{"id":15540,"date":"2020-04-27T13:53:17","date_gmt":"2020-04-27T19:53:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15540"},"modified":"2020-04-27T13:53:17","modified_gmt":"2020-04-27T19:53:17","slug":"el-virus-que-todos-jugamos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15540","title":{"rendered":"El virus que todos jugamos"},"content":{"rendered":"<p>Herman Bellinhausen<\/p>\n<p>Grandes igualadoras, las epidemias no respetan dignidades ni estratos sociales. Siempre fueron un reto mayor, no tanto para la inteligencia (para eso estaban los sabios y chamanes, hoy encarnados en los cient\u00edficos), como para la capacidad de comprensi\u00f3n de la gente com\u00fan. \u00bfQu\u00e9 es? \u00bfPor qu\u00e9 pasa? \u00bfC\u00f3mo le hago para no morirme? La neumon\u00eda mortal del Covid-19 resulta menos infame que el c\u00f3lera, como en Muerte en Venecia, donde el personaje de Thomas Mann, por andar contrariando la cuarentena, contrae la letal diarrea que afecta tanto al pueblo como a los nobles y los distinguidos turistas de toda Europa.<br \/>\nAdem\u00e1s lo hace por razones reprobables, no tanto en b\u00fasqueda ideal de la belleza, como por seguir los instintos de la carne y de un deseo, para colmo, prohibido. Susan Sontag lo interpreta, pensando en lo que pensar\u00eda Mann, como un castigo.<\/p>\n<p>Cuando Sontag escribi\u00f3 La enfermedad y sus met\u00e1foras (1978) no analizaba una epidemia, aunque mencionaba algunas, sino la enfermedad del siglo XX, el c\u00e1ncer, opuesto a la del siglo XIX, la tuberculosis, y en p\u00e1ginas inolvidables describ\u00eda las met\u00e1foras que la mente humana se inventa para explicarlas, o al menos darles un sentido comprensible, pero irracional. Aquel era un ensayo sobre la sensatez. Combat\u00eda los mitos con ideas, y la aceptaci\u00f3n simple de que una enfermedad es eso, una enfermedad, un evento de la naturaleza que debe ser comprendido y m\u00e9dicamente combatido desde lo racional. No se quer\u00eda un alegato cient\u00edfico, pero de ciencia hablaba al desmontar los cuentos, las fantas\u00edas miedosas o idealizadoras que esas enfermedades provocaban en la poblaci\u00f3n, y en la literatura.<\/p>\n<p>La enfermedad del siglo XXI es la pandemia. La misma Sontag debi\u00f3 redactar 10 a\u00f1os despu\u00e9s un adenda al calor de la pandemia del sida. En ambos textos la animaba su personal experiencia (el primero, su propio c\u00e1ncer, del cual logr\u00f3 curarse; el segundo, la gran cantidad de amigos que mor\u00edan por sida). Y tambi\u00e9n porque su primer escrito era citado y exprimido para el sida, a falta de un mejor manual accesible de cordura, as\u00ed que ella decidi\u00f3 ponerlo al d\u00eda, pues no se trataba de lo mismo. El sida y sus met\u00e1foras s\u00ed ata\u00f1en a una epidemia. Una pandemia mortal acosada por la culpa y el desprestigio. Un nuevo escal\u00f3n de miedo, ahora al sexo. All\u00ed admit\u00eda que la finalidad de sus reflexiones era calmar la imaginaci\u00f3n, no incitarla.<\/p>\n<p>No lo minimicemos, de cara a la nueva y global pandemia que tiene atrapadas nuestra atenci\u00f3n, nuestros temores y prejuicios, nuestro tiempo de encierro y soledad. A merced de la hiperconectividad continua, la imaginaci\u00f3n y la irracionalidad viven bombardeadas de informaci\u00f3n real o ficticia, con bases s\u00f3lidas, l\u00edquidas o inexistentes. \u00d3rdenes de la autoridad (tard\u00edas o no, correctas o no) y desaf\u00edos fan\u00e1ticos o por oposici\u00f3n pol\u00edtica. M\u00e1s que incitada, como tem\u00eda Sontag, nuestra imaginaci\u00f3n est\u00e1 excitada, casi convulsa.<\/p>\n<p>Entre gobernantes bufonescos con impacto global y denonados esfuerzos pedag\u00f3gicos de los epidemi\u00f3logos, vir\u00f3logos, neum\u00f3logos y matem\u00e1ticos, nadie est\u00e1 seguro de nada y f\u00e1cilmente cree lo mismo una cosa que otra. Los n\u00fameros son verdad. Son mentira. A r\u00edo revuelto, ganancia de los de siempre. Cu\u00e1ntos peligros acechan en la conducta social descentrada. En actitudes cotidianas, como los frecuentes actos de agresi\u00f3n contra trabajadores de la salud, o los desplantes invasivos, muy masculinos, de machos que ni se cuidan ni se van a morir porque son bien chingones; se burlan de los cubrebocas, violentan la sana distancia, humillan por desacato.<\/p>\n<p>Se acumulan agresiones, desprecios y abandonos contra los adultos mayores, una nueva violencia familiar a la alza. Se les coloca en la ruta del sacrificio, como en Diario de la guerra del cerdo (1969), la inquietante novela de Adolfo Bioy Casares donde, prefigurando la inminente dictadura argentina, narra la ola de asesinatos impunes contra los viejos, a cargo de j\u00f3venes organizados, los turcos, con un predicador en jefe que, claro, remite a Hitler. Aquellos juegos de holocausto de Bioy comienzan a cumplirse en las ciudades. A eso juegan los millonarios que rodean al mandatario de Estados Unidos, por ejemplo, o a los de Inglaterra y Brasil: los viejos cuestan y no producen, son sacrificables. Queda una manera de recuperar el prestigio, dir\u00e1 el protagonista de Bioy: morir.<\/p>\n<p>A la Inquisici\u00f3n renacentista no le gustaban los galenos y los d\u00e9biles a la hora de las pestes. Como esos mexicanos hoy en cualquier esquina o tienda que ven venir una enfermera y algo le hacen. Tenemos acumulados varios caldos de odio, bajo el garapi\u00f1ado de la postura pol\u00edtica, el racismo y el inter\u00e9s mercantil. No debemos permitir que el virus nos afecte la inteligencia, la empat\u00eda y la solidaridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Herman Bellinhausen Grandes igualadoras, las epidemias no respetan dignidades ni estratos sociales. Siempre fueron un reto mayor, no tanto para la inteligencia (para eso estaban los sabios y chamanes, hoy encarnados en los cient\u00edficos), como para la capacidad de comprensi\u00f3n de la gente com\u00fan. \u00bfQu\u00e9 es? \u00bfPor qu\u00e9 pasa? \u00bfC\u00f3mo le hago para no morirme? [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":15542,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-15540","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15540","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=15540"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15540\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15543,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/15540\/revisions\/15543"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/15542"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=15540"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=15540"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=15540"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}