{"id":15184,"date":"2020-03-15T11:37:06","date_gmt":"2020-03-15T17:37:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15184"},"modified":"2020-03-15T11:37:06","modified_gmt":"2020-03-15T17:37:06","slug":"tres-poemas-de-giacomo-leopardi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15184","title":{"rendered":"Tres poemas de Giacomo Leopardi"},"content":{"rendered":"<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>Marco Antonio Campos<\/p>\n<p>A fines de 1819, Giacomo Leopardi (1798-1837), compuso \u201cEl infinito\u201d, celebrad\u00edsimo poema de escasos quince endecas\u00edlabos blancos.<\/p>\n<p>A fines de 1819, Giacomo Leopardi (1798-1837), compuso \u201cEl infinito\u201d, celebrad\u00edsimo poema de escasos quince endecas\u00edlabos blancos. Por esas fechas compuso tambi\u00e9n \u201cA la luna\u201d y \u201cEl sue\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p>Ten\u00eda veinti\u00fan a\u00f1os. Lo escribi\u00f3 en el Monte Tabor, muy pr\u00f3ximo al palacio familiar, en Recanati. Pese a su brevedad, es uno de los poemas m\u00e1s acreditados de la poes\u00eda italiana.<\/p>\n<p>Se le ha interpretado innumerablemente y siempre se ha resaltado su misterio, y claro, su rara perfecci\u00f3n. Y la gran pregunta repetida: c\u00f3mo, en un poema tan corto, el lector puede sentir todo el tiempo y todo el mundo, y otro tiempo y otro mundo.<\/p>\n<p>Gracias a Leopardi, Recanati, situado en Las Marcas, a doce y medio kil\u00f3metros del mar Adri\u00e1tico, es el pueblo po\u00e9tico de Italia por excelencia, como Jerez, gracias a L\u00f3pez Velarde, es el ep\u00edtome del pueblo po\u00e9tico en nuestro pa\u00eds. Pero a diferencia de L\u00f3pez Velarde, Recanati, para Leopardi, es todo lo contrario de un ed\u00e9n: es una c\u00e1rcel. El trato opresivo, tanto a Giacomo como a sus hermanos Carlo y Paolina, por su mon\u00e1rquico y tir\u00e1nico progenitor Monaldo y su cicatera madre Adelaide, los hace vivir como en un peque\u00f1o campo de concentraci\u00f3n. En esos d\u00edas, extra\u00f1a paradoja, Leopardi se enamora lejana y tristemente de la hija del cochero de la casa, Teresa Fattorini, y de la tejedora Maria Belardinelli, a quienes dedica entra\u00f1ables poemas de una tristeza honda.<\/p>\n<p>Involuntaria o deliberadamente, Leopardi se prepar\u00f3 para la desdicha diaria. \u00bfNo escribi\u00f3 el veintea\u00f1ero poeta una carta a su progenitor (quien nunca la ley\u00f3 porque la intercept\u00f3 su hermano Carlo), donde le dec\u00eda: \u201cPrefiero ser desdichado antes que inferior y sufrir antes que aburrirme, hasta tal grado el aburrimiento es padre para m\u00ed de mortales melancol\u00edas [y] me da\u00f1a m\u00e1s que cualquier disgusto del cuerpo.\u201d En ese estado juvenil de desesperaci\u00f3n, escribe su cr\u00edtico y traductor Antonio Colinas (Editorial J\u00facar, Los Poetas, 1974) surgir\u00e1 \u201cel m\u00e1s hermoso, perfecto y dolorido de los frutos: su poema \u201cEl infinito\u201d. A este, m\u00e1s sereno y triste, en ese verano-oto\u00f1o de 1819, escribe en el monte Tabor, \u201cA la luna\u201d, breve poema en el que habla con el cuerpo celeste para hablarse a s\u00ed mismo. Ya es visible en ambos el genio del joven poeta italiano. El tercer poema aqu\u00ed incluido, su trist\u00edsimo canto \u201cA Silvia\u201d, est\u00e1 escrito en 1829, para Teresa, la hija del cochero, recordando su muerte acaecida once a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>Quien no se haya conmovido hasta la ra\u00edz m\u00e1s profunda del alma con varios de los poemas de Leopardi \u2013como con mucha de la poes\u00eda de Georg Trakl, Vladimir Holan y C\u00e9sar Vallejo\u2013 es quiz\u00e1 porque nunca sinti\u00f3 la poes\u00eda o le fue siempre ajena.<\/p>\n<p>Leopardi, por la forma fue un cl\u00e1sico, y por el fondo, un rom\u00e1ntico. Pueden negarles los italianos a otros poetas la grandeza; jam\u00e1s a Dante, a Tasso y a Leopardi.<\/p>\n<p>Este a\u00f1o en Italia se realizar\u00e1n actos para recordar \u201cEl infinito\u201d a doscientos a\u00f1os \u2013con meses m\u00e1s\u2013 que se escribi\u00f3.<\/p>\n<p>Agradezco a V\u00edctor Manuel Mendiola observaciones t\u00e9cnicas.<\/p>\n<p>El infinito<\/p>\n<p>Siempre caro me fue este yermo monte<\/p>\n<p>y este cercado, el cual de tantas partes<\/p>\n<p>del \u00faltimo horizonte ver me niega<\/p>\n<p>Mas sentado, y mirando interminables<\/p>\n<p>espacios m\u00e1s all\u00e1, y sobrehumanos<\/p>\n<p>silencios, y una quietud profund\u00edsima<\/p>\n<p>mi pensamiento finge, y por muy poco<\/p>\n<p>el coraz\u00f3n se espanta. Y como el viento,<\/p>\n<p>al que oigo susurrar entre estos \u00e1rboles,<\/p>\n<p>comparo a aquel infinito silencio<\/p>\n<p>con esta voz: y medito en lo eterno,<\/p>\n<p>en muertas estaciones, y en la viva<\/p>\n<p>y presente, sonorosa. As\u00ed, en esta<\/p>\n<p>inmensidad se anega el pensamiento:<\/p>\n<p>y me es dulce el naufragio en este mar.<\/p>\n<p>A la luna<\/p>\n<p>Oh, encantadora luna, rememoro<\/p>\n<p>ahora, que hace un a\u00f1o, a este monte,<\/p>\n<p>con grande angustia ven\u00eda a mirarte.<\/p>\n<p>Y te inclinabas sobre aquella selva<\/p>\n<p>lo mismo que hoy, que toda la iluminas.<\/p>\n<p>Pero sombr\u00edo y tr\u00e9mulo por el llanto<\/p>\n<p>que en mis ojos surg\u00eda, a mi mirada<\/p>\n<p>tu rostro se mostraba, qu\u00e9 dif\u00edcil<\/p>\n<p>mi vida era, a\u00fan lo es, nada es distinto,<\/p>\n<p>oh mi dilecta luna. Pero es grata<\/p>\n<p>la remembranza y evocar los a\u00f1os<\/p>\n<p>de mi dolor. \u00a1Oh, c\u00f3mo es placentera<\/p>\n<p>la juventud, cuando a\u00fan es muy larga<\/p>\n<p>nuestra esperanza y la memoria breve,<\/p>\n<p>al demorarse en las pasadas cosas,<\/p>\n<p>aunque sea triste y aunque el ansia dure.<\/p>\n<p>A Silvia<\/p>\n<p>\u00bfNo recuerdas, Silvia,<\/p>\n<p>aquel tiempo de tu vida mortal,<\/p>\n<p>donde beldad brillaba<\/p>\n<p>en tus ojos rientes, fugitivos,<\/p>\n<p>y, alegre y pensativa, atravesabas<\/p>\n<p>de juventud los l\u00edmites?<\/p>\n<p>Sonaban las estancias<\/p>\n<p>tranquilas, y las calles,<\/p>\n<p>con tu perpetuo canto,<\/p>\n<p>y sentada, te hund\u00edas en tus obras<\/p>\n<p>femeniles, y contenta<\/p>\n<p>el dulce porvenir imaginabas.<\/p>\n<p>Era el mayo oloroso: y t\u00fa sol\u00edas<\/p>\n<p>as\u00ed llevar los d\u00edas.<\/p>\n<p>A veces los estudios<\/p>\n<p>gratos dejaba, las sudadas p\u00e1ginas,<\/p>\n<p>en que la verde edad<\/p>\n<p>se gastaba de m\u00ed la mejor parte.<\/p>\n<p>De la casa paterna en los balcones<\/p>\n<p>pon\u00eda los o\u00eddos para o\u00edr tu voz<\/p>\n<p>y la r\u00e1pida mano<\/p>\n<p>que recorr\u00eda la fatigosa tela.<\/p>\n<p>Miraba el cielo calmo,<\/p>\n<p>huertos, calles doradas,<\/p>\n<p>y aqu\u00ed el mar de lejos, y all\u00e1 el monte.<\/p>\n<p>Lengua mortal no dice<\/p>\n<p>aquello que sent\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 suaves pensamientos,<\/p>\n<p>qu\u00e9 esperanzas, Silvia, qu\u00e9 corazones!<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo entonces se alzaban<\/p>\n<p>la vida y el destino!<\/p>\n<p>Cuando me acuerdo de esperanzas tantas<\/p>\n<p>un sentimiento oprime,<\/p>\n<p>acerbo y sin consuelo,<\/p>\n<p>y me vuelve a doler mi desventura.<\/p>\n<p>Oh natura, oh natura:<\/p>\n<p>\u00bfPorqu\u00e9 luego no entregas<\/p>\n<p>lo prometido entonces? \u00bfPor qu\u00e9 enga\u00f1as<\/p>\n<p>de este modo a tus hijos?<\/p>\n<p>Antes que invierno la hierba secase,<\/p>\n<p>vencida por oculta enfermedad,<\/p>\n<p>mor\u00edas, tierna luz. Ya no miraste<\/p>\n<p>a la flor de tu edad;<\/p>\n<p>no enterneci\u00f3 tu pecho<\/p>\n<p>el suave elogio a tu cabello negro,<\/p>\n<p>ni miradas esquivas y amorosas,<\/p>\n<p>ni en d\u00edas festivos con las compa\u00f1eras<\/p>\n<p>conversaste de amor.<\/p>\n<p>Entonces tambi\u00e9n mor\u00eda<\/p>\n<p>mi esperanza dulce: a aquellos a\u00f1os<\/p>\n<p>tambi\u00e9n me neg\u00f3 el hado<\/p>\n<p>la juventud. \u00a1Ay, c\u00f3mo<\/p>\n<p>c\u00f3mo has pasado t\u00fa,<\/p>\n<p>querida compa\u00f1era de ese tiempo,<\/p>\n<p>la llorada esperanza!<\/p>\n<p>\u00bfEs este aquel mundo?<\/p>\n<p>\u00bfEsto, deleite, amor, obras, sucesos<\/p>\n<p>de los que tanto conversamos juntos?<\/p>\n<p>\u00bfEsta es la suerte de la humana gente?<\/p>\n<p>Al surgir la verdad<\/p>\n<p>t\u00fa, m\u00edsera, ca\u00edste, y con la mano<\/p>\n<p>la fr\u00eda muerte y la desnuda tumba<\/p>\n<p>mostrabas desde lejos.<\/p>\n<p>Versiones de Marco Antonio Campos<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Jornada Semanal Marco Antonio Campos A fines de 1819, Giacomo Leopardi (1798-1837), compuso \u201cEl infinito\u201d, celebrad\u00edsimo poema de escasos quince endecas\u00edlabos blancos. 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