{"id":15190,"date":"2020-03-15T11:53:45","date_gmt":"2020-03-15T17:53:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15190"},"modified":"2020-03-15T11:53:45","modified_gmt":"2020-03-15T17:53:45","slug":"la-reinventora-de-generos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15190","title":{"rendered":"La reinventora de g\u00e9neros"},"content":{"rendered":"<p>Eve Gil<\/p>\n<p>Nacida el 29 de enero de 1962 en Sulech\u00f3w, Polonia, Olga Nawoja Tokarczuk es, despu\u00e9s de Pearl s. Buck, la mujer m\u00e1s joven en ganar el Premio Nobel de Literatura.<\/p>\n<p>Haber sido galardonada junto con un autor internacionalmente reconocido, como el austr\u00edaco Peter Handke, dej\u00f3 de lado a la autora polaca, que no ha sido reeditada ni traducida en la misma medida que Handke.<\/p>\n<p>Pese a tratarse de un personaje extremadamente interesante, m\u00e1s all\u00e1 de la gran calidad de su prosa y su portentosa imaginaci\u00f3n, Tokarczuk tampoco ha recibido la atenci\u00f3n debida por parte de la prensa y la cr\u00edtica.<br \/>\nOlga (me disculpo por dirigirme familiarmente a la se\u00f1ora Tokarczuk, es m\u00e1s sencillo que hacerlo por su apellido) tiene la dicha de ser profeta en su tierra. Tras su obtenci\u00f3n del Nobel de Literatura, el gobierno municipal de Breslavia, que colinda con el pueblo de Krajanow, en la frontera con Checoslovaquia, donde actualmente reside Olga (y, deduzco, mismo donde trascurre la acci\u00f3n de Sobre los huesos de los muertos), atenu\u00f3 las molestias de los usuarios del transporte p\u00fablico de aquella ciudad que, se dice, es algo caro, ofreciendo viajes gratuitos a quienes llevaran bajo el brazo \u2013o en versi\u00f3n electr\u00f3nica\u2013 un libro de su c\u00e9lebre escritora. La literatura de resonancias m\u00e1gicas y fant\u00e1sticas no abunda por aquellas tierras, siendo Olga y Andrzej Sapkowski (autor de la saga de novelas que inspiraron el video juego y la serie de Netflix, The Witcher) sus m\u00e1s c\u00e9lebres exponentes. Me entero de que es del signo Acuario \u2013sigui\u00e9ndole un poco la corriente a Janina Duszejko, astr\u00f3loga aficionada, protagonista de Sobre los huesos de los muertos\u2013 y de que es psic\u00f3loga junguiana, luego de leer sus escasos libros disponibles en espa\u00f1ol, dos, sin contar el descatalogado Un lugar llamado Anta\u00f1o, primero en llegar a los lectores de habla hispana.<\/p>\n<p>Apenas se titul\u00f3 en la universidad de Varsovia, empez\u00f3 a ejercer como terapeuta en una cl\u00ednica de salud mental, al tiempo que escrib\u00eda sus primeros relatos que public\u00f3 bajo el pseud\u00f3nimo de Natasza Borodin. Public\u00f3 su primera novela, El viaje de los hombres del libro, ya con su nombre real, a los veintinueve a\u00f1os de edad, mismo que la hizo acreedora al Premio de la Asociaci\u00f3n Polaca de editores y abandon\u00f3 entonces definitivamente su carrera como terapeuta para dedicarse a la literatura. Desde 2008 imparte clases de escritura creativa en la Universidad de Opole. Contrario a lo imaginado, es casada. Su esposo es el tambi\u00e9n escritor Roman Fingas y tienen un hijo de nombre Zbyszko (1986). No me ha asombrado tampoco enterarme de que milita en el partido Los Verdes, de corte ecologista (en Europa existen muchos partidos llamados \u201cLos Verdes\u201d, reunidos bajo la misma premisa). Sobre los huesos de los muertos es, entre otras muchas cosas, una novela plet\u00f3rica de amor por la naturaleza, y Janina definitivamente tiene mucho de Olga, aunque se trate de una mujer mayor (nunca se menciona su edad, pero, a juzgar por su fuerza f\u00edsica, le calculo unos sesenta y cinco, y Olga la escribi\u00f3 a los cuarenta<br \/>\ny algo).<\/p>\n<p>Sobre los huesos de los muertos (Oc\u00e9ano, Hotel de las Letras, 2019, traducci\u00f3n de Abel Murcia) nos ense\u00f1a que es posible fusionar el g\u00e9nero negro con algo as\u00ed como \u201crealismo maravilloso\u201d (aunque su traductor lo define como \u201crealismo m\u00e1gico a la polaca\u201d) y un toque de f\u00e1bula. Un asesino serial parece medrar por los bosques que bordean un peque\u00f1o pueblo de Polonia donde se practica indiscriminadamente la cacer\u00eda, incluso en tiempos de veda. Las v\u00edctimas, seg\u00fan se va develando conforme aparecen los cad\u00e1veres en circunstancias harto desusadas y variables (como si la naturaleza se hubiera vuelto contra ellos), son personajes (hombres todos) que de una u otra forma han contribuido a la matanza de animales\u2026. desde el hombrecillo que gusta de dispararle a todo lo que se mueva, mascotas incluidas, pasando por un traficante de pieles de zorro y el polic\u00eda corrupto que les facilita su incursi\u00f3n clandestina. La se\u00f1ora Duszejko, que vive en una de las casitas de los alrededores y traduce del ingl\u00e9s a William Blake, al parecer por pasar el tiempo (maestra jubilada, exingeniera civil, astr\u00f3loga aficionada y algo bruja sabia), ha estado muy atenta (\u00a1y activa!) desde que tuvo lugar el primer crimen, al que las autoridades no dan demasiada importancia, y advierte entre los asesinados m\u00e1s coincidencias que su crueldad o indiferencia para con los animales, las cuales est\u00e1n en sus respectivos signos zodiacales. Janina, que adem\u00e1s es ec\u00f3loga furibunda (\u00bfc\u00f3mo no serlo cuando se ha presenciado impotente la destrucci\u00f3n de la vida desde tu ventana?), que ocasionalmente pierde los estribos ante la indolencia de la polic\u00eda y de los ciudadanos que tienen cosas m\u00e1s importantes que \u201co\u00edr a una vieja chalada\u201d, se transforma en una especie de Sherlock, a quien no puede faltarle su Watson \u2013o m\u00e1s bien: un Padre Baskerville que no puede estar sin su peque\u00f1o Adso\u2013 Dioni, su joven alumno, poco menos que un adolescente, y uno de<br \/>\nlos pocos personajes a quien se refiere por su nombre y no por un apodo (odia los nombres polacos, empezando por el propio, se\u00f1ala en alguna parte, quiz\u00e1 porque estropean la sensaci\u00f3n de estar dentro de una aut\u00e9ntica novela negra). Pero contrario a la inmensa mayor\u00eda de los detectives m\u00e1s afamados de la literatura, y esto lo advierte Dioni con cierto espanto, no es hacer justicia lo que mueve a esta delicada mujercita que cocina sopas deliciosas que se antoja ensayar fuera del libro, sino, m\u00e1s bien, descubrir al justiciero que act\u00faa a favor de las desprotegidas \u2013y preciosas\u2013 bestias del bosque, acaso para abrazarlo\u2026 si es que \u00e9l o ella se lo permite: empieza a circular el rumor de que el asesino no es humano, que no puede serlo dada la sa\u00f1a con que mata (adem\u00e1s de la forma) y la presencia de pezu\u00f1as marcadas en la nieve en torno a las v\u00edctimas. Se dedica todo un cap\u00edtulo al Chupacabras, que al parecer es un mito global, aunque en aquel rinc\u00f3n de Polonia se le conciba como un le\u00f3n y no como un extraterrestre. Janina, que es tambi\u00e9n la narradora, no tiene empacho en describirse como la ven los dem\u00e1s \u2013y no a partir de suposiciones: en su cara le gritan que es una vieja chalada, m\u00e1s de una vez\u2013 pero gusta de sorprendernos con facetas de su personalidad, especialmente de su juventud, que hacen de ella toda una feminista, aunque su raz\u00f3n para evitar la maternidad parezca m\u00e1s pr\u00e1ctica que otra cosa. Sin embrago, esa mujercita menuda pero fuerte que habla con voz chiquita y llora a \u201clas muchachas\u201d (sus perras extraviadas) construy\u00f3 puentes en Siria, tuvo varios amantes e hizo de su vida lo que quiso, incluso cuando sus huesos resintieron las consecuencias del trabajo pesado y se ofreci\u00f3 a dar clases de ingl\u00e9s a ni\u00f1os, porque tuvo ganas de hacerlo. Y para el coqueteo nunca se es demasiado mayor, como podr\u00e1 verse en su desigual relaci\u00f3n con Pandedios, un taciturno vecino de edad af\u00edn a la suya (aunque nunca se menciona la cantidad de a\u00f1os). Aunque tiene dotes de escritora \u2013o eso le dicen\u2013 lo \u00fanico que escribe son cartas quejosas al ayuntamiento o a la polic\u00eda, que son una verdadera belleza.<\/p>\n<p>Los errantes, Bieguini en polaco, neologismo de la propia Olga derivado del verbo \u201ccorrer\u201d que hubiera estado muy bien conservar en las traducciones (Anagrama, Espa\u00f1a, 2019, traducci\u00f3n de Agata Orzeszek), Premio Man Booker Internacional (sin cuyo aval probablemente no la estar\u00edamos leyendo), se presenta como \u201cuna novela\u201d y pr\u00e1cticamente todas las rese\u00f1as, en todos los idiomas, se refieren a ella como tal. Pero desde mi muy modesta perspectiva no lo es y, en cierta forma, la autora lo se\u00f1ala cuando escribe \u201cHe aprendido a escribir en trenes, hoteles y salas de espera. En las mesitas abatibles de los aviones. Tomo apuntes durante las comidas, bajo la mesa o en el lavabo. Escribo en las escaleras de los museos, en los caf\u00e9s, en el coche aparcado en un arc\u00e9n. Lo apunto todo en retazos de papel, en blocs de notas, en tarjetas postales, en la palma de la mano, en servilletas, en los m\u00e1rgenes de los libros [\u2026] Con el paso de los a\u00f1os, el tiempo se ha ido convirtiendo en mi aliado, como lo es para todas las mujeres: me he vuelto invisible, transparente. Puedo [\u2026] observar a la gente mir\u00e1ndola de soslayo, escuchar sus ri\u00f1as y contemplar c\u00f3mo duermen apoyando la cabeza sobre sus mochilas, c\u00f3mo conversan, sin ser conscientes de mi presencia.\u201d<\/p>\n<p>Este libro se aproxima mucho m\u00e1s a otros g\u00e9neros \u2013si en verdad es obligatorio clasificar una obra literaria para disfrutarla m\u00e1s o mejor\u2013 que al novel\u00edstico. Podr\u00eda ser un monogatari, g\u00e9nero japon\u00e9s a menudo empleado por los traductores de ese idioma para designar una novela o un relato, aunque a diferencia de \u00e9stos, los personajes, que siempre ser\u00e1n m\u00faltiples, cientos y hasta miles, se superponen a la, o las historias que los acompa\u00f1an. Podr\u00eda, tambi\u00e9n, ser una colecci\u00f3n de cr\u00f3nicas de viajes en primera y tercera personas, con personajes incidentales que ingresan en escena y salen de ella para nunca m\u00e1s regresar, sin que el conflicto que representan tenga un cierre, raz\u00f3n por la que tampoco podr\u00eda ser un monogatari, mucho menos relatos, no formales al menos. Yo le apuesto m\u00e1s a una serie de textos e historias recogidas espont\u00e1neamente en notas sueltas, a los que posteriormente se le dio una cohesi\u00f3n para presentarlo como un libro sobre el viaje y sus viajeros, \u00e9sos cuyo cord\u00f3n umbilical con los aeropuertos y otros medios de transporte es el llamado kit de supervivencia, que en el caso de Olga incluye cepillo de dientes, crema facial, un absorbente librote y una libreta; los que siempre corren por los aeropuertos (un gerundio de bieguini podr\u00eda estar bien para designar este ejercicio, que forma parte de la atm\u00f3sfera de estas ciudades dentro de otras. Un libro fascinante, raro y peligroso como el aeropuerto m\u00e1s sorprendente del mundo que, nos dice Olga, es el de Estocolmo, con suelos de hermoso parqu\u00e9 de roble oscuro, aunque \u201cPretendiendo entablar una conversaci\u00f3n, babuc\u00ed algo acerca del malbaratamiento del bosque en aras de pavimentar un aeropuerto.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eve Gil Nacida el 29 de enero de 1962 en Sulech\u00f3w, Polonia, Olga Nawoja Tokarczuk es, despu\u00e9s de Pearl s. Buck, la mujer m\u00e1s joven en ganar el Premio Nobel de Literatura. 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