El 2018 revive las novelas políticas de Luis Spota

El 2018 revive las novelas políticas de Luis Spota

El fallecido escritor superventas, distanciado de los intelectuales, vive un segundo aire con la reedición de ‘La costumbre del poder’

Guadalajara,Jal. México

ElPaís

Luis Spota describe en el arranque de su novela Palabras mayores el momento en el que Aurelio Gómez Anda, un presidente ficticio de México, da a Víctor Ávila Puig, su ministro de Industria y Desarrollo, el permiso —que en esos labios suena más a una orden— de buscar la presidencia. Spota describe una escena que todo aficionado a la política en México ha imaginado en su mente, siguiendo la tradición de la sucesión impuesta por el PRI. La secuencia descrita por el autor hace más de 40 años suena tan vigente que el lector podría pensar que ocurrió recientemente en los despachos de Los Pinos de cara a las elecciones de 2018.

Y no es equivocado. Los comicios presidenciales del próximo verano han dado nueva vida a la obra cumbre de Spota, La costumbre del poder, compuesta por las seis novelas políticas que fueron publicadas en un lustro: Retrato hablado (1975), Palabras mayores (1975), Sobre la marcha (1976), El primer día (1977), El rostro del sueño (1979) y La víspera del trueno (1980). Esta obra inicia con la creación de una poderosa oligarquía, el Grupo Olid. Las novelas consecuentes acompañan a un ministro en su búsqueda por el poder de un país ficticio, pero que suena familiar a todo lector. La saga concluye con el desastroso Gobierno de un presidente que había despertado grandes esperanzas y que perdió el rumbo en medio de la adulación extrema y el servilismo de una burocracia ambiciosa e inútil.

Desde el más humilde conductor de autobuses hasta el presidente de la República integran mi nómina de lectores

LUIS SPOTA, EN 1981

El artífice del regreso literario de Luis Spota, fallecido en 1985, es el poeta Jaime Labastida, director de la editorial Siglo XXI. El editor coincidió con un hombre durante un vuelo hace algunos meses. “Se dedicaba al análisis político y daba clases a algunos políticos”, cuenta Labastida, hermano del candidato presidencial del PRI que perdió la presidencia en el año 2000. Este consultor le comentó que las novelas políticas de Spota estaban entre las lecturas que dejaba a sus clientes. “Ya no las encuentro… ya no están en las librerías de viejo ni en cartelera”, le dijo al editor. Esto sorprendió a Labastida.

Spota había sido un superventas en los años 70 y 80. “Desde el más humilde conductor de autobuses hasta el presidente de la República integran mi nómina de lectores”, dijo Spota a manera de presentación en noviembre de 1981 en Madrid. Con Casi el paraíso, que será llevada al cine por Gaz Alazraki próximamente, superó el millón de ejemplares vendidos. Sus obras políticas también fueron muy vendidas a pesar de que su estilo fue calificado por críticos literarios como Emmanuel Carballo de “chapucero” y “de lenguaje burdo”.

No obstante, Palabras mayores alcanzó 21 reediciones en 1978 y otros libros de la serie habían rozado también las 20 reediciones. En 1979, Juan Rulfo dijo a este periódico en una entrevista lo complejo que era vivir de la ficción en México. “Fuera de dos o tres escritores, como Luis Spota o algún otro, viven de la literatura, nosotros tenemos que vivir de algún trabajo”, dijo quien hoy es considerado un titán de las letras mexicanas, mientras que Spota ha caído casi en el olvido.

El comentario del analista político llamó la atención a Labastida. El poeta buscó días después a Elda Peralta, la segunda esposa del escritor, para preguntar sobre los derechos de las novelas. “Era insólito que estuvieran libres”, dijo Labastida. Una nueva lectura a La costumbre del poder revela su vigencia. “Es de una enorme actualidad”, agrega el editor desde la FIL, donde ha presentado la colección. “Spota no hizo ninguna concesión. No tuvo piedad al retratar a los poderosos a pesar de haber sido amigo personal de los presidentes de la República”.

A pesar de su negativo retrato de la política, la imagen de Spota quedó manchada precisamente por su cercanía con el poder. A lo largo de una fructífera carrera que produjo más de una veintena de novelas y más de 60 guiones, Spota siempre tuvo una tirante relación con los intelectuales, a los que consideraba oportunistas, neuróticos y flojos. Un punto de quiebre sucedió en 1972 cuando publicó La Plaza, una novela basada en el movimiento estudiantil y la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968. Spota pensó una estructura coral incluyendo fragmentos de otros periodistas y escritores como Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Luis González de Alba y María Luisa Mendoza.

El resultado no gustó a los autores porque les parecía que restaba responsabilidad al Gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. “Contiene un juicio crítico tanto del Gobierno mexicano como del movimiento estudiantil, fraguado el 23 de julio de 1968 y que resultó manipulado desde diversos frentes por los comunistas y por la CIA”, explicó el propio Spota en la presentación del libro en España. Lo que el autor presentó entonces en Madrid fue la reescritura de la obra. Los autores iniciales retiraron sus fragmentos cuando vieron la primera edición.

El retorno de La costumbre del poder también permite ver a Spota bajo una nueva luz. La politóloga Soledad Loaeza explicó en un ensayo en Nexos el éxito editorial que Spota tuvo entre la clase media mexicana de los años setenta. La académica considera que los libros eran un “sustituto de explicación” en una época donde la información política era escasa y estaba completamente controlada por el Gobierno. Los tiempos han cambiado mucho. Las generaciones más jóvenes tendrán que formarse una idea propia de la literatura de Luis Spota en un mundo en el que diariamente ven las miserias de la política.

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