{"id":15650,"date":"2020-05-09T12:27:17","date_gmt":"2020-05-09T18:27:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15650"},"modified":"2020-05-09T12:27:17","modified_gmt":"2020-05-09T18:27:17","slug":"gunter-grass-y-los-ninos-perdonados-de-hitler","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=15650","title":{"rendered":"Gunter Grass y los ni\u00f1os perdonados de Hitler"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler envi\u00f3 al combate a cerca de 200 mil ni\u00f1os y adolescentes. Los aliados \u2013vencedores hace 75 a\u00f1os\u2013 decretaron una amnist\u00eda para los j\u00f3venes alemanes nacidos a partir de 1919 que participaron en la guerra. Despu\u00e9s, algunos de los sobrevivientes de esa generaci\u00f3n se volvieron importantes por contribuir destacadamente en la construcci\u00f3n de la democracia alemana. Uno de ellos: el Premio Nobel de Literatura G\u00fcnter Grass<\/p>\n<p>BERL\u00cdN<\/p>\n<p>(Proceso).-<\/p>\n<p>Hans V. acababa de cumplir 16 a\u00f1os cuando qued\u00f3 ciego. La mayor tragedia de su vida sucedi\u00f3 d\u00edas antes de que la Alemania nazi capitulara ante las fuerzas aliadas el 8 de mayo de 1945. Fue durante uno de los ataques de los bombarderos estadunidenses cuando las esquirlas de una bomba cegaron para siempre a este ni\u00f1o originario de Sajonia.<\/p>\n<p>Como todos sus compa\u00f1eros de secundaria, Hans V. era auxiliar de artiller\u00eda antia\u00e9rea de la Wehrmacht, el ej\u00e9rcito alem\u00e1n, y a su corta edad tuvo que formar parte de la denominada Generaci\u00f3n Flakhelfer (ayudantes de artiller\u00eda antia\u00e9rea), ese grupo de alrededor de 200 mil ni\u00f1os a quienes Adolfo Hitler mand\u00f3 a la lucha en la \u00faltima fase de una guerra que ya se sab\u00eda perdida.<\/p>\n<p>Como muchos temas y asuntos relativos al pasado nazi, el de la participaci\u00f3n de los menores de edad, a\u00fan ni\u00f1os, en la guerra promovida por los nacionalsocialistas permaneci\u00f3 durante mucho tiempo silenciado en la opini\u00f3n p\u00fablica alemana. En parte porque lo pol\u00e9mico del tema, si bien coloca a esta infancia como v\u00edctima, tambi\u00e9n la apuntala como autora, porque fue justamente esa generaci\u00f3n la que despu\u00e9s construy\u00f3 las bases de la democracia alemana y contribuy\u00f3 al esplendor econ\u00f3mico del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Fue en 2006 cuando el escritor y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1999, G\u00fcnter Grass, destap\u00f3 la caja de pandora. En un pasaje de su novela autobiogr\u00e1fica Pelando la cebolla, el autor confes\u00f3 su paso voluntario, a los 17 a\u00f1os, por la temida Waffen-SS, la secci\u00f3n armada del grupo paramilitar nazi.<\/p>\n<p>Guenter Grass, ganador del Premio Nobel de Literatura. Foto: Foto AP \/ Fritz Reiss<br \/>\nEl tema entonces salt\u00f3 a la palestra y el debate no se hizo esperar entre los que condenaron los a\u00f1os de silencio y ocultamiento y pusieron en entredicho la calidad moral de una de las plumas m\u00e1s reconocidas de los \u00faltimos a\u00f1os, y entre quienes pidieron indulgencia y comprensi\u00f3n no s\u00f3lo para Grass, sino para toda una generaci\u00f3n que comparti\u00f3 las mismas circunstancias hist\u00f3ricas: crecer en medio del nazismo.<\/p>\n<p>En su libro El ayudante antia\u00e9reo. Una generaci\u00f3n rota, el historiador Malte Herwig se\u00f1ala que, al t\u00e9rmino de la guerra, las potencias vencedoras decretaron una amnist\u00eda para los j\u00f3venes alemanes nacidos a partir de 1919 que participaron en la guerra. \u201cPero con los a\u00f1os, la amnist\u00eda fue seguida por la amnesia. Y los errores juveniles fueron perdonados y olvidados\u201d, apunta Herwig.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de Grass, el tambi\u00e9n polit\u00f3logo menciona en su texto nombres que despu\u00e9s se volvieron importantes por contribuir destacadamente en la construcci\u00f3n de la nueva rep\u00fablica alemana y que, sin embargo, durante sus mocedades sucumbieron a la seductora demagogia de Goebbels, Hitler y compa\u00f1\u00eda, afili\u00e1ndose incluso al partido nazi. Algunos de ellos son el tambi\u00e9n escritor Martin Walser, el compositor Hans Werner Henze, el pol\u00edtico Hans-Dietrich Genscher, quien durante casi 20 a\u00f1os fue ministro federal; e incluso el mismo Joseph Ratzinger, elegido Papa en 2005 y quien, si bien no fue miembro del partido, s\u00ed particip\u00f3 a los 16 a\u00f1os como refuerzo de la fuerza a\u00e9rea alemana en 1943.<\/p>\n<p>Junto a ellos hubo muchos m\u00e1s. Una generaci\u00f3n de hombres y mujeres cuya ni\u00f1ez y adolescencia estuvo impregnada por la pobreza de la posguerra y por la ideolog\u00eda nacionalsocialista.<\/p>\n<p>Ni\u00f1os entusiasmados<\/p>\n<p>A partir de 1943 el ej\u00e9rcito alem\u00e1n comenz\u00f3 a necesitar refuerzos. En 1942 el avance de los nazis y sus aliados se hab\u00eda detenido: Jap\u00f3n perd\u00eda las batallas navales y las tropas europeas del Eje fueron derrotadas en el norte de \u00c1frica y en la decisiva batalla de Stalingrado. Urg\u00edan, entonces, los refuerzos para suplir a todos los soldados alemanes que permanentemente eran trasladados desde 1943 a combatir a los frentes oriental y occidental.<\/p>\n<p>En la dirigencia nazi se discuti\u00f3 la posibilidad de llamar a filas a los ni\u00f1os a partir de los 15 a\u00f1os. El ministro de Educaci\u00f3n y dirigente del partido nacionalsocialista, Martin Bormann, se opuso a ello. Pero el jefe de Propaganda, Joseph Goebbels, y el Reichsmarschall, Herman G\u00f6ring, estaban en favor.<\/p>\n<p>Entonces Hitler decidi\u00f3 que ser\u00edan los alumnos de secundaria y bachillerato quienes ocupar\u00edan los espacios en el frente \u201cdom\u00e9stico\u201d, para que alrededor de 120 mil soldados adultos llenaran, a su vez, los huecos causados por las bajas en el frente oriental.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed que el 15 de febrero de 1943 los primeros 70 mil ni\u00f1os de secundaria juraron luchar con obediencia, valor y lealtad. Fueron tres generaciones completas \u2013los nacidos en 1927, 1928 y 1929\u2013 y alrededor de 200 mil ni\u00f1os los que tuvieron que ir a la guerra hasta el final de \u00e9sta en mayo de 1945. Sus edades oscilaron entre los 15 y 18 a\u00f1os y su tarea era la de operar los ca\u00f1ones antia\u00e9reos conocidos como flak. Eran, pues, auxiliares de artiller\u00eda a\u00e9rea.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s de los flakhelfer, en los \u00faltimos meses de la guerra \u2013en octubre de 1944\u2013 los nazis crearon el Volksturm, la \u00faltima formaci\u00f3n militar que buscaba apoyar al Ej\u00e9rcito alem\u00e1n (la Wehrmacht). Incluy\u00f3 a pr\u00e1cticamente todos los hombres, desde los 16 a los 60 a\u00f1os, que ten\u00edan la tarea de reforzar las tropas. Las Waffen-SS, la secci\u00f3n armada del grupo paramilitar SS de los nazis, tambi\u00e9n reclut\u00f3 a j\u00f3venes, casi ni\u00f1os, al final de la guerra.<\/p>\n<p>Nota de inter\u00e9s:<\/p>\n<p>\u201cUno simplemente estaba defendiendo a su patria. Y ten\u00edamos la idea de que est\u00e1bamos haciendo algo por ella\u201d, explica Jan-Heinz Schierenbeck, flakhelfer originario de Bremen, en el documental Entre la lucha a\u00e9rea y los ex\u00e1menes de lat\u00edn, y que re\u00fane los testimonios de un grupo de sobrevivientes de esta generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cEran nuestros enemigos. Y con esa idea crecimos, ten\u00edamos que ver a esa gente como nuestros enemigos\u201d, dice por su parte Richard Dzikowski.<\/p>\n<p>\u201cNos sent\u00edamos como soldados y quer\u00edamos ser soldados y no s\u00f3lo ayudantes. Y de hecho lo fuimos, porque entramos totalmente en acci\u00f3n\u201d, expone Gerd-Heinrich Neumann.<\/p>\n<p>Como ellos, muchos de los ni\u00f1os y j\u00f3venes que fueron a la guerra lo hicieron, contrario a lo que se pensara, entusiasmados y orgullosos de poder servir a su patria. Si la propaganda nazi hab\u00eda envuelto a los adultos, los menores \u2013que no conoc\u00edan m\u00e1s sistema que ese\u2013 pr\u00e1cticamente no se cuestionaban nada.<\/p>\n<p>Tras un apresurado entrenamiento de cuatro semanas, la mayor\u00eda de ellos lograba dominar el radar y la bal\u00edstica y quedaban listos para operar directamente los ca\u00f1ones antia\u00e9reos. Y es que, para pr\u00e1cticamente todos, la disciplina militar no les era del todo desconocida.<\/p>\n<p>Las chicas rel\u00e1mpago<\/p>\n<p>Desde el inicio de la dictadura el partido nazi convirti\u00f3 a las Juventudes Hitlerianas (HJ) en la \u00fanica asociaci\u00f3n juvenil reconocida por el Estado. Su tarea era reclutar a todos los ni\u00f1os varones del Reich en edades entre los 10 y 14 a\u00f1os para adoctrinarlos en el esp\u00edritu del nacionalsocialismo, educarlos bajo la premisa de lealtad a Hitler y darles una preformaci\u00f3n militar.<\/p>\n<p>Para el caso de las ni\u00f1as, exist\u00eda la Uni\u00f3n de Ni\u00f1as (Jungm\u00e4delbund) y la Uni\u00f3n Alemana de Chicas (Bund Deutsch M\u00e4del), que agrupaban a las ni\u00f1as de entre 10 y 14 a\u00f1os y de 14 a 18 a\u00f1os, respectivamente.<\/p>\n<p>Acorde con el concepto nacionalsocialista, las HJ buscaban dominar y homogeneizar el pensamiento de la ni\u00f1ez y juventud en todos los \u00e1mbitos de la vida. Y por eso el cumplimiento cabal de las actividades y citas con la organizaci\u00f3n ten\u00edan prioridad sobre cualquier otra cosa, incluida la escuela.<\/p>\n<p>Desde 1944 las mujeres tambi\u00e9n fueron llamadas al ej\u00e9rcito. Las adolescentes se desempe\u00f1aron, en su mayor\u00eda, como asistentes de noticias y a algunas m\u00e1s \u2013conocidas como blitzm\u00e4del o chicas rel\u00e1mpago\u2013 se les instruy\u00f3 en la operaci\u00f3n y reparaci\u00f3n de los reflectores con los que alumbraban durante las noches y madrugadas a los bombarderos aliados para buscar su derribo.<\/p>\n<p>Hay una estad\u00edstica oficial que refiere que durante esos \u00faltimos a\u00f1os de la guerra cayeron alrededor de 60 mil menores de edad. Pero historiadores e investigadores coinciden en que, aunque se desconoce la cifra exacta, en realidad fueron muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p>El alivio<\/p>\n<p>Hans V. qued\u00f3 ciego s\u00f3lo unos d\u00edas antes de la ca\u00edda de Berl\u00edn. Pese al enorme drama de no ver m\u00e1s, el todav\u00eda ni\u00f1o de apenas 16 a\u00f1os, a quien el casco y uniforme de guerra le quedaban enormes, sinti\u00f3 alivio y cierto dejo de alegr\u00eda cuando, herido, fue transportado al hospital. Quedaban atr\u00e1s los temidos bombarderos estadunidenses que ten\u00edan la misi\u00f3n de destruir a los flaks alemanes.<\/p>\n<p>D\u00edas despu\u00e9s la guerra termin\u00f3. Pero Hans V. nunca m\u00e1s recuper\u00f3 la vista. Sanado de las heridas un par de a\u00f1os despu\u00e9s, el a\u00fan adolescente tuvo la posibilidad de asistir a un instituto para ciegos en su natal Chemnitz, donde recibi\u00f3 una formaci\u00f3n y logr\u00f3 trabajar durante su vida adulta como telefonista y secretario taquimecan\u00f3grafo. Tambi\u00e9n se cas\u00f3 y tuvo hijos.<\/p>\n<p>Su historia la cuenta a Proceso Karl Wilmes, quien a los 18 a\u00f1os tambi\u00e9n, como soldado alem\u00e1n, perdi\u00f3 la vista durante la guerra.<\/p>\n<p>La historia de Wilmes es similar a todas: entusiasmado con la posibilidad de hacer carrera en la fuerza a\u00e9rea alemana, como radiotelegrafista, el joven se enrol\u00f3 voluntariamente. Sin embargo, en vez de ser enviado a la Luftwaffe, lo destinaron a la infanter\u00eda, en la unidad de refuerzo de las tropas en el frente oriental.<\/p>\n<p>\u201cMe fui a la oscuridad el 21 de agosto de 1944 a las 16:55 horas. Despu\u00e9s de la comida se registr\u00f3 un ataque del Ej\u00e9rcito Rojo y en mis ojos entraron esquirlas\u201d, recuerda con asombrosa lucidez este abuelo, que el 1 de abril cumpli\u00f3 94 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Como Hans V. y muchos m\u00e1s, el joven Karl sinti\u00f3 alivio cuando lo sacaron del frente para trasladarlo a un hospital militar. Durante los d\u00edas y semanas posteriores s\u00f3lo lo animaba el hecho de volver a casa, con su familia. Pero la sorpresa fue grande cuando volvi\u00f3 a su natal Gelsenkirchen, en la cuenca del Ruhr: ya no hab\u00eda casas y la ciudad estaba totalmente en ruinas.<\/p>\n<p>\u201cLa familia estaba gracias a Dios, pero no hab\u00eda m\u00e1s casa, ni m\u00e1s pueblo. Fue medio a\u00f1o \u2013hasta que termin\u00f3 la guerra\u2013 de andar mud\u00e1ndonos de casa en casa permanentemente porque los constantes bombardeos lo destru\u00edan todo\u201d, dice.<\/p>\n<p>Al t\u00e9rmino de la guerra Wilmes fue sometido a dos operaciones, pero no logr\u00f3 recuperar la vista. Sin embargo, en una de las dos intervenciones conoci\u00f3 a la que se convertir\u00eda en su esposa, la enfermera M\u00eda Nolte.<\/p>\n<p>A 75 a\u00f1os de aquello y ya ambos viudos, Hans V. y Karl Wilmes todav\u00eda de vez en cuando toman juntos una copa de vino. Estos dos exflakhelfer pasan los \u00faltimos a\u00f1os de su vida en la casa de retiro para ciegos de guerra de Brilon-Gudenhagen, en el estado federado de Westfalia del Norte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, Adolfo Hitler envi\u00f3 al combate a cerca de 200 mil ni\u00f1os y adolescentes. 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