La gran biblioteca de Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”.

Mario Rodríguez Estrada.-(Mario RE).-

“LA EXPERIENCIA ME HA ENSEÑADO QUE NO EXISTE ORGANISMO TAN PODEROSO PARA EL BIEN, NI QUE DISPENSE TANTOS BENEFICIOS A UNA SOCIEDAD, COMO EL QUE PONE AL ALCANCE DE TODOS, EN LAS PAGINAS DE UN LIBRO, LOS TESOROS DE LA TIERRA”.- Dale Carnegie.

Mis hijos, familiares y amigos, se extrañan que guarde con tanto celo las diarias ediciones de la “Jornada”, las semanarias de “Tribuna de Querétaro”, “Libertad en palabra” y las mensuales de ”Hoja x Hoja”, ahora “Página tras página”, llenando voluminosamente los pocos espacios libres, que aún quedan en mi casa, y más se extrañan que pacientemente los clasifique por fechas, los alinee, los planche y proceda a coserlos, para finalmente encuadernarlos, usando como tapas, los cartones de las pocas cajas de “pizzas” y cajones que pergeño en el mes, tras de nuestras visitas a las tiendas y almacenes de víveres…y que después me pase horas enteras volviendo a releer , casi amorosamente, sus ya vistas y viejas páginas…y lo que no saben, es que, lo mismo que Dale Carnegie, descubrí en sus reunidas hojas, un inmenso tesoro, que no contiene ningún otro libro.

Desde muy niño, los periódicos me llamaron mucho la atención, tanto que ahí aprendí a visualizar aquellos danzarines signos, que los mayores leían y que significaban sonidos, mis primeros amigos fueron los concernientes a lo que luego supe, se llamaban vocales, la gordita y redonda correspondía a la “O”; la flaquita, flaquita con un puntito arriba quería decir “i”; las ondas parecidas a los arcos, querían decir “U”: la firmemente parada con separados pies, era la “A”, y aquella con tres piquitos amenazantes quería decir “E”…las otras me costaron conocerlas un poco más de trabajo, pero siguiendo el método de Don PIPIRULANDO ( CRI-CRI), uniendo unas con otras se forman palabras…claro que la primera fue con la “m”, mamá, y la segunda con la “p” fue papá, y así me fui…Ya mucho más viejo empecé a coleccionar “Selecciones” la que tengo es desde los años de 1942, después “Contenido”, luego descubrí “PROCESO”, la que tengo desde el número 27…por mis primos de México, los Estrada Reyes, me topé con “La Jornada” y fue un amor a primera vista, cuando no la leo, siento que desperdicié un día…algunos veces no la consigo, pues estoy de viaje u otro motivo, y la suplo con algún otro parecido, pero no le llegan ni a los talones…casi de cabo a rabo leo “Tribuna de Querétaro”…su contenido vale su peso en oro…muchos números se me escapan, pues se termina pronto, algunos puestos lo regalan y otros lo venden…así que mis “tomos” no contienen más que los que pude conseguir…”Página tras página”, lo mismo, es una publicación de los libreros queretanos y no tiene abuelita, pues a muchos de sus articulistas les conozco, como el Magister Alejandro E. Obregón Álvarez (¿Cuál es mi libro preferido?), o el joven Maestro José Martín Hurtado Gálvez (Lectura en voz alta), Edgardo Moreno Pérez y todos los que ahí escriben completan un excelente cuadro .

Poco a poco mi hemeroteca trata de igualar a mi biblioteca, pero el espacio físico, ya pronto me impedirá seguir coleccionándolos y pronto, muy pronto, dejaré de hacerlo y me tendré que conformar con leer lo que ya poseo…ojalá la vida me permita darle a todo una segunda vuelta…cuando yo ya no esté, no sé que vaya a pasar con tanto material, se lo dejaré al albedrío de mis herederos, principalmente de mi albacea…mi sufrido (por su aguante) hijo Jorge Mario…y lo que él haga estará bien…por lo pronto, el placer que ellos, mis libros, periódicos, revistas y discos, me ofrecen, mis queridos amigos oyentes y leyentes, es inenarrable…se los recomiendo…les abraza su amigo de “Aquellos tiempos”…Mario RE.

Un lado poco estudiado de la historia de Querétaro, por José Félix Zavala

Historia de la Iglesia en Querétaro

José Félix Zavala

“Los edificios antiguos habían sido demolidos
casi por completo y sobre sus ruinas se construían
Los nuevos templos y las moradas de los nuevos señores de estas tierras”.
Colegiales de Tlaltelolco

“Con la misma autoridad apostólica
erigimos perpetuamente la ciudad de Querétaro
En ciudad episcopal, bajo el título de Santiago llamado El Mayor”.
Pío lX

“Comprendemos y amamos a quien no piensa
Como nosotros. Con humildad reconocemos
que no todos los miembros de la Iglesia somos
Santos. Estamos también seguros de que existe
mucha santidad oculta dentro de la Iglesia”.
Ob. Mario Gasperín

“Velen con todos los medios a su alcance, por esta soberanía fundamental que posee cada nación en virtud de su propia cultura. Protéjanla como a la niña de sus ojos para el futuro de la gran familia humana. Soberanía proveniente de la auténtica cultura que les pertenece en propiedad.”
Papa Juan Pablo ll (UNESCO, 1985)

La escultura del Apóstol Santiago El Mayor que se encuentra en el trono principal de la actual catedral de la diócesis de Querétaro, además de muy bella, salida de las manos del escultor Mariano Arce y retocada por otro de los grandes escultores queretanos, Diego Almaráz, es la de un peregrino con una rodilla en tierra en actitud de éxtasis, es la del discípulo de Cristo.

Lo mismo la escultura que preside el retablo del altar mayor de la parroquia de Santiago, es una talla de Santiago Apóstol, hincado, entre nubes, vestido de peregrino y en actitud de éxtasis, dos pumpos para agua y es de una gran factura, a pesar de haber sido recortada, es el evangelizador de España y cuyo santuario esta en la catedral de Santiago de Compostela.

Por el contrario, el Santiago que se ve en el escudo de armas de la ciudad de Querétaro, la figura del sobrerelieve en cantera, que preside la portada del templo de San Francisco y la escultura ecuestre realizada por Abraham González y puesta en la esquina chata, donde convergen las calles de Carranza e Independencia en el barrio de La Cruz, Hace nueve años, son la representación del mítico Santiago Matamoros.

La Iglesia católica universal y la Iglesia de Querétaro, tienen como patrono a Santiago El Mayor, al apóstol de Jesucristo, según los documentos que constan en la muy centenaria parroquia de Santiago y en la Bula pontificia de Pío lX, al crear la ciudad episcopal de Querétaro y no al mítico Santiago Matamoros, traído por los invasores españoles.

Recordemos que los primeros doscientos años del catolicismo en Querétaro estuvo a cargo, lo mismo que la primera y única parroquia en ese entonces en Querétaro, de los frailes franciscanos.

En la portada del templo de San Francisco donde se encuentra en sobre relieve hecho en cantera el Santiago mítico, vestido de guerrero, a caballo, empuñando un sable y una rodela, en actitud de lucha, con rostro severo, decapitando a un moro, mirando al norte, esta escultura, junto con la que forma el escudo de armas de la ciudad y la realizada por González recientemente y puesta en el barrio de la Cruz, en la esquina chata, como ya se ha dicho, traen consigo el recuerdo más amargo para la muy milenaria historia de este pueblo mesoamericano, que es Querétaro.

Por el contrario La Santa Cruz de los Milagros, ha unificado a las dos culturas encontradas desde 1531 en esta ciudad, la mesoamericana y la europea, es obra de Juan de la Cruz, en cuatro trozos de cantera y custodiada por un hermoso camarín y que estuviera al paso del camino en la cima de la loma del Sangremal y posteriormente se le construyera una pequeña ermita, hasta llegar al templo construido para el Colegio de Propaganda Fide, allí fundado.

La Iglesia Católica hace su aparición en Querétaro, con el encomendero de Acámbaro, Hernán Pérez de Bocanegra y su mozo Juan Sánchez de Alanís, teniendo como su primer fiel, predicador y benefactor, al Pochtecatl Conín, posteriormente llamado Hernando de Tapia, al ser bautizado.

Quién pocos años antes había llegado a Querétaro con un numeroso grupo de otomíes, huyendo de la invasión española, conviertiéndose en el conquistador del gran valle y altepetl llamado El Gran Juego de Pelota, Nda Maxei, Tlaschco o Queretha-ro.

Calculándose este acontecimiento, según la tradición, el 25 de julio de 1531. A la fecha lleva ya la Iglesia Católica en la ciudad del Gran Juego de Pelota 472 años.

La importancia de la ciudad de Querétaro comienza a ser realidad realmente a partir de 1547 cuando se “descubren” y se explotan las zonas mineras de las regiones de Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí, a partir de ese momento recobra importancia para los españoles, este pueblo y empiezan a avecindarse en él en forma ya masiva.

Poco antes, allá por 1540, se había comenzado la construcción de lo que llegaría a ser una gran ciudadela dentro de la ciudad, el famoso Convento Grande de San Francisco, eje rector por 290 años de lo religioso, social, económico y urbano, además dividirá la ciudad de construcción mixta, en sus dos partes que la integran: El Oriente para los indios, con su propia traza circular y al poniente para los españoles, también con su propia traza rectangular.

Poco antes, a finales de los años veinte y principios de los treinta del siglo XVl comienza el catolicismo en Querétaro construyendo la iglesia chiquita de la Cañada, dándose por parte de los mesoamericanos el sistema de apropiación y en los europeos el de sustitución usado por los frailes franciscanos, como ejemplo estará el humilladero en la loma del Sangremal, donde comenzó el culto a la Santa Cruz de los Milagros.

Se da por hecho la intervención de dos frailes franciscanos, Alonso de Rangel y Jacobo Daciano, venidos de Michoacán y la construcción, como ya dijimos, de un convento y templo modestos, en lo que conocemos como el Convento Grande de San Francisco.

Es muy singular y digno de análisis el caso de Querétaro donde Conín o Hernando de Tapia, realiza actos de ocupación primigenia de las tierras que detentaban para los años de 1530 los chichimecas y fue esta apropiación y el pueblo, puestos al servicio de los invasores, al ser requerida su rendición, recalcando que fue en forma pacífica.

De esta manera pasa Conín a ser por su astucia y por el reconocimiento de los invasores, el pacificador y poblador de Querétaro, siendo premiado y reconocido por el rey de España, con escudo de armas y muchas prerrogativas.

Tomó para sí buena porción de tierra sin que nadie se las asignara y para 1571 Conin o Hernando de Tapia había legitimado sus derechos con un informe de méritos y servicios a la usanza castellana y según leyes españolas.

Es importante tomar en cuenta que los indios de Querétaro pierden su primacía en la ciudad alrededor del año de 1650 debido al gran número de mestizos y españoles avecindados en la población.

La Familia Tapia y la familia Martín mantienen su estatus social y logran romper la estabilidad étnica con matrimonios de estas familias con españoles y mestizos

La futura sede episcopal, debe tenerse presente, fue adoctrinada por los frailes franciscanos al inicio de la invasión española y el convento y templo de San Francisco fue la sede de la doctrina, parroquia y juzgado eclesiástico por doscientos años.

Después pasó a manos del clero secular y cambió de sede la parroquia y el juzgado eclesiástico, provisionalmente al templo de La Congregación y finalmente al templo de la Compañía de Jesús, hoy conocido como Parroquia de Santiago, edificio ya desocupado para 1770, por los Jesuitas, debido a su expulsión.

Esta parroquia permanece hasta nuestros días en ese sitio y bajo el mismo patrocinio de Santiago El Mayor o Apóstol, hasta la actualidad.

El primer benefactor de la parroquia de Santiago, cuando estaba aún en las manos de los frailes franciscanos, lo mismo que del primer convento y el primer hospital, fue el cacique, el pochtecatl, y gobernador del pueblo de Querétaro, Conín.

Los franciscanos levantaron y auspiciaron durante los siglos XVl, XVll y XVlll cerca de 150 mil metros cuadrados de espacios arquitectónicos, comenzando por el convento grande o la ciudadela franciscana, el Real Convento de Santa Clara, el Colegio de Propaganda Fide, La vicaría de San Francisquito, el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo, el conjunto franciscano de La Cañada, el del Pueblito, el convento de Tolimán, el de Cadereyta, entre otros más.

Al finalizar el siglo XVl y durante todo el siglo XVll las diferentes ordenes religiosas se fueron instalando en Querétaro, todos en suntuosos conventos: Diego de Tapia fue el benefactor para el Convento de Santa Clara, uno de los más suntuosos, ricos e importantes de la llamada Nueva España, donde su hija, la india María Luisa Tapia del espíritu Santo, es en algún momento, superiora y su vida transcurre entre monjas españolas.

En 1586 los Hermanos Hipólitos fundaron en la ciudad “El Hospital Real de San José de Gracia”. Mientras los Hermanos de San Juan de Dios fundaron en San Juan del Río otro hospital.

Los frailes agustinos se establecieron en la ciudad en 1602, fundando el Convento de Nuestra Señora de los Dolores. En 1613 se establecieron los Frailes Dieguinos, fundando el convento de San Antonio.

En el año de 1614 los frailes Carmelitas fundaron en este futuro obispado el Convento de Santa Teresa de Jesús, En 1686 los frailes dominicos fundaron en esta capital queretana el Convento de San Pedro y San Pablo y para 1618 los Padres Jesuitas fundan los colegios de San Ignacio de Loyola y el de San Francisco Javier, más el templo de la Compañía de Jesús. El 12 de mayo de 1680 se consagra el santuario a Nuestra Señora de Guadalupe, construida por La Congregación de Clérigos de Nuestra señora de Guadalupe.

Los Mercedarios fundan en 1736 El Hospicio de la Merced, Los Padres Felipenses en 1755 fundan El Oratorio de San Felipe Neri, En 1727 se funda el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo, arquitectónicamente el orgullo más interesante que existe en la ciudad, En 1718 la monjas Capuchinas fundan en la ciudad el Convento de San José de Gracia para monjas pobres, en 1736 se funda el Beaterio de las Carmelitas Descalzas, donde resalta la monja india otomí, Salvadora de los Santos. En 1802 se funda el famosísimo convento de las Madres Teresas, conocido como “Teresitas”.

Las otras partes fuera de la población de Querétaro que comprenden el territorio eclesiástico del actual obispado de Querétaro, fueron adoctrinados, unos lugares por otomíes, venidos con los españoles, otros por franciscanos de los colegios de Propaganda Fide de Querétaro, Pachuca y México.

El territorio del semidesierto en una gran parte, fue adoctrinado algún tiempo por los frailes Dominicos, la parte de Jalpan por los frailes agustinos, muy al principio, destacando en la región Pame, a mitad del siglo XVlll, las misiones franciscanas de la Sierra Gorda, por los frailes salidos del colegio de San Fernando.

Esteban Arroyo, el cronista dominico residente en Querétaro y autor entre otros muchos libros “Las misiones dominicas en la Sierra Gorda de Querétaro” afirma en esa obra “Que tanto los franciscanos, como los dominicos y agustinos, en los comienzos de la conquista espiritual, procuraron sacar a los indios de los montes donde vivían dispersos y los congregaron organizándolos en comunidades y pueblos al estilo civilizados”.

Este planteamiento fue un total fracaso por mas de 250 años de los 300 que duró la invasión española en la Sierra Gorda y el semidesierto, en lo que es hoy parte del estado de Querétaro.

La parroquia de San Juan del Río, estuvo siempre a cargo del clero secular, la parte que corresponde al ahora estado de Guanajuato, fue adoctrinada por los Jesuitas, teniendo como cabecera el pueblo de San Luis de la Paz, también son notorios los catorce grandes conventos que en la ciudad de Querétaro se erigieron durante el siglo XVll y ya citados en párrafos anteriores.

La segunda solicitud hecha por el cabildo de Querétaro, es solicitada en el año de 1805, al rey de España, debido al Patronato Real de que gozaba, para que se fundara un obispado, solicitaba un territorio para el obispado de Querétaro, que comprendía la Villa de León, San Miguel El Grande, San Luis de la Paz, los minerales de Maconí y El Doctor, Cadereyta, San Juan del Río, Aculco, Jerécuaro, Salvatierra, Celaya y desde luego la ciudad de Querétaro.

Fueron tres los intentos de formarse este obispado, en 1710, cuando a Antonio de Cárdenas y a José Torres vergara, empleados del cabildo de la ciudad gestionaron la erección de la diócesis, proponiendo al queretano Fray Pedro de la Concepción Urtiaga, como obispo y quién posteriormente fuera obispo de Puerto Rico; en 1767 Juan Antonio del Castillo Llata, visitó la Sierra Gorda, La Huasteca y El Nuevo Santander para informar la conveniencia de la creación de un nuevo obispado sin éxito y finalmente en 1863 se crea el obispado de Querétaro.

Es erigido finalmente por el Papa Pío lX, bajo la Bula “Deo optimo Máximo…”, expedida el 23 de enero de 1863 y ejecutada el 7 de febrero de 1864, siendo preconiozado como su primer obispo el Vicario Capitular y Arcediano del Cabildo del Arzobispado de México, Bernardo Gárate López de Arizmendi, teniendo hasta nuestros días, la diócesis o Iglesia local de Querétaro, una existencia canónica de 140 años.

La ciudad tenía para ese momento cuatro parroquias: La de Santiago, la de San Sebastián, la de Santa Ana y la de del Espíritu Santo, a las que se le agregaron las del territorio que marca la bula pontificia en demarcación que le fue otorgada a la nueva diócesis:

Fueron: La del Pueblito, la de La Cañada, la de Amealco, San Juan Del Río, Tequisquipan, Tolimanejo, Cadereyta, El Doctor, Escanela, Jalpan, Landa, San José Iturbide y Xichú, además de las vicarías fijas.

Se pidió a los curas de las parroquias que formarían parte del obispado de Querétaro la asistencia del párroco a la toma de posesión y a la lectura de la Bula Pontificia, actos que presidiría en nombre de la Santa Sede el Sub Delegado Apostólico y obispo de León, José de Jesús Ma, Diez De Sollano y por problemas con el usurpador Maximiliano el nuevo y primer obispo de Querétaro tomaría posesión de la diócesis en la persona del Bachiller Luis Gonzaga Borja.

Su territorio comprende 15,326 kilómetros cuadrados, ubicados en siete municipios del estado de Guanajuato y en los 18 que comprenden el estado de Querétaro. Ha sido sufragánea del arzobispado de Morelia y actualmente del de San Luis Potosí. Consta de 86 parroquias y 12 decanatos.

Esta dividida en las regiones: Sur, que comprende los municipios de Amealco y Huimilpan, la de Los Valles centrales, que comprende los municipios de Ezequiel Montes, Tequisquiapan, San Juan Del Río, Pedro Escobedo, El Marqués, Corregidora Dr. Mora, San José Iturbide y la sede episcopal Querétaro.

En la región del semidesierto, comprendida por los municipios de Victoria, Santa Catarina, Tierra Blanca, Peñamiller, Tolimán Colón y Cadereyta y la de la Sierra Gorda, integrada por los municipios de Xichú, Atarjea, Arroyo Seco, Pinal de Amoles Landa de Matamoros, San Joaquín y Jalpan.

Ha sido gobernada por ocho obispos a la fecha y sus sedes o Catedrales han sido habilitadas hasta la nuestros días. Por primera vez y de acuerdo a la Bula pontificia, lo fue el templo de la Compañía de Jesús, cuya parroquia de Santiago continuó en ese mismo recinto.

Posteriormente fue catedral el templo de La Congregación de Clérigos de Nuestra Señora de Guadalupe, un poco de tiempo y hasta perder el obispo el pleito con los frailes franciscanos estuvo en el templo de San Francisco, algunas veces y circunstancialmente en el templo de San Antonio y actualmente en el templo de San Felipe Neri, cuyo edificio fue consagrado para este servicio el 30 de julio de 1931, por el obispo Francisco Banegas.

Para mediados del siglo XVlll lo que comprende el actual obispado de Querétaro estaba dividido en el Juzgado eclesiástico de Xichú de indios, El Juzgado eclesiástico de Escanela, El Juzgado eclesiástico de Cadereyta, El Juzgado eclesiástico de Tequisquiapan, El Juzgado eclesiástico de San Juan Del Río y el Juzgado Eclesiástico de Querétaro.

Aquí hay que recordar que la evangelización durante la invasión española tenía un sentido programático para inculcar la cultura occidental, basándose en la esperanza de los nuevos súbditos, un nuevo esquema social y urbano.

Una de las introducciones a la grandiosa obra de Fray Bernardino de Sahagún, dice: “Fingir normalidad, tranquilidad, firmeza era la constante de los españoles ante Europa sobre el nuevo continente, su desilusión era la división tajante entre los indios y los españoles, el sueño europeo no era real, no había paz, los indios no eran simples, ni estaban deslumbrados ante la nueva fe, ni la actividad evangelizadora estaba fuera de los intereses políticos”.

El brazo conquistador estaba puesto en los franciscanos, que en 1525 habían empezado la evangelización metódica de los conquistados, el sanguinario Nuño de Guzmán se enfrentaba a sus coterráneos humanistas, mientras los franciscanos y dominicos se enfrentaban como rivales entre sí y dentro de las ordenes mendicantes chocaban los criterios a seguir en este, para ellos, nuevo continente.

La lucha por el poder se daba entre alegatos de méritos y servicios y arguyendo dulces panaceas espirituales. La invasión estaba en marcha. Los franciscanos actuaban respaldados por el poder real y el resucitado espíritu heroico de la Iglesia primitiva.

Los frailes no se daban cuenta de la falsa y pobre opinión que sobre los indios tenían, mientras Fray Bernardino de Sahagún captó rápidamente que la conversión de los indios nada tenía que ver con el optimismo de los primeros misioneros, debido al gran desconocimiento que sobre ellos tenían.

Para 1534 ya existían para los invasores cuatro grandes divisiones territoriales y políticas de la llamada Nueva España, que eran: México, Coatzacoalcos, Oaxaca y Michoacán. Al poco tiempo se formó la provincia de Xilotepec, sobre territorio chichimeca, que a su vez se subdividía en corregimientos, reales de minas y alcaldías mayores.

Este gran territorio chichimeca regido por Xilotepec tuvo su primera segregación en 1552 con la formación del corregimiento de Xichú y Punxinguía, que posteriormente fue alcaldía mayor para 1590 y para el siglo XVll cambiara su centro político y económico a San Luis de la Paz y cuyos doctrineros eran los Jesuítas. Este territorio ahora es parte del obispado de Querétaro.

Es importante tener en cuenta que la segunda segregación del territorio de Xilotepec, sucede en 1577, cuando se forma la alcaldía mayor de Querétaro constituida por San Juan Del Río, Tequisquiapan, junto con sus haciendas y ranchos.

Queda esta alcaldía mayor en lo tocante a lo religioso, parte bajo la jurisdicción de la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán y por el lado de Xilotepec, bajo la jurisdicción de la provincia franciscana de El Santo Evangelio, con sede en al ciudad de México y la parte correspondiente a San Juan del Río, por el clero secular.

La circunstancia de tipo religioso en que quedó la Alcaldía mayor de Querétaro, su gran desarrollo económico, social religioso y humano, aunado a que el pueblo de San Juan del Río, era parte de su alcaldía y al mismo tiempo, un curato secular a cargo del arzobispado de México.

El que Tolimán, recién fundado a favor de los españoles por los otomíes, fuera una doctrina y convento regidos por los franciscanos de la provincia de Michoacán.

La población de Querétaro, tenía doctrina, curato, convento, hospital y juzgado eclesiástico, como se ha dicho patrocinados por Conín, el gobernador del pueblo de indios y además siendo el territorio más próspero de la provincia franciscana de Michoacán.

Esta situación ocasionó lo que se llamó en 1584 “el pleito grande” por esta población, entre los obispos de México, Juan de Zumárraga y el de Michoacán Vazco de Quiroga y que finalizara con el triunfo y dominio religioso del arzobispado de México sobre este territorio, retardó la fundación de un obispado en ciudad tan próspera hasta después de la salida de los españoles. Ahora es la ciudad episcopal, formando parte, desde luego, del obispado de Querétaro.

Recordemos que de la provincia del Pánuco en 1579, se separó una Nueva Alcaldía Mayor, la de Villa de Valles, a las que pertenecía Jalpan y ya las minas de Xichú y de Escanela. Estas tres últimas poblaciones pertenecen actualmente al obispado de Querétaro.

El Territorio del semidesierto de la Sierra Gorda Queretana se conformó religiosamente por la doctrina y curato de Cadereyta, única población formada a la traza europea en este obispado, estuvo a cargo de los frailes franciscanos de la provincia del Santo Evangelio perteneciente a la ciudad de México. Mientras que los curatos de Tolimán y Tolimanejo fueron de los franciscanos de Michoacán.

La encomienda a principios de la invasión española en territorio queretano quedó a cargo de Pedro de Quezada, hasta mediados del siglo XVll.

Es bueno señalar dentro de esta relación que El Valle de Alfajayucan y los otros valles cercanos tuvieron su convento franciscano a cargo de la provincia franciscana del Santo Evangelio de México, mientras que las poblaciones de Escanela, Tilaco, Concá y el Cerro de La Media Luna, estuvieron a cargo de un cura secular del arzobispado de México y posteriormente junto con Jalpan y Pacula, estuvieron bajo la custodia de los frailes Agustinos de la Provincia de Dulce Nombre de Jesús. Todos estos territorios forman parte del obispado de Querétaro.

Todo el extenso territorio comprendido por el llamado semidesierto queretano, entre San Juan Del Río. Higuerillas, el Río Extoraz y el Cerro de la Media Luna dieron origen primero a la Fundación del pueblo de Cadereyta y más tarde a la parroquia de San Pedro y San Pablo bajo el curato de los frailes Franciscanos de México, que también forma parte del obispado de Querétaro.

Parte de este territorio episcopal actual falta mencionar la zona otomí de Amealco y las tres poblaciones que formaron antes de la llegada de los europeos a Querétaro, el Altepetl del Gran Juego de pelota y que ahora conocemos como Huimilpan, El Pueblito y La Cañada.

Es importante tener presente en la formación y devenir del obispado de Querétaro que los chichimecas eran los habitantes de Querétaro a la llegada de Conín y posteriormente de los españoles y recordar que junto con los españoles llegaron a estas tierras, los tarascos y mexicas y otomíes de Tlaxcala.

Los chichimecas de la región del actual estado de Querétaro, se dividían en forma general en otomíes, Pames, Jonaces, tamimes y teuchichimecas, guerreros en su mayoría, diestros en el uso del arco y la flecha y con un gran conocimiento de las hierbas medicinales.

Eran por su calidad de guerreros muy ligeros de peso, su alimento se basaba en tunas, mezquites, palmito, miel de maguey y de abeja, además de raíces. En cuanto a carne eran las liebres, el venado y las aves su dieta.

Cada uno se hacía acompañar de su mujer, no admitían ni enfermos, ni viejos, manteniendo un gran respeto por los augurios, el conocimiento de hierbas que ocasionaban la muerte instantánea o lenta. Conservaban el pelo largo tanto hombres como mujeres.

No hay que olvidar que la religión Católica entra por los ojos a los chichimecas, a través de la Santa Cruz de los milagros, pues es coincidente con su cosmogonía, no así por Santiago Matamoros, de tal suerte que en la loma del Sangremal se levantó un humilladero donde se veneró hasta la construcción de un templo sencillo primeramente y después el Gran Colegio de Propaganda Fide, donde se sigue su culto en forma por demás mayoritario a cualquier otro en la ciudad.

Posteriormente para 1632 la realización de la imagen que ahora conocemos como Nuestra Señora del Pueblito, puesta en el centro ceremonial de El Cerrito, unirá también por sincretismo religioso a los indios con el culto católico a la Madre de Dios, veneración que ellos tenían de tiempo inmemorial en ese centro cultual

La festividad de este culto se realiza fuera del litúrgico, en el mes de febrero con todo el rito mesoamericano en la población que conocemos como El Pueblito y en la ciudad de Querétaro tiene un culto paralelo con la población criolla y mestiza, apegado al culto occidental del catolicismo.

El Culto a Nuestra Señora de Soriano ha ido creciendo poco a poco a pesar de que la imagen es muy antigua y fue recogida del mineral de Maconí, que fuera destruido por los Jonaces y cuya imagen de la Virgen quedó por más de catorce años abandonada en ese lugar hasta su rescate y veneración en la misión dominica de Soriano, donde tiene ahora su santuario.

Los documentos sobre la Parroquia de Santiago cuando esta era regida por los frailes franciscanos, los encontramos hasta el año de 1593, estos consisten en partidas de bautismo para españoles y se encuentran sin firma y es hasta 1597 es cuando empiezan a aparecer las primeras firmas de frailes como la de Lucas de los Angeles y Francisco de Parra entre otros.

Existe en los archivos de esta parroquia un libro marcado con el número uno, para matrimonio de indios en la capilla de Señor San José o el llamado templo de la Cuerda, abarca de 1624 a 1658 y se abre otro libro para el mismo servicio en 1663 a 1674.

El 7 de febrero de 1759 se entregó el curato de esta ciudad de Querétaro al clero secular, siendo el Bachiller Don Antonio De La Vía Santaelices, el primer cura beneficiado, teniendo hasta el año de 1771 el templo de La Congregación como sede de la parroquia de Santiago, año en que la trasladó al templo de La Compañía de Jesús y a la muerte de este cura en 1785 es nombrado cura beneficiado Alonso Nuñez de Haro y Peralta.

En 1808 es cura de Santiago el Padre Rafael Gil de León, en 1815, Joaquín de Oteysa, en 1834 José Miguel Zurita, en 1850 José Ma. Ochoa, en 1858 Joaquín Martínez Caballero, en 1864 el cura Agustín Guisasola, en 1884 José Francisco Figueroa, en 1884 a 1891 José Ma. González, le siguieron los curas José Ignacio Carrillo, Manuel Reynoso, Felipe M Sevilla, José M Arias, José Trinidad Cervantes hasta 1911.

Han sido ocho los obispos que ha tenido la diócesis de Querétaro. El primer obispo lo fue Bernardo Gárate de Arizmendi por un año, de 1865 a 1866, le siguió Ramón Camacho y García por 15 años, de 1869 a 1884, le sucedió su hermano por 23 años, de 1885 a 1908, Rafael S. Camacho García, Quién tuvo en los últimos años de su vida, como coadjutor con derecho a sucesión, al obispo queretano, Manuel Rivera Muñoz.

Los obispos han venido, el primero de ser Vicario General del Arzobispado de México, el segundo de ser Vicario General de Morelia, lo mismo que el quinto y sexto obispos, uno de Morelia y otro de esta diócesis, el único obispo queretano en Querétaro, era para su nombramiento ya Obispo Coadjutor con derecho a sucesión, fue Mons. Rivera, otros dos ya eran obispos a ser enviados a esta diócesis: El Señor Toríz Cobían, que venía de ser obispo de Chilapa, en el estado de Guerrero y el Señor Gasperín, de ser obispo de Tuxpan, Veracruz.

Fue Manuel Rivera Muñoz, obispo titular, solo seis años, de 1908 a 1914, le siguió por 13 años al frente del obispado, Francisco Banegas Galván, de 1919 a 1932, fueron 13 años, le continuó al frente de la diócesis el obispo Marciano Tinajero y Estrada, de 1933 a 1957, lo fue por 24 años, lo sustituyó el obispo de Chilapa, Alfonso Toríz Cobián, de 1958 a 1988, estuvo al frente del la grey queretana por 30 años y finalmente es obispo de Querétaro desde 1989, Mario Gasperín G.

El Cabildo de la Catedral se instala según instrucciones de la Bula del Papa Pío lX el 2 de febrero de 1865, constituido por el presidente de este consejo, el secretario, el canónigo Lectora, el Magistral, el Doctoral, el Penitenciario, el Sacristán Mayor.

Se han distinguido entre los muchos canónigos queretanos: Pedro Vera Zuria, Salvador Septién, Florencio Rosas, Ezequiel De La Isla Manuel Reynoso, Daniel Frías, Vicente Acosta, Cersáreo Munguía, Salvador Cabrera, Guillermo Romero, Gilberto Quiróz, entre varios más.

La fundación del seminario conciliar fue el primer trabajo emprendido por el primer obispo de Querétaro y tuvo este seminario como primera sede el convento franciscano de San Antonio un 2 de mayo de 1865 y un recorrido difícil hasta llegar a las instalaciones de que goza ahora y erigidas por el obispo Toríz Cobián.

El seminario conciliar del año de 1865 a 1909 había formado 176 sacerdotes y habían pasado cuatro rectores, que fueron Manuel Castro y Castro, Albino Feregrino, Florencio Rosas y Daniel Frías.

La escuela de Música Sacra fue instituida por el Obispo Rafael S Camacho un 18 de febrero de 1892, poniendo al frente al padre Guadalupe Velázquez y fue el pionero de las peregrinaciones diocesanas a pie a la Villa de Guadalupe, siendo la diócesis de Querétaro la primera en organizar este tipo de devoción mariana y que hasta la fecha le da gloria a la ciudad.

Las leyes de Reforma y la persecución religiosa fueron para los obispos de Querétaro los momentos más difíciles de su historia, donde tuvieron que exiliarse temporalmente y llevar en hombros el alzamiento cristero que aunque en poca monta también se dio en parte del estado de Querétaro, sobre todo en la región del Municipio de Colón.

Destacó en estos tiempos el que llegara a ser Arzobispo de Puebla, Don Pedro Vera y Zuria quién tomó las riendas del obispado de Querétaro en sede vacante y momentos difíciles en la vida del país de 1914 a 1919 y el P. Florencio Rosas, que con sus instituciones educativas, dio el salto en Querétaro al nuevo siglo XX.

Los Obispos Rafael Camacho García y Manuel Rivera Muñoz intentaron construir una Catedral parra el obispado de Querétaro. Las dos intenciones de edificar Catedral ex profeso en la ciudad, fueron frustradas, la primera en la parte norte del jardín de Independencia o Plaza de Armas y la segunda en lo que hoy es actualmente el jardín Guerrero y ya había sido destruido el claustro del convento de Santa Clara en ese mismo lugar.

Este intento del obispo Manuel Rivera, en los que es hoy el jardín Guerrero, fue un proyecto de Manuel Velasco G. y encargado para recolectar los fondos al canónigo Florencio Rosas, colocándose la primera piedra el 23 de mayo de 1912 y suspendido el proyecto el 29 de julio de 1914, con sede vacante y la toma violenta del gobierno de Carranza, quién incautó el terreno y el ahora Palacio Municipal, entonces casa episcopal.

El Obispo Marciano Tinajero y Estrada, consolida este trabajo, con la convocación y celebración del primer sínodo diocesano, dejando durante su pastorado religiosos y religiosas de diferentes ordenes dedicadas a la educación, colegios suficientes que garantizaran la formación del pueblo católico queretano. Le tocó al obispo Toríz, poner en marcha los acuerdos del concilio Vaticano ll y le da sede definitiva al seminario de Querétaro.

Es importante recordar que el Queretano y fraile dominico en el siglo XVll. Fray Antonio de Monroy e Hijar, quién fuera casualmente Arzobispo de Santiago de Compostela y en el siglo XX, el valiente Pedro Vera y Zuria a quién en varias ocasiones le tocó sostener el peso del obispado de Querétaro fue Arzobispo de Puebla de los Angeles, entre los varios obispos que Querétaro ha dado a la Iglesia católica.

Entre los católicos más destacados de los últimos tiempos podemos encontrar a Clemencia Borja Taboada, fundadora de la Misioneras Marianas, a María Eugenia González Lafont, fundadora de la congregación de las Misioneras Catequistas, a Trinidad Urquiza Septién abadesa del monasterio actual de las monjas Clarisas.

Al campesino Manuel J, Campos Loyola y al maestro José I Sotero Nieves, asesinados por amor a la Iglesia durante el movimiento cristero. A los maestros y directores del Conservatorio de Música Sacra Fernando Loyola Fernández, Agustín González y Eduardo Loarca castillo. A los rectores del Seminario Conciliar, Manuel Castro y Castro, a Florencio Rosas, a Daniel Frías y a Don Ezequiel de La Isla. A los sacerdotes Gonzalo Vega y Salvador Septién, entre muchos otros.

En Querétaro la orden de los Caballeros de Colón se fundó el 17 de diciembre de 1919, dejándolos bajo el patrocinio del Apóstol Santiago y la anuencia del obispo Francisco Banegas, siendo algunos de sus fundadores: Carlos González de Cosío, Carlos Loyola de la Vega, Salvador Septién, Edmundo de la Isla, Fernando Loyola, Luis Proal, Antonio Urquiza, entre otros.

Dentro del territorio de la diócesis se encuentran dos municipios casi totalmente indígenas, son el de Amealco con las poblaciones de San Miguel Tlaxcaltepec, Santiago Mequititlán, San Ildefonso, entre otras; El Municipio de Tolimán con las poblaciones de San Pedro, San Andrés y San Pablo, también entre otras más.

Existen fiestas de carácter prehispánico muy arraigadas en diferentes partes del estado, destacando la de La Santa Cruz de Los Milagros, en el mes de septiembre en la ciudad de Querétaro y la de Nuestra Señora de Los Naturales o del Pueblito en el mes de Febrero, en el municipio de Corregidora

Octavio Paz nos dice en la introducción del libro tres mil años de cultura en México, que la conversión entre españoles e indios fue mutua, mientras que los documentos conciliares nos dicen. “Que los evangelizadores se enteren bien y conozcan ampliamente la historia, las estructuras sociales y las costumbres de los pueblos, y se enteren bien del orden moral y de los preceptos religiosos asó como de la mentalidad de dichos pueblos, de acuerdo a sus tradiciones sagradas acerca de Dios”.

“Dio es tan insondable, tan infinito e incomprensible, que ninguna persona, ningún grupo humano puede tener la totalidad de la percepción de Dios. Por eso Dios permite que se reparta su presencia y la percepción de él entre los pueblos, para que entren en un dialogo interno, para que comenten unos con otros su percepción de Dios.”
Ob. Samuel Ruiz García.

El siglo XVl es el periodo fundamental en la historia de México, durante este período se lleva a cabo, el más vigoroso, entrechoque de dos civilizaciones de las que tanto se habla y en las que se yuxtaponen elementos tanto mesoamericanos como españoles y se comienza la historia de la Iglesia Católica en México.

Se concluye que la conquista de México, la fundación de la llamada por el invasor “ Nueva España “ y la organización de la “ Iglesia en México “ es obra casi exclusiva de las órdenes mendicantes, casi al margen de los obispos y en lucha permanente con el poder civil.

Estas son las órdenes religiosas fundamentales en el siglo XVl durante la invasión europea y la propagación de la fe católica en América y su fecha de llegada al continente.

Franciscanos 1523
Dominicos 1526
Agustinos 1533
Jesuitas 1572

El primer Obispado creado en América fue el de Tlaxcala – Puebla, en 1524, después el de México en 1530, declarándose sede metropolitana a este Arzobispado para 1548, posteriormente se fundó el de Oaxaca en 1534, luego el de Michoacán en 1536, siguiendo con el de Nueva Galicia en 1548.

Esta organización eclesial no toma en cuenta el sureste mexicano comprendido por Chiapas, Campeche, Tabasco y Yucatán, obispados formados casi enseguida de los anteriormente mencionados.

La Historia de la Iglesia en México podría decirse que comienza en 1523 y tiene un primer paso dado, hasta la llegada de los jesuitas en 1572.

De las tres ordenes religiosas primeras y más importantes llegadas a Mesoamérica, se puede decir que los franciscanos eran iluministas, imbuidos del espíritu utópico de Joaquín de Fiore. Los dominicos después de su reforma de 1536, llegaban a América llenos de un espíritu apostólico importante y los frailes agustinos reformados en 1430, llegan a estas tierras con un gran fervor misionero.

El gran problema a enfrentar de estos frailes, fue la presencia de los mesoamericanos y su civilización, fue el cómo descubrir y el cómo incorporar esta población asombrosa, al mundo europeo y a esa su historia, única conocida y válido para ellos, no era para ellos un problema la evangelización estrictamente dicha sino como excluir esta cultura autóctona de la que ellos poseían.

No surgió desde el principio la propuesta de una iglesia indígena sugerida por parte de algunos frailes franciscanos y agustinos y a la que se oponían los dominicos, entre estas tres ordenes mendicantes.

No pudiendo fundar la Iglesia autóctona, vuelve a surgir su intento en 1572 con la llegada de los Jesuitas, quienes volvieron a intentarlo con la fundación de sus colegios y la esperanza de que en determinado tiempo pudieran ordenarse sacerdotes mesoamericanos surgidos de entre esta formación loyolista.

La intención de las ordenes mendicantes de fundar una Iglesia Mexicana no se logró, durante el apogeo de estos grupos religiosos en las tierras invadidas, dejaron solo el fundamento para la creación de una Iglesia Criolla, pero si dejaron bien asentada una Iglesia española, con fieles mesoamericanos tenidos como miembros de segunda categoría.

El poder del monarca español sobre la Iglesia en los territorios americanos fortaleció a la Iglesia peninsular y la hizo más evidente, en otras palabras fue una Iglesia colonial, lo que al final de cuentas fue el saldo de la presencia de los evangelizadores en tierras americanas.

En cuanto a la organización en provincias, de las órdenes mendicantes, diremos que en 1535 se forma la Provincia franciscana del Santo Evangelio de México y en 1565 la Provincia también franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán, los dominicos erigen su provincia hasta el año de 1532, bajo el nombre de Santiago Apóstol y los agustinos en 1545 bajo el título del Dulce Nombre de Jesús.

Para los trabajos de organización de la Iglesia en lo que se dio en llamar la Nueva España, el obispo de México, Fray Alonso de Montúfar, convoca a los dos primeros concilios mexicanos, el primero en 1555 donde en 95 capítulos trata la organización de la Iglesia en México, resaltando el problema de la resistencia mesoamericana a dejar su propia religión y el de 1565 que se dedica a la adaptación del Concilio de Trento en la Iglesia de México, el tercero de da en 1585 con la convocatoria del Obispo Moya de México y es el de mayor importancia en el final del siglo XVl.

Con la rendición que Conín hace del territorio por él invadido, al encomendero de Acámbaro, Hernán Pérez de Bocanegra, que es la población de Querétaro, Nda Maxei, o Tlaxco y basado en los documentos de Fray Jerónimo de Mendieta, la Relación geográfica de Hernando de Vargas, la Paramología de Fray Paciente de Verona, también lo mención del cronista Vilaplana, es muy seguro que los primeros evangelizadores de estas tierras sean el fraile Alonso de Rangel y Jacobo Daciano, ambos franciscanos, descontando las actividades primarias de Juan Sánchez de Alanís y Conín, en este sentido.

Los franciscanos desde su convento Grande en Querétaro apoyado poco a poco por los otros que fundaron en lo que hoy es el obispado local, más las ayudantías de ‘parroquia, funcionaban como una magna parroquia, con una Doctrina, un hospital anexo y fundaciones piadosas o cofradías.

De esta manera cuando se seculariza la parroquia de Santiago, continúa su actividad en el templo de La Compañía de Jesús, ya desocupado por la expulsión de estos y trae consigo 200 años de antigüedad a cargo de los frailes franciscanos y serán a la fecha, 240 años más a cargo del clero secular, siendo esta parroquia madre de las iglesias y el templo de los jesuitas, la primera catedral en el obispado de Querétaro, nacido pasada la primera mitad del siglo XlX.

En 1544 se inició la disputa por los diezmos de la población de Querétaro, entre los obispos Vasco de Quiroga de Michoacán y Juan de Zumárraga de México, asunto resuelto hasta 1586, siendo favorable el fallo a favor del obispado de México.

Durante la colonia y muchos años después la Iglesia fungió como prestamista, arrendadora, administradora y empleadora por la gran cantidad de haciendas, ranchos, labores, obrajes y propiedades urbanas que poseía.

Los franciscanos establecidos en el convento de Querétaro pasan a ser parte de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán en 1566

Los frailes agustinos desde Xilitla hicieron las incursiones misionales a la parte de Jalpan y sus alrededores, posteriormente los dominicos en el siglo XVll incursionan en el semidesierto queretano, los Jesuitas desde San Luis de la Paz en los siete municipios actuales que forman parte de la Iglesia de Querétaro y los clérigos seculares adoctrinan en la zona de San Juan del Río, mientras los franciscanos fundan los conventos de Tolimán, y Cadereyta, mientras finalmente tienen un relativo éxito las llamadas misiones fernandinas allá por 1750, donde destaca Fray Junípero Serra

En la ciudad de Querétaro, futuro obispado, se van integrando junto con el crecimiento económico y el desplazamiento de los otomíes del poder, diferentes ordenes religiosas tanto femeninas como masculinas,

Se da comienzo con el patronato de Conín en la construcción del templo, convento, doctrina y primera parroquia, con la rectoría de los franciscanos, en lo que hoy conocemos como templo de San Francisco y es aproximadamente por el año de 1540.

Uno de los conventos que llegaría a ser de los más importantes de Nueva España y de los más ricos, fue fundado bajo el patronazgo del cacique Diego de Tapia para su hija, la cacica María Luisa del espíritu Santo, quien propiamente fuera la “dueña” de ese monumental monasterio, llamado de Santa Clara de Jesús en 1607, franciscano también y segunda fundación en Querétaro de la Iglesia Católica.

Para 1613 se establece otro gran monasterio, el de los Dieguinos o franciscanos de más estricta observancia, conocido comúnmente como San Antonio

Los carmelitas descalzos reformados por Teresa de Ávila en España se establecen en Querétaro en 1614, con no pocas dificultades.

Para 1624 los hermanos Hipólitos tienen su iglesia y hospital de La Inmaculada Concepción en esta ciudad.

Posteriormente los jesuitas edifican sus dos colegios el de san Ignacio de Loyola y el de san Francisco Javier, además del templo de la Compañía de Jesús, esto es por el año de 1625.

Los frailes dominicos que ya habían fundado siete misiones en el semidesierto y un templo en San Juan del Río se establecen en la ciudad de Querétaro fundando el convento y el templo dedicados a San Pedro y San Pablo, además de la Capilla de la tercera orden, esto es por el año de 1692.

Las hermanas Alonso en un predio de su propiedad dan inicio a un beaterio que llegaría a ser por su arquitectura y servicio una de las glorias de la ciudad, ellas fueron las fundadoras de El Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo en 1669.

En 1683 en el antiguo convento de recolección fundado en 1640 en la loma del Sangremal o barrio de indios, los frailes franciscanos fundan una de las obras más importantes de su orden, que dará pie a otras de igual importancia y es el Convento y Colegio de Propaganda Fide.

Las religiosas Capuchinas fundan en Querétaro su templo y convento llamado de San José de Gracia por el año de 1728.

Los frailes agustinos que en 1570 ya habían incursionado por Jalpan, se establecen en Querétaro fundando un hermosísimo convento y templo llamado de Nuestra señora de los Dolores por el año de 1728.

Para 1736 los padres mercedarios fundan en la ahora esquina de las calles de Altamirano y 16 de septiembre el hospital y templo de Nuestra señora de la Merced.

Los padres filipenses, una rama de los jesuitas funda en Querétaro el convento y templo de San Felipe Neri, ahora habilitado como Catedral de este obispado, por el año de 1755.

Las religiosas Carmelitas descalzas fundan en esta ciudad un beaterio llamado de San José y conocido comúnmente como Carmelitas por el año de 1736.

Los frailes Franciscanos fundan en El Pueblito convento y Santuario a la patrona de la ciudad Nuestra señora del Pueblito, el nombre propio del convento es de San Buena Ventura, esto es por el año de 1736.

Las carmelitas reformadas fundan en esta capital episcopal el convento maravilloso de El
Niño Jesús, conocido comúnmente como Teresitas, en el año de 1802.

Los franciscanos se extienden a la capilla de indios llamada del Espíritu Santo, a la capilla de indios de San Francisquito y al convento de la otra Banda llamado de San Sebastián.

“Considerando que la parroquia de Santiago es la primera que se erigió en esta ciudad, que de su territorio se han formado sucesivamente las que actualmente existen en la misma ciudad; por lo cual de que aquella parroquia debe ser considerada como matriz de estas; que de hecho ha sido considerada siempre como la principal, en la estimación de los fieles y aún del gobierno eclesiástico, lo cual es público y notorio que siempre ha estado en pacífica posesión de su principalidad y procedencia sobre las otras sin que jamás se halla suscitado la menor cuestión sobre el particular…”

Marciano Tinajero y Estrada
Obispo de Querétaro.

“Todas las convulsiones políticas han traído males de trascendencia, la mayor parte de ellos irreparables, pero los que han conmovido nuestra república desde hace una década, han sido más intensos, pues han removido todo desde sus cimientos, lamentándose además de la pérdida de vida de nuestros hermanos, la de la intervención de bienes, despojo de intereses, incautación de bibliotecas y documentos, destrucción de archivos…”

José M Arredondo
Cura de Querétaro
31 de agosto de 1919

“Más como la parroquia principal de las cinco en que está dividida la mencionada ciudad, este dedicada a Dios en honor del apóstol Santiago como su patrono principal, quede aquella iglesia constituida Catedral bajo la misma advocación y conservando su prerrogativa de parroquia…”
Papa Pio lX

Son los fundadores de la Iglesia Católica en Querétaro, los frailes Franciscanos, más exactamente los de la provincia del Santo Evangelio de México primero y posteriormente los de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán, teniéndose como pioneros al fraile de Dinamarca, Jacobo Daciano y al fraile Alonso Rangel, quién dominaba las lenguas nahuatl y Otomí y fuera enviado a estas tierras por el encomendero de Acámbaro, Hernán Pérez de Bocanegra.

Son también considerados pioneros de la propagación de la fe católica el gobernador del pueblo españolizado de Querétaro, Conín y al mozo del encomendero de Acámbaro, quién posteriormente fuera sacerdote y cura del Mineral de Xichú, Juan Sánchez de Alanís.

Debe tenerse en cuenta el hecho de que La Santa Cruz de los Milagros de Querétaro, es la que une a los pueblos que integran la nueva ciudad de Querétaro tanto mesoamericanos, como europeos, en esta región, que se encontraban en disputa cultural y religiosa, Chichimecas, otomíes, Tarascos y Españoles, para los tres primeros grupos humanos tenía esta cruz el significado de los cuatro puntos cardinales o los “cuatro vientos” y para el tercero, el de los europeos, era el símbolo del cristianismo.

Esta cruz realizada al capricho de los naturales de esta tierra es de piedra blanca de la zona tiene forma ochavada y esta esculpida en cuatro piedras sin pulimento, con un tamaño de dos varas y media de altura.

Esta devoción y patronazgo que Querétaro tiene para La Santa Cruz de los Milagros, permanece hasta la fecha en la fiesta que cada septiembre se realiza del 12 al 15 y por las narraciones de Fray Miguel M. Zavala, Fray Francisco Javier de Santa Gertrudis y Fray Isidro Félix de Espinosa, de quienes hemos conocido la obra de otro de sus compañeros, “Imán de piedra”, la tradición de que esta cruz, crece, tiembla y convierte pecadores.

Esta “conquista espiritual” da comienzo en la ciudad de Querétaro en el llamado Convento Grande de San Francisco, edificado entre las dos trazas de la ciudad y en el actual territorio de la Diócesis, inicia en la Iglesia Chiquita de La Cañada, por el año de 1531, estableciéndose la primera parroquia en 1565, con el antecedente de una Doctrina con facultades de parroquia en 1540 en los inicios del templo y Convento franciscano.

Los reyes de España obtuvieron de La Santa Sede el patronato real, que les daba el derecho de nombrar los obispos y disponer sobre la organización de la Iglesia en las tierras invadidas. Cada convento disponía de templo y doctrina, pero en realidad funcionaban como parroquias. Estos derechos de que gozaban los frailes fueron discutidos hasta el tercer concilio mexicano en 1585.

La Real Audiencia de México, en 1534 con autorización del rey Carlos V, dividió el territorio que ellos llamaron Nueva España, en cuatro Provincias y obispados, ejecutándose dicha orden en 1538, en donde la región de Querétaro quedó en forma indefinida en cuanto a su pertenencia a un obispado.

Esta situación ocasiona un litigio entre las diócesis de México y Michoacán que llega a su fin en 1581 y donde Querétaro pertenece al obispado de México, orden que se cumple a partir del año de 1586, un 22 de agosto ante el escribano Pedro Figueroa.

La provincia franciscana de El Santo Evangelio es desmembrada y se forma la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán a donde pertenecerán los frailes de Querétaro a partir de 1568, en 1586 la parroquia de Querétaro, no los frailes que la atienden, pasa a pertenecer al Arzobispado de México.

A partir del siglo XVll y principios del siglo XVlll, se establecen 14 conventos monumentales en la ciudad de Querétaro, cofradías como la del santo Rosario, La Purísima Concepción, La de las Animas del purgatorio, La de La Santa Cruz de Jerusalén, la de La santísima Trinidad, la del Señor San José, entre otras.

El arte religioso florece en forma pujante en la arquitectura, la escultura, la pintura, la música, las artes, la orfebrería, la ebanistería entre otras muchas.

En el año de 1632 la imagen de la Virgen del Pueblito es colocada por el cura de Querétaro Nicolás Zamora en las inmediaciones de la pirámide y principal edificio del centro ceremonial prehispánico que allí se encuentra desde el 400 a. C.

Es una escultura realizada por el fraile Sebastián Gallegos, sobre el tema de la Inmaculada Concepción hecha al estilo de los naturales con pasta de Kiote y esta imagen une a las dos civilizaciones en conflicto en estas tierras.

Afianza para los naturales su concepto dual de Dios y para los europeos la veneración por la madre de Jesucristo. Para 1736 ya tiene un santuario en las cercanías del centro ceremonial prehispánico y desde entonces es símbolo de unidad social.

El primer libro de bautismos que se ha encontrado hasta la fecha data del uno de enero de 1593, pero sin firmas de los ministros bautizantes, es hasta el 29 de agosto de 1597 en que empiezan a aparecer firmadas, entre otras se encuentran la de los frailes Francisco de la Parra, Lucas de los Ángeles, entre otros.

Para 1720 la parroquia de Santiago o de Querétaro tuvo parroquia auxiliar, en la Otra Banda y los frailes franciscanos se establecieron en lo que hoy es el templo y convento de San Sebastián y la constituyó en parroquia el Arzobispo de México Fray José Lanciego y Eguilaz y secularizada en 1768, siendo su primer cura seglar Miguel Zárate.

Para 1759 la Parroquia de Querétaro es secularizada, por el Arzobispo de México Manuel Rubio Salinas, siendo en esos momentos cura, el fraile Marcos Romero y designado, debido a esta orden, el clérigo secular, Antonio de la Vía y Santaelices, trasladándose la sede de la parroquia, hasta entonces con sede en el templo de San Francisco, al templo de La Congregación, hasta el año de 1771, en que le fue otorgado por el rey de España como sede parroquial, el templo de La Compañía de Jesús, ya que unos años, atrás habían sido expulsados de los dominios españoles los Jesuitas

El primer cura secular de Querétaro es nativo del lugar, nacido el 4 de agosto del año de 1721 Fue doctor en derecho canónico, fue abogado de la real audiencia de presos del Santo Oficio, Comisario, revisor, y Expurgador de libros del mismo tribunal, cura beneficiado de Tecozautla, y primer cura de Querétaro, a partir del 7 de febrero de 1749, Vicario In Cápite y Juez Eclesiástico de Querétaro, rector de los reales colegios de San Ignacio de Loyola y de San Francisco Javier y prefecto de la Venerable Congregación de Nuestra señora de Guadalupe. Fue dueño de la Hacienda de la esperanza y murió un 15 de febrero de 1785 y está sepultado en el templo sede de la Parroquia de Santiago.

Un bando del Rey Carlos lll de España cede el templo de la compañía de Jesús para la parroquia de Querétaro, ya secularizada. “Que la Iglesia con todo y sus altares, retablos y demás adornos fijos, separada del colegio con pared divisoria, se destine a parroquia con título de Santiago, respecto de que por no tener templo propio aquella ciudad estaba sirviendo provisionalmente el templo de los padres congregantes… que los ornamentos, vasos sagrados y demás del servicio del altar quedara para la parroquia…”

Para 1683 se establece en la Loma del Sangremal El Colegio de Propagandas Fide de La Santa Cruz, madre de otros muchos en América, para la difusión del cristianismo católico entre los naturales de este continente, acontecimiento de gran relevancia para la historia de la Iglesia en Querétaro.

Para finales del siglo XVlll y teniendo la ciudad de Querétaro cincuenta mil habitantes se establecieron las capillas de indios de san Francisquito, San Isidro, El Espíritu Santo y Santa Ana como, auxiliares de la parroquia Mayor de Santiago.

Para 1785 el arzobispo de México Francisco de Lizana y Boumont eleva a la categoría de parroquia a Santa Ana, siendo Félix Ozores Sotomayor, su primer cura, al templo del Espíritu Santo, siendo Diego Marciso el primer cura y al de San Francisquito, nombrando como párroco a Manuel Caballero Rincón, nombra también sede parroquial a la Iglesia de Santa Rosa ahora llamada de Jáuregui, que hasta entonces era auxiliar de la parroquia de San Sebastián, ubicada en la llamada Otra Banda y cuyo primer cura fuera, Domingo Guerra.

La población de San Juan Del Río que tiene sus inicios con la civilización mesoamericana y bajo el nombre de Iztachichiumercapan, es tomada por los otomíes y posteriormente por el encomendero de Acámbaro, en ella se encuentra el altepetl, cuyas ruinas se encuentran en el llamado Cerro de La Cruz y es parte también de la provincia de Jilotepec a la llegada de los europeos a la región.

Su primera parroquia es atendida por clérigos seculares y bajo el patrocinio de San Juan Bautista y se tiene como tradición la fecha del 24 de junio de 1531.

Se van fundando instituciones para la población con carácter religioso poco a poco, para 1672 se establece el Convento y Hospital de los Juaninos, para 1683 se crea el Beaterio, para 1690 se erige el Convento y Hospital de Santo Domingo por el ilustre dominico, Fray Felipe Galindo, para 1689 se edifica con toda formalidad la parroquia de españoles y para 1731 la parroquia de indios en el centro de la población ya hispanizada, para el siglo XVlll se crea la capilla del Calvario y en 1831 el templo del Sacro Monte, entre otros.

Al inicio del siglo XlX debido sobretodo a la guerra de independencia, Querétaro sufrió la paralización de sus negocios y su crecimiento, decreciendo considerablemente su población y teniendo en cuenta que en 1813 la fiebre amarilla, aunado a la expulsión de los españoles fue disminuyendo el número de habitantes quedando para 1822 tan solo 20 mil de ellos.

Tal situación ocasionó que la Iglesia se retrajera fundiendo los curatos del Espíritu Santo y Santa Ana y el de San Francisquito y Santiago, quedando pues tan solo tres parroquias de cinco.

Sirva como ilustración el saber que el altar mayor del templo de La Compañía de Jesús, siendo ya Catedral y Parroquia del sagrario fue renovado, entre los años de 1862 a 1884, siendo cura el Padre Guisasola.

La ley del 25 de junio de 1856 llamada de la amortización de los bienes del clero y ratificada por la constitución del 5 de febrero de 1857 en el artículo 27, dejó sin casa cural a la parroquia de Santiago.

El artículo 99 de la ley expedida por el presidente Benito Juárez el 5 de febrero de 1861 dice: “El Gobierno cede las casas curales y los palacios episcopales o de jefes de cualquier culto, declarándolos exceptuados de desamortización y redención mientras permanezcan destinados a su objeto”

Basado en esta ley el cura Agustín Guisasola solicitó al gobierno del estado la devolución de lo que hoy conocemos como Patio Barroco y que fuera el colegio de san Ignacio de Loyola, como casa cural de la parroquia de Santiago.

Se opuso a esta petición el rector del Colegio Civil, Licenciado próspero C Vega, quién perdió el litigio devolviendo el edificio el 9 de febrero de 1869, recordando que el 11 de febrero de 1865 se había despojado de este edificio a la mencionada parroquia.

En los momentos más difíciles de la historia de la ciudad de Querétaro y siendo intervenido el país por los franceses, el Papa Pío Nono erige los obispados de León, Zamora y Querétaro y al de Michoacán lo nombra arzobispado y sede metropolitana de estos, mas el de San Luis Potosí.

El 26 de enero de 1863 las letras apostólicas que comienzan con “Deo Optimo Maximo” erige la diócesis de Querétaro el Papa Pío lX y elige como su delegado para ejecutar dichas letras al primer arzobispo de Michoacán Clemente de Jesús Munguía, quién a su vez nombra sub delegado al recientemente nombrado obispo de León Jesús Díez de Sollamo.

El domingo 31 de enero de 1864 en el templo que fuera de La Compañía de Jesús y ya traducida la bula pontificia al castellano por el padre José María Ochoa, en misa pontifical, ordenó el sub delegado pontificio se leyera la Bula, tanto en latín como en español, en presencia de la autoridad civil, Desiderio Samaniego, del Clero y los fieles, mandando se fijase el documento en el cancel del templo parroquial.

El martes siguiente 2 de febrero se mando “ por cordilleras” el documento a todas los curas que desde ese momento formaban parte del obispado de Querétaro y donde se les comunica presten obediencia nombrado primer obispo de Querétaro, Bernardo Gárate López Arizmendi, el 19 de marzo de 1863, quién tomó posesión de la diócesis por medio del bachiller Luis Gonzaga Borja

En la parroquia mayor de Santiago era cura Agustín Guisasola, en la de Santa Ana, José Guadalupe Perrusquía, en la de San Sebastián, José Guadalupe Jaime, en San Juan del Río, Pedro Ladrón de Guevara, en La Cañada, José María Barbosa, en el Pueblito, Rafael Yañez, en Amealco, Macario Rodríguez, en Colón, Francisco Becerril, en Tolimán, Nazario Jordán, en Tequisquipan, Camilo Mireles, En Xichú y Victoria, Jesús Torices, en Landa, Mariano Acosta, en Jalpan, Eustaquio Telles, en Santa Rosa Jáuregui, Antonio Mendoza, En San José Iturbide, Domingo Rodríguez, vicario de Huimilpan, Gregorio García y vicario de Tierra Blanca, Fray Agustín González.

Los límites del obispado de Querétaro fueron los colindantes con las diócesis de León y del Potosí, más los lugares desmembrados del Arzobispado de México y se pidió que el obispo mandara se levantase una carta geográfica con la mayor exactitud posible.

Se erigió como Catedral y parroquia del Sagrario, al templo de la Compañía de Jesús y como morada del obispo, el párroco y el seminario, los colegios de los jesuitas, anexos al templo, que fueron los de San Ignacio de Loyola y el de San Francisco Javier.

El archivo de la parroquia de Santiago tiene memoria a partir de 1593 con su primer libro de bautizos para españoles. Los temas más importantes con los que cuenta este archivo son:

Bautizos, confirmaciones, informaciones matrimoniales como: Dispensas, impedimentos, exhortos, matrimonios; Inhumaciones, entierros, testamentos, poderes, contratos, obras pías, capellanías, Asuntos del juzgado eclesiástico, vicarías foráneas entre otros temas más

Se pueden citar el libro de bautismos para españoles de 1593 a 1692, el libro de bautizos de castas de 1637 a 1642, el libro de Velaciones de 1614 a 1660, otro libro de matrimonios de 1630 a 1653, el libro de bautizos y matrimonios indígenas de 1605 a 1613, el libro de bautismos indígenas de 163777 a 1655 en tres tomos, el libro de matrimonios indígenas de 1666 a 1680, el libro de entierros para españoles de 1671 a 1708. Documentos sobre santuarios, especialmente el de la Virgen del Pueblito; Un árbol genealógico del Marques de Santa Cruz, de 1857 a 1863, entre muchos otros documentos más.

El 25 de julio de 1865 por ordenes del Obispo Gárate y acuerdo del V. Cabildo, más la anuencia del provincial franciscano Fray Manuel Garnica, comenzaron todas las funciones de Catedral en el templo de San Francisco, donde permaneció hasta el 11 de enero de 1911 cuando fue trasladada al templo de la Congregación donde estuvo el 15 de agosto de 1920, cuando fue trasladada al templo de San Felipe Neri, consagrado, por el obispo Banegas, para tal fin, el 30 de junio de 1931.

El primer obispo de Querétaro Bernardo Gárate López de Arizmendi, consagrado en el templo de Santa Teresa en la ciudad de México por el Arzobispo Pelagio Labastida y Dávalos, llegó a la ciudad el 29 de enero de 1865, al día siguiente formó la curia diocesana, El Cabildo de catedral el 12 de febrero del mismo año y el seminario el 2 de marzo siguiente, siendo su primer rector Manuel Castro y Castro.

El cabildo quedó integrado por un Arcediano, dos canónigos uno doctoral y otro penitenciario y cuatro canónigos de Gracia, además de 6 Prebendados o Mansionarios, cuatro capellanes de coro, jueces hacedores, Sacristán Mayor, Organista mayor y coro infantil.

Los cuatro canónigos capitulares que integraron este cuerpo colegiado fueron José Ma. Ochoa, Domingo Rodríguez, José Ma. Alegre, Manuel de Laris y Boña.

Es importante recordar un manuscrito de 1793 y todavía lejana la erección de la diócesis de Querétaro, señala el documento a pocos años después de la secularización de la parroquia de Santiago en Querétaro, cuantos, cuales y quienes integraban el presbiterio y la vida regular en esta ciudad, dando nombre y apellido de cada uno y su comportamiento.

El cura de la parroquia de Santiago era en ese entonces Alonso Martínez Tendero y sus tres vicarios se llamaban Juan de Arrillaga, José Maya e Ignacio Mora, se queja el escritor de este documento de la falta de instrucción doctrinal por parte de la parroquia y de los altos aranceles que cobraban por los servicios prestados aún a los muy pobres.

Era rector del real seminario de San Javier el Dr. Pedro de Arce y Pereda, vicerrector, el Bachiller Mariano Cabeza de Vaca, y entre los maestros se encontraban los doctores Francisco Pérez, Jacobo Pardo, y el bachiller José Mesa.

El Curato de San Sebastián estaba a cargo de Aniceto de Silvestre y Olivares, con tres vicarios: José Montaño y Juan Mendiola y Francisco Orozco. El Curato de San Pedro en La Cañada estaba a cargo de Lázaro Frías y sus vicarios eran: Pedro García y Manuel Correa.

Los Franciscanos en la ciudad de Querétaro, tanto los de La Cruz, como los de San Francisco y los Dieguinos eran en número muy superior a los del clero secular, sin contar a los del Pueblito y a las otras ordenes religiosas establecidas. Podríamos decir que los frailes franciscanos superaban el número de 140 miembros, mientras que el clero diocesano apenas llegaba a casi cien integrantes.

El Cura del Pueblito, era Bernabé Cosío, con un vicario en Huimilpan Ignacio Jordán, pero en realidad la cura de las almas estaba a cargo de los franciscanos recoletos del Santuario de Nuestra Señora del Pueblito, debido a la negligencia del cura.

El Curato de San Juan Del Río estaba encabezado por José Mariano Ramírez de la Torre y los vicarios, y los vicarios Mariano Méndez y Manuel Requexo. Aquí los religiosos dominicos y los Juaninos que atendían el hospital eran de gran ayuda a la parroquia.

El Curato de Santa María en Amealco estaba bajo la autoridad de Mariano del Villar, y los vicarios Mariano Garfias y Francisco Pichardo; El Curato de San Pedro en Tolimán lo presidía Juan Bautista Lapadriza y el vicario Pedro Rangel. ; El Curato de Tolimanejo a cargo de José Ortega y vicario Cayetano Miranda, parroquia mal atendida y abusadora de los pobres, según informa el documento.

El documento mencionado esta dirigido por el Sub Delegado de Distrito Capitán Juan Fernández de Munilla al virrey de La Nueva España, con fecha 19 de noviembre de 1793.

“El casco de esta ciudad contiene dos parroquias o curatos, conviene saber, el de Santiago Apóstol y el de San Sebastián, el curato de Santiago radicado en la iglesia que fue de los regulares extinguidos y que abraza la principal parte de la población a la parte del sur del río o arroyo que corriendo de oriente a poniente la separa de la parte del norte en que está el arrabal y curato de San Sebastián, curato cuya feligresía asciende a 27 mil habitantes y es atendida por un cura y tres vicarios.”

“Las numerosas comunidades de regulares, que de día y de noche están pronto a salir a las confesiones y predican con frecuencia en sus templos.”

Por cédula del rey de España Carlos lll, es donada la Iglesia Jesuita de Querétaro, para destinarla a Parroquia de Santiago, por bando expedido el 25 de junio de 1767, además por decreto del 27 de febrero del mismo año había ordenado “se extrañen” de sus dominios a los religiosos y novicios, lo mismo que se ocupen sus propiedades, de los integrantes de la compañía de Jesús y sus novicios.

San Francisco de Borja fundó la Provincia de México el 15 de junio de 1571, llegando a México los primeros catorce jesuitas el 28 de septiembre de 1572, al ser expulsados en 1757 ya eran 678, La Compañía de Jesús se volvió a instalar en México en 1815, sufriendo otro destierro en 1873 y la persecución religiosa del 1926 y para el año de 1969 aran ya 753.

En Querétaro tal disposición le correspondió cumplirla al coronel León de Sesma, siendo provincial de esa institución religiosa Salvador Gándara.

Las otras temporalidades debían sujetarse a diferentes acuerdos, como la casa destinada al seminario o el llamado Colegio de San Ignacio, debiera ser casa de estudiantes pensionados del Colegio de San Francisco Javier debiera continuar, llamándose Real seminario de San Javier, pero bajo las ordenanzas del Rector y este del cura de la parroquia.

Que debiera leerse en dicho seminario la filosofía de Gaudín, la teología de Tomás de Aquino y la moral de Ferrer, como en los colegios de San Carlos, San Ildefonso y de San Pedro y San Pablo.

Las congregaciones religiosas seglares allí existentes como la de la Purísima Concepción, Dolores y la de la Buena Muerte, debieran ser extintas.

La biblioteca y libros que estuvieren en los aposentos, sujetos a examen y separación de los libros de doctrina laxa, a excepción de los de vocabularios de idiomas de estas tierras

El Colegio de San Ignacio se funda en 1625 y va teniendo junto con su crecimiento diversas modificaciones hasta llegar a la belleza arquitectónica que posee y sus corredores tuvieron lienzo de la vida del fundador de la Compañía de Jesús, del pintor oaxaqueño Miguel Cabrera.

El Real Colegio de San Francisco Javier es de principios del siglo XVll y estuvo patrocinado con gran magnanimidad por Juan Caballero y Osio, al mismo tiempo que los padres jesuitas le dieron gran relevancia a los estudios incorporando este centro escolar a la Real y Pontificia Universidad de México y al Seminario Conciliar de la arquidiócesis de México.

Después de haber dado grande luminarias en el arte y la cultura fue clausurado por orden real el 25 de junio de 1767, habiendo servido 165 años al pueblo de Querétaro.

.El Colegio de San Francisco de Asís, instalado dentro del Convento Grande de San Francisco, para la formación de religiosos, fue abierto a estudiantes que solo buscaban el conocimiento, produciendo varones de esclarecida virtudes y ciencia.

El Colegio de Propaganda Fide fundado en la Loma del Sangremal fue el centro de ilustración más importante de los franciscanos en América a partir del siglo XVll y siendo madre de otros grandes colegios en América como el de Guatemala, el de México, el de Zacatecas, el de Pachuca, entre otros muchos más y dando frutos de esclarecidos egresados de ese centro de estudios.

El Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo, fundado en 1670 por las hermanas Alonso y que como fruto dio, entre muchas otras obras, el edificio religioso más hermoso de la ciudad y como sociedad dieron instrucción a las doncellas acaudaladas y nobles de esta ciudad, siendo propiamente el lugar donde se inicia la escuela de música sacra más importante de Querétaro, que después tendrá su culminación con el centenario Conservatorio de Música.

Colegio de Carmelitas Descalzas del Señor San José de Gracia, en 1736, con la autorización del arzobispo Francisco Antonio Lorenzana, establecieron un colegio de enseñanza para niñas, bajo el patrocinio del Marques de la Villa del Villar del Aguila.

Además de estos centros de enseñanza se puede recordar que los conventos de los dominicos, de los agustinos, de los carmelitas, de los Dieguinos, en esta ciudad, hubo estudios para jóvenes que aspiraban a la vida religiosa.

El Papa Pío lX preconizó al que fuera el segundo obispo de Querétaro Ramón Camacho García, en el consistorio del 22 de junio de 1868 y fue consagrado el 4 de julio de 1869 en la Catedral de Morelia, de manos del Arzobispo Arciaga y el 19 de julio de ese mismo año toma posesión de la diócesis por medio de su representante Manuel de Soria y Beña.

El Obispo Ramón Camacho llega a residir a Querétaro el 15 de agosto del mismo año y el 22 del mismo mes es recibido en la Catedral, durando este episcopado de 15 años, donde ordenó a 36 sacerdotes y se abrió al tercer intento y ayudados por la fuerza pública el primer templo surgido de la reforma protestante .

La formación de la juventud durante el siglo XlX y principios del siglo XX estuvo a cargo, dentro de la Iglesia de Querétaro, principalmente del gran educador queretano Florencio Rosas.

Quien fundara El Liceo Católico, de donde salieron de donde salieron abogados, ingenieros, farmacéuticos, topógrafos y de otras muchas profesiones más, El Colegio de Niñas, El Colegio Guadalupano, La escuela de Agricultura, La Escuela de Artes y Oficios, donde se formaron los obreros queretanos, El Taller para Niñas llamado del Sagrado Corazón, el asilo para niñas huérfanas llamado del Espíritu Santo y fue por muchos años rector del seminario Conciliar. Toda una obra educativa fundamental para el Querétaro del siglo XX y para beneficio de los miembros de la Iglesia católica.

El 19 de febrero de 1889, a poco más de 25 años de fundada la diócesis de Querétaro, el cura de la parroquia de Santiago a cargo de Francisco Figueroa y el Gobierno del estado, firman un convenio sobre el edificio que en un tiempo fuera de la Compañía de Jesús, el llamado Colegio de San Ignacio y que después fuera donado por el rey Carlos lll, para curato.

El 20 de diciembre de 1883 el cura de Santiago de ese entonces P. Guisasola y las autoridades civiles habían llegado a un acuerdo para la división de los que era el Colegio Civil y la casa parroquial o curato.

Pero para la fecha antes mencionada ya habían sucedido dificultades con los limites y servicios tanto del curato como del colegio civil por lo que se llega a un nuevo acuerdo, levantando nuevo plano, debido al perito Carlos Alcocer y que sirvió de base a la nueva escritura.

A partir del 24 de mayo de 1885 gobernó la diócesis de Querétaro, por 13 años, el obispo Rafael S. Camacho García. “Ferviente propagador de la devoción Guadalupana, vigilante cuidadoso de la disciplina eclesiástica, de los sagrados ritos y restaurador del canto y la música sagrada”.

Asistió al concilio provincial de Michoacán y al concilio latinoamericano efectuado en la ciudad de Roma. Fundó El Conservatorio de Música Sacra, promovió la peregrinación anual al Tepeyac, que le valió fuera seguida por todas las diócesis del país.

Casi al final de su obispado obtuvo de la Santa Sede le fuera nombrado un obispo Coadjutor con derecho a sucesión, recayendo esta responsabilidad en el queretano Don Manuel Rivera Muñoz

Este Obispo nativo de Querétaro, nació en la ahora calle de Invierno, un 16 de junio de 1859, obtuvo el grado de Licenciado en derecho en el Liceo católico, siendo provisor, Vicario General y Gobernador de la Mitra, Rector del Seminario, entre otras grandes responsabilidades antes de ser nombrado Obispo Titula de la diócesis de Querétaro.

Fue obispo titular de Carpasia y Coadjutor de Querétaro el 13 de noviembre de 1904, con derecho a sucesión y el 11 de mayo de 1908 es obispo titular hasta su muerte el 2 de mayo de 1914.

Francisco Venegas Galván es nombrado obispo de Querétaro en 1919 y lo es hasta su muerte en 1932, era originario de la ciudad de Celaya.

Para 1933 es nombrado obispo de Querétaro a Marciano Tinajero y Estrada, quién gobernará la iglesia por 24 años y la proveerá de escuelas católicas, lo mismo que convocará, presidirá el primer sínodo diocesano y levará por fin la coronación pontificia de la Virgen del Pueblito el 17, de octubre de 1947. Era originario de La Nopalera en el estado de Guanajuato y muere el 27 de octubre de 1957.

Alfonso Toriz Cobian, obispo de Chilapa, Guerrero, es nombrado en 1958, obispo de Querétaro y durará en esta responsabilidad 30 años y a quién le corresponderá asistir al Concilio Vaticano Segundo y poner en esta diócesis en práctica los acuerdos de dicho concilio y la formación del Consejo presbiteral, entre otras cosas y muere en 1988.

En 1988 el entonces obispo de Tuxpan, Veracruz, Mario de Gasperín, es nombrado obispo de Querétaro, quien comienza la reforma de la diócesis, debido a la transformación que la ciudad y el estado sufren al ser el centro de desarrollo más importante del centro de la República, sufriendo un crecimiento inusitado.

“Sobre el pintor Adolfo X Blanco” por Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”

Mario Rodríguez Estrada.-

“EL HOMBRE AGRADECIDO GUSTA SIEMPRE EL PLACER DE UN BENEFICIO; EL INGRATO, UNA SOLA VEZ”.-Séneca.-

Mi actual mejor amiga, gentilmente me invitó al cine, entre las varias opciones escogimos, la película que semanas anteriores había recibido los máximos honores de la Academia Cinematográfica de Hollywood, ganando inclusive el Oscar al mejor actor y otras distinciones; la gocé tanto, que se me hizo pequeña, no obstante que dura sus buenos cien minutos,”” The King’s Speech”,” El discurso del Rey”, su guión acerca de las desventuras del Duque de York, futuro Jorge VI, que habiendo sufrido ciertos avatares infantiles, lo convirtieron en tartamudo psicológico, no logrando hilvanar el más pequeño discurso, Colin Firth es el actor, un terapeuta australiano, Lionel Logue, interpretado magistralmente por Geoffrey Rush, le ayuda para superar tal problema, y me llevó a recordar, un guión similar acontecido hace sus buenos sesenta años, cuando un tartamudo nerviosos similar ingresó a la benemérita y gloriosa Secundaria Federal Nocturna para Trabajadores número uno de la ciudad de Querétaro,1953; su nombre jamás se hizo famoso y nunca se convirtió en Rey, ni de su casa, MARIO RE, desde muy pequeño sufrió lo que en términos psicológicos, lo mismo que el Rey, se conoce como afasia, que es la alteración de la capacidad de formular simbólicamente el pensamiento con medios de expresión hablada; procediendo, los anteriores años, de la Universidad de Querétaro, 1951, Instituto Politécnico Nacional,1952, y del Instituto Militarizado “Benjamín N. Velasco”, sus años de primaria los repartió en varias Escuelas, de Queretarín y de Torreón, cambiando, por la movilidad de su familia, encabezada por su señor padre, telegrafista ferrocarrilero, de institución educativa cada año…un poco se estabilizó cuando su señora madre, viendo los problemas que esto acarreaba en sus hijos, se negó a seguir siendo la “soldadera” de su marido, y se estableció firmemente en Querétaro, reanudando su carrera magisterial en la Escuela primaria “Constitución”, ahí le trató a sus compañeros maestros el problema de su hijo Mario Re; muy lentamente y con pocos resultados la excelente maestra Lolita Pérez de Lara en quinto año,1949, el no menos excelente Adolfo Lara y Núñez en sexto año,1950, y la misma Directora del plantel, la recordada maestra Lupita Barrera, trataron de ayudarlo…y ¡nada!…el problema del tal Marito seguía latente…

Como Director de la Secundaria Nocturna fungía un no solo excelente maestro, sino un mago psicólogo…ADOLFO X. BLANCO VENEGAS…al que la maestra María Luisa Estrada Pérez, madre del emproblemado jovencito, le expuso, nuevamente, el caso…en esa maravillosa época, la Secundaria ofrecía a los padres de los alumnos, a los alumnos y al público en general, cada último viernes de mes, lo que el Maestro Blanco bautizó como “Viernes Sociales”, actuando “todos” los integrantes de sus grupos, a “huevo”, como cantantes, declamadores, bailarines, esketches serios y cómicos, entre los que destacaban los simpatiquísimos: “Tres vidriantes”, parodiando a los “Tres diamantes”, así Manuel Troncoso, Antonio Robles, que de ahí salió para convertirse en uno de los mejores y populares locutores de la Radio Queretana, apoyados por el carisma y la gracia sin igual del después Licenciado David Elías Santos, con sus gracejadas hacían las delicias del público asistente…y entonces, al mago, sicólogo, terapeuta, gran maestro Adolfo X. Blanco se le ocurre colocar al tartamudo Mario RE como : ¡MAESTRO DE CEREMONIAS!…Y COMO LA COSA ERA para todos ¡A HUEVO!…el tal Marito no tuvo de otra, por dos años,1953 y 1954, lo obligó a manejar el micrófono, a cantar y a bailar, declamar y a actuar en “El Brindis del Bohemio”, donde el actor principal lo fue el recordado malogrado amigo David Almada Gallardo, de voz y presencia portentosas…el colofón final en la terapia de Mario RE, vino cuando el Maestro Blanco, le encargó presentarse, dentro de la primera y seria parte del programa de clausura de cursos de la Secundaria, diciembre de 1954,que por cierto marcó el primer año de la naciente Secundaria Federal Diurna No. Uno de la ciudad de Querétaro, como Cantante, interpretando en italiano “Torna a Sorrento” y en español, la popular y bella melodía “La Violetera”; de tanto ensayar, el tal artista casi se hallaba sin voz, entonces el Maestro Blanco al ver el problema, le dijo: “no se preocupe Rodríguez, échese un trago de esto”, y me dio una copa de tequila, me cayó tan bien, que ya “reconfortado” y medio “pedernalón” me enfrenté al expectante público, entre las que se encontraban mis nerviosos familiares, mamá, tia Jovis y abuelita; me acompañó al piano el Maestro de música de la Escuela, y así, un” amarrado” y afásico niño de 15 años, logró medio vencer su problema, y recibir en compensación carretadas de aplausos, que resonaron como timbres de gloria y orgullo en las viejas paredes del “Teatro de la República”…desde entonces, el Maestro Adolfo X. Blanco, se convirtió en uno de mis principales y admirados mentores de mi vida…donde quiera que esté usted…¡Gracias MAESTRO!…le saluda y abraza…Mario RE.

Si en Querétaro a alguien se le debe reconocimiento es a Eduardo Loarca Castillo

El mensaje

Eduardo Loarca Castillo

Hablar de este personaje, ubicado en el tiempo, al final del siglo y del milenio, aunque muchos pudieran opinar lo contrario, es difícil, pero siempre una tarea feliz, que ahora me propongo. Nació en mí este sentimiento de gratitud, la tarde del primer viernes de diciembre, cuando la puerta de su casa, a medio abrir, dejaba ver una figura para mí, de grato recuerdo, la del Maestro, el profe. Loarca.

Para entonces el maestro Aurelio Olvera, Yeyo, con palabras entre cortadas por la emoción, dejaba caer una especie de testamento sobre el gentío que colmaba la Plaza Mariano De Las Casas, eran las palabras de quien guarda para los habitantes del barrio de los Jauleros, su barrio: amor, respeto y admiración.

El gran músico y ahora actual Presidente del patronato de las fiestas de Querétaro, haciendo suyo el mensaje enviado por otro también gran músico, el Profe. Loarca ya en su ancianidad, dijo: “Nunca más la discordia, sino la concordia, ahora que vivimos tiempos difíciles, a lo ancho y largo de nuestra querida patria”.

¿Quien no ha visto al Profe Loarca entregarse de tiempo completo al servicio de su comunidad, escribir incansablemente, dirigir el coro de los niños del conservatorio en Catedral, como un maestro de primaria, y al finalizar, darles de su cartera, un billete de a diez pesos a cada uno, aparte de hacer de ellos unos magníficos músicos para gloria de Querétaro y provecho de ellos mismos.?

Las palabras del Cronista de la Ciudad, del Director de la Escuela de Música Sacra y el Conservatorio Guadalupe Velázquez, el periodista, el escritor, el hombre de valores, el Director del Museo Regional seguían calando en el público asistente, sobretodo cuando dijo quien las repetía: “Que la justicia retributiva sea una realidad absoluta…que de todo lo que producimos, los primeros beneficiarios sean quienes lo producen…”

Mientras las luces de los juegos pirotécnicos peleaban con las estrellas, arriba de la cúpula de Santa Rosa De Viterbo y la Filarmónica de Querétaro le hacía el juego a Lupita Pineda y las buñueleras se atareaban con “los guajolotes”. Mi pensamiento se fue a la vida del Maestro, del hombre fácil para la anécdota, el de la palabra sabrosa, Eduardo Loarca Castillo.

Desde que fue profesor de música solamente, hasta el gran esfuerzo realizado en el rescate y decoro del Museo regional de Querétaro, primer paso para el actual rescate del patrimonio arquitectónico de Querétaro, o la obra magna que es dejar un edificio bellísimo y ex profeso para la Escuela de Música Sacra, El Conservatorio, orgullo nacional, o su esfuerzo para erigir el Panteón de los hombres ilustres, en el antiguo panteón de la Cruz, más sus escritos, entre muchas obras más, hacen de este personaje un hombre de visión y de nuestro tiempo.

Correr deprisa al modo de Camacho Guzmán o con el formalismo de Mariano Palacios o Enrique Burgos, o remontarse a las épocas de Calzada o González Cosío, efímeros, como toda autoridad, mientras él permanece en su tarea de dejar un Querétaro mejor, buscando a decir de las palabras dichas en su nombre, esa noche de reinas y de cabezas coronadas, “ Que el Apocalipsis de la guerra que se cierne por todo el mundo se frustre..”

El mensaje caló hondo, como el frío de esa noche en el auditorio, seguía diciendo el de la palabra a nombre del Cronista ausente al menos unos metros, – miraba desde la puerta de su casa, como a escondidas – : “ Todo lo tendremos, sí todos como un solo hombre luchamos…antes de que sea tarde…” Era el profesor Loarca en su mejor momento, el más lúcido y en la mejor oportunidad, al finalizar el siglo, el milenio y cuando todo parece derrumbarse en esta patria nuestra.

La sensibilidad y el modo en este hombre de nuestro tiempo, ya es poco común, nadie quiere dejar de ser para servir, ser el primero es el esfuerzo siempre más fácil, que ser el último sin dejar de ser el mejor, a escondidas, sirviendo sin que nadie lo note.

Quién no recuerda su figura por las calles de la ciudad, en todas partes, en las grandes ocasiones y en las no tan grandes, siempre en la búsqueda y en la lucha por mejorar el entorno

Tarde memorable aquella, recuerdo, cuando aceptó ante el Cabildo de la Ciudad su responsabilidad de ser El Cronista, ya veía el Querétaro que ahora contemplamos, lo dibujó en sus palabras y proyectos de trabajo. No pensaba, me imagino, en ese momento, cuando hurgaba las bodegas del museo, su museo, para reconstruir los cristos rotos o las pinturas deterioradas por el paso de los siglos y que fue rescatando de una en una.

A su instancia creó la Universidad de Querétaro la escuela de restauración, El Maestro Germán Patiño ocupó el lugar que dentro de la sociedad Queretana le tocaba desde aquel 1936 en que abrió un museo para los Queretanos, lo mismo que rescatara en el tiempo al benefactor Juan Caballero y Osio en libro y en estatua, o su complicidad con el gran pintor Agustín Rivera al reconstruir la mesa taraceada de los franciscanos, arrumbada por aquel entonces en la Capilla de indios del Cerrito, “Nuestra Señora De La Merced” y ahora en la sala magna del Museo De Historia y Antropología.

No ha visto todavía el Maestro Eduardo Loarca ver coronados su esfuerzos al lograr en el ex claustro del Real Colegio y Beaterio de Santa Rosa de Viterbo, un museo de arte sacro, tan necesario en la ciudad por la abundancia de obra de primerísima calidad. que debe quedar a resguardo y para la admiración de propios y extraños.

El profe. Loarca esta inscrito junto a los nombres de los Músicos Queretanos: Guadalupe Velázquez, Cirilo Conejo o Agustín González, entre los cronistas Guadalupe Ramírez o Valentín Frías o los historiadores como Manuel Septién y Esteban Arroyo.

Es importante verlo y escucharlo platicar cuando aquel presidente municipal de Querétaro, Ricardo Rangel, comenzó a blanquear todos los templos de la ciudad y adecentar las escalinatas de Catedral o San Agustín o como aquel solar frente a Santa Rosa se convirtió en la actual plaza Mariano De Las Casas o narrar como el Gobernador Camacho desalojó a los comerciantes que ocupaban las accesorias del actual Museo de Historia.

“…La tranquilidad en el orden…” pide Eduardo Loarca a los Queretanos la noche del primer viernes de diciembre cuando se prenden las luces del árbol de Navidad y el alumbrado público y sale el Carro del Anuncio y la reina es coronada y Querétaro se viste de fiesta, El Maestro alerta al pueblo y al gobierno, la autoridad esta presente, de los riesgos que estamos corriendo y da la receta para enmendar el camino.

Durante un bautizo muy concurrido y ante la oposición del cura del lugar entonó el “ Te Deum” y fue seguido por el Maestro Aurelio y los del coro y el pueblo, no permitiendo que se pierda la tradición en aras del modernismo sin valores o sustituciones no válidas.

La Sierra Gorda Queretana lo conoce, porque lo ha escuchado cuando junto a los “importantes” habla de las “Misiones”, los bellos templos levantados por los indios a instancias de Junípero Serra, donde los indios Queretanos mostraron sus habilidades desde entonces para el arte.

Monique o Gómez Canedo se quedan cortos ante el entusiasmo del Maestro al hablar del estuco vuelto movimiento e imaginación en las fachadas barrocas de éstas misiones queretanas que han abierto nuestro estado al mundo y a la admiración.

El Profe.. Loarca, esta noche de coronación se queda en su casa con la puerta media abierta, mientras el castillo se vuelve universo y llena el cielo de estrellas y todos dejamos de mirarnos para volver la vista, como pocas veces en la vida, al cielo, del que el Maestro nos invita a recordar las palabras del ” Niño de Belén .. Gloria a Dios en los cielos…”

La mujeres vestidas de blanco de cabeza a pies ofrecen buñuelos, enchiladas placeras, atole y tamales, guajolotes y los ponches, mientras la gente se dispersa y alguien por ahí se va pensando en el mensaje de Loarca Castillo forma y síntesis del barroco universal, mezcla india y europea.

José Félix Zavala.

Cómo nace el teatro en Querétaro y su universidad

Teatro y pueblo
Hugo Gutiérrez Vega
La Jornada Semanal

Una lluviosa noche de septiembre de 1959, los Cómicos de la Legua de la pequeña Universidad Autónoma de Querétaro dimos nuestra primera función en el atrio de ese prodigio de eclecticismo barroco que es la iglesia de Santa Rosa de Viterbo, casa en la que vive la monja que tiene los labios más hermosos del arte colonial.

Fundamos el grupo varias amigas y amigos universitarios, pensando en la hermosa tarea teatral de Enrique Ruelas en Guanajuato, y en la Barraca, la compañía que recorrió la España republicana bajo la dirección de Federico García Lorca. Nuestra idea era llevar a los barrios de la ciudad, a los pueblos del estado, a los sindicatos y comunidades rurales, el mensaje del teatro nacional de España. Cumplimos nuestro propósito y, al año de la fundación, ya recorríamos toda la república invitados por las federaciones de estudiantes o por los sindicatos y ayuntamientos. A veces, los organizadores no lograban sacar para el pago de nuestros discretos gastos. Recuerdo nuestra huída del Hotel Elvira de Torreón: aprovechando la muerte de un huésped, salimos con nuestros bártulos, caminando al lado de la camilla y con rostros dolientes y compungidos. De San Cristóbal de las Casas nos escapamos en la madrugada de un día helado. Para nuestra fortuna, el encargado del hotel dormía profundamente y no escuchó nuestro asfixiado ajetreo. En fin… Cómicos de la Legua como los que recorrían España y sus colonias con tres capas, dos barbas postizas y mucho amor por “la farándula y por la carátula” (Cervantes dixit).

En la función inaugural presentamos Las aceitunas, paso de Lope de Rueda; El juez de los divorcios, entremés de Cervantes, y dos poemas escenificados, “El cántico espiritual”, de San Juan de la Cruz y las “Coplas a la muerte de mi padre”, de don Jorge Manrique. Pienso en mis compañeros de aventura teatral: Paco Rabell, Jorge Galván, Carmen Cepeda, Ignacio Frías, Estela Belaunzarán y Gonzalo Pacheco. Con ellos y con otros amigos hicimos largos viajes, estudiamos las técnicas teatrales (la asesoría de Jorge Galván fue muy importante), discutimos los repertorios, nos divertimos sin medida y trabajamos con vigor y con respeto por el teatro y, sobre todo, por un público que intentábamos formar y acercar a uno de los fenómenos artísticos más próximos a lo humano esencial. Pusimos entremeses de Cervantes, pasos de Lope de Rueda, entremeses de Quiñones de Benavente y de Quevedo; farsas francesas de la Edad Media (el Patelin hecho por Ignacio Frías fue tan memorable como el Corregidor de la Farsa y justicia compuesto con precisos matices por Paco Rabell); La cantante calva, de Ionesco, obras de García Lorca, de Baroja y de Ugo Betti; varias obras de Ruiz de Alarcón; Esperando a Godot, de Beckett (la dirigió Ignacio Frías y participó en la fiesta teatral de Medellín) y mucha poesía en voz alta: Garcilaso, Francis Thompson, Claudel, López Velarde, García Lorca (destaco el “Via Crucis”, de Claudel y “El lebrel del cielo”, de Thompson). Paco Rabell e Ignacio Frías fueron los continuadores de una obra que me precio de haber iniciado. El grupo creció y viajó por el mundo. El repertorio se fue empequeñeciendo y la idea de hacer un teatro al servicio de los jóvenes y del pueblo en general, poco a poco se fue olvidando o convirtiendo en un proyecto distinto. Los cómicos cumplieron ya cincuenta y un años y siguen trabajando en el Mesón que les entregó el Gobernador Mariano Palacios. Hace mucho que no los veo y tengo la impresión de que no están muy interesados en que nos veamos. Tienen razón: a los fundadores se les ponen flores y se procura que no intervengan en las nuevas actividades acordadas por las nuevas gentes. Sigo pensando en las giras a los pueblos y a los barrios, en los niños de Santa Rosa que se sabían de memoria muchos parlamentos de nuestras obras. Pienso sobre todo en un niño de diez años que, al terminar una función, se me acercó y me dijo: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir.” Le di un beso en la frente y me senté a llorar en la banqueta. La poesía había prendido en ese niño su llama perdurable.

jornadasem@jornada.com.mx

“Los apretados” por Mario Rodríguez

“Aquellos tiempos”.

Mario Rodríguez Estrada.-

“EL CORAZON ES CENTRO, PORQUE ES LO UNICO DE NUESTRO SER QUE DA SONIDOS”.-María Zambrano.-(1904-1991).-filósofa española.-
La música en la ENEF.-Parte II.-

Muchos de nuestros condiscípulos, además de ser excelentes alumnos-deportistas, le hacían con sin igual alegría a la música…Ulíbarri y Sevillita formaban un dueto sin par, rascaban la guitarra como verdaderos maestros, y sus bien templadas voces, se acoplaban mejor que muchos de los integrantes de los más famosos tríos, con los cuales, por cierto, tenían mucha amistad, alternando con ellos en varios eventos; Ulíbarri un buen plantado tamaulipeco, poseía unas manos de plata y una tenoresca voz, con el dejo norteño de su Tamaulipas, en Sevilla halló no solo su complemento como artista, sino a un verdadero amigo y compañero, casi, casi el arte los hermanó y por mucho tiempo fueron caras de una misma moneda…deleitaban, sobre todo, a las compañeras, las que literalmente los adoraban, pues muchas veces cantaron las más bellas y románticas canciones de “Aquellos tiempos” a la vera de sus ventanas, desgranando: “La enramada”, “Venganza”, “Ofrenda”, “No me platiques Ya”, “Alivio”, enloqueciéndolas con: “Mi último fracaso”, “Estoy perdido”, “Historia de un amor”, desmayándose cuando llegaban a : “Llegaste tarde”, “Contigo en la distancia” y “Tú mi adoración”…así que díganme ustedes, mis queridos amigos, quien iba a poder quitarles una sola de aquellas bellas flores, representadas por nuestras queridas compañeras, sus hermanas y demás familia mujeril…y como dice el dicho” Si no puedes vencer a tu enemigo, alíate con él”…Una noche cuando yo ya a punto estaba de caer en los brazos de Don Morfeo, llegan al departamento de los apretados, éramos más de quince personas, cada uno con su cama individual y su locker, los referidos Sevilla y Ulíbarri, pues necesitaban una primera voz para un trío, pues iban a llevar gallo a sus novias, y se les ocurrió invitar al principal gritón de los baños varoniles de la ENEF, si, al famoso caballito Rodríguez, casi me vistieron, alguien me prestó un saco y un sombrero, entregándome un par de maracas y unas claves, y más que rápido me metieron a uno de los tres coches en que viajaban los ansiosos y románticos novios…recorrimos casi todo el Distrito Federa, y al finalizar la veinteava serenata, cada una con diez canciones, la voz del tal caballito, había desaparecido…lo peor vino cuando Sevillita me dejó en la terminal de los camiones que me dejarían cerca de mi poblado departamento, serían las cuatro o cinco de la mañana y hube de esperar más de una hora para que saliera el primero de los antiguos camiones, que conectaban el sur de la capital con el centro de la ciudad, este me dejó cerca del Zócalo, y como aún me faltaban casi diez calles para llegar cerca del mercado “Abelardo Rodríguez” y del cine “Acapulco”, para descansar un poco me metí a uno de las primeras iglesias que vi abiertas, por las calles de Madero, el calorcito y el olor de las velas me adormecieron, tanto que plácidamente caí debajo de una de las bancas, me despertó la voz de una viejita que me dijo, “joven, joven, siéntese porque con sus ronquidos el padre no puede empezar la misa”…preferí salir como bólido para un poco descansado continuar con mi camino…por mucho tiempo le menté a Sevilla y cuates a la más vieja de su casa.

David Angel García Godínez, el famoso “Tammy”, era un AS de los timbales, y formaba, junto con sus hermanos y amigos, una sin par Danzonera-tropical, que muchas veces animó nuestras tardeadas, haciéndonos inolvidables:”La florecita”, “Rigoletito”, “La casita”, “Danzones de Pardavé”, “La flauta mágica” y tantas otras que jamás se nos han apartado de nuestra memoria, su fraternal amigo Manuel Lozano Flores, era su guarura y cargador de su equipo, ambos eran bailarines sensacionales y elegantes como “Dandys”, cuando coincidimos, ya como “Profes” en las bellas tierras potosinas,(1960-1963), ambos se convirtieron en mis estimados compadres y sus bellas esposas en mis amadas comadres.- El espacio ya se me terminó y aquí hago un pequeño espacio para despedirme por el día de hoy…ojala tengan tiempo y humor para contarles el fin de esta historia…les abraza su bailarín amigo de los dos pies izquierdos y exhausto neo cantante de tríos…Mario “El caballito” RE.-

Cerca de trecientos años tardó en ser Santuario el templo de la V. Congregación y en 1946 le negó el Vaticano la posibilidad de ser Basílica

HISTORIA Y FIN DE LA V. CONGREGACIÓN DE CLÉRIGOS SECULARES Y
DE SU SANTUARIO DEDICADO A LA VIRGEN DE GUADALUPE
EN QUERÉTARO

En 1659, el Pbro. Lucas Guerrero y Rodea compró un solar en la Ciudad de Querétaro, donde al sembrar trigo se encomendó a la intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe, prometiéndole dedicarle una parte de la venta de los frutos. Obtuvo una abundante cosecha. Con el dinero obtenido, se dio a la tarea de conseguir una pintura de la Santísima Virgen Guadalupana, adquiriendo en 1659 una Imagen muy hermosa, trayéndola a la Ciudad de Querétaro, puesto que por entonces no había Imagen alguna de la Santísima Virgen de Guadalupe en ella.

El padre Lucas Guerrero, trajo la imagen en el mismo año de 1659, eligiendo el Templo del Hospital Real de la Purísima Concepción, hoy Templo de San José de Gracia.

El Padre Lucas Guerrero inspirado en el Oratorio de San Felipe Neri, fue congregando en torno de Santa María de Guadalupe a los sacerdotes diocesanos, quienes luego de gestionar los trámites necesarios, redactar las Constituciones y obtener el permiso de la Arquidiócesis de México, a la cual pertenecía entonces la Ciudad de Querétaro en la persona del también queretano Antonio de Cárdenas y Salazar, Vicario General, el 10 de enero de 1669, quedó canónicamente fundada la Congregación de Clérigos Seculares de Santa María de Guadalupe, aprobándola el Papa Inocencio XII con la Bula “Pietatis et Charitatis Oper” del 5 de septiembre de 1691.

He aquí los nombres de los primeros Sacerdotes Congregantes:

• Bachiller Don Lucas Guerrero y Rodea
•Bachiller Don Juan de Miranda
•Bachiller Don Diego de Barrios Pimentel
•Bachiller Don Francisco de Lepe
•Bachiller Don Simón de León
•Bachiller Don José Aguilar y Monroy
•Bachiller Don Miguel Martín
•Bachiller Don José Maldonado y Camacho
•Bachiller Don Juan Pacheco
•Bachiller Don Nicolás de las Casas
•Bachiller Don José de la Parra
•Bachiller Don Francisco de la Vega
•Bachiller Don José Manrique Maldonado
•Bachiller Don José Núñez
•Bachiller Don Antonio Rodríguez
•Bachiller Don Antonio Herrera
•Licenciado Don Diego Fernández de Castro
•Licenciado Don José Castillo Villaseñor

La Congregación de Clérigos en 1671 compró un predio, donde en febrero de 1674 se comenzó a construir una pequeña capilla.

En el mismo lugar el 1º de junio de 1675, el Padre Lucas Guerrero bendijo la primera piedra del, hoy, majestuoso templo ubicado en la actual esquina de las calles de Pasteur y 16 de Septiembre.
Su magnífico diseño es obra del arquitecto José de Bayas delgado.

Dicho templo fue bendecido el 11 de mayo de 1680, por el Presbítero queretano. Br. Juan Caballero y Osio, quien de su peculio costeó casi la totalidad de la construcción.

Al construirse el Templo de la Congregación, se preparó el Retablo del Altar Mayor para colocar en él una imagen de la Guadalupana pintada por Baltasar Echave.

La Imagen actualmente venerada es la tercera, obra del pintor oaxaqueño Miguel Cabrera, quien la regaló al Sr. Arzobispo de México Manuel Rubio y Salinas.

Dicha imagen paso a propiedad del Sr. Bernardo Pardo, vecino de la Ciudad de Querétaro, quien en 1778, la intercambió con el Padre Antonio Lamas Chávez (entonces Prefecto de la Congregación) por la imagen pintada por Echave.

De la primera y segunda imagen no tenemos por ahora mayor noticia.

Con el paso del tiempo, La Congregación, como asociación, se vio favorecida con la generosidad de innumerables fieles, aunque también cumplió con impuestos, prestamos forzosos y otras obligaciones; finalmente, sufrió los embates de las llamadas Leyes de Reforma bajo el gobierno de Benito Juárez: “Del año de 1857 a 1861 la I. y V. Congregación perdió absolutamente todas sus propiedades y sus fondos, al grado de no contar ni siquiera con la casa anexa a su Iglesia”.

Luego se decretó la extinción de las órdenes religiosas, luego la persecución de los señores obispos y sacerdotes. Así, quedaron suspendidas todas las actividades y aislados todos los Congregantes desde los primeros meses de 1861. Los cortos intervalos de paz hasta 1864 no fueron suficientes para reorganizarla.

Posteriormente, cuando nuestra Diócesis de Querétaro. fundada el 7 de febrero de 1864, dada sus primeros pasos, el Templo de la Congregación como el resto de la ciudad sufría las consecuencias del Sitio del ejército repúblicano contra el usurpador Maximiliano de Habsburgo.

Fue despojado en 1867 de sus cuatro campanas por el general Mariano Escobedo para fundirlos como cañones.

El Gobierno Eclesiástico de la naciente Diócesis, se vio impedido a impulsar la reorganización, quedando sin efectuar nuevas elecciones. Al morir el Pbro. Br. Jesús Pizaña, en 1879, no fue elegido Prefecto, sino que el Consiliario más antiguo, el Pbro. Br. Pedro María Gutiérrez, fue reconocido como primer Dignatario o Viceprefecto.

Cuando llegó nuestro tercer Obispo Excmo. Sr. Rafael Sabás Camacho, ferviente guadalupano, se propuso renovar la Congregación.

El 12 de septiembre de 1885, renovó las Constituciones, dando nuevo impulso a la organización.
Además en 1886 promovió la reparación y nueva decoración del Templo.

En 1888, la antigua antesacristía fue convertida en la Capilla de la Purísima Concepción, a costa del Congregante Pbro. José Francisco Figueroa.

El 30 de noviembre de aquel año fue consagrado el Templo por el Excmo. Sr. Camacho.
El 10 de mayo de 1924, el Excmo. Sr. Obispo Francisco Banegas aprobó la reforma de las Constituciones, dando nuevo impulso a tan egregia organización sacerdotal.

Sin embargo, con el estallido de la Revolución, la Congregación sufrió nuevas ofensas. El 13 de abril de 1915 una horda de los llamados “ciudadanos armados” y del “Obrero Mundial” penetraron en el Templo y dependencias, saqueando y profanando las vestiduras y objetos sagrados.

Sus confesionarios, como los de otros templos, fueron sacados a la calle para ser quemados.
Con la llegada de las leyes impulsadas por el Presidente Plutarco Elías Calles, los obispos mexicanos decidieron cerrar los templos el 31 de julio de 1926, teniendo que ser atendidos por piadosos seglares, según las instrucciones dadas en cada Diócesis.

El Sr. Obispo Banegas, dejó como encargado del Templo al Presidente de la ACJM José Ugalde R. quien heroicamente desempeñó tan delicada encomienda, al punto de sufrir golpes y cárceles.

Luego de los Arreglos del 29 de junio de 1929, la Congregación reanudó el culto del 12 de julio de 1929 hasta el 6 de junio de 1932, cuando fue clausurado por orden del gobernador Saturnino Osornio “so pretexto de que en una escalera de una torre había roturas, de que había desaseo en la misma torre y falta de higiene en los excusados”, reabriendo el 11 de diciembre de 1938, ya en tiempos del gobernador Ramón Rodríguez Familiar y del Excmo. Sr. Obispo Marciano Tinajero.

Luego de reanudarse el culto, se pensó en redecorar el Templo, sustituir el altar mayor y coronar la Sagrada Imagen de María de Guadalupe. Para lograr estos objetivos se constituyó una Comisión. El Sr. Obispo Tinajero consagró el altar actual el 22 de noviembre de 1942, entronizando en él la Sagrada Imagen Guadalupana el 2 de diciembre.

El 12 de diciembre de aquel año, se coronó solemnemente, de manos del Sr. Obispo Tinajero y del Sr. Arz. de Puebla Pedro Vera.

En 1946, se solicitó a la Santa Sede la elevación a Basílica Menor. La Sagrada Congregación de Ritos contestó “non expediré”, a causa de la pequeñez de su construcción.

Sobre cómo se fue extinguiendo la Venerable Congregación de Clérigos, aún quedan por hacer algunas investigaciones.

La última sesión atestiguada por el Boletín Diocesano fue el 12 de diciembre de 1957 siendo prefecto el Pbro. Ezequiel de la Isla.

El prefecto anterior fue el Pbro. Gonzalo Vega Rubio.

En 1958, el Templo de la Congregación fue elevado a Santuario por el Excmo. Sr. Obispo Alfonso Toríz.

“El Cerrito” por Daniel Valencia

El Cerrito

El Cerrito es un asentamiento prehispánico de carácter ceremonial ubicado en la parte sur del Valle de Querétaro. El volumen constructivo alcanzado por su más importante estructura que es el basamento piramidal lo identifica también con el nombre de la Pirámide del Pueblito.

La disponibilidad de agua, suelos fértiles y un clima benévolo, permitieron el asentamiento de grupos humanos dedicados a la agricultura. Los cultivos del maíz, frijol, camote, calabaza y chile, complementados con la recolección de recursos naturales de flora y la cacería de animales, permitieron el surgimiento de una sociedad compleja y estratificada, cuya clase dominante extrajo a través del tributo los recursos humanos y materiales para construir plazas, plataformas y el basamento piramidal. Los datos sobre la fundación de este asentamiento son escasos, aunque el descubrimiento de una figurilla H4 y tepalcates procedentes de Chupícuaro, sugieren un nexo con esta cultura del periodo formativo, aunque la arquitectura no es evidente aun. Otros materiales cerámicos encontrados en el Cerrito, tales como platos y ollitas de barro burdo destinados a ofrenda, han sido identificados como imitaciones de vasijas de Teotihuacan (400-600 d.C.)

Sin embargo, a la fecha la etapa mejor conocida es aquella donde la arquitectura, escultura en piedra y cerámicas foráneas, muestran una clara presencia de la cultura tolteca del periodo posclásico temprano (900-1200 d.C.)

Finalmente será durante el periodo posclásico tardío (1200-1500d.C.) cuando en El Cerrito, funcionando todavía como centro ceremonial en la escala de santuario, sus ocupantes aumentaron el volumen del basamento piramidal agregándole escalinatas y altares.

Documentos históricos mencionan que el culto a una deidad prehispánica continuó hasta 1632, siendo los franciscanos quienes inician en ese año un proceso de sustitución por una nueva imagen de la religión católica, la Santa María, en su advocación de Inmaculada Concepción, hoy conocida como Nuestra Señora del Pueblito.

La colocación de la imagen en un lugar intermedio entre el pueblo y el Cue, fue señalada por la construcción de una capilla, donde permaneció por 82 años. En 1714 fue cambiada a otra capilla de adobe ubicada en el hasta hace poco tiempo camposanto, donde permaneció por 22 años, para finalmente trasladarse en 1736 a su actual santuario. El final de estos eventos marca el inicio de la destrucción y saqueo de materiales del sitio arqueológico.

El Proyecto de Conservación 1998-2002

La gestión institucional para iniciar un proyecto de investigación y conservación arqueológica se logró en el año de 1998, con la colaboración del Gobierno del Estado de Querétaro a través de la Secretaría de Turismo y de la Dirección de Sitios y Monumentos de la SDUOP, el Municipio de Corregidora y el INAH. Los objetivos iniciales consideraban priorizar la investigación y conservación de estructuras y plazas prehispánicas, la recuperación de terrenos considerados dentro de la delimitación de zona arqueológica y la elaboración de proyectos de infraestructura.

El presente trabajo trata solamente sobre el primer aspecto, aunque cabe mencionar que un gran logro para la protección jurídica del sitio, fue la declaratoria de Zona de Monumentos Arqueológicos El Cerrito, emitida por el Poder Ejecutivo Federal el 9 de Noviembre de año 2000.

Resultados de las Investigaciones Arqueológicas

El Basamento Piramidal, es la construcción con mayor volumen del sitio y como se había mencionado la que da el nombre al sitio. Ésta estructura piramidal de planta cuadrangular se localiza en el sector noreste del conjunto de edificios que forman la zona arqueológica y tiene por dimensiones actuales 30 metros de altura y 118 metros de longitud en su cara oriente, esta última medida fue obtenida a fines de 1999, al ser descubiertas en la excavación las esquinas del lado oriente del mismo.

Las exploraciones arqueológicas realizadas desde el año de 1998 a la fecha han permitido definir hasta el momento tres etapas constructivas. La primera y la más antigua ha sido identificada por medio de un muro con un ligero talud, que se construyó con lajas de piedra basáltica, pegadas con lodo y recubrimiento de estuco. Dicho muro forma parte de un basamento piramidal que midió unos 80 metros por lado, mismo que sería cubierto con la construcción de otros basamentos. Es una edificación que se asocia al periodo básico tardío o al epiclásico (650-700 d. C. al 900 d.C.)

En una segunda etapa se construyó un basamento piramidal con muros que forman talud y tablero hechos de piedra caliza pequeña, recubiertos de una capa de estuco. Sobre el muro vertical que formaba el tablero existían adornos de tipo coronamiento que serán descritos más adelante. Esta etapa es identificada como Tolteca y perteneciente al posclásico temprano (900-1200 d.C.)

La tercera etapa constructiva es la de un basamento de muros en talud, bastante inclinado, de piedra basáltica pegada con lodo y cubierta de estuco, misma que cubre a las anteriores. Sobre el muro se construyeron “aumentos”, tales como un altar en la cara sur, una ampliación a la Plaza de las Esculturas. Esta etapa constructiva pertenece al periodo posclásico tardío y quizá alcance hasta el siglo XVI.

Sobre el basamento piramidal se encuentra El Fortín, construcción de fines del siglo XIX, cuya planta arquitectónica de tipo militar con sus torreones en las esquinas contrasta con las puertas y ventanas que son de un estilo neogótico. Por la fecha de construcción el edificio es considerado un monumento histórico. Los trabajos efectuados en él consistieron en recimentación y reintegración de muros derrumbados, logrando estabilizarlo.

Al oriente del basamento piramidal existe una gran explanada llamada Plaza de la Danza, debido a que todavía hace algunos años en este sitio se realizaba la escenificación de danzas durante las fiestas de Febrero a la Virgen del Pueblito.

La alteración que sufrió con el paso de los años hizo que se perdieran una serie de altares que se distribuían en la plaza. En los últimos trabajos de investigación se registró un canal de desagüe de agua pluvial con pendiente de la esquina sureste del basamento piramidal. Así también se restauraron 75 metros lineales del volumen de un muro de contención al oriente de la plaza y niveló la mitad de ella.

Junto con el basamento piramidal, la Plaza de las Esculturas han sido los espacios más trabajados, entre ambos suman aproximadamente 3600 metros cuadrados de excavación y consolidación de muros y pisos prehispánicos. Su nombre, como se ha dicho en otras ocasiones se debió a que en las primeras exploraciones se rescataron en este espacio fragmentos de relieves y coronamientos. Se trata de una plaza hundida, rectangular, con dimensiones de 72 metros de largo por 60 metros de ancho que se encontraba cubierta por un piso de estuco.

En las excavaciones de fines de 1999 se encontró en la parte central de la plaza un entierro de un infante, el cual fue expuesto como pieza del mes en el Museo Regional de Querétaro en el año 2000.

Hacia el extremo poniente de la Plaza de las Esculturas se encuentra el Altar de los Cráneos. Se le dio este nombre pues en su exploración se encontraron dos contextos de ofrendas de cráneos y mandíbulas ofrecidos a la construcción del altar.

Destaca la segunda ofrenda en que se registraron 20 cráneos y 27 mandíbulas, 4 vértebras cervicales y 12 dientes aislados con mutilación intencional, acompañados de concha quemada y pedazos de cerámica de un brasero y de un incensario de sartén, ambos fechados para el periodo posclásico temprano.

Materiales Arqueológicos
Cerámica

Los objetos de cerámica producidos en la región que se han encontrado en El Cerrito son de formas sencillas por lo general monocromas y en menor escala decorados en rojo sobre bayo. Para los periodos tempranos del sitio se presentan tres grupos:

El Blanco Levantado que conjunta a una cerámica áspera de color café. Su característica definida es la aplicación de una pintura blanca deslavada por medio de una brocha, quedando la huella de líneas paralelas en diagonal a veces entrecruzadas. Se hicieron exclusivamente ollas de cuerpo ovoidal con una tira en el cuello simulando una cuerda.

El segundo grupo, denominado Arado lo componen cuencos, tecomates, ollas, sahumadores, braseros y pipas de cazoleta. La temporalidad del grupo arado es contemporánea a la del Blanco Levantado, siendo al parecer copias de objetos teotihuacanos del periodo clásico (400-650 d. C.)

El tercer grupo es el llamado Cerrito que agrupa ollas, molcajetes, cuencos, tecomates, sahumadores y braseros. La temporalidad de este grupo cerámico es del posclásico temprano (900-1150 d. C.)

Las cerámicas más abundantes encontradas hasta ahora pertenecen al periodo posclásico, asociadas al complejo Tollan de la cultura Tolteca (950-1200 d. C.) Entre estas se pueden mencionar los cajetes tripoides hemisféricos con soportes representando perros, de color café y en su parte interna presentan estrías para usarse como molcajete. Coexisten con braseros en forman de reloj de arena que se decoraron con aplicaciones exteriores de series de picos o bolitas por la técnica de pastillaje, aunque también se encuentran con representaciones del rostro de Tlaloc. Su función fue la de quemar incienso y otras sustancias durante las ceremonias.

Son comunes los ahumadores o incensarios, este artefacto es una vasija o plato de paredes casi rectas adheridas a un mango tubular hueco, con decoración de bandas verticales rojas sobre el mango.

Del mismo periodo son las Ollitas Tlaloc, pequeñas jarras efigie de Tlaloc hechas en un barro café que presentan como característica un asa trenzada.

Por último cabe mencionar la cerámica Plumbate, de amplio uso ceremonial en los sitios de filiación tolteca, es una cerámica importada de la región fronteriza de Chiapas y Guatemala, de un sitio llamado Tajumulco. El atributo más importante de esta cerámica es su superficie lustrosa y metálica brillante. Con ella se hicieron jarras globulares, vasijas efigie zoomorfas.

En las últimas excavaciones se encontró un fragmento de cabeza de forma antropomorfa de las llamadas Ojo Grano de Café. De pasta burda, es una figurilla delgada y ancha, con aplicación al pastillaje de los ojos, de ahí su nombre. Figurillas similares aparecen en Villa de Reyes, SLP., Cerritos, Zac., Morales, Gto., y Tulancingo, Hgo.

Otras dos figurillas completas son copias de las llamadas Mazapa, una representa a una mujer y otra a una anciana. Ambas fueron hechas en molde. Finalmente se han encontrado fragmentos correspondientes a cabezas de otras figurillas de este estilo, representando a guerreros. Su temporalidad es el posclásico temprano.

Artefactos en Piedra

Se han identificado principalmente puntas de proyectil que fueron encontradas en un contexto correspondiente a la última etapa de ocupación, formando parte de las ofrendas dejadas en la cara oriente del basamento piramidal. Las materias primas en que fueron hechas son obsidianas verdes y grises, y en menor escala sílex blanco y rojo, riolita y basalto.

Según las categorías generales de clasificación, destacan las que no tienen muescas, como las tipo Tortugas de forma triangular en sílex. Y las tipo Lerma con forma de hoja de laurel. Con muesca basal, como las tipo Tula, de péquenlas dimensiones y hechas a partir de navajillas de obsidiana.

De muescas laterales, como el tipo Ensor, de forma subtriangular, ligeramente asimétrica y con muecas. Las Texcoco A con muescas laterales profundadas y base recta de aspecto cuadrangular, abundantes durante el periodo posclásico.

Bajo la técnica de Piedra Pulida se han descubierto hachas de hoja simple, hachas de hoja con garganta y desfibradores, elaboradas sobre piedras de serpentina, andesitas, granodiorita y basalto, todas halladas en contextos de ofrenda basamento piramidal.

Entre los rellenos de las sucesivas etapas constructivas se han descubierto otras herramientas utilizadas en la construcción del edificio como hachas de garganta para extraer piedra, pulidores para piso de estupo, plomadas y dos representaciones en miniaturas de basamentos piramidales.

Escultura en Piedra

El universo de escultura encontrada en las exploraciones de El Cerrito se asocia a la fase de ocupación tolteca, par fines descriptivos se puede dividir en:

Escultura en Bulto
Escultura en Relieve
Elementos Arquitectónicos Decorativos

Escultura de Bulto

La primera referencia que se tiene de esta son las esculturas de un Chac Mool, un Atlante, y una cabeza humana, descubiertas e ilustradas en el informe de Agustín Morfi en 1777, su destino es desconocido.

En las últimas excavaciones de la Plaza de las Esculturas, fue encontrada la cabeza de una escultura de Chac Mool, con restos de pigmento rojo y estuco, con el rostro mutilado. Es común encontrar cuerpos de Chac Mool de cabeza, así ha sucedido en Tula y en Chichen Itza, lo que supone que trataba de una práctica ritual común.

Escultura en Relieve

Esta escultura de realizó en placas o lápidas de toba y raramente en basalto, se utilizó para forrar columnas cuadradas, tableros de basamentos y para decorar pequeñas banquetas.

En todas las excavaciones se han encontrado diseños de rostros humanos de perfil, posibles guerreros o sacerdotes, así como grabados de cráneo. También son comunes las imágenes de aves, entre las que se identifican al colibrí y pericos. Y por último los simbólicos, tales como pecheras y faldillas con forma de caracol, emblema principal de Quetzalcoatl, Quincunce como símbolo de Venus.

El análisis superficial de las escrituras determinó que fueron decoradas con pigmentos de diversos colores. Se utilizó rojo para el fondo de los relieves, azul en los casos de motivos de plumas y chalchihuites, blanco en ojos, huesos y lenguas.

Elementos Arquitectónicos Decorativos

En las exploraciones de los últimos años se han encontrado coronamientos, también conocidos como almenas. Su función fue la de adornar la parte superior de los cuerpos de basamentos piramidales, coronar el pretil de palacios, o bien como remates de muros con relieves como el muy conocido Coatepantli de Tula.

En El Cerrito se han encontrado piezas y fragmentos de los tipos de seis picos, de caracol cortado y de flechas cruzadas, ejemplos típicos de sitios arqueológicos del periodo Tolteca en Mesoamérica.

Los ejemplos más abundantes son del tipo de flechas cruzadas encontrados en las excavaciones de la cara oriente del basamento piramidal, la primera pieza restaurada mide 99 centímetros de altura y 82 centímetros de ancho, por seis centímetros de espesor,

También se han encontrado otras esculturas que solamente en conjunto expresan un ornamento, hablamos específicamente de los llamados tamborcillos y clavos con representación de chalchihuites.

Ambos forman segmentos de frisos en las fachadas de palacios de la época tolteca.

Daniel Valencia Cruz
Arqueólogo Responsable de la Investigación Científica de la Zona Arqueológica de El Cerrito

Los inicios de San Miguel El Grande por José Félix Zavala

San Miguel El Grande

Sus inicios

Itzquinapan

José Félix Zavala

Otontecutli, – dios de los antepasados, dios tribal, dios de la guerra, dios creador, recibidor de solo sacrificios de fuego, reinante de estos contornos, Señor de los muertos -, esta por caer.

El enemigo esta en los dinteles de esta llanura de cazadores, son los Huachichiles, son los Chichimecas, es el lugar donde los cuesillos se levantan por todas partes, lugares consagrados para que la vida y la muerte sean propicios.

La cuenta de los días en Occidente señala el 29 de septiembre de 1542; cuando un ministro de los nuevos dioses, en nombre del cristianismo y el Rey, proclama suyas estas tierras, su nombre es Fray Juan de San Miguel, quién improvisa un templo al nuevo dios, con troncos y traza “el pueblo”, nueva forma impositiva de congregarse en policía para los habitantes inmemoriales de esta región, mientras los soldados invasores los someten al bautismo, – iniciación al nuevo rito -, desde entonces todo habitante de estos contornos es sometido, de esta manera nace San Miguel, San Miguel El Viejo.

Ueueteotl, Padre Viejo y Amatecutli, Madre Vieja, los dioses tribales, empiezan a ser escondidos por los habitantes originales de este lugar, los guardan con celo, los protegen contra los nuevos dioses y sus ministros, también hacen lo mismo con las representaciones de la Luna y el Sol, sus símbolos culturales, comienzan a distribuirse “los ídolos” por todos lados, disfraz amable para el sometimiento “voluntario”.

Los chichimecas de estos contornos se revelaron por más de cuarenta años a este proceso de exterminio, mientras el invasor fundaba pueblos, congregando a los incongregables. Los misioneros seguían empalmando dioses, mientras los soldados hacían guerra.

El indio Valerio De La Cruz, recibió un encargo: “Yo os mando que os arméis de punta en blanco para distinguiros de los demás indios, que os encargo, de arco y flechas, amigo de la Fe Católica y de su majestad y como tal, con vara de Capitán de guerra, seréis General en los pueblos de San Miguel El Grande, San Felipe, Río Verde, Nueva Galicia, Celaya, Valle de Huichapan y demás pueblos de sus alindes de donde vengan los bárbaros, a quienes acometeréis como enemigos de la Tierra”

Dice el visitador Francisco de Ajofrin: Refiriéndose a San Miguel El Grande: “Por la banda del norte a media legua de distancia, sobre una eminencia, una fabrica antigua de los indios gentiles, que hoy se llama cuesillos y dicen era un famoso templo o adoratorio; a mí me pareció después de haber examinado su circunferencia, fabrica y modo de construcción, que seria fortaleza o fortines, pues se registraban aun en día varios fortines y como baluartes alrededor del edificio, principalmente que parece una Plaza de Armas”.

“En San Miguel El Grande y sus alrededores se nota la existencia de un culto teocrático preponderante y formal dedicado a las más arcaicas y adoradas deidades del México antiguo en esta región… se manifiesta por la gran cantidad de braseros ceremoniales hallados juntamente con artefactos actualizadores de sus mitos.”

La importancia de los hallazgos arqueológicos de la zona de San Miguel El Grande, se comprende mejor recordando lo dicho por Hermann Beyer.

“Los creadores de la mitología de los códices, debieron ser miembros de un pueblo que pertenecía a la familia lingüística de los nahuas, de la que se sabía los Aztecas formaban parte…”.

“Quizás en los mitos de Tula y su glorioso pasado tengamos tradiciones históricas mixtas con mitos cósmicos y físicos, y puede ser que los Toltecas, los habitantes de Tula, hayan sido realmente los fundadores de la cultura americana”.

Estos textos muestran la importancia extraordinaria del San Miguel, pre-hispánico, como cultura proto-Tolteca.

San Miguel el Viejo, primer lugar donde se intenta fundar a San Miguel, no tenia suficiente agua para la fundación que allí se pretendía, por el sucesor de fray Juan de San Miguel, uno de los doce franciscanos, que llegaron a la conquista espiritual de lo que llamarían la Nueva España.

Bernardo de Cossin, trasladó el pueblo a Izquinapan, que significa en español, lugar de agua encontrado por perros, junto a donde conocemos por la Santa Cruz del Chorro, allí se recomenzó la fundación de San Miguel.

Trazó el plano de la población, fijó los lugares para el templo, el convento, el hospital y el colegio. Los habitantes originales del lugar, -Huachichiles, Gumaraes, Capuces, Pames, Cazcanes, Guajabanas, Sauzas y otros – no dejaron de ser hostiles a la fundación y a la congregación que de ellos querían hacer los misioneros y soldados españoles.

Por esta causa el Virrey, Luis de Velazco, fundó guarniciones, los llamados “presidios”, con soldados indígenas aliados, y españoles, asegurando de esta manera la zona.

Lo hizo en San Miguel por 1554, después en Atotonilco, siguió en Puerto del Nieto y Petaca, ya para entonces se contaba en San Miguel con una Misión franciscana, un Hospital y un Colegio para indios sumisos.

“Yo Don Luis de Velasco, Virrey y Gobernador por su Majestad en esta Nueva España hago saber: Por cuanto al servicio de Nuestro Señor y su Majestad conviene que para que cesen las muertes, robos y otros sucesos que ha habido y al presente hay, en los llanos de San Miguel, camino de los Zacatecas, se funde una Villa de Españoles…”

“ La señalareis y tracéis por la orden que más convenga, de manera que viva en toda policía y en buena traza y en dicho convenga, proveerse… ha de ser fuera de las casas de los indios Tarascos, Chichimecas y Otomíes, que en dicho pueblo viven y de las sementeras que ellos tienen, de manera que los unos y los otros tengan sus tierras distintas y apartadas…”.

Domingo Pérez por los chichimecas y Juan de San Miguel por los Otomíes fueron nombrados gobernadores de indios.

El territorio de Izquinapan, tierra intervenida, primero fue un pueblo de indios, sometido, luego presidio o fortín, que guardaba el camino de la plata y después en 1556, Villa de Españoles, con regidores y alcaldes. En este proceso se va desvaneciendo la cultura mesoamericana.

“La gente de guerra”, como llamaban los españoles a los chichimecas, habitaban pacíficamente desde tiempo inmemorial, el ahora sitio llamado La región conocida por San Miguel de Allende actualmente, abarcaba hasta Zacatecas, tenían sus habitantes naturales, organización social, clanes, en territorios bien delimitados, unidad de pueblos y organización política, antes de la intervención europea

Las mujeres hacían naguas y huipiles, de acuerdo a la narración de un visitante de San Miguel a finales del siglo XVl: “Todas ellas labraban lo dicho, de hilo de maguey, lo hilaban y tejían de muchas labores… de muchas y diferentes maneras de ropa y vendíanlo barato…”. Usaban la nagua de ixtli hasta el tobillo y el huipil hasta a la rodilla”.

El agua miel, saliendo del maguey, era de uso común entre los llamados indios, antes de la llegada de los españoles, lo mismo que el nopal, con sus tunas y pencas, lo mismo la jícama, el camote, el tejocote, el aguacate, el zapote, la guayaba, la nona, la papaya, la piña, traídas algunas de inmediaciones de tierra caliente. El licor salía del maguey, el capullin, la tuna, y la caña. La carne del venado, el conejo, de las aves y los peces de las lagunas.

El arco y la flecha, el horno subterráneo, la caza por ojeo, la pintura facial de rayas y los dioses tribales, como Mixcoatl, eran rasgos característicos de la cultura de estos pueblos de la región de Izquinapan, ahora San Miguel El Grande.

Un otomí comerciante de Nopala, de origen tlaxcalteca llamado Conín, pobló San Miguel, con otomíes aliados, ayudó a poblar poco después de la fundación realizada, como ya se dijo anteriormente, por Fray Juan de San Miguel.

Conín anduvo “mucho años vestido de pieles de animales, pasando muchos trabajos de hambres y otras necesidades, que padeció por el mucho tiempo y después conquistó y atrajo los dichos chichimecas al servicio de su majestad” (1530-1542), lo acompañaron indios tlaxcaltecas”. Después se españolizó, vistió de ropas a la usanza ibérica y se llamo Don Fernando de Tapia, Casique de Querétaro, Acámbaro, San Miguel, etc.

Este pueblo de indios fue creciendo poco a poco, hasta convertirse en Villa pero ya de españoles según mandato del Virrey de Nueva España. Angel de Villafañe fue su primera autoridad española, la población alcanzaba hasta tres leguas hacia los cuatro puntos cardenales. Perteneció a la Alcaldía Mayor de Jilotepec, llamándose San Miguel de los Chichimecas, y después cuando se fundó el pueblo de españoles, San Miguel El Grande abarcando las jurisdicciones de San Felipe y Dolores.

“Esta situada esta Villa a la falda de una loma… goza de temperamento muy sano, aires benignos y dulcísimas aguas, en particular las de la fuente que llaman el Chorrillo, que esta en un barrio frondosísimo y de especial diversión”.

Franciscanos, Felipenses, Juaninos, Monjas Concepcionistas y Beatas Dominicanas, le dan identidad a la nueva población, a partir del siglo XVII, que comienza su esplendor. Conventos, Templos, Palacios, Casonas, Plazas, Fuentes, Capillas de indios y barrios, la conforman.

Nace la Ciudad criolla y mestiza, en una plaza compuesta por el templo, la Santa Escuela, el Hospital y el Cementerio.

El Cristo de la Conquista- pasta caña, traído de Tzintzuntzan-, recuerdo de más de cuatrocientos cincuenta años de resistencia indígena a la invasión por un lado y San Miguel Arcángel- policromado-, expresan lo español por otro y la visión religiosa mesoamericana por el otro. Así se transforma la cosmogonía de Izquinapan o San Miguel El Grande.

Los nueve cielos sobrepuestos, mito mesoamericano muy arraigado, pasó ser secreto entre los indios, lo mismo que el culto al dios del Viento- Quetzalcoatl-, el hombre-dios, los ciclos contados de cincuenta y dos en cincuenta y dos por los calendarios mesoamericanos, cambiaron; lo mismo la ceremonia del fuego, encendido por sus sacerdotes en sus altepetl desapareció, todo rasgo cultural pasó al mundo del silencio, del secreto.

“Hay una Parroquia con un clérigo, que tiene sus vicarios para la administración espiritual, que es tan numerosa, que me aseguro el mismo cura, que pasaban de más de sesenta mil almas. La parroquia es magnifica…”.

“Guarda pinturas de los queretanos Arce y Perrusquía, lo mismo de Cabrera y Rodríguez Juárez; fue barroca gracias al Arquitecto Marcos Antonio Sobrarías en el siglo XVII, ahora es “gótica”. Tiene una bóveda debajo, – criptas- muy bien acabadas, dice el viajero Francisco de Ajofrín.

En San Miguel Grande, “… se cría también mucha fruta, en particular, toronjas, limones, naranjas, chayotes, granaditas de la china, etc. … hay muchas y cuantiosas haciendas y crías de ganado y en los barrios de la Villa grandes obrajes y fabricas de exquisitos paños… hay muchas curtidurías donde se labra todo genero de pieles… se fabrican armas filares y de fuego… las mujeres bordan con aguja colchas y cobertores para las camas y tapetes o alfombras para el suelo, con gran primor y arte…”

“Los templos elevados por la piedad Sanmiguelense, son la Parroquia, San Francisco, El Oratorio, La Concepción, San Juan de Dios, Santo Domingo, Santa Ana, San Antonio y las capillas de indios”.

Forman una ciudadela religiosa –conjunto arquitectónico admirable-, San Felipe Neri, con la Capilla de la Virgen de Loreto, El Convento Felipense, Nuestra Señora de la salud y el Colegio de San Francisco de Sales.

Otra plaza -contraste de estilo, formada por La Tercera Orden, El Convento y el templo de San Francisco. Armonioso por otro lado el conjunto del Hospital y el templo de San Juan de Dios, mientras brilla y resalta el templo y el convento de monjas concepcionistas, entre los beaterios dominicos llamados de Santo Domingo y Santa Ana.

Naturalmente estos templos se revistieron de los pinceles religiosos de Juan y Nicolás Rodríguez Juárez, Antonio de Torres, Miguel Cabrera, José de Alcibar, Javier de Peralta, Vallejo, Andrés Barragán, Morales entre muchos otros.

Las fiestas a los nuevos dioses fueron celebradas por los indios, entretejiendo sus costumbres con las occidentales y ocultando entre ellas a sus dioses antiguos, resistiendo eficazmente la conquista. -danza y música- aparentan celebrar a la Covadonga, Loreto, Guadalupe y San Miguel, mientras su corazón y fiesta es por otras causas.

La danza y las ofrendas de los habitantes inmemoriales de la región, permanecen hasta nuestros días. El santo Suchitl -los suchiles-, arreglos florales de doce metros de alto preceden a los diferentes grupos de danza, parten de su San Juan de Dios -morada indígena- a la Parroquia, llegando, voltean, vista y corazón, hacia los cuatro puntos cardinales y entran al templo ataviados con penacho, maxtle y huesesillos de fraile, al son del teponaxtle.

Las flores, los frutos, dulces, panes, tortillas son las ofrendas, recuerdo de los mayores y alma de los cuatro vientos – así es la fiesta- “como antes”, y regresan a su capilla para comer las ofrendas y beber el licor de tuna, como antes. Es el rito, es el sincretismo, es la sobrevivencia de una propuesta cultural a la humanidad, aún no debidamente valorada por occidente.

Pasada la sobriedad de la conquista en el siglo XVI, surge el ostentoso siglo XVII y XVIII. Irrumpe desaforado en San Miguel el Grande, el exuberante barroco, muestra de esplendor, llegan los apellidos ennoblecidos: De La Canal, De Landeta, De Lanzargorta, De Sauto, De Loja, Condes y Vizcondes.

Los diosecillos del agua -Los Tlaloques- que desde el chorrillo dan origen a Izquinapan, no dejan de proveer a San Miguel. es el agua corrediza que:

“Dio lugar a la formación de huertas, bajaba por las calles de Chorro y Barranca, de ahí el nombre de la calle de Huertas, y más adelante baja por un lado hasta llegar a las calles de Santa Ana, irrigando a su lado las huertas que se conocieron como las Higueras; en el centro, el agua pasa por las calles del Hospicio, Correos y San Francisco y corrían por un lado de las calles de Maestranza hasta llegar a la calle del Codo y por otro lado hasta la Plaza Mayor, a la calle de la Santísima Trinidad y a la calle Real, hasta San Juan de Dios y llegar al arrollo de los Canchinches” (Barajas).

A su paso rebosan las fuentes, recuerdo de la Quebrada y Canal, La del Camino Real, la de San Antonio, la de las Animas y las muchas de los patios de las casonas.

Gobernaba la villa un alcalde mayor y dos alcaldes ordinarios, con su ayuntamiento de regidores y demás empleos necesarios…”.

El Oratorio de San Felipe Neri en Querétaro

Oratorio de San Felipe Neri

José Félix Zavala

El inicio de este oratorio felipense en Querétaro, lo inicia el P. Martín de San Cayetano y Jorganes, originario de Pátzcuaro y con el apoyo del virrey Juan Francisco de Guemes y Horcasitas. A la muerte de este Felipense, el P. Cabrera, del clero diocesano, corrió los trámites y costas por ello, ante la curia de México.

El felipense Marcos de Ortega vino a esta ciudad para realizar la fundación, creando una pequeña iglesia y sala, inaugurado el 21 de noviembre de 1763, hasta que se mudaron al convento e iglesia que conocemos actualmente y que fue en el año de 1800 un 6 de mayo, se encuentra en la antigua calle del Angel y la Calle Real (Madero y Ocampo)..

Esta obra se comenzó el 8 de diciembre de 1786 cuando se colocó y se bendijo la primera piedra. Los bienhechores de este conjunto, fueron Melchor de Noriega y Cobiedes y posteriormente Doña María Cornelia Codallos.

El oratorio y claustro fueron bendecidos por el año de 1808 y la dedicación del termplo estuvo a cargo del cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla.

La Sacristía es hermosa y grande, con una cúpula elíptica, donde se encuentran las pinturas de los ocho obispos que ha tenido Querétaro entre otras obras importantes, tiene siete ventanas rasgadas.

La suntuosa obra de templo y convento felipenses estuvieron al cuidado del P. Dimas Díes de Lara, Prepósito del Oratorio. Las pechinas de los arcos torales, del crucero del templo contienen frescos relacionados con la vida de San Felipe Neri, cuyo autor es Andrés Padilla.

Hay magníficas esculturas, entre ellas la de San Felipe Neri, La de la Virgen de los Dolores, un San José, la de Santiago El Mayor, entre otras y son obras de los grandes maestros de la escuela de escultores queretanos, como lo fue Mariano Arce.

El templo es una obra postrera de la época barroca, en su portada, Torre y cúpula, muy hermosas por cierto, con facilidad también se advierte la mezcla de diferentes estilos, que conjuntados dan prestancia a este oratorio.

Tiene en la puerta de entrada, en forma de hexágono y un medallón sobre el fundador de los felipenses, realizado en cantera, de una gran factura. Arranca el primer cuerpo con dos conjuntos de tres columnas.

En el segundo cuerpo de la fachada, a los lados del ventanal que da luz al coro existe de cada lado, dos juegos de columnas pareadas, con base bulbosa y capiteles corintios, resaltan dos medallones, uno de la Dolorosa y otro de San José, cerrando el conjunto después del friso, un arco elíptico rebajado, resaltando otros dos medallones y rematando con una Trinidad de las llamadas heréticas.

El autor de esta fachada usa el tezontle de fondo en forma de petatillo. Material muy de la región. Es el paso del barroco al neoclásico.

La torre parece estar construida en dos épocas, el cubo con ventanas de perfil rizado , el basamento presenta la misma fuerza de la fachada, parece ser de inicios del siglo XlX.

En 1920-32 se modificó el presbiterio, retirando el ciprés, después del concilio Vaticano ll, se mandaron quitar tanto el trono episcopal y posteriormente los sitiales de los canónigos, que eran de granito verde y fueron sustituidos por sitiales de madera.

El juego de las tres esculturas del altar mayor son de Mariano arce, con modificaciones de Diego de Alamaraz y son los patronos secundarios Juan y Pablo, además del Patrono principal Santiago El Mayor. Ya se encontró sobre la calle de madero el primer oratorio y claustro felipense, muy modesto.

El claustro de los felipenses, ahora después de su restauración se le ha llamado arbitrariamente Palacio Conín y esta destinado a oficinas del gobierno del estado, su factura es neoclásica, con arcadas en los dos pisos, entrada al templo por atrio y puertas interiores que están tapiadas.

El 30 de julio de 1931, El Obispo Marciano Tinajero y Estrada, sexto en el cargo desde 1864, consagró y dedicó el templo de San Felipe Neri, con toda la solemnidad de la liturgia, como Catedral de la Diócesis de Querétaro, que lo es hasta nuestros días.