{"id":31051,"date":"2023-02-08T09:47:02","date_gmt":"2023-02-08T15:47:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31051"},"modified":"2023-02-08T09:47:02","modified_gmt":"2023-02-08T15:47:02","slug":"glosa-de-la-vida-y-la-obra-del-poeta-narrador-y-traductor-mexicano-jose-joaquin-pesado-1801-1861","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=31051","title":{"rendered":"Glosa de la vida y la obra del poeta, narrador y traductor mexicano Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado (1801-1861)"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado: un cuentista del siglo XIX y de hoy<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Marco Antonio Campos<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Glosa de la vida y la obra del poeta, narrador y traductor mexicano Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado (1801-1861), conocido, entre otras obras, por los dos cuentos largos, a veces considerados como novelas cortas, \u201cAmor frustrado\u201d y \u201cEl Inquisidor de M\u00e9xico\u201d, que se comentan aqu\u00ed en el contexto del agitado siglo XIX mexicano.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El historiador, bi\u00f3grafo y cuentista Jos\u00e9 Mar\u00eda Roa B\u00e1rcena, quien lo quer\u00eda y admiraba, escribi\u00f3 en 1873 una biograf\u00eda que contiene util\u00edsimos detalles de la personalidad de Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado y de la ardua \u00e9poca en que vivi\u00f3. Pesado naci\u00f3 en San Agust\u00edn del Palmar, Puebla, el 9 de febrero 1801 y falleci\u00f3 en Ciudad de M\u00e9xico el 8 de marzo de 1861. Sus padres fueron D. Domingo Pesado, due\u00f1o de una hacienda media de ganado y labor, quien morir\u00eda en 1802, apenas un a\u00f1o despu\u00e9s del nacimiento del hijo, y la bella y p\u00eda Josefa Francisca P\u00e9rez. Su madre llev\u00f3 al hijo a Orizaba cuando contaba ocho a\u00f1os. Do\u00f1a Josefa volvi\u00f3 a casarse en 1810 y en ese a\u00f1o una gavilla mat\u00f3 al esposo. En 1824 morir\u00eda la madre. La orfandad y la tragedia familiar acompa\u00f1aron tristemente a Pesado en su infancia y adolescencia y eso se resiente en su literatura. No en balde los v\u00e1stagos en sus dos cuentos largos son hijos alejados. Los protagonistas cardinales, dos parejas de enamorados, son hu\u00e9rfanos en ambas narraciones, y una de ellas del mismo matrimonio. El norte de Puebla y la zona de Orizaba, C\u00f3rdoba y Xalapa de Veracruz, y a partir del decenio de los treinta Ciudad de M\u00e9xico, fueron los lugares que Pesado vivi\u00f3 y mejor conoci\u00f3. En su poes\u00eda y en sus cuentos largos (algunos cr\u00edticos las han visto como novelas cortas) hay muy bellas vistas de los paisajes poblanos y veracruzanos. De su l\u00edrica, prefiero la paisaj\u00edstica, me parece correcta su poes\u00eda amorosa y apenas puedo leer la religiosa. En su tiempo fueron muy apreciadas sus traducciones, o mejor, versiones libres, del\u00a0<i>Cantar de los cantares<\/i>, de los tres primeros cantos de la<i>\u00a0Comedia<\/i>, de fragmentos de la\u00a0<i>Jerusal\u00e9n liberada\u00a0<\/i>y\u00a0<i>Las aztecas<\/i>. Pesado crey\u00f3 que los poemas traducidos (como creyeron tantos en el siglo XIX) eran parte de su obra po\u00e9tica. Tal vez de no haberse trasladado a la capital de la Rep\u00fablica hubiera terminado, como tantos, por ser una gloria local.<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos hasta mediados de la d\u00e9cada del treinta del siglo XIX Pesado es liberal, y luego, en Ciudad de M\u00e9xico, se pasa al bando conservador. Fue diputado por el estado de Veracruz y encabez\u00f3 el ministerio de Relaciones Exteriores. En 1938 le toc\u00f3 en parte negociar la infame Guerra de los Pasteles que, por minucias, los franceses exigieron una indemnizaci\u00f3n escandalosa a M\u00e9xico, un pa\u00eds quebrado. En el fondo la verdadera raz\u00f3n es que el rey franc\u00e9s Luis Felipe, por problemas internos, quer\u00eda hacer una demostraci\u00f3n exterior de fuerza. Debe decirse que el gobierno de Anastasio Bustamante, pese a las dificultades extremas por las que atravesaba el pa\u00eds (acababa de pasar la guerra de Texas), negoci\u00f3 con dignidad, aun declar\u00e1ndole la guerra a Francia, lo cual le permiti\u00f3 negociar mejor. En ese mismo 1838, pese a estar inmerso en los pantanos de la pol\u00edtica, Pesado publica en el\u00a0<i>A\u00f1o Nuevo<\/i>\u00a0sus dos cuentos, \u201cAmor frustrado\u201d y \u201cEl Inquisidor de M\u00e9xico\u201d, que dirig\u00eda el muy talentoso joven Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Las virtudes del alma<\/b><\/p>\n<p>Es de estimar\u00a0en las dos narraciones de Pesado la cr\u00edtica que hace del fanatismo religioso, el cual se dio sistem\u00e1ticamente en los antiguos dominios espa\u00f1oles, ante todo por la Inquisici\u00f3n. No es dable hallar en las narraciones y art\u00edculos del conservador Pesado una gota de desprecio racista o clasista: para \u00e9l las gentes val\u00edan por sus m\u00e9ritos o por las virtudes de su alma. L\u00facido, culto, rico, habil\u00edsimo en los negocios, elegante, bien parecido, es decir, un hombre de cualidades, quienes amistaron con \u00e9l o lo trataron, liberales o conservadores, escribieron o hablaron de su persona con vivo aprecio. Baste pensar entre los liberales a los j\u00f3venes veintea\u00f1eros de la Academia de Letr\u00e1n como Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n y Guillermo Prieto. Por ejemplo, entre 1937 y 1940, que dur\u00f3 el anuario o revista\u00a0<i>A\u00f1o Nuevo<\/i>, que dirig\u00eda Rodr\u00edguez Galv\u00e1n, nadie colabor\u00f3 tanto en la publicaci\u00f3n como Pesado. Fuera de envidias, Guillermo Prieto record\u00f3 en sus viv\u00edsimas\u00a0<i>Memorias de mis tiempos<\/i>, que Manuel Carpio y Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado en la Academia de Letr\u00e1n no s\u00f3lo sab\u00edan escuchar las observaciones cr\u00edticas a sus poemas, sino, si ve\u00edan que mejoraban el texto, las tomaban para sus escritos; asimismo sab\u00edan ponderar el m\u00e9rito ajeno. Dos palabras resumen su actitud hacia los otros: tolerancia, generosidad. \u00bfNo dijo Jos\u00e9 Zorrilla en su libro\u00a0<i>La flor de mis recuerdos<\/i>\u00a0(1855), que \u201cPesado alentaba a los j\u00f3venes literatos anim\u00e1ndolos con sus consejos y protecci\u00f3n, inclusive econ\u00f3mica, sin dejarse arrastrar por el torbellino de las pasiones\u201d? Escribieron acerca de \u00e9l, destacadamente, Roa B\u00e1rcena, el Conde de la Cortina, Jos\u00e9 Zorrilla, Guillermo Prieto, Luis G. Urbina, Manuel S\u00e1nchez de M\u00e1rmol, Alfonso Reyes, Jos\u00e9 Emilio Pacheco y Fernando Tola de Habich. Pero la gran mayor\u00eda de las veces los cr\u00edticos s\u00f3lo han analizado su poes\u00eda, y algunos, sobre todo conservadores de mediados del XIX, lo consideraron el mejor poeta de su tiempo, desde\u00f1ando a los j\u00f3venes rom\u00e1nticos. No imaginar\u00edan que, casi dos siglos m\u00e1s tarde, el poeta m\u00e1s apreciado del primer romanticismo ser\u00eda un joven que pereci\u00f3 a los veintis\u00e9is a\u00f1os: Ignacio Rodr\u00edguez Galv\u00e1n.<\/p>\n<p>Con el triunfo de los liberales mexicanos sobre los franceses en 1867, Pesado ya no fue tan le\u00eddo. A \u00e9l y a su grupo de poetas del bando conservador se les empez\u00f3 a desde\u00f1ar por su catolicismo sin reposo, y aun el respetad\u00edsimo Guti\u00e9rrez N\u00e1jera los designaba como \u201csalmistas\u201d, una alusi\u00f3n como pu\u00f1alada, dirigida en especial a Pesado y a Manuel Carpio. Despu\u00e9s de 1886, cuando las hijas de Jos\u00e9 Joaqu\u00edn publicaron la cuarta edici\u00f3n de su obra po\u00e9tica, empez\u00f3 a caer poco a poco sobre \u00e9l un largo y duro silencio. En el siglo XX, los \u201csalmistas\u201d pasaron casi de largo, y Pesado apenas si era antologado o mencionado aqu\u00ed y all\u00e1 sin faltar reparos y reticencias. Fue hasta 2002 cuando el mejor conocedor del siglo XIX, el editor e investigador peruano Fernando Tola de Habich, gran rescatador de textos posibles e imposibles, reuni\u00f3 su poes\u00eda, las dos narraciones, algunas traducciones, entre ellos los tres primeros cantos de la<i>\u00a0Comedia\u00a0<\/i>de Dante, algunos de sus art\u00edculos caracter\u00edsticos y su breve biograf\u00eda sobre Agust\u00edn de Iturbide. La publicaci\u00f3n en dos tomos de sus Obras en la colecci\u00f3n Ida y Regreso al siglo XIX de la UNAM, fue una extraordinaria oportunidad para leer \u201cAmor frustrado\u201d y \u201cEl Inquisidor de M\u00e9xico\u201d. Tal vez el primero sea uno de los dos o tres mejores cuentos de nuestro primer romanticismo, movimiento que podr\u00eda ubicarse, tentativamente, entre 1836 y 1850. En la forma Pesado sigui\u00f3 la herencia cl\u00e1sica y en el contenido fue netamente rom\u00e1ntico, aunque algunos cr\u00edticos han querido ver s\u00f3lo una u otra de las corrientes o una combinaci\u00f3n de las dos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>\u201cAmor frustrado\u201d y \u201cEl Inquisidor de M\u00e9xico\u201d: la prosa del poeta<\/b><\/p>\n<p>Ten\u00eda Jos\u00e9 Joaqu\u00edn\u00a0en su prosa, como dec\u00eda Roa B\u00e1rcena, \u201cla galanura de la frase\u201d. No s\u00f3lo en las narraciones, sino en sus art\u00edculos y en su breve biograf\u00eda sobre Agust\u00edn de Iturbide. La suya es, como en los casos de Arr\u00f3niz y Altamirano, de Oth\u00f3n y Guti\u00e9rrez N\u00e1jera, la prosa de un poeta. En su narrativa no hay digresiones que desv\u00eden lo contado, ni moralizaciones expl\u00edcitas, ni son difusas ni confusas, defectos comunes en cuentos y novelas de nuestro siglo XIX. Deleita en Pesado, en su l\u00edrica y sus dos ficciones, la exactitud para describir paisajes. Si \u00e9l ve\u00eda a Manuel Carpio como un pintor, y sus sonetos como \u201cuna galer\u00eda de cuadros\u201d, lo mismo pod\u00eda decirse de \u00e9l, pero en su poes\u00eda descriptiva Jos\u00e9 Joaqu\u00edn supera est\u00e9ticamente al amigo. Se percibe que ha observado muy bien la naturaleza: campos, bosques, monta\u00f1as, atardeceres, tonos del cielo\u2026<\/p>\n<p>Pesado sigue estrictamente la estructura del cuento: presentaci\u00f3n, desarrollo, culminaci\u00f3n y desenlace. Pueden aun darse al final de los cuentos hasta dos desenlaces. Para no volverlos unas narraciones planas, cuida\u00a0<i>calculadamente\u00a0<\/i>indicios y se\u00f1ales casi secretas; de esa manera evita, a lo largo de la narraci\u00f3n, personajes o hechos o escenarios sacados de la manga, algo com\u00fan en el siglo XIX. Ambas ficciones se leen con vivo inter\u00e9s, con el ansia de: \u201c\u00bfqu\u00e9 va a pasar?\u201d<\/p>\n<p>En \u201cAmor frustrado\u201d se cuenta la relaci\u00f3n amorosa de una pareja de hu\u00e9rfanos que no supieron qui\u00e9nes fueron sus padres. Cuando se conocen, \u00e9l, Teodoro Mend\u00edvil, quien nunca hab\u00eda salido de la hacienda (su tutor era el cura del villorrio), y ella, Isabel Gallardo, ser\u00edan ni\u00f1os entrando en la adolescencia. Ella es hermosa y rica, \u00e9l t\u00edmido y pobre. A la fiesta del 15 de agosto de la \u201cparroquia vecina\u201d a la que Teodoro va, el flechazo es \u201crepentino e irresistible\u201d. De las miradas cruzadas en el baile, Teodoro pasa a las cartas declar\u00e1ndole su amor; acaba por ser correspondido. Hasta la Navidad siguen vi\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Entre la llegada desde agosto de una familia de vizca\u00ednos, y que su amor rec\u00edproco, sin que la pareja lo sepa, es descubierto, el cl\u00e9rigo lo manda con premura al Colegio de Puebla. Antes de partir, la pareja se jura fidelidad sin tiempo. No saben, no pueden saber, que entre ambos hay un ominoso secreto.<\/p>\n<p>En Puebla, pasado alg\u00fan tiempo, Teodoro Mend\u00edvil tiene una aventura, al parecer no tan corta, con una mujer de \u201cmala nota\u201d. Isabel se entera. Por despecho se casa con el vizca\u00edno Antonio de Echand\u00eda, amigo del cura, mucho mayor que ella, que hab\u00eda ido al sitio, como dijimos, con su familia. Marchan a Espa\u00f1a. Tienen un hijo, que muere al poco tiempo. Teodoro, al enterarse, desesperado ante la noticia, entra al ej\u00e9rcito insurgente. Lo toman prisionero y lo encarcelan. Le cambian la sentencia, luego de una severa reclusi\u00f3n, por el destierro a Filipinas, pero en Acapulco, para su fortuna, llega a M\u00e9xico la amnist\u00eda general dictada desde Espa\u00f1a. Libre, viaja a Ciudad de M\u00e9xico y se instala en Ribera de San Cosme. Un d\u00eda, al entrar en la iglesia de San Fernando, se encuentra repentinamente con Isabel. La sigue. Se entera por el due\u00f1o de la casa que Isabel acaba de llegar de La Habana, es viuda y ha heredado una fortuna inmensa. Desde luego no es lo que le interesa, piensa y lo dice. Un sobrino de Echand\u00eda viene ya hacia M\u00e9xico buscando casarse con ella. Teodoro entra a la casa furtivamente. Con Isabel tiene un di\u00e1logo duro. Sin embargo, ante su asedio y sus juramentos, la vence y quedan en casarse en dos semanas. Se casan. Sin embargo, ese d\u00eda llega a Teodoro un mensaje para que asista a una cita urgente a una casa frente a la Alameda. Decide ir.<\/p>\n<p>Muy bueno, pero no mejor que \u201cAmor frustrado\u201d, es \u201cEl Inquisidor de M\u00e9xico\u201d. Los hechos acaecen al principio en el pueblo de Jalcomulco, vecino a Xalapa. Pesado describe, con pluma puntual a lo largo de la narraci\u00f3n, fiestas, paisajes, ceremonias, procesiones y el protocolo de la Inquisici\u00f3n. Para el cat\u00f3lico tolerante que era entonces Jos\u00e9 Joaqu\u00edn, la Inquisici\u00f3n representaba a\u00fan en aquel 1838 la instituci\u00f3n m\u00e1s delictiva de la Iglesia, en particular por su encono homicida hacia los jud\u00edos: el ejemplo mayor del \u201cciego fanatismo\u201d.<\/p>\n<p>Los hechos suceden en 1648. Pesado empieza describiendo la fiesta del pueblo. Habla de que se han reunido negros elegantes que traen collares de plata \u201cdonde estaban grabados el precio del esclavo y el nombre del due\u00f1o\u201d. Hay , durante la fiesta, peleas de gallos, un sitio para los juegos de azar, gente que pasea del brazo por el bosque o pescando en el r\u00edo. En una choza lejana departe una pareja: una muchacha (Sara) y un joven (Duarte Ribeiro), ambos supuestamente jud\u00edos, quienes estaban por matrimoniarse. Sara lo nota muy inquieto. Cree que no la quiere, pero \u00e9ste le confiesa que han sido traicionados y van a aprehenderlos, a ella, a \u00e9l, a su padre, a muchos amigos. El delator se llama Diego de Quezada, que aspiraba a la mano de Sara. Deben prepararse para huir esa noche, pero estando en eso, miembros del Santo Oficio los aprehenden y los llevan a Ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Meses despu\u00e9s, en febrero de 1849, el presidente del Tribunal de la Fe, don Domingo Ruiz de Guevara, habla en su discurso contra los j\u00f3venes de la necesidad de desaparecer de la tierra \u201cal ind\u00f3cil pueblo israelita\u201d. No sabe que Sara no lo es, como lo ignora tambi\u00e9n Sara. Ambos prometidos fueron recogidos, en distintas partes, por el caballero Jacobo Ribeiro. Para que confiesen el Inquisidor hace torturar a Duarte y luego a Sara por el \u201cterrible delito\u201d de juda\u00edsmo. El Inquisidor firma la sentencia. Pero Jacobo Ribeiro urde un plan. La noche anterior va a la casa del Inquisidor. En una violenta discusi\u00f3n Ribeiro le dice que si no libera a los muchachos va a arrepentirse. Ribeiro sabe que el Inquisidor se hab\u00eda casado, tenido una hija y enviudado antes en Espa\u00f1a y luego hab\u00eda ejercido con ferocidad la fiscal\u00eda de la Inquisici\u00f3n en Sevilla, y por esos\u00a0<i>m\u00e9ritos<\/i>, se le design\u00f3 Inquisidor de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Magn\u00edfica, fr\u00edamente, Pesado relata el d\u00eda del cumplimiento de la sentencia: la macabra procesi\u00f3n a trav\u00e9s de las calles y plazas de la ciudad hist\u00f3rica termina en la plazuela de San Diego, al final de la Alameda, donde se hallaba el quemadero del Santo Oficio. A la tarde queman en la hoguera a Duarte. Despu\u00e9s est\u00e1 fijada la muerte de Sara. El Inquisidor, entre eso, regresa a su casa en Portacoeli. Lo espera de nuevo Jacobo Ribeiro, quien le deja un mensaje: Sara es la hija que se le extravi\u00f3. El sacerdote regresa a la plazuela para evitar la atrocidad. Trata de salvarla. Su hija empieza a arder. Dios o el destino tienen sus callados designios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Conservadores y liberales:\u00a0una lucha feroz<\/b><\/p>\n<p>Como dijimos,\u00a0los dos cuentos largos los publica en 1938 y un a\u00f1o despu\u00e9s sus\u00a0<i>Poes\u00edas originales y traducidas<\/i>, que las divide en amorosas, morales y religiosas. En los veintitr\u00e9s a\u00f1os que le toc\u00f3 a\u00fan vivir, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado no regresa a trabajar la ficci\u00f3n. Una l\u00e1stima. La que perdi\u00f3 fue la narrativa mexicana. A partir de los a\u00f1os cincuenta su conservadurismo se vuelve m\u00e1s duro. En 1854 publica su biograf\u00eda de Iturbide, al que consideraba que \u201cval\u00eda [\u2026] m\u00e1s que todos sus enemigos\u201d. Sin duda entre los pol\u00edticos mexicanos Iturbide fue para \u00e9l (dig\u00e1moslo con Emerson) su \u201chombre representativo\u201d, y en algunos pasajes, sobre todo el final, los escribe y a la vez describe a Iturbide emocionadamente. En la biograf\u00eda se detiene en las matanzas de Hidalgo, pero omite las de F\u00e9lix Mar\u00eda Calleja y el propio Iturbide en los primeros cinco a\u00f1os de insurgencia. En ese 1838, Pesado es uno de los que m\u00e1s influy\u00f3 para trasladar a la capilla de San Felipe Jes\u00fas, en la Catedral metropolitana, los restos de Iturbide, donde a\u00fan est\u00e1n.<\/p>\n<p>Los cincuenta y sesenta del siglo XIX fueron de lucha feroz entre liberales y conservadores. En el decenio de los cincuenta Pesado colabora en la revista\u00a0<i>Oposici\u00f3n<\/i>\u00a0y dirige desde el d\u00e9cimo n\u00famero el peri\u00f3dico semanario\u00a0<i>La Cruz<\/i>, en el cual se defend\u00eda ante todo a la Iglesia y los principios cat\u00f3licos y se combat\u00eda al r\u00e9gimen liberal y a la\u00a0Constituci\u00f3n de 1857.\u00a0<i>La Cruz\u00a0<\/i>se edit\u00f3 del 1\u00b0 de noviembre de 1855 al 25 de julio de 1858. Entre los colaboradores, reconocidos en esa \u00e9poca, estaban conservadores como su gran amigo Bernardo Couto, Manuel Baranda, Francisco Javier Miranda y Alejandro Arango y Escand\u00f3n, quienes apenas sobreviven en l\u00edneas o p\u00e1ginas apagadas de nuestra historia literaria. Pese a no estar uno ideol\u00f3gicamente de acuerdo con ellos, no debat\u00edan a gritos, ni a insultos, ni a calumnias. Nunca imaginar\u00edan que aquello por lo que lucharon los liberales de aquella \u00e9poca se considerar\u00edan normal en las democracias del siglo XX y XXI, como por ejemplo, la separaci\u00f3n de Iglesia y Estado, la ley de desamortizaci\u00f3n y la ley del fuero eclesi\u00e1stico. A Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado a\u00fan le toc\u00f3 vivir la feroz Guerra de los Tres A\u00f1os, que le trajo al final nuevas muertes familiares a la entrada de los liberales a Ciudad de M\u00e9xico. Muri\u00f3 el 8 de marzo de 1861. Ya no tuvo oportunidad de testimoniar los a\u00f1os de la Intervenci\u00f3n y el Imperio franceses que terminar\u00edan con la inolvidable victoria de los liberales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado: un cuentista del siglo XIX y de hoy Marco Antonio Campos Glosa de la vida y la obra del poeta, narrador y traductor mexicano Jos\u00e9 Joaqu\u00edn Pesado (1801-1861), conocido, entre otras obras, por los dos cuentos largos, a veces considerados como novelas cortas, \u201cAmor frustrado\u201d y \u201cEl Inquisidor de M\u00e9xico\u201d, que se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":31052,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-31051","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31051","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=31051"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31051\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31053,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/31051\/revisions\/31053"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/31052"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=31051"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=31051"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=31051"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}