{"id":30661,"date":"2022-12-29T20:43:16","date_gmt":"2022-12-30T02:43:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30661"},"modified":"2022-12-29T20:43:16","modified_gmt":"2022-12-30T02:43:16","slug":"gilda","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30661","title":{"rendered":"\u00abGilda\u00bb"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Gilda<\/h1>\n<h1 class=\"ljs-merri\">Marco Antonio Campos<\/h1>\n<p>&#8211;\u00a0<span class=\"sem-autor\">Marco Antonio Campos<\/span>\u00a0&#8211;\u00a0<span class=\"sem-fecha\">Saturday, 24 Dec 2022 22:35<\/span><span class=\"float-right ljn-nota-redes\"><a><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/ultimas\/++theme++lajornada.portal.theme\/v2\/images\/ljn-nota-facebook.png\" alt=\"Compartir en Facebook\" \/>\u00a0<\/a><a class=\"twitter popup\" href=\"https:\/\/twitter.com\/intent\/tweet?original_referer=https:\/\/semanal.jornada.com.mx\/2022\/12\/24\/gilda-marco-antonio-campos-6694.html&amp;ref_src=twsrc%5Etfw&amp;text=Gilda%20\/%20Marco%20Antonio%20Campos&amp;tw_p=tweetbutton&amp;url=https:\/\/semanal.jornada.com.mx\/2022\/12\/24\/gilda-marco-antonio-campos-6694.html\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/ultimas\/++theme++lajornada.portal.theme\/v2\/images\/ljn-nota-twitter.png\" alt=\"Compartir en Twitter\" \/>\u00a0<\/a><a href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/semanal.jornada.com.mx\/2022\/12\/24\/gilda-marco-antonio-campos-6694.html\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/\/ultimas\/++theme++lajornada.portal.theme\/v2\/images\/ljn-nota-g+.png\" alt=\"Compartir en Google\" \/><\/a><\/span><\/p>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"RIGHT\"><i>No hay tiempo que perder,<\/i><\/p>\n<p align=\"RIGHT\"><i>pues la fiesta ya va a acabar.<\/i><\/p>\n<p align=\"RIGHT\">Enrique Guzm\u00e1n, \u201cConfidente de secundaria\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ah esa edad. Ah en esa edad. En esta edad trato de precisar el edificio de la secundaria donde estudiaba, esa suerte de exconvento color ocre el cual perteneci\u00f3 a las religiosas teresianas, y que el ministerio de Educaci\u00f3n P\u00fablica habilit\u00f3 en los a\u00f1os treinta como escuela. Unas veces lo recuerdo con agrado, otras, como un espacio claustrof\u00f3bico. La secundaria era \u2013es\u2013 un rect\u00e1ngulo de dos pisos donde en medio estaba el patio, que pod\u00eda servir de canchas de volibol (si Dios y el director quer\u00edan). Luego de la entrada, por la calle de Goya, a la derecha, estaban la direcci\u00f3n y la subdirecci\u00f3n, y a la mitad del pasillo la breve biblioteca, y al fondo del patio se encontraba el auditorio, el cual fue en un tiempo la Capilla Mayor, y donde alguna vez practiqu\u00e9 la oratoria, que ahora, con una sonrisa indulgente, recuerdo como un momento rocambolesco.<\/p>\n<p>Pobre, feo, con el cabello ind\u00f3mito y los dientes irregulares, Pino Ch\u00e1vez fue con mucho el mejor estudiante entre nosotros de primero y segundo a\u00f1os y lo segu\u00eda siendo en tercero, mientras nosotros, con el despertar de la adolescencia pens\u00e1bamos m\u00e1s en las muchachas, con quienes, por cierto, ten\u00edamos poco o nulo \u00e9xito, o simplemente nos dedic\u00e1bamos, con menos fortuna que ventura, a los deportes. Pino era, como dec\u00edamos en el lenguaje estudiantil de quien estudiaba mucho, un \u201cmatado\u201d. Impecable en la clase y en las tareas, admir\u00e1bamos a Ch\u00e1vez, y al mismo tiempo nos causaba molestia y recelo. No era mal compa\u00f1ero, pero no hab\u00eda en \u00e9l nada que resultara simp\u00e1tico. Para olvidarse, para crear paralelamente un mundo imaginativo que hiciera a un lado sus complejos y su resentimiento, se entregaba a los libros. Ya se le ve\u00eda en la frente la ceniza como se\u00f1al de la desdicha.<\/p>\n<p>La historia que cuento ocurri\u00f3 cuando curs\u00e1bamos el tercer a\u00f1o de secundaria. Muchos est\u00e1bamos secretamente enamorados de Gilda, una adolescente api\u00f1onada, de cabello largo, tez hermosa, esbelta de cuerpo, que iba un grado menos que nosotros. Ese a\u00f1o entr\u00f3 directamente a segundo. Si nosotros tendr\u00edamos quince a\u00f1os, ella tendr\u00eda catorce. Era la m\u00e1s atractiva de la secundaria. Nuestra timidez era tan grande, que, para parecer indiferentes, para no demostrar que nos encantaba, la denost\u00e1bamos y, sin m\u00e1s prueba que su gracia y alegr\u00eda, no la baj\u00e1bamos de\u00a0<i>resbalosa<\/i>. Si de por s\u00ed era inquieto y desconcentrado, yo me encontraba en las p\u00e1ginas de los libros de historia o de matem\u00e1ticas el cuerpo de Gilda, la imaginaba desnuda, y ten\u00eda que simular la erecci\u00f3n cuando el maestro me dec\u00eda que me alzara y contestara su pregunta. No era dif\u00edcil pensar que a otros les pasaba lo mismo. Al \u00fanico que le confes\u00e9 mi enamoramiento fue al\u00a0<i>Toro<\/i>\u00a0Reinoso, un nayarita muy simp\u00e1tico y buen amigo, pero p\u00e9simo alumno.<\/p>\n<p>Para nuestra estupefacci\u00f3n, para nuestra irritaci\u00f3n dolorosa, Pino Ch\u00e1vez, no s\u00e9 por qu\u00e9 artes o estrategia, empez\u00f3 a ver a Gilda a las horas del descanso. Se recargaban en la baranda de hierro del primer piso y se quedaban hablando hasta la vuelta al sal\u00f3n. \u201cPero si s\u00f3lo sabe hablar de los maestros y de la escuela\u201d, dec\u00edamos. No falt\u00f3 quien quisiera pegarle, algo normal en las escuelas de gobierno, en las que cualquier pretexto es bueno para hacerlo. El\u00a0<i>Gallo<\/i>\u00a0Medina, que una vez se \u201cdescont\u00f3\u201d a Ch\u00e1vez dici\u00e9ndole que la dejara, fue suspendido una semana por el director, un aut\u00f3crata de remedo, quien se cre\u00eda iluminado por los h\u00e9roes de la Independencia y de la Reforma. Medina se molest\u00f3 porque a su regreso a clases le dije que era una cobard\u00eda pegarle a un indefenso. Terminamos a los golpes en Donatello, la calle arbolada que estaba detr\u00e1s de la secundaria.<\/p>\n<p>Para nuestra sorpresa, muy cerca del final de cursos, lleg\u00f3 un d\u00eda un joven bien parecido y bien vestido a recoger a Gilda a la hora de la salida. Tendr\u00eda tres o cuatro a\u00f1os m\u00e1s que nosotros. Ten\u00eda una vistosa motocicleta, algo a lo que ni en sue\u00f1os guajiros, por edad o por dinero, pod\u00edamos aspirar. Empez\u00f3 a ir a diario. Ch\u00e1vez ya no iba a hablar con ella al corredor poniente del primer piso. Parec\u00eda amarrado en el pupitre del sal\u00f3n. Ante el intruso, yo estaba lleno de envidia y rabia, aunque por mi timidez feroz, nunca, en ese tiempo, me acerqu\u00e9 a Gilda.<\/p>\n<p>Una vez, cruzando la puerta de salida, me lo top\u00e9. Iba atildado, como era habitual, y buscaba con la mirada el momento de verla salir. De pronto por algo instintivo, subi\u00e9ndoseme la sangre a la cabeza, le dije empuj\u00e1ndolo: \u201c\u00a1No te me pongas enfrente, animal!\u201d Se me qued\u00f3 viendo retadoramente, pero en ese momento sali\u00f3 Gilda, e ignor\u00e1ndome, se fue con ella. Los vi alejarse en la motocicleta.<\/p>\n<p>Casi todos los que la pretend\u00edan, pero no lo confesaban, me felicitaron por el acto, el cual despu\u00e9s entend\u00ed era un signo m\u00edo de incapacidad de alcanzar lo que en el fondo anhelaba con toda el alma y sab\u00eda que no lo conseguir\u00eda. Gilda no present\u00f3 una acusaci\u00f3n en la direcci\u00f3n, y fue un alivio, porque si algo me sobraban eran sanciones. Ch\u00e1vez segu\u00eda en el mutismo.<\/p>\n<p>El novio de Gilda ya s\u00f3lo la esperaba en el peque\u00f1o parque Goya, que es m\u00e1s una glorieta, o del otro lado, cerca de la iglesia de Santo Domingo, tal vez porque dedujeron que pod\u00edamos pegarle entre m\u00e1s de uno. Para nuestra sorpresa, Gilda a veces conduc\u00eda la moto. A su vez, en la escuela, Gilda ya s\u00f3lo platicaba en los descansos con las compa\u00f1eras. Casualmente dos veces se encontraron en el patio nuestras miradas y en las dos su vista pas\u00f3 de la calma a la furia. Me sent\u00ed como debe sentirse un perro apaleado o como un hombre perdido que no sabe con cu\u00e1l pie se anda. En el patio \u2013me parec\u00eda\u2013 dejaron de volar palomas y gorriones.<\/p>\n<p>Con el paso de los d\u00edas Pino Ch\u00e1vez se volvi\u00f3 m\u00e1s hosco, sombr\u00edo, y tuvo al final muy buenas calificaciones, pero no lleg\u00f3 a la excelencia.<\/p>\n<p>En enero del a\u00f1o siguiente entr\u00e9 a la preparatoria pero me segu\u00eda viendo con el\u00a0<i>Toro<\/i>\u00a0Reinoso, quien sin dificultades hab\u00eda reprobado dignamente el \u00faltimo curso. En febrero me coment\u00f3 que Gilda no se hab\u00eda inscrito en la secundaria y Pino Ch\u00e1vez no pas\u00f3 el examen de admisi\u00f3n en la preparatoria.<\/p>\n<p>Dos o tres meses m\u00e1s tarde, dici\u00e9ndomelo en seco, el\u00a0<i>Toro<\/i>\u00a0Reinoso me inform\u00f3 que Gilda se hab\u00eda matado en una motocicleta en la curva de\u00a0<i>la pera\u00a0<\/i>de la carretera a Cuernavaca.<\/p>\n<p>Iba con el novio.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gilda Marco Antonio Campos &#8211;\u00a0Marco Antonio Campos\u00a0&#8211;\u00a0Saturday, 24 Dec 2022 22:35\u00a0\u00a0 No hay tiempo que perder, pues la fiesta ya va a acabar. Enrique Guzm\u00e1n, \u201cConfidente de secundaria\u201d. &nbsp; &nbsp; Ah esa edad. Ah en esa edad. 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