{"id":30805,"date":"2023-01-08T14:26:04","date_gmt":"2023-01-08T20:26:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30805"},"modified":"2023-01-08T14:26:04","modified_gmt":"2023-01-08T20:26:04","slug":"sylvia-plath-es-la-escritora-mas-importante-de-la-literatura-confesional","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=30805","title":{"rendered":"Sylvia Plath es\u00a0la escritora m\u00e1s importante de la literatura confesional."},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Sylvia Plath o la oscura inteligencia de una \u00e9poca<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Antonio Valle<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">La obra y la vida de la poeta Sylvia Plath (1932-1963) han sido objeto de innumerables estudios e interpretaciones desde m\u00faltiples puntos de vista. Enmarcada en la llamada \u201cpoes\u00eda confesional\u201d es, se afirma aqu\u00ed, su m\u00e1ximo representante. En este ensayo se comentan ambas dimensiones, al fin y al cabo la misma, de su ser po\u00e9tico.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u00bfQue cuento intimidades? Lo \u00edntimo<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>siempre es algo social.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\">Annie Ernaux<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>1. Una po\u00e9tica de la locura y la muerte<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sylvia Plath es\u00a0la escritora m\u00e1s importante de la literatura confesional. Desde hace ochenta a\u00f1os los lectores de sus libros de poes\u00eda:\u00a0<i>El coloso<\/i>,\u00a0<i>Ariel<\/i>\u00a0y\u00a0<i>Tres mujeres<\/i>; de su novela<i>\u00a0La campana de cristal,<\/i>\u00a0as\u00ed como de sus numerosas cartas y diarios, se han empe\u00f1ado en extender un inagotable caos literario. Abism\u00e1ndose con una obra y una vida abierta entre lo ominoso y lo sagrado, miles de ensayos y estudios, profanos o acad\u00e9micos, han diseminado por el mundo su vida y obra; sobre todo, su leyenda negra. Sobran quienes \u2013desde el miedo o la insolencia\u2013 han intentado redimir o condenar la biograf\u00eda de una mujer le\u00edda, observada, absuelta o juzgada como ninguna otra; una mujer que desde su muerte y hasta nuestros d\u00edas termin\u00f3 convertida en bandera de innumerables y dudosas causas.<\/p>\n<p>La historia de Sylvia Plath es la de una mujer intensamente \u201cauto-confesada\u201d cuya obra literaria, la propia, pero sobre todo la que gira en torno a ella, es inmensa. Sin embargo, la verdadera dificultad reside en que es dif\u00edcil acceder o procesar una po\u00e9tica que, m\u00e1s all\u00e1 del esc\u00e1ndalo o la banalidad, apunta hacia la locura y la muerte. Si como dice Octavio Paz, que todo aquel \u2013o aquella\u2013 poeta, al acceder a cierta experiencia llamada \u201cpoes\u00eda\u201d, escribir\u00e1 un poema, artefacto verbal cuyo destino es el lector, \u00e9ste, al hacer contacto con el poema, terminar\u00e1 por convertirse en poes\u00eda. Siguiendo ese razonamiento, al leer los poemas de Sylvia Plath nosotros mismos experimentamos cierto tipo de \u201cconocimiento directo\u201d en torno a la locura y la muerte. Sin embargo, la poeta encontr\u00f3 una estrategia literaria para \u201caislarse\u201d y de paso proteger a sus lectores; entre nosotros y ella dise\u00f1\u00f3 una pr\u00f3tesis, un artefacto metaf\u00f3rico llamado \u201ccampana de cristal\u201d. Gracias a esa protecci\u00f3n, y desde nuestra \u201crealidad objetiva\u201d, podemos acceder a una experiencia est\u00e9tica y a un \u201csaber\u201d endemoniadamente doloroso. Una vez que tomamos prudente distancia, leemos-vemos c\u00f3mo sufre la poeta, como apenas sobrevive y se autodestruye. Imagen de aislamiento y paradoja de una desnudez aterradora que tambi\u00e9n revela un mundo s\u00f3rdido, persistentemente sonoro, un mundo cerrado en el cual, en el fondo, s\u00f3lo ella escucha su propia voz, pensamientos oscuros que traduce en textos y que, exceptuando el breve per\u00edodo en el que conoci\u00f3 el amor y el erotismo, nunca dejaron de torturarla. Sin embargo, esa campana de cristal, met\u00e1fora de una disposici\u00f3n ps\u00edquica, pr\u00f3tesis que la resguarda del mundo exterior, es una t\u00e9cnica literaria que al mismo tiempo que la separa la a\u00edsla. Operaci\u00f3n peligrosa y absurda, en el sentido etimol\u00f3gico que tiene esa palabra: \u201cabsurdo\u201d, del lat\u00edn,\u00a0<i>absurdus<\/i>, disonancia, algo que no se entiende, susurrante, cierta voz que inevitablemente derivar\u00e1 en sordera.<\/p>\n<p>Para acercarnos mejor a la ra\u00edz de ese \u201cabsurdo\u201d, visualicemos una escena de\u00a0<i>Mulholland Drive<\/i>, filme en el que David Lynch presenta a una cantante haciendo gestos de dolor y asfixia. La angustia de esa mujer obedece a que se encuentra prisionera en una c\u00e1rcel invisible, l\u00edmite que le impide hacer contacto con el p\u00fablico (con lo p\u00fablico), es decir con \u201cnosotros\u201d, sus\u00a0<i>inauditos<\/i>\u00a0espectadores. Como se escuchan ciertas palabras en los sue\u00f1os, de la \u201cnada\u201d, que es una manera popular de nombrar al inconsciente, dice una\u00a0<i>voz en off<\/i>\u00a0en espa\u00f1ol: \u201cNo hay banda\u201d; en otras palabras, no existe un medio que nos permita escuchar lo que trata de decir(nos) la mujer. No es imposible que David Lynch tomara como referente algunos pasajes de la vida o de la poes\u00eda, que es lo mismo, de Sylvia Plath, para crear el personaje de esa cantante \u201cabsurda\u201d, personaje que al final de la historia terminar\u00e1 descomponi\u00e9ndose en una habitaci\u00f3n oscura. Las po\u00e9ticas de Sylvia Plath y\u00a0<i>Mulholland Drive\u00a0<\/i>son verdaderos r\u00edos pulsionales del g\u00e9nero confesional, g\u00e9nero subjetivo, altamente simb\u00f3lico y cat\u00e1rtico, lenguaje dispuesto para que las\u00a0<i>audiencias<\/i>\u00a0descubran el sentido de sus im\u00e1genes, de sus palabras y silencios. Ambas po\u00e9ticas nos confrontan \u2013y nos recuerdan\u2013 que todos tenemos una voz oculta, un discurso que necesita descifrarse, discurso enmascarado que demanda una\u00a0<i>audiencia<\/i>, discurso secreto, inevitablemente oculto, hasta para nosotros mismos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>La madre del deber ser<\/b><\/p>\n<p>Durante su adolescencia\u00a0Sylvia Plath era, o parec\u00eda ser, una chica como todas. De hecho, en las cartas que le env\u00eda a su madre se describe a s\u00ed misma como una joven a la que le interesan \u2013adem\u00e1s de las ansiadas becas y premios acad\u00e9micos\u2013 la moda, los chicos, las fiestas y el glamour. Como la protagonista de\u00a0<i>Mulholland Drive<\/i>, Sylvia Plath parece gozar de una vida prometedora, dulce y llena de \u201cilusiones\u201d. Sin embargo, esas cartas tambi\u00e9n revelan un lado oscuro; vemos c\u00f3mo su \u201ccarrera acad\u00e9mica\u201d est\u00e1 plagada de rechazos y descalificaciones, dificultades que Sylvia supo sortear gracias al empuje de una \u201crecia voluntad\u201d, de una tenacidad no exenta de violencia. Ejemplo de esta determinaci\u00f3n es el fragmento de la carta que en 1951 le env\u00eda a su madre: \u201cY cuando miro hacia adelante s\u00f3lo veo un ritmo acelerado de trabajo hasta el d\u00eda de mi muerte.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>En medio de una oscura academia; de pronto, al amanecer\u2026<\/b><\/p>\n<p>Durante 1958, en\u00a0una carta dirigida a su hermano Warren, Sylvia Plath describe as\u00ed a sus colegas de la academia: \u201cson personas d\u00e9biles, celosas, vanidosas y mezquinas\u201d\u2026 [s\u00f3lo les importan] \u201cnombramientos, despidos, bolsa de estudios, alumnas, cr\u00edtica literaria \u2013siempre de segunda mano\u201d. Sylvia hace una cr\u00edtica puntual de los eruditos org\u00e1nicos: \u201cLo terrible del escritor acad\u00e9mico es que vive del aire y de lo que otros escriben.\u201d Acerca de los escritores que trabajan en la universidad explica: \u201cson especialmente sospechosos, sobre todo si no ponen la vida acad\u00e9mica por encima de todo\u2026 Y a nosotros dos (se refiere a ella y Ted Huges, con quien ya est\u00e1 casada) [\u2026] nos ha sido imposible trabajar en lo nuestro y pensamos que, de refugiarnos en esta seguridad bien pagada, dentro de diez a\u00f1os nos maldeciremos pensando en lo que podr\u00edamos haber sido.\u201d<\/p>\n<p>Ya apunt\u00e1bamos que Sylvia vivi\u00f3 un breve verano de felicidad al lado de Ted Huges. Al abandonar el mundo acad\u00e9mico, dise\u00f1a lo que ser\u00e1 el per\u00edodo m\u00e1s dichoso de su vida: \u201cbuscar alguna clase de trabajo que nos permita escribir y vivir, de manera que podamos acrecentar nuestras experiencias y facultades creativas.\u201d En abril de 1957, una irreconocible Sylvia Plath, comenta: \u201cHoy nos hemos levantado a las cuatro y media de la ma\u00f1ana y antes de empezar a escribir hemos dado un largo paseo hasta Granchester. No quisiera perderme ning\u00fan otro amanecer as\u00ed.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El deber ser y la gran depresi\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Los ensayos sobre\u00a0la poeta suelen pasar por alto un asunto estructural. Sylvia Plath naci\u00f3 en el coraz\u00f3n de la depresi\u00f3n econ\u00f3mica de 1929. Para 1940, a\u00f1o en el que su padre muere, aumentan las inquietudes por la sobrevivencia. Para Aurelia Plath, la madre de Sylvia, aquello era una preocupaci\u00f3n extrema, desasosiego que inevitablemente le transmiti\u00f3 a la ni\u00f1a poeta. Aurelia dec\u00eda que entre ella y su hija exist\u00eda una especie de \u201c\u00f3smosis ps\u00edquica\u201d, es decir, un extra\u00f1o fen\u00f3meno que se \u201cinstal\u00f3\u201d en el imaginario de Sylvia, fen\u00f3meno que terminar\u00eda por convertirse en un implacable \u201cdeber ser\u201d, en una disciplina inflexible. Anomal\u00eda descrita por el psicoan\u00e1lisis como elemento constitutivo de \u201cla gran voz\u201d o \u201csuperyo\u201d. Es probable que esa sea la raz\u00f3n por la que en 1962, un a\u00f1o antes de morir, Sylvia escribe el poema \u201cTres mujeres\u201d. En este poema, escrito para ser le\u00eddo en voz alta, nos da la impresi\u00f3n de que Sylvia Plath quisiera escuchar fuera de s\u00ed a esa \u201cgran voz\u201d que nunca la abandon\u00f3. El desgarrador poema, entre otras cosas, dice: \u201cLo que sucede en m\u00ed tendr\u00e1 lugar de todos modos\u201d, terrible sentencia que la lleva a estar segura de que sufre un padecimiento incurable: \u201cuna enfermedad que llevo conmigo, es una muerte\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Papito, hijo\u2026<\/b><\/p>\n<p>En cuanto al\u00a0papel ambivalente que juega el padre de Sylvia Plath, es importante analizar algunos versos incluidos en \u201cTres mujeres\u201d: \u201c\u00bfEs \u00e9l mi amante? \u00bfEsta muerte, es ella otra muerte? Cuando fui ni\u00f1a, am\u00e9 un nombre corro\u00eddo por el liquen. \u00bfSer\u00eda entonces el \u00fanico pecado, este viejo amor\/ muerto de la muerte?\u201d Sin duda, el nombre aludido en el poema es el \u201cnombre del padre\u201d, el amado-amante no puede ser otro m\u00e1s que el padre. Al parecer, desde la infancia la poeta se encontraba en una situaci\u00f3n de incesto y su inevitable pulsi\u00f3n de muerte. Sin embargo, es visible el afecto por el padre en \u201cTres mujeres\u201d, ese amor prohibido que, al ser cuestionado por ella misma, abr\u00eda un umbral hacia la cura; pero el nivel de culpa que le provoca ese \u201c\u00fanico pecado\u201d se transformar\u00e1 en un furor sin l\u00edmites. La visi\u00f3n amorosa del padre es desmentida hasta llegar al parricidio en el poema \u201cDaddy\u201d: \u201cPapi, ten\u00eda que matarte pero\/ Moriste antes de que me diera tiempo.\u201d El poema termina de esta manera: \u201cPapi, papi, hijo de puta, al fin te remat\u00e9.\u201d Sylvia Plath no sab\u00eda \u2013o s\u00ed, oscuramente\u2013 que al sentir, pensar, visualizar y escribir el \u201cremate\u201d del poema \u201cDaddy\u201d, no le pon\u00eda sentencia de muerte a su padre, ya de por s\u00ed muerto, sino a su propio \u201cyo\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>2. La oscura inteligencia de\u00a0una \u00e9poca<\/b><\/p>\n<p>Resulta escandaloso\u00a0que los servicios de salud mental de Estados Unidos e Inglaterra, que los intelectuales de \u00e9lite, maestros, amigos y compa\u00f1eros de Sylvia Plath, no conocieran el libro\u00a0<i>Duelo y melancol\u00eda<\/i>. En ese estudio, Sigmund Freud establece que el duelo es \u201cla p\u00e9rdida del ser amado que finalmente es aceptada como parte de la vida\u201d; a diferencia de la melancol\u00eda, que define como un duelo no resuelto, estadio en el que el tiempo no pasa frente a la p\u00e9rdida. Al parecer, los intelectuales de \u00e9lite y los especialistas en salud mental tampoco hab\u00edan le\u00eddo\u00a0<i>M\u00e1s all\u00e1 del principio de placer<\/i>, estudio que aborda las pulsiones de vida y muerte. Ambas obras fueron publicadas por Freud entre 1917 y 1920, es decir, veinte a\u00f1os antes de que la peque\u00f1a Sylvia perdiera a su padre y tres d\u00e9cadas antes de que la poeta protagonizara su primer intento de suicidio. Los \u201cespecialistas\u201d en salud mental, la madre, o ambos, deciden, como le pas\u00f3 a Virginia Woolf, tratar a la joven poeta con f\u00e1rmacos, consejitos y electroshocks.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>3. Suma provisional<\/b><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 mat\u00f3 o suicid\u00f3\u00a0a Sylvia Plath? Ella abri\u00f3 la llave de gas, es cierto, pero muchos a\u00f1os antes la mat\u00f3 la muerte de su padre. La ni\u00f1a poeta muri\u00f3 de furia porque aquel hombre la abandon\u00f3 a una incre\u00edble experiencia de \u201c\u00f3smosis\u201d, \u201cmisterio\u201d que la conden\u00f3 a escribir interminables cartas a su madre. Se suicid\u00f3 porque se qued\u00f3 sola y desnuda, hablando s\u00f3lo para s\u00ed; oculta s\u00f3lo para s\u00ed; intensamente revelada bajo una campana de cristal. La mat\u00f3 la impotencia que le hered\u00f3 su padre, quien, por cierto, un m\u00e9dico dijo que se hab\u00eda dejado morir. La envenen\u00f3 su propia voz dici\u00e9ndole: \u201cama a tu padre\/ odia a tu padre\u201d, \u201cno seas como tu padre\/ s\u00e9 c\u00f3mo \u00e9l\u201d. No la mataron los alemanes ni los austr\u00edacos: no fueron Mozart, ni Rainer Maria Rilke, ni C.G. Jung ni Otto Rank. Se muri\u00f3 de nazismo (Sylvia Plath invent\u00f3 que Sylvia Plath era jud\u00eda y que ten\u00eda que pagar por ello, pagar por los ojos azules de sus ancestros, por los que inventaron los campos de concentraci\u00f3n y la c\u00e1mara de gas). Ella misma dise\u00f1\u00f3 su holocausto privado: una peque\u00f1a c\u00e1mara saturada con gas dom\u00e9stico. Muri\u00f3 de terror por la gran depresi\u00f3n del \u201929 en Estados Unidos y por la ni\u00f1a que vio durmiendo en una calle. La mat\u00f3 la primera guerra y la segunda y el per\u00edodo de entreguerras. Se muri\u00f3 de postguerra y su falsa\u00a0<i>happiness<\/i>. La mataron de verg\u00fcenza sus \u201ccompa\u00f1eros\u201d millonarios y sus \u201cmaestros\u201d ilustrados. La mat\u00f3 una voz enardecida por la disciplina, el miedo y la censura. La suicid\u00f3 su complejo de inferioridad y su superioridad po\u00e9tica. La mat\u00f3 el amor y la esperanza y el desamor de Ted Huges, del que nunca sabremos cu\u00e1l era su integridad \u00e9tica. La mat\u00f3 una academia insensible. Se muri\u00f3 de coraje por lo inconsciente de una madre viuda y proyectada en su hija, una madre empobrecida y temerosa. La mataron los \u201cmuchachos machos\u201d, mediocres y altaneros, los aprendices de las ciencias mentales. La mat\u00f3 la ancestral lucha entre los sexos, un aborto, una trist\u00edsima maternidad y su correlato de\u00a0<i>baby blues<\/i>. La mataron las abejas muertas y las cajas negras que construy\u00f3 su padre. La mat\u00f3 su falta de deseo, los mandatos y sus feroces cumplimientos. La mat\u00f3 su despiadada autoobservaci\u00f3n. Se muri\u00f3 de audacia y valent\u00eda. Muri\u00f3 en un duelo interminable (ella desapareci\u00f3 del mundo, s\u00ed, conociendo el sarcasmo y la iron\u00eda, pero no el sentido del humor). Se suicid\u00f3 porque fue cierto aquel verano inolvidable, porque fue demasiado: excitante, corto y hermoso, cuando se asole\u00f3 con su marido en una playa del Mediterr\u00e1neo. Se suicid\u00f3 porque al morir su padre ella le dijo: \u201cNunca volver\u00e9 a hablar con Dios.\u201d Desde entonces la ni\u00f1a poeta vivi\u00f3 amargas discusiones con un cad\u00e1ver hasta que un d\u00eda pens\u00f3 que ella misma era dios. Muri\u00f3 por el\u00a0<i>malestar de la cultura<\/i>, porque lleg\u00f3 demasiado tarde el\u00a0<i>peace and love<\/i>. A ella la desapareci\u00f3 el Estado: el\u00a0<i>statu quo<\/i>\u00a0de la postguerra. Como C\u00e9sar Vallejo, aunque por razones \u00e9ticas \u2013sobre todo pol\u00edticas\u2013 distintas, Sylvia Plath se muri\u00f3, tal y como hab\u00eda vivido y escribi\u00f3 en \u201cSolterona\u201d: \u201c\u00a1C\u00f3mo deseo el invierno!\/ Austeramente, en orden minucioso\u2026\u201d Y un d\u00eda muy fr\u00edo, despu\u00e9s de preparar el desayuno para sus hijos, al fin alcanz\u00f3 la ansiada levedad del \u00e9ter y el gas; lejos de su madre y de su padre; muy lejos de su<i>\u00a0madre\/patria<\/i>.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sylvia Plath o la oscura inteligencia de una \u00e9poca Antonio Valle La obra y la vida de la poeta Sylvia Plath (1932-1963) han sido objeto de innumerables estudios e interpretaciones desde m\u00faltiples puntos de vista. Enmarcada en la llamada \u201cpoes\u00eda confesional\u201d es, se afirma aqu\u00ed, su m\u00e1ximo representante. 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