{"id":12935,"date":"2017-11-19T10:27:15","date_gmt":"2017-11-19T16:27:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12935"},"modified":"2017-11-19T10:27:15","modified_gmt":"2017-11-19T16:27:15","slug":"marcel-proust-en-busca-del-tiempo-perdido-primer-siglo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=12935","title":{"rendered":"Marcel Proust \u00abEn busca del tiempo perdido\u00bb: primer siglo"},"content":{"rendered":"<p class=\"x_MsoNormal\">Marcel Proust &#8216;En busca del tiempo perdido&#8217;: primer siglo<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La Jornada Semanal<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La obra de Marcel Proust (Par\u00eds, 1871-1922), a la vuelta de un siglo, sigue encarnando una interrogaci\u00f3n permanente, una eterna curiosidad por la manera en que vislumbra en una tarde, una piedra, un gui\u00f1o, una sombra, una idea, una palabra, una l\u00ednea mel\u00f3dica\u2026 la luz de su conciencia verdadera. Ninguna mirada tan atenta y l\u00facida, tan vertiginosamente lenta como la de Proust se ha posado desde la literatura en ese inescrutable esce-nario que llamamos realidad por no tener otro nombre m\u00e1s impropio a la mano. Son innumerables las cuali-dades que, luego de cien a\u00f1os (los siete vol\u00famenes de En busca del tiempo perdido aparecieron entre 1913 y 1927), han destacado sus lectores en esta vasta novela, como el amor al detalle preciso y revelador, la vigorosa luz metaf\u00f3rica con que lo hace visible, el exorcismo al que somete nuestra idea del tiempo para hacerla arrojar frutos como un \u00e1rbol generoso. La prosa de Proust, procelosa y al mismo tiempo sutil, llena de generosas suturas, es un lujo del lenguaje que invoca a las dem\u00e1s artes como si la escritura, el\u00e1stica y sinest\u00e9sica, fuera una enramada de aromas sonoros, m\u00fasica arquitect\u00f3nica, \u00f3leos verbales dispuestos a reconfigurar la realidad. \u201cLa trama es siempre una trampa\u201d, parecer\u00eda ser el principio activo de la obra dado lo arborescente de su an\u00e9cdota, que parece desle\u00edrse y desleerse en un incesante rameado de frases que la convierte s\u00f3lo y nada menos que en escritura en estado puro. Con el af\u00e1n de enfatizar algunas de las cualidades incurables de esta novela mayor, enumero algunos de sus m\u00e1s reconocidos m\u00e9ritos a un siglo de distancia.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">1<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La naturaleza del recuerdo es una de las primeras y m\u00e1s examinadas condiciones que la cr\u00edtica ha estudiado en Proust, y que el lugar com\u00fan ha recuperado en la famosa magdalena sumergida en un t\u00e9 arom\u00e1tico, leitmotiv que sirve de cimiento narrativo al fastuoso edificio que constituye la obra. Pero la evo-caci\u00f3n no opera al modo de una memoria ufana de hechos puntuales, sino que se construye como las innumerables dubitaciones de un presente vital que se escabulle y lo desaparece todo en su torbellino hecho de nada. La tarea de volver al pasado nunca fue materia de elaboraci\u00f3n tan minuciosa como la que emprende el narrador de la novela, pues el fuelle de su memoria es la voluntad de un estilo que es otra forma del tiempo, una suerte de cuarta o en\u00e9sima dimensi\u00f3n que va poblando lentamente el espacio de Combray o de Par\u00eds con sus frases largas y minuciosamente rizadas: \u201cPas\u00f3 a nuestro lado sin dejar de hablar con su vecina, y nos hizo con el rabillo de sus ojos azules un gesto que en cierto modo no sal\u00eda de los p\u00e1rpados y que, como no interesaba los m\u00fasculos de su rostro, pudo pasar completamente ignorado de su interlocutora; pero que, queriendo compensar con lo intenso del sentimiento lo estrecho del campo en que circunscrib\u00eda su expresi\u00f3n, hizo chispear en aquel rinconcito azulado que nos conced\u00eda toda la vivacidad de su gracejo que, pasando de la jovialidad, fris\u00f3 en malicia, y que sutiliz\u00f3 las finuras de la amabilidad hasta los gui\u00f1os de la connivencia.\u201d Como casi siempre, el estilo es una manera de mirar, una forma de envolver y devolver el mundo en frases cuya magia consiste en captar al vuelo la intenci\u00f3n de un gesto, la delicadeza de un adem\u00e1n, la tensi\u00f3n intraducible de una voz. Una suerte de naturalismo microsc\u00f3pico hace que la realidad sea d\u00f3cil s\u00f3lo a una aguja visual capaz de registrar y regustar las dudas y las emociones manifiestas en la gracia de un detalle facial antes que en un plano m\u00e1s pleno del rostro.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">2<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">La exploraci\u00f3n del yo, ese pronombre tan enga\u00f1oso, tan huidizo y que bien mirado se nos escapa porque nunca sabemos bien a bien lo que designa, es otro de los m\u00e9ritos de la literatura proustiana; en virtud de tal examen, el personaje se descubre cons-tituido no por un n\u00facleo invariable de emociones e ideas (\u00bfacaso somos una \u201cestatua espiritual\u201d de nosotros mismos?) sino por el hundimiento y la disgregaci\u00f3n que consigue el tiempo en nosotros. Las m\u00e1s de tres mil p\u00e1ginas que suman los siete vol\u00famenes son una lenta, poderos\u00edsima radiograf\u00eda del acto de contar desde una persona que se construye a partir de lo que piensa y escucha, de lo que ve, conjetura e imagina. Ese yo que articula la escritura, se sabe, es y no es el propio Marcel Proust pues, muy lejos de tratarse de una autobiograf\u00eda, la novela se deja leer como un vast\u00edsimo an\u00e1lisis de la realidad descubierta o inventada por el protagonista desde una perspectiva que lo retrata y, al mismo tiempo, lo desaparece. Se trata de un narrador tan \u00edntimo y eficaz que solo puede provocar extra\u00f1eza. Observa y discierne con extraordinaria vivacidad el mundo porque es un yo quir\u00fargicamente desollado por la escritura, el punto de partida hacia la b\u00fasqueda de una suerte de para\u00edso perdido y por naturaleza inencontrable, quiz\u00e1 inexistente, pues el sistema de subjetividades que sirve de columna vertebral a la obra lo enrarece apenas lo vislumbra, lo desaparece si lo nombra, y el esp\u00edritu mismo del narrador se reparte entonces en una mir\u00edada de objetos y seres que la mirada recoge y disuelve en una flagrante fragmentaci\u00f3n y desgarramiento del mundo. En buena medida, la realidad recuperada por Proust a trav\u00e9s de su narrador es la de la infancia, una edad inh\u00f3spita que en la novela encarna en un muchacho de apetencias tan irreales, tan disociadas de lo que convencionalmente entender\u00edamos por un ni\u00f1o decimon\u00f3nico al uso que, a partir de sus heterodoxas aficiones por la \u00f3pera Fedra, las iglesias de Balbec, la literatura y el arte en general, no podemos sino sentir una des-confianza natural acerca de su edad cuidadosamente indeterminada (como las dimensiones del bicho de Kafka en La metamorfosis), un enigma en s\u00ed mismo que el autor est\u00e1 muy lejos de pretender resolver.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">3<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Otro de los m\u00faltiples m\u00e9ritos de la prosa proustiana es el empleo de la met\u00e1fora como recurso narrativo. Cierto, muchos novelistas, vigentes o ancestrales, han hecho de la analog\u00eda un prodigioso artefacto verbal mediante el cual la materia del relato cobra fuerza o gana en poder evocativo. De muchas novelas se ha destacado su alt\u00edsimo contenido po\u00e9tico y no pocas veces podemos reconocer la grandeza de un texto narrativo en virtud del uso del lenguaje: verdaderos poemas en prosa son, en ese sentido, el Ulises, de Joyce; Pedro P\u00e1ramo y Cien a\u00f1os de soledad. En Proust se advierte que la manera de esencializar los asuntos, de impedir que las sensaciones o los recuerdos se disipen, es metaforiz\u00e1ndolos, espl\u00e9ndida estrategia para sustraerlos de la trivialidad o de su natural destrucci\u00f3n a expensas del tiempo; la cualidad de la analog\u00eda de suscribir afinidades entre lo aparentemente desemejante, que est\u00e1 en la base de la imaginer\u00eda barroca, de la hipertrofia sensorial rom\u00e1ntica y de las ecuaciones po\u00e9ticas surrealistas \u2013por no mencionar que desde Homero la asociaci\u00f3n de disparidades se revela ya en diversos grados de complejidad\u2013 vigoriza asimismo el mundo que trasluce la opulenta novela proustiana, que bien mirado es menos juzgado que asumido enteramente por el narrador. Marcel lo describe con iron\u00eda, s\u00ed, pero prevalece un evidente discurso de aceptaci\u00f3n de las cosas, como cuando nos recomienda, acerca de la maravillosa movilidad del campanario de la iglesia de Martinville, \u201cno mirar una cosa como espect\u00e1culo sino creer en ella como en un ser sin equivalente\u201d. Tal discurso de la asunci\u00f3n del mundo como nos es dado, como po-demos recrearlo a trav\u00e9s de los sentidos seducidos por su presencia en el recuerdo, es sin duda una forma de la fascinaci\u00f3n, de estupor frente a la extra\u00f1eza: la prosa de Proust es producto de una mirada admirada.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">4<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En el diminuto universo de Combray (como el autor llam\u00f3 a la peque\u00f1a ciudad de Illiers \u2013que hoy en d\u00eda lleva los dos nombres, el real anodino y el c\u00e9lebre literario\u2013, adelant\u00e1ndose a los Yoknapatawphas, Macondos y Santa Mar\u00edas que vendr\u00e1n), Proust no escombra las costumbres dom\u00e9sticas, los chismes de la gente en un af\u00e1n de regodearse en el pintoresquismo o el color local, a la manera del viejo realismo decimon\u00f3nico; m\u00e1s bien, lleva a efecto un poderoso retrato de la aristocracia rural que es el otro lado de la moneda de la pedantesca sociedad urbana, lo que hizo decir a sus primeros detractores que En busca del tiempo perdido era una novela que \u201cexhalaba olor a duquesa\u201d. Dicho error de apreciaci\u00f3n, que llev\u00f3 en una primera instancia a Gallimard a rechazar su publicaci\u00f3n y a Andr\u00e9 Gide a desencantarse del volumen inicial de la saga (Por el camino de Swann), solo ser\u00e1 corregido por el tiempo que, distra\u00eddo con la superficie de las cosas, tard\u00f3 en reconocer en la mundanidad de los personajes proustianos el espejo sutil de la m\u00e1scara en que se ha convertido el rostro de todos.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">En ese sentido, la hostilidad hacia la \u201cfrivolidad proustiana\u201d se nutri\u00f3 tambi\u00e9n del rechazo a la bien ganada fama de rico que el mismo autor se encargaba de subrayar con elegantes y pavorosos desplantes, como el de pedir prestados cien francos al conserje del Ritz para despu\u00e9s a\u00f1adir: \u201cGu\u00e1rdeselos, eran para usted.\u201d El \u00e9xito editorial de la obra, naturalmente, fue muy dif\u00edcil pues, \u201c\u00bfc\u00f3mo asumir como representante de nuestro tiempo a un novelista que ignora las luchas sociales y pinta un mundo abolido?\u201d, se preguntan los cr\u00edticos, a decir de Andr\u00e9 Maurois. Es necesario recordar que Europa viv\u00eda la Gran Guerra, pero tambi\u00e9n es preciso reconocer que Albert Camus escribi\u00f3 El extranjero en 1942 sin aludir en absoluto a una guerra a\u00fan m\u00e1s intensa y extensa que la primera. \u00bfHasta d\u00f3nde la literatura debe reflejar de manera inmediata el entorno en que ocurre?<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">5<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">Casi estrictamente contempor\u00e1neos, Marcel Proust y Franz Kafka mantienen entre s\u00ed mayores coincidencias que las que su obra a simple vista revela. Para ambos, los asuntos ajenos a su creaci\u00f3n, a la literatura en s\u00ed, al mundo recreado en su narrativa, nada cuentan, o muy poco. \u201cTodo lo que no sea literatura me fastidia y provoca mi odio\u201d, escribi\u00f3 Kafka en una carta dirigida al padre de su novia. En la misma t\u00f3nica, Proust demostr\u00f3 su devoci\u00f3n creativa cuando se entreg\u00f3 un tanto tard\u00edamente a escribir en serio, pues sab\u00eda \u2013seg\u00fan Andr\u00e9 Maurois\u2013 que \u201cel d\u00eda que se pusiera verdaderamente al trabajo, al \u00fanico trabajo para el que estaba hecho, le consagrar\u00eda su vida entera\u201d. Se sabe que los \u00faltimos diez a\u00f1os, postrado por la enfer-medad, no hizo otra cosa que toser, reprender a la criada por supuestos descuidos, y escribir, escribir desde la cama su obra incesante, de la que, como Kafka, s\u00f3lo ver\u00eda publicada la mitad.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">El examen al que ambos someten el mundo social que los rodea, sea mediante el rodeo proustiano o la extrema tensi\u00f3n de Kafka, es impecable y demoledor. Lo que en el novelista franc\u00e9s parece confundirse con un voluntario y parad\u00f3jico af\u00e1n de sumergirse en la superficialidad (si se admite la paradoja), no es sino una forma rigurosa del reconocimiento, asimismo extremo, de sus matices m\u00e1s \u00edntimos. (Seg\u00fan Lucien Daudet, \u201cla sociedad tiene importancia para Proust a la manera en que las flores la tienen para el bot\u00e1nico y no seg\u00fan el inter\u00e9s del se\u00f1or que adquiere un ramillete\u201d.) La angustia del mundo kafkiano, de expresi\u00f3n sucinta y aun de perfiles humor\u00edsticos y absurdos, es en Proust una acabada y lenta penetraci\u00f3n en el tiempo de las cosas, que m\u00e1s parece larga agon\u00eda que divertimento atroz.<\/p>\n<p class=\"x_MsoNormal\">M\u00e1s all\u00e1 de los sim\u00e9tricos sentimientos de amor desmesurado o aviesa aversi\u00f3n registrados, respec-tivamente, a prop\u00f3sito de su madre y su padre, y de la coincidencia de sus padecimientos pulmonares, la diferencia entre el asma de Proust y la tisis de Kafka se manifiesta, literariamente, en la distancia que va del desconcierto a la perplejidad, pues el novelista franc\u00e9s, hombre de raz\u00f3n que le conced\u00eda a la ciencia un gran papel en la composici\u00f3n literaria, explica la naturaleza del dolor y la soledad en sus textos como quien explora las mol\u00e9culas de una emoci\u00f3n; Kafka, en cambio, espiga con taimada avidez los \u00edntimos resortes de la irracionalidad humana. Sin duda nunca se leyeron, o por lo menos no existe evidencia de ello. La obra de ambos, sin embargo, es una pincelada demorada o puntual del mundo tal como lo reconocieron hace un siglo dos de las mentes m\u00e1s l\u00facidas de la literatura europea \u2022<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marcel Proust &#8216;En busca del tiempo perdido&#8217;: primer siglo Enrique H\u00e9ctor Gonz\u00e1lez La Jornada Semanal La obra de Marcel Proust (Par\u00eds, 1871-1922), a la vuelta de un siglo, sigue encarnando una interrogaci\u00f3n permanente, una eterna curiosidad por la manera en que vislumbra en una tarde, una piedra, un gui\u00f1o, una sombra, una idea, una palabra, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":12936,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-12935","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12935"}],"version-history":[{"count":2,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12935\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12938,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12935\/revisions\/12938"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12936"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}