{"id":15031,"date":"2020-02-26T11:50:37","date_gmt":"2020-02-26T17:50:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15031"},"modified":"2020-02-26T11:50:37","modified_gmt":"2020-02-26T17:50:37","slug":"el-cuerpo-humano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15031","title":{"rendered":"\u00abEl cuerpo humano\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Bill Bryson, uno de los divulgadores cient\u00edficos m\u00e1s aclamados de los \u00faltimos tiempos, autor, entre otros, del s\u00faperventas &#8216;Una breve historia de casi todo&#8217;, publica &#8216;El cuerpo humano. Gu\u00eda para ocupantes&#8217; (RBA, a la venta el d\u00eda 27 de febrero), del que Babelia publica un extracto.<\/p>\n<p>\u2018En los dominios del sue\u00f1o\u2019, adelanto del nuevo libro de Bill Bryson<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo 16. El sue\u00f1o<br \/>\nI<br \/>\nDormir es lo m\u00e1s misterioso que hacemos. Sabemos que es vital; solo que ignoramos exactamente por qu\u00e9. No podemos decir a ciencia cierta para qu\u00e9 sirve el sue\u00f1o, cu\u00e1l es la cantidad adecuada para obtener la m\u00e1xima salud y felicidad, o por qu\u00e9 algunas personas caen en sus brazos con facilidad mientras otras luchan perpetuamente para alcanzarlo. Le dedicamos una tercera parte de nuestra vida. En el momento de redactar estas l\u00edneas, yo tengo sesenta y seis a\u00f1os: en la pr\u00e1ctica, eso significa que he estado durmiendo todo lo que llevamos de siglo XXI.<\/p>\n<p>No hay ninguna parte del cuerpo que no se beneficie del sue\u00f1o o no sufra por su ausencia. Si nos privan de \u00e9l durante el tiempo suficiente, moriremos, aunque tambi\u00e9n constituye un misterio qu\u00e9 es exactamente lo que nos mata cuando no dormimos. En 1989, en un experimento que es poco probable que se repita dada su crueldad, un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago mantuvieron despiertas a 10 ratas hasta que murieron; hicieron falta entre 11 y 32 d\u00edas para que el agotamiento las venciera mortalmente. Las autopsias no mostraron ninguna anormalidad que pudiera explicar su muerte: sus cuerpos simplemente se dieron por vencidos.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o se ha asociado a numerosos procesos biol\u00f3gicos, como consolidar los recuerdos, restablecer el equilibrio hormonal, vaciar el cerebro de las neurotoxinas acumuladas y reajustar el sistema inmunitario. En un estudio se comprob\u00f3 que un grupo de personas con signos iniciales de hipertensi\u00f3n que empezaron a dormir cada noche una hora m\u00e1s que antes mostraban una significativa mejora en sus lecturas de presi\u00f3n arterial. En suma, pues, el sue\u00f1o parecer\u00eda ser una especie de puesta a punto nocturna del cuerpo. Como declaraba en 2013 a la revista Nature Loren Frank, de la Universidad de California en San Francisco: \u00abLa historia que todos cuentan es que el sue\u00f1o es importante para transferir recuerdos al resto del cerebro. El problema es que b\u00e1sicamente no hay evidencias directas de esa idea\u00bb. Pero hasta ahora tampoco hemos sabido dar respuesta a la cuesti\u00f3n de por qu\u00e9, para hacer eso, debemos vernos obligados a renunciar a la consciencia de una forma tan plena y absoluta. No es solo que cuando dormimos estemos desconectados del mundo exterior, sino que durante la mayor parte del tiempo estamos paralizados.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o es, obviamente, mucho m\u00e1s que un mero descanso. Un hecho curioso es que los animales que hibernan tambi\u00e9n tienen periodos de sue\u00f1o. Puede que a la mayor\u00eda de nosotros eso nos resulte sorprendente, pero lo cierto es que la hibernaci\u00f3n y el sue\u00f1o no son lo mismo, al menos desde una perspectiva neurol\u00f3gica y metab\u00f3lica. Hibernar es algo m\u00e1s parecido a estar conmocionado o anestesiado: el sujeto est\u00e1 inconsciente, pero no propiamente dormido. De modo que un animal en hibernaci\u00f3n necesita unas horas diarias de sue\u00f1o convencional dentro de su estado general de inconsciencia. Otro hecho sorprendente para la mayor\u00eda de nosotros es que los osos \u2014los m\u00e1s famosos dormilones invernales\u2014 en realidad no hibernan. La aut\u00e9ntica hibernaci\u00f3n implica una profunda inconsciencia y un dr\u00e1stico descenso de la temperatura corporal, a menudo en torno a los 0\u00b0C. Seg\u00fan esta definici\u00f3n, los osos no hibernan, puesto que su temperatura corporal se mantiene en niveles pr\u00f3ximos a los normales y adem\u00e1s se despiertan con facilidad. Resulta m\u00e1s adecuado calificar su sue\u00f1o invernal como un estado de letargo.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere lo que nos da el sue\u00f1o, es algo m\u00e1s que un mero periodo de inactividad reparadora. Tiene que haber algo que nos lleve a ansiar ardientemente quedar a merced de posibles ataques de bandidos o depredadores; sin embargo, que sepamos, dormir no hace nada por nosotros que no pudiera hacerse igualmente estando despiertos, pero en reposo. Tampoco sabemos por qu\u00e9 pasamos gran parte de la noche experimentando esas surrealistas y a menudo inquietantes alucinaciones a las que llamamos sue\u00f1os. Ser perseguidos por zombis o encontrarse inexplicablemente desnudos en una parada de autob\u00fas no parece, a primera vista, una forma especialmente reconstituyente de pasar las horas de oscuridad.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, existe la creencia universal de que el sue\u00f1o debe de responder a alguna profunda necesidad elemental. Lo observaba hace ya muchos a\u00f1os el eminente investigador del sue\u00f1o Allan Rechtschaffen: \u00abSi el sue\u00f1o no cumple una funci\u00f3n absolutamente vital, entonces es el mayor error que ha cometido jam\u00e1s el proceso evolutivo\u00bb. No obstante, por lo que sabemos, lo \u00fanico que hace el sue\u00f1o es (en palabras de otro investigador) \u00abprepararnos para estar despiertos\u00bb.<\/p>\n<p>Parece ser que todos los animales duermen. Incluso criaturas tan simples como los nematodos y las moscas de la fruta tienen periodos de inactividad. La cantidad de sue\u00f1o necesaria var\u00eda considerablemente de una especie a otra. Los elefantes y los caballos duermen solo dos o tres horas cada noche. Se ignora por qu\u00e9 necesitan tan poco, ya que la mayor\u00eda de los otros mam\u00edferos requieren mucho m\u00e1s tiempo. Todav\u00eda se dice que el animal al que se consideraba el campe\u00f3n del sue\u00f1o entre los mam\u00edferos, el perezoso de tres dedos, duerme hasta veinte horas al d\u00eda; pero esa cifra proviene del estudio de perezosos cautivos, que no tienen depredadores ni demasiadas cosas que hacer. Los perezosos silvestres, en cambio, duermen en torno a las 10 horas diarias, no mucho m\u00e1s que nosotros. Un hecho extraordinario es que algunas aves y mam\u00edferos marinos pueden apagar solo la mitad de su cerebro alternando entre ambas, de modo que una mitad permanece alerta mientras la otra dormita.<\/p>\n<p>Se puede datar el origen de nuestra moderna comprensi\u00f3n del sue\u00f1o en una noche de diciembre de 1951, cuando un joven investigador de la Universidad de Chicago que estudiaba la materia, Eugene Aserinsky, prob\u00f3 una m\u00e1quina para medir las ondas cerebrales que hab\u00eda adquirido su laboratorio. El sujeto voluntario de Aserinsky para aquella primera noche de prueba fue Armond, su hijo de ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>Noventa minutos despu\u00e9s de que el peque\u00f1o Armond se hubiera sumido en lo que habitualmente era una noche de sue\u00f1o tranquilo, Aserinsky se qued\u00f3 perplejo al ver que, de repente, el rollo de papel milimetrado del monitor cobraba vida y empezaba a dibujar el tipo de trazos irregulares normalmente asociados a una mente activa y despierta. Cuando Aserinsky entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n, descubri\u00f3 que Armond segu\u00eda profundamente dormido pero que sus ojos se mov\u00edan visiblemente bajo los p\u00e1rpados. Aserinsky acababa de descubrir el que pasar\u00eda a conocerse como sue\u00f1o de movimientos oculares r\u00e1pidos, la m\u00e1s interesante y misteriosa de las m\u00faltiples fases de nuestro ciclo de sue\u00f1o nocturno. No puede decirse exactamente que Aserinsky corriera a publicar sus resultados: pasaron casi dos a\u00f1os antes de que apareciera un peque\u00f1o informe sobre el descubrimiento en la revista Science.*<\/p>\n<p>* Aserinsky era un tipo interesante, aunque extremadamente inquieto. Antes de llegar a la Universidad de Chicago en 1949, a la edad de veintisiete a\u00f1os, asisti\u00f3 a otras dos universidades y curs\u00f3 sucesivamente estudios de sociolog\u00eda, preparaci\u00f3n a la medicina, espa\u00f1ol y odontolog\u00eda, sin completar sus estudios en ninguna de esas materias. En 1943 fue reclutado por el ej\u00e9rcito, y, pese a ser ciego de un ojo, pas\u00f3 la guerra como experto en desactivaci\u00f3n de explosivos.<\/p>\n<p>Hoy sabemos que una noche de sue\u00f1o normal se divide en varios ciclos, cada uno de los cuales consta a su vez de varias fases (cuatro o cinco, dependiendo del m\u00e9todo de clasificaci\u00f3n que se prefiera). Primero viene la etapa de renunciar a la consciencia, algo que la mayor\u00eda de nosotros tardamos entre cinco y quince minutos en lograr por completo. A ello le sigue un periodo en el que tenemos un sue\u00f1o ligero pero reparador, como en una siesta, durante unos veinte minutos. En estas dos primeras fases, el sue\u00f1o es tan superficial que, de hecho, podemos estar dormidos pero creer que estamos despiertos. Luego viene un sue\u00f1o m\u00e1s profundo, que dura aproximadamente una hora, del que resulta mucho m\u00e1s dif\u00edcil despertar al durmiente (algunos expertos dividen a su vez este periodo en dos etapas, lo que da al ciclo del sue\u00f1o un total de cinco fases distintas en lugar de cuatro). Finalmente llega la fase, ya mencionada, de los movimientos oculares r\u00e1pidos (abreviada MOR, o m\u00e1s frecuentemente REM, por sus siglas en ingl\u00e9s), que es cuando experimentamos la mayor parte de nuestros sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Durante la fase REM del ciclo, el durmiente se queda pr\u00e1cticamente paralizado, pero los ojos experimentan peque\u00f1os movimientos r\u00e1pidos por debajo de los p\u00e1rpados cerrados como si estuvieran presenciando un acuciante melodrama, mientras que el cerebro se muestra tan activo como en cualquier momento de la vigilia. De hecho, algunas partes del prosenc\u00e9falo est\u00e1n m\u00e1s vivas durante el sue\u00f1o REM que cuando estamos plenamente conscientes y andando de un lado a otro.<\/p>\n<p>No sabemos con certeza a qu\u00e9 se deben los movimientos oculares del sue\u00f1o REM. Una idea obvia es que estamos \u00abvisualizando\u00bb nuestros sue\u00f1os. No todo nuestro cuerpo se paraliza durante esta fase. El coraz\u00f3n y los pulmones siguen funcionando por razones obvias, y tambi\u00e9n est\u00e1 claro que los ojos tienen libertad de movimiento; pero todos los m\u00fasculos que controlan el movimiento corporal est\u00e1n constre\u00f1idos. La explicaci\u00f3n que se postula con mayor frecuencia es que la inmovilizaci\u00f3n impide que nos hagamos da\u00f1o lanzando golpes o tratando de huir de un ataque cuando nos vemos atrapados en una pesadilla. Un n\u00famero muy reducido de personas sufren una afecci\u00f3n denominada trastorno de comportamiento del sue\u00f1o REM, en la que las extremidades no se paralizan, y, de hecho, a veces se lastiman a s\u00ed mismas o a su pareja dando golpes. En otros casos, la par\u00e1lisis no remite de forma inmediata al despertar, y la v\u00edctima se encuentra despierta pero incapaz de moverse; al parecer una experiencia profundamente inquietante, pero que afortunadamente tiende a durar solo unos momentos.<\/p>\n<p>La fase REM abarca hasta dos horas de cada noche de sue\u00f1o, aproximadamente una cuarta parte del total. Los periodos de sue\u00f1o REM tienden a alargarse con el transcurso de la noche, de modo que cuando m\u00e1s so\u00f1amos suele ser en las \u00faltimas horas antes de despertar.<\/p>\n<p>Los ciclos de sue\u00f1o se repiten cuatro o cinco veces por noche. Cada ciclo dura alrededor de 90 minutos, pero su duraci\u00f3n exacta puede variar. Parece ser que el sue\u00f1o REM es importante para el desarrollo. Los beb\u00e9s reci\u00e9n nacidos pasan al menos el 50% de sus horas de sue\u00f1o (que en cualquier caso es la mayor parte del d\u00eda) en esta fase, mientras que los fetos puede llegar hasta el 80%. Durante mucho tiempo se crey\u00f3 que todos nuestros sue\u00f1os se produc\u00edan durante la fase REM, pero un estudio realizado en 2017 en la Universidad de Wisconsin descubri\u00f3 que el 71% de las personas so\u00f1aban durante la fase no REM (frente al 95% que lo hac\u00edan durante la fase REM). Asimismo, la mayor\u00eda de los hombres tienen erecciones durante esta fase, mientras que, de manera similar, las mujeres experimentan un aumento del flujo sangu\u00edneo en los genitales. Nadie sabe por qu\u00e9 ocurre eso, pero no parece estar claramente asociado a impulsos er\u00f3ticos. Por regla general, las erecciones masculinas nocturnas se prologan hasta un periodo de m\u00e1s o menos dos horas.<\/p>\n<p>Por las noches estamos m\u00e1s agitados de lo que la mayor\u00eda de nosotros pensamos. Una persona normal, como media, se da la vuelta o cambia significativamente su posici\u00f3n entre 30 y 40 veces en el transcurso de la noche. Tambi\u00e9n nos despertamos mucho m\u00e1s de lo que creemos. Los momentos de alerta y despertares breves que experimentamos durante la noche pueden sumar hasta un total de 30 minutos sin que seamos conscientes de ello. En una visita a una cl\u00ednica del sue\u00f1o que realiz\u00f3 con el fin de documentarse para su libro Night, publicado en 1995, el escritor A. \u00c1lvarez tuvo la impresi\u00f3n de que hab\u00eda experimentado una noche de sue\u00f1o ininterrumpido, pero al revisar su gr\u00e1fico por la ma\u00f1ana descubri\u00f3 que en realidad se hab\u00eda despertado en 23 ocasiones. Tambi\u00e9n hab\u00eda tenido cinco periodos en los que hab\u00eda so\u00f1ado, pese a lo cual no recordaba ninguno de aquellos sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del sue\u00f1o nocturno normal, tambi\u00e9n nos permitimos dar alguna que otra breve cabezada en horas de vigilia, en un estado conocido como hipnagogia, una oscura regi\u00f3n situada a medio camino entre la vigilia y la inconsciencia, a menudo sin darnos cuenta de ello. En un alarmante descubrimiento, cuando un equipo de cient\u00edficos especializados en sue\u00f1o estudiaron a una docena de pilotos de l\u00edneas a\u00e9reas que hac\u00edan vuelos de largo recorrido, result\u00f3 que casi todos se quedaban dormidos, o casi dormidos, en un momento u otro del vuelo sin ser conscientes de ello.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre el durmiente y el mundo exterior suele ser curiosa. La mayor\u00eda de nosotros hemos experimentado mientras dormimos esa sensaci\u00f3n abrupta de tropezar y caer conocida como sacudida hipn\u00f3tica o espasmo miocl\u00f3nico. Nadie sabe por qu\u00e9 nos pasa. Una teor\u00eda postula que su origen se remonta a los tiempos en los que dorm\u00edamos en las copas de los \u00e1rboles y deb\u00edamos tener cuidado de no caer. La sacudida podr\u00eda ser como una especie de simulacro de incendio. Esto puede parecer un tanto exagerado, pero no deja de ser curioso, si se piensa, que sin importar lo profundamente inconscientes, o agitados, que estemos, casi nunca nos caigamos de la cama, ni siquiera cuando dormimos en camas con las que no estamos familiarizados como las de los hoteles y similares. Puede que estemos muertos para el mundo, pero hay alg\u00fan centinela en nuestro interior que toma nota de d\u00f3nde est\u00e1 el borde de la cama y no nos permite rodar m\u00e1s all\u00e1 de este (salvo en circunstancias extremas condicionadas por el alcohol o la fiebre). Parece, pues, que una parte de nosotros sigue prestando atenci\u00f3n al mundo exterior aun en el caso de quienes duermen m\u00e1s profundamente. Diversos estudios realizados en la Universidad de Oxford y comentados por Paul Martin en su libro Counting Sheep descubrieron que las agujas del electroencefalograma de los sujetos de las pruebas se disparaban cada vez que se pronunciaba su propio nombre en voz alta mientras dorm\u00edan, pero no reaccionaban cuando se recitaban otros nombres desconocidos para ellos. Otras pruebas han mostrado asimismo que a la gente se le da bastante bien despertarse a una hora predeterminada sin necesidad de reloj despertador, lo que significa que alguna parte de la mente durmiente debe de estar haciendo un seguimiento del mundo real m\u00e1s all\u00e1 del cr\u00e1neo.<\/p>\n<p>Puede que los sue\u00f1os sean tan solo un subproducto de nuestra \u00ablimpieza\u00bb cerebral nocturna. Mientras el cerebro elimina residuos y consolida recuerdos, los circuitos neuronales se activan de forma aleatoria produciendo breves im\u00e1genes fragmentarias, algo parecido a cuando saltamos de un canal de televisi\u00f3n a otro buscando algo que ver. Frente a este flujo incongruente de recuerdos, ansiedades, fantas\u00edas, emociones reprimidas y dem\u00e1s, posiblemente el cerebro intente construir un relato coherente, o tambi\u00e9n es posible, dado que est\u00e1 descansando, que no lo intente en absoluto y se limite a dejar fluir todos esos pulsos inconexos. Eso podr\u00eda explicar por qu\u00e9 generalmente no recordamos demasiado los sue\u00f1os pese a su intensidad: porque, en realidad, no son ni importantes ni significativos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bill Bryson, uno de los divulgadores cient\u00edficos m\u00e1s aclamados de los \u00faltimos tiempos, autor, entre otros, del s\u00faperventas &#8216;Una breve historia de casi todo&#8217;, publica &#8216;El cuerpo humano. 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