{"id":20853,"date":"2021-02-25T16:18:11","date_gmt":"2021-02-25T22:18:11","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=20853"},"modified":"2021-02-25T16:18:11","modified_gmt":"2021-02-25T22:18:11","slug":"la-linguistica-y-el-psicoanalisis","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=20853","title":{"rendered":"La Ling\u00fc\u00edstica y el psicoan\u00e1lisis"},"content":{"rendered":"<div><b>Los conceptos fundamentales aportados por Lacan (1901-1981) a la teor\u00eda y la t\u00e9cnica psicoanal\u00edticas desde las perspectivas estructuralista, antropol\u00f3gica, ling\u00fc\u00edstica y topol\u00f3gica, tratando tambi\u00e9n de mostrar que su obra supone algo m\u00e1s que un mero retorno a Freud, pues dio lugar a la constituci\u00f3n de una escuela particular y genuina dentro del psicoan\u00e1lisis, cuyas originales ideas han sido y son muy discutidas.<\/b><\/div>\n<div><\/div>\n<div><b>El encuentro de Lacan con el estructuralismo a trav\u00e9s de la antropolog\u00eda y de la ling\u00fc\u00edstica<\/b><\/div>\n<div><\/div>\n<div>El feliz encuentro de Lacan con el estructuralismo tuvo lugar tras la lectura de la obra de L\u00e9vi-Strauss titulada\u00a0<i>Estructuras elementales del parentesco,<\/i>\u00a0que hab\u00eda aparecido en 1949, donde se defend\u00eda una tesis que iba m\u00e1s all\u00e1 de la que hab\u00eda sostenido Freud en su concepci\u00f3n del nacimiento de la sociedad humana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Al respecto, Freud hab\u00eda afirmado en T\u00f3tem y tab\u00fa que el complejo de Edipo era el n\u00facleo a partir del cual la Humanidad se fue desarrollando culturalmente, complejo que de alguna manera estaba inscrito de forma universal y biol\u00f3gica en todos nosotros, siendo el fruto filogen\u00e9tico de un parricidio original y del subsiguiente terror al incesto por obediencia retroactiva a las prohibiciones que el padre poderoso hab\u00eda impuesto en vida.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>L\u00e9vi-Strauss, desde la antropolog\u00eda, fundament\u00f3 el complejo de Edipo en la existencia de una funci\u00f3n simb\u00f3lica, entendida como un principio estructural de la organizaci\u00f3n inconsciente, y aun admitiendo la existencia de aspectos comunes y nucleares, variar\u00eda en las diferentes culturas, con lo que superaba la visi\u00f3n biologista y un\u00edvoca freudiana.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Seg\u00fan L\u00e9vi-Strauss, la prohibici\u00f3n del incesto ser\u00eda la nota clave del complejo de Edipo, el factor esencial para pasar de lo animal a lo humano y el germen de la c\u00e9lula familiar, c\u00e9lula que deb\u00eda atenerse a una serie de prescripciones que obligan inconscientemente a atenerse de alguna forma a los modelos dados por los ascendientes, en el sentido de repetirlos o prohibirlos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tales ideas estructuralistas influyeron decisivamente en las concepciones de Lacan, permiti\u00e9ndole organizar su doctrina junto a los aportes, igualmente estructuralistas, que Saussure y Jakobson hab\u00edan establecido en la ling\u00fc\u00edstica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>As\u00ed, en El mito individual del neurotizado o poes\u00eda y verdad en la neurosis, Lacan aplica tal perspectiva estructuralista para dar cuenta de los avatares del Hombre de las ratas, uno de los famosos casos cl\u00ednicos de Freud, se\u00f1alando c\u00f3mo se hab\u00eda transmitido de una a otra generaci\u00f3n, bajo la forma de una especificaci\u00f3n negativa de la que no era consciente el sujeto afecto, la prohibici\u00f3n de una determinada alianza amorosa. Ello supon\u00eda la presencia de una misma estructura significante, que llevar\u00eda al desarrollo de las neurosis individuales, con sus matices particulares, a partir de tal significante com\u00fan.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ahora bien, Lacan consider\u00f3 en su enfoque la presencia del sujeto, que no cuenta en la perspectiva estructuralista propiamente dicha, donde se entiende que la estructura es completa y suficiente. Frente a tal posici\u00f3n, Lacan intent\u00f3 construir una noci\u00f3n novedosa de estructura, que resultara compatible con la presencia del sujeto tal como \u00e9ste se presenta en el dispositivo psicoanal\u00edtico, elaborando as\u00ed la idea de estructura des-completada abierta a la inclusi\u00f3n del sujeto.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En relaci\u00f3n con la ling\u00fc\u00edstica, la visi\u00f3n estructuralista apareci\u00f3 con Saussure al incluir, por un lado, la dimensi\u00f3n sincr\u00f3nica en el estudio de la lengua, dado que la mera historia de una palabra o visi\u00f3n diacr\u00f3nica no permite dar cuenta de su significado presente, el cual depende del sistema de la lengua, que est\u00e1 regulado por una serie de principios dependientes de la sincron\u00eda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por otra parte, resalt\u00f3 la relaci\u00f3n fundamental existente entre el significado y el signo, cosa que s\u00f3lo puede apreciarse contando con tal perspectiva sincr\u00f3nica. En efecto, el algoritmo estructural b\u00e1sico del lenguaje es para Saussure el signo ling\u00fc\u00edstico, que defini\u00f3 como aquello que une un concepto (significado o s) con una determinada representaci\u00f3n ps\u00edquica de cierta imagen ac\u00fastica (significante o S): s\/S.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Para Lacan, la posici\u00f3n de los referidos elementos del signo (s y S) deb\u00edan invertirse, dada la primac\u00eda del significante (S) sobre el significado (s), los cuales estar\u00edan separados por la barra de significaci\u00f3n: S\/s.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La noci\u00f3n de valor del signo es la mayor justificaci\u00f3n de la consideraci\u00f3n estructural del lenguaje. Al respecto podr\u00edamos pensar, dado que procede de la relaci\u00f3n relativamente fija entre S y s, que tal relaci\u00f3n quedar\u00eda garantizada aun considerando un signo aisladamente respecto a otros. Y ello no es as\u00ed: cada signo toma su significaci\u00f3n en virtud de su ubicaci\u00f3n en la cadena del discurso, resultando aqu\u00ed esencial la noci\u00f3n de corte o puntada de acolchado de Lacan.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tal puntada es, ante todo, una operaci\u00f3n a trav\u00e9s de la cual el significante detiene el deslizamiento de la significaci\u00f3n, que de otro modo se convertir\u00eda en un deslizamiento indefinido: es el hecho por el que un significante se asocia a un determinado significado en el discurso del sujeto, para lo cual ocasiona el enganche (?$) de dos puntos de la cadena significante.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Seg\u00fan Lacan ello acontece en cada frase y no en unidades elementales sucesivas, adem\u00e1s de ocurrir de forma retroactiva: de aqu\u00ed la ambig\u00fcedad de la enunciaci\u00f3n, habida cuenta que la delimitaci\u00f3n de las sucesivas significaciones ocurre a posteriori de la articulaci\u00f3n de la palabra. Debe tenerse en cuenta, adem\u00e1s, la acci\u00f3n de dos procesos ling\u00fc\u00edsticos, el metaf\u00f3rico y el meton\u00edmico, con cuya participaci\u00f3n se llega a un mejor entendimiento del establecimiento de los significantes. En todo caso, Lacan no incluir\u00eda las ideas de Jakobson sobre la met\u00e1fora y la metonimia (con sus personales matizaciones) hasta el 2 de mayo de 1956 en Situaci\u00f3n del psicoan\u00e1lisis y formaci\u00f3n del psicoanalista en 1956 (8) y de forma m\u00e1s extensa en La instancia de la letra en el inconsciente o la raz\u00f3n desde Freud, conferencia pronunciada el 9 de mayo de 1957.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En Funci\u00f3n y campo de la palabra y del lenguaje en psicoan\u00e1lisis, Lacan nos habla de la relaci\u00f3n existente entre el sujeto, el lenguaje y la palabra, mostrando as\u00ed los cimientos de su edificio te\u00f3rico. Fue la segunda lectura de Saussure, en junio de 1954, una vez conocidos los aportes genuinamente estructuralistas de Jakobson y Halle, cuando Lacan da un notable impulso a sus tesis, superando ideas anteriores. Debe destacarse al respecto la elaboraci\u00f3n en 1955 del famoso Seminario sobre \u2018La carta robada&#8217;, donde la teor\u00eda del significante alcanza un alto grado de complejidad, apareciendo el importante concepto de A (Autre u Otro), un espacio abierto de significantes que el sujeto encuentra desde su entrada en el mundo, de forma que entonces la idea lacaniana de significante implica una relaci\u00f3n estructural entre el deseo y el Otro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s hablar\u00eda del papel de la met\u00e1fora paterna o del Nombre-(No)-del-Padre (Nom-du-P\u00e8re), subrayando su participaci\u00f3n en la organizaci\u00f3n de la funci\u00f3n simb\u00f3lica del lenguaje, idea expresada por primera vez en 1953 en El mito individual del neurotizado, entonces escrita en min\u00fasculas nombre-(no)-del-padre. Aqu\u00ed, como en tantas ocasiones, Lacan se vale de sus cl\u00e1sicos juegos de palabras, de forma que la frase puede entenderse tanto como \u00abno\u00bb del padre como en el \u00abnombre\u00bb del padre, se\u00f1alando as\u00ed a la funci\u00f3n legisladora\/prohibidora\/castradora\/dadora del progenitor (ley del padre) respecto al deseo del ni\u00f1o, tem\u00e1tica que fue retomada en el Seminario\u00a0<i>La identificaci\u00f3n durante el curso 1961-1962.\u00a0<\/i><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Con estos ladrillos Lacan abord\u00f3 lo que sucede en el trabajo del sue\u00f1o: si el sue\u00f1o se caracteriza por una actividad de transposici\u00f3n del contenido latente al manifiesto, esto es traducible, a la luz de la teor\u00eda saussuriana, como el deslizamiento del significado bajo el significante.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Existir\u00edan, adem\u00e1s, dos posibilidades de la incidencia del significante sobre el significado, seg\u00fan ideas de Jakobson, remitiendo una a la condensaci\u00f3n, que concierne a una estructura de superposici\u00f3n de significantes (met\u00e1fora), y la otra a un viraje de la significaci\u00f3n, que se da en el desplazamiento (metonimia). Tal forma de funcionar del inconsciente fue extendida por Lacan a la formaci\u00f3n del chiste o de los s\u00edntomas de los diversos trastornos mentales, el proceso del deseo, la importancia clave de la met\u00e1fora paterna como acceso a lo simb\u00f3lico, etc.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Precisemos algo m\u00e1s los conceptos lacanianos de met\u00e1fora y metonimia siguiendo las ideas de Evans:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El concepto tradicional de met\u00e1fora implica la aplicaci\u00f3n de una palabra o de una expresi\u00f3n a un objeto o a un concepto al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparaci\u00f3n, en este caso t\u00e1cita, y facilitar su comprensi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lacan, siguiendo la l\u00ednea abierta por Jakobson, identifica la met\u00e1fora con el eje sustitutivo del lenguaje,\u00a0proponiendo en La instancia de la letra en el inconsciente o la raz\u00f3n desde Freud (1957) que la significaci\u00f3n o la atribuci\u00f3n del significado al significante no aparece de manera espont\u00e1nea, sino que es un producto espec\u00edfico de una operaci\u00f3n que cruza sobre la barra que en el algoritmo de Saussure separa el significante del significado. Todo ello reflej\u00f3 en la siguiente f\u00f3rmula:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Donde, \u0192S expresar\u00eda la funci\u00f3n significante, esto es, el efecto de la significaci\u00f3n. S ser\u00eda el significante y s el significado. Por otro lado, (+) corresponder\u00eda a la barra horizontal separadora del significante y significado en el algoritmo de Saussure cruzada y que, en este caso, representar\u00eda \u00abla aparici\u00f3n de la significaci\u00f3n\u00bb y, por \u00faltimo, el signo ~ equivaldr\u00eda a \u00abser congruente con\u00bb. Ello se leer\u00eda as\u00ed: la funci\u00f3n significante por la que se produce la sustituci\u00f3n de un significante (S&#8217;) por otro (S) es congruente con la aparici\u00f3n de la significaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Posteriormente en 1958, en De una cuesti\u00f3n preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, Lacan modificar\u00eda esta f\u00f3rmula, proponiendo en su lugar: Donde S representar\u00edan los significantes, x la significaci\u00f3n desconocida y s el significado inducido por la met\u00e1fora que, en \u00faltimo caso, consistir\u00eda en la sustituci\u00f3n en la cadena de significaci\u00f3n de un significante S por otro S&#8217;. \u00c9ste \u00faltimo aparece barrado ($) como resultado exitoso del proceso mismo de metaforizaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En otro orden de cosas, Lacan utiliza tambi\u00e9n el concepto de\u00a0<i>metonimia<\/i>,\u00a0<i>tropo<\/i>\u00a0por el que un t\u00e9rmino es utilizado para denotar otro por aproximaci\u00f3n, en virtud de una relaci\u00f3n causal o del todo y sus partes. Al igual que en el caso de la met\u00e1fora, Lacan se aleja de esta definici\u00f3n y toma, una vez m\u00e1s las ideas de Jakobson como referente. En esta l\u00ednea para Lacan la metonimia se situar\u00eda en el eje combinatorio del lenguaje (en lugar del eje sustitutivo donde \u00e9l coloca a la met\u00e1fora).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En su propuesta, incluida en La instancia de la letra en el inconsciente o la raz\u00f3n desde Freud, la metonimia quedar\u00eda conceptualizada como la relaci\u00f3n diacr\u00f3nica (o longitudinal) de un significante con otro en la cadena de significaci\u00f3n, lo que Lacan trata de reflejar por en la siguiente formulaci\u00f3n:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Donde, \u0192S representar\u00eda la funci\u00f3n significante o efecto de la significaci\u00f3n, S el significante, s el significado, (S&#8230;S&#8217;) la conexi\u00f3n de un significante con otro en la cadena de significantes, (-) la barra horizontal del algoritmo de Saussure y el signo ~ el \u00abser congruente con\u00bb. Por consiguiente, la f\u00f3rmula de la metonimia se leer\u00eda de la siguiente manera: la funci\u00f3n significante por la que se produce la conexi\u00f3n de un significante (S) con otro (S&#8217;) es congruente con la preservaci\u00f3n de la barra horizontal, separadora de significante y significado, del algoritmo de Saussure. Para indicar que en este proceso no se genera una nueva significaci\u00f3n (s), la barra horizontal del algoritmo saussuriano no se encuentra cruzada como en el caso de la met\u00e1fora.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La existencia tanto del proceso metaf\u00f3rico como del meton\u00edmico es una prueba m\u00e1s de la autonom\u00eda de los significantes respecto de la red de significados que gobiernan, y, en consecuencia, de la primac\u00eda del significante, aserto lacaniano central.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En un momento dado, tales ideas fueron extendidas a su teor\u00eda sobre el sujeto. As\u00ed, en septiembre de 1960, durante la celebraci\u00f3n en Royaumont de un coloquio en torno a la dial\u00e9ctica, Lacan disert\u00f3 sobre el significante y el sujeto, se\u00f1alando que un significante es lo que representa el sujeto para otro significante, lo que supon\u00eda definir al sujeto como un elemento en una estructura o cadena simb\u00f3lica. En tal perspectiva, el sujeto no puede existir con plenitud, sino que es experimentado precisamente por una cadena de significantes, es decir, por palabras que tienen su \u00faltimo anclaje en el inconsciente.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ello justifica la famosa noci\u00f3n lacaniana de\u00a0<i>sujeto del inconsciente (o sujeto del deseo)<\/i>, sujeto tachado o vedado que es distinto del yo-sujeto (yo o je) y que est\u00e1 conectado con el aserto freudiano que mantiene que el yo no es el due\u00f1o en su morada.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Esto supon\u00eda la sustituci\u00f3n del yo pienso (cogito) cartesiano por el ello habla (\u00e7a parle) freudo-lacaniano, lo que introduc\u00eda la tesis del sujeto escindido (spaltung), sujeto del inconsciente que no termina de percatarse qu\u00e9 es lo que en \u00faltimo t\u00e9rmino lleva en s\u00ed su palabra (verdad a medias). De todo ello deriva el corolario lacaniano que mantiene:\u00a0<i>pienso donde no soy, luego soy donde no pienso.<\/i><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Paralelamente, Lacan empieza a delimitar el concepto de shifter que acoger\u00eda al yo-sujeto (yo o je) o sujeto de la enunciaci\u00f3n. En el Seminario La identificaci\u00f3n, in\u00e9dito, dictado en el curso 1961-1962, Lacan dar\u00e1 un paso m\u00e1s, abordando la organizaci\u00f3n topol\u00f3gica del sujeto, marcando claramente la diferencia entre el yo-corporal (Yo o moi), el yo-sujeto (yo o je) y el yo-sujeto del inconsciente, suponiendo \u00e9ste \u00faltimo algo que es representado por una cadena de significantes de alguna forma taponada o vedada, cosa que no es posible con el yo-corporal (Yo o moi), fruto de las primitivas y b\u00e1sicas identificaciones, ni con el yo-sujeto (yo o je), que, como se ha dicho, es el sujeto de la enunciaci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El conjunto de las reflexiones ling\u00fc\u00edsticas de Lacan condujo a un enfrentamiento te\u00f3rico con Jakobson, que manifest\u00f3 en el seno del Coll\u00e8ge de Francia que el lenguaje pertenec\u00eda a la ling\u00fc\u00edstica, es decir, en \u00faltimo t\u00e9rmino al ling\u00fcista.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por ello, Lacan propuso en el seminario A\u00fan, para acoger sus ideas ling\u00fc\u00edsticas, el t\u00e9rmino ling\u00fcister\u00eda, un neologismo que supone el abandono de todo modelo ling\u00fc\u00edstico formal, afirmando que el psicoanalista debe atender preponderantemente a lo que acontece en la experiencia anal\u00edtica, lo que exige un acercamiento a una serie de procesos imprevistos que obliga a nombrar e inventar variados modelos sin atenerse a los c\u00f3digos ling\u00fc\u00edsticos formales. Lacan tambi\u00e9n acu\u00f1\u00f3 por entonces el t\u00e9rmino de lalengua (lalangue) para referirse a los aspectos no comunicativos del lenguaje, los cuales, jugando con la ambig\u00fcedad y la homofon\u00eda, llevan a cierto tipo de goce. El t\u00e9rmino lenguaje es a partir de entonces algo opuesto al de la lengua, que es como un sustrato ca\u00f3tico y polis\u00e9mico a partir del cual aqu\u00e9l se construye.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0Una nueva metapsicolog\u00eda: lo real, lo simb\u00f3lico y lo imaginario<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La tesis estructural-ling\u00fc\u00edstica lacaniana fue explicitada en dos momentos y en dos formas distintas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En primer t\u00e9rmino, manteniendo que el inconsciente est\u00e1 estructurado como un lenguaje y posteriormente afirmando que el lenguaje es la condici\u00f3n del inconsciente. Junto a este principio esencial, que apunta a la naturaleza peculiar del inconsciente, cohabita otro que es tambi\u00e9n fundamental no hay relaci\u00f3n sexual, con el que se hace referencia a la imposibilidad humana de lograr el gozo (jouissance), ya que el deseo humano nunca puede ser completamente satisfecho, teni\u00e9ndose s\u00f3lo acceso a ciertos goces a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del cuerpo. Ello fue la base de una peculiar y novedosa visi\u00f3n de la metapsicolog\u00eda freudiana, constituida inicialmente por tres registros, lo real (R), lo simb\u00f3lico (S) y lo imaginario (I), t\u00e9rminos que quedaron fijados en el Seminario R.S.I., dictado en el curso 1974-1975 (19, 20, 21, 22, 23, 24, 25), donde tales registros fueron representados a trav\u00e9s de un nudo borromeo compuesto por tres redondeles que tienen la propiedad que, si se deshace uno de ellos, se deshacen los otros dos, ya que dos de los redondeles no est\u00e1n anudados entre s\u00ed.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El t\u00e9rmino imaginario (I) implic\u00f3 inicialmente para Lacan, ilusi\u00f3n, fascinaci\u00f3n y seducci\u00f3n, conect\u00e1ndose con la relaci\u00f3n dual entre el yo-corporal (Yo o moi) y la imagen especular del estadio del espejo: imaginario es donde se produce la imagen que enga\u00f1a al sujeto. En todo caso, no constituye un sin\u00f3nimo de ilusorio, en tanto que esto \u00faltimo implica algo innecesario e inconsecuente y lo imaginario est\u00e1 lejos de ello, pues tiene poderosos efectos en lo real. Desde 1953, lo imaginario acoge todo aquello que deriva de la formaci\u00f3n del Yo (moi) en el estadio del espejo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y teniendo en cuenta que tal Yo est\u00e1 organizado a partir de la identificaci\u00f3n con la imagen especular, ello da cuenta del elemento de alienaci\u00f3n que conlleva. Por otro lado, como la relaci\u00f3n del Yo y lo especular es esencialmente una captura fascinante del sujeto, sobre todo de lo corporal, el narcisismo ser\u00eda otra de las caracter\u00edsticas definitorias del orden imaginario. Y como el narcisismo est\u00e1 siempre acompa\u00f1ado de una cierta agresividad, este rasgo formar\u00e1 igualmente parte de lo imaginario. Finalmente, dado que lo imaginario tiene conexi\u00f3n con lo simb\u00f3lico, implicar\u00e1 alguna dimensi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica y cierto nivel de estructuraci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En lo que se refiere a lo simb\u00f3lico (S), supone el aut\u00e9ntico registro humano, siendo por ello la esencia del genuino psicoan\u00e1lisis, ajeno al psicoan\u00e1lisis norteamericano del ego, asentado en lo imaginario. El t\u00e9rmino simb\u00f3lico apareci\u00f3 en un escrito que Lacan elabor\u00f3 en 1936 (26), acogiendo la l\u00f3gica simb\u00f3lica y las ecuaciones usadas en la f\u00edsica matem\u00e1tica. Ya en 1948 Lacan afirma que los s\u00edntomas tienen un car\u00e1cter simb\u00f3lico y hacia 1950 el t\u00e9rmino adquiere tonos antropol\u00f3gicos, siguiendo ideas de Marcel Mauss (30). M\u00e1s tarde, el t\u00e9rmino simb\u00f3lico es usado por Lacan como sustantivo, incluyendo las tres anteriores acepciones y es entonces cuando lo simb\u00f3lico se convierte en uno de los tres registros de la psique humana. Lo simb\u00f3lico llega a ser b\u00e1sicamente una dimensi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica (cuya esencia es el significante), lo que no quiere decir que sean semejantes lenguaje y orden simb\u00f3lico, pues el lenguaje tambi\u00e9n acoge dimensiones de lo imaginario y lo real. Lo simb\u00f3lico es as\u00ed mismo el terreno en el que Lacan se refiere al Otro (A), y, al manifestar que el inconsciente es el discurso del Otro, lo hace pertenecer al orden simb\u00f3lico, en donde tambi\u00e9n asienta la ley del Padre, reguladora del deseo en el complejo de Edipo, as\u00ed como la muerte, la ausencia y la carencia, de forma que la pulsi\u00f3n de muerte no ser\u00eda sino una m\u00e1scara del orden simb\u00f3lico. Lo simb\u00f3lico, por otro lado, est\u00e1 en conexi\u00f3n con lo real (no con lo biol\u00f3gico), as\u00ed como con lo imaginario, aunque los s\u00edmbolos no derivan directamente de lo real.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En cuanto a lo real (R), no es sin\u00f3nimo de realidad. El uso del t\u00e9rmino real como sustantivo lo inicia Lacan en 1936 en el art\u00edculo M\u00e1s all\u00e1 del \u2018principio de realidad&#8217;, su primer trabajo de car\u00e1cter psicoanal\u00edtico, en donde sigue la l\u00ednea argumental del fil\u00f3sofo Emil Meyerson, quien defin\u00eda lo real como un absoluto ontol\u00f3gico, un verdadero ser-en-s\u00ed. Con posterioridad, Lacan ir\u00e1 d\u00e1ndole al concepto variados significados: al principio, lo real ser\u00e1 lo que se opone a la imagen, distinguiendo tambi\u00e9n lo real de lo verdadero, dado que lo real siempre posee cierta ambig\u00fcedad. Es en 1953 cuando Lacan eleva el concepto de lo real al estatuto de una categor\u00eda fundamental, convirti\u00e9ndolo en uno de los tres \u00f3rdenes b\u00e1sicos de su metapsicolog\u00eda, se\u00f1alando que un rasgo que delimita lo real de lo simb\u00f3lico y de lo imaginario es que no supone sencillamente algo opuesto a lo imaginario, sino tambi\u00e9n algo situado m\u00e1s all\u00e1 de lo simb\u00f3lico: es el cuerpo inaccesible para el sujeto. En lo real no se da presencia o ausencia, pues aqu\u00ed nada puede aparecer o desaparecer. Adem\u00e1s, mientras lo simb\u00f3lico es un conjunto de elementos discretos diferenciados, llamados significantes, lo real es indiferenciado, carece de fisuras, siendo precisamente lo simb\u00f3lico lo que puede introducir un corte en \u00e9l cuando tiene lugar el proceso de significaci\u00f3n de las cosas, siendo justamente lo real lo que resiste a la simbolizaci\u00f3n, lo que subsiste a \u00e9sta, convirti\u00e9ndose en lo imposible, lo inalcanzable, lo inimaginable, lo no simbolizable, todo lo cual da a lo real su esencial calidad de traum\u00e1tico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La cura psicoanal\u00edtica ser\u00eda, a partir de esos momentos, un di\u00e1logo que permite la Re inclusi\u00f3n de lo imaginario en un adecuado registro simb\u00f3lico, poniendo al analizante en condiciones de reconocer que hab\u00eda construido su ser como una obra imaginaria.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0El sujeto del inconsciente ($) y el objeto causa del deseo (A)<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En lo que se refiere a la nueva teor\u00eda del sujeto, el punto de partida de Lacan es la conocida frase de Freud el yo no es el amo en su propia casa.\u00a0 De aqu\u00ed la insistencia de Lacan en el retorno a Freud, poniendo las cosas en su debido sitio, incluso al rev\u00e9s de como en su tiempo se encontraban, atacando sin compasi\u00f3n los aportes racionalistas de la psicolog\u00eda norteamericana del ego, que hab\u00eda tra\u00eddo consigo la instalaci\u00f3n de un psicoan\u00e1lisis acorde con la psicolog\u00eda de la adaptaci\u00f3n y cercano a la psicolog\u00eda de la consciencia, con la consiguiente traici\u00f3n al freudismo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lacan apost\u00f3 por una alternativa en la que el inconsciente retomara su valor central, mostrando que el \u00faltimo sentido de la conducta no est\u00e1 en el campo de la consciencia, el lugar del sujeto cartesiano, sino en otro lugar, justamente en el lugar del inconsciente, de forma que el verdadero sujeto ($) est\u00e1, por as\u00ed decir, dividido o escindido, sin ser el due\u00f1o en su morada, siendo s\u00f3lo capaz de acceder a una verdad a medias, puesto que est\u00e1 vedado o taponado en su funcionar consciente. Ello que no quiere decir que el sujeto se oculte en profundidades abismales de acceso imposible, ya que se expresa en la palabra cotidiana, particularmente en sus fallas, por medio de las que muestra el deseo sexuado y por tanto reprimido.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En este marco, Lacan elabor\u00f3 interesantes ideas en torno a lo que denomin\u00f3 teor\u00eda del objeto a, objeto que es causa y no meta del deseo, que puede mostrarse como seno materno (objeto de succi\u00f3n), heces (objeto de la excreci\u00f3n), voz o mirada, aunque en todo caso su esencia sea el falo faltante de la madre, el objeto del deseo de la madre. Ese objeto a se crea en ese espacio que abre la palabra m\u00e1s all\u00e1 de la necesidad que la motiva (ning\u00fan alimento, por ejemplo, puede satisfacer la demanda del seno materno), implicando por ello una falta, un agujero, que puede simbolizarse por la castraci\u00f3n materna (ausencia de falo), lo que Lacan delimit\u00f3 en el a\u00f1o sesenta como una falta imaginaria en el Otro (A o lugar de significantes), un significante que responde del valor de ese Otro, tesoro de significantes que garantizan su verdad. El objeto a es una construcci\u00f3n que abandona la representaci\u00f3n en el mismo momento de su construcci\u00f3n: es un fantasma o una ilusi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el seminario R.S.I., el objeto a, hasta este momento explicitado como el efecto de un corte, hiancia u oquedad, es representado en el nudo borromeo como el punto de convergencia de lo simb\u00f3lico, lo imaginario y lo real, un punto en el que los tres registros de la realidad, que son independientes, se revelan capaces de estar inextricablemente unidos. Un a\u00f1o despu\u00e9s, el s\u00edntoma ser\u00e1 otro integrante de tal nudo (19, 20, 21, 22, 23, 24, 25).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En un momento determinado Lacan estableci\u00f3 en su teorizaci\u00f3n novedosos puentes de conexi\u00f3n entre las ciencias humanas y las matem\u00e1ticas. En esta l\u00ednea, tras la lectura del Tractatus de Ludwig Wittgenstein, la l\u00f3gica matem\u00e1tica ocupar\u00e1 un lugar central en su quehacer, como se muestra en el seminario de 1969-1970 titulado El reverso del psicoan\u00e1lisis, donde elabor\u00f3 una combinatoria de la que resulta una interesante formalizaci\u00f3n de los cuatro discursos posibles (discurso del amo, discurso del hist\u00e9rico, discurso del universitario y discurso del psicoanalista).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Poco despu\u00e9s, en el seminario del curso 1971-1972, &#8230; O peor, in\u00e9dito, el nudo borromeo pasar\u00e1 a ser la clave de la topolog\u00eda, con la que supera la tem\u00e1tica de las superficies, para insertarse en la b\u00fasqueda de las relaciones de los hilos, en donde lo real, lo simb\u00f3lico y lo imaginario, por una parte, y la inhibici\u00f3n, el s\u00edntoma y la angustia, por otra, se convertir\u00e1n en los conceptos definitivos de la metapsicolog\u00eda lacaniana. En tal marco, sus famosos esquemas y grafos son topol\u00f3gicos, pero no as\u00ed los modelos, como es el caso del ramillete invertido y del florero invertido (6, 7).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0El Retorno a Freud a trav\u00e9s de la dimensi\u00f3n ps\u00edquica de la palabra, expresi\u00f3n del deseo inalcanzable<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En tal contexto el s\u00edntoma es considerado como un producto ling\u00fc\u00edstico, manteniendo Lacan que ha de resolverse mediante un an\u00e1lisis del lenguaje, tratando as\u00ed de liberar la palabra de tal lenguaje. La apuesta lacaniana por el retorno a Freud hay que ubicarla, pues, en el campo de la palabra, mediante la que se expresa el inalcanzable deseo: para Lacan, una pr\u00e1ctica genuinamente psicoanal\u00edtica supone necesariamente una pr\u00e1ctica de lenguaje, aunque siempre en el marco de la transferencia que es donde se aprisiona, por as\u00ed decir, el discurso verbal del sujeto que surge de un inconsciente portador de deseos (15, 37, 38). Por otro lado, tambi\u00e9n es v\u00e1lido afirmar que el s\u00edntoma se constituye como una especial y deformada expresi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica de tal deseo, particularmente cuando hayan tenido lugar ciertas conflictivas y se hayan resuelto de forma inadecuada. Un s\u00edntoma supone la participaci\u00f3n de los procesos de metaforizaci\u00f3n y metonimizaci\u00f3n, que se ponen claramente de manifiesto d\u00f3nde el lenguaje tropieza, patina o desfallece (la duda, la tartamudez, el error, el olvido, etc.), lo que hace m\u00e1s apropiado hablar de ling\u00fcister\u00eda en vez de ling\u00fc\u00edstica en el caso de las propuestas lacanianas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0La met\u00e1fora del Nombre-del-Padre como encrucijada estructural de la creaci\u00f3n del sujeto: El estadio del espejo y el complejo de Edipo<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Como aspecto novedoso, en la l\u00ednea de la importancia de la metaforizaci\u00f3n, Lacan nos aport\u00f3 una tesis muy original en torno al papel de lo que bautiz\u00f3 como la met\u00e1fora paterna o met\u00e1fora del Nombre-del-Padre, encrucijada estructural que permite la creaci\u00f3n del sujeto en sus diversos matices: aqu\u00ed la paternidad no es considerada como un mero hecho biol\u00f3gico o familiar, sino como una faceta simb\u00f3lica esencial (40). Y tal funci\u00f3n simb\u00f3lica es la met\u00e1fora del Nombre-del-Padre, concepto que permiti\u00f3 fijar una visi\u00f3n del sujeto m\u00e1s all\u00e1 de la concepci\u00f3n racionalista cartesiana, as\u00ed como una nueva visi\u00f3n del complejo de Edipo, que describi\u00f3 a la luz del ingreso del ni\u00f1o en el circuito simb\u00f3lico determinado por dicha met\u00e1fora paterna, que as\u00ed mismo le permitir\u00e1 separarse de la madre, y cuyo pr\u00f3logo estar\u00eda en el estadio del espejo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La met\u00e1fora del Nombre-del-Padre o sencillamente la met\u00e1fora paterna es un significante que Lacan estim\u00f3 primordial, por ser el n\u00facleo desde el que se organiza la personalidad y el comportamiento del individuo: es donde el falo, el incesto y la castraci\u00f3n cumplen un papel esencial, dado que el ni\u00f1o est\u00e1 completamente vinculado a su madre y al deseo primordial de \u00e9sta, el falo. Por ello, el ni\u00f1o tratar\u00e1 de ser tal objeto del deseo materno, momento en el que a\u00fan es a sujeto, pues no es el que desea sino el objeto del deseo de la madre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La expresi\u00f3n Nombre-del-Padre es de origen religioso, no siendo un equivalente del patron\u00edmico de un padre particular, sino que designa la funci\u00f3n paterna tal y como es internalizada y asumida por el ni\u00f1o en el orden simb\u00f3lico (39, 40). El Nombre-del-Padre no es s\u00f3lo el lugar simb\u00f3lico que puede o no ocupar la persona de un padre real, sino toda expresi\u00f3n simb\u00f3lica producida por la madre o producida por el ni\u00f1o que represente la instancia paterna o la ley de la prohibici\u00f3n del incesto, lo que se liga a la castraci\u00f3n. Claro est\u00e1 que la persona misma del padre real est\u00e1 tambi\u00e9n atravesada por la referida ley simb\u00f3lica del Nombre-del-Padre. La met\u00e1fora paterna es, pues, la met\u00e1fora del deseo del ni\u00f1o atravesado por el deseo de la madre, represent\u00e1ndose por cualquier expresi\u00f3n significante que venga a ocupar el lugar de la met\u00e1fora del deseo del ni\u00f1o o del deseo de la madre: un s\u00edntoma, un gesto, una palabra, una decisi\u00f3n o una acci\u00f3n pueden ser ejemplos de significantes del Nombre-del-Padre (34).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0El falo, piedra angular del complejo de Edipo<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La met\u00e1fora paterna gravita en torno al incesto, al objeto f\u00e1lico y a la castraci\u00f3n, por lo que es imprescindible llevar a cabo algunas consideraciones en torno al falo, piedra angular de la problem\u00e1tica ed\u00edpica y de la castraci\u00f3n, ingredientes que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, seg\u00fan Lacan, dan cuenta del desarrollo humano normal o an\u00f3malo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Hay que dejar de antemano claro que cuando en psicoan\u00e1lisis se habla de falo no nos estamos refiriendo a un mero sin\u00f3nimo de pene, en tanto \u00f3rgano anat\u00f3mico del var\u00f3n, sino a un elemento significante que le es atribuido a la madre y luego al padre. En todo caso, si el falo es atribuido a la madre y \u00e9sta no lo posee, el falo es un objeto ausente (?) que implica la castraci\u00f3n, pudi\u00e9ndose convertir entonces en pene y su ausencia en falta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la met\u00e1fora paterna, el no del padre sit\u00faa al falo como algo perdido para siempre y por ello inalcanzable. Si todo funciona adecuadamente, el ni\u00f1o renunciar\u00e1 a ser el falo de la madre, falo que se transformar\u00e1 de un objeto imaginario (v) en una significaci\u00f3n de lo faltante (?), entr\u00e1ndose as\u00ed en la dial\u00e9ctica del tener-no tener falo, con el consiguiente abandono del ser-no ser falo. La castraci\u00f3n, la falta, lleva ciertamente al pene hasta el estatuto de falo, entrando as\u00ed en el terreno de lo imaginario, registro que convoca imperativamente la existencia de un objeto en s\u00ed mismo imaginario, precisamente el falo, cuya naturaleza impone al ni\u00f1o el enfrentarse a la posibilidad de su propia p\u00e9rdida y a la creencia de que tal hecho ha sucedido en algunos de los seres que lo rodean.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la problem\u00e1tica de la castraci\u00f3n, anclada en el registro de lo imaginario, se da paralelamente una dimensi\u00f3n simb\u00f3lica, la cual conduce directamente al proceso impl\u00edcito en la met\u00e1fora paterna: la primac\u00eda del falo como objeto imaginario representar\u00e1 un papel fundamentalmente estructurante en la dial\u00e9ctica ed\u00edpica, en la medida en que promueve una inaugural operaci\u00f3n simb\u00f3lica que se resuelve con el advenimiento de la met\u00e1fora del Nombre-del-Padre. Con Lacan, pues, el falo se instituye como un significante central del deseo que transcurre en el marco del tri\u00e1ngulo ed\u00edpico: el complejo de Edipo se organizar\u00e1 en torno al lugar que ocupa el falo en el deseo del hijo, de la madre y del padre en el transcurso de una dial\u00e9ctica que se pondr\u00e1 de manifiesto con las modalidades del ser-no ser falo y posteriormente del tener-no tener falo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pues bien, el proceso de la met\u00e1fora paterna est\u00e1 estructuralmente ligado al complejo de Edipo, que para Lacan se constituye en tres momentos sucesivos, abocando en los casos favorables a su resoluci\u00f3n cuando dicha met\u00e1fora paterna facilita el registro en el terreno de lo simb\u00f3lico de lo que yace en la dimensi\u00f3n de lo imaginario. Como pr\u00f3logo al complejo de Edipo, el ni\u00f1o ha de pasar por otra experiencia estructurante de suma importancia, el estadio del espejo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El estadio del espejo, seg\u00fan Lacan, es un proceso que se ordena esencialmente en torno a una experiencia de identificaci\u00f3n b\u00e1sica o primordial, en el curso de la cual el beb\u00e9 alcanza la conquista de la imagen de su propio cuerpo reflejada en un espejo. Tal identificaci\u00f3n le har\u00e1 promover el inicio de la estructuraci\u00f3n de la identidad integrada, poniendo fin a la angustiosa fantas\u00eda previa del cuerpo fragmentado. Este logro se efect\u00faa en tres tiempos: en el primero tiene lugar una vinculaci\u00f3n con el registro imaginario, llegando el beb\u00e9 a sentir que su imagen especular pertenece a un ser real, de manera que tiene lugar una confusi\u00f3n entre el s\u00ed-mismo y el otro; en un segundo tiempo, el ni\u00f1o descubre que el otro especular es una imagen, distinguiendo as\u00ed entre la imagen del otro y la realidad del otro; el tercer tiempo, por fin, permite el reaseguramiento de que el reflejo del espejo es precisamente su imagen, con lo que el ni\u00f1o logra su identidad primordial, el yo-corporal (Yo o moi).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El estadio del espejo presupone un principio constitutivo de la alienaci\u00f3n del sujeto en lo imaginario, a partir de lo cual mantendr\u00e1 siempre un cierto grado de desconocimiento de s\u00ed mismo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El estadio del espejo sirve de pr\u00f3logo al complejo de Edipo, que se desarrolla tambi\u00e9n en tres momentos. En el primero de ellos, al salir de la fase de identificaci\u00f3n imaginaria del estadio del espejo, se perfila la adquisici\u00f3n del yo-sujeto (yo o je), pero el ni\u00f1o continuar\u00e1 con una relaci\u00f3n funcional con la madre, lo que viene mediatizado por el hecho de querer identificarse con lo que \u00e9l supone que es el objeto del deseo de su madre (el falo): ser o no-ser el falo materno es la cuesti\u00f3n primordial de este momento del complejo de Edipo, es decir, ser o no ser el objeto del deseo de la madre.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El segundo momento del complejo de Edipo implica el registro de la falta del objeto por la intrusi\u00f3n de la met\u00e1fora paterna, ausencia o falta que el ni\u00f1o vive como una frustraci\u00f3n, una privaci\u00f3n o una castraci\u00f3n. En la medida que el padre lleve o no a cabo adecuadamente su funci\u00f3n simb\u00f3lica (met\u00e1fora del Nombre-del-Padre), tendremos una u otra evoluci\u00f3n de la conflictiva ed\u00edpica. El segundo momento del complejo de Edipo es la condici\u00f3n indispensable para acceder a la simbolizaci\u00f3n de la ley que marcar\u00e1 la declinaci\u00f3n de tal complejo: en este encuentro con la ley del Padre, el ni\u00f1o se ve enfrentado al problema de la castraci\u00f3n, problema ligado al deseo de la madre y la mediaci\u00f3n del padre, que pasa a ser el nuevo depositario del falo, con lo que es elevado a la categor\u00eda de Padre simb\u00f3lico (P).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El \u00faltimo momento del complejo de Edipo implica la asunci\u00f3n de la reconquista del falo por parte del ni\u00f1o: el ni\u00f1o abandona la problem\u00e1tica de ser o no-ser el falo, para pasar a la de tener o no tener falo. En tal situaci\u00f3n, y al igual que la madre, el ni\u00f1o desea el falo de quien supone que lo posee, el Padre (P). Tal dial\u00e9ctica convoca necesariamente el juego de las identificaciones: el var\u00f3n, que ha renunciado a ser el falo de la madre, busca su identificaci\u00f3n con el padre, poseedor del falo\/pene. La ni\u00f1a, que tambi\u00e9n ha abandonado su posici\u00f3n de falo materno, asume por el contrario la modalidad de no-tenerlo, lo que hace posible su identificaci\u00f3n con la madre y la b\u00fasqueda del falo\/pene donde est\u00e1, en el padre y posteriormente en otros varones ajenos a \u00e9l.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0La constituci\u00f3n del sujeto barrado o verado ($) y el advenimiento del inconsciente a trav\u00e9s del lenguaje<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La met\u00e1fora paterna a\u00fan va a tener otras presencias: veamos, por ejemplo, su papel en el advenimiento del sujeto en tanto sujeto tachado, barrado o vedado ($) y en la instauraci\u00f3n del inconsciente, as\u00ed como en la transformaci\u00f3n meton\u00edmica del deseo, en todo lo cual el lenguaje se torna la piedra angular.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La met\u00e1fora del Nombre-del-Padre permite al ni\u00f1o acceder a lo simb\u00f3lico y al subsiguiente uso de la lengua materna, estableciendo adem\u00e1s en el sujeto una irreversible escisi\u00f3n ps\u00edquica (spaltung). En la obra consolidada de Freud tal hecho aparece bajo el t\u00e9rmino escisi\u00f3n del yo (Ichspaltung), suponiendo una escisi\u00f3n intrasist\u00e9mica o interna al yo, mientras que anteriormente (por ejemplo, en los Estudios sobre la histeria) se muestra como una escisi\u00f3n intersist\u00e9mica, como una divisi\u00f3n ps\u00edquica del sujeto, una escisi\u00f3n de los contenidos ps\u00edquicos en conscientes e inconscientes.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Para Lacan tal escisi\u00f3n es intersist\u00e9mica, siendo la caracter\u00edstica inaugural que define la subjetividad, dado que es lo que permite acceder a la categor\u00eda de sujeto y convertir el aparato ps\u00edquico en una estructura plurisist\u00e9mica. Aqu\u00ed es donde la tr\u00edada de lo simb\u00f3lico, lo imaginario y lo real toma un claro significado: tal escisi\u00f3n inaugural del sujeto (spaltung) proviene del propio v\u00ednculo del sujeto con el orden simb\u00f3lico, con lo que mediatiza la relaci\u00f3n del sujeto con lo real y une lo imaginario y lo real gracias a la instalaci\u00f3n del proceso de la met\u00e1fora paterna. Tras la intervenci\u00f3n de este proceso, el s\u00edmbolo del lenguaje designar\u00e1 metaf\u00f3ricamente al objeto primordial del deseo, que se vuelve inconsciente (significante f\u00e1lico) gracias a la represi\u00f3n originaria. Ciertamente, no s\u00f3lo tiene lugar la represi\u00f3n originaria sobre el significante f\u00e1lico, sino tambi\u00e9n sobre otros significantes cercanos susceptibles de intervenir como significantes f\u00e1licos, conjunto bautizado como significantes primordiales, que se prestar\u00edan a posibles sustituciones metaf\u00f3ricas y que finalmente formar\u00e1n lo reprimido originario, n\u00facleo capaz de ejercer una gran atracci\u00f3n sobre otros eventuales significantes, sobre todo lo cual actuar\u00e1 la represi\u00f3n secundaria, proceso que perpetuar\u00e1 la escisi\u00f3n del sujeto instaurada por la met\u00e1fora paterna. Sea como fuere, lo inconsciente se constituir\u00e1 como el discurso del Otro (esto es, discurso del otro que al sujeto le es ajeno a causa precisamente de la spaltung).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ahora bien, si el sujeto nombra sin saberlo al objeto de su deseo a trav\u00e9s del sucesivo proceso de metaforizaci\u00f3n impl\u00edcito en su hablar, ya no sabe verdaderamente lo que dice en lo que enuncia, o dicho de otra forma, habla sin percatarse totalmente de lo que habla, pues ha tenido lugar en \u00e9l una divisi\u00f3n ps\u00edquica. Pero, aun con tal limitaci\u00f3n, gracias al lenguaje, el inconsciente puede emerger, transmitiendo metaf\u00f3rica o meton\u00edmicamente a los otros algo de su contenido, sin que el sujeto se d\u00e9 completamente cuenta de lo que comporta su discurso. De aqu\u00ed la insistencia de Lacan en que no hay inconsciente sin lenguaje o que el lenguaje es la condici\u00f3n del inconsciente y no como manten\u00eda Laplanche que el inconsciente era la condici\u00f3n del lenguaje, enfrentamiento que origin\u00f3 una rica discusi\u00f3n en el Coloquio de Bonneval de 1960, que dirigi\u00f3 Henri Ey.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La escisi\u00f3n del sujeto operada por el orden significante establece otra propiedad fundamental de la subjetividad: la alienaci\u00f3n del sujeto en y por el lenguaje, de acuerdo con el tipo de relaci\u00f3n que establezca con el orden simb\u00f3lico, de forma que en cierto modo el sujeto desaparece en la cadena significante, pasando a ser un significante negativo (33). En su discurso, el sujeto desaparece como tal y s\u00f3lo se encontrar\u00e1 representado bajo la forma de un s\u00edmbolo, proceso que Miller llama sutura (44), que define como aquello que nombra la relaci\u00f3n del sujeto con la cadena de su discurso, que suelen ser pro-nombres (yo, \u00e9l, etc.). Semejante idea es la que subyace en la denominaci\u00f3n lacaniana del sujeto por medio del neologismo parl\u00eatre, t\u00e9rmino constituido por parler (hablar) y \u00eatre (ser), que puede traducirse por parlente, parlante, o mejor hablaser, es decir, sujeto constituido por la acci\u00f3n de la palabra, sujeto que es un sujeto barrado ($) (6, 7). Harari razona al respecto que parl\u00eatre es hom\u00f3fono con par la lettre (por la letra), de forma que el sentido de parl\u00eatre ser\u00eda llegar a ser alguien por la letra, por la palabra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El sujeto barrado ($), pues, se constituye a causa del lenguaje, aunque \u00e9ste no s\u00f3lo lo muestra, sino que tambi\u00e9n lo eclipsa: esto \u00faltimo es llamado por Lacan desvanecimiento del sujeto (fading), proceso que ocasiona que el sujeto s\u00f3lo pueda captarse a trav\u00e9s del lenguaje en calidad de representaci\u00f3n, de especie de m\u00e1scara que lo aliena, pues hace que se oculte incluso ante s\u00ed mismo. El t\u00e9rmino fading significa en ingl\u00e9s perder o hacer perder luminosidad, color o claridad y en el \u00e1rea de la telecomunicaci\u00f3n apunta a una extinci\u00f3n progresiva del volumen sonoro (6, 7). En la doctrina lacaniana, la idea de fading (\u00e9vanouissant) acoge el desvanecimiento progresivo del sujeto, as\u00ed como la aphanisis (en el sentido de la desaparici\u00f3n del sujeto y no del deseo, que es como Jones conceptualiz\u00f3 este t\u00e9rmino en 1927).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por tanto, el lenguaje, orden significante, es lo que permite que aparezca el genuino sujeto, el sujeto del inconsciente ($), que supondr\u00e1 un significante dentro de una cadena de significantes, cobrando s\u00f3lo sentido en relaci\u00f3n con todos ellos, idea de naturaleza totalmente estructuralista. Tal propiedad se liga al concepto de puntada de acolchado, que mantiene que un significante s\u00f3lo adquiere su significado a posteriori, puesto que el \u00faltimo significante de la cadena es el que retroactivamente otorga el sentido (12).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0El sujeto del deseo, el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciaci\u00f3n: la verdad a medias del sujeto<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la doctrina lacaniana, la escisi\u00f3n del sujeto implica la necesidad de considerar una porci\u00f3n de nuestra subjetividad como sujeto del deseo (sujeto del inconsciente o $). A partir de la met\u00e1fora paterna queda claro la expresi\u00f3n de Lacan ello (\u00e7a) habla del sujeto, ya que el deseo del sujeto s\u00f3lo puede hacerse escuchar a trav\u00e9s de un significante que lo sustituye. Dicho de otra manera, el deseo del sujeto habla de \u00e9ste en su discurso sin que \u00e9l lo sepa, es decir, que el sujeto del deseo puede ser considerado como el sujeto del inconsciente. Ahora bien, el lenguaje que hace advenir al sujeto como $ es una industria del habla que, como tal, debe ajustarse a la estructura habitual del discurso. Y, por otra parte, la articulaci\u00f3n de un discurso supone la identificaci\u00f3n de los dos aspectos que lo caracterizan: el aspecto del enunciado y el acto de la enunciaci\u00f3n. Tal discriminaci\u00f3n es esencial en el enfoque lacaniano para especificar la relaci\u00f3n que el sujeto hablante mantiene con su inconsciente y con su deseo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En ling\u00fc\u00edstica se llama enunciado a la serie acabada de palabras emitida por un locutor, a la que suele seguir una pausa silenciosa. En cuanto a la enunciaci\u00f3n, es un acto individual del habla, un acto de creaci\u00f3n del sujeto hablante. Pues bien, el sujeto del enunciado es el que se actualiza en los diversos enunciados (yo, nosotros, etc.), pudiendo definirse el sujeto de la enunciaci\u00f3n como la participaci\u00f3n subjetiva que actualiza un representante de tal sujeto como sujeto del enunciado. Tal distinci\u00f3n de sujeto del enunciado y sujeto de la enunciaci\u00f3n remite a la diferencia que Lacan establece entre lo dicho y el decir y a que el sujeto del inconsciente ($) aparece en el decir y el yo-sujeto (yo o je) en lo dicho. De todo ello deriva que la verdad del sujeto s\u00f3lo puede ser una verdad a medias.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0La met\u00e1fora del nombre-del-padre en el deseo y en la demanda<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En M\u00e1s all\u00e1 del principio de placer, Freud (46) analiza un juego que observ\u00f3 en un nieto suyo, lo que se conoce en la literatura psicoanal\u00edtica como el juego de \u00a1All\u00ed! \u00a1Aqu\u00ed! (Fort! Da!). En tal juego queda claro el dominio simb\u00f3lico del objeto perdido, ilustrando expl\u00edcitamente la participaci\u00f3n de la met\u00e1fora paterna en el proceso del acceso a lo simb\u00f3lico. El juego en cuesti\u00f3n consist\u00eda en que el ni\u00f1o arrojaba por encima del borde de su cuna una bobina de madera atada a un cordel, exclamando \u00a1All\u00ed! cuando desaparec\u00eda de su vista, y, tras tirar del cordel y tener ante s\u00ed la bobina, gritaba \u00a1Aqu\u00ed! Tales acontecimientos, seg\u00fan Freud, est\u00e1n relacionados con el progreso ps\u00edquico que supone el aceptar la p\u00e9rdida del objeto de amor, la madre, esperando su regreso, y la sustituci\u00f3n de todo ello por una actividad simb\u00f3lica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lacan (41) ilustra con el Fort! Da! la sustituci\u00f3n del significante: se trata de un doble proceso metaf\u00f3rico, pues la bobina constituye una met\u00e1fora de la madre y el juego sostenido por la ausencia-presencia de la bobina una met\u00e1fora que representa sus partidas y sus regresos. Por otra parte, la observaci\u00f3n detenida del juego nos muestra que el ni\u00f1o ha adoptado un papel activo, abandonando la pasividad ante las p\u00e9rdidas y recuperaciones del objeto de su deseo: es \u00e9l quien simb\u00f3licamente deja a su madre, adue\u00f1\u00e1ndose de la situaci\u00f3n a trav\u00e9s de una identificaci\u00f3n con ella. Pero, a\u00fan m\u00e1s importante que ello es el hecho de que, a partir de entonces, el ni\u00f1o logra no ser ya el objeto del deseo de la madre, el falo, pasando a ser capaz de movilizar su propio deseo hacia objetos que reemplazan simb\u00f3licamente al objeto perdido. Este dominio simb\u00f3lico, gracias precisamente a la p\u00e9rdida del objeto de amor y al uso del lenguaje, es fruto de la acci\u00f3n de la met\u00e1fora paterna que reprime el seguir siendo el objeto del deseo de la madre, el falo, represi\u00f3n originaria que supone, por todo lo dicho, un proceso estructurante de enorme inter\u00e9s para el ser humano, pues lo transforma en sujeto deseante y no s\u00f3lo en objeto del deseo del otro (39).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La represi\u00f3n originaria y la met\u00e1fora paterna hacen que el lenguaje se imponga en el deseo, o dicho de otra forma, que el deseo se aliene en el lenguaje, facilitando con ello la adquisici\u00f3n del goce (placer que siempre remite al cuerpo), aunque no el logro del gozo. El deseo de ser (falo) es reprimido en favor del deseo de tener (falo), lo que se logra siguiendo el \u00fanico camino posible, el de la simbolizaci\u00f3n del deseo por medio de la palabra con la consiguiente transformaci\u00f3n del deseo en demanda, entrando aqu\u00e9l en el camino de la metonimizaci\u00f3n. El deseo sufre esta transformaci\u00f3n porque la met\u00e1fora paterna ha obligado al ni\u00f1o a tomar la parte (objeto sustituto) por el todo (objeto perdido). Gracias a ello, en todo caso, el ser humano puede introducirse en la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica, al desprenderse de la atadura imaginaria que lo ligaba a la madre (ser el objeto de su deseo), pasando a ser con ello un sujeto deseante que habla (parl\u00eatre: parlente, parlante o mejor hablaser o hablante), encadenado al uso del lenguaje. Si las cosas no transcurren as\u00ed, el sujeto puede entrar en el camino psic\u00f3tico: estaremos ante la forclusi\u00f3n del Nombre-del-Padre, proceso que para Lacan diferencia radicalmente lo psic\u00f3tico de lo neur\u00f3tico, en donde tiene lugar la t\u00edpica represi\u00f3n y no la forclusi\u00f3n (14).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el instante en que el deseo es metonimizado, el deseo se pierde progresivamente en la cadena de los significantes del discurso, que en \u00faltimo t\u00e9rmino remiten, l\u00f3gicamente, al deseo originario (ser el objeto del deseo de la madre, el falo). Es importante subrayar que la organizaci\u00f3n del deseo a trav\u00e9s del lenguaje hace que siempre quede insatisfecho, impidiendo como se ha dicho que se alcance el gozo, aunque no el goce. Esto hace que el deseo renazca una y otra vez con variados ropajes (compulsi\u00f3n repetitiva), buscando acceder a ese gozo que nunca puede lograrse.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0La esencia del proceso psic\u00f3tico: la forclusi\u00f3n del nombre-del-padre<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El concepto de forclusi\u00f3n (inadecuadamente traducido en los Escritos por perclusi\u00f3n) es una construcci\u00f3n te\u00f3rica que apunta a un desorden de la simbolizaci\u00f3n de la experiencia de la castraci\u00f3n, o el defecto de inscripci\u00f3n en el inconsciente de la experiencia normativa de la castraci\u00f3n a trav\u00e9s de la met\u00e1fora del Nombre-del-Padre, experiencia crucial que, en la medida que es simbolizada, permite al ni\u00f1o asumir la realidad y su identidad sexual (40). Por ello, cuando tal proceso no tiene lugar de forma adecuada, el sujeto aqueja una incertidumbre de su identidad sexual y se altera gravemente su sentido de la realidad, lo que implica entrar en el terreno de lo psic\u00f3tico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El t\u00e9rmino forclusi\u00f3n lo tom\u00f3 Lacan del lenguaje jur\u00eddico, tratando con \u00e9l de dar cuenta del t\u00e9rmino alem\u00e1n Verwerfung (traducido en la Standard Edition como repudio), aunque con anterioridad Lacan hab\u00eda utilizado las palabras repulsa (rejet), rechazo (refus) y luego cercenamiento (retranchement) (47, 48).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Freud, recurri\u00f3 al concepto de Verwerfung (repudio) para dar cuenta del proceso psic\u00f3tico y al de Verdr\u00e4ngung (represi\u00f3n) para explicar el proceso neur\u00f3tico: as\u00ed, en la neurosis, la dolorosa representaci\u00f3n de la castraci\u00f3n implica el reemplazo de tal representaci\u00f3n por otra m\u00e1s aceptable para el yo; en cambio, en la psicosis, el yo rechaza, expulsa o repudia (verwirft) la intolerable representaci\u00f3n de la castraci\u00f3n junto a su afecto concomitante; algunos a\u00f1os despu\u00e9s, en el caso Schreber, Freud hablar\u00e1, sin embargo, de supresi\u00f3n o abolici\u00f3n (51). En cualquier caso, dado que la representaci\u00f3n de la castraci\u00f3n se halla inseparablemente ligada a un trozo de la realidad (de la castraci\u00f3n), en la forclusi\u00f3n el yo se desliga paralelamente de dicha realidad, y, en consecuencia, el yo expulsa de su aparato ps\u00edquico tal representaci\u00f3n dolorosa y con ella el fragmento de la experiencia de la castraci\u00f3n que tiene unida, echando fuera el contenido afectivo de la representaci\u00f3n, cosa muy diferente a lo que acontece en la represi\u00f3n. Pero tarde o temprano lo expulsado o repudiado retornar\u00e1 desde el exterior, ya en forma alucinatoria, ya como delirio: estaremos ante la cl\u00ednica psic\u00f3tica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Tales hechos son los que Lacan acoge bajo el t\u00e9rmino forclusi\u00f3n, que implica la no-llegada del significante del Nombre-del-Padre, el significante fundamental, en el lugar y en el momento en que estaba llamado a advenir: es la suspensi\u00f3n de toda respuesta a la demanda dirigida a un sujeto para que produzca un mensaje, funde un acto o instituya un l\u00edmite. Cuando el Nombre-del-Padre es forcluido por un sujeto particular, deja en el orden simb\u00f3lico un agujero que nunca se llenar\u00e1, lo que implica que el sujeto estar\u00e1 predispuesto a la psicosis, aunque no muestre aparentemente signos de ello durante un tiempo mayor o menor: antes o despu\u00e9s, sin embargo, cuando el forcluido Nombre-del-Padre reaparezca en la realidad, el sujeto no estar\u00e1 en disposici\u00f3n de asimilarlo y el resultado de esta colisi\u00f3n con el inasimilado significante es lo que lo hace producir delirios y alucinaciones de car\u00e1cter psic\u00f3tico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Es preciso, pues, que para que acontezca la forclusi\u00f3n, intervenga una demanda, llamada o petici\u00f3n (procedente de una persona situada en posici\u00f3n tercera en cualquier relaci\u00f3n que tenga por base la pareja imaginaria yo-objeto), demanda a la que no sigue el necesario significante. Como consecuencia, es un proceso en el que, en lugar de la met\u00e1fora paterna, encontramos una oquedad, un agujero, un defecto o una falta en el orden simb\u00f3lico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los efectos ps\u00edquicos que ocasiona la forclusi\u00f3n se dan en el orden simb\u00f3lico y en el imaginario. En cuanto a lo simb\u00f3lico, determina la transformaci\u00f3n de las referencias habituales del espacio y del tiempo, as\u00ed como la alteraci\u00f3n de las representaciones relativas a la propia identidad. En el agujero abierto dentro del campo del significante se organizar\u00e1 la edificaci\u00f3n de una nueva realidad que trata de reemplazar la realidad perdida, lo que crea lo delirante y lo alucinatorio. En lo que toca a lo imaginario, tiene lugar una cristalizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n imaginaria del yo psic\u00f3tico con un otro, relaci\u00f3n que estar\u00e1 saturada de una agresividad erotizada, al modo de lo que acontece en el estadio del espejo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La forclusi\u00f3n debe diferenciarse no s\u00f3lo de la represi\u00f3n, sino tambi\u00e9n de otros procesos cercanos, como la negaci\u00f3n y la proyecci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En cuanto a la represi\u00f3n, supone, como se ha dicho, que el elemento ps\u00edquico rechazado quede sepultado en el inconsciente, lo que no ocurre en la forclusi\u00f3n. Respecto la negaci\u00f3n, \u00e9ste es un mecanismo defensivo que acoge el hecho de que alg\u00fan contenido ps\u00edquico previamente registrado, pero que ha sido negativamente enjuiciado y por ello ocultado a la consciencia, permanece igualmente en el inconsciente del sujeto, lo que no acontece en la forclusi\u00f3n. Finalmente, en la proyecci\u00f3n la direcci\u00f3n del proceso defensivo es de dentro a fuera, mientras que en la forclusi\u00f3n la din\u00e1mica es de fuera a dentro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0La imposibilidad del gozo, pero no del goce: no hay relaci\u00f3n sexual y la mujer no existe<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La teor\u00eda del gozo (jouissance) propuesta por Lacan distingue tres modos de gozar (jouir): gozo f\u00e1lico, plus de gozo y gozo del Otro. Seg\u00fan la teor\u00eda psicoanal\u00edtica cl\u00e1sica, el ser humano aspira constantemente a alcanzar el placer, aunque jam\u00e1s lo logra de forma absoluta, lo que ser\u00eda el gozo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Accede, si acaso, a alg\u00fan grado de satisfacci\u00f3n o goce por medio de la eliminaci\u00f3n parcial de sus deseos, tras superar el dique de la represi\u00f3n, fuente permanente de tensi\u00f3n. Tales deseos se eliminan en parte con actos, s\u00edntomas, sue\u00f1os, lapsus, etc., en todos los cuales participa la libido, quedando parte de su energ\u00eda acumulada intraps\u00edquicamente por la acci\u00f3n de la referida represi\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pues bien, los tres destinos del deseo que Freud refiere corresponden a las tres formas que Lacan teoriza con el gozo:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>el gozo f\u00e1lico (Jn), que es realmente un goce o placer, y que corresponde a la energ\u00eda libidinal disipada en el momento de la descarga parcial al satisfacer un deseo, lo que ocasiona un alivio incompleto y pasajero; el plus de gozo, otro aspecto del goce, que acoge el posible placer que permanece retenido por la acci\u00f3n de la represi\u00f3n; y, finalmente,<\/div>\n<div><\/div>\n<div>el gozo del Otro (JA), el genuino gozo, que supone un hipot\u00e9tico e imposible estado de satisfacci\u00f3n total, implicando la reducci\u00f3n sin ning\u00fan freno de toda la energ\u00eda libidinal retenida. Este gozo es el que el sujeto supone al Otro, un ser al que se cree capaz de lograr la felicidad absoluta con la satisfacci\u00f3n del deseo,\u00a0como es para el obsesivo la muerte y para el hist\u00e9rico la locura; muerte y locura deseadas y por ello temidas\/prohibidas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Dado que el referido gozo es de car\u00e1cter libidinal y m\u00e1s concretamente sexual-incestuoso, se topa con una prohibici\u00f3n expresa, siendo imposible de alcanzar, pues si se intenta aparecer\u00e1 la culpa: esto es lo que Lacan quiere expresar cuando dice no hay relaci\u00f3n sexual, expresi\u00f3n que realmente contiene la idea no hay gozo, hecho que no impide que puedan tener lugar goces o placeres corporales en donde intervenga el sexo, aunque tambi\u00e9n en estas relaciones siempre subyaga un cierto desencuentro, lo que es un drama para el ser humano.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>La tesis lacaniana no hay relaci\u00f3n sexual est\u00e1 \u00edntimamente vinculada con la que reza La mujer no existe, que implica un corolario del aforismo anterior. Hay que insistir al respecto que tanto la cuesti\u00f3n de No hay relaci\u00f3n sexual como la de La mujer no existe, no tienen nada que ver con cuestiones existenciales u ontol\u00f3gicas, ni con el apareamiento del macho y de la hembra, sino con una l\u00f3gica que acoge la manera como La mujer se relaciona con el gozo f\u00e1lico: para que La mujer existiera, tendr\u00edamos que suponer el mito de que al menos una mujer hiciera excepci\u00f3n a su deseo f\u00e1lico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Con esta condici\u00f3n obtendr\u00edamos Una mujer equivalente de Un padre, que le indicar\u00eda a las dem\u00e1s mujeres el lugar d\u00f3nde se podr\u00eda encontrar un gozo equivalente al del Padre simb\u00f3lico, o sea, un gozo inaccesible y prohibido por el proceso de la castraci\u00f3n. Se fundar\u00eda desde ah\u00ed, al igual que en los hombres, un l\u00edmite impuesto a todas las mujeres desde el punto de vista de la funci\u00f3n f\u00e1lica, d\u00e1ndose entonces un conjunto universal (La mujer). Pero dado que la mujer no es toda o completa, tal mujer universal queda excluida de las cosas o de las palabras y de aqu\u00ed que aparezca, como gusta a Lacan, como barrada, tachada o vedada (La).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>\u00a0La pr\u00e1ctica anal\u00edtica<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lacan consider\u00f3 su pr\u00e1ctica como una variante del modelo cl\u00e1sico, lo que la API en un momento dado desestim\u00f3, expuls\u00e1ndolo de su seno a principios de los a\u00f1os sesenta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Las ideas b\u00e1sicas de Lacan a la t\u00e9cnica psicoanal\u00edtica aparecieron en varios art\u00edculos recogidos en los Escritos), como son Funci\u00f3n y campo de la palabra y del lenguaje en psicoan\u00e1lisis, La instancia de la letra en el inconsciente o la raz\u00f3n desde Freud, Intervenci\u00f3n sobre la transferencia y La direcci\u00f3n de la cura y los principios de su poder. As\u00ed mismo hay que recordar los contenidos de ciertos Seminarios, como Los escritos t\u00e9cnicos de Freud y Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan\u00e1lisis y un trabajo que apareci\u00f3 en la Enciclop\u00e9die M\u00e9dico-Chirurgicale, Psychiatrie, bajo el t\u00edtulo Variantes de la cura tipo que fue retirado a\u00f1os despu\u00e9s por el comit\u00e9 de redacci\u00f3n de dicha publicaci\u00f3n y que puede encontrarse en los Escritos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El fundamento de la terapia psicoanal\u00edtica es para Lacan la demanda que el paciente dirige a su analista, surgiendo toda demanda del deseo, apelando a una respuesta: el analizante (t\u00e9rmino que Lacan empieza a usar a partir de 1967 en lugar de analizado) supone que su analista lo sabe todo (Sujeto Supuesto Saber o S.S.S.), intentando con su demanda la obtenci\u00f3n de palabras que den soluci\u00f3n a sus enigmas y sufrimientos, lo que se ve aparentemente favorecido por los ingredientes b\u00e1sicos del encuadre y de las reglas t\u00e9cnicas, ya que se solicita un hablar sin aparente sentido (asociaci\u00f3n libre) y se da por supuesto que el analista es capaz de interpretar (saber) qu\u00e9 significa todo lo que el paciente le transmite.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Sin embargo, para Lacan el analista ha de actuar como un muerto (papel similar al que lleva a cabo el jugador que hace de muerto en el bridge), sin apenas participar ni por supuesto dar soluciones a las demandas del analizante, ya que el sujeto puede esperar, precisamente hasta la hora en que encuentre y supere la primera y m\u00e1s inconsciente demanda de su deseo, ser el objeto del deseo de la madre, el falo, para acceder as\u00ed a la castraci\u00f3n simb\u00f3lica, el primer significante.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Al t\u00e9rmino de la regresi\u00f3n que el encuadre psicoanal\u00edtico produce, y cuando el sujeto se ha aproximado a su falta primera, a la castraci\u00f3n simb\u00f3lica (es decir, el no haber sido, el no ser el objeto del deseo de la madre), estaremos ante el momento de la ruptura del silencio del analista o nominaci\u00f3n:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>el analista ha dejado hablar y hablar, con aparente indiferencia, pero ha ido captando peque\u00f1os indicios que emergen del inconsciente del analizante, con cuyos retazos va realizando pacientes reconstrucciones, hasta el instante en que puede revelar, nominar, todo lo que el analizante ha tejido a partir de su significante primero, a partir de la castraci\u00f3n simb\u00f3lica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ha llegado la hora de la resoluci\u00f3n, de la cura:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>El analista ha acompa\u00f1ado al analizante hasta el l\u00edmite ext\u00e1tico del \u00a1Eso eres t\u00fa!, donde se le revela la cifra de su destino mortal. Esta nominaci\u00f3n, esta palabra plena, devuelve al sujeto al orden simb\u00f3lico, confiri\u00e9ndole la posibilidad de decir, de verbalizar, todo lo que ha tramado en su inconsciente desde la conflictiva de la castraci\u00f3n y del complejo de Edipo, pudiendo abandonar de esta forma el orden de lo imaginario, que es el redil neur\u00f3tico: el paso de lo imaginario no simbolizado a lo imaginario simbolizado es el proceso de curaci\u00f3n del neur\u00f3tico.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Dicho de otra manera:\u00a0la curaci\u00f3n se lleva a cabo a trav\u00e9s de la restituci\u00f3n de las cadenas asociativas que sostienen los s\u00edmbolos hasta el acceso a la verdad de lo inconsciente, a los significantes que, por met\u00e1fora y metonimia, aparecen en la consciencia.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Con todo el bagaje sint\u00e9ticamente expresado, el marco t\u00e9cnico del an\u00e1lisis lacaniano llega a diferenciarse del que se efect\u00faa en la t\u00e9cnica convencional, como son los marcados silencios y las escasas interpretaciones de las resistencias, poni\u00e9ndose en primer plano una escucha peculiar para poder ir desvelando en la palabra del analizante las claves que permitan el acceso a lo simb\u00f3lico y con ello alcanzar un progresivo monto de salud ps\u00edquica.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En el trabajo lacaniano la sesi\u00f3n variable resulta un pilar fundamental, suponiendo tal tipo de sesi\u00f3n un cambio radical en relaci\u00f3n con el psicoan\u00e1lisis freudiano, basado en encuentros regulares de 50 minutos:<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Lacan, siempre sensible a la discontinuidad, se plante\u00f3 la variabilidad de la duraci\u00f3n de cada sesi\u00f3n, interrumpi\u00e9ndola cuando el paciente dec\u00eda una palabra o una frase importante, con lo que trataba de dejar al paciente enganchado en la meditaci\u00f3n sobre lo dicho hasta la siguiente sesi\u00f3n, sobre la base del conocido efecto Zeigarnik, seg\u00fan el cual una\u00a0actividad mental inacabada suministra m\u00e1s material asociativo que si se la completa.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>As\u00ed, la sesi\u00f3n interrumpida de Lacan propicia m\u00e1s recuerdos y asociaciones que los que tienen lugar en la sesi\u00f3n habitual de 50 minutos, evocando quiz\u00e1s la ruptura de las relaciones ed\u00edpicas), atendiendo por tanto m\u00e1s al tiempo l\u00f3gico que al tiempo cronol\u00f3gico,\u00a0<i>tiempo l\u00f3gico que incluye tres momentos, el instante de ver, el tiempo para comprender y el momento de concluir, el \u00faltimo de los cuales debe aprovecharse y no dejarlo pasar.<\/i><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por otra parte, el habla o discurso del paciente toma un papel esencial, dado que se estima como el \u00fanico revelador de su verdad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero no se trata de reconstruir la biograf\u00eda del analizante, ya que su discurso es de car\u00e1cter imaginario, lo que aboca en la invenci\u00f3n o transposici\u00f3n de lo que pretende darse como sucedido, sino que, prestando atenci\u00f3n a las rupturas (d\u00e9chirures) del habla y a las formaciones del inconsciente (<i>lapsus, sue\u00f1os, actos fallidos, olvidos, caprichos de la asociaci\u00f3n libre, etc.)<\/i>, establecer un nuevo contenido que supone esa m\u00fasica de fondo que se introduce en la audici\u00f3n de una emisora mal sintonizada y que nada tiene aparentemente que ver con la que estamos oyendo, pero que est\u00e1 ah\u00ed creando una forma peculiar de sonidos.<\/div>\n<div><\/div>\n<p><b>Antonio S\u00e1nchez-Barranco Ruiz<br \/>\n<\/b><\/p>\n<div>\n<div><b>\u00a0<\/b><\/div>\n<div><b>Pablo S\u00e1nchez-Barranco Vallejo<\/b><\/div>\n<div><b>\u00a0<\/b><\/div>\n<div><b>Ignacio S\u00e1nchez-Barranco Vallejo<\/b><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los conceptos fundamentales aportados por Lacan (1901-1981) a la teor\u00eda y la t\u00e9cnica psicoanal\u00edticas desde las perspectivas estructuralista, antropol\u00f3gica, ling\u00fc\u00edstica y topol\u00f3gica, tratando tambi\u00e9n de mostrar que su obra supone algo m\u00e1s que un mero retorno a Freud, pues dio lugar a la constituci\u00f3n de una escuela particular y genuina dentro del psicoan\u00e1lisis, cuyas originales 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