{"id":30525,"date":"2022-12-11T14:03:12","date_gmt":"2022-12-11T20:03:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30525"},"modified":"2022-12-11T14:03:12","modified_gmt":"2022-12-11T20:03:12","slug":"ganar-dos-premios-en-la-categoria-libro-de-arte-debio-provocar-cierto-escozor-en-rodrigo-moya","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30525","title":{"rendered":"Ganar dos premios en la categor\u00eda \u201clibro de arte\u201d debi\u00f3 provocar cierto escozor en Rodrigo Moya"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Sobre piedras y gente en la fotograf\u00eda de Rodrigo Moya<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Juan Manuel Aurrecoechea<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">&#8216;Rodrigo Moya. M\u00e9xico&#8217;, el libro cat\u00e1logo que recoge la experiencia de la exposici\u00f3n hom\u00f3nima que se present\u00f3 en el Museo Amparo, de Puebla, y en Bellas Artes y el Centro de la Imagen, de Ciudad de M\u00e9xico, en 2019, curada por Laura Gonz\u00e1lez, ha ganado el Premio Antonio Garc\u00eda Cubas 2022 que otorga el Instituto Nacional de Antropolog\u00eda e Historia, y el Premio de Arte Editorial 2022 de la C\u00e1mara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>Ganar dos premios en la categor\u00eda \u201clibro de arte\u201d debi\u00f3 provocar cierto escozor en Rodrigo Moya, que ha insistido en que su trabajo tiene poco ver con el arte, que lo suyo es el periodismo, el escrutinio de la circunstancia.<\/p>\n<p>Las im\u00e1genes de Moya tienen el poder de llamar la atenci\u00f3n sobre los acontecimientos que capturan como momentos de una historia social. En\u00a0<i>Limpiavidrios<\/i>, de 1960, el fot\u00f3grafo documenta la tensi\u00f3n entre la geometr\u00eda de unos edificios y los trabajadores que limpian sus ventanas, colgados de fr\u00e1giles cables, con su vida literalmente pendiente de un hilo. Moya ha contado que tom\u00f3 la fotograf\u00eda pregunt\u00e1ndose por el salario de los limpiavidrios al servicio de una empresa multinacional y, de alguna manera, su pregunta qued\u00f3 impresa en la imagen. Independientemente del contraste entre la inmensidad de los edificios y lo peque\u00f1o de los tres trabajadores, lo verdaderamente significante de la imagen es el retrato de las condiciones laborales que hicieron posible ese M\u00e9xico moderno del llamado \u201cmilagro mexicano\u201d, cuya econom\u00eda crec\u00eda a un espectacular siete por ciento anual. \u00bfNo es ese M\u00e9xico una construcci\u00f3n que aplasta a sus trabajadores, no es \u00e9sta la historia que cuenta la imagen?<\/p>\n<p>De cierta manera,\u00a0<i>Limpiavidrios<\/i>\u00a0sintetiza el proyecto de fotograf\u00eda social de Rodrigo, quien\u00a0se propuso retratar ese \u201cmilagro mexicano\u201d a contrapelo, desenmascarando su demagogia y sus efectos concretos en los cuerpos y las miradas de sus retratados: im\u00e1genes encarnadas que interpelan cualquier generalizaci\u00f3n triunfalista.<\/p>\n<p><b>Solitarios y limpiavidrios<\/b><\/p>\n<p>Una foto completamente distinta y parad\u00f3jicamente semejante a\u00a0<i>Limpiavidrios es Columnas del Convento de la Merced<\/i>, de 1964. En ella, tan perdidos como los limpiavidrios, pero sin duda m\u00e1s divertidos, aparecen cuatro jovencitos entre las churriguerescas columnas del convento. El contraste entre la arquitectura del edificio, calificado como uno de los m\u00e1s suntuosos de la Nueva Espa\u00f1a, y la piel de los ni\u00f1os, es tambi\u00e9n el contraste entre la aparente eternidad de la piedra y la fragilidad de la vida, entre la ciudad colonial que pretendi\u00f3 ser eterna y el pasajero tr\u00e1nsito por los a\u00f1os sesenta del siglo pasado de cuatro de sus peque\u00f1os habitantes. Para muchos fot\u00f3grafos los ni\u00f1os hubieran resultado un estorbo y, de haber ocupado el lugar de Moya, los hubieran ahuyentado para capturar la frialdad sobrecogedora del edificio. Para Rodrigo, a quien le interesa mucho m\u00e1s la gente que las piedras, los ni\u00f1os ocupan el centro de la imagen, le dan sentido.<\/p>\n<p>El libro reproduce varias de las fotograf\u00edas que ilustraron la gu\u00eda\u00a0<i>M\u00e9xico<\/i>, encargado por la Editorial Destino, de Barcelona, en los primeros a\u00f1os sesenta del siglo XX a Salvador Novo y Rodrigo Moya. En sus p\u00e1ginas se libr\u00f3 una emblem\u00e1tica batalla entre un escritor de derecha y un fot\u00f3grafo de izquierda, y esa batalla permanece magistralmente impresa en las im\u00e1genes. Mientras Novo exig\u00eda fotos pulcras, sin gente, el fot\u00f3grafo insisti\u00f3 en incluir a las personas, en retratar un pa\u00eds habitado. \u201cNo quiero peladitos en mi libro\u201d, dec\u00eda Novo. Afortunadamente Moya result\u00f3 vencedor: \u201censuci\u00f3\u201d las im\u00e1genes, convirtiendo lo que estaba destinado a ser una insulsa gu\u00eda tur\u00edstica en un complejo libro infiltrado que retrata al M\u00e9xico profundo de los a\u00f1os sesenta.<\/p>\n<p>Otra imagen fascinante de este libro es\u00a0<i>Vecindad en el Centro hist\u00f3rico,<\/i><b>\u00a0<\/b>de 1965. Ocupando una \u00ednfima parte del espacio fotogr\u00e1fico, dos mujeres con sus ni\u00f1as conversan en el pretil de una fuente vac\u00eda, con el imponente fondo de un vetusto edificio. Aqu\u00ed lo que parece fr\u00e1gil es la construcci\u00f3n. Hay una limpieza, una po\u00e9tica y una paz en la imagen que llaman a habitarla, como dir\u00eda Ronald Barthes que hace toda buena fotograf\u00eda.<\/p>\n<p><i>Hombre solitario,<\/i><b>\u00a0<\/b>de 1965, es un retrato po\u00e9tico de la soledad fabril, de ese proletariado que normalmente concebimos como masa y no como persona. No hay manera de no preguntarse de d\u00f3nde viene y a d\u00f3nde va ese hombre encorvado que camina al pie de la f\u00e1brica devoradora de humanidades.<\/p>\n<p><i>Nosotros los pobres<\/i>, de1965, es la bofetada que se merec\u00eda la versi\u00f3n melodram\u00e1tica y celebratoria de la cultura de la misera del cine mexicano de vecindad que pretendi\u00f3 representar la folcl\u00f3rica heroicidad de los \u201centra\u00f1ables\u201d pobres del ya referido \u201cmilagro mexicano\u201d. Entre la geometr\u00eda de los tendederos, una docena de vecinos, la mayor\u00eda ni\u00f1os, observan en el pasillo al fot\u00f3grafo intruso que ha subido al techo de sus viviendas para retratarlos. M\u00e1s que mirar al fot\u00f3grafo, los retratados cuestionan la postura de los espectadores frente a su pobreza. La ropa perfectamente limpia y tendida, con toda seguridad producto del trabajo de las mujeres, da un acento especial a la imagen.<\/p>\n<p>En el primer plano de<b>\u00a0<\/b><i>Cabeza de serpiente prehisp\u00e1nica empotrada en una esquina de la casa de los Calimaya,\u00a0<\/i>aparece \u2013m\u00e1s que \u201cempotrada,\u201d aplastada por el edificio colonial\u2013 la escultura de una cabeza de serpiente mexica magnificada por el , punto de vista del fot\u00f3grafo, que la hace ocupar m\u00e1s del sesenta por ciento de la imagen. Se trata de una toma en contrapicada de una de las esquinas del edificio que hoy alberga al Museo de la Ciudad de M\u00e9xico. En ese lugar tan cargado de simbolismo, Moya oprimi\u00f3 el obturador de su c\u00e1mara en el momento en que una joven solitaria caminaba por la calle Rep\u00fablica de El Salvador y la atrapa mirando a la lente sin inmutarse, como si desafiase, m\u00e1s que al fot\u00f3grafo, al pasado, a la cabeza de serpiente y al edificio colonial, y con ello al lugar en que el patriarcado ubica a las mujeres. La foto captura, al mismo tiempo, una escena de la vida cotidiana, tan banal como muchas otras, y el momento en que la mujer ingresa en la historia. No pasar\u00e1 mucho tiempo para que irrumpa la llamada segunda ola del feminismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Punto de vista y postura<\/b><\/p>\n<p>Las im\u00e1genes del libro de Moya demuestran que el asunto de la fotograf\u00eda es el asunto del punto de vista: del lugar en que se coloca el fot\u00f3grafo en la escena, pero sobre todo del punto de vista \u00e9tico y pol\u00edtico. Y aqu\u00ed no hay duda de la postura de Rodrigo, un fot\u00f3grafo pensante y cr\u00edtico; un fot\u00f3grafo que, como el sovi\u00e9tico Alexander Rodchenko de los a\u00f1os veinte del siglo pasado, propone una fotograf\u00eda que explora nuevos \u00e1ngulos, formas in\u00e9ditas de ver que buscan sacudir la conciencia de los espectadores y liberarlos de la mirada convencional, mostrando p\u00fablicamente el lado escondido de las cosas y los acontecimientos.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre piedras y gente en la fotograf\u00eda de Rodrigo Moya Juan Manuel Aurrecoechea &#8216;Rodrigo Moya. 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