{"id":11738,"date":"2016-01-24T13:28:10","date_gmt":"2016-01-24T19:28:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11738"},"modified":"2016-01-24T13:28:10","modified_gmt":"2016-01-24T19:28:10","slug":"el-perdon-vocablo-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=11738","title":{"rendered":"El perd\u00f3n, vocablo del amor"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">El perd\u00f3n, vocablo del amor<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">JULIO SCHERER GARC\u00cdA<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Al escribir el colof\u00f3n del libro El amor, el sufrimiento y la muerte (Proceso 1989), Julio Scherer Garc\u00eda evoc\u00f3 dos intensos pasajes de la vida de Enrique Maza: primero, cuando fue capell\u00e1n de los condenados a muerte en un par de prisiones estadunidenses; luego, como el moribundo que rechaz\u00f3 los santos \u00f3leos. Temas como los que dieron t\u00edtulo a ese volumen eran comunes en las conversaciones cotidianas entre Maza y Scherer.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Proceso<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Por decisi\u00f3n propia vivi\u00f3 Enrique Maza en las c\u00e1rceles de Cleveland y Kansas City all\u00e1 por los a\u00f1os de 1962 y 1963. Capell\u00e1n de los condenados a muerte, recuerda hasta en los detalles a dos asesinos de mujeres, un blanco y un negro. El blanco se resist\u00eda al encuentro con su destino implacable y entre gritos y jadeos era arrastrado por sus verdugos. El negro avanzaba con una triste m\u00fasica en los pies. Contoneaba el cuerpo con desgano y sus labios morados se distend\u00edan en una mueca resignada. Maza los vio morir tras una mirilla impenetrable al sonido. Fulminados por el rayo y el veneno, uno en la silla el\u00e9ctrica y otro en la c\u00e1mara de gases, expiraron ba\u00f1ados en sus heces.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">En aquella \u00e9poca, cuestionada la pena capital en los tribunales de los Estados Unidos, hubo reos que salvaron la piel en el \u00faltimo minuto. V\u00edctimas de la incertidumbre a lo largo de procesos extenuantes, perturbada su inteligencia, trastornado hasta el sexo, acabaron a merced de sus fantasmas. Sin puntos de apoyo, ajenos al amor que une a los hombres con un lazo que en verdad ata, viv\u00edan sin aprender a vivir y apelaban a la muerte sin la decisi\u00f3n de buscarla. Sus d\u00edas eran c\u00edrculos cada d\u00eda m\u00e1s estrechos que alguna vez, a fuerza de o\u00edr y hacerse o\u00edr, el sacerdote lograba penetrar.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">Tiempo despu\u00e9s, Maza sinti\u00f3 la muerte como se siente la noche que se viene encima. Ahogado en sangre por una \u00falcera perforada, escuch\u00f3 a un cura que se aprestaba a confesarlo y sol\u00edcito le ofrec\u00eda los santos \u00f3leos. En la camilla, moribundo, rechaz\u00f3 los auxilios de emergencia. No cre\u00eda en la comunicaci\u00f3n directa con Dios. El hombre se comunica con el hombre o pierde el habla, ense\u00f1a desde siempre en su ministerio rebelde.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">\n<p class=\"x_MsoNormal\">El cinco de noviembre de 1985, en una peque\u00f1a capilla de la ciudad de M\u00e9xico, celebr\u00f3 sus bodas de plata como sacerdote de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas. De cara a sus invitados, dedic\u00f3 el serm\u00f3n al amigo fiel, que no tiene precio, y habl\u00f3 del perd\u00f3n, sal de la tierra. Explic\u00f3 que no desciende el perd\u00f3n de los dioses ni los poderosos, porque el perd\u00f3n es un vocablo del amor. \u201cPerdona el que ama\u201d, dijo. Y agreg\u00f3, seguro de sus palabras: \u201cPerdonar es seguir amando\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El perd\u00f3n, vocablo del amor JULIO SCHERER GARC\u00cdA Al escribir el colof\u00f3n del libro El amor, el sufrimiento y la muerte (Proceso 1989), Julio Scherer Garc\u00eda evoc\u00f3 dos intensos pasajes de la vida de Enrique Maza: primero, cuando fue capell\u00e1n de los condenados a muerte en un par de prisiones estadunidenses; luego, como el moribundo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":11739,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-11738","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11738","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=11738"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11738\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11740,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/11738\/revisions\/11740"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/11739"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=11738"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=11738"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=11738"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}