{"id":2293,"date":"2008-10-13T07:37:05","date_gmt":"2008-10-13T12:37:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=2293"},"modified":"2008-10-13T07:37:05","modified_gmt":"2008-10-13T12:37:05","slug":"los-migrantes-en-queretaro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=2293","title":{"rendered":"Los migrantes en Quer\u00e9taro"},"content":{"rendered":"<table class=\"contentpaneopen\">\n<tr>\n<td colspan=\"2\" valign=\"top\" width=\"70%\" align=\"left\"><span class=\"small\">Escrito por Gilberto Hern\u00e1ndez Garc\u00eda \t\t\t<\/span><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td colspan=\"2\" class=\"createdate\" valign=\"top\">Domingo 12 de Octubre 2008<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td colspan=\"2\" valign=\"top\"><strong>REPORTAJE<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.elobservadorenlinea.com\/images\/stories\/migrantes2.jpg\" alt=\"Image\" title=\"Image\" width=\"70\" align=\"left\" border=\"0\" height=\"70\" hspace=\"6\" \/> La vida en La Media Luna: jornaleros agr\u00edcolas migrantes<br \/>\n(Segunda y \u00faltima parte)<\/strong><\/p>\n<p>El sol a\u00fan no asoma en el horizonte y en La Media Luna el d\u00eda ya est\u00e1 comenzando. En el estrecho dormitorio de la casa de Ubaldo se hacinan seis moradores.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Mar\u00eda, la esposa de Ubaldo, es la primera que abandona el lecho. Al igual que todas las mujeres del campamento empieza su jornada antes que los hombres. Habr\u00e1 que lavar el nixtamal y llevarlo al molino. La abuela ya est\u00e1 encendiendo el fog\u00f3n. Emilio, el m\u00e1s peque\u00f1o, ya sabe lo que le toca hacer: como todos los d\u00edas, a eso de las cinco de la ma\u00f1ana tendr\u00e1 que hacer fila en una de las dos tomas de agua potable con que cuenta La Media Luna.<\/p>\n<p>Poco a poco las callejuelas del albergue se van llenando de vida. Los hombres, ya puestos en pie, alistan sus aperos para la faena, los esmeriles dan filo a los machetes y \u00abmochas\u00bb. En cuesti\u00f3n de minutos media docena de camionetas est\u00e1 lista para transportar a los jornaleros a los campos. En cada veh\u00edculo, donde en teor\u00eda cabr\u00edan cuarenta, se amontonan m\u00e1s de cincuenta personas.<\/p>\n<p>\u00bfLuna de miel?<\/p>\n<p>En los ca\u00f1averales el sol hace que la temperatura llegue a superar los 35 grados cent\u00edgrados. Ubal-do y sus hijos: Jes\u00fas, de 18 a\u00f1os, y Emilio, de 10, iniciaron su labor de corte a eso de las 6 de la ma\u00f1ana, en una jornada que se prolongar\u00e1 hasta las 5 de la tarde, si no es que los ca\u00f1eros consideran que es preciso quedarse otras horas.<\/p>\n<p>En esta zona los jornaleros trabajan por el sistema de \u00abdestajo\u00bb, consistente en formar peque\u00f1as cuadrillas familiares, si as\u00ed lo quiere el padre de familia, encabezado por \u00e9l mismo y con la ayuda de los hijos; el precio que se les paga por tonelada de ca\u00f1a, cortada y amontonada en el lugar, es de no m\u00e1s de $30.00. Ordinariamente un padre de familia, contando el dinero de sus ayudantes, llega a ganar unos mil doscientos pesos semanalmente.<\/p>\n<p>Enganchados a la luna<\/p>\n<p>Igual que Ubaldo, los jornaleros de La Media Luna y otros campamentos ca\u00f1eros de la regi\u00f3n han sido tra\u00eddos del sur de M\u00e9xico por los \u00abenganchadores\u00bb, que visitan las paup\u00e9rrimas comunidades para \u00abprestarles\u00bb 150 o 200 pesos para que \u00absaquen de apuros\u00bb a sus familias; despu\u00e9s les dicen que esa deuda la pueden pagar con trabajo, pero para ello se deben trasladar hasta estos campos. Y, como todo genera un costo, el traslado sale en unos 500 pesos.<\/p>\n<p>Los due\u00f1os de los ca\u00f1averales \u00abno escatiman nada\u00bb cuando se trata de \u00abprestarle\u00bb algo a sus trabajadores. Tambi\u00e9n les f\u00edan para que compren su herramienta de trabajo: machetes (se acaban uno en 20 d\u00edas y cuesta 60 pesos), lima o afilador, garrafones. Por si fuera poco, les \u00abdan cr\u00e9dito\u00bb para que durante las primeras semanas puedan comprar los alimentos. Por ello, las primeras tres semanas de arduo trabajo no reciben nada: est\u00e1n pagando. A la cuarta, seg\u00fan el ritmo de trabajo de cada pe\u00f3n, ya reciben la mitad de su salario y al mes ya pueden cobrar \u00abcompleto\u00bb.<\/p>\n<p>En La Media Luna se da una curiosa relaci\u00f3n de autoridad, en la que se implica fuertemente la fidelidad. Quienes detentan el poder, por llamarlo de alguna manera, son los \u00abcabos\u00bb; en el albergue hay tres. Estos hombres son los mismos encargados de \u00abenganchar\u00bb a sus paisanos para la zafra. Seg\u00fan comentaron algunos trabajadores, ser \u00abescogido\u00bb para venir ac\u00e1 es un privilegio; de ah\u00ed que el cabo adquiera ante los ojos del resto de la poblaci\u00f3n el estatus de \u00abbenefactor\u00bb o por lo menos de \u00abalguien importante\u00bb al cual se le debe respeto, de tal manera que pueda seguirse beneficiando de su \u00abtrato\u00bb. No es raro descubrir que el cabo es muy solicitado para asumir el papel de padrino en diversos actos religiosos o civiles.<\/p>\n<p>Tampoco es raro que, aunque no lo mencionan\u00a0 abiertamente, se den situaciones de corrupci\u00f3n, dado que el cabo es el intermediario entre los patrones y los trabajadores; muchos de los beneficios, confiesan algunos, nunca llegan a los destinatarios porque el cabo dispone de ellos.<\/p>\n<p>Reflejos de luna<\/p>\n<p>El sol ha declinado y est\u00e1 a punto de ceder su lugar a la luna. Los atestados camiones abaten sus redilas a la puerta del campamento y los jornaleros descienden. Mar\u00eda recibe a su marido con un buen plato de frijoles, platican un breve momento, con monos\u00edlabos, casi no hay nada qu\u00e9 contar porque todos los d\u00edas son iguales. El hombre, despu\u00e9s de devorar su comida, con hast\u00edo, entra en el cuarto y, en breve, sale con un pu\u00f1ado de jab\u00f3n en polvo y se dirige a los ba\u00f1os comunitarios. Para los hombres ha terminado la jornada, pero las mujeres a\u00fan tendr\u00e1n que continuar con las faenas del hogar.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s j\u00f3venes todav\u00eda tienen \u00e1nimo para organizarse espont\u00e1neamente y \u00abecharse una cascarita\u00bb en las canchas del albergue, como si la dura jornada en la zafra no les hubiera hecho nada. Instintivamente han ido formando sus alianzas para visitar otras comunidades con el af\u00e1n de conseguir novia, o para \u00abpasar el rato\u00bb en el mismo albergue.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico la din\u00e1mica migratoria de los \u00abgolondrinos\u00bb implica el movimiento constante entre zona y zona, seg\u00fan se va terminando el trabajo; algunos empiezan trabajando en el Baj\u00edo y de ah\u00ed van \u00absubiendo\u00bb al occidente, despu\u00e9s a Sinaloa, Sonora, hasta llegar a Baja California, y as\u00ed, en un continuo volver a empezar. En La Media Luna es distinto,\u00a0 ya que los trabajadores llegan con un \u00abcontrato\u00bb y no ven la necesidad de salir a la \u00abaventura\u00bb; adem\u00e1s, \u00e9sta ser\u00eda muy pesada llevando consigo a la familia; por eso casi todos optan por regresar a sus comunidades al fin de la zafra, en junio o julio, con el dinero que han podido ahorrar.<\/p>\n<p>Sin embargo, cada vez son m\u00e1s las familias que deciden quedarse a vivir en Autl\u00e1n; actualmente son 22 las que han decidido no regresar a sus tierras; algunos tienen ya casi treinta a\u00f1os por ac\u00e1. Algunas familias e han hecho de un terreno en la ciudad y ya radican en ella; sin embargo, conservan el trabajo en la zafra. Los que se quedan en el lugar cuando no es temporada de corte pueden seguir ocupando sus viviendas en el albergue; pero tendr\u00e1n que pagar los servicios, como la luz o el agua.<\/p>\n<p>En cualquier caso, los habitantes de La Media Luna se perciben distantes entre ellos mismos. Admiten que no hay mucha relaci\u00f3n entre familias porque la mayor parte del d\u00eda la pasan trabajando. Adem\u00e1s, hay pocos pretextos para lograr ese acercamiento: el campamento carece de espacios simb\u00f3licos o f\u00edsicos para el encuentro. Probablemente la \u00fanica oportunidad de acercamiento e inicio de relaciones comprensivas ser\u00edan los servicios religiosos, mas \u00e9stos son escasos all\u00ed.<\/p>\n<p>Una nota caracter\u00edstica del lugar es el auto-despojo de identidad que de s\u00ed mismos vienen haciendo aquellas personas que han optado por quedarse a vivir en Autl\u00e1n. Por tal raz\u00f3n, no es raro escuchar afirmaciones en tono despectivo al referirse a los reci\u00e9n llegados: \u00abpobrecitos, son indios\u00bb, \u00abno saben usar los ba\u00f1os, por eso est\u00e1n sucios\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay un sentimiento que parece ser com\u00fan:\u00a0 se descubren rechazados por los vecinos de Autl\u00e1n. Hablan de las pocas ganas que les dan de ir al \u00abcentro\u00bb a hacer sus compras para no ser maltratados o llamados \u00abmarranos\u00bb.<\/p>\n<p>Con la nostalgia de otras lunas<\/p>\n<p>La luna se\u00f1orea completamente el campamento. Los habitantes de La Media Luna aprovechan el momento sent\u00e1ndose a la puerta de la casa para platicar o simplemente para estar. Sus ojos, invariablemente, se dirigen al cerrito, donde la Morenita que se apareci\u00f3 en un cerro distante a este terru\u00f1o vela por estos jornaleros. En sus sue\u00f1os est\u00e1 la idea de juntar un \u00abbuen dinero\u00bb para poder regresar a la fiesta patronal, para hacer mejoras a su \u00abcasita\u00bb o para rescatar la tierra que dejaron abandonada, sin producir. Saben que es una tarea dif\u00edcil. Esta migraci\u00f3n no es de las que env\u00edan remesas, no genera ahorro. Conlleva pobreza, pero, con todo, es una forma de supervivencia.<br \/>\nEn la mayor\u00eda de los jornaleros la esperanza sobrevive<\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por Gilberto Hern\u00e1ndez Garc\u00eda Domingo 12 de Octubre 2008 REPORTAJE La vida en La Media Luna: jornaleros agr\u00edcolas migrantes (Segunda y \u00faltima parte) El sol a\u00fan no asoma en el horizonte y en La Media Luna el d\u00eda ya est\u00e1 comenzando. En el estrecho dormitorio de la casa de Ubaldo se hacinan seis moradores. 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