{"id":3399,"date":"2009-01-11T10:14:53","date_gmt":"2009-01-11T15:14:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=3399"},"modified":"2009-01-11T10:14:53","modified_gmt":"2009-01-11T15:14:53","slug":"el-buscador-de-oro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=3399","title":{"rendered":"El Buscador de Oro"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\">El buscador de oro<o:p><\/o:p><\/span><\/strong><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">J.M.G. Le Cl\u00e9zio <o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\">Le Cl\u00e9zio, Nobel de Literatura 2008 <o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\"><span style=\"font-family: Arial\">\u00a0<\/span><\/st1:personname><\/p>\n<p><st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\"><span style=\"font-family: Arial\">La Jornada<\/span><\/st1:personname><span style=\"font-family: Arial\"><o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">El nuevo libro en espa\u00f1ol del escritor franc\u00e9s J.M.G. Le Cl\u00e9zio, El buscador de oro, empez\u00f3 a circular en las librer\u00edas de M\u00e9xico. Con autorizaci\u00f3n de Grupo Editorial Norma presentamos un fragmento de la obra a manera de adelanto.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Por mucho que retroceda en mi memoria, siempre oigo el mar. Mezclado con el viento en las agujas de los filaos, con el viento que no cesa, ni siquiera cuando te alejas de las costas y te adentras por los campos de ca\u00f1a, es el ruido que ha arrullado mi infancia. Lo oigo ahora, en lo m\u00e1s profundo de m\u00ed, me lo llevo adondequiera que voy. El ruido lento, incansable, de las olas que rompen a lo lejos en la barrera de coral y que vienen a morir en la arena del R\u00edo Negro. No pasa un solo d\u00eda sin que vaya al mar, no pasa una sola noche sin que me despierte, con la espalda h\u00fameda de sudor, sentado en mi camastro, apartando la mosquitera e intentando percibir la marea, inquieto, lleno de un deseo que no comprendo.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Pienso en \u00e9l como en una persona humana, y, en la oscuridad, todos mis sentidos est\u00e1n alerta para o\u00edrlo llegar mejor, para recibirlo mejor. Las gigantescas olas saltan por encima de los arrecifes, se desploman en la laguna y el estruendo hace vibrar tierra y aire como una caldera. Lo oigo, se mueve, respira.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Cuando hay luna llena, salto de la cama sin hacer ruido, cuidando de que el carcomido entarimado no cruja. S\u00e9, sin embargo, que Laure no duerme, s\u00e9 que tiene los ojos abiertos en la oscuridad y contiene el aliento. Escalo el alf\u00e9izar de la ventana y empujo los porticones de madera, estoy fuera, en la noche. La luz blanca de la luna ilumina el jard\u00edn, veo brillar los \u00e1rboles, cuya copa rumorea al viento, adivino los oscuros macizos de los rododendros, de los hibiscos. Con el coraz\u00f3n palpitante, me adentro en el frondoso camino que va hacia las colinas, donde comienzan los barbechos. Muy cerca del muro ca\u00eddo est\u00e1 el gran \u00e1rbol chalta, al que Laure llama el \u00e1rbol del bien y del mal, y trepo a las ramas centrales para ver el mar por encima de los \u00e1rboles y las extensiones de ca\u00f1a. La luna corre entre las nubes, lanza sus fulgores. Tal vez entonces lo veo, de pronto, por encima de las copas, a la izquierda de <st1:personname ProductID=\"la Torreta\" w:st=\"on\">la Torreta<\/st1:personname> del Tamarindo, gran plaza oscura donde brilla la mancha que centellea. \u00bfLo veo ahora realmente, lo oigo? El mar est\u00e1 en el interior de mi cabeza, y es cerrando los ojos como lo veo y lo oigo mejor, como percibo cada rugido de las olas divinas por los arrecifes y que se unen, luego, para romper en la orilla. Permanezco mucho tiempo agarrado a la rama del \u00e1rbol chalta, hasta que mis brazos se entumecen. El viento del mar pasa sobre los \u00e1rboles y los campos de ca\u00f1a, hace que las hojas brillen bajo la luna. A veces permanezco all\u00ed hasta el alba, escuchando, so\u00f1ando. Al otro extremo del jard\u00edn, la gran casa, oscura, cerrada, parece un pecio. El viento hace que las dislocadas tablas golpeen, hace que su armaz\u00f3n cruja. Tambi\u00e9n eso es ruido del mar, y los chasquidps del tronco del \u00e1rbol, los gemidos de las agujas de los filaos. Tengo miedo, solo en el \u00e1rbol, y sin embargo no quiero regresar a la habitaci\u00f3n. Resisto el fr\u00edo del viento, la fatiga que me embota la cabeza.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">No se trata, realmente, de miedo. Es como permanecer de pie ante un abismo, una profunda quebrada, y mirar intensamente, con el coraz\u00f3n palpitando tan fuerte que la garganta resuena y duele, y sin embargo se sabe que es preciso quedarse, que por fin se va a saber algo. No puedo regresar a mi habitaci\u00f3n hasta que el mar suba, es imposible. Debo permanecer agarrado al \u00e1rbol chalta, y esperar, mientras la luna se desliza hacia la otra punta del cielo. Regreso a la habitaci\u00f3n justo antes del alba, cuando el cielo se hace ya gris del lado de Mananava, y me deslizo bajo la mosquitera. Oigo suspirar a Laure, porque tampoco ella ha dormido mientras yo estaba afuera. Nunca me habla de eso. Sencillamente, de d\u00eda, me mira con sus ojos oscuros e inquisitivos y lamento entonces haber salido para escuchar el mar.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Cada d\u00eda voy hasta la orilla. Tengo que atravesar los campos, las ca\u00f1as est\u00e1n tan altas que avanzo a ciegas, siguiendo los caminos de zafra, perdido a veces entre las hojas afiladas. All\u00ed no oigo ya el mar. El sol de fines de invierno abrasa, ahoga los ruidos. Cuando estoy muy cerca de la orilla, lo noto porque el aire se hace pesado, inm\u00f3vil, cargado de moscas. Por encima, el cielo es azul, terso, sin p\u00e1jaros, cegador. En la tierra roja y polvorienta, me hundo hasta los tobillos. Para no estropear mis zapatos, me los quito y los cuelgo de mi cuello, atados por los cordones. Tengo as\u00ed las manos libres. Cuando se atraviesa un campo de ca\u00f1a es preciso tener las manos libres. Las ca\u00f1as son muy altas; Cook, el cocinero, dice que van a cortarlas el mes que viene. Tienen las hojas cortantes como machetes, es preciso apartarlas con la palma de la mano para avanzar. Denis, el nieto de Cook, camina delante de m\u00ed. No le veo ya. Siempre ha ido descalzo, va m\u00e1s deprisa que yo, provisto de su vara. Hemos decidido, para llamarnos, hacer sonar dos veces un arpa de hierba o ladrar, as\u00ed, dos veces; \u00a1Auah!, los hombres, los indios, lo hacen cuando caminan entre las altas ca\u00f1as, durante la zafra, con sus largos machetes.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Oigo a Denis muy por delante de m\u00ed: \u00a1Auah! \u00a1Auah! Respondo con mi arpa de hierba. No hay otro ruido. El mar est\u00e1 muy bajo esta ma\u00f1ana y no subir\u00e1 antes del mediod\u00eda. Vamos tan deprisa como podemos, para llegar a las charcas donde se ocultan los camarones y los hurites.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Ante m\u00ed, entre las ca\u00f1as, hay un amontonamiento de piedras de lava negra. Me gusta subir encima, para contemplar la verde extensi\u00f3n de los campos y, lejos, a mi espalda ahora, perdidas en la mara\u00f1a de los \u00e1rboles y los bosquecillos, nuestra casa como un pecio, con su extra\u00f1o tejado color de cielo, y la peque\u00f1a choza del capit\u00e1n Cool, y m\u00e1s lejos todav\u00eda, la chimenea de Yemen y las altas monta\u00f1as rojas irgui\u00e9ndose hacia el cielo. Giro sobre m\u00ed mismo en la cima de la pir\u00e1mide y veo todo el paisaje, el humear de las azucareras, el r\u00edo Tamarindo, que serpentea por entre los \u00e1rboles, las colinas y, finalmente, el mar, oscuro, centelleante, que se ha retirado al otro lado de los arrecifes.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Eso es lo que me gusta. Creo que podr\u00eda permanecer sobre ese roquedal durante horas, d\u00edas incluso, sin hacer nada m\u00e1s que mirar.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">\u00a1Auah! \u00a1Auah! Denis me llama, desde la otra punta del campo. Est\u00e1 tambi\u00e9n en la cima de un mont\u00f3n de piedras negras, n\u00e1ufrago en un islote en medio del mar. Est\u00e1 tan lejos que no distingo nada de \u00e9l. S\u00f3lo veo su larga silueta de insecto, en la cima del roquedal. Pongo las manos en forma de bocina y, a mi vez, ladro: \u00a1Auah! \u00a1Auah! Juntos bajamos, nos ponemos de nuevo en marcha, a tientas, entre las ca\u00f1as, en direcci\u00f3n al mar.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Por la ma\u00f1ana el mar es negro, cerrado. Es la arena del Gran R\u00edo Negro y del Tamarindo la que lo produce, el polvo de lava. Cuando se va hacia el norte. o cuando se desciende hacia el Morro, al sur, el mar se aclara. Denis pesca hurites en la laguna, al abrigo de los arrecifes. Le observo mientras se adentra en el agua, con sus largas patas de zancuda, su vara en la mano. No tiene miedo de los erizos, ni de los peces escrpi\u00f3n. Camina por entre las charcas de agua oscura, cuidando de que su sombra est\u00e9 siempre a sus espaldas. A medida que va alej\u00e1ndose de la orilla, levanta bandadas de cormoranes, de chorlitos. Le veo con los pies descalzos en el agua fr\u00eda. A menudo le pido que me deje acompa\u00f1arle, pero no quiere. Dice que soy demasiado peque\u00f1o, dice que est\u00e1 al cuidado de mi alma. Dice que mi padre me ha confiado a \u00e9l. No es cierto, mi padre no le ha hablado nunca. Pero me gusta c\u00f3mo dice \u201ca cargo de tu alma\u201d. S\u00f3lo yo le acompa\u00f1o hasta la orilla. Mi primo Ferdinand no tiene derecho a hacerlo, aunque sea un poco mayor que yo, y Laure tampoco, porque es una chica. Quiero a Denis, es mi amigo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El buscador de oro\u00a0 J.M.G. 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