{"id":11440,"date":"2015-04-12T13:57:33","date_gmt":"2015-04-12T19:57:33","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11440"},"modified":"2015-04-12T13:57:33","modified_gmt":"2015-04-12T19:57:33","slug":"seminario-de-son-jarocho-y-otras-culturas-en-jaltipan","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11440","title":{"rendered":"Seminario de Son Jarocho y Otras Culturas, en Jaltipan"},"content":{"rendered":"<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\"><b>Seminario de Son Jarocho y Otras Culturas, en Jaltipan<\/b><\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Luna Negra, al son del son, en el sur de Veracruz<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Alessandra Galimberti<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">No todo es violencia en M\u00e9xico. Por debajo \u2013o, mejor dicho, por encima\u2013 de las r\u00e1fagas de metralla, de las corruptelas, la impunidad, las violaciones (a los derechos humanos y a las mujeres), de los secuestros y las extorsiones, de Los Templarios, los templetes y los copetes, hay \u2013qu\u00e9 bueno, menos mal, por fortuna\u2013 espacios de luz.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Qui\u00e9n dijo que todo est\u00e1 perdido, cantar\u00eda la Negra de Am\u00e9rica. Y Luna Negra, siguiendo con eso de la negritud destellante, es sin lugar a dudas uno de esos espacios: un rancho de luz, un rancho de luz al son del son, un rancho de luz al son del son en el sur de Veracruz donde, a\u00f1o tras a\u00f1o, en el mes de abril, acontece la magia de la palabra, la memoria, la m\u00fasica y el ma\u00edz.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">En este rancho, rescatado laboriosamente del abandono y salpicado ahora de acotopes y sauces, de ilamas, jobos y anonas, en plena isla de Tacamichapam, a la orilla del r\u00edo Chiquito, brazo y abrazo del gran Papaloapan, en el municipio sure\u00f1o de J\u00e1ltipan, se celebra puntualmente, simult\u00e1nea y paralelamente a las tumultuarias procesiones a los templos o a las playas de Semana Santa, el Seminario de Son Jarocho y Otras Culturas.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Se trata de un campamento-taller vivencial donde los y las participantes tienen la oportunidad, durante un per\u00edodo de siete d\u00edas bien contados, de iniciarse o perfeccionarse en las artes de la m\u00fasica tradicional jarocha, adem\u00e1s de empaparse de la cultura local y alimentarse con platillos hechos a base del ma\u00edz que ah\u00ed mismo cultivan y cosechan, sin pesticidas ni Monsanto.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Acuden a la cita un sinn\u00famero de personas; algunas repiten religiosamente cada convocatoria, otras llegan por primera vez y, casi nunca, por \u00faltima. Pueden sumar un total de ochenta, noventa, incluso cien, depende del a\u00f1o y de qui\u00e9n sabe qu\u00e9 otra cosa. Proceden de los m\u00e1s variopintos y diversos lugares, pudiendo as\u00ed confluir bonaerenses, canadienses, gringos, latinos, chicanos del otro lado, chilangos mirando hacia adentro, yucatecos o, m\u00e1s cerca, de Coatzacoalcos o \u2013m\u00e1s cerca todav\u00eda\u2013 del mismo municipio de J\u00e1ltipan, sobre todo j\u00f3venes lugare\u00f1os que a sus pocos veintitantos a\u00f1os transitan entre los estudios y el desempleo, entre el son de siempre y el hip hop moderno, entre el espa\u00f1ol, el ingl\u00e9s y el milenario popoluca.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Todos, extranjeros y nacionales, for\u00e1neos y locales, hombres y mujeres, j\u00f3venes y menos j\u00f3venes, se encuentran unidos por el encandilamiento de una tradici\u00f3n musical, la jarocha, que como ninguna otra ha sabido traspasar fronteras, g\u00e9neros, \u00e9pocas y generaciones. Todos, durante la semana completa del seminario, hacen vida en com\u00fan, al amparo de las tiendas de campa\u00f1a y de las hamacas que cuelgan de tronco en tronco.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Y los d\u00edas transcurren, van y pasan, como el agua y las lanchas en la corriente del r\u00edo, al comp\u00e1s perfecto de un ritmo medido en cuatro grandes tiempos: tempo uno, las clases, en las ma\u00f1anas y en las tardes, donde los alumnos se dividen en grupos bajo la copa de un \u00e1rbol y la batuta de un maestro, y se ejercitan en\u00a0 una u otra peripecia del son jarocho: el rasgueo de la jarana, la leona, el requinto, el marimbol, el zapateado o el arte oral de versar. Tempo dos: en las horas de comida, los grupos se disuelven y todos los alumnos se reagrupan y congregan para comer juntos en torno a las mesas de robusta madera, debajo de una gran palapa de techo de palma, donde diez o m\u00e1s mujeres se afanan a todas horas en desgranar el ma\u00edz, hervir el nixtamal sobre llamas de le\u00f1a, echar tortilla y hacer tamales, gorditas o empanadas.\u00a0 Tempo tres: en las \u00faltimas horas de la tarde, mientras va cayendo despacito el sol, los alumnos vuelven a reagruparse. Es la hora de la palabra y la memoria en la que se les explica detalladamente, con o sin ayuda de diapositivas o audiovisuales, la andadura hist\u00f3rica y cultural de la regi\u00f3n, desde los vestigios olmecas a las comunidades campesinas, diezmadas hoy en d\u00eda por malogradas pol\u00edticas p\u00fablicas, pasando por la Malinche, originaria de la zona, el actual mapa \u00e9tnico ind\u00edgena o el legado afrodescendiente. Tempo cuatro: para terminar el d\u00eda, como ritual nocturno, el reagrupamiento de todos tiene ahora lugar en torno a la tarima, donde se inicia, donde se prende \u2013como si fuera lumbre, como si fuera fuego\u2013 el fandango, la fiesta, ellos engalanados con guayaberas claras y ellas ataviadas de largas faldas, ce\u00f1idores y flores en el pelo. Y entonces retumba el verso, la nota, el baile y, sobre el cedro, el r\u00edtmico golpeteo de los tacones.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Finalmente, se duerme la noche (lo que reste de la noche) hasta el d\u00eda o el a\u00f1o siguiente, cuando de vuelta se vuelva a empezar. Y se duerme tranquilo con la certeza de que se logra as\u00ed el cometido, macerando, con cada acorde y cada pisada, otro mundo alternativo, otro mundo posible, re-territorializando el territorio, dot\u00e1ndolo de nuevos sentidos, nuevas vivencias, nuevos, en un contexto regional, el sur veracruzano, marcado no solamente por la creciente ola de violencia a manos del crimen organizado, sino tambi\u00e9n por el saqueo de las industrias azucareras, madereras y azufreras que a lo largo de las d\u00e9cadas han arrasado con los recursos naturales y con todo el tejido social, dejando en su lugar desierto, olvido y una desoladora emigraci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"ecxMsoNormal\" style=\"text-align: justify;\">Al fin y al cabo, el Seminario de Son Jarocho y Otras Culturas es fundamentalmente eso: un proyecto comunitario, un proyecto de incidencia social, un proyecto de rescate cultural, un proyecto ecol\u00f3gico, un proyecto de luz en medio de tanta adversidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seminario de Son Jarocho y Otras Culturas, en Jaltipan Luna Negra, al son del son, en el sur de Veracruz Alessandra Galimberti No todo es violencia en M\u00e9xico. 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