Pulque bendito, dulce tormento, qué haces afuera ¡vente pa’ dentro!

Pulque bendito, dulce tormento, qué haces afuera ¡vente pa’ dentro!

Ángeles González Gamio

La Jornada

Ya hemos hablado de la revista Crisol mágico del sur, que editan algunos de los cronistas de Milpa Alta. La excelente publicación nos acerca a la rica herencia cultural de esa demarcación, así como de Tláhuac y Xochimilco.

El número 20 abordó el tema del pulque y de las pulquerías en la Ciudad de México. Con una presentación de Marco Buenrostro, conjunta textos de diversos autores que abordan el tema desde diversos ángulos. El historiador Patrick Johansson, director del seminario de literatura náhuatl de la Universidad Nacional Autónoma de México, habla del sagrado néctar en la poesía y los cantos.

Francisco Rivas Castro, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ofrece una investigación sobre las pulquerías de los siglos XVI al XVIII en la Ciudad de México. Por su parte, Javier Gómez Marín, Francisco Rivas y Édgar Anaya se dan a la tarea de construir un panorama en torno al maguey y sus diversas manifestaciones culturales en la capital. Un interesante artículo sobre los tlachiqueros y cueros pulqueros de Milpa Alta, es de la autoría del cronista Luis Gutiérrez entusiasta director de la revista.

Se recuerda la importancia del noble néctar entre los siglos XVII al XIX cuando varias familias lograron amasar grandes fortunas gracias al pulque. Se bebía entre el pueblo y en las casas de postín, donde se servía en jarras de plata y cristal cortado.

Asimismo, menciona la leyenda negra del pulque que demeritó el valor de la bebida y sus cualidades culturales.

La bebida es considerada nutritiva cuando se toma con moderación; también se obtiene el gusano blanco y los chinicuiles, y su penca es usada para preparar alimentos como los mixiotes y la barbacoa.

La domesticación del maguey se pierde en los siglos. Las investigaciones recientes la ubican en la región de Chalco. Los usos diferían según los grupos étnicos. Unos lo utilizaban únicamente como fibra, con la cual tejían costales, hamacas, sillas y ropa, llegando a realizar prendas muy finas.

La elaboración de licor es contemporánea a la caída de Tula, alrededor del año 1057 dC. En México-Tenochtitlan la bebida ya fermentada, que recibía el nombre de octli, no era de uso libre ni siquiera para los gobernantes, sacerdotes y nobles, quienes sólo podían consumirlo en ciertas fiestas y rituales.

Tras la conquista su uso se liberalizó y se volvió la bebida por excelencia del pueblo que, junto con las tortillas de maíz, los frijoles, el tomate, los nopales y el chile, durante siglos formó parte de la dieta básica del mexicano.

Con la aparición de los ferrocarriles, en el último tercio del siglo XIX, su consumo se extendió a lugares distantes; 40 por ciento de la carga ferroviaria diaria que llegaba a la Ciudad de México era pulque. Como se bebía a todas horas, las más de mil pulquerías permanecían abiertas las 24 horas.

Por fortuna continua su cultivo y su consumo, aunque cada día era más reducido, lo que llevó a muchas pulquerías a su desaparición. Sin embargo, en los últimos años ha sucedido un fenómeno muy interesante, los jóvenes están descubriendo el encanto del pulque. Ahora establecimientos que estaban a punto de desaparecer han tenido un renacimiento y están llenas de muchachos, que piden jarras con los diferentes curados y saborean la botana del día.

También han surgido nuevas que los tradicionalistas llaman neopulquerías, con decoración más actual, se difunden en las redes sociales y suelen realizar actividades culturales. Se ubican en zonas de mejor nivel económico y los precios son más altos.

Una de las tradicionales que se ha actualizado es Las Duelistas, ubicada en la calle Aranda 28, en el Centro Histórico. Su actual dueño, Arturo Garrido, la ha renovado. La decoró con coloridas pinturas de inspiración azteca, cuida personalmente la calidad de sus néctares y la limpieza del lugar. La música es al gusto de los jóvenes que la ocupan en su totalidad. Piden un tarro, vaso, cubeta, campechana o litro. Hay pulque natural o sabrosos curados, que van cambiando de sabor según las frutas de temporada.

gonzalezgamio@gmail.com

Colón se libró de la temporada de huracanes por pararse a arreglar la Pinta

Colón se libró de la temporada de huracanes por pararse a arreglar la Pinta

Cada año se desarrollan entre ocho y 10 huracanes o tormentas tropicales durante las semanas en las que viajó Colón

El País

BENITO FUENTES

Viernes, 3 de agosto de 1492. En el mar del Caribe un huracán ruge furioso mientras, al otro lado del Atlántico, Cristóbal Colón acaba de comenzar uno de los viajes más importantes para la historia de la humanidad y se dirige directo a la boca del lobo.

Estas líneas que acabamos de leer son noveladas, pero quizás pudieron ser verdad. Cuando Colón emprendió su viaje lo hizo, sin saberlo, en plena temporada de huracanes. De haberse cruzado con alguno de ellos su expedición habría tenido un final trágico y jamás se hubiera sabido nada más de él. La historia se habría escrito de otra manera.

Afortunadamente, sabemos que volvió para contarlo. ¿Hasta qué punto su descubrimiento fue fruto de la suerte?

Número de huracanes y tormentas tropicales observadas en el Caribe y el Atlántico Norte a lo largo de 100 años. El pico se alcanza a principios de septiembre. Fuente: NOAA

La temporada de huracanes en el Atlántico Norte y el Caribe comienza oficialmente el 1 de junio y finaliza el 30 de noviembre. Por término medio cada año se desarrollan entre ocho y 10 huracanes o tormentas tropicales (estas últimas son borrascas muy potentes que no alcanzan la categoría de huracán) siendo el punto álgido desde mediados de agosto hasta mediados de octubre, periodo que coincide con el viaje de Colón.

Cualquier embarcación de la época no resistiría el envite de un huracán y sufrir un fenómeno de estas características supondría la muerte o, en el mejor de los casos, un naufragio en una isla caribeña en la que quedaría atrapado para siempre sin posibilidad de volver a Europa para contar su descubrimiento.

En aquella época ya se sabía que a la altura de Canarias los vientos soplan del este de modo que había que pasar por allí si querían hacia el oeste. La expedición no comenzó con buen pie porque tres días después de salir de Palos de la Frontera el mástil de la Pinta se quebró y, para desesperación del almirante, hubo que prolongar casi un mes la estancia prevista en las islas por culpa de las reparaciones.

Un viaje tan tranquilo que Colón falseó su diario

El 6 de septiembre iniciaron desde La Gomera un trayecto que no sólo estaba llamado a hacer historia sino también a batir el récord de la época de permanencia en alta mar. Lo primero que sorprende al examinar el diario de Colón es lo tranquilo que resultó el viaje en términos meteorológicos: de los 37 días que emplearon en cruzar el Atlántico solamente llovió en dos de ellos. Las primeras jornadas navegan tan rápido que casi a diario apunta menos leguas de las que realmente recorren para que la tripulación no se asuste y piense estar más cerca de las costas europeas.

Estas anotaciones diarias son un indicativo indirecto del tiempo atmosférico que acompañó a Colón. Si asumimos que a mayor intensidad del viento mayor es el desplazamiento, podemos intuir que la flota fue bordeando el anticiclón de las Azores por su lado meridional.

En su continuo desplazamiento hacia el oeste se fue adentrando poco a poco en el corazón del anticiclón y su navegación se volvió mucho más lenta por la ausencia de viento. A finales de septiembre entró de lleno en la “latitud de los caballos”, una zona de calmas casi perpetuas que los marineros de siglos posteriores trataron de evitar a toda costa. El día 23 encontró mucha mar de fondo con vientos casi nulos, señal de que un sistema de bajas presiones con fuertes vientos asociados se encontraba no lejos de allí. ¿Quizás un huracán o tormenta tropical? Con la llegada de octubre consiguieron abandonar el anticiclón, el viento volvió a soplar con fuerza y aceleraron su marcha hasta avistar tierra la madrugada del 11 al 12.

Las semanas posteriores al descubrimiento de América también se caracterizaron por un tiempo apacible “con aires suaves y dulces como los de mayo en Andalucía”. Los exploradores saltaron de Bahamas a Cuba el 27 de octubre y de ahí a la isla de la Española a finales de noviembre.

Examinando la distancia diaria recorrida podemos estimar la velocidad del viento y, por tanto, esbozar de forma aproximada un mapa de presión reducida a nivel del mar. A la izquierda, leguas diarias recorridas. A la derecha, recreación del posible mapa que dominó aquellos días. Las flechas indican la dirección predominante del viento, la línea negra la trayectoria de Colón y los puntos la localización cada dos días. Elaboración propia: @metbeni

¿Fue normal que no se encontrara con una tormenta?

En todas aquellas jornadas el tiempo acompañó y hubo pocos días con aguaceros. Durante los 133 días que duró su exploración, Cristóbal Colón disfrutó de un tiempo que cualquier turista actual firmaría con los ojos cerrados. ¿Resultó excepcional o, al contrario, fue algo menos raro de lo que podríamos pensar?

Para desgracia de los meteorólogos no disponemos de más datos directos con los que evaluar la temporada de huracanes de 1492. Todavía quedaba rato para el desarrollo de los satélites meteorológicos.

¿Entonces cómo podemos calcular si Colón tuvo suerte o no? Con ayuda de métodos indirectos que nos permiten evaluar de forma aproximada el clima que dominaba en tiempos pasados y saber si determinada época era más favorable o menos para la formación de huracanes. La mayoría de estos métodos arrojan resultados que señalan que el número de huracanes atlánticos de finales del siglo XV fue similar al registrado en el periodo 1851-1950 (entre otros, un artículo de Michael Mann y Jonathan Woodruff publicado en la revista Nature en 2009).

Para regocijo de los meteorólogos sí disponemos de datos de ese periodo; por tanto, estudiando los huracanes de esos 100 años podemos realizar una estadística que nos permita estimar la temporada de huracanes del 92. ¡Ojo! Los valores que se muestran a continuación no pueden ser tomados como algo absoluto ya que existen muchas incertidumbres que son difíciles de evaluar: la posición exacta de Colón, la dimensión del huracán, la extrapolación de un periodo a otro, etc. Por eso han de tomarse como una aproximación y no como una reproducción fidedigna de la realidad de aquel 1492.

Número de huracanes en 100 años que se internan en la ruta de Colón. Elaboración propia: @metbeni

De los 822 huracanes y tormentas tropicales registrados en ese periodo, 383 atraviesan en algún momento de su ciclo de vida uno o varios puntos de la ruta de Colón entre el 6 de septiembre y el 4 de enero. Comprobamos inmediatamente que el número crece conforme nos trasladamos hacia el oeste y no nos sorprende porque ya sabemos que en el Caribe hay huracanes y en las proximidades de Canarias son casi inexistentes. En algunas zonas se registra más de un huracán por año.

Sin embargo, estos números no nos proporcionan mucha información porque se requiere que el huracán pase por el punto en la misma fecha en la que lo hizo Colón. De esta manera ambos coincidirían y la flota naufragaría. La probabilidad de que esto suceda es más pequeña de lo que parece ya que ambos sistemas (huracán y flota) se están moviendo en un área muy extensa durante muchos días y es difícil que se crucen. La probabilidad en los puntos de alta mar es inferior al 5% y la probabilidad conjunta en todo el viaje apenas supera el 20%. Podemos concluir que Colón tenía más probabilidades de sobrevivir que de naufragar (4 a 1).

Pero después del 12 de octubre la situación es diferente porque la flota apenas se desplaza y cualquier huracán o tormenta tropical que se mueva hacia las islas acabará alcanzando a los exploradores tarde o temprano. Por otro lado, la temporada de huracanes ya está llegando a su fin pero aun así la probabilidad de ser engullido por uno de estos monstruos es superior al 40%. Cuando combinamos el viaje y la estancia en las islas obtenemos una probabilidad final en torno al 55%. ¿Tuvo suerte Colón? A tenor de los datos, lo único que podemos concluir es que tenía más probabilidades de naufragar que de sobrevivir aunque ambas son similares (casi 1 a 1).

Probabilidad que tenía Colón de toparse con un huracán. Elaboración propia: @metbeni

Volvamos atrás un momento. Quizás Colón sí tuvo un golpe de suerte, sobre todo el mástil de la Pinta que fue el que se lo llevó. De no haberse producido el retraso en su reparación la llegada al nuevo mundo se hubiera adelantado tres semanas en pleno apogeo de la temporada de huracanes (sobre el 21 de septiembre). Potencialmente también habrían podido llegar más sistemas a las islas. Si rehacemos los cálculos obtenemos un resultado similar para el viaje pero algo más para las islas. Ahora la probabilidad final supera el 65% y las posibilidades de naufragio son el doble que las de sobrevivir (2 a 1). Quizás ese palo cambió la historia por completo. Nunca lo sabremos.

Pero el tiempo no había dicho su última palabra y durante su viaje de regreso quiso cobrarse venganza. A pocos días de su llegada, el 12 de febrero, se vieron sorprendidos por una terrible tempestad que duró tres jornadas. Probablemente se trató de una borrasca profunda y fue tan poderosa que separó para siempre a la Pinta y la Niña: la primera acabaría en Galicia y la segunda en Lisboa (la Santa María había encallado en el Caribe semanas atrás).

Cuando pensaban que su última hora había llegado el tiempo calmó y, justo al día siguiente y sin apenas provisiones, Colón divisó las Azores. Como si de un final de película se tratara.

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De premios, literatos y “escribidores”

De premios, literatos y escribidores

Javier Aranda Luna

La Jornada

No dejan de sorprenderme las reacciones que provocan los premios literarios. El Nobel de Literatura ha decepcionado a muchos en sus tres últimas entregas.

Si el otorgado a la periodista Svetlana Alexievich para algunos marcó el inicio de un cisma en las academias literarias, el otorgado a Dylan fue su confirmación.

Lo curioso es que el cisma no lo provocó alguna institución inconforme con las decisiones de la Academia Sueca, sino ésta misma al salirse de las reglas y pronósticos de especialistas y hasta de los oráculos de las casas de apuestas.

El escozor que causó el premio a Alexievich fue porque no era escritora sino periodista. Fue el mismo malestar que provocó el Premio Cervantes concedido a Elena Poniatowska.

Menuda crítica. Como si las buenas crónicas no fueran textos literarios. Basta leer a Robert Fisk, Kapuscinski, García Márquez o Vargas Llosa para comprobarlo.

Por lo demás, estoy seguro que las crónicas de Alexievich sobrevivirán a muchos cuentos y novelas canónicos.

Tal vez algunos recuerden la reacción que provocó en nuestro país el Nobel a Octavio Paz.

Un enjambre de intelectuales y columnistas –de ésos que sólo hablan de bestsellers o del libro de algún conocido cuando no tienen tema– escribieron tal cantidad de tonterías en la prensa que un joven redactor hizo un ensayo para dejar constancia de ese coro delirante.

Para unos, Televisa había inclinado la balanza en favor del poeta; para otros, sus nexos con la Casa Blanca y ¡la CIA! explicaban el galardón; otros atribuyeron el premio a La Contra… todo un tema de novela esperpéntica que sólo sabría manejar mi querido Sergio Pitol.

Pero ahora más que aquella gritería, me llama la atención que esa misma troupe de guardianes de la literatura, no alcen la voz cuando se trata de premios municipales, estatales, de una casa editorial, de una feria del libro, de cierta universidad.

No es un pecado afirmar que si hubieran sido justos la mayoría de esos certámenes, viviríamos en uno de los países con mayor generación de escritores de excelencia per cápita y entre los que cuentan con más lectores en el mundo.

Tito Monterroso, Juan José Arreola, Octavio Paz publicaban libros cada tres, cinco años. Juan Rulfo sólo publicó un libro de cuentos y una novela en toda su vida. Ahora existen autores que publican dos libros al año o por lo menos uno. ¿Sus obras durarán más que las de los mencionados?

La profesionalización de la literatura al parecer se ha convertido más en un mecanismo del mercado que en otra cosa. Y cuando la literatura se convierte en un negocio lo que menos importa es la literatura.

El más reciente Premio Nobel de Literatura otorgado a Kazuo Ishiguro no causó el malestar que provocaron Bob Dylan y Svetlana Alexievich pero tampoco provocó mayor entusiasmo, permaneció en el limbo del ninguneo.

En un mundo donde los comentarios sobre libros los hacen con frecuencia los encargados de publicidad de casas editoras y en el que una parte de los premios son engrane del marketing, el Nobel de la Academia Sueca destaca por no haberse adecuado a las necesidades del mercado.

Nos recuerda que no es lo mismo vender libros que promover la lectura; que existen literatos y escribidores como definió Juan Goytisolo.

Y qué bueno que la Academia Sueca mantenga su distancia del mercado. El premio a Dylan fue un machetazo a caballo de espadas. Cuando le otorgaron el premio a Mo Yan muchos descubrieron a Kailas, la pequeña editorial que lo publicaba; cuando lo recibió Alice Munro sus editores se dieron de topes porque días antes de ser reconocida, habían rematado sus libros como saldos.

Si la Academia Sueca sigue manteniendo su distancia del mercado mantendrá su salud. Sus aciertos y omisiones sólo serán de ella. Lamentamos que no lo recibiera Borges y agradecimos que nos descubriera a Mo Yan.

Cuando los nombres de sus premiados coincidan con los favoritos de las casas de apuestas o con las listas de las burocracias universitarias y los publicistas metidos a críticos, será un eslabón más del mercado del libro y un referente menos para la literatura.

Richard H. Thaler, premio nobel de economía

Richard H. Thaler, premio nobel de economía

CIUDAD DE MÉXICO

(apro).-

El estadunidense Richard H. Thaler, de 72 años, fue galardonado este año con el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones a la economía del comportamiento, al incorporar la psicología a la ciencias económicas.

La Real Academia Sueca de las Ciencias, señaló que las contribuciones de Richard H. Thaler, “han construido un puente entre los análisis económicos y psicológicos de la toma de decisiones individuales”.

Sus hallazgos empíricos y conocimientos teóricos, añadió la academia, han sido decisivos en la creación de la nueva y creciente área de la economía conductual, la cual ha tenido un impacto profundo en muchas de las áreas de la investigación y políticas económicas.

“Al incorporar nuevas ideas sobre la psicología humana al análisis económico, ha dotado a los economistas de una mayor riqueza de herramientas analíticas y experimentales para comprender y predecir el comportamiento humano”, subrayó.

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El comité del Nobel explicó que en el estudio tradicional de la economía se suele asumir que las personas tienen buen acceso a información, que pueden procesarla sin problemas y que llevan a la práctica sus decisiones simplemente buscando una ganancia personal.

Sin embargo, apuntó, existen muchas discrepancias entre esas teorías y lo que luego realmente ocurre.

“Thaler ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico al considerar tres rasgos que sistemáticamente influyen en las decisiones económicas: la racionalidad limitada, la percepción de justicia, y la falta de autocontrol”, subraya en una nota el jurado del denominado oficialmente como Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel.

Con este galardón, el economista obtendrá un premio dotado en nueve millones de coronas suecas (unos 944 mil euros).

Nacido en 1945 en Nueva Jersey (EE UU), Thaler da clases de economía en la Universidad de Chicago.

En esta edición del Nobel no había un claro favorito. Decenas de candidatos aspiraban al prestigioso galardón, pero finalmente fue elegido Thaler.

En sus primeras declaraciones tras conocerse el premio, Thaler bromeó al asegurar que tratará de gastar el dinero del galardón “tan irracionalmente como sea posible”. Recordó además su breve aparición en la película ‘La Gran Apuesta’ y recomendó su visionado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Tres estadunidenses ganan el Nobel de Medicina por sus trabajos sobre el reloj biológico

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LA REDACCIÓN

Proceso

APRO

Los investigadores estadunidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young se hicieron acreedores al Premio Nobel de Medicina por sus trabajos sobre el reloj biológico, que ilustra la adaptación del cuerpo a los ciclos del día y la noche, así como los trastornos del sueño.

De acuerdo con la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo, los expertos fueron recompensados por “sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que regulan el ritmo circadiano”.

El término científico de “ritmo circadiano” designa una de las funciones vitales primordiales en los seres vivos multicelulares: regula el sueño, los comportamientos alimenticios, la presión arterial y la temperatura corporal.

En 194, a partir de la observación de moscas, Jeffrey C. Hall y Michael Rosbash –que ejercen juntos en la Universidad Brandeis de Boston- y Michael W. Young, de la Universidad Rockefeller de Nueva York, aislaron un gen que controla este ritmo biológico.

Hall y Rosbah demostraron luego que ese gen, si funciona correctamente, codifica una proteína que se acumula en las células durante la noche, y se degrada durante el día.

En 1994, Michael Young identificó un segundo gen del reloj biológico esencial para la regulación del ritmo circadiano.

La investigación moderna ha revelado el rol fundamental de estos mecanismos en la salud y la esperanza de vida, así como las consecuencias nefastas del trabajo nocturno a largo plazo.

Rosbash, de 73 años, nació en Missouri y obtuvo su doctorado en 1970 en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) de Cambridge (Estados Unidos).

El laureado se declaró “conmocionado” por el anuncio de que había ganado el Nobel, al ser contactado telefónicamente por la agencia sueca TT. “Me senté con mi mujer, en pijama, no había pensado en ello”, dijo.

Los Nobel “son lo máximo (…) Me hubiera gustado que mi madre estuviera viva” añadió.

Hall, de 72 años, nació en Nueva York e hizo parte de su carrera en la Universidad del Maine, en 2002. Hoy está jubilado.

Young, de 68, es originario de Miami, y enseña desde 1978 en la universidad Rockefeller.

El Premio Nobel tiene este año una dotación económica de 9 millones de coronas suecas (940 mil euros, 1.1 millón de dólares).

(Con información de AFP)

Nobel de Física premia hallazgos en ondas gravitacionales

Nobel de Física premia hallazgos en ondas gravitacionales

Afp

Estocolmo.

Los astrofísicos estadunidenses Barry Barish, Kip Thorne y Rainer Weiss ganaron el Premio Nobel de Física este martes por su contribución a la detección de las ondas gravitacionales, abriendo una nueva ventana para el conocimiento del universo, anunció el jurado del prestigiado galardón sueco.

Detectadas en 2015, un siglo después de que las predijera Albert Einstein, las ondas gravitacionales son alteraciones en el espacio-tiempo que podrían brindar valiosas informaciones sobre el origen del universo.

Su “descubrimiento sacudió el mundo”, destacó el secretario general de la Academia de Ciencias, Göran Hansson.

El jurado del Nobel premió “su contribución decisiva para el detector LIGO y la observación de ondas gravitacionales”, indicó.

“Sabíamos que las ondas gravitacionales existían” pero “por primera vez fueron observadas directamente”, declaró Olga Botner, del comité Nobel de física.

Esa primera detección directa, un momento histórico tras 40 años de esfuerzos, tuvo lugar en septiembre de 2015 y fue divulgada el 11 de febrero de 2016.

Desde entonces, el instrumento de observación creado por los científicos, el LIGO (Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory), que consta de dos detectores idénticos, uno situado en Luisiana y otro en el estado de Washington, observó el fenómeno en tres ocasiones.

En septiembre de 2017, otro detector, el europeo Virgo, situado en el Observatorio Gravitacional Europeo (EGO) en Cascina, Italia, también detectó ondas gravitacionales.

Las ondas gravitacionales suelen ser representadas como la deformación que ocurre cuando un peso reposa sobre una red. En este caso, la red representa el entramado espacio-tiempo.

Estas perturbaciones se desplazan a la velocidad de la luz y nada las detiene.

El hecho de poder detectar estas ondas que viajan sin alteración por miles de millones de años torna posible remontarse al primer milisegundo del llamado Big Bang.

Esto podría brindar valiosas informaciones sobre el origen del universo.

“Einstein estaba convencido de que nunca sería posible medirlos”, afirmó el comité Nobel.

Rainer Weiss recibirá la mitad del premio de nueve millones de coronas suecas (unos 940 mil euros, 1.1 millones de dólares), mientras que Barry Barish y Kip Thorne se reparten en parte iguales la otra mitad.

El lunes, el Premio Nobel de Medicina fue atribuido a tres genetistas especializados en el estudio del reloj biológico.

El miércoles se anuncia el Premio Nobel de Química, el jueves el de Literatura, el viernes el de la Paz y el lunes el de Economía.

Nobel de Química premia observación de moléculas en 3D

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Estocolmo. El científico suizo Jacques Dubochet, el estadunidense Joachim Frank y el británico Richard Henderson fueron galardonados este miércoles con el Nobel de Química por la criomicroscopía electrónica, un método revolucionario de observación de las moléculas, con una reconstrucción en tres dimensiones.

Gracias a sus hallazgos, “los científicos pueden ahora (…) producir estructuras tridimensionales de biomoléculas”, argumentó el jurado. Lo que significa que se pueden fotografiar con alta resolución.

La criomicroscopía permite estudiar muestras biológicas sin alterar sus propiedades, puesto que evita los colorantes o los haces de electrones desprendidos por los rayos X.

La microscopia electrónica convencional deshidrata las muestras (muchas veces constituidas por una gran cantidad de agua), de modo que las altera. También las altera el uso de colorantes o de sales empleados para mejorar la resolución de la imagen.

Hasta los años 1980, cuando Jacques Dubochet y su equipo inventaron la criomicroscopía electrónica, se congelaba la muestra para conservarla en su estado original.

La tecnología moderna permite reconstruir la muestra biológica -por ejemplo de un virus o una bacteria- en tres dimensiones. “Una imagen es una llave para la compresión”, explica la Academia.

En 1990, Henderson, actualmente de 72 años, fue el primero en producir una imagen tridimensional de resolución atómica de una proteína. Joachim Frank, de 77 años, perfeccionó la técnica y la simplificó. Jacques Dubochet, de 75 años, vitrificó el agua, lo que permite a la biomoléculas conservar su forma natural.

La tierra tropezaba con el sol: así se vivían los temblores en el México prehispánico

La tierra tropezaba con el sol: así se vivían los temblores en el México prehispánico

Desde códices y anales nahuas a las crónicas de Bernardino de Sahagún, México registra sus terremotos desde hace siglos

ANNA LAGOS

El País

México

Abajo, el glifo del terremoto. Arriba, el glifo que expresa la temporalidad. La imagen refiere un sismo del México prehispánico.

Abajo, el glifo del terremoto. Arriba, el glifo que expresa la temporalidad. La imagen refiere un sismo del México prehispánico.

En los Anales de Tlatelolco, la relación histórica más antigua en lengua náhuatl, aparece la primera descripción de un terremoto en México. En 1455: “[…] hubo también terremoto y la tierra se agrietó y las chinampas se derrumbaron; y la gente se alquilaba a otra a causa del hambre”. El autor o la autora de aquellas líneas no aporta más información. ¿Qué tan fuerte fue? ¿Murió gente? ¿Cuánta? Apenas sabemos que las chinampas se derrumbaron.

La vieja Tenochtitlán, capital del mundo azteca, se asentaba sobre chinampas, islotes de piedra, tierra y cañas. El imperio construyó su capital en mitad de una red de lagos y las chinampas fueron la solución a tanta agua. Los aztecas las usaban para cultivar y las combinaban con bancales, formando una enorme red de canales y parcelas. Parece ser que el sismo de 1455 fue tan fuerte que dejó la estructura de la ciudad patas arriba. A 560 años de aquello, las únicas chinampas que quedan, en Xochimilco, en el sur de la capital, son apenas el decorado de una ruta en barca para turistas.

 La tierra tropezaba con el sol: así se vivían los temblores en el México prehispánico

La descripción de los Anales de Tlatelolco enlaza con uno de los vídeos del terremoto del pasado 19 de septiembre. En la imagen aparece uno de los canales del lago de Xochimilco. En las chinampas, los árboles se tambalean como briznas de hierba. El agua de los canales, normalmente calma, forma olas y más olas. Un grupo de turistas grita “Oh my god” sobre las balsas, las famosas trajineras.

Resulta difícil imaginar que en 1455 se hablara inglés en Xochimilco. Y parece igualmente complicado determinar la forma y los colores de las barcas que se usaban entonces. Por lo demás, las imágenes del temblor de 1455 y las del 19 de septiembre podrían ser bastante parecidas. Solo que de entonces nos quedan apenas dos líneas y de ahora cientos y cientos de notas, reportajes periodísticos, coberturas en vivo, miles de videos y millones de tuits y publicaciones en Facebook con información a borbotones.

La antropóloga e historiadora Virginia Acosta, una estudiosa de los desastres naturales, coautora del libro Los sismos en la historia de México, nos recuerda que: “[Los prehispánicos] fueron los sismos que menos pudimos documentar porque no hay información escrita. La información que tenemos, que es muy bella pero no es muy rica, viene de los códices; también los escritos de frailes, soldados o cronistas que registraban, entre otras cosas, los temblores de la época prehispánica o la colonia temprana”.

Una de las crónicas más completas sobre la reacción de los mexicas ante los sismos es de Bernardino de Sahagún, misionero franciscano considerado el máximo investigador de todo lo que atañe a la cultura nahua: “Cuando tiembla la tierra, rociaban con agua todas sus alhajas, tomando el agua en la boca y soplándola sobre ellas, y también por los postes y umbrales de las puertas y de la casa; decían que si no hacían esto, que el temblor llevaría aquellas casas consigo; y los que no hacían esto eran reprendidos por los otros; y luego que comenzaba a temblar la tierra comenzaban a dar gritos; dándose con las manos en las bocas, para que todos advirtiesen que temblaba la tierra. Luego tomaban a sus niños con ambas manos, por las sienes, y los levantaban en alto; decían que si no hacían aquello que no crecerían y que los llevaría el temblor consigo”.

Sin alertas sísmicas, pero con gritos mientras se pegaban en la boca con las manos; sin evacuaciones de grandes edificios, pero rituales que incluían agua y alhajas; sin redes sociales ni sismógrafos, pero con códices. Los antiguos habitantes de México registraban los sismos en bellos códices sobre papel amate, papel de maguey o tiras de piel. Dibujaban glifos, signos gráficos equivalentes a la escritura. En concreto usaban dos, el glifo que expresaba la temporalidad y el glifo temblor de tierra.

 El glifo temblor de tierra se forma con el glifo ollin que significa movimiento y el glifo tlalli, que significa tierra. El primero de ellos se representa con un círculo alrededor del cual aparecen cuatro aspas de colores que dan idea de movimiento. De esta manera, talli asociado a ollin, forman tlalollin, que significa movimiento de la tierra: terremoto.

Los mexicas no medían los sismos, ni sabían que su origen estaba en el movimiento de las placas tectónicas. En cambio, suponían que el sol y otros cuerpos celestes caminaban bajo la tierra conforme se hacía de día o de noche. Quizá por eso explicaban que un temblor no era más que un tropiezo terrestre, un tropiezo de la tierra con el sol, cuando el astro se escondía por el horizonte.

Gerardo Suárez, investigador del departamento de sismología del Instituto de Geofísica de la UNAM y también autor del libro Los sismos en la historia de México, cuenta: “En el siglo XV y casi al principio del XVI, casi todos son glifos: la información es cualitativa. No es como hoy en día que podemos medir la amplitud de una onda, la frecuencia y cualquier otro tipo de parámetros, simplemente dice que en tal año fue sentido de esa manera, se cayó esta iglesia… Y a eso le asignamos un valor de intensidad. Entonces, con valores de intensidad, de cómo fue sentido, podemos hacer un ejercicio de dónde ocurrieron, qué magnitud aproximada tuvieron y cómo se ubican en el contexto geológico que conocemos hoy día”.

Por ejemplo, el sismo ocurrido en 1475, en el valle de México, ofrece información sobre la intensidad. Por la descripción, los sismólogos creen que se pudo tratar de un macrosismo: “destruyó diversos edificios […] muchísimos cerros se dislocaron y aplastaron casas […] se arruinaron casi todas las casas y edificios de esta ciudad, se abrió en las unas partes la tierra y se hundieron las cumbres de algunos cerros […]“.

La doctora Virginia García dice que “los pueblos mesoamericanos en general registraban sus acontecimientos cotidianos, pero sobre todo aquellos que eran más importantes en estos códices. Es decir, no platicaban todo. No era un diario para estar escribiendo todo, sino que escribían y relataban sobre lo más importante. Sobre todo en los anales utilizaban escritura pictográfica, ahí es donde escribían estos relatos que nos iban contando”.

Al registrar los temblores, los pueblos prehispánicos creían que tenían una relación directa con heladas, nevadas, actividad volcánica “humo de piedras que se eleva el cielo”, o bien eclipses y cometas; también con eventos políticos, guerras, muertes, ascenso o caída de gobernantes, esos hechos los registraban en los códices, lo que ayuda a los sismólogos a situarlo en el tiempo. El interés de los pueblos indígenas por dejar constancia de los sismos está íntimamente relacionado con sus concepciones cosmogónicas: cíclicas y apocalípticas.

Muestra de ello, lo descrito en Los Anales de Cuauhtitlán, donde se narraque, desde el origen del universo, la humanidad había pasado por eras. Los representantes de cada era habían sido soles creados por dioses y cada sol había caído en la desgracia. El fin de última era o el quinto sol ocurriría a causa de terremotos que destruirán el mundo, de ahí que se le haya llamado sol de movimientos. “Que esos movimientos tiene que haberlos lo mismo que los terremotos y los desvanecimientos, y que por ellos tendremos que ser destruidos”. De esta concepción se deriva la preocupación de gran parte de los habitantes del México prehispánico por registrar los sismos y asociarlos con otros presagios.

Pero el mundo prehispánico cambió mucho tras la llegada de los españoles. En la colonia temprana, la religión ya estaba muy presente en vida la cotidiana de las comunidades, y las reacciones de los habitantes de la Nueva España pasaron de gritos y escupitajos a arrodillamientos y rezos: “Entonces había que calmar la ira divina de alguna manera y una de las maneras era organizando rezos, procesiones, misas, las famosas rogativas. La religión estaba tan presente en el cotidiano de la vida de toda esta gente que, por ejemplo, antes de que se generalizara el uso de los relojes, los sismos se medían con rezos, entonces, te decían: el temblor duró un credo, el temblor duró dos salmos o el temblor duró un salmo rezado con devoción, eso quería decir que duró mucho más”, dice la investigadora.

Los sismos, al igual que otros fenómenos naturales, eran entendidos como un castigo ejemplar que la ira divina enviaba a los humanos pecadores, que provocaba miedo, un miedo institucionalizado por la iglesia, por eso se extendieron los exvotos “un vínculo material creado por el fiel para unirse con la divinidad”, frases como: “¡Jesucristo Señor! Por estos perversos cristianos haces esto”; “Hémoslo atribuido a nuestros pecados”, misas, oraciones públicas y actos piadosos.

En el año de 1545, en San Cristobal de las Casas, Chiapas, se narra: “[…] y es de saber que aquellas noche antes que el obispo entrase, hizo un tan grande temblor de tierra, que pensamos que se hundía el mundo y duró espacio de tres salmos de miserere que a todos puso en admiración, y los frailes de Sinacatlán se salieron de los maitines e hincados de rodillas en un corral con linda luna veían dar vaivenes a la casas y los indios daban gritos”.

Pero cuando los sismos provocaban grandes daños, se realizaban procesiones, actos masivos que eran prolongados y suntuosos; incluso, en el sismo de abril de 1845, un sismo que se estima tan fuerte como el de septiembre de 1985, se ordenaba “a las autoridades eclesiásticas para que en todas las iglesias se hagan rogaciones públicas al Todopoderosos y nos libre de nuevas calamidades”.

Aunque llevamos poco más de 100 años midiendo los sismos cuantitativamente, la riqueza de los registros históricos del México antiguo nos muestra que los temblores no son nada nuevo, lo único que ha cambiado es cómo los enfrentamos, cómo nos preparamos para ellos y cómo los comunicamos. En el centro de México retumbó la tierra “otra vez un 19 de septiembre” y alguien volvió a pedir clemencia a su dios como lo hicieran los aztecas en el mismo lugar, hace 700 años.

El ICAN

El ICAN

Campaña contra las armas nucleares gana el Nobel de la Paz

LA REDACCIÓN

CIUDAD DE MÉXICO

 (apro)

La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, una organización que aspira a eliminar las armas atómicas a través de tratados internacionales, ganó el viernes el Nobel de la Paz.

El ICAN (por sus siglas en inglés), con sede en Ginebra, recibió el galardón de 1.1 millones de dólares porque “ha sido una fuerza instigadora para conseguir que las naciones del mundo prometan cooperar (…) en los esfuerzos de estigmatizar, prohibir y eliminar las armas nucleares”, dijo la presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen, al anunciar el premio.

La distinción “envía un mensaje a todos los estados con armas nucleares y a todos los estados que contribuyen a la dependencia de las armas nucleares en materia de seguridad de que este es un comportamiento inaceptable”, dijo a la prensa en Ginebra Beatrice Fihn, directora ejecutiva de ICAN.

No lo apoyaremos, no crearemos excusas para ello, no podemos amenazar con masacrar de forma indiscriminada a cientos de miles de civiles en nombre de la seguridad. Así no es como se construye la seguridad”, afirmó.

Fihn dijo que le había preocupado “que fuera una broma” cuando recibió una llamada minutos antes de que se anunciara el Nobel de la Paz. La activista dijo que no había podido creérselo hasta que oyó el nombre del grupo en televisión.

Intentamos enviar señales muy claras a todos los estados con armas nucleares -Corea del Norte, Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña, Israel, todos ellos, India, Pakistán- de que es inaceptable amenazar con matar a civiles”, dijo.

El premio se anunció en medio de crecientes tensiones por el agresivo desarrollo norcoreano de armas nucleares y las persistentes críticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a un acuerdo para limitar el programa nuclear iraní.

El comité quiere enviar un mensaje a Corea del Norte y Estados Unidos de que tienen que negociar. El premio también es un apoyo en clave para el acuerdo nuclear con Irán. Creo que fue sabio porque reconocer el acuerdo iraní en sí se habría percibido como apoyo al estado iraní”, indicó Oeivind Stenersen, historiador especializado en el premio, a la agencia AP.

Reiss-Andersen señaló que se habían alcanzado prohibiciones similares para armas químicas y biológicas, minas terrestres y bombas racimo.

Las armas nucleares son aún más destructivas, pero no han sido objeto de una prohibición legal internacional similar”, dijo.

La presidenta del comité dijo que “a través de su inspirador e innovador apoyo a las negociaciones de Naciones Unidas sobre un tratado que prohíba las armas nucleares, ICAN ha jugado un importante papel para conseguir lo que equivale en nuestra era a un congreso internacional de paz”.

Cuando los periodistas preguntaron a Reiss-Andersen si el galardón era básicamente simbólico, dado que no se han alcanzado medidas internacionales contra las armas nucleares, la presidenta respondió que “lo que no tendrá impacto es ser pasivos”.

(Con información de AP)

Kazuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro

Vilma Fuentes

La Jornada

Kazuo Ishiguro, premio Nobel de Literatura 2017, con una obra de géneros, personajes, decorados y épocas muy distintos, a través de sus diferentes novelas y relatos, sorprende al lector de su obra por sus giros y desviaciones. Así, incursiona en la ciencia ficción después de publicar una novela histórica o un relato contemplativo.

Sin embargo, el autor británico-japonés es fiel a temas y sentimientos que lo obsesionan. Sujetos dobles que se enfrentan y se funden uno en otro: el recuerdo y el olvido, la ficción y la realidad, la nostalgia y la amargura ante el pasado, la desilusión frente al presente y la desesperanza del sinsentido de cara al futuro.

Con un estilo y una lengua en apariencia simple y rápida, el inglés adoptado por este autor nacido en la adolorida Nagasaki de tan triste recuerdo de la bomba atómica, Ishiguro publicó su primera novela, Luz pálida sobre las colinas (1982) a sus 28 años. En ésta, Ishiguro aborda el tema de la culpabilidad parental. En Un artista del mundo flotante (1986) evoca la generación belicosa anterior a la suya, última generación de la tradición ancestral japonesa que condujo su pueblo a la derrota, al desastre y al final de un mundo. Ishiguro no puede olvidar pero tampoco quiere recordar. En El inconsolable (1995) toca los temas del olvido y la negación: ¿qué otra cosa puede hacer un hombre nacido en Nagasaki, llegado a Inglaterra a los cinco años, que cambia su lengua natal por la del país de adopción para escribir sus libros, que adhiere a las costumbres y vida inglesas más profundas, casi atávicas? Dos islas alejadas una de otra. Dos civilizaciones y dos culturas en apariencia sin nada en común. Podría decirse que este año se da el premio Nobel al producto de la mundialización, el exilio y el mestizaje de culturas.

Curiosamente, es su novela acaso más inglesa, inscrita en la tradición británica, Los restos del día (1989), con la que Ishiguro seduce al gran público. La novela fue llevada al cine con el mismo nombre, dirigida por James Ivory con las magníficas actuaciones de Anthony Hopkins y Emma Thomson, en los papeles del mayordomo Stevenson y la gobernante Miss Kent. Historia de un mayordomo admirativo de lord Darlington a cuyo servicio dedica y sacrifica su vida, lo cual no le impide espiarlo tras las puertas. Ishiguro pone en escena a personajes históricos como lord Chamberlain o el embajador alemán Ribbentrop al lado de los protagonistas de ficción. Stevenson despide, para complacer a su amo, a dos jóvenes judías. La intendente Miss Kent, aunque enamorada de Stevenson, le reprocha este acto. La posible historia de amor entre ambos no tendrá lugar: él prefiere dedicarse a servir a Darlington sin juzgarlo, pues un servidor no debe juzgar la conducta del amo. Historia de sumisión y de encierro en una jaula de oro, el dominio de Darlington.

Con Nunca me abandones (2006), Ishiguro vuelve a asombrar a sus lectores, ahora con una novela de ciencia ficción sobre un universo de clones destinados a donar sus órganos hasta su final. De nuevo, el sinsentido de un universo donde reinan la soledad y la desesperanza.

De alguna manera, Kazuo Ishiguro aparece como una figura emblemática de la época actual. Si el personaje inventado por Franz Kafka, el señor K, representaba el individuo prisionero de un destino inexplicable y sometido a poderes oscuros que no pueden sino provocar una angustia insuperable, el destino del escritor británico-japonés, laureado con el Premio Nobel, parece poseer algunos rasgos comunes con el señor K. Es un hombre que se recuerda y olvida. En sus novelas como en su vida. Comprender el sentido de lo que le sucede está, sin duda, por encima de sus fuerzas. No hay quizás explicación sobre el destino de un individuo cualquiera y la última palabra de una existencia es tal vez ésa que tanto ha sido citada a lo largo de la época moderna: el absurdo.

vilmafuentes22@gmail.com