{"id":20934,"date":"2021-03-01T07:43:18","date_gmt":"2021-03-01T13:43:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=20934"},"modified":"2021-03-01T07:43:18","modified_gmt":"2021-03-01T13:43:18","slug":"hablamos-del-universo-infinito-de-las-lecturas-las-infancia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=20934","title":{"rendered":"Hablamos del universo infinito de las lecturas, las infancia. ."},"content":{"rendered":"<p>Confesiones de un vicioso<\/p>\n<p>Sergio Ram\u00edrez<\/p>\n<p>En una conversaci\u00f3n de d\u00edas pasados con Elena Poniatowska, mediada por Antonio Ramos Revilla, director de la Casa del Libro de la Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, hablamos del universo infinito de las lecturas, empezando por aquellas de la infancia que se recuerdan siempre con el gusto de la nostalgia.<\/p>\n<p>Para Elena su primer libro, le\u00eddo en franc\u00e9s, fue Heidi, la novela sobre la huerfanita de las monta\u00f1as alpinas, de la escritora suiza Johanna Spyri, famosa en muchas lenguas a partir de su publicaci\u00f3n en 1880, y que lo sigue siendo al punto de que ha pasado a convertirse en una historieta anime en Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>Yo record\u00e9 que hab\u00eda hallado el sentido de la aventura en los personajes de las historietas c\u00f3micas de identidad oculta, como El fantasma, creado por Lee Falk en 1936, el duende que camina sentado en el trono de la Calavera en una cueva en lo profundo de la selva, desde donde sal\u00eda a v\u00e9rselas con s\u00f3rdidos malandrines.<\/p>\n<p>Y dec\u00eda tambi\u00e9n que la mejor manera de inducir a alguien a volverse un vicio\u00adso de la lectura es colocarlo frente a una vitrina de libros prohibidos, encerrados bajo llave, pues sin duda se har\u00e1 de una ganz\u00faa para sacarlos y leerlos en \u00adclandestinidad.<\/p>\n<p>Cuando terminaba la escuela primaria, tuve acceso a un cuaderno mecanografiado con pastas de papel manila y cosido con hilo como los folios judiciales, que amenazaba deshacerse de tan manoseado. Su due\u00f1o era un lejano primo por parte de mi madre, llamado Marcos Guerrero, de pelo y barba rizada y ojos de fiebre, como un personaje de D.H. Lawrence. Viv\u00eda solitario en una casa desastrada, sus gallos de pelea por \u00fanica compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Lo guardaba con celo en un caj\u00f3n de pino, de esos de embalar jab\u00f3n de lavar ropa, junto con libros tan dispares como El conde de Montecristo, Gog, de Giovanni Papini, o Flor de fango, de Vargas Vila, y s\u00f3lo lo prestaba bajo juramento de secreto. De modo que mi lectura de ese cuaderno, que no ten\u00eda t\u00edtulo ni autor, fue mi iniciaci\u00f3n no s\u00f3lo en el rito de la lectura, sino tambi\u00e9n en el de la \u00adsensualidad.<\/p>\n<p>Trataba acerca de la condesa Gamiani, refinada en juegos sexuales no s\u00f3lo con hombres de cualquier cala\u00f1a, criados o nobles, y con otras mujeres, sino tambi\u00e9n con animales, principalmente perros de caza. S\u00f3lo muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en mis correr\u00edas por tantas librer\u00edas, volv\u00ed a encontrarme con este libro que se llamaba, en verdad, Gamiani: dos noches de excesos, y descubr\u00ed que no hab\u00eda sido escrito por una mano an\u00f3nima, sino por Alfred de Musset.<\/p>\n<p>Esa sensualidad de las lecturas ha permanecido intacta en m\u00ed desde entonces, y se ha trasladado al cuerpo mismo de los libros. Siempre entro en ellos oliendo primero su perfume, y no dejo de recordar aquellos tomos en r\u00fastica de cuadernillos cerrados que era necesario romper con un abrecartas, una manera de ir penetrando poco a poco en los secretos de la lectura oculta en cada pliego sellado. Por eso es que desconf\u00edo tanto de esas horribles predicciones de un futuro en que esas caricias deberemos traspasarlas a las fr\u00edas pantallas de cuarzo.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n volvemos en la memoria a los libros que fueron herramientas para aprender a escribir. A Chejov regreso con toda confianza, como quien visita una casa a la que se puede entrar sin llamar porque sabemos que la puerta no tiene cerrojo, y lo imagino siempre sosteniendo sus quevedos de m\u00e9dico provinciano para examinar a las legiones de peque\u00f1os seres que se mueven por las p\u00e1ginas de sus cuentos, tan tristes de tan c\u00f3micos, y tan desvalidos.<\/p>\n<p>Como O. Henry tambi\u00e9n, ahora tan olvidado, pero cuyos cuentos, que repas\u00e9 tantas veces en un tomo de tapas rojas, siguen siendo para m\u00ed una lecci\u00f3n de precisi\u00f3n matem\u00e1tica, como perfectos teoremas que se resuelven sin tropiezos; y lo imagino aburrido en su exilio del puerto de Trujillo en la costa del Caribe de Honduras, adonde hab\u00eda huido despu\u00e9s de defraudar a un banco, y donde escribi\u00f3 su novela De coles y reyes, en la que invent\u00f3 el t\u00e9rmino banana republic.<\/p>\n<p>Y hay otros libros que tampoco se olvidan porque fueron puertas de entrada a otras lenguas. La perla, de John Steinbeck, el primero que le\u00ed en ingl\u00e9s, esforz\u00e1ndome en noches de desvelo con el diccionario Webster de bolsillo, durante aquel curso de verano en la escuela de idiomas de la Universidad de Kansas en 1966. Y la vez que recostado bajo un tilo en el Volkspark de Berl\u00edn en 1973, cerr\u00e9 el ejemplar de La metamorfosis y le dije triunfalmente a Tulita, mi mujer: Ya puedo leer a Kafka en alem\u00e1n.<\/p>\n<p>Lecturas infinitas e infinitas esperan por m\u00e1s lecturas. Tengo m\u00e1s libros de los que alcanzar\u00e9 a leer durante mi vida y, sin embargo, cada vez que entro en una librer\u00eda me domina la avidez de quien no es due\u00f1o de uno solo. Todo vicio tiene su ingrato s\u00edndrome de abstinencia.<\/p>\n<p>www.sergioramirez.com<\/p>\n<p>Facebook: escritorsergioramirez<\/p>\n<p>Twitter: sergioramirezm<\/p>\n<p>Instagram: sergioramirezmercado<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Confesiones de un vicioso Sergio Ram\u00edrez En una conversaci\u00f3n de d\u00edas pasados con Elena Poniatowska, mediada por Antonio Ramos Revilla, director de la Casa del Libro de la Universidad Aut\u00f3noma de Nuevo Le\u00f3n, hablamos del universo infinito de las lecturas, empezando por aquellas de la infancia que se recuerdan siempre con el gusto de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":20935,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-20934","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/20934","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=20934"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/20934\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20936,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/20934\/revisions\/20936"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/20935"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=20934"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=20934"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=20934"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}