El convento de los santos apóstoles Pedro y Pablo de Querétaro

Los dominicos en Querétaro
A 300 años de la consagración
Del templo de Santo Domingo.

El Convento de los santos apóstoles Pedro y Pablo, de Querétaro

José Félix Zavala

“A nuestro juicio los indios Jonaces, dice el historiador Esteban Arroyo, son dignos de admiración, porque con toda valentía habían sabido defender su libertad, su independencia y su patria”.

En 1686, los frailes dominicos encabezados por fray Felipe Galindo, mas tarde obispo de Nueva Galicia, cuya sede es Guadalajara, con la autorización del Rey Carlos ll de España, incursionan en la Sierra Gorda y las minas de Zimapán, para “la reducción y conquista espiritual” de los Jonaces, pueblo chichimeca, extinguido a finales del siglo XVlll y de la manera más cruel, en la batalla del cerro de La Media Luna, por el Conde de la Sierra Gorda, José de Escandón.

Las misiones que funda Fray Felipe Galindo, entre Los Jonaces, son: La Nopalera, Vizarrón, Soriano, Palmas, Ahuacatlán, Punguinguía, Zimapán y Xichú, además de los conventos de San Juan Del Río y Querétaro.

Señala Esteban Arroyo, que el fraile, último dominico en las tierras de los Jonaces, Luis Guzmán, es apóstol benemérito de Los Jonaces y que los verdaderos culpables de que no prosperaran las misiones dominicas en la Sierra Gorda, fueron los militares y los hacendados españoles, dando como resultado este fracaso y un etnocidio, la extinción de una raza humana, Los Jonaces.

“Si sus éxitos no se consolidaron, no fue culpa de ellos, sino de las autoridades civiles y militares que en todo tiempo buscaron anteponer sus conveniencias materiales a los bienes espirituales, morales y sociales de los indígenas”.

Organizadas las misiones dominicas de la Sierra Gorda, Fray Felipe Galindo, emprendió la fundación de los conventos de San Juan Del Río y Querétaro, donde sus misioneros pudieran atender sus enfermedades, aprender las lenguas indígenas y tener un apoyo económico y moral.

El 28 de junio de 1692, Fray Felipe Galindo recibió las licencias debidas para la fundación en Querétaro y para el 12 de mayo de 1693 en Capítulo Provincial, La Provincia de Santiago de México, acepta la erección de lo que sería “El Colegio – Convento de los Santos Apóstoles, Pedro y Pablo, de Querétaro”.

El terreno adquirido, para levantar el mencionado monasterio, ocupa las actuales calles de V. Guerrero, M. Ocampo, Pino Suárez y J. Ma. Arteaga, en aproximadamente 15 mil metros cuadrados.

Fueron los primeros conventuales, los frailes Andrés del Rosario, primer prior, Miguel Ortíz, Luis Flores, Antonio Prado, Manuel Mógica, y los legos, Antonio Guzmán y Fernando Herrera.

Se edificó el convento y la iglesia con todas sus dependencias y una gran huerta, el atrio quedó situado, en la ahora esquina de Guerrero y Pino Suárez, al poniente del atrio se admiran las fachadas del templo y de la capilla de la tercera orden y al sur los cinco portales, que dan acceso al monasterio o la llamada portería.

El claustro tiene cuatro arcos por lado y dos plantas, con amplios corredores, en la parte baja se ubica la sacristía y la ante sacristía.

La fachada de la iglesia es de tipo clásico, en su primer cuerpo está decorado con pilastras corintias y cornisamentos jónicos con grandes basamentos, el segundo cuerpo nos muestra dos hermes que cargan el escudo de la Orden Dominica y la cruz de tres brazos, en honor a los patronos del convento.

La fachada de la capilla de la tercera orden está compuesta por dos grandes interestípites que van del piso al remate, la base de donde arrancan es una ménsula con guardamalleta inferior, sobre ella un jarrón y a la espalda enmarcan róleos, terminando en un capitel corintio, rematando en una cornisa con alas pegadas, dando una hornacina cerrada, rematada por una venera.

En medio se encuentra un medallón enmarcado por rocallas y vegetales, cargando un marco almohadillado de la ventana del coro y rematado por un moldurón.

La iglesia en forma de cruz latina tiene 41.23 metros de longitud por 9 metros de ancho y en el crucero llega a 17 metros, la altura máxima es del piso a la cruz de la cúpula de 23.66 metros.

“La torre es alta y sencilla, esta formada por tres cuerpos cuadrangulares, adelgazados con vano y remata con cúpula y linternilla”

Adjunta a la iglesia se encuentra la capilla a la Virgen del Rosario, en el lado del crucero derecho o de la epístola, muy pequeña, de 6.72 por 7.50, inaugurada en 1742 y tiene una “capacísima” talla de la patrona de los frailes dominicos.

La capilla de la Tercera Orden dominica, adjunta a la iglesia del convento fue fundada en 1740, teniendo como patrona a Santa Rosa de Lima, el diseño parece ser de Mariano de las Casas y la participación posterior de Francisco Gudiño.

Durante sus primeros 124 años de existencia, este convento tuvo una vida regular y su esplendor llegó junto con la ciudad a finales del siglo XVlll y para mediados del siglo XlX comenzó su decadencia, lo mismo que la ciudad entera debido a las leyes de reforma y las guerras contra los franceses y los norteamericanos.

El convento dominico de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo de Querétaro, durante su época más próspera, tuvo conventuales de gran talento intelectual, tanto predicadores, como lectores y examinadores, además de haber tenido en su interior “un colegio de artes”, donde experimentaban los Lectores, que después fueran catedráticos, en los grandes conventos dominicos de la Provincia de Santiago de México.

Después de grandes vicisitudes a partir de la exclaustración y venta de convento e iglesia de los dominicos en 1860, el franciscano Fray José de Jesús Rico, lo adquirió, por medio de una compraventa en 1879 y para 1904, fue recuperado por los frailes dominicos viviendo una pequeña época de apogeo hasta 1914.

Los terrenos donde se encontraban las instalaciones del convento se fueron fraccionando, durante ésta época aciaga en la vida nacional. La familia encabezada por Evaristo Juaristi, cuidó del convento y templo durante 11 años, hasta la llegada del fraile dominico, Vicente Escalante y de 1938 al 49, la Diócesis se hizo cargo de la capellanía por medio del P. Ezequiel de la Isla, del P. Cirilo Conejo, entre otros sacerdotes, hasta que volvieron los dominicos en 1949.

En el atrio del templo se encuentra una preciosa cruz atrial, con motivo de la Misión emprendida al regreso de los frailes a su antiguo convento, colocada en ese lugar en 1950, anteriormente estuvo en el panteón del Espíritu Santo, desde el año de 1739.

Entre las aportaciones de los dominicos en Querétaro, existe la honra de que de entre ellos, saliera un fraile queretano, Antonio de Monroy e Hijar, hijo del Corregidor Antonio de Monroy Figueroa y María de Hijar.

Dominico muy ilustrado, graduado en teología, artes y cánones, nombrado por sus compañeros, el 5 de junio de 1677, General de la Orden de los Dominicos y posteriormente, Arzobispo de Santiago de Compostela, por decisión del Papa Clemente Xl, un 11 de julio de 1685.

Santiago de Compostela es el lugar donde la tradición dice, que fueron enterrados los restos del apóstol Santiago, evangelizador de España y uno de los lugares obligados de peregrinación para la catolicidad, por tanto sucesor del Apóstol Santiago Patrono de Querétaro.

De 1949 a 1987 la presencia de los frailes dominicos en Querétaro, fue aparentemente discreta, se pueden decir que sirvió de estudio al gran historiador Fray Esteban Arroyo, quién produjo en 19 años obras históricas de valor incalculable.

Al fraile Secundino Martín, para escribir entre otros libros, la biografía del Arzobispo dominico y queretano, Antonio de Monroy e Hijar, sin que estos dejaran de prestar la asistencia litúrgica y moral, a quienes acudían a este templo y convento.

El 30 de septiembre de 1988, el fraile Esteban Arroyo, logró del capítulo provincial, que se creara el Instituto de Estudios Históricos dominicanos, que tiene como sede el convento de los dominicos en Querétaro, culminando así su valioso obra de historiador y dominico.

Faustino Armendáriz J el nuevo obispo de Querétaro por Efraín Mendoza

Faustino Armendáriz

Efraín Mendoza Zaragoza

Dentro de seis semanas tomará posesión como octavo obispo de Querétaro don Faustino Armendáriz Jiménez. Relevará a un distante Mario de Gasperín Gasperín, que ejerció esa responsabilidad desde 1989, y a la que dimitió hace un año en acatamiento de una norma canónica que obliga a los obispos a poner a disposición su cargo al cumplir los 75 años.

El nuevo obispo tiene un perfil muy ad hoc para el Bajío, es de bajo perfil, de pensamiento conservador y se muestra proclive a llevar la fiesta en paz con las autoridades. Pertenece al primer círculo del Episcopado Mexicano. Es miembro del Consejo de Presidencia del organismo cúpula del clero, que encabeza el arzobispo de Talnepantla, Carlos Aguiar Retes, y del que es vicepresidente el queretano Rogelio Cabrera López.

Inclinado al estudio de las Sagradas Escrituras, igual que don Mario de Gasperín, el nuevo obispo de Querétaro inició su carrera eclesiástica en los días en que México se incorporaba a la órbita neoliberal, en 1982, de manos del arzobispo de Hermosillo, Carlos Quintero Arce, un clérigo notable en esos años por su identificación con las luchas políticas clasemedieras vinculadas al panismo y sus memorables gestas norteñas.

Muchos todavía recuerdan el discreto encuentro entre monseñor Quintero Arce, el entonces aguerrido panista Adalberto El Pelón Rosas y el cónsul norteamericano, en los días de la dictadura perfecta; tampoco olvidan muchos la irritación que provocó, más recientemente, el hecho de que entre las 34 cartas que la Guardería ABC presentó ante un juzgado para avalar el “buen comportamiento moral” de sus socios estaba precisamente una firmada por el hoy arzobispo emérito de Hermosillo.

Para aproximarnos al perfil doctrinario y al pensamiento político de Faustino Armendáriz, puede ser útil echarle un ojo a las circulares y comunicaciones que dirigió a su feligresía en 2010 y 2011, justo en los días difíciles de una “guerra estúpida” que ha ensangrentado a todo el país, pero de manera especial a Tamaulipas. En ese entorno, en lugar de meterse en problemas Armendáriz Jiménez optó por dedicarse al culto divino. Serán odiosas las comparaciones, no lo sé, pero baste con advertir la recia postura pastoral de obispos como el de Saltillo, Raúl Vera López, que acabó convirtiéndose en uno de los símbolos de la indignación por la tragedia de Pasta de Conchos. O de otros clérigos, como el padre Alejandro Solalinde, símbolo hoy de las luchas de los migrantes centroamericanos en su paso hacia Estados Unidos.

La realidad local prefirió tratarla por encimita. En el mensaje con el que recibió el año nuevo, después de un doloroso y convulso 2010, el obispo no arriesgó ningún diagnóstico sobre las causas de la violencia, como sí suelen hacerlo, por ejemplo, los obispos del sur, y planteó con timidez: “Nuestra mirada hacia el 2011 debe estar puesta, también, en la construcción de la paz, sobre todo en estos tiempos, en que nuestra vida se ha visto trastocada por la falta de ella y por las diversas situaciones que no nos dejan tener paz. De ahí la importancia de evangelizar a nuestras familias, para que ellas sean promotoras y constructoras de la paz”.

La inseguridad, acaso, aparece en su discurso como un desagradable inconveniente para que las peregrinaciones transcurran como antes. La violencia es explicada como una consecuencia de la “cultura de la muerte” y de la “falta de valores”. La misma explicación recibe, por ejemplo, el aborto. Y ante esos fenómenos opone su convocatoria a orar “para que esta situación pase pronto”.

Cuando se conoció la primera masacre de San Fernando, perteneciente a su diócesis, en agosto de 2010, así bordeó el asunto: “Los invito a que nos unamos en oración, pidiendo al Señor de nuestras vidas, acoja a estos hermanos que murieron asesinados, y dé pronto consuelo y resignación a los familiares. Así mismo pido que, junto con cada una de sus comunidades, celebren la Eucaristía de este día y los días subsiguientes, teniendo entre las intenciones de forma especial a los migrantes masacrados, quienes, con el afán de buscar una mejor calidad de vida, la perdieron en el intento. Oremos para que los responsables de buscar la seguridad de la población encuentren las estrategias adecuadas para que cese el derramamiento de sangre y toda violencia; además para que el Señor inspire caminos de bien a quienes la provocan”.

Y cuando se conoció la segunda masacre, apenas el pasado 8 de abril, el obispo tampoco arriesgó un diagnóstico de la violencia ni tocó las estructuras ni las decisiones que la desataron en el país. “Nos da tristeza constatar cómo la cultura de la muerte campea en las comunidades. Sin embargo seguimos confiando en el Dios de la vida y elevamos a Él nuestra oración para que realmente se implementen caminos de justicia, que es uno de los medios de consuelo para los familiares de las víctimas”, dijo. Por supuesto, en lugar de dirigirse a las instituciones y reclamar al Estado cumplan su función básica, clamó: “oramos también para que muy pronto se esclarezca éste y otros lamentables hechos contra la dignidad de la persona humana que tanto siguen lastimando a nuestras comunidades”.

Es más, hace tres meses la prensa local reportó que el obispo Armendáriz se dirigió a los familiares de los 30 mil asesinados en la guerra contra el crimen organizado y los llamó no a organizarse sino a otorgar el “perdón a los sicarios que les quitaron la vida” y sólo reiteró la vaga exigencia de rigor para que se “haga justicia”.

En zonas menos escabrosas, su discurso no sólo es desactualizado, está alejado de las mayorías que se mueven entre el catolicismo cultural, el escepticismo y el anticlericalismo. Cuando fijó su postura sobre las uniones homosexuales se limitó a reproducir el comunicado del Episcopado, por supuesto para rechazar el fallo de la Suprema Corte de Justicia, entre otras cosas, por llamarle “matrimonio” a tales uniones. Y cuando se refirió a los escándalos desatados por la revelación de abusos pederastas en la sacristía, se limitó a negar que tales hechos fueran a tener impacto negativo “en el interés de quienes desean dedicar su vida religiosamente”, pues “la fe y la devoción son llamados que solamente Dios hace a sus elegidos”.

Es evidente, monseñor Armendáriz prefiere otro tipo de causas. Las asistenciales, por ejemplo. Y si es de la mano del poder político, mejor. Por eso acudió solícito a la inauguración del Comedor para Pobres, en Valle Hermoso, apenas el 11 de abril, junto con el alcalde de ese lugar, Efraín de León. Igual que hizo dos meses atrás, el 12 de febrero, cuando sostuvo un encuentro con el alcalde de Río Bravo, Juan Diego Guajardo, durante una celebración litúrgica en una plaza pública.

Plantándose ante la realidad en estos términos es poco probable que la conducción pastoral del nuevo obispo entrañe novedades interesantes para Querétaro. Para Querétaro no en abstracto, para Querétaro y sus movimientos sociales, para Querétaro y su agenda ciudadana. Y no es problema de discurso, es problema de lectura de la realidad y de compromiso. En condiciones como ésta uno suele preguntarse cómo se produce el diálogo entre la institución católica y la mentalidad contemporánea, poco atenta a la prédica que se desentiende del mundo y sus dolencias. Los jóvenes, por ejemplo. ¿Hablarles de demonios e infiernos a los jóvenes cuando 51 de cada 100 no creen en los diablos; cuando 40 no creen en el pecado y 20 no creen en el alma? ¿Con qué discurso encarar la realidad cotidiana de los 550 mil hogares queretanos, cuando 108 mil de éstos son encabezados por mujeres solas?

Sin entrar a la discusión sobre el sentido contemporáneo de las instituciones religiosas, no hay que pasar por alto que en la última década la fuerza del catolicismo descendió 4 puntos porcentuales. De ahí que sea pertinente la reflexión del sociólogo Roberto
Blancarte: “mientras la Iglesia continúe con sus liturgias aburridas, mientras sus representantes no respondan a las necesidades de la gente, y mantengan sus críticas hacia el uso de anticonceptivos o del condón, o que la educación sexual es mala, la gente se va a alejar más y más”. Si en esa dirección se continúa, diremos con Blancarte, el catolicismo está destinado a ser abandonado. O seguiremos lamentándonos, como recientemente lo hizo el vocero diocesano Saúl Ragoitia, al recordar que si bien la mayoría de los queretanos se sigue diciendo católica, sólo el 14 por ciento es considerado practicante de su fe.

Ya habrá tiempo para ocuparnos de nuevo del tema, pero estaremos atentos para saber si las primeras palabras de Armendáriz, más allá de la bendición que la prensa local acogió con mucho fervor el 21 de abril, contendrán una definición sobre el papel que propone para la institución católica en las actuales circunstancias, sobre la necesaria distancia del poder, el acompañamiento de los movimientos sociales y la agenda ciudadana. ¿Se atreverá el nuevo obispo a convocar al segundo sínodo diocesano para poner al día a la institución, de cara a las exigencias del siglo? Habrá que recordarle que el primero y único ejercicio colegiado que ha hecho la institución en casi 150 años fue en el lejanísimo 1943. De entonces acá en Querétaro ha llovido intensamente. Dudo que lo anuncie, pero ojalá y nos contradiga cuando decimos que el suyo es un perfil muy ad hoc para el Bajío.

“Nadie habla mejor de la poesía que los poetas” por Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”.-

Mario Rodríguez Estrada.-

“DEBO DECIROS QUE NO HE ENCONTRADO A NADIE QUE HABLE DE LA POESIA MEJOR QUE LOS PROPIOS POETAS”.-Platón (428-347 a.n.e.), filósofo griego.

Tratando de comprender la poesía moderna.-

Los primeros brotes de la tendencia modernista en la América Española…dice Max Enríquez Ureña…surgen al iniciarse la década de 1880 a 1890. Al querer comprender los entreveros de sus versos, causa en el snob que se atreva a entenderlos, una completa y total psicopatía mental…tal es, por ejemplo, el caso del poeta cubano Diego Vicente Tejera al leer su poema “Un ramo de violetas”, en el que emplea estrofas casi amorfas de versos cortos, valiéndose además de combinaciones y metros, entonces no usuales, como el dodecasílabo, formado por cuatro clausulas trisilábicas: “Lo ves, niña mía/¿te encantan sus rostros?/¡qué fulgor tan dulce despiden tus ojos!/ángeles blancos/ángeles róseos/azules unos/dorados otros/tienen/todos/arpas de oro.

Gutiérrez Nájera, aún cuando usó en sus múltiples, archi reconocidos y bellísimos poemas, diversos metros y combinaciones, se aficionó (gracias a Dios), a un verso de diez sílabas, compuesto de cinco más cinco, que para mi limitado gusto los hacen más entendibles…y vea usted si no: En dulce charla de sobremesa/ Mientras devoro fresa tras fresa/ Y abajo ronca tu perro bob/ Te haré el retrato de la duquesa/ Que adora a veces el duque Job…Qué maravilla de musicalidad.
Le sigue Salvador Díaz Mirón, que igualmente hizo uso de incontables metros, dando vida a versos repletos de su combativo temperamento, activo, violento e impulsivo…y si no dígame usted , que calificativo le podríamos dar al recrearnos con estas dos floraciones de sus múltiples entramados vergelianos: No intentes convencerme de torpeza/ En los delirios de tu mente loca/ Mi razón es al par Luz y firmeza/¡Firmeza y luz como el cristal de roca…Los claros timbres de que estoy ufano/Han de salir de la calumnia ilesos/Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan/¡Mi plumaje es de esos!…(¡Hay cañón!…que brillante pintura poética).-(A Gloria).-

Después aparecen el cubano Julián del Casal…(1863), al quedarse huérfano dedicó unos versos igualmente huérfanos a su madre: No fuiste una mujer, sino una santa/que murió de dar vida a un desdichado,/pues salí de tu seno delicado/como sale una espina de una planta…Después vino José Asunción Silva, que a mediados de 1894 apantalló al mundo poético al dar a conocer su poema intitulado: “Nocturno”…Una noche/una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de música de alas/una noche/ en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas/a mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida/como si un presentimiento de amarguras infinitas/hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara/por la senda florecida que atraviesa la llanura/ caminabas. Y aquí ya me dejó este poeta un tanto difuso y confuso,” pues la forma…dice Max Henríquez Ureña…es desusada y novedosa. Esa medida elástica, en la que se mezclan versos asonantados de cuatro, ocho, doce, dieciséis y veinte sílabas (siempre múltiplos de cuatro), en mitad de los cuales aparece excepcionalmente algún exasílabo, cuando no un dodecasílabo repetido tres veces consecutivas para producir, por contraste con las cláusulas tetrasilábicas, una armonía superior, que desconcertó a muchos lectores”…y la mera verdad a mí también, por lo que mejor dejé en paz eso de tratar de entenderle a los poetas…y mucho, pero mucho menos a los poetas super modernistas, que al no comprenderles ni jota nos llaman nacos…por lo que desde ahora me declaro alumno de los libros de la relatividad de Einstein…leeré los versos que yo entienda y me causen placer…seguiré siendo Machadista y Rubén Darista…ellos por lo menos si le ponen música a sus versos…se despide su despistado y noqueado poético amigo de “Aquellos tiempos”…Mario RE.-

“Los jodidos y los perfumados” por Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”.

Mario Rodríguez Estrada.-

“DEBEMOS DE ESPERAR TODO Y DE TEMER TODO, DEL TIEMPO Y DE LOS HOMBRES”.-Vauvenargués.-Marqués de, (1715-1747), Pensador Francés.-

“LA REBELION DE LOS NACOS”.-

La pregunta que todos en México nos hacemos es: “¿Como hemos llegado a esto?”…refiriéndonos, tristemente, al estado de cosas que nos han llevado a estar dominados por los Narcos…buscando respuestas nos hemos adentrado, como en una cápsula del tiempo, en la historia de nuestra nación; llegados a una época nos vemos obligados a retroceder y retroceder para encontrar las causas de tal problema, y este quizás arranca desde la dominación de las tribus indígenas, los dominadores la pasaban muy bien y su vida era regalada viviendo a costa de los vencidos, éstos lo único que podían hacer era rumiar sus despechos y mentarles mentalmente a sus progenitoras o a las más viejas de sus casas, esperando la ocasión en que pudieran vengarse de tales por cuales, así Hernán Cortés aprovechó el resquemor de los Tlaxcaltecas en contra de sus “patrones” los Aztecas y le proporcionaron a este oleadas y oleadas de vengativos seres que arrasaron y acabaron con esta civilización…las cosas no cambiaron durante la colonia, pues los avorazados “conquistadores” explotaron todo lo explotable, expoliando hasta a sus antiguos “colaboradores”, obligándolos a “cargar, limpiar y mantener la cruz”, declarándose ellos y sus dioses como divinos, y por lo tanto intocables; con lo cual aumentaron en miles a los descontentos, lo que fue manejado por los criollos, Hidalgo y Allende al frente, para ofrecer redimirlos si formaban los ejércitos del movimiento independiente, culminado con la traición y oportunismo de Iturbide, que en un falso abrazo, llamado de “Acatempan”, sellaron la supuesta independencia de México con un creído y cándido Vicente Guerrero, diciéndoles simplemente a las masas que ya todo estaba hecho y que se fueran mansamente a sus casas, pues ellos se encargarían del gobierno…éstas, sorprendidas primero, y vuelta de nuevo a sentirse traicionadas, se convirtieron en bandidos y asaltantes, empezando con la lucrativa industria de los secuestros y venta de protección.(Los futuros Bandidos de Río Frío).-

Algo cambió cuando a la vida política de México llegaron los primeros pro hombres liberales como Francisco García Salinas, José María Luis Mora y Valentín Gómez Farías, quienes siguiendo las ideas libertarias de la Independencia Americana, la Revolución Francesa y de los escritos de Thomas Paine, ofrecieron a las rabiosas y traicionadas masas, los esbozos de las primeras Leyes de Reforma, calmándolas un poco, pero los Santanas y los Lucas Alamán volvieron a la carga, propiciando la pérdida de Texas y más tarde de más de la mitad de nuestro territorio, defendiendo a ultranza el Centralismo y el antiguo estado de cosas que privaban en la Colonia…las masas más se encresparon, aquietándose un tanto para unirse en las filas de las fuerzas liberales que defendieron la nación en contra del Imperio de Maximiliano, llevando como adalid al mejor hombre de la historia de México, el gran Benito Juárez…al morir este en 1872 y con el advenimiento de Porfirio Díaz, las masas volvieron a encresparse con el nuevo expolio de los bienes y riquezas de la nación, a favor de inversionistas extranjeros, con lo cual los pobres del México bronco ya no se contuvieron, formando el Tsunami revolucionario que derrocó al dictador, y que confiando en un nuevo “liberador”, iluso, espiritista y buenazo, pero perteneciente a la misma clase de los antiguos criollos, no supo darle su lugar a las desfavorecidas huestes mexicanas, confiando en gente traidora le dieron su madrazo, ¡perdón!, su Maderazo, y las masas volvieron a levantarse en armas encabezadas por sus carismáticos líderes Zapata y Villa…al tomar las riendas el barbudo Venustiano Carranza, logró atemperar un poco la situación…dio al pueblo una nueva Constitución, con la “ayuda” de algunas mentes humanistas, que impusieron artículos defendiendo al pueblo, entonces los líderes militaristas coparon los mejores puestos y lugares, olvidándose de las viles masas, convirtiéndose estas en lo que mi admirado historiador queretano Don José Félix Zavala llamó la clase de los JODIDOS en oposición a los bien situados oligarcas, a los que llamó los PERFUMADOS…sin darse cuenta estaba naciendo una nueva clase entre los oprimidos, con el abono de la primera guerra mundial, la imposición en los USA de la ley seca y el movimiento en la frontera del norte de sedientos american’s, que la atravesaban para calmar sus variadas sedes y apetitos, aparte de los miles de mexicanos repatriados por los efectos de la crisis de 1929, provocaron un crecimiento explosivo de las ciudades fronterizas, dedicándose a explotar los vicios de estos nacientes “spring breikers”…y así nacieron los NACOS…que al no contar con la suficiente educación, ni oportunidades de conseguir buenos trabajos, se siguieron dedicando a explotar los vicios, hallando no solo los explotables alcohol y trata de blancas, negras y mulatas, sino que con el trasiego de la segunda guerra mundial hallaron otra mucha mejor, las drogas, más tarde con las enseñanzas de los maras y los salvatruchas, extendieron sus operaciones al secuestro, al expolio social de venta de protección, de mimetizarse con los retenes de los militares, bajando a pasajeros de múltiples autobuses para robarlos, torturarlos y finalmente matarlos sin piedad…por cientos, al cabo que en los estados del norte las leyes no existen, y la policía hasta está coludida, recibiendo migajas de los suculentos pasteles .

Todo esto ha pasado por nuestra negligencia, porque la oligarquía sigue explotando al pueblo, y cómo no, si la rabia que despiertan al darse a conocer los “justísimos” y “republicanos” suelditos con que la federación premia a sus sicarios…¡perdón, perdón!…servidores públicos, como senadores, diputados, gobernadores, presidentes municipales, secretarios, etcéteras y etcéteras, culminando con los pobrecillos integrantes de la suprema corte de injusticia de la nación…lo que ellos ganan en un mes, el que esto escribe lo gana en su pensión del ISSSTE en una…UNA VIDA…los neoliberales del gobierno actual y muchos del pasado, han escupido hacia arriba, cortando la ayuda y apoyo a la Educación en todos sus niveles y sobre todo en el necesario apoyo a las NORMALES, especialmente a las RURALES…recortando el apoyo a las universidades públicas…volcando miles de millones de pesos al ejército y a los grupos policiacos, que al parecer de poco sirven, pues no pueden ni pudieron vigilar una franja de carretera de cuarenta kilómetros en un lugar de Tamaulipas llamado SAN FERNANDO…¿donde diablos están o estuvieron los policías de caminos????…posiblemente a su actividad natural…morder, morder, morder…otro polo negativo lo constituye la poca atención a los centros penitenciarios, verdaderos centros de Doctorado del crimen y fábrica de los peores NACOS del país.

A todo esto usted me preguntará ¿Qué es un NACO?…para medio tratar de responderle debo acudir en la ayuda de Francisco Versace, que se ha dedicado a esclarecernos lo que es la NAQUEZ…él dice: “El término “naco” es una palabra polémica, compleja, que aún no está bien delimitada, ni bien definida en torno a sus referentes…en la actualidad el amplio tema de los nacos nos preocupa terriblemente, no sabemos si reímos, sentir pena ajena, ignorarlos o unirnos a ellos. Quizá estas personas justifiquen sus actitudes “porque no hubo nadie que les brindara una adecuada educación, porque no tienen recursos, porque no pertenecen al jet-set de México…” En fin, hay una gran cantidad de pretextos que son utilizados para defender su estado. Es preciso aclarar que un naco no es aquel que carece de dinero, no es un limosnero, no es un indigente. Un naco puede ser un millonario, una figura pública, su vecino, sus familiares…Usted puede ser un naco”.
Se despide de ustedes su amigo de “Aquellos tiempos”…que en vez de pertenecer a los nacos, prefiere mil veces ser del PUP…les abraza…

Mario RE.

“El Cerro de Las Campanas”

José Fernando Maximiliano
Príncipe de Hungría, Bohemia y Lorena
Conde de Habsburgo
Archiduque de Austria
Nacido en el palacio de Schonbrum, en Viena
Un 6 de julio de 1832

El Cerro de las Campanas
José Félix Zavala

El Cerro de las Campanas es conocido internacionalmente y visitado por miles de turistas de todo el mundo y del país mismo, debido a los acontecimientos, ocurridos en Querétaro del 6 de marzo al 19 de junio de 1867

Este montículo, ubicado al poniente de la ciudad de Querétaro, conocido tradicionalmente como “Cerro de las Campanas”, es uno de los lugares más visitados por propios y extraños, es sabido que estuvo entre las propiedades, al inicio de la invasión española en la región, concedido como merced de tierras, por cédula real, a Marcos García, quien construyera en sus cercanías una capilla, bajo la advocación de Señor San José.

De esta manera inicia el nombre de la zona y del cerrillo, que perteneciera al español mencionado y durante largo tiempo a la llamada Hacienda de La Capilla.

Durante la guerra de independencia, ante el embate de los insurgentes, el ejercito realista, en octubre de 1810 fortifica el Cerro de Las Campanas como punto estratégico, para la defensa de la ciudad.

El 10 de marzo de 1867, la ciudad de Querétaro fue sitiada por 18 mil soldados pertenecientes al ejercito liberal, fue en el llamado “Sitio de Querétaro”, terminado después de dos meses y cinco días, ante un Querétaro, destrozado y empobrecido.

Comenzó el cerco, desde la Hacienda de El Jacal hasta las faldas del cerro del Cimatario, siguiendo por la Cuesta China y de allí por la Hacienda de Callejas, la Garita de México, el cerro de Pathé, continuando por la orilla del río, por la Otra Banda, pasando la Capilla del Señor de los Alamos, llegando a los cerros de San Gregorio y San Pablo, hasta terminar en el Cerro de Las Campanas.

Al triunfo de la república, el Cerro de Las Campanas era propiedad privada de Guadalupe Piña de Mena,

Comienza el mito de este cerrillo, con puesta de tres cruces de vara, levantadas donde fueron ejecutados el Príncipe Maximiliano y sus dos generales aliados, Miramón y Mejía.

Posteriormente el gobernador de Querétaro, coronel Julio Cervantes advirtiendo la importancia histórica del lugar ordenó, se levantara un monumento en el sitio de la ejecución y se abriera una calzada que condujera al lugar de los hechos.

Más tarde el gobernador Benito Zenea intentó comprar el predio, para que fuera propiedad de la nación.

Por el año de 1880, se colocaron tres cruces de madera, pintadas de negro con guarniciones de hierro y las iniciales de los fusilados, en color blanco, Más tarde durante el gobierno de Rafael Olvera, fueron levantadas tres columnas cuadrangulares truncadas.

La Casa de Austria y buscando un acercamiento entre los gobiernos de Hungría y Austria, se permitió levantar una Capilla Propiciatoria en 1901.

La construcción de la capilla fue encargada al arquitecto Maximiliano Mitzel y la dirección al entonces presbítero Marciano Tinajero y Estrada, después obispo de Querétaro. La capilla fue bendecida por el obispo Rafael Sabás Camacho un 10 de abril de 1911, con asistencia de ministros de los gobiernos de Austria y Hungría y Conchita Miramón, hija del general conservador fusilado en el Cerro de Las Campanas.

La capilla es sencilla, austera y de estilo neo gótico vienés de cantera rosada, de alero y remate, el techo cubierto de teja de Bélgica En el altar de la capilla estuvo una pintura de “La Piedad” del pintor De Lunge de la Escuela de Bellas Artes de Viena, obsequiada por la Archiduquesa Sofía madre del príncipe Maximiliano.

Un siglo después, el 15 de mayo de 1967, se levantó en el Cerro de Las Campanas una monumental estatua de Benito Juárez, en piedra negra del escultor Juan Olaguibel, en base de cantera rosa y frente a una gran explanada y con una balaustrada desde donde se aprecia la ciudad agradablemente.

En el año de 1990 se construyó un parque alrededor de la capilla propiciatoria, con una hermosa fuente dedicada a los derechos de los niños, un museo de sitio pequeño y fue bardeado hermosamente el lugar.

Al inicio del Cerro de Las Campanas se encuentra un obelisco que recuerda la rendición del ejercito conservador ante los liberales y una estatua ecuestre del general Mariano Escobedo, responsable del llamado “sitio de Querétaro”.

En la parte poniente del Cerro de las Campanas se encuentra El Centro Universitario, perteneciente a la Universidad Autónoma de Querétaro,

La cultura Serrana queretana

La cultura serrana

Margarita Velasco

INAH

El poblamiento de la Sierra Gorda se produjo hacia finales del Preclásico por agricultores mesoamericanos procedentes de la Costa del Golfo y del Altiplano, aunque, al parecer, la mayor parte provenía de las tierras bajas de la planicie costera, como resultado de un movimiento poblacional que emigró de la planicie costera y se replegó hacia las laderas y montañas de la Sierra Madre Oriental, desde el sur de Tamaulipas hasta el norte de Hidalgo. Esos agricultores colonizaron la sierra, se adaptaron a las condiciones ambientales y aprovecharon los recursos de la región.

La topografía montañosa obligó a los agricultores a cultivar los valles intermontanos, los planes y las laderas de los cerros, y desmontaron el bosque para aprovechar la tierra. El relieve montañoso también los obligó a buscar fuentes de agua para asegurar el abasto de la población. Los ríos corren por cañadas profundas y estrechas, que dificultan su aprovechamiento, no así los manantiales y los pequeños cuerpos de agua y lagunetas, que fueron las fuentes más aprovechadas para el consumo diario.

Entre los siglos VI al X d.C. se produjo el apogeo de la Sierra Gorda. Para esta época, la población serrana se había incrementado y el gran número de asentamientos a lo largo de la sierra dan cuenta de un desarrollo exitoso, sustentado en una economía basada en la agricultura y la minería. Es el momento en el que surgen ciudades como Ranas y Toluquilla.

Un desarrollo agrícola eficiente permitió cubrir las necesidades de la población, que contaba para esa época con un complejo sistema de terrazas de cultivo sobre las laderas y en los pliegues de las montañas, construidas por medio de muros de lajas y lodo, conocidos como “pretiles”, usados hoy día por los campesinos, ya que controlan la erosión y retienen la humedad del suelo.

Otro factor importante de la economía serrana fue la minería. Ésta llegó a la Sierra Gorda durante el Preclásico Superior, introducida por mineros conocedores del oficio, que desarrollaron y perfeccionaron la técnica de explotación de los yacimientos, de acuerdo con las características geológicas de la región, donde el cinabrio (sulfuro de mercurio), entre otros minerales, desempeñó un papel importante. Debe destacarse que la minería, es decir, la actividad de detectar, excavar y extraer los minerales, incluía una compleja cadena de tareas debidamente organizadas por el grupo en el poder, que, en una sociedad jerarquizada, era el que programaba las distintas etapas de trabajo: designaba el sitio de explotación, asignaba tareas, abastecía suministros y, lo más importante, recolectaba el producto de la jornada para tasarlo, empacarlo y almacenarlo para su traslado de la mina a los almacenes, para, posteriormente, disponer del valioso producto en el intercambio de bienes suntuarios mediante las complejas redes de comercio local o a larga distancia. La Sierra Gorda debió cubrir buena parte de la demanda de pigmento rojo de cinabrio en el mercado mesoamericano.

El patrón de asentamiento en la Sierra Gorda estuvo determinado por la topografía; los asentamientos se encuentran en la parte alta de los cerros, en las laderas o en puntos estratégicos como puertos, planes, cañadas o divisaderos, que permitían el control de la región.

Es claro que también hubo una jerarquía en los asentamientos, de acuerdo con su función. Así, había desde los grandes centros de poder como Ranas y Toluquilla, con una estructura urbana bien planificada, hasta pequeñas unidades de población asociadas a las labores agrícolas, los campamentos mineros, la vigilancia (atalayas) y las garitas.

Arquitectura

La arquitectura adquirió entonces características distintivas que se pueden observar en los centros urbanos mayores, donde la disposición de los basamentos piramidales y las estructuras de juego de pelota marcaban la pauta del desarrollo constructivo, y alrededor de las cuales se abrían las plazas y se disponían los edificios administrativos y habitacionales. Las estructuras de planta rectangular y circular se combinaban en el entramado urbano y se manejaban el talud rematado por la cornisa volada, las escaleras semicirculares y los afloramientos de la roca madre del cerro, que se integraban al paisaje urbano; todos éstos son elementos distintivos de la arquitectura regional. Los serranos edificaron sus estructuras bajo ciertos patrones constructivos: nivelado el terreno, se apilaban piedras y tierra para formar el núcleo del edificio y éste se revestía con un muro de lajas trabajadas burdamente, para finalmente colocar una cubierta de lajas calizas bien careadas, unidas con mortero de arcilla. Las piedras eran colocadas cuidadosamente y no hay evidencia de que tuvieran una cubierta de estuco, como es usual en otros lugares de Mesoamérica.

Sin embargo, sería un error pensar que lo que conocemos como Sierra Gorda, culturalmente hablando, sea una unidad homogénea. Gracias a las recientes exploraciones arqueológicas se identifican subregiones, donde se marcan con mayor o menor intensidad los vínculos con las regiones culturales vecinas, como la Huasteca, Río Verde, el Tunal Grande, o con algunos de los cazadores-recolectores del Altiplano norte, poblaciones con las que los agricultores-mineros de la Sierra Gorda mantuvieron relación a lo largo de su historia. Es interesante resaltar que la Sierra Gorda mantuvo vínculos más estrechos con sus vecinos del oeste, norte y este, que con los pueblos del Altiplano, con quienes parece distanciarse.

Nuestro amigo, el señor Sotero, agricultor
y minero de la Sierra Gorda queretana,
nos muestra una bocamina prehispánica.

Los afloramientos rocosos del cerro fueron aprovechados como parte del sistema constructivo.

Las vasijas eran parte de las ofrendas funerarias. Algunas contenían alimentos y otras, estaban asociadas al juego o contenían cinabrio.

Vaso de tecalli o alabastro que formaba parte de la ofrenda de un personaje de la jerarquía gobernante de Ranas.

Enterramientos

Poco hemos podido avanzar en el conocimiento del pensamiento mágico-religioso de la población serrana, pues no han llegado hasta nosotros los elementos iconográficos que permitan identificar cuáles eran sus deidades más importantes, su calendario religioso, sus festividades, etc. Sin embargo, se observa en el sistema funerario de los serranos el concepto de la vida más allá de la muerte. Algunos de los entierros se encuentran asociados a elementos constructivos: al interior de casas habitación, a los templos, como ofrenda a la construcción en los muros de contención de grandes plataformas, asociados a las estructuras de juego de pelota, etc. Los individuos, algunos de ellos sacrificados, eran amortajados en posición flexionada (fetal), con los brazos por debajo de las rodillas o cruzados sobre el pecho. Los bultos mortuorios eran depositados sobre el terreno acompañados por una vasija que posiblemente contenía algún alimento; después eran cubiertos de tierra y encima se colocaba una cubierta de piedras y más tierra, para sellar el piso. La mayor parte de los enterramientos localizados hasta ahora son entierros múltiples.

La fluctuación de la frontera norte de Mesoamérica

Hacia el siglo XI de nuestra era, la Sierra Gorda experimentó el colapso que puso fin al desarrollo serrano. En el desplome de la Sierra Gorda debió intervenir una acumulación de factores, que a lo largo de los siguientes 350 años afectó a todos los pueblos de la frontera norte. Pedro Armillas atribuye la contracción de la frontera a cambios climáticos al final del primer milenio, mientras que Enrique Nalda señala que se debió a fenómenos sociales por modificaciones en las estructuras internas de la sociedad, esto en la parte sur del Bajío. La Sierra Gorda sufrió el embate de los cambios y el efecto de ello fue el abandono de la región, lo que posiblemente ocurrió de forma gradual. Las evidencias arqueológicas en Ranas y Toluquilla muestran un abandono ordenado, sin violencia por parte de la elite gobernante, mientras que los agricultores y mineros estuvieron arraigados en la región algún tiempo más, hasta el avance de los pueblos cazadores-recolectores que merodeaban por la Sierra y que se adueñaron de las tierras de los antiguos agricultores y lograron desplazarlos. Se cierra así un capítulo de la historia serrana. A los nuevos pobladores de la Sierra Gorda y sus contornos se les conoce en las fuentes históricas coloniales como “chichimecas”, término genérico dado a los grupos de cazadores-recolectores del norte. En el caso de la población chichimeca de la Sierra Gorda, las fuentes mencionan a los ximpeces, pames y jonaces. Los pames y jonaces eran pueblos otomianos (quizá también los ximpeces) pertenecientes al tronco lingüístico otomangue; según los estudios lingüísticos, tanto la lengua pame y sus dialectos como el chichimeco-jonaz están estrechamen-te emparentados, aunque culturalmente presentaban diferencias. Para los siglos XVII y XVIII los pames ocupaban el sector oriental de la sierra y los jonaces se distribuían por la parte occidental.

Conquista y evangelización

Luego del sometimiento de los pueblos del centro de México por los conquistadores hispanos, se desarrolló un creciente interés por conocer el potencial económico de las tierras del norte, vista como una promesa de fama y fortuna para las oleadas de nuevos colonos que arribaban a la Nueva España. Sin embargo, nunca se imaginaron el desgaste que significaría enfrentarse a las aguerridas “naciones” del norte, pueblos de cazadores-recolectores nómadas, las tribus chichimecas. Durante la segunda mitad del siglo XVI se forjó el “camino de la plata”, que conducía a las minas de plata de Zacatecas, y a la par se desarrolló el conflicto de la Guerra Chichimeca, la cual puso de manifiesto la capacidad guerrera de los norteños para defender su territorio, que significó 40 años de conflicto bélico. Al final se firmó la paz; el altiplano norte quedó en manos de los españoles y una parte de los chichimecas terminó sufriendo el yugo hispano y otra continuó defendiendo su libertad en las montañas.

Durante el siglo XVI la Sierra Gorda o “Cerro Gordo”, como también se le llama, era un territorio poco conocido; los poblados fundados en sus contornos formaban un cerco desde donde partían los colonos en busca de tierras para asentarse, metales que explotar y pastos para sus ganados; asimismo, los militares buscaban resguardar los intereses de la corona y los misioneros ejercer su labor evangelizadora. Todos tuvieron dificultades para llevar a cabo su propósito. Los chichimecas pames y jonaces darían la batalla para evitar ser sometidos y despojados de sus tierras desde la segunda mitad del siglo XVI hasta mediados del XVIII.

Los primeros intentos misionales por evangelizar la Sierra Gorda comenzaron con los franciscanos por la parte occidental y los agustinos por la oriental; para finales del siglo XVII franciscanos y dominicos continuaban tratando de establecerse en la región con la ayuda de escoltas militares, sin lograrlo. Para el siglo XVIII, los rebeldes chichimecas seguían alzados, defendiendo su territorio, sin embargo, el interés de los españoles establecidos en torno a la Sierra Gorda era mantener la guerra “ya que faltaban tierras y la guerra daba una ocupación, dinero y títulos”. La situación no podía continuar indefinidamente; el virreinato estaba decidido a terminar con ese “manchón de gentilidad” tan próximo a la capital. A partir de 1740, las fuerzas militares encabezadas por el coronel José de Escandón –quien un año después sería nombrado capitán general de la Sierra Gorda– y fray José Ortés de Velasco –del colegio de Propaganda Fide de San Fernando de México, nombrado comisario de las misiones para la “reconquista espiritual de la Sierra Gorda”– juntaron sus fuerzas para dar paso a una nueva etapa en la historia serrana: el control de la región y la sumisión de los pueblos pames y jonaces.

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Margarita Velasco Mireles. Pasante de la maestría en arqueología. Investigadora en la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH. Directora del Proyecto Arqueológico-Minero de Sierra Gorda.

En este mapa del siglo XVI se ejemplifican las tensas relaciones entre esos grupos nómadas y los colonizadores españoles. San Miguel y San Felipe de los Chichimecas.
Presidio de la provincia de Pánuco en Jalpan. Durante el siglo XVI, en las zonas de conflicto entre españoles y chichimecas se establecieron guarniciones defensivas, conocidas como “presidios”.

La gran biblioteca de Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”.

Mario Rodríguez Estrada.-(Mario RE).-

“LA EXPERIENCIA ME HA ENSEÑADO QUE NO EXISTE ORGANISMO TAN PODEROSO PARA EL BIEN, NI QUE DISPENSE TANTOS BENEFICIOS A UNA SOCIEDAD, COMO EL QUE PONE AL ALCANCE DE TODOS, EN LAS PAGINAS DE UN LIBRO, LOS TESOROS DE LA TIERRA”.- Dale Carnegie.

Mis hijos, familiares y amigos, se extrañan que guarde con tanto celo las diarias ediciones de la “Jornada”, las semanarias de “Tribuna de Querétaro”, “Libertad en palabra” y las mensuales de ”Hoja x Hoja”, ahora “Página tras página”, llenando voluminosamente los pocos espacios libres, que aún quedan en mi casa, y más se extrañan que pacientemente los clasifique por fechas, los alinee, los planche y proceda a coserlos, para finalmente encuadernarlos, usando como tapas, los cartones de las pocas cajas de “pizzas” y cajones que pergeño en el mes, tras de nuestras visitas a las tiendas y almacenes de víveres…y que después me pase horas enteras volviendo a releer , casi amorosamente, sus ya vistas y viejas páginas…y lo que no saben, es que, lo mismo que Dale Carnegie, descubrí en sus reunidas hojas, un inmenso tesoro, que no contiene ningún otro libro.

Desde muy niño, los periódicos me llamaron mucho la atención, tanto que ahí aprendí a visualizar aquellos danzarines signos, que los mayores leían y que significaban sonidos, mis primeros amigos fueron los concernientes a lo que luego supe, se llamaban vocales, la gordita y redonda correspondía a la “O”; la flaquita, flaquita con un puntito arriba quería decir “i”; las ondas parecidas a los arcos, querían decir “U”: la firmemente parada con separados pies, era la “A”, y aquella con tres piquitos amenazantes quería decir “E”…las otras me costaron conocerlas un poco más de trabajo, pero siguiendo el método de Don PIPIRULANDO ( CRI-CRI), uniendo unas con otras se forman palabras…claro que la primera fue con la “m”, mamá, y la segunda con la “p” fue papá, y así me fui…Ya mucho más viejo empecé a coleccionar “Selecciones” la que tengo es desde los años de 1942, después “Contenido”, luego descubrí “PROCESO”, la que tengo desde el número 27…por mis primos de México, los Estrada Reyes, me topé con “La Jornada” y fue un amor a primera vista, cuando no la leo, siento que desperdicié un día…algunos veces no la consigo, pues estoy de viaje u otro motivo, y la suplo con algún otro parecido, pero no le llegan ni a los talones…casi de cabo a rabo leo “Tribuna de Querétaro”…su contenido vale su peso en oro…muchos números se me escapan, pues se termina pronto, algunos puestos lo regalan y otros lo venden…así que mis “tomos” no contienen más que los que pude conseguir…”Página tras página”, lo mismo, es una publicación de los libreros queretanos y no tiene abuelita, pues a muchos de sus articulistas les conozco, como el Magister Alejandro E. Obregón Álvarez (¿Cuál es mi libro preferido?), o el joven Maestro José Martín Hurtado Gálvez (Lectura en voz alta), Edgardo Moreno Pérez y todos los que ahí escriben completan un excelente cuadro .

Poco a poco mi hemeroteca trata de igualar a mi biblioteca, pero el espacio físico, ya pronto me impedirá seguir coleccionándolos y pronto, muy pronto, dejaré de hacerlo y me tendré que conformar con leer lo que ya poseo…ojalá la vida me permita darle a todo una segunda vuelta…cuando yo ya no esté, no sé que vaya a pasar con tanto material, se lo dejaré al albedrío de mis herederos, principalmente de mi albacea…mi sufrido (por su aguante) hijo Jorge Mario…y lo que él haga estará bien…por lo pronto, el placer que ellos, mis libros, periódicos, revistas y discos, me ofrecen, mis queridos amigos oyentes y leyentes, es inenarrable…se los recomiendo…les abraza su amigo de “Aquellos tiempos”…Mario RE.

La vida inútil de Pito Pérez vista desde la lectura de José Félix Zavala

J. Rubén Romero y Pito Pérez, La Vida Inútil.

!Cómo me da lástima el Diablo!

José Rubén Romero nació en Cotija, Michoacán en 1890. En Ario de Rosales, Luis Murguía Guillén, al darse cuenta de las tendencias literarias de José Rubén Romero, lo invitó a fundar un periódico, el que se llamó Iris y en el que se publicaron los primeros poemas de Romero, sin embargo, éstos no fueron reconocidos por el autor, después de que Murguía hizo las “correcciones convenientes.
- ¿Y de quién se escondía usted, señor Pérez?
- De usted, señor Prefecto, a quien no tenía el gusto de conocer, porque no me place la amistad con las autoridades, ni del ramo civil, ni del eclesiástico. Todos ofrecen castigarme en esta y en la otra vida y ninguna me brinda un pedazo de pan.
Su rica y fresca prosa quedó plasmada en su obra literaria: Desbandada, El pueblo inocente; Mi caballo, mi perro y mi rifle, La vida inútil de Pito Pérez, la más conocida y Rosenda
La vida inútil de Pito Pérez ya ha sido llevada al cine en dos ocasiones, siendo los protagonistas Manuel Medel e Ignacio López Tarso, respectivamente. Rosenda, fue protagonizada en el cine por Rita Macedo.
Los poemas de José Rubén siguieron apareciendo, lo que fue motivo de admiración y presunción de sus amigos, así como también, ser distinguido con el nombramiento de socio de un grupo literario de Morelia.
Para José Rubén Romero la distinción de que había sido objeto le llenó de gran satisfacción y lo menos que podía hacer era ir a Morelia, para conocer al presidente y demás socios del círculo literario.
El escritor en ciernes, tropezó con algunos obstáculos para ir a Morelia; el permiso de su papá y el dinero para el viaje.
No le fue fácil obtener el permiso y dinero paternos, pero finalmente emprendió el tan ansiado viaje: largas jornadas a caballo, para después abordar el tren rumbo a Morelia.
En el equipaje, Rubén Romero llevaba un traje color uva porque, según él, debía presentarse con toda propiedad a la recepción que le tendrían preparada; además, llevaba varios discursos muy pulidos para leer en el momento cumbre del evento.
Cuando José Rubén llegó al lugar de la cita, en el Ateneo, ¡OH sorpresa!, la sede del círculo literario era un tendejón y su presidente un joven desaliñado, común y corriente.
Encaramado sobre el cajón de maíz, Rubén Romero dijo varios de sus poemas, los que fueron acogidos con aplausos de entusiasmo por los poetas michoacanos, Alfredo Iturbide, Fidel Silva y Donato Arenas López.
Agua de las verdes matas
Tú me tumbas,
Tú me matas
Y me haces andar a gatas

Siendo prefecto su padre, José Rubén lo acompañaba en sus giras de trabajo y, particularmente en una de ellas, se entusiasmó mucho porque conocería el mar, sin embargo su imaginación superó a la realidad y retornó totalmente desilusionado.
La cesantía del padre, por meter en prisión a ladrones influyentes, condujo a la familia Romero a Sahuayo, lugar donde el joven poeta publicaría su libro Fantasía, libro del que no existe ejemplar alguno.
Al sobrevenir la revolución, sigue los pasos de su padre, persona prudente, incorruptible y honrada a carta cabal, y se une al maderismo.
El joven Romero sueña con ser un héroe, un caudillo, un general invencible pero la realidad es otra: pocos enfrentamientos por la simple razón de que el movimiento revolucionario es tan auténtico y legítimo que las tropas enemigas, con frecuencia se convierten en revolucionarias.
A Romero se le encomendó una misión en la que sí tenía que enfrentar riesgos: investigar si en Pátzcuaro el subprefecto de distrito, Salvador Escalante, contaba con partidarios o enemigos.
Para cumplir con dicha encomienda, José Rubén, se disfraza, espía, usa nombres falsos, esquiva a los posibles delatores, etc., y descubre que la gente es partidaria de Escalante.
Con el triunfo del movimiento maderista, José Rubén Romero fue nombrado receptor de rentas de Santa Clara del Cobre, sin embargo, con la usurpación de Huerta, los maderistas, entre ellos Romero, sufrieron una severa persecución en todos los rincones de la república.
Dicha persecución obligó al receptor de rentas a huir hacia la ciudad de México, donde, si bien fue cierto que pasaba inadvertido, también hubo de sufrir la soledad, el hambre y la miseria que lo decidió regresar a Michoacán.
“…el prestigiado poeta” y entonces responde: “Sí, soy yo, a sus órdenes.”, sintiendo que es reconocido y apreciado.
El acompañante casual, le ayuda con el equipaje hasta la puerta de su casa demostrando gran satisfacción por haberle podido ser útil.
Ese mismo acompañante, regresó aproximadamente dos horas después, pero con una escolta de soldados para llevarlo al paredón de fusilamiento.
Con el indulto en la mano, llegó el padre de José Rubén, cuando éste estaba a punto de ser fusilado.
De su participación en la revolución José Rubén Romero escribió: “Yo soy feliz. Tres cosas me ha dejado la Revolución. Tres cosas grandes, nobles, buenas: el zaino que relincha en la cuadra; el rifle, que vela mi sueño junto a la cabecera de mi cama, y un sobretodo nuevo, café, que sustituye a mi vieja tilma roja.”.
José Rubén Romero ocupó varios puestos oficiales, entre ellos: Srio. particular del gobernador de Michoacán, Pascual Ortiz Rubio; Inspector General de Comunicaciones, Encargado del Depto. de Publicidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Rector interino de la Universidad de Michoacán, Cónsul General de Barcelona, Director del Registro Civil del D. F. Etc.
“Una vez, al calor de las copas, que era el clima más propicio para Pito Pérez, se organizó una timba, y Pito, por no dejar de beber de gorra, quedóse en ella como un simple mirón de la partida. Pero algún chivato dio el soplo a la policía, que se presentó de improviso y cargó con todos y con todo, como suele suceder, inclusive con Pito Pérez, a quien importábale un remoquete igual al suyo el ir a la cárcel.
Pito Pérez ha sido llevado a la pantalla grande. En el cine mexicano ha sido interpretado por Manuel Medel (La vida inútil de Pito Pérez y Pito Pérez se va de bracero), Ignacio López Tarso (La vida inútil de Pito Pérez) y por el polifacético Germán Valdez, Tin-Tan (Las aventuras de Pito Pérez).

Pito Pérez, el personaje en un último lance de su filosofía, al despedirse de este mundo, lega en su testamento:

…Para los ricos, sedientos de oro, la mierda que fue mi vida.
Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia
¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada a cambio!

… pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto y entonces, no quedará piedra sobre piedra

En La vida inútil de Pito Pérez, el autor nos presenta un individuo singular en extremo, que vive pegado a la botella, que le entra al infle con singular alegría y pasión.

Pito Pérez, al igual que su creador, nace en el estado de Michoacán; el primero en el poblado de Santa Clara del Cobre y el segundo en Cotija.

Es Pito Pérez un filósofo popular, que tras el aturdimiento del alcohol, tiene una lucidez extraordinaria. Individuo de lengua precisa y oportuna, Pito Pérez se burla de la vida, del amor, del diablo.

Viviendo con “La Caneca” (un esqueleto de mujer con quien comparte su humilde morada), Pito Pérez encuentra en ella al amor perfecto, amor exento de burlas y desprecios, amor evocador de las dulzuras extraviadas, amor de absoluta fidelidad, amor del bueno que escucha sus penas, amor sereno en su inmovilidad, amor permanente, sin reproches.

Pito Pérez va y viene, sin el Pérez- por los pueblos circunvecinos, regresa, emprende una actividad y otra, para finalmente volver a la pasión, que lo consume y satisface: la gran ingesta de alcohol.

Detenido en la cárcel del pueblo, Pito Pérez hace una escandalera, provocando una llamada de atención de la autoridad en turno, que grita:

-Asilencien ese Pito

Palabras más, palabras menos, surge el albur, cuando alguien desde dentro protesta y afirma:

-La autoridad lleva ya muchos días con el Pito adentro.

Pito Pérez sube y baja de la torre de una Iglesia, desde donde se devisa todo el poblado.

Es su lugar predilecto, alejado de las tonterías y la banalidad del mundo. Ahí se reúne con un individuo que lo escucha y valora, un catrín que paga su valiosa plática con la mejor moneda que el Pito puede recibir: chupe, alcohol, chínguere, guarapo, pegue.

El Pito bebe y deja que el cuerpo sienta lo que recibe.

No se queden con las ganas de tener al Pito… Pérez. Es la Literatura que divierte e ilustra, que nos acerca a lo nuestro, que indudablemente tiene su encanto.

Échenle una filosofada a estos tiempos y… ¡Salucita de la buena!:

“Cuesta trabajo perder el pudor, pero cuando uno lo pierde, qué descansado se queda, como dicen que dijo uno de los sinverguenzas más famosos de México.”

El amigo lector tendrá la curiosidad de averiguar el nombre del autor de la frase.

“¿Qué favor le debo al sol por haberme calentado, si de niño fui a la escuela, si de grande fui soldado, si de casado cabrón y de muerto condenado, qué favor le debo al sol por haberme calentado?”

La locura es la vida cuando la vida es dolor
Shakespeare
Una de las lecturas que más deja huella en la conciencia de José Rubén Romero es el Quijote, del que no sólo aprende sus primeras letras sino que también es para él lo que la Biblia para el cristiano.
El conocimiento del ser humano conceptualizado así, es el modelo que se apropia Romero, para expresarlo en su narrativa. Con razón dice McKegney que “hay una mezcla de humor y tristeza que llenan los libros de J. Rubén Romero”.
El desencanto, la amargura y la tristeza, en conjunción con la picardía, propician los extremos de emotividad en la obra romeriana; y La vida inútil de Pito Pérez es la novela más representativa de la polaridad emocional, por las diversas condiciones en que se ve involucrado el personaje y por su origen marginal.
Sin embargo, el intento de Romero por definir al ser humano sin basarse en explicaciones filosóficas, sino en el conocimiento que del hombre adquiere en su relación y trato con éste, es semejante a la idea de la locura trágica del siglo XV, “no tiene tanto que ver con la verdad y con el mundo, como con el hombre y la verdad de sí mismo que él sabe percibir”.
Esta concepción se aleja de la razón y se une a la apreciación sensorial propia de la “estulticia. Dejarse llevar por el arbitrio de las pasiones”, es decir, por el conocimiento no del “angosto rincón de la cabeza”, sino “del resto del cuerpo al imperio de los desórdenes”.
Hay concordancia entre algunos de los aspectos tratados por J. Rubén Romero, en La vida inútil de Pito Pérez y ciertas observaciones erasmianas; por ejemplo, la locura vista como la liberación del alma de “sus penosos cuidados” es semejante a la presentación que hace de la familia de Pito Pérez, la cual fabrica su propia existencia en un mundo imaginario donde encuentra la felicidad en comportamientos no concebidos en el mundo de los cuerdos.
Tales coincidencias no son casuales, dada la inspiración de Romero en el Quijote y la influencia decisiva de Erasmo en la Península Ibérica.
Menéndez Pelayo, por su parte, afirma que los críticos pierden el tiempo cuando intentan encontrar en Cervantes “ideas y preocupaciones de libre pensador moderno”, puesto que la verdadera filiación de éste se encuentra en la influencia erasmiana.
Antonio Villanova afirma que “la verdadera inspiración del Quijote de Cervantes procede del Elogio de la locura”.
Quizá por ello pudo crear a Pito Pérez, el estulto que divierte con la locura de sus actos, con las mentiras de sus relatos, con su comportamiento antiinstitucional; pero que también deprime con su despecho, burla, escepticismo, amargura y tristeza.
La vida inútil de Pito Pérez es la obra de J. Rubén Romero que, por el conjunto de emociones contrarias que vive el personaje y que transmite al lector, lleva a quien la lee, por el cauce de la locura representada por la “emoción que corre de la risa al llanto”.
Pito Pérez no se queda loco en la meditación de un planteamiento filosófico que desea resolver, ni en la lectura intensa que le impide comer y dormir, como don Quijote.
El aventurero que va por los pueblos de Michoacán haciendo alarde de la picardía del mestizo mexicano posee una locura que le ha sido heredada socialmente a través de su parentela; de ahí que su orientación nihilista emerja de la locura y la falta de respeto de que son objeto sus parientes, puestos por la mofa social en los límites de la racionalidad.
Es este marco de demencia el que encuadra a Jesús Pérez Gaona en el mundo de vesania. Aquí se pierde su inteligencia y naufraga su talento para dar vida al estulto, que es escuchado por los demás, sólo para divertirse y pasar el rato aplaudiendo sus hechos de locura en una fiesta, en una cantina o “sentado a la mesa de un ranchero pesudo”.
Las hermanas del personaje no se encuentran tampoco en el mundo de las normas, el qué dirán se pierde entre las voces mismas que la emiten, no llega a sus oídos ni es tenido como precepto de conducta.
En su mundo de felicidad se desvanecen los valores materiales y las falsas aspiraciones; ellas viven expresando en sus actos la concordancia de éstos con su mundo.
“tal y como el caballo imperito en gramática no es desgraciado, así no es infeliz tampoco el estulto, porque al serlo es coherente con su naturaleza”; ser coherente con su naturaleza es ser uno mismo, y ser uno mismo es la felicidad, la satisfacción de ser y hacer lo que se desea sin tener en cuenta normas ni costumbres.
En la lógica de Pito Pérez lo normal es ser consecuente con la locura, porque para él, lo mismo que para Erasmo de Rotterdam, es lo único que hace ser y vivir al individuo real que no necesita de poses ni simulacros
En mí no hay lugar para el engaño, ni simulo con el rostro una cosa cuando abrigo otra con el pecho.
Pito Pérez elogia la locura en cuanto la identifica con la conducta real y, por tanto, con lo que debería ser lo normal; de tal modo que, para él, los locos son los que se conducen congruentemente con las normas establecidas por las instituciones sociales y no los que las violan. Así dice el personaje:
Y más locos que yo los que no ríen, ni lloran, ni beben, porque son esclavos de inútiles respetos sociales. Prefiero a mi familia de chiflados y no a ese rebaño de hipócritas que me ven como animal raro porque no duermo en su majada, ni balo al unísono de los otros.
Pito Pérez es un opositor a las instituciones y sus reglas, y a los que se dejan conducir por ellas; esta oposición lo hace ganarse el desprecio de todos los que ostentan algún rango de autoridad o de poder.
Realmente se necesita valor para comportarse fuera de las normas sociales y tomar conciencia de ser un escupitajo sobre el cual recae todo el peso de la sociedad que lo mira con asco y desprecio.
El propósito de no balar al compás del rebaño, es hacer rabiar a quienes sí lo hacen, rebelarse a las normas sociales, es rebelarse contra la conducta asumida por milenios, contra la propia existencia humana, que ha llegado a creer natural, todo el conjunto de leyes y normas de conducta que la rigen.
Pito Pérez está consciente de su situación social y de que no es visto dentro de la normalidad, pero aún más, de que su comportamiento es el correcto; por eso le dice a su interlocutor: “Nuestra conversación podría titularse: diálogo entre un poeta y un loco. De ahí que Pito Pérez centre su crítica sobre todo en el clero y el gobierno.
En este último, critica el robo y el despotismo, que exponiendo las actitudes ineptas y las prácticas oportunistas que lo caracterizan: “Cuesta trabajo perder el pudor pero cuando uno lo pierde, qué descansado se queda, como dicen que dijo uno de los sinvergüenzas más famosos de México.”
La primera “cualidad” de los gobernantes de la sociedad de Pito Pérez es el extremo del cinismo, la ignorancia y la degradación humana, que la perspicacia del personaje detecta en todos los ángulos de la deshonestidad del gobierno, y que es propia de todas las autoridades, desde el humilde alcalde de pueblo, hasta el alto funcionario:
Para hacer un estudio de los necios, en general, me bastó conocer al juez y al secretario, y ahora ya sé que lo que cambia en los hombres es la dimensión de sus empleos, pero que el tonto y el sinvergüenza, lo mismo son los alcaldes de un pueblo, que ministros en la capital de la República.
La ruptura con la autoridad terrenal, lleva consigo el rompimiento con la autoridad clerical, puesto que el ardid de que toda autoridad viene de Dios, es utilizado de común acuerdo por representantes estatales y religiosos para manipular la conciencia de las mayorías y apropiarse el derecho de mando y superioridad.
Pito Pérez lo comprende y con su conducta anárquica, defiende la libertad individual, coartada por Estado e Iglesia, manifestando en sus actitudes su repudio pero, sobre todo, descubriendo los actos sutiles de los curas que esconden su ser de lobo con piel de oveja:
Metí la cabeza por entre las cortinas del firmamento, y vi un cura gordo.
-Padre -le pregunté-, ¿aquí no hay ovejas negras?
-No, candoroso hermano, las ovejas negras son los pobres de la Tierra, pero como hay tantos y aquí no cabrían, los acomodamos en el purgatorio o en el limbo.
-¿Y si no lo merecen?
-Los pobres lo merecen todo. Además. ¿Qué ganarían con rebelarse? El infierno, como Luzbel.
El juicio fascista de minimización hacia los marginados, es un producto de la deshumanización de la burocracia política, que enmarca la vida del hombre desde antes de nacer hasta la muerte. Los menesterosos, son ejemplo de lo que hace el Estado, con quienes nacen pobres y crecen con todas las limitaciones sociales; por eso la lucha de Pito Pérez, es la del individuo contra la sociedad y el reto es vencer o ser vencido; y lo aplastan las formas y las instituciones sociales hasta hacerle perder la identidad, Hilo lacre es el producto. Jesús Pérez Gaona deja de existir desde que se diluye en el ser que engendran las notas tristes de una flauta, cuya musicalidad da vida a Pito Pérez el estulto, el rebelde, el borracho, el presidiario irónico, el anticlerical cínico, el marginado…

José Félix Zavala

Re cordando al queretano Francisco Cervantes

La dignidad del canto

En enero murió Francisco Cervantes, cuentista, ensayista, traductor connotado del portugués y una de las figuras más reconocidas y extravagantes de la poesía hispanoamericana.

El abundante anecdotario que ha aflorado a partir de su muerte revela a un hombre de valores arraigados, de afectos y antipatías tajantes y de un trato que podía ser alternativamente huraño o entrañable.

Todos estos rasgos denotan una personalidad peculiar, pero también una elección estética, una asunción, hasta las últimas consecuencias, de la poesía como una ley.

Porque Cervantes fue uno de esos románticos postreros que buscaban una unidad ética entre el creador y su obra, y que aspiraban a que sus dilemas e inquietudes personales alcanzaran una resolución formal y vital en el arte.

Para Cervantes, el poeta no era un mero productor de versos, sino una especie de caballero andante que, con su iracundia o generosidad impulsivas, encarnaba las virtudes del valor y la justicia y no dudaba en explotar contra los necios, los apocados o los avariciosos.

Así, Cervantes hizo de la poesía una norma de honor y de ascetismo que guiaba desde la elección de sus oficios hasta su relación con el medio ambiente literario.

No puede explicarse de otro modo su franqueza y animosidad a veces suicida o su renuncia a las aspiraciones habituales (una familia, un hogar propio, una convivencia pacífica y rentable con la comunidad literaria) para elegir una vida errante y precaria de cantor inconformista.

Por supuesto, aun con su valentía, Cervantes no sería más que una leyenda de la bohemia literaria mexicana si su personalidad e ideario no hubieran cristalizado en una obra poética deslumbrante.
La poesía de Cervantes crea un universo de valores y un lenguaje poético único: por un lado, con su alabanza a los ideales caballerescos y guerreros, revive y redime una cultura heroica, una edad de oro del arrojo y la nobleza de corazón; por otro lado, con la actualización de moldes poéticos antiguos y con la mezcla de sus idiomas electivos —el castellano, el gallego y el portugués—, Cervantes emprende la búsqueda de una expresión en donde la sonoridad, el ritmo y la emoción trasciendan las fronteras idiomáticas y restituyan, al menos por un instante, el ideal de una unidad de la lengua.

Ya desde su primer libro, Los varones señalados (1972), Cervantes canta las aventuras, hazañas y sufrimientos de los caballeros, alaba el heroísmo y el “poder civilizador” de la guerra, evoca el placer embriagante de la batalla y la conquista del respeto, la amistad y el amor; pero no se trata de una mera idealización: los caballeros y trovadores de Cervantes son seres trágicos, con una profunda conciencia de la muerte y la transitoriedad de sus afanes.
Así, la naturaleza libérrima del caballero desconfía en su fuero interno de cualquier dogma o autoridad y cultiva, a veces con una confianza solitaria y temeraria, la fidelidad a sus propios valores.
Por eso, los caballeros, y en general todos los personajes poéticos de Cervantes, son seres que abrazan un vitalismo atormentado y escéptico donde se alternan el amor y el abandono, el goce y la herida, la nostalgia y la celebración del instante, la fe y el nihilismo.

Pero Cervantes no sólo hace una fascinante elegía de un mundo ido, sino que, con su gusto por lo arcaico, se vuelve uno de los más audaces experimentadores con el sonido y el ritmo.
Desde sus primeros libros, Cervantes adopta una sintaxis y una entonación deliberadamente anacrónicas que dotan a su poesía de una insólita musicalidad, pero es tal vez en Cantado para nadie (1982) donde lleva a las mayores alturas su exaltación del canto y la mezcla de idiomas.
En este libro, el canto aparece como una reivindicación de formas antiguas, particularmente de la juglaría gallegoportuguesa (cosantes, cuartetas, cantigas de amigo o de estribillo), a menudo casi ininteligibles para quienes no conocemos esos idiomas, pero cuyo efecto, grato al oído y al sentimiento, surge de un diestro despliegue del oficio poético.
Así pues, podría pensarse en un anhelo de restauración que construye un mundo poético, al mismo tiempo mágico y secular, donde privan los valores ideales, donde el canto es una expresión sencilla y compleja a la vez de la alegría o la añoranza y donde las diferencias entre las lenguas se diluyen en un solo ritmo poético.
Por supuesto, esta confianza en los poderes de la poesía no implica una sacralización y nada más lejos del temperamento de Cervantes que la impostura chamánica con la que todavía muchos poetas sorprenden a los auditorios desprevenidos: Cervantes no busca en la poesía una religión o una salvación, sino simplemente una forma más digna y consciente de existir, de aceptar la fragilidad y el absurdo de la condición humana y de soportar las menguas y humillaciones del tiempo y el azar en nuestras vidas. – Armando González Torres. 2001

Sobre la criminalización de los movimientos sociales en Querétaro, por Efraín Mendoza

Sobre la criminalización de los
movimientos sociales en Querétaro

Efraín Mendoza Zaragoza

Los ciudadanos y las organizaciones sociales están en su absoluto derecho de moverse al margen y aún en contra de las instituciones del Estado. No sólo pueden oponerse al orden jurídico, pueden combatirlo. La propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, útero de todas las instituciones del país, reconoce que “el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. Bueno, pues, el mismísimo EZLN, cuando se alzó en armas con el propósito de derrocar al gobierno, hace 15 años, lo hizo invocando este artículo, el 39 de la Constitución, que todavía está vigente aquí donde a veces la Constitución parece importar muy poco.

Siempre he creído que en la legítima persecución de sus propósitos las organizaciones sociales no deberían desdeñar el margen (a veces muy delgado margen) en que pueden ser útiles las instituciones para empujar sus luchas. Si bien el orden jurídico ha sido diseñado para proteger la propiedad y asegurar el orden, también lo es que ese orden tiene grietas y resquicios a los que puede encontrárseles utilidad.

Es cierto que hay en la historia judicial de este país sentencias aberrantes, como la que exoneró a un gobernador en su contubernio con un poderoso industrial para afectar a una periodista; como la que exoneró al presidente de la República tras haber puesto en peligro la elección presidencial de 2009, y como la que exoneró a miembros del gabinete presidencial por la muerte de 49 niños y las heridas perennes a 75 más en una guardería.

Es cierto. Pero también es cierto que hay otras determinaciones judiciales que nos dejan como lección que siempre será mejor usar a las instituciones que escupirlas mandarlas al caño. Son las instituciones que tenemos y, sin apostar sólo por ellas, es pertinente hacernos cargo de ellas para empujar la agenda ciudadana.

Me interesa remitirme al suceso que se instaló en la mente colectiva como “el caso Atenco”. Recuerdo haber leído el último día de junio de 2010, en la víspera de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitiera su histórica sentencia sobre Atenco, que el periodista Carlos Ramírez se preguntaba qué debía imperar en el país, si “la ley o los machetes”. Desde el torpe planteamiento de esta disyuntiva, el comentarista anticipaba en tono furibundo su reclamo y advertía que si la Corte ordenaba la liberación de los líderes presos de Atenco, otorgaría “certificado de impunidad a la protesta social que utiliza la violencia para imponer sus exigencias” y derogaría el “Estado de Derecho”.

Bueno, pues la Primera Sala de la Corte ordenó la liberación de Ignacio del Valle y otros 11 líderes de Atenco, que por hechos ocurridos cuatro años atrás habían sido condenados a prisión hasta por la fabulosa cantidad de 112 años. En esa histórica sentencia, la Corte encontró un punto de conciliación entre la ley y los machetes y ratificó que al protestar y luchar por sus demandas las organizaciones sociales no cometen delito alguno.

En el expediente del caso, la Corte documentó la vida cotidiana de la injusticia en México: para acusar a los líderes sociales la Procuraduría usó pruebas ilícitas; sus acusadores partieron de “premisas falsas y endebles”; hubo desmesura y desproporción en la reacción del Estado, que inconstitucionalmente usó su maquinaria para acallar y menguar la fuerza de una organización que tiene todo el derecho de oponerse, al tiempo que se estableció que el caso debía ser abordado y entendido en un contexto político-social de presión a las autoridades para que atendieran sus demandas en beneficio de la población.

Más aún, el ministro ponente, Juan Nepomuceno Silva Meza, [por cierto, hoy presidente de la Suprema Corte], estableció, cito sus palabras textuales, que las sentencias dictadas a los líderes constituyeron “una forma maquilladamente institucional de criminalizar la protesta social como una forma de castigar ser oposición”. Repito la conclusión del ministro: las sentencias constituyeron “una forma maquilladamente institucional de criminalizar la protesta social como una forma de castigar ser oposición”. Por si no fuera suficiente, el ministro sostuvo que el reclamo social no puede ser considerado sinónimo de delincuencia y repudió la “ideología totalitaria” sobre la que descansaron las condenas, toda vez que la presunción de “peligrosidad” tuvo como único fundamento la pertenencia a una organización “peligrosa” sólo por ser opositora.

Hay que leer con detenimiento el acta número 23 de la sesión de la Primera Sala de la Corte, del 30 de junio de 2010, al resolver el amparo directo 4/2010. Contiene una verdadera cátedra sobre el tema que hoy nos reúne aquí. Y nos viene a confirmar lo dicho al principio: pese a la mala conducta de las instituciones hay que identificar sus grietas y hay que colarnos por ellas para hacer avanzar las demandas sociales.

Una segunda cuestión que deseo expresar es la convicción de que a líderes sociales de Querétaro, como Sergio Jerónimo Sánchez Sáenz, Pascual Lucas Julián y Anselmo Robles Sánchez,les aplica puntualmente la argumentación del ministro Silva Meza y por ello no tuvieron por qué haber vivido en la cárcel todo un sexenio ni haber sufrido vejaciones en el Módulo Rojo de San José el Alto. Bajo el mismo recurso que se aplicó a los líderes de Atenco, el de un expediente jurídico afectado de “maquillaje institucional”, según las palabras que utilizó el ministro Silva Meza, se castigó con la cárcel a esos líderes por su trabajo en el Comité de Defensa Popular, en la organización de la colonia autogestiva Vista Alegre Maxei y en el Frente Independiente de Organizaciones Zapatistas.
Tales fueron los excesos que, incluso, una magistrada del Tribunal Superior de Justicia del Estado, la abogada Celia Maya García, tuvo el arrojo suficiente para cuestionar el expediente judicial y salir en defensa de los encarcelados al considerarlos nada menos que “presos políticos”. Más aún, el mismísimo Subcomandante Marcos estuvo en Querétaro, en aquella Marcha por el color de la tierra, en marzo de 2001, hace justamente diez años, para reclamarlos como presos de su organización y demandar su liberación.
Para concluir, hay que decir al menos una palabra respecto de otro líder actualmente en prisión: Rubén Díaz Orozco, dirigente de El Barzón en los días difíciles de 1995, y que pese a su precaria salud sigue encarcelado por haber encabezado las protestas de los deudores clasemedieros que para defender su patrimonio tomaron la calle, cerraron los bancos, retuvieron a los actuarios y emplumaron a los abogados. Podrá decirse que Rubén Díaz Orozco actuaba como un excéntrico iluminado o que cometió errores y excesos.
Sí, podrán decirse de él y de los líderes antes mencionados todo lo que se quiera. Pero lo que no podrá decirse nunca es que en sus organizaciones hayan estado la corrupción, el abuso o la ruptura del Estado de Derecho. Hay que asomarnos bien para localizar dónde están los verdaderos invasores de tierras. Dónde los verdaderos especuladores inmobiliarios. Dónde los verdaderos nidos de la corrupción. Y dónde los verdaderos destructores del Estado de Derecho. No están, desde luego, en las organizaciones sociales. Nunca los van a encontrar allí porque allí no están.
Por supuesto, seguiré insistiendo en que a Sergio Jerónimo Sánchez Sáez debe garantizársele su retorno a Querétaro sin condición alguna. De igual manera, debe ser liberado Gustavo Romero Salazar, dirigente del Frente Estatal de Lucha. Y como en los últimos días se han sumado nuevos hechos que obligan a enfatizar en la tendencia a criminalizar la protesta social, me sumo a las voces que reclaman que también deje su destierro Jorge Zurita Carreño, que denunció una red de corrupción que involucra a funcionarios del primer círculo del Poder Ejecutivo del Estado; me sumo desde luego a las voces que se solidarizan con el semanario Libertad de Palabra y su director, que junto a Tribuna de Querétaro ha servido de altavoz a muy delicadas denuncias; me sumo a la indignación por la persecución policiaca en contra de 39 adolescentes, detenidos hace unos días por manifestar con grafiti la frustración que campea en la república; me sumo al coraje por la detención de un grupo de jóvenes universitarios por impugnar al presidente de la República, cuya guerra sólo ha traído desolación en todos los caminos y abundante luto en miles de familias. Y, por supuesto, también este día es oportuno recordar que en la lista de 561 desaparecidos políticos en México continúa inscrito el nombre de Arnulfo Córdova Lustre, un sindicalista de la planta Kimberly Clark de San Juan del Río, desaparecido el 24 de marzo de 1981. Como puede verse, es falso que en Querétaro no pasa nada. Sí pasa, mucho y desde hace mucho.
Muchas gracias.