{"id":21223,"date":"2021-03-13T08:06:25","date_gmt":"2021-03-13T14:06:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=21223"},"modified":"2021-03-13T08:06:25","modified_gmt":"2021-03-13T14:06:25","slug":"la-justicia-no-es-cuestion-solo-leyes-sino-de-reconocerse-como-seres-humanos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=21223","title":{"rendered":"La justicia no es cuesti\u00f3n s\u00f3lo leyes, sino de reconocerse como seres humanos."},"content":{"rendered":"<p>Petrarca va a la ma\u00f1anera<\/p>\n<p>Fabrizio Mej\u00eda Madrid<\/p>\n<p>Ha sucedido antes, todo esto. Cuando la corrupci\u00f3n de los pr\u00edncipes y los obispos gener\u00f3 en los ciudadanos una nostalgia por lo perdido. Ten\u00eda que existir alguna versi\u00f3n de lo pol\u00edtico que no fuera la pura fuerza, las telara\u00f1as de leyes ni la obediencia servil. Busc\u00e1ndola, encontraron inspiraci\u00f3n en alg\u00fan periodo de la rep\u00fablica romana o en la vida de las comunas de Florencia y la llamaron pol\u00edtica de la virtud. En el centro de ella hab\u00eda una certeza: la corrupci\u00f3n no puede prevenirse s\u00f3lo con leyes y vigilancia, sino tambi\u00e9n con el car\u00e1cter moral de los gobernantes y ciudadanos. T\u00e1cito lo hab\u00eda escrito: Los estados m\u00e1s corruptos son los que tienen innumerables leyes. Por eso, los que buscaban en la historia de Grecia o Roma \u2013y que hoy llamamos humanistas\u2013 pensaron que la justicia no era una cuesti\u00f3n s\u00f3lo de obedecer las leyes, sino de reconocerse como seres humanos. S\u00f3lo un magistrado al tanto de la poes\u00eda, el teatro, la filosof\u00eda y la historia pod\u00eda impartir una justicia que no beneficiara a los poderosos; s\u00f3lo un pr\u00edncipe guiado por el bien general de sus gobernados pod\u00eda resistirse a la debilidad del lujo, los sobornos y la avaricia. S\u00f3lo los ciudadanos que se valoraran como iguales ante las \u00e9lites pod\u00edan ejercer sus propios juicios. Los humanistas como Petrarca, Boccaccio, Francesco Patrizi o Leonardo Bruni quisieron emprender, v\u00eda la ense\u00f1anza de los cl\u00e1sicos, un cambio en los comportamientos considerados \u00e9ticos y, para ello, abrieron las opciones del ingenio con episodios de nobleza en la victoria de alg\u00fan general romano, los consejos de Cicer\u00f3n y S\u00e9neca, o una lectura m\u00e1s contempor\u00e1nea de lo dicho por S\u00f3crates. Como le dice Johan a Marianne en la pel\u00edcula Saraband, de Ingmar Bergman, su \u00faltima: Nunca fui emp\u00e1tico. Nunca tuve la suficiente imaginaci\u00f3n. Para ponerse en los zapatos de otro se necesita imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No puedo evitar pensar en estos humanistas ahora que el presidente L\u00f3pez Obrador se autodefine como tal. Alfonso Reyes y, en alg\u00fan momento temprano, Jos\u00e9 Vasconcelos, buscaron tambi\u00e9n en lo cl\u00e1sico una respuesta a lo perdido. Mientras, los muralistas lo encontraban. No se trataba s\u00f3lo de rescatar historias ejemplares sobre lo justo, lo prudente, lo sabio, sino de una forma distinta de mirar lo p\u00fablico. En el tiempo de la nostalgia por Roma, la idea fue crear una cultura anti-corrupci\u00f3n. Las ciudades italianas ve\u00edan crecer las tiran\u00edas de banqueros, mercaderes y mercenarios, mientras sus tierras eran invadidas por poderes extranjeros. A ello, se le a\u00f1adi\u00f3 la epidemia de la peste negra que vaci\u00f3 ciudades enteras. Nadie se preocupaba por los dem\u00e1s ni por los principados donde viv\u00edan. Ante esto, Petrarca, consejero de pr\u00edncipes, y Boccaccio, recaudador de impuestos, reaccionan. Primero, demostrando que la autoridad no era s\u00f3lo un producto de los t\u00edtulos o de la pertenencia a ciertas familias de las \u00e9lites, sino algo que deb\u00eda forjarse de cara a la felicidad de los ciudadanos. Aunque el t\u00e9rmino rep\u00fablica que usaron los humanistas no coincide con el exclusivismo con que hoy lo utilizamos, su idea es antecedente de Rousseau porque demuestra que, sin importar si eras campesino, artesano o soldado, pod\u00edas tener virtud pol\u00edtica, sabidur\u00eda para impartir justicia y preocupaci\u00f3n por el bienestar de los dem\u00e1s. No la ten\u00edan tanto los que hab\u00edan nacido en s\u00e1banas de seda, rodeados de sirvientes y de elogiadores; los hijos de la \u00e9lite carec\u00edan de experiencias del dolor y la injusticia. Ten\u00edan que cubrir esa falta con lecturas. La idea humanista era preguntarse por el prop\u00f3sito del ser-en-la-tierra y ampliar el autoconocimiento para no caer en la bestialidad, es decir, en la violencia y la corrupci\u00f3n pol\u00edticas. De Cicer\u00f3n recogen la frase clave: No nacimos para nosotros mismos, sino para nuestras familias, amistades y patrias. De ah\u00ed que quienes se han servido del gobierno no saben para qu\u00e9 han nacido. Se requiere un cambio de mentalidades, de corazones y mentes, para restaurar las rep\u00fablicas y, en el fondo, crear de nueva cuenta la idea de lo que significa ese animal pol\u00edtico de Arist\u00f3teles que s\u00f3lo pod\u00eda completar su humanidad en lo p\u00fablico, la deliberaci\u00f3n y la construcci\u00f3n de su ciudad. Siguiendo la Ret\u00f3rica, los humanistas encontraron en los fil\u00f3sofos griegos tres formas de lograr sus objetivos: elogiar a los ciudadanos por encima de sus m\u00e9ritos, para provocar su mejoramiento; recordarle machaconamente a los gobernantes las altas expectativas que sus pueblos ten\u00edan de ellos, y condenar con el escarnio p\u00fablico a quienes se hab\u00edan corrompido para sepultarlos en la infamia eterna. Como escribe Albert Hirschman: Los humanistas pretend\u00edan neutralizar las pasiones y los apetitos corruptos, el deseo de lucro personal o de venganza, estimulando una pasi\u00f3n compensatoria: el deseo de honor y de reconocimiento social. Este n\u00facleo de la cultura anti-corrupci\u00f3n ten\u00eda como dispositivo la elocuencia, es decir, no s\u00f3lo el arte de persuadir sino la integridad de quien la expresaba. La estrategia de la reforma pol\u00edtica que inici\u00f3 Petrarca y termin\u00f3 con Maquiavelo us\u00f3 dos virtudes: el carisma moral y la sabidur\u00eda pr\u00e1ctica. Esas son tambi\u00e9n las armas de las ma\u00f1aneras. Para inspirar a los ciudadanos a servir a la rep\u00fablica, los humanistas no usaron para su definici\u00f3n ni la residencia ni el origen familiar, sino otro criterio: si hab\u00eda sido ben\u00e9fico para su ciudad, si hab\u00eda empe\u00f1ado dinero o trabajo en servirla.<\/p>\n<p>No obstante sus esfuerzos, las pol\u00edticas de la virtud fracasan con Maquiavelo. \u00c9l inaugura una forma derrotada de ver lo p\u00fablico donde no existen ya la gloria por alcanzar el bien sino la necesidad de conservar el poder. Para \u00e9l, todo ser\u00e1 una t\u00e1ctica, hasta la honorabilidad. Es la idea de la pol\u00edtica que hasta la fecha tenemos: su \u00e9xito es la estabilidad y la expansi\u00f3n de sus territorios. Los medios para proteger al Estado no ser\u00edan nunca m\u00e1s mediados por los comportamientos \u00e9ticos, ahora ajenos a la desnuda necesidad. Pero la fortuna en lo p\u00fablico sigui\u00f3 tan incierta como al inicio de esta historia. De todos los pron\u00f3sticos que hizo Maquiavelo creyendo dominar una ciencia inexistente \u2013la pol\u00edtica\u2013, ninguno se cumpli\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Petrarca va a la ma\u00f1anera Fabrizio Mej\u00eda Madrid Ha sucedido antes, todo esto. Cuando la corrupci\u00f3n de los pr\u00edncipes y los obispos gener\u00f3 en los ciudadanos una nostalgia por lo perdido. Ten\u00eda que existir alguna versi\u00f3n de lo pol\u00edtico que no fuera la pura fuerza, las telara\u00f1as de leyes ni la obediencia servil. 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