{"id":20595,"date":"2021-02-15T07:06:45","date_gmt":"2021-02-15T13:06:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=20595"},"modified":"2021-02-15T07:06:45","modified_gmt":"2021-02-15T13:06:45","slug":"el-hombre-amuleto","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=20595","title":{"rendered":"El hombre amuleto"},"content":{"rendered":"<p>El hombre amuleto<\/p>\n<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<p>Hay historias de alguien que s\u00f3lo son vidas, desacomodadas de la actualidad o lo que sea que atraiga el as\u00ed llamado inter\u00e9s general. Hombres y mujeres con una existencia discreta y artesanal, necesarios sin que nadie lo sepa; a lo m\u00e1s, secretos a voces de que all\u00ed reside lo excepcional que no pide nada, salvo afecto. Su premio est\u00e1 en el uso que la gente haga de lo que aportan. Una claridad humana de tal transparencia que consideramos invisible, de manera equivocada, tal como lo demuestra la diferencia abismal entre lo que es y lo que est\u00e1, y se siente de manera tremenda cuando deja de estar.<\/p>\n<p>As\u00ed nos pas\u00f3 con Seraf\u00edn. Como el Ishmael de Melville, pidi\u00f3 que se le llamara as\u00ed, dando por hecho una cierta identidad ang\u00e9lica. En su ir y venir pr\u00e1ctico a todos ayudaba a bien estar. Pocos ten\u00edan ojos para \u00e9l, pero \u00e9l compensaba el descuido general teniendo ojos y o\u00eddos para todos, sin que la mayor\u00eda lo notara. Su voz era baja, viril en tono menor. Les gustaba a las mujeres pero \u00e9l no hac\u00eda nada al respecto, salvo ser gentil. Carec\u00eda de ambiciones, fueran de fama, gratitud o seducci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sus favores no eran los de un pol\u00edtico ni los de un santo. Daba, no conced\u00eda. Hac\u00eda, no promet\u00eda. Nadie hubiera querido ser \u00e9l, lo que lo libraba de envidias. Qu\u00e9 concepto m\u00e1s ajeno a Seraf\u00edn: envidia. Aunque la pintaran verde, sab\u00eda que tiene un color m\u00e1s gris que los celos. Ambos, infiernos a los que no se postul\u00f3. Ignoramos si era feliz, pero de seguro no fue infeliz.<\/p>\n<p>Prestaba poca importancia al acto de decir. Lo suyo fue hacer, a las chitas callando pero con fervor. Era de esos que todos quieren, imperceptiblemente. S\u00f3lo los vanidosos y los arrogantes eran capaces de no saludarlo. Los inteligentes tontos eran impermeables a Seraf\u00edn, quien no ten\u00eda un pelo de tonto, pero no se preocupaba por hacerlo saber. Buen perdedor en los juegos, no le gustaba apostar. Por eso era dif\u00edcil ganarle la partida. El jugaba por amor al billar, la baraja, el domin\u00f3 y la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Reparaba aver\u00edas del vecindario sin cobrar un centavo, aceptaba con gusto un vaso de limonada fr\u00eda y ya con eso. Un tonto famoso lo compar\u00f3 con un simio. Otro lo defini\u00f3 como un cero a la izquierda. Lo del cero pod\u00edan met\u00e9rselo por ah\u00ed, pero lo de izquierda pues s\u00ed, toda la vida, de hecho. Se herman\u00f3 de joven con los zapateros anarquistas de la Rep\u00fablica exilada, acompa\u00f1\u00f3 a piqueteros y manifestantes, aport\u00f3 y sirvi\u00f3 el almuerzo a huelguistas. No era humilde, s\u00f3lo realista. Los aspavientos son cosa de los molinos, que no por nada Don Quijote consider\u00f3 enemigos monstruosos.<\/p>\n<p>No agitaba brazos y manos, los usaba. Transmit\u00eda la sensaci\u00f3n de no necesitar otra cosa que estar y obrar en silencio. No tuvo verdaderos enemigos, no hab\u00eda en \u00e9l nada que odiar.<\/p>\n<p>Hombre simple, pero no un simple. Con un tinte de experto en las cosas m\u00e1s sencillas, para las que muchos son torpes, limpiaba si era el caso, cocinaba con delicadeza. Su juicio eran tan desinteresado que pon\u00eda en rid\u00edculo a los fan\u00e1ticos y los farsantes, mas nunca le tir\u00f3 a nadie a matar.<\/p>\n<p>Para las beatas en el mercado era un alma de Dios. \u00c9l, tan ateo como que el pan es pan, sab\u00eda plomer\u00eda, electricidad, jardiner\u00eda, carpinter\u00eda. Cargaba penas y bultos ajenos con absoluta discreci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando nadie lo observaba, cosa que era habitual, le\u00eda las noticias o las escuchaba en la radio. Acompa\u00f1ando conversaciones, de verle la cara uno sab\u00eda que entend\u00eda todo. Cu\u00e1ntas veces el brillo de sus ojos ante una afirmaci\u00f3n elocuente hac\u00eda que se nos antojara escucharlo, pero su sonrisa impenetrable defin\u00eda en pocas s\u00edlabas su aceptaci\u00f3n, rechazo o puede ser.<\/p>\n<p>Su presencia era querida para quienes lo quer\u00edan. Serv\u00eda como amuleto, me atrevo a se\u00f1alar. Hab\u00eda personas que lo visitaban antes de comprar un boleto de loter\u00eda o emprender un viaje, por mera superstici\u00f3n.<\/p>\n<p>En su lejana juventud particip\u00f3 en las marchas antimperialistas contra las guerras en Argelia y Vietnam, en defensa de Cuba y de los obreros inconformes, con el tiempo los ind\u00edgenas y en tiempos m\u00e1s recientes los desaparecidos y las mujeres de morado. Estas \u00faltimas, de lejecitos, hombre de pelo en pecho, no le fueran a faltar al respeto las se\u00f1oritas con pasamonta\u00f1as y espray.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se fue. Que ten\u00eda un asunto en el norte, y que quiz\u00e1s ya no le diera tiempo de regresar. No supimos m\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hombre amuleto Hermann Bellinghausen Hay historias de alguien que s\u00f3lo son vidas, desacomodadas de la actualidad o lo que sea que atraiga el as\u00ed llamado inter\u00e9s general. 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