Mensaje del Papa Francisco para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Mensaje del Papa Francisco para la 52 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

«La verdad os hará libres» (Jn 8, 32).

Fake news y periodismo de paz

Queridos hermanos y hermanas:

En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

1. ¿Qué hay de falso en las «noticias  falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

2. ¿Cómo podemos reconocerlas?

Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes. En la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte:«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1). En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar. Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5). Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).  Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

3. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.

Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.

Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.

Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.

Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:

donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;

donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;

donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;

donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;

donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;

donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;

donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;

donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;

donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

El lobo solitario

El lobo solitario

Nació en un barco y quiso vivir siempre junto al mar. Vyacheslav Korotki, más conocido como ‘Slava’, pasó más de 13 años en la soledad de una remota estación meteorológica del Ártico, en Rusia, midiendo temperaturas, lluvias y vientos. La fotógrafa Evgenia Arbugaeva rompió su silencio en 2014, cuando llegó en helicóptero cargada de naranjas, champán y un pájaro.

PERO QUIÉN PODRÍA vivir en el medio de la nada?, se preguntaba la fotógrafa rusa Evgenia Arbugaeva (1985) mientras navegaba a bordo de un rompehielos recorriendo las lejanas estaciones meteorológicas del Ártico.

La mayoría de ellas modernizadas, se alejaban del romanticismo que albergaba su imaginación. Pero en el golfo de Pechora, en la estación de Khodovarikha, a una hora de distancia en helicóptero de la población más cercana, donde no llegan las carreteras y solo una vez al año arriba un barco cargado de provisiones, el tiempo parecía haberse congelado.

Allí estaba Slava, de 63 años; la encarnación del lobo solitario que la artista había soñado encontrar. Una antigua máquina de clave morse y un retrato de Yuri Gagarin, sacado de un recorte de prensa de 1961, decoraban su austera vivienda, en una tundra donde las temperaturas alcanzan los 40 grados bajo cero. Sin embargo, el meteorólogo no parecía sentirse solo. “Aprendió a sentir la tierra, a leer en las estrellas y a comprender al viento”, recuerda Arbugaeva.

Guillermo del Toro, en la cima

Guillermo del Toro, en la cima

COLUMBA VÉRTIZ DE LA FUENTE

El realizador jalisciense de Cronos, Hellboy, Hellboy 2, Pacific Rim, El laberinto del fauno y La cumbre escarlata se halla en boca de la crítica cinematográfica universal, gracias a los galardones de La forma del agua, película que decidió filmar desde 2011 y se estrenó en mil 200 pantallas del país. Fiel a su compromiso social con México, patente en el documental Ayotzinapa: el paso de la tortuga que él produce, Guillermo del Toro narra cómo a los seis años de edad lo marcó por la tele tapatía El monstruo de la Laguna Negra, embrión de la triunfal cinta que ya se perfila como gran favorita en los Óscar.

(Proceso).-

 La parábola permite al cineasta jalisciense Guillermo del Toro crear historias que reflejan la situación actual de la sociedad, y en La forma del agua les brinda voz a los marginados, a dos trabajadoras de limpieza y a un artista plástico homosexual, además de hacer referencia a un gobierno torturador y totalitario.

Aunque sitúa al relato cinematográfico durante la Guerra Fría, exactamente en el año 1962, el ganador del Globo de Oro y del premio Critics Choice por su dirección en este filme manifiesta a Proceso que aquella época es muy parecida a la de ahora:

“Era un tiempo de brutalidad racial, había diferencias de género, estaba la guerra activa de Vietnam. 1962 es un año concreto, antes de que se rompiera el sueño de que América podía ser grande. Entonces había una aparente abundancia, un progreso; pero si eras de la minoría, no. Al final de esta época dorada John F. Kennedy es asesinado y empieza un momento en el que ese sueño se desarticula. Lo importante es realizar una película sobre hoy, usando un tiempo que permita la parábola. Si la hago en el tiempo actual se vuelve específica y pierde su universalidad.”

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Lo que permite la parábola “es abandonar la ideología y abrazar las ideas como de la intolerancia”, insiste desparpajado Del Toro.

“Hay dos posibilidades para que el mundo esté jodido: Una, que el uno por ciento de la población tiene el 85 o 90% de la riqueza. Dos, que hay que echarle la culpa a alguien y esa es la que la mayoría de la gente abraza, ¿por qué? Porque esa te absuelve y te da la salida más rápida que es la rabia. Como cuento de hadas, te puede dar todas estas ideas sin volverse una nota de la actualidad.”

Para el productor de la cinta, J. Miles Dale, “la Guerra Fría es un periodo en el que Estados Unidos se detuvo, es una época de desigualdad, racismo, de gente pensando en una guerra nuclear inminente; en cierto modo es una época horrible para el amor, pero aún así el amor sucede”.

La forma del agua –que estrena en México desde el 12 de enero en mil 200 pantallas– sucede en un laboratorio secreto de alta seguridad del gobierno estadunidense, donde trabaja en el área de limpieza Elisa (Sally Hawkins), quien es muda, con su amiga Zelda (Octavia Spencer); ambas se dan cuenta de que ahí esconden a un monstruo anfibio, y la primera chica se enamora de él.

En la trama hay espías soviéticos, tragedia, ambición de poder y un homenaje al cine musical clásico de Estados Unidos. Doug Jones, Richard Jenkins, Michael Shannon y Michael Stuhlbarg actúan también.

Síndrome de Stendhal

Del Toro narra que La forma del agua la ideó cuando tenía seis años, ahora cuenta con 53:

“En Guadalajara, en el canal seis, había una cosa que se llamaba Cine permanencia voluntaria y pasaban películas todo el día, muchas veces eran de los estudios Universal. Me acuerdo muy claro que estaba viendo El monstruo de la Laguna Negra, de Jack Arnold, y existe un instante en el que la criatura nada debajo de la protagonista, Julia Adams, quien llevaba un traje de baño blanco. Era niño y me dio como el síndrome de Stendhal. Dije: ‘¡Qué momento más hermoso!’ Y pensé: ‘¡Segurito que acaban juntos!’

Pero no fue así…

“Entonces pensé: ‘¡Qué cosa tan es-pantosa!’ Porque cuando finaliza la cinta, la criatura está en su casa, llegan y tocan, abren la puerta, destruyen todo, y lo matan. Yo deseaba corregir eso, pero… no sabía que iba a dedicarme al cine. Pero eso se me quedó en la cabeza y empecé a dibujar a la criatura muy obsesivamente, comiendo helado, en una bicicleta doble con la chava en traje de baño blanco, y mi abuelita guardaba los dibujos.”

El realizador de Cronos, Hellboy, Hellboy 2, Pacific Rim, El laberinto del fauno y La cumbre escarlata relata que fue en 2011 cuando decidió filmar La forma del agua –nominada a 12 reconocimientos BAFTA (que entrega la Academia Británica del Cine, considerado el Óscar de ese país) entre los cuales sobresale Mejor Película y Mejor Dirección. También es candidata en los Eddie para Mejor Edición y en los reconocimientos del Sindicato de Directores de Hollywood por Mejor Dirección.

En ese año Del Toro se reunió a desayunar con el escritor Daniel Kraus para su serie de libros infantiles Trollhunters, cuya serie de televisión, dirigida por el mismo Del Toro, se estrenó el pasado diciembre en Netflix.

En esa reunión, Kraus le mencionó una idea que había tenido de joven, acerca de una mujer de limpieza que trabajaba en una instalación del gobierno y se hacía amiga a escondidas de un hombre anfibio que, como espécimen que era, estaba cautivo, pero ella decidía liberarlo.

A Del Toro le gustó mucho el concepto que de inmediato concretó todo para que fuera su siguiente largometraje. Desde ese encuentro, se hizo un trato para que el par colaborara en una novela y Del Toro escribiera y dirigiera la película. En ese momento, el realizador mexicano todavía estaba terminando de trabajar en su éxito taquillero de robots-monstruo gigantes Pacific Rim; pero en los escasos y raros momentos de tranquilidad, escribía el guión para La forma del agua.

Hacia 2014, Del Toro le pagó de su bolsillo a un grupo de artistas y escultores, que usaron diseños y modelos en plastilina, para presentarle la historia de principio a fin a Fox Searchlight. El estudio se sumó al proyecto de inmediato.

Luego, Del Toro y Fox Searchlight comenzaron a reunirse con coguionistas potenciales para que trabajaran el guión con él. Contrataron a Vanessa Taylor, quien laboró estrechamente con el director de cine en la estructura de la trama, como en los personajes (en particular el de Elisa, que contaba con muchos matices).

Hacia el Óscar

En la Mostra de Venecia 2017, efectuado en septiembre pasado, Del Toro obtuvo el León de Oro a Mejor Película por La forma del agua. El 23 de este mes serán anunciadas las nominaciones para el Óscar, y especialistas de cine creen que La forma del agua obtendrá varias estatuillas:

“Para mí fue muy emocionante ganar el León en Venecia. El género con el que estoy casado desde que era niño, es un género que a veces es bien visto y a veces no. Entonces, no puedo pronosticar qué va a pasar, ni me puedo permitir el ejercicio de ponerme a imaginarlo, ni de ir manejando en el auto y soñar en eso. ¡Imagínate vivir así! ¡Qué terrible!… Yo, la neta, estoy súper tranquilo. Ya existe el largometraje, conecta con un público, ¿qué más falta? Los premios son padrisísimos cuando suceden, se disfrutan enormemente; pero hay algo mal en ti si sufres cuando no llegan… Ahí sí estoy en desacuerdo, no se debe sufrir cuando no llegan. Ya estar en boca de todos es maravilloso, que se hable y que la gente vaya a ver la película es padrísimo.”

Compromiso político

Del Toro, al igual que sus amigos Alfonso Cuarón y Alejandro G. Iñárritu, ha seguido la situación crítica del país.

En el Festival de Cine de Toronto, donde proyectó La forma del agua en septiembre pasado, el cineasta recordó que los problemas en el país no surgieron hace un par de años:

“Los hemos visto durante décadas.”

Entonces le cuestionaron si le gustaba que lo felicitara el presidente Enrique Peña Nieto, y contestó sin dudar:

“¡No, no me gusta cuando me felicita! No me gusta porque México es un país que ha tenido grandes personas, de todo: atletas, artistas, científicos, filántropos… pero no hay grandes políticos. A veces me pregunto cómo es posible que no nazcan ni diez políticos que hagan lo que se tiene que hacer, que tengan esa vocación… La clase política está pervertida, hay todo un rollo para hacer justamente lo contrario de lo que se debería hacer.”

Remató:

“De Peña Nieto, lo cierto es que me parece absolutamente aterrador que en su función haga lo opuesto a lo que tiene que hacer.”

Con Bertha Navarro produce el documental Ayotzinapa: el paso de la tortuga, dirigido por Enrique García Meza, sobre los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en Iguala (Proceso, 2139) porque cree que es importante que ese suceso se documente.

“Me parece que es el síntoma más atroz de la terrible descomposición social y de la destrucción de los pactos más básicos de civilidad.

Luego de los Globos de Oro para La forma del agua por Mejor Dirección y Mejor Banda Sonora y los reconocimientos de los Critics Choice, Bertha Navarro, expresa a este semanario su sentir al respecto:

“Es la mayor felicidad, por Guillermo… Su talento es increíble. Y haber sido parte de su proceso y realizar juntos sus tres películas en español ha sido un regalo de la vida.”

En 2016, cuando como candidato el ahora presidente Donald Trump visitó México para reunirse con Peña Nieto, Del Toro escribió en su twitter:

“Lo impensable. Lo perdonable. Lo imposible. El abismo.”

En la edición 15 del Festival Internacional de Cine de Morelia ofreció una función de La forma del agua en beneficio a los afectados en Oaxaca del sismo de 7 de septiembre pasado. En ese encuentro fílmico también mencionó que si le preguntaban a qué político le va, respondería que a ninguno. También exaltó que no cree en las candidaturas independientes para las elecciones en México.

Además, manifestó que “como ciudadano y narrador voy a hacer lo que me toca y voy a votar, aunque no voy a decir por quién. Pero sí creo que tenemos que hacer algo diferente”. En 2005, para el número especial de The Mexican Hollywood (Proceso número 17), Del Toro dijo a esta reportera:

“Salimos a trabajar a otros países porque nosotros estamos también en la búsqueda de un mercado más grande y aprovechamos para abrir más mercado para el cine mexicano.”

Como productor, ha ayudado asimismo a otros cineastas hispanos. Por ejemplo, produjo: en 1998 Un embrujo, de Carlos Carrera; en el 2000 Calle 54, del español Fernando Trueba; en 2002 Asesino en serio, de Antonio Urrutia; en 2004 Crónicas, del ecuatoriano Sebastián Cordero, en la que participó Navarro, y del 2007 El orfanato, de Juan Antonio Bayona.

Además, para este 2018 Del Toro anunció en su cuenta twitter que en México se instalará su exposición En casa con los monstruos, aunque no precisó la fecha de inauguración. La muestra contiene 500 dibujos, maquetas, pinturas, estatuas y cuadros que muestran el proceso creativo que efectúa para cada una de sus películas, y también objetos de otros artistas que forman parte de su colección personal.

Esta entrevista se publicó el 14 de enero de 2018 en la edición 2150 de la revista Proceso.

La Academia de Hollywood rejuvenece y nomina a los Oscar a nuevos creadores

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 HÉCTOR LLANOS MARTÍNEZ

No es extraño encontrar a candidatos jóvenes entre las nominaciones a los Oscar. Lo que no es tan común es que sean tantos y que lo logren representando proyectos dedicados a un público menor de 35 años. En la edición de 2018 los hay de todo tipo de género compitiendo en las categorías principales: la cinta independiente Lady Bird, el terror de Déjame entrar, la comedia romántica La gran enfermedad del amor e incluso el cine de superhéroes con Logan. Son la nueva minoría a la que los Oscars quieren seducir.

La franja de espectadores de entre 18 y 49 años, en especial la de los menores de 35, es la más codiciada en el mundo del entretenimiento. Lo es porque, en televisión, atrae a los anunciantes mientras que en cine es quien decide sin un estreno se convierte en un éxito o fracaso de taquilla.

La indiferencia de este sector de la audiencia ante los Oscars es una de las grandes debilidades de la Academia de Hollywood. La edición de 2017 fue la menos vista en televisión en los últimos 9 años e interesó a un 13% de jóvenes menos que la emisión del año anterior.

Tiene sentido, si tenemos en cuenta que el interés por las causas sociales de esta hornada de espectadores se encuentra muy alejado al de una institución formada en su mayoría por hombres, blancos y mayores de 50.

La ruptura generacional es tan grande que el patrón de los integrantes de la Academia coincide con el de los villanos de Déjame Salir, una de las revelaciones del año. La historia de terror relata el fin de semana infernal que vive un joven afroamericano cuando viaja a una zona snob de Estados Unidos para conocer a los padres de su novia blanca.

Por eso la Academia de Hollywood intenta renovarse. Tras el escándalo racial de #OscarsSoWhite, decidió apostar por la diversidad, invitando a casi 1.400 miembros nuevos en los últimos dos años. Aprovechó para abrir la puerta a más mujeres jóvenes (Brie Larson, Emma Watson o Alicia Vikander) y a miembros de la comunidad latina (Elena Anaya, Daniel Brühl, Edgar Ramírez, Paz Vega y José Luis Alcaine).

El cambio en la tendencia de voto ya ha comenzado a notarse. En la edición de 2017 triunfaba en el tiempo de descuento un relato afroamericano y de temática LGTB+ como Moonlight frente a la propuesta estándar de La ciudad de las estrellas (La La Land).

Estos son los proyectos pensados para menores de 35 que han conquistado las candidaturas de este 2018.

El poder femenino de Lady Bird

Greta Gerwig se ha convertido a sus 34 años en una de las pocas mujeres candidatas al Oscar en la categoría de mejor dirección. Solo ha ocurrido cinco veces en 90 años de historia de los premios. Lo ha conseguido con su segundo largometraje, Lady Bird, que obtuvo la puntuación perfecta en la influyente web de crítica cinematográfica Rotten Tomatoes.

En el guion que le ha valido también una candidatura cuenta la historia de una estudiante de instituto que sueña con triunfar en el mundo del arte e independizarse de su controladora madre. Su protagonista Saoirse Ronan (23 años) opta al premio a mejor actriz.

Dos veinteañeros entre leyendas

El actor de Call me By Your Name, Timothée Chalamet (22 años), y Daniel Kaluuya (28 años) compiten en la categoría a mejor interpretación masculina frente a los consagrados Gary Oldman, Daniel Day-Lewis y Denzel Washington.

Kaluuya es candidato por Déjame salir, uno de los fenómenos sociales de 2017 entre el público joven. Con menos de 5 millones de dólares de presupuesto, su recaudación ha superado los 250 millones en todo el mundo. “No son buenos tiempos para ser joven y mucho menos para ser negro en Estados Unidos”, comentaba Forbes hace un año para explicar el éxito de la cinta. Su director y guionista, el debutante Jordan Peele, aparece nominado en ambas categorías.

La excepción romántica

Pocas comedias románticas suelen estar seleccionadas entre los finalistas al premio a mejor guion original. La gran enfermedad del amor combina a partes iguales ternura y sarcasmo, en una línea similar a la que lo hacen otros productos pensados para cubrir un nicho generacional, como son las series Please Like Me y The End of the F***ing World.

Un género todavía más inédito en los Oscar es el de los superhéroes, pero Logan, el capítulo final de la saga sobre Lobezno, aparece en la sección del guion adaptado. Es otra más de las producciones que tienen el favor del público joven y que este año también aparecen entre las favoritas de la Academia estadounidense.

Elton John anuncia que se retirará después de una última gira mundial

Elton John anuncia que se retirará después de una última gira mundial

El músico, de 70 años, dejará de viajar para dedicar más tiempo a sus hijos tras un tour de tres años de duración que empezará en septiembre

PABLO GUIMÓN

00 días, 00 horas, 00 minutos, 00 segundos. Este miércoles, poco después de las 18.30, hora peninsular española, terminaba la cuenta atrás y se empezaba a develar el secreto que mantuvo en vilo todo el día a los fans de Elton John.

El cantante y compositor británico de 70 años anunciaba la que será su última gira global, que empezará en septiembre. La gira durará tres años y será, en sus propias palabras, “la mayor producción” que ha hecho nunca. Después, la estrella abandonará la carretera que ha circulado durante medio siglo para dedicar más tiempo a sus hijos, como el mismo ha explicado.

Elton John

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El anuncio ha sido un auténtico alarde de mercadotecnia musical. Su página web se había convertido en un cielo estrellado alrededor de un camino de baldosas amarillas, como el que recorría Dorothy en El mago de Oz. Un guiño, para el que quisiera entenderlo, a su canción Goodbye yellow brick road. De la letra de esa canción extrajo la frase que se alternó, durante todo el día, con la cuenta atrás: “Finalmente, he decidido que mi futuro está…”. Esa será, Yellow Brick Road, el nombre de la ultima gira.

Sus redes sociales hablaban de “un anuncio especial”. Y así ha sido. A las 18.30, la web del artista abandonaba la cuenta atrás y empezaba a ofrecer un popurrí de sus vídeos musicales y conciertos, seguido de la interpretación de una serie de temas en vivo al piano desde Nueva York. Tras tocar I’m still standing, empezaba la entrevista en la que, sin demora, llegó el anuncio.

El intérprete de Rocket Man, que el pasado mayo suspendió varios conciertos por una infección, había anunciado hace poco más de un año que quería dar “menos conciertos en el futuro” para poder pasar más tiempo junto a sus hijos. Esta tarde ha confirmado que hará solo una gira más, que le tendrá en la carretera hasta 2021. Y la ha revestido de toda la expectación posible.

El cantante y compositor, que ha vendido 300 millones de discos, anunció en 2016 que quería dar “menos conciertos en el futuro” para poder pasar más tiempo junto a los dos hijos —de siete y cuatro años— que tiene con su marido, David Furnish. John actuó el pasado diciembre en el Palau de Barcelona, tras suspender varios conciertos entre abril y mayo de 2017 por una infección “potencialmente mortal” que contrajo al final de su gira por Sudamérica, según informó su relaciones públicas Fran Curtis en un comunicado. El cantante y compositor pasó dos días en cuidados intensivos y luego se recuperó en su casa. A pesar de ello, ofreció hasta 87 conciertos en el año, que ha resultado ser el último antes de su gira final.

Brigitte Bardot publica un “libro testamento”

Brigitte Bardot publica un “libro testamento”

AFP

Imagen de la portada del libro tomada de la cuenta personal en Twitter de la ex actriz francesa @brigitte_bardot

París. Brigitte Bardot, ícono del cine francés, publicará este jueves un “libro testamento”, en el que repasa su vida y hace hincapié en su combate en favor de los animales, que la “salvaron” del vértigo de los focos.

En Lágrimas de combate, una obra de casi 250 páginas, Bardot, de 83 años, evoca su infancia, sus años de rodaje, la fama, sus amores, su ruptura brutal con el cine en 1973, su cáncer de mama… Pero sobre todo aborda el “sentido de (su) combate” en pro de sus amigos con plumas y pelo y “el animal que soy yo”.

“No formo parte de la especie humana. No quiero formar parte. Me siento diferente, casi anormal”, explica.

La estrella, que con 22 años sedujo a medio planeta con el filme Y Dios creó a la mujer (1956), asegura que siempre fue sensible a la causa animal. “De niña, presentía ser un animal”.

Su primero esposo, Roger Vadim, le abrió los ojos sobre las terribles condiciones en los mataderos, relata.

Su cambio radical de vida en 1973 le permitió consagrarse enteramente a su “combate pionero”. “La primera parte de mi vida fue como un borrador de mi existencia”, la segunda aportó “las respuestas a las preguntas que me planteaba”.

A través de numerosos recuerdos y anécdotas, Bardot repasa su lucha por los bebés focas, la creación de su fundación y arremete contra la corrida, la caza, los zoológicos, la ganadería industrial, los abrigos de piel y el consumo de carne de caballo, cuya abolición espera ver “antes de su muerte”.

Fustiga además al expresidente francés Nicolas Sarkozy y al ministro de Transición Ecológica, Nicolas Hulot, dos “grandes decepciones” políticas sobre la protección de los caballos y el abatimiento de lobos.

La militante insiste en que el “animal (la) salvó” de una fama asfixiante y que los animales que recoge en su casa del sureste de Francia donde desea ser enterrada constituyen su “familia”.

No obstante, BB, como es conocida en Francia por sus iniciales, no olvida a sus antiguos amores, como el cantante Serge Gainsbourg, otro ícono francés fallecido en 1991.

El escritor chileno tenía 103 años y problemas de salud que no fueron precisados

El escritor chileno tenía 103 años y problemas de salud que no fueron precisados

Falleció Nicanor Parra, el antipoeta de Hispanoamérica

El gobierno de su país decretó dos días de duelo oficial

Renovó la lírica hace 60 años con un espíritu transgresor

Vivió sus últimos años en el autoexilio en un pequeño poblado de la costa

De la Redacción

La Jornada

El antipoeta chileno Nicanor Parra falleció ayer a los 103 años. Poeta, físico y matemático, fue creador de un género caracterizado por la ironía, el léxico simple y los temas cotidianos.

Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y voz singular en la cultura occidental. ¡Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra! Mi más profundo pésame a su familia, manifestó la presidenta Michelle Bachelet, en su cuenta oficial de Twitter.

Considerado un influyente y rupturista poeta del siglo XX, Parra falleció sorpresivamente la madrugada del martes en su casa en Santiago por problemas de salud que no fueron precisados, pero estuvo consciente hasta el final de su vida.

El gobierno chileno decretó dos días de duelo oficial y la suspensión de los actos como ceremonias de gobierno que revistan el carácter de festejo.

Lo único que le faltaba a Nicanor Parra para ser inmortal era precisamente dejar este mundo, señaló el presidente electo Sebastián Piñera, quien presentaba a su gabinete al mismo tiempo que se difundió la noticia del fallecimiento de Parra.

Piñera, en su primer gobierno, vivió un momento bochornoso en la Feria Internacional del Libro de Santiago en 2010, cuando erróneamente anunció la muerte de Nicanor Parra.

Espíritu transgresor

Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne. Hasta que vine yo. Y me instalé con mi montaña rusa: es uno de los versos más famosos con que se define el poeta y matemático de formación. Figura clave de la literatura hispanoamericana, hace 60 años renovó la lírica con un espíritu transgresor con sus emblemáticos Poemas y antipoemas.

Parra era el hermano mayor de la famosa cantautora Violeta Parra, así como de Eduardo y Roberto, otros dos exponentes relevantes de la música popular chilena. El ramal artístico de la familia Parra se extendió durante los años y ha dado numerosos talentos, como Ángel Parra, hijo de Violeta, otro gran cantautor, quien murió en París el año pasado, a los 73 años.

Junto al mar, en Las Cruces, un pequeño poblado de la costa chilena, el poeta vivió en el autoexilio sus últimos años, alejado de las entrevistas y la fama. El mar sereno, el mar que baña de cristal la patria, describió el bardo al pueblo costero que eligió habitar hace más de dos décadas, casi sin contacto con el exterior y reacio a aceptar entrevistas.

Hasta antes de fallecer Nicanor seguía activo, escribiendo a diario en su residencia en Las Cruces, en un escritorio que miraba al océano Pacífico y paseando invierno y verano por las tranquillas calles de este pequeño balneario.

Invierno y verano camina; maneja su auto Volkswagen, escribe mucho y siempre es muy visitado. La vida del tío Nicanor está abonada por la sencillez y la falta absoluta de farándula, aseguraba su sobrina Isabel sobre la rutina del escritor.

En Las Cruces viven 2 mil personas; no hay plaza principal, bancos, cines, grandes tiendas ni oficinas ministeriales, pero sí hospedó a una de las grandes voces de la poesía. Es como un imán que viene del mar y que no se puede dejar de enmudecer.

Sin embargo, al cumplir 100 años de vida en septiembre de 2014, el autor fue figura de múltiples homenajes, desde ser protagonista de ferias del libro, exposiciones y festivales hasta recibir ceremonias solemnes de los gobernantes en turno en la presidencia y el Congreso.

Chile se convirtió en un Parra-fraseo de El hombre imaginario, en un cumpleaños devenido en una fiesta cultural nacional. El hombre imaginario / vive en una mansión imaginaria / rodeada de árboles imaginarios / a la orilla de un río imaginario, se leyó al unísono.

Nicanor Parra fue hijo pobre de campesinos y llegó a estudiar física en la Universidad de Brown, en Estados Unidos. Nació en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914. Aunque estudió ciencias exactas y físicas en la Universidad de Chile, en la que se graduó en 1937, fueron las letras las que marcaron el sendero de su camino.

Incluso ejerció la docencia como titular de física en la escuela de ingeniería de la Universidad de Chile, de la que fue director interino entre 1949 y 1951. También estudió cosmología en Oxford.

Sin embargo, comenzó a escribir desde muy joven. Su primer libro, Cancionero sin nombre, se publicó en 1937.

El crítico literario Harold Bloom escribió sobre Nicanor Parra: ¿Cómo no iba a venerar yo los mejores poemas de Parra? Es un héroe de la ocultación, en sí mismo un mapa de malas lecturas. Ya se rebele contra la poesía chilena, contra Marx o Freud, conoce los límites de la ironía. Es a la vez un auténtico innovador y un monumento cómplice a la ansiedad de la influencia.

El reconocido experto estadunidense afirmó: No estoy muy convencido de entender del todo a Parra. Pero creo firmemente que si el poeta más poderoso que hasta ahora ha dado el Nuevo Mundo sigue siendo Walt Whitman, Parra se le une como un poeta esencial de las tierras del crepúsculo.

Parra recibió múltiples premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Miguel de Cervantes y el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2012, Juan Rulfo en 1991, Reina Sofía en 2001 y el Nacional de Literatura en 1969.

Sin embargo, ya en su poesía plasmó su opinión: No es la primera vez que me dan un premio que no merezco y espero que no sea la última.

Al ganar el Premio Cervantes en 2011 fue su nieto, Cristóbal Ugarte, quien en su representación pronunció unas palabras en la ceremonia oficial en España. ¿Se considera usted acreedor al Premio Cervantes? Claro que sí. ¿Y por qué? X un libro que estoy X escribir. Así agradeció a la distancia a sus 97 años, desde su casa de Las Cruces, rodeado de libros, la mayoría versiones y estudios sobre El Quijote.

Dejó claro en uno de sus antipoemas: Los premios son / como las Dulcineas del Toboso. / Mientras más pensamos en ellas / más lejanas / más sordas / más enigmáticas, como leyó su nieto. Los premios son para los espíritus libres / Y para los amigos del jurado / Chanfle / No contaban con mi astucia.

(Con información de Afp)

El melodrama en la época contemporánea: usos, versiones y distorsiones de la realidad

El melodrama en la época contemporánea: usos, versiones y distorsiones de la realidad

Gustavo Ogarrio

La Jornada Semana

No habrá final feliz

La providencia, afirmaba Antonio Candido, entraba a la personalidad de los románticos como racionalización y los orillaba a desplazar el arbitrio y la voluntad al ámbito de lo divino. Si trasladamos esta idea a la situación contemporánea del melodrama y del poder político y económico, es probable que el poder casi divino que domina las voluntades seculares, que normaliza e inserta lo providencial en ámbitos profanos, encarne en los designios realistas de la actual política dominante y en la supuesta racionalidad metafísica, inescrutable y aparentemente única del mercado capitalista en su versión neoliberal. El mercado ocupando el lugar de Dios.

Uno de los hechos fundamentales para la sobrevivencia y potencialización del melodrama, a finales del siglo xx, fue su inserción masificada en el mercado neoliberal de imágenes. La telenovela es sin duda el género mediático por excelencia que conduce este proceso en el siglo xx, basta solamente con mencionar su conquista a gran escala de la programación televisiva y comercial en casi todo el mundo durante décadas, a pesar de su actual declinación y crisis como género mediático hegemónico.

Además, las diferentes estrategias de melodramatización de la política y cultura también ayudaron a que el melodrama se erigiera en la sensibilidad de mayor difusión en las últimas décadas, lo que derivó en una fusión de modelos de sensibilidad e interpretaciones, en la imposición de un tipo de discurso político y cultural que podríamos caracterizar como realismo melodramático y que se encarga, en términos generales, de hacer coincidir cualquier realidad con la interpretación melodramática de la misma. Lo anterior no es más que un guiño de los alcances del modelo actual de sensibilidad melodramática, al tiempo que nos advierte de su fuerza y vigencia.

Pero ¿qué tipo de fuerza cultural empuja esta actualidad melodramática? En una desmesurada ironía sobre los orígenes del melodrama, que puede ser mejor entendida si se lee como una parodia sobre su Antigüedad y sobre la superstición vanguardista del cine hollywoodense, Guillermo Cabrera Infante afirma:

El final feliz fue inventado, como tantas otras cosas, por los griegos. Homero en La Ilíada creó el final terrible. A petición, en La Odisea, originó el final feliz. Después de tantos tumbos y mujeres maliciosas, Ulises regresa a casa, a reunirse con su pareja Penélope, su hijo Telémaco y su padre Alertes. Es cierto que antes, de regreso, hace una carnicería de los pretendientes de su esposa. Pero eso es peccata minuta. La matanza no importa. Lo que importa es que Ulises describe el lecho de su amada antes de volver a compartirlo. The End.

Que, ya ven, Hollywood parecía haberlo inventado.

¿Qué es esa vida emocional que identificamos actualmente como melodrama, las películas con final feliz, las series de superhéroes, por ejemplo, vistas en su relación conflictiva con la “alta cultura” y la cultura popular? Antonio Gramsci había reflexionado también sobre los orígenes populares del “superhombre” de Nietzsche y se contraponía a la idea de que esta figura era solamente un producto de la “alta cultura” aristócrata del filósofo alemán: “Me parece que se puede afirmar que una gran parte de la sedicente ‘super-humanidad’ nietzschiana tiene como único origen no a Zaratustra sino al Conde de Montecristo, de a. Dumas.” Gramsci ya había emprendido su propia crítica al “gusto melodramático” en una sociedad italiana de tendencia fascista durante la década de los años treina del siglo xx, y que se encontraba a las puertas de un proceso de “masificación”. Además, Gramsci combatía aquella “solemnidad exagerada” y el sentimentalismo con el que se promovían en su época el acercamiento a la literatura y, en particular, a la poesía. Gramsci también reconocía el potencial de la literatura de folletín, por ejemplo, en su orientación político-social: el melodrama de folletín se encargaba de dirigir las contradicciones de una sociedad hacia cierta armonía sentimental que redimía los conflictos, como los grandes “sufrimientos” en las telenovelas de nuestra época, y en los que finalmente se “resolvían” todos los problemas mediante el final feliz.

¿Cuáles es hoy la estructura melodramática de la sociedad contemporánea? No se puede pasar por alto el sentido cultural y político de figuras como Superman, por ejemplo, la manera en que su imagen simboliza a esa supra-humanidad que también “resuelve” a su manera los grandes conflictos de la “sociedad occidental”. Quizás las hazañas de este “héroe” son, de algún modo, el anzuelo melodramático para proyectar nuestros miedos, así como una forma imaginaria y sumamente autoritaria de “disipar” los conflictos y orientarlos hacia una serie de desafíos y finales siempre armónicos, previsibles.

Para algunos críticos literarios y analistas de la cultura, por ejemplo, para George Steiner, todavía vivimos bajo la sombra del romanticismo, en los límites de su imaginación y en formas estéticas y culturales que se conforman a partir de la dialéctica entre lo trágico y lo melodramático:

En muy buena medida seguimos siendo románticos. Eludir la tragedia es norma constante en el teatro y en cine de hoy. Por más que esto se oponga a la realidad y a la lógica, los finales deber ser felices. Los villanos se reforman y el crimen no paga. Esa gran aurora hacia la que se encaminan, dándose la mano, los amantes y los héroes de Hollywood al final de la película, despuntó inicialmente en el horizonte del romanticismo.

Esta imaginación romántica no es uniforme y al igual que en sus primeras manifestaciones posee una dimensión contradictoria. Tales afirmaciones nos hacen sospechar que el romanticismo no sólo fue una época de la cultura y de la política en Europa y América Latina, sino “una revolución sin precedentes en la perspectiva de la humanidad”, como afirma Isaiah Berlin, que dejó profundas marcas y grandes zócalos de cultura en la época moderna.

Así, es posible plantear que la misma modernidad no ha sido una experiencia unívoca y secuencial. Como afirmaba Bolívar Echeverría: “su dominio no es absoluto ni uniforme” y tampoco es una “realidad monolítica”, más bien “está compuesta por un sinnúmero de versiones diferentes de sí misma –versiones que fueron vencidas o dominadas por una de ellas en el pasado, pero que, reprimidas y subordinadas, no dejan de estar activas en el presente”. Bolívar Echeverría localiza, al menos, cuatro versiones de lo moderno, cuatro ethos que se han conformado conflictivamente: el barroco, el romántico, el clásico y el realista capitalista.

Una modernidad romántica dominante, profundamente melodramática y adoradora del libre mercado, que para sobrevivir se ha entrelazado a otro ethos, el realista capitalista, es posible que se presente como una cartografía de la crisis de lo moderno. Sin embargo, oculto y silenciado por la cultura política dominante, otro romanticismo actualizado pervive en la sensibilidad contemporánea.

¿En dónde y cómo se expresa esta sensibilidad también romántica pero no melodramática? Sin duda, algunos románticos se sintieron cómodos en esta sensibilidad trágica contenida y eludida por el melodrama. Nietzsche veía en Sócrates el término del esplendor de la edad trágica griega y el triunfo del racionalismo, mientras los poetas frenéticos del romanticismo perseguían las revelaciones trágicas en el paraje tiránico de la vida moderna. Paul de Man asevera que es posible localizar en la literatura contemporánea escrituras postrománticas y ve en la obra de Borges un paradigma de ellas.

Por otro lado, el escritor húngaro Imre Kertész, sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz-Buchenwald, ha visto en el terror de la experiencia concentracionaria el futuro de la humanidad: “Cuando reflexiono sobre los efectos traumáticos de Auschwitz, reflexiono paradójicamente más sobre el futuro que sobre el pasado.” Kertész, en relación con la tensión artística que se produce entre la ausencia de la tragedia y cierto acento trágico en la era moderna, se pregunta: “¿Qué posibilidades tiene el arte cuando ya no existe el tipo humano (el tipo trágico) al que nunca ha dejado de describir? El héroe de la tragedia es el hombre que se crea a sí mismo y fracasa. Hoy en día, sin embargo, el ser humano ya sólo se adapta.” Para Kertész, la “alienación” del ser humano en el mundo moderno proviene también de su renuncia a la tragedia, de su inmersión en una “pseudorrealidad” cuyo horizonte totalitario estaría marcado también por la articulación entre la “realidad” pura del capital y el melodrama. Sin embargo, también desde la época romántica está latente un acento trágico en el arte que propicia otras paradojas. En palabras de Carlos Fuentes: “La tragedia de la historia moderna ha sido la ausencia de tragedia. Restaurar la visión trágica ha sido el empeño, sobre todo, de algunos novelistas: Kafka, Broch, Faulkner, Beckett.” O como enuncia el mismo Kertész: “Su vida es en gran parte un delito trágico o un error trágico, pero sin las consecuencias trágicas.”

Entendida la tragedia como esa “forma del género dramático inventada en Ática en el siglo vi ac.”, esa “visión terrible e inflexible que cala en la vida humana… una narración que cuenta la vida de algún personaje antiguo o eminente que sufrió una mengua de fortuna para llegar a un fin desastroso…”, en palabras de Ruth Scodel, y en la que el sujeto se enfrenta a un destino y a la misma voluntad de los dioses, a fuerzas que rebasan su entendimiento y que lo destruyen pero que al mismo tiempo le dejan cierta dignidad trágica, esa forma de la Antigüedad griega, muere como tal en la época moderna y al mismo tiempo sobrevive a través de su transformación en una perspectiva trágica que se articula a géneros modernos como la novela, en el proceso de recomposición narrativa y artística impulsado por el romanticismo.

En sus dos versiones, expresadas a través de la sensibilidad melodramática y del relato trágico, el romanticismo dilata su sombra y todo indica que dominará parte de la imaginación cultural y política del siglo xxi, lo que orillará a sus receptores y cómplices a comprender y aprender de sus añejas contradicciones y de sus relatos, a recorrer las nuevas rutas de su geografía imaginaria, de sus poéticas narrativas y de sus modelos estéticos. Ahora más que nunca, las cartografías de nuestra cultura y de sus escrituras se convierten en desafíos colectivos, en rutas de la sensibilidad que buscan compulsivamente los territorios culturales en los que se pueda habitar con creatividad e imaginación trágicas las contradicciones de nuestro tiempo.

Desde el fondo temporal y espacial de su formación romántica, desde su historia de amor improbable con el melodrama, la modernidad latinoamericana nos susurra al oído una de sus formas históricas de resistencia, que al mismo tiempo se nos presenta como una utopía “sin optimismo” ni candidez moral o espiritual: para nosotros, los huéspedes contemporáneos de la imaginación romántica en conflicto, no habrá final feliz •

16 películas que te parecieron alucinantes en su momento y hoy renegarías de ellas

16 películas que te parecieron alucinantes en su momento y hoy renegarías de ellas

La relación del público con el cine, como sucede con el primer amor, implica varios tropiezos hasta encontrar el amor verdadero. Y reencontrarse con tus películas favoritas de la juventud tiene, a veces, el mismo efecto que tomarse un café con tu primera pareja: ya no tenéis nada de que hablar, apenas entiendes por qué te enamoraste de ella y, sobre todo, recuerdas por qué rompisteis. Estas 16 películas se erigieron como clásicos contemporáneos, pero no son tan buenas como creíamos

JUAN SANGUINO

   Lo que nos pareció en su momento.  Una sugerente alegoría pesadillesca sobre los monstruos interiores y la levedad que supone madurar con un conflicto arraigado en el subconsciente. Vamos, que no la entendimos.    Lo que es en realidad.  ‘Donnie Darko’ es la adaptación cinematográfica de ese amigo que, en medio de una fiesta, se pone a explicarte el cine de David Lynch sin que se lo hayas preguntado. Una película pretenciosa y efectista que sabe que cuanta menos gente la entienda más culto despertará. Desde entonces, su director ha hecho dos películas (‘Southland Tales’ y ‘The Box’) que dejan claro que él tampoco entendió ‘Donnie Darko’. 1

Lo que nos pareció en su momento. Una sugerente alegoría pesadillesca sobre los monstruos interiores y la levedad que supone madurar con un conflicto arraigado en el subconsciente. Vamos, que no la entendimos.

Lo que es en realidad. ‘Donnie Darko’ es la adaptación cinematográfica de ese amigo que, en medio de una fiesta, se pone a explicarte el cine de David Lynch sin que se lo hayas preguntado. Una película pretenciosa y efectista que sabe que cuanta menos gente la entienda más culto despertará. Desde entonces, su director ha hecho dos películas (‘Southland Tales’ y ‘The Box’) que dejan claro que él tampoco entendió ‘Donnie Darko’. CORDON

   Lo que nos pareció en su momento.  Una lujosa producción barroca, sensual y sangrienta que juntaba a las estrellas más carismáticas del momento (Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas) con Christian Slater.    Lo que es en realidad.  Un disparate deprimente que no tiene argumento (básicamente trata sobre vampiros tristes que discuten sin parar y tiran la vajilla) y en el que el verdadero peliculón ocurrió detrás de las cámaras: Cruise (que contrató a un ayudante cuyo único trabajo era asegurarse de que el rubio de sus cejas iba a juego con el de su peluca) eliminando las frases interesantes del personaje de Pitt para que no le hiciera sombra, Kirsten Dunst asqueada por tener que besar a Pitt al estar convencida de que tenía piojos, Slater reemplazando al fallecido River Phoenix a dos semanas de empezar a rodar y Brad Pitt intentando romper su contrato porque odiaba cada minuto del rodaje. 2

‘Entrevista con el vampiro’ (Neil Jordan, 1994)

Lo que nos pareció en su momento. Una lujosa producción barroca, sensual y sangrienta que juntaba a las estrellas más carismáticas del momento (Tom Cruise, Brad Pitt y Antonio Banderas) con Christian Slater.

Lo que es en realidad. Un disparate deprimente que no tiene argumento (básicamente trata sobre vampiros tristes que discuten sin parar y tiran la vajilla) y en el que el verdadero peliculón ocurrió detrás de las cámaras: Cruise (que contrató a un ayudante cuyo único trabajo era asegurarse de que el rubio de sus cejas iba a juego con el de su peluca) eliminando las frases interesantes del personaje de Pitt para que no le hiciera sombra, Kirsten Dunst asqueada por tener que besar a Pitt al estar convencida de que tenía piojos, Slater reemplazando al fallecido River Phoenix a dos semanas de empezar a rodar y Brad Pitt intentando romper su contrato porque odiaba cada minuto del rodaje. CORDON

   Lo que nos pareció en su momento.  Un experimento artístico crudo y una metáfora sobre la capacidad humana de mantener la dignidad, la imaginación y el optimismo.    Lo que es en realidad.  Sentarse a ver ‘Bailar en la oscuridad’ es como preguntarle a un compañero de trabajo durante el café “¿qué tal?” y qué se pase 20 minutos contándote sus desgracias sin dejarte tiempo a aclarar que era una pregunta retórica. Uno quiere ver un drama social musical y se encuentra con un ensañamiento grotesco que bordea la parodia (cuando crees que la película no puede regodearse más en la miseria de la protagonista, encuentra nuevas formas) con un sadismo de culebrón. En la vida real, Von Trier no se conformó con humillar al personaje protagonista, sino que también vejó emocionalmente a la actriz que lo interpretaba, la cantante Björk. 3

‘Bailar en la oscuridad’ (Lars Von Trier, 2000)

Lo que nos pareció en su momento. Un experimento artístico crudo y una metáfora sobre la capacidad humana de mantener la dignidad, la imaginación y el optimismo.

Lo que es en realidad. Sentarse a ver ‘Bailar en la oscuridad’ es como preguntarle a un compañero de trabajo durante el café “¿qué tal?” y qué se pase 20 minutos contándote sus desgracias sin dejarte tiempo a aclarar que era una pregunta retórica. Uno quiere ver un drama social musical y se encuentra con un ensañamiento grotesco que bordea la parodia (cuando crees que la película no puede regodearse más en la miseria de la protagonista, encuentra nuevas formas) con un sadismo de culebrón. En la vida real, Von Trier no se conformó con humillar al personaje protagonista, sino que también vejó emocionalmente a la actriz que lo interpretaba, la cantante Björk.

   Lo que nos pareció en su momento.  En los 80, cualquier cosa con Indiana Jones era mejor que cualquier cosa sin Indiana Jones. Esta segunda parte, además, era la favorita de los chavales porque no dejan de pasar cosas, Indy se echa un amigo de 10 años y la trama es tan sencilla que se puede seguir mientras juegas con un cubo de Rubik.    Lo que es en realidad.  Un pasatiempo con el que Spielberg cumplió su sueño de dirigir una película de James Bond (el prólogo), se relajó mientras preparaba su primer gran drama (‘El color púrpura’) y cuyo personaje femenino él mismo ha confesado que representaba sus frustraciones durante su divorcio: Kate Capshaw (casualmente, su segunda mujer) se pasa dos horas gritando. La trama acumula persecuciones, pero ninguna acaba yendo en ninguna dirección. 4

‘Indiana Jones y el templo maldito’ (Steven Spielberg, 1984)

Lo que nos pareció en su momento. En los 80, cualquier cosa con Indiana Jones era mejor que cualquier cosa sin Indiana Jones. Esta segunda parte, además, era la favorita de los chavales porque no dejan de pasar cosas, Indy se echa un amigo de 10 años y la trama es tan sencilla que se puede seguir mientras juegas con un cubo de Rubik.

Lo que es en realidad. Un pasatiempo con el que Spielberg cumplió su sueño de dirigir una película de James Bond (el prólogo), se relajó mientras preparaba su primer gran drama (‘El color púrpura’) y cuyo personaje femenino él mismo ha confesado que representaba sus frustraciones durante su divorcio: Kate Capshaw (casualmente, su segunda mujer) se pasa dos horas gritando. La trama acumula persecuciones, pero ninguna acaba yendo en ninguna dirección. CORDON

   Lo que nos pareció en su momento.  Una obra de arte poética sobre el corazón indomable de una dama oprimida por su mudez, por su marido y por sus enaguas.    Lo que es en realidad.  Una fotografía preciosa y una banda sonora tan romántica que consiguió que ‘El piano’ pareciese una arrebatadora historia de amor cuando en realidad trata sobre dos personas que no se soportan, pero se entienden fenomenal en la cama. El ahora lamentable Harvey Weinstein, su distribuidor, orquestó una campaña centrada en el empoderamiento femenino y surtió efecto: ganó tres Oscars para sus tres mujeres, Holly Hunter (mejor actriz), Anna Paquin (secundaria) y Jane Campion (guion). Ni la película ni su argumento ni sus personajes tenían coherencia alguna, pero ‘El piano’ se puso de moda y nadie quiso hacerse una pregunta pertinente: ¿es realmente buena o simplemente tiene mucha niebla? 5

‘El piano’ (Jane Campion, 1993)

Lo que nos pareció en su momento. Una obra de arte poética sobre el corazón indomable de una dama oprimida por su mudez, por su marido y por sus enaguas.

Lo que es en realidad. Una fotografía preciosa y una banda sonora tan romántica que consiguió que ‘El piano’ pareciese una arrebatadora historia de amor cuando en realidad trata sobre dos personas que no se soportan, pero se entienden fenomenal en la cama. El ahora lamentable Harvey Weinstein, su distribuidor, orquestó una campaña centrada en el empoderamiento femenino y surtió efecto: ganó tres Oscars para sus tres mujeres, Holly Hunter (mejor actriz), Anna Paquin (secundaria) y Jane Campion (guion). Ni la película ni su argumento ni sus personajes tenían coherencia alguna, pero ‘El piano’ se puso de moda y nadie quiso hacerse una pregunta pertinente: ¿es realmente buena o simplemente tiene mucha niebla?

   Lo que nos pareció en su momento.  Una majestuosa epopeya romántica de esas que ya no se hacen, diseñada para que cada escena despierte dos reacciones en el espectador de mediana edad: “qué fotografía tan bonita” y “hay que ver lo bien que trabaja esta mujer” (o sea, Meryl Streep).    Lo que es en realidad.  Pues 160 minutos que parecen 160 años. El rodaje tuvo lugar en África y en Hollywood eso solo puede significar una cosa: que nos la iban a enseñar de arriba a abajo. Los cautivadores planos aéreos del paisaje nos transportan a la naturaleza salvaje (cuando se estrenó, el espectador medio no tenía acceso a viajes tan exóticos), lo cual convierte a ‘Memorias de África’ en la primera adaptación cinematográfica de una postal. Y resulta tan aburrida como mirar una postal durante 160 minutos. 6

‘Memorias de África’ (Sydney Pollack, 1985)

Lo que nos pareció en su momento. Una majestuosa epopeya romántica de esas que ya no se hacen, diseñada para que cada escena despierte dos reacciones en el espectador de mediana edad: “qué fotografía tan bonita” y “hay que ver lo bien que trabaja esta mujer” (o sea, Meryl Streep).

Lo que es en realidad. Pues 160 minutos que parecen 160 años. El rodaje tuvo lugar en África y en Hollywood eso solo puede significar una cosa: que nos la iban a enseñar de arriba a abajo. Los cautivadores planos aéreos del paisaje nos transportan a la naturaleza salvaje (cuando se estrenó, el espectador medio no tenía acceso a viajes tan exóticos), lo cual convierte a ‘Memorias de África’ en la primera adaptación cinematográfica de una postal. Y resulta tan aburrida como mirar una postal durante 160 minutos. CORDON

   Lo que nos pareció en su momento.  Nos vendieron que Quentin Tarantino, recién salido de ‘Pulp Fiction’, era co-autor, pero lo único que hacía era interpretar a un personaje secundario cuyo monólogo, eso sí, sin duda escribió él. Banderas lo daba todo, había muchos tiros y Salma Hayek despertó sexualmente a toda una generación de adolescentes.    Lo que es en realidad.  La culpable del nacimiento de un subgénero que todavía seguimos sufriendo: fantasmadas perpetradas por un director al que le han dado un par de millones para que se corra una juerga con sus colegas en el desierto y en las que las mujeres son tratadas como revistas porno en movimiento. La mayoría de estas películas (todas las de Guy Ritchie, por ejemplo) al menos tienen diálogos agitados. ‘Desperado’ ni eso. No es una película, es una despedida de soltero con pistolas de fogueo. 7

‘Desperado’ (Robert Rodriguez, 1995)

Lo que nos pareció en su momento. Nos vendieron que Quentin Tarantino, recién salido de ‘Pulp Fiction’, era co-autor, pero lo único que hacía era interpretar a un personaje secundario cuyo monólogo, eso sí, sin duda escribió él. Banderas lo daba todo, había muchos tiros y Salma Hayek despertó sexualmente a toda una generación de adolescentes.

Lo que es en realidad. La culpable del nacimiento de un subgénero que todavía seguimos sufriendo: fantasmadas perpetradas por un director al que le han dado un par de millones para que se corra una juerga con sus colegas en el desierto y en las que las mujeres son tratadas como revistas porno en movimiento. La mayoría de estas películas (todas las de Guy Ritchie, por ejemplo) al menos tienen diálogos agitados. ‘Desperado’ ni eso. No es una película, es una despedida de soltero con pistolas de fogueo.

   Lo que nos pareció en su momento.  Una fantasía atestada de magia, aventuras y un perro que vuela. Para los chavales de diez años, que éramos el equivalente cinéfilo a una urraca porque sólo les exigíamos a las películas que tuvieran cosas brillantes, fue más que suficiente como para coronarla como nuestra película favorita del mundo durante un invierno entero.    Lo que es en realidad.  Una horterada, lo cual puede sonar redundante porque en los 80 todo era una horterada, pero esta en concreto además pasaba de moda a tiempo real como les sucedía a todas las fantasías de la época (‘Legend’, ‘Lady Halcón’, ‘Los inmortales’) que no eran ‘Dentro del laberinto’. Emocionalmente tosca (¡un caballo ahogándose en una ciénaga!), narrativamente nula y con un protagonista irritante. Y el perro volador resultaba ser un dragón. Todo son decepciones con ‘La historia interminable’. 8

‘La historia interminable’ (Wolfgang Petersen, 1984)

Lo que nos pareció en su momento. Una fantasía atestada de magia, aventuras y un perro que vuela. Para los chavales de diez años, que éramos el equivalente cinéfilo a una urraca porque sólo les exigíamos a las películas que tuvieran cosas brillantes, fue más que suficiente como para coronarla como nuestra película favorita del mundo durante un invierno entero.

Lo que es en realidad. Una horterada, lo cual puede sonar redundante porque en los 80 todo era una horterada, pero esta en concreto además pasaba de moda a tiempo real como les sucedía a todas las fantasías de la época (‘Legend’, ‘Lady Halcón’, ‘Los inmortales’) que no eran ‘Dentro del laberinto’. Emocionalmente tosca (¡un caballo ahogándose en una ciénaga!), narrativamente nula y con un protagonista irritante. Y el perro volador resultaba ser un dragón. Todo son decepciones con ‘La historia interminable’.

   Lo que nos pareció en su momento.  Una proeza técnica rodada con luz natural, en condiciones infrahumanas y con apabullantes planos secuencia de batallas. Y nos pareció eso porque su campaña al Oscar se aseguró de recordárnoslo a diario durante meses mediante reportajes, entrevistas y vídeos: cualquier cosa con tal de que no se hablase de… la película.    Lo que es en realidad.  ‘El renacido’ es lo que los críticos más intelectuales llaman “un tostón”. Tan obstinada en restregarte sus prodigios técnicos que hasta los Oscar le dieron un segundo galardón consecutivo a Iñárritu y una victoria de Leonardo DiCaprio que le debían desde hacía años, pero que quedó un poco deslucida porque, como le espetaba Joan Crawford a Bette Davis en ‘Feud’, “no te premian por lo bien que lo haces, sino porque notan cuánto te esfuerzas”. 9

‘El renacido’ (Alejandro G. Iñárritu, 2015)

Lo que nos pareció en su momento. Una proeza técnica rodada con luz natural, en condiciones infrahumanas y con apabullantes planos secuencia de batallas. Y nos pareció eso porque su campaña al Oscar se aseguró de recordárnoslo a diario durante meses mediante reportajes, entrevistas y vídeos: cualquier cosa con tal de que no se hablase de… la película.

Lo que es en realidad. ‘El renacido’ es lo que los críticos más intelectuales llaman “un tostón”. Tan obstinada en restregarte sus prodigios técnicos que hasta los Oscar le dieron un segundo galardón consecutivo a Iñárritu y una victoria de Leonardo DiCaprio que le debían desde hacía años, pero que quedó un poco deslucida porque, como le espetaba Joan Crawford a Bette Davis en ‘Feud’, “no te premian por lo bien que lo haces, sino porque notan cuánto te esfuerzas”.

   Lo que nos pareció en su momento.  Un ejercicio de cine visceral, angustioso y traumático con una banda sonora capaz de empujarte a la locura si te pilla en un día bajo de ánimo. Y la película de la que todo el mundo hablaba en la cafetería de la universidad.    Lo que es en realidad.  El director estadounidense Darren Aronofsky es un genio. ‘Réquiem por un sueño’ es la quintaesencia de esas películas que “me gustaron mucho, pero no pienso volver a ver nunca” y eso juega muy a favor de ella. El hecho de que nadie repita la ha conservado en un recuerdo privilegiado del imaginario colectivo, porque sus últimos 20 minutos son tan asfixiantes que el espectador no lo procesa, acaba aturdido y confunde el alivio de que se haya acabado con la calidad cinematográfica: nunca nos gustó, sino que fuimos víctimas del síndrome de Estocolmo. Y la dichosa banda sonora ha acabado acompañando desde escrutinios de elecciones hasta reportajes de fútbol. 10

‘Réquiem por un sueño’ (Darren Aronofsky, 2000)

Lo que nos pareció en su momento. Un ejercicio de cine visceral, angustioso y traumático con una banda sonora capaz de empujarte a la locura si te pilla en un día bajo de ánimo. Y la película de la que todo el mundo hablaba en la cafetería de la universidad.

Lo que es en realidad. El director estadounidense Darren Aronofsky es un genio. ‘Réquiem por un sueño’ es la quintaesencia de esas películas que “me gustaron mucho, pero no pienso volver a ver nunca” y eso juega muy a favor de ella. El hecho de que nadie repita la ha conservado en un recuerdo privilegiado del imaginario colectivo, porque sus últimos 20 minutos son tan asfixiantes que el espectador no lo procesa, acaba aturdido y confunde el alivio de que se haya acabado con la calidad cinematográfica: nunca nos gustó, sino que fuimos víctimas del síndrome de Estocolmo. Y la dichosa banda sonora ha acabado acompañando desde escrutinios de elecciones hasta reportajes de fútbol. CORDON

   Lo que nos pareció en su momento.  Un fenómeno social que conmovió a las masas gracias a su heroico retrato del espíritu humano y que culminó en el Oscar a la mejor película, adelantando en el ‘foto-finish’ a la favorita, ‘Rojos’ (Warren Beatty, 1981).    Lo que es en realidad.  Hay que respetarla porque lleva 27 años funcionando como el canon fundacional de las ‘feel-good movies’ (películas que por encima de todo buscan hacerte sentir bien) que tanto nos han hecho reír, llorar y hacer las dos cosas a la vez. También nos dio la banda sonora de Vangelis, la más parodiada de la historia del cine. Pero esa música y esas buenas intenciones calaron entre el público de 1981, que le pasó por alto a la película un ínfimo desarrollo de personajes y una puesta en escena ramplona. El público recuerda lo que le hizo sentir esta película, pero apenas recuerda lo que contaba. Por algo será. 11

‘Carros de fuego’ (Hugh Hudson, 1981)

Lo que nos pareció en su momento. Un fenómeno social que conmovió a las masas gracias a su heroico retrato del espíritu humano y que culminó en el Oscar a la mejor película, adelantando en el ‘foto-finish’ a la favorita, ‘Rojos’ (Warren Beatty, 1981).

Lo que es en realidad. Hay que respetarla porque lleva 27 años funcionando como el canon fundacional de las ‘feel-good movies’ (películas que por encima de todo buscan hacerte sentir bien) que tanto nos han hecho reír, llorar y hacer las dos cosas a la vez. También nos dio la banda sonora de Vangelis, la más parodiada de la historia del cine. Pero esa música y esas buenas intenciones calaron entre el público de 1981, que le pasó por alto a la película un ínfimo desarrollo de personajes y una puesta en escena ramplona. El público recuerda lo que le hizo sentir esta película, pero apenas recuerda lo que contaba. Por algo será.

   Lo que nos pareció en su momento.  Frases y titulares que se dijeron cuando se estrenó, en 2009: “Pixar lo vuelve a hacer”, “no tienen rival”, “la mejor película de Pixar hasta la fecha”, “es de dibujos, pero también es para adultos”, “me he acordado mucho de mi abuelo”.    Lo que es en realidad.  Los diez minutos más amortizados de la historia del cine. El conmovedor retrato de toda una vida de amor y aventuras con el que abre la película se agarró al corazón del público y, como es costumbre en Pixar, le hizo sentir cosas que no sabía que llevaba dentro. Pero esos magistrales diez minutos sí que tienen nombre: cortometraje. Porque los 80 restantes son una sucesión de personajes tropezándose con cosas y una “amistad improbable” que llevamos viendo en el cine de animación desde que Pinocho conoció a Pepito Grillo. 12

‘Up’ (Pete Docter, 2009)

Lo que nos pareció en su momento. Frases y titulares que se dijeron cuando se estrenó, en 2009: “Pixar lo vuelve a hacer”, “no tienen rival”, “la mejor película de Pixar hasta la fecha”, “es de dibujos, pero también es para adultos”, “me he acordado mucho de mi abuelo”.

Lo que es en realidad. Los diez minutos más amortizados de la historia del cine. El conmovedor retrato de toda una vida de amor y aventuras con el que abre la película se agarró al corazón del público y, como es costumbre en Pixar, le hizo sentir cosas que no sabía que llevaba dentro. Pero esos magistrales diez minutos sí que tienen nombre: cortometraje. Porque los 80 restantes son una sucesión de personajes tropezándose con cosas y una “amistad improbable” que llevamos viendo en el cine de animación desde que Pinocho conoció a Pepito Grillo.

   Lo que nos pareció en su momento.  La película que más molaba del mundo. Tom Cruise puso de moda las gafas de aviador (como había puesto de moda las ‘way-farer’ tres años antes en ‘Risky Business’) y la amistad masculina demostró que podía ser sensible: aquí nació el ‘bromance’.    Lo que es en realidad.  Una película que cambió Hollywood. Su mastodóntico éxito de taquilla demostró que las películas no necesariamente debían ser una historia sino que también podían ser un producto. ¿La marca? Estados Unidos. ¿El ingrediente? Adrenalina. ¿El objetivo? Despertar sensaciones (en absoluto narrativas) de exaltación patriótica, masculinidad hiperbólica pero accesible y ganas de alistarse en el ejército. Y por lo tanto estaba rodada como un anuncio de cerveza, de vaqueros o de gafas de sol. Una euforia contagiosa que oculta que ‘Top Gun’ no tiene intención de ser una película de verdad porque lo que quiere es vender un concepto. Veremos si la secuela, de estreno en 2019, consigue que lo volvamos a comprar. 13

‘Top Gun’ (Tony Scott, 1986)

Lo que nos pareció en su momento. La película que más molaba del mundo. Tom Cruise puso de moda las gafas de aviador (como había puesto de moda las ‘way-farer’ tres años antes en ‘Risky Business’) y la amistad masculina demostró que podía ser sensible: aquí nació el ‘bromance’.

Lo que es en realidad. Una película que cambió Hollywood. Su mastodóntico éxito de taquilla demostró que las películas no necesariamente debían ser una historia sino que también podían ser un producto. ¿La marca? Estados Unidos. ¿El ingrediente? Adrenalina. ¿El objetivo? Despertar sensaciones (en absoluto narrativas) de exaltación patriótica, masculinidad hiperbólica pero accesible y ganas de alistarse en el ejército. Y por lo tanto estaba rodada como un anuncio de cerveza, de vaqueros o de gafas de sol. Una euforia contagiosa que oculta que ‘Top Gun’ no tiene intención de ser una película de verdad porque lo que quiere es vender un concepto. Veremos si la secuela, de estreno en 2019, consigue que lo volvamos a comprar. CORDON

   Lo que nos pareció en su momento.  Un fracaso de taquilla reconvertido en clásico televisivo gracias a la tradición de verla en familia cada Navidad recuperando la fe en la bondad humana.    Lo que es en realidad.  Una parábola manipuladora en la que el bueno (Jimmy Stewart) sufre porque quiere concederle prestamos a todos los aldeanos sin comprobar sus avales (lo que viene a ser la causa de la crisis económica actual) y en la que el malo es una caricatura desalmada y, sencillamente, un empresario prudente que se niega a conceder esos préstamos a gente que no va a poder pagarlos. Ambos son capitalistas acérrimos, pero el héroe además es un insensato. Pero ‘¡Qué bello es vivir!’ es tan bienintencionada que criticarla te hace parecer un villano. Es una estrategia perfecta. 14

‘¡Qué bello es vivir!’ (Frank Capra, 1946)

Lo que nos pareció en su momento. Un fracaso de taquilla reconvertido en clásico televisivo gracias a la tradición de verla en familia cada Navidad recuperando la fe en la bondad humana.

Lo que es en realidad. Una parábola manipuladora en la que el bueno (Jimmy Stewart) sufre porque quiere concederle prestamos a todos los aldeanos sin comprobar sus avales (lo que viene a ser la causa de la crisis económica actual) y en la que el malo es una caricatura desalmada y, sencillamente, un empresario prudente que se niega a conceder esos préstamos a gente que no va a poder pagarlos. Ambos son capitalistas acérrimos, pero el héroe además es un insensato. Pero ‘¡Qué bello es vivir!’ es tan bienintencionada que criticarla te hace parecer un villano. Es una estrategia perfecta.

   Lo que nos pareció en su momento.  Por fin una película que da voz a la incomprendida generación X. ¡A ver qué tienen qué decir! “Bienvenidos al invierno de nuestro descontento”. Ah, ok.    Lo que es en realidad.  Hollywood le tendió una trampa a la generación X dejándoles como unos niñatos incapaces de levantarse del sofá porque todo les parecía prefabricado y ellos buscaban algo auténtico. Lo que no buscaban, por lo visto, era trabajo. Sus personajes son supuestamente brillantes porque ellos mismos se lo dicen unos a otros, pero en ningún momento vemos ni rastro de esa genialidad. La película se redondea como una metáfora perfecta cuando, tras pasarse 90 minutos ridiculizando las comedias románticas, acaba con el chico (Ethan Hawke, cuidadosamente despeinado) presentándose en casa de la chica (Winona Ryder, calculadamente pizpireta) para declararle su amor. Pero que quede claro que ellos no son como los demás. 15

‘Reality Bites’ (Ben Stiller, 1994)

Lo que nos pareció en su momento. Por fin una película que da voz a la incomprendida generación X. ¡A ver qué tienen qué decir! “Bienvenidos al invierno de nuestro descontento”. Ah, ok.

Lo que es en realidad. Hollywood le tendió una trampa a la generación X dejándoles como unos niñatos incapaces de levantarse del sofá porque todo les parecía prefabricado y ellos buscaban algo auténtico. Lo que no buscaban, por lo visto, era trabajo. Sus personajes son supuestamente brillantes porque ellos mismos se lo dicen unos a otros, pero en ningún momento vemos ni rastro de esa genialidad. La película se redondea como una metáfora perfecta cuando, tras pasarse 90 minutos ridiculizando las comedias románticas, acaba con el chico (Ethan Hawke, cuidadosamente despeinado) presentándose en casa de la chica (Winona Ryder, calculadamente pizpireta) para declararle su amor. Pero que quede claro que ellos no son como los demás.

  Lo que nos pareció en su momento.  La mayoría del público la recuerda como dos horas de Audrey Hepburn vestida por Hubert de Givenchy y comiendo ‘croissants’ delante del escaparate de la joyería Tiffany’s.   Lo que es en realidad.  Es mejor bolso que película. Rampantemente superficial para la tortuosa historia que en realidad cuenta (o, mejor dicho, que no cuenta), ofrece una tediosa sucesión de ‘sketches’ cómicos sin saber muy bien qué película quiere ser. Confía demasiado en el encanto de Hepburn y en la melancolía que evoca ‘Moon river’, una canción que suena doce veces. El señor Yamamoto, interpretado por un Mickey Rooney maquillado y explotando todos los estereotipos japoneses e inventando otros nuevos, es de lo más racista que ha hecho Hollywood, por bochornoso y por innecesario. Y ni siquiera es divertido. 16

‘Desayuno con diamantes’ (Blake Edwards, 1961)

Lo que nos pareció en su momento. La mayoría del público la recuerda como dos horas de Audrey Hepburn vestida por Hubert de Givenchy y comiendo ‘croissants’ delante del escaparate de la joyería Tiffany’s.

Lo que es en realidad. Es mejor bolso que película. Rampantemente superficial para la tortuosa historia que en realidad cuenta (o, mejor dicho, que no cuenta), ofrece una tediosa sucesión de ‘sketches’ cómicos sin saber muy bien qué película quiere ser. Confía demasiado en el encanto de Hepburn y en la melancolía que evoca ‘Moon river’, una canción que suena doce veces. El señor Yamamoto, interpretado por un Mickey Rooney maquillado y explotando todos los estereotipos japoneses e inventando otros nuevos, es de lo más racista que ha hecho Hollywood, por bochornoso y por innecesario. Y ni siquiera es divertido.

Salvador Novo, nuestro gran maestro de escritura

Salvador Novo, nuestro gran maestro de escritura

Elena Poniatowska

La Jornada

Salvador Novo, poeta, ensayista y cronista de la Ciudad de México, falleció hace 44 años, el 13 de enero de 1974. Poeta, prosista de lujo, como lo llamó Carmen Galindo, sus crónicas iban más allá de describir los acontecimientos de la ciudad y rendir pleitesía al presidente en turno; todos lo leíamos para aprender a escribir. Hasta ahora nadie ha superado la admirable fluidez de su prosa que hizo escuela. Son muchos los críticos que consideran que el mejor libro de Carlos Monsiváis es el que dedicó a su admirado Novo: Lo marginal en el centro, porque en realidad escribió su autobiografía.

Salvador Novo fue el primer escritor que conocí al llegar a México porque todos los domingos comía en la huerta de San Jerónimo de Raúl y Carito Amor de Fournier y al entrar a saludar a mis mayores, lo llamaba yo tío. A partir de mis 10 años nunca dejó de llamarme sobrina, hasta el año de la publicación de La noche de Tlatelolco, ya que se convirtió en defensor de Gustavo Díaz Ordaz y del PRI. Tanto él como Martín Luis Guzmán se alinearon del lado del gobierno que los mantenía y acusaron a los estudiantes encarcelados en Lecumberri, lo cual hizo que Carlos Fuentes los llamara La Traviata y El Rigoletto del año 68.

Recuerdo que en esas apacibles comidas en la huerta de San Jerónimo, en los dedos de las manos de Salvador Novo se turnaban varios anillos: uno precioso del sagrado escarabajo de Egipto, el otro, un sello oscuro que no alcancé a descifrar a pesar de que era del tamaño de un foco. No sabía yo nada de pelucas y no creo que en esa época llevara una roja o castaña o china o lacia. Tampoco supe si tenía las cejas depiladas. A los niños todo les parece bien. Sí recuerdo que Novo llevaba la batuta de la conversación y a ese gran jardín llegaron a lo largo de los años muchos de los constructores de México: Rufino y Olga Tamayo, Pablo y Natasha González Casanova, Ignacio y Celia Chávez, Gustavo Baz, quien había cabalgado al lado de Emiliano Zapata, y bellezas como Alfa Henestrosa, que vestía rebozo y enaguas antes de que lo hiciera Frida Kahlo. De todos, el mejor informado y el que se mantuvo en primer lugar del Tout Mexique fue el cronista de la ciudad Novo, quien era requerido en todos los acontecimientos de la vida nacional por los presidentes de la República en turno. Ya dirigía museos y organizaba conferencias y presumía que la RCA Víctor iba hacerle “un álbum de tres discos de long play, es decir, de dos caras, sobre la ciudad de México”. Nadie más solicitado que él. Hasta en espectáculos de Teotihuacán de luz y sonido, con música de Blas Galindo, y de Uxmal, con música del yucateco Daniel Pérez Ayala, se oía su voz. Novo aparecía en todas las revistas, lo fotografiaban en todas las crónicas de sociales, y como fundó La Capilla, salía en todas las carteleras. Asimismo, criaturita, tengo que atender las consultas del Jefe del Departamento y de otros secretarios de Estado que me dicen que mi presencia es indispensable. No pasa una semana sin que recurran a mi persona o rueguen que les dé mi opinión. Cronista todopoderoso de la ciudad, José Emilio Pacheco, Antonio Saborit y Sergio González Rodríguez se comprometieron a revisar sus gruesos tomos sexenales de La vida en México, sobre los regímenes de Cárdenas, Miguel Alemán, Ávila Camacho, Ruiz Cortines. Admiradores de su prosa y de su ingenio, los jóvenes no lo fueron de su servilismo, que el propio Novo justificaba con una frase al periodista Antonio Bertrán: Hoy no tengo que escribir más mercancía que dos cuartillas, que a razón de 15 minutos cada una me dejan libre prácticamente todo el día.

–Me gustaría que me hablaras de tu poesía, porque Nuevo amor es lo más bonito que has hecho.

–El Fondo de Cultura Económica publicará tres tomos completos de poesía: 20 poemas (1925), Espejo y Nuevo amor (1933), y poesías no coleccionadas posteriores a esas fechas. Además, mis Sonetos de Año Nuevo.

–¿Por qué has hecho poca poesía en los últimos años?

–Porque no es lo mismo hacer poesía que versos, versos hago muchos. Versos es hacer rimas, epigramas, cosas que respondan al concepto que se tuvo de la poesía hasta el siglo XX, que es meter los pensamientos y las emociones en los moldes de la métrica y manejar metáforas que terminan siendo familiares a toda la gente… En tanto que poesía ha sido, siempre para mí, un estado de trance, de inspiración de inevitabilidad. Inevitabilidad, fíjate bien.

–¿En ese momento nadie y nada en el mundo podrían impedir que escribieras?

–Sí, mi edad y mi enfermedad.

–¿Tu enfermedad te hizo escribir mucha poesía?

–No. Nada más matizó de mucha tristeza el soneto que envié a mis amigos en 1970.

–Entonces, ¿es cierto que el sufrimiento es un detonador de la escritura como la soledad?

–En mi caso no, criatura. Yo escribí cosas muy tristes cuando era niño. Casi todos mis poemas de adolescencia son tristes. Eso es lo que se consideraba poesía antes, la tristeza. ¡Mira, estos versos muy influidos de González Martínez que hice cuando tenía 14 años! Mira, qué tristes, pero tristes, tristes, te los voy a leer: Vieja alameda triste en que el árbol medita,/ en que la nube azul contagia su quebranto/ y en que el rosal se inclina al viento que dormita:/ te traigo mi dolor y te ofrezco mi llanto./ He vuelto. Soy el mismo. La misma sed me aqueja/ y embelesa mi oído idéntica canción,/ y soy aquel que ama el minuto que deja/ un poco más de llanto dentro del corazón./ He vuelto a tu silencio otoñal: he buscado/ vanamente mis huellas entre todas las huellas,/ y mi ilusión es una hoja muerta de aquellas/ que estremecía el viento y que el sol ha dorado./ …Y mientras quiero acaso recomenzar la senda/ un mal irremediable consume los destellos/ del sol, vieja alameda, y te guardo mi ofrenda,/ tú contemplas mis ojos y miras mis cabellos.

A Novo le entra un ataque de risa.

–¡Uy, uy, uy! ¡Cuánta melancolía! ¿Oíste? ¡Uy, qué cosa!

–¡Ay!, ¿por qué te burlas?

–¡Me burlo de mis 14 años!

–Y, ¿por qué te leíste a ti mismo con tanta ironía?

–Ah, ¿querías tú que me tomara en serio?

(Salvador Novo se leyó haciendo muecas. Puso ante sus ojos unos pequeños vidrios a la manera de impertinentes o monóculos, levantó las cejas y rió en forma despiadada.)

–En cambio, en mi libro 20 poemas estoy lleno de alegría y de metáforas nuevas, sorprendentes. ¿No te gusta esto?: Los nopales nos sacan la lengua… ¡Es pura pintura!, ¿verdad? Entonces tenía yo 21 años y era muy alegre… Fui muy feliz a los 20 años; empecé a disfrutar la vida. De niño fui tristón, imagínate, un niño encerrado, hijo único. ¿Quieres que te lea Los nopales nos sacan la lengua? Mira qué bonito: Los nopales nos sacan la lengua;/ pero los maizales por estaturas/ con su copetito mal rapado/ y su cuaderno debajo del brazo/ nos saludan con sus mangas rotas. ¿Quieres que te lea mi Epigrama a Bernardo Reyes. ¿Sabes quién es? Un gordo, chaparrito. Me asalta duda lacerante/ frente a tan reducido ente/ embajador tan competente/ y personilla tan pedante./ Es de los reyes descendiente/ eso lo sé; ¡pero no atino/ si será de Alfonso sobrino/ o sencillamente sobrante.

–¡Ay pobre! Entonces eras un niño triste.

–Sí, ¿por qué te llama la atención? Era un niño demasiado protegido, aislado de los demás, solo en un jardín. Mi padre murió. ¿No has leído Epifanía? Salvador Elizondo dijo que era mi mejor poema: Un domingo/ Epifanía no volvió más a la casa./ Yo sorprendí conversaciones/ en que contaban que un hombre se la había robado/ y luego interrogando a las criadas,/ averigüe que se la había llevado a un cuarto./No supe nunca dónde estaba ese cuarto/ pero lo imaginé, frío, sin muebles,/ con el piso de tierra húmeda/ y una sola puerta a la calle./ Cuando yo pensaba en ese cuarto/ no veía a nadie en él./ Epifanía volvió una tarde/ y yo la perseguí por el jardín/ rogándole que me dijera qué le había hecho el hombre/ porque mi cuarto estaba vacío/ como una caja sin sorpresas./ Epifanía reía y corría/ y al fin abrió la puerta/ y dejó que la calle entrara en el jardín.

–Oye, Salvador, ¿y ahora tu cuarto sigue vacío como una caja sin sorpresas?

–No, ahora está lleno de sorpresas. No tengo hora para escribir. No se tienen horas para el parto. Me sobreviene el parto a medianoche, a medianoche escribo. Los versos sí se pueden escribir a cualquier hora, la poesía no. No desprecio los versos, pero digo que sólo se necesita oficio para ponerse a hacerlos. Hago muchos. Ahorita mismo puedo leerte unos; son divertidos, yo me divierto haciéndolos, pero no son poesía.

–Alguna vez me dijeron Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco que tus sonetos eran de una lucidez aterradora.

–Sí, sí, son como de Quevedo. Los hice a los 20 años. Siempre a los 20 años hace uno esas cosas. Me divierto mucho. ¡Es una forma de reírse, a costa de los demás y a costa de sí mismo, porque recuerda que hice muchos en contra de mí mismo! Ahora ya no los hago.

–¿Por qué? ¿Ahora eres más bueno?

–No, claro que no.

–¿Eres igual de malo?

–Sí, soy muy malo. Bueno, soy menos irritable. Aguanto un poco mejor la estupidez humana, pero no mucho. Al mismo tiempo que mandaba el soneto de Año Nuevo, mandaba otro privado, muy grosero, groserísimo. Un año le mandé uno a Alfonso Reyes, y él me envió otro, que es probablemente una de las últimas cosas que escribió, el 11 de diciembre de 1959. Durante tres años mandé sonetos groseros, ya después no. Mira, ahorita acabo de mandar traer una corbata negra porque tengo que ir a Félix Cuevas. Murió la mamá de Miguel León Portilla. Quiero ir a verlo. Todas las mañanas o casi todas camino en los Viveros, pero me interrumpen…

–¿Te pesa la celebridad?

–Cuando me preguntan: ¿Es usted Salvador Novo? respondo: ¡Pues qué remedio tengo! Ay, ¿no me puede dar su autógrafo? Mientras no sea en un cheque. Después me envían a sus niños para que los salude. Los niños vienen hacia la banca, se me quedan viendo. Firmo otros autógrafos, y cuando se ha cumplido la media hora de ejercicio diario, salgo de los Viveros.

–Con tu fama a cuestas.

–Y mis emociones. Porque son más los sobresaltos y los sustos que el ejercicio. Y el teléfono. Entre las cosas que tengo programadas para hoy está la cena de la Cruz Roja, a las ocho, cena sentados con tarjeta, y todas las ceremonias que suscita mi sola presencia… Si me invitan por teléfono tengo posibilidad de negarme. No puedo, no es posible. Yo no preví que fuera a perjudicarlos en tal forma. Lo siento muchísimo. Bueno, quizá pueda ir. Tengo mi chofer esperándome y quizá pueda salir de la cena de la Cruz Roja a las nueve y media para ir a Bellas Artes. No preví que iba a tener tanta importancia mi presencia. ¡Ah, si va Pellicer, pues con él tienen la estrellota, porque yo no puedo violentarme en esa forma! Perdónenme y denle toda clase de excusas a los organizadores del homenaje a Amado Nervo (cuelga el teléfono). ¡Fíjate, una ceremonia a Amado Nervo en la Manuel M. Ponce! Pero yo no puedo fallarles a los de la Cruz Roja.

–Oye Salvador, ¿te tiene miedo la gente?

–Pues una miedo y otra odio. Oscilo como Aristóteles entre el terror y la compasión. Espérame voy a tomar agua…

Por ese remolino de compromisos políticos Novo canjeó su admirable los que tenemos unas manos que no nos pertenecen/ grotescas para la caricia, inútiles para el taller o la azada/ por una mortífera venta al lodoso poder, pero la pureza de su prosa –salvada entre otros por Monsiváis– hace de él, como dijo Sergio González Rodríguez, un “provocador lúcido, un satírico radical, un perseguidor de la inteligencia maligna (…)”.