podemos sufrir ardor de estómago y reflujo ácido, especialmente si hemos cambiado los hábitos alimentarios para comer más o menos, o hemos aumentado el consumo de alimentos grasos o dulces. La capacidad del intestino de absorber los nutrientes de lo que comemos se puede reducir, y podemos padecer dolor de estómago, hinchazón y náuseas, diarrea o estreñimiento.

Asimismo, podemos tener problemas con el sistema reproductivo. En el caso de los hombres, el estrés crónico puede afectar a la producción de testosterona y esperma. Incluso puede provocar disfunción eréctil o impotencia. Las mujeres pueden sufrir cambios en el ciclo menstrual y más síntomas premenstruales.

El estrés y la mente

El estrés puede tener un notable efecto en el bienestar emocional. En la vida diaria es normal experimentar altibajos emocionales, pero cuando estamos estresados puede que nos sintamos más cansados, tengamos cambios de humor o nos sintamos más irritables de lo normal. El estrés provoca hiperexcitación, lo cual supone que podemos tener dificultades para dormir o para quedarnos dormidos, y tal vez que pasemos la noche en vela. Esto es perjudicial para la concentración, la atención, el aprendizaje y la memoria, todo lo cual es especialmente importante en época de exámenes. Los investigadores han relacionado la falta de sueño con los problemas crónicos de salud, la depresión e incluso la obesidad.

La manera en que nos enfrentamos al estrés tiene otro efecto indirecto en nuestra salud. Cuando está sometida a presión, la gente puede adoptar hábitos perjudiciales, como fumar, beber demasiado alcohol o tomar drogas para aliviar el estrés. Pero estos comportamientos son maneras inadecuadas de adaptarse y solo traen más problemas de salud y más riesgos para la seguridad y el bienestar personal.

Así que aprenda a manejar su estrés antes de que este lo maneje a usted. No hay más que mantenerlo bajo control. Tener algo de estrés en la vida es normal, y una pequeña dosis puede ayudarnos a estar alerta, motivados, centrados, llenos de energía e incluso entusiasmados. Tome medidas positivas para canalizar eficazmente esa energía y rendirá más, logrará más cosas y se sentirá bien.

Holly Blake es profesora asociada de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Nottingham.

Cláusula de divulgación:

Holly Blake no trabaja para ninguna empresa u organización que pueda beneficiarse de este artículo, no las asesora, no posee acciones en ellas ni recibe financiación. Tampoco declara otras vinculaciones relevantes aparte del cargo académico mencionado.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation.

Traducción de News Clips.

Adiós a Ultiminio Ramos, una leyenda boxística

Adiós a Ultiminio Ramos, una leyenda boxística

POR LA REDACCIÓN ,

CIUDAD DE MÉXICO

Apro

El medio boxístico perdió a una de sus celebridades: Ultiminio Ramos, quien nació en Matanzas, Cuba, el 2 de diciembre de 1941.

El pugilista cubano, que más tarde se nacionalizó mexicano, se estrenó en el boxeo aficionado a los 14 años y, más tarde, en octubre de 1957, debutó en el boxeo profesional para, tres años después, proclamarse campeón nacional en la división Pluma de la isla caribeña.

Luego del triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, Ultiminio Ramos abandonó el país con destino a la Ciudad de México, donde forjaría su leyenda.

Junto a él también emprendieron la travesía los peleadores José Ángel Mantequilla Nápoles y Juan Manuel Rodríguez, quien decidió continuar su carrera en España; el manager Refugio Cuco Conde, así como el entrenador Alfredo Kid Rapidez Chávez.

En los años triunfales de su carrera, Ultiminio Ramos vivió el drama de cerca: sus puños causaron el deceso en pleno ring de José El Tigre Blanco en La Habana, en 1958.

“Tenía 15 años, era un chamaco y donde quiera me parecía que veía al Tigre. Desde ese día empecé a dormir con alguien y hasta la fecha no puedo acostarme solo. Eso me pasó hace mucho tiempo, pero como me decía mi papá: ‘Todo va pasando, tú no tienes culpa, si en vez de él hubieras sido tú… así es el deporte’. No es como que tú agarres a uno y le des un tiro. Además, pienso en aquel dicho. Antes que yo, que sea él”, refirió Ultiminio al periódico La Jornada en noviembre de 2008.

Cinco años después, en septiembre de 1963, Sugar Ramos conquistó el título mundial pluma del Consejo Mundial de Boxeo ante el afroestadunidense Davey Moore, en el estadio de beisbol Chávez Ravine de Los Ángeles, California.

Cosa del destino, un golpe duro y certero de Ramos envió a la lona a Moore. Ya no se levantó más…

José Luis Espetia, especialista del boxeo y extitular de la Comisión de Box y Lucha Libre Profesionales del Estado de México, recuerda: “Es algo que no ha pasado nunca, que dos pugilistas se le murieran al oponente en el cuadrilátero”.

Espetia refiere que Ultiminio “tiraba bombazos”, y rememora que, al igual que la mayoría de los cubanos de aquellos tiempos, solía hospedarse en el hotel Virreyes, en Salto del Agua.

“Fue toda una época… Ultiminio y su bonhomía: los estudiantes de aquella época podíamos encontrarlo y te daba para que comieras una buena torta o un consomé con alas en Caldos de Pollo Zenón”.

Ultiminio Ramos cerró su ciclo en el boxeo profesional con marca de 55 peleas ganadas (40 de ellas por nocaut), ocho derrotas y tres empates.

Los restos del excampeón del mundo de peso pluma y miembro del Salón Internacional de la Fama del Boxeo, Ultiminio Ramos –quien falleció ayer domingo a los 75 años– son velados en la Ciudad de México.