{"id":4095,"date":"2009-04-01T10:42:46","date_gmt":"2009-04-01T15:42:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=4095"},"modified":"2009-04-01T10:42:46","modified_gmt":"2009-04-01T15:42:46","slug":"nos-quitaron-la-privacidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=4095","title":{"rendered":"Nos quitaron la privacidad"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\">Adi\u00f3s a la privacidad<o:p><\/o:p><\/span><\/strong><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Arnoldo Kraus<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\"><span style=\"font-family: Arial\">\u00a0<\/span><\/st1:personname><\/p>\n<p><st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\"><span style=\"font-family: Arial\">La Jornada<\/span><\/st1:personname><span style=\"font-family: Arial\"><o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">En 1938, cuando se transmiti\u00f3 por radio la adaptaci\u00f3n que hizo Orson Welles de la novela La guerra de los mundos, de H. G. Wells, casi inmediatamente, incluso antes de acabar la serie, familias enteras en Nueva York y en Nueva Jersey abandonaron despavoridas sus hogares, cubri\u00e9ndose el rostro y la cabeza con lo que ten\u00edan a la mano. Muchas personas fueron presas de tal p\u00e1nico que incluso olvidaron cerrar sus hogares. Las estaciones de camiones y de trenes se saturaron y fueron insuficientes. Se ignora cu\u00e1ntas personas fueron arrolladas por la masa pero se dice que fueron \u201ccientos\u201d.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">El p\u00e1nico se deb\u00eda a que los marcianos no ten\u00edan un aspecto muy amigable. Orson Welles afirm\u00f3 que pose\u00edan tent\u00e1culos y que eran criaturas grandes, mayores que osos, y que brillaban como el cuero h\u00famedo. \u201cLos ojos son negros, la boca tiene forma de V y les cuelga una saliva repugnante\u201d, asegur\u00f3.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Orson Welles fue uno de los grandes actores de todos los tiempos. Sus lecturas eran magistrales. Los escuchas se sent\u00edan atrapados por su magia. Lograba que la vieja f\u00f3rmula que asegura que la ficci\u00f3n no respeta la realidad adquiriese cartilla de veracidad. Para muchos radioescuchas la amenaza de los marcianos y la vigilancia a la que los somet\u00edan los seres extraterrestres fue suficiente para lanzarse a la calle y as\u00ed escapar del acecho y de la vigilancia.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">La vigilancia como parte de la ficci\u00f3n es bienvenida. Los lectores son los responsables de la lectura y de las acciones que surjan de ella. La vigilancia, como realidad de la vida, es detestable. La intromisi\u00f3n en la vida de las personas en intolerable. La p\u00e9rdida de la privacidad es una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s desagradables de nuestros tiempos. Escrib\u00ed acerca de la ficci\u00f3n y del terror generado por la lectura de Welles como pretexto para cavilar en las razones por las cu\u00e1les el escritor y profesor Luis Leante se rebel\u00f3 contra la videovigilancia, y como excusa para cavilar sobre el cerco p\u00fablico que atenaza la privacidad de las personas.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Leo en El Pa\u00eds (6\/3\/09): \u201cHarto de sentirse grabado sin su conocimiento, el profesor Luis Leante estall\u00f3 y arranc\u00f3 de cuajo las tres c\u00e1maras de vigilancia instaladas en el instituto El Pla de Alicante donde imparte clases de lat\u00edn. El arrebato le acarre\u00f3 al ganador del premio de novela Alfaguara una noche en los calabozos de la comisar\u00eda\u201d. La noticia explica que las c\u00e1maras se instalaron para evitar hurtos y actos de vandalismo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Las c\u00e1maras, por supuesto, cumplieron su cometido: grabaron al profesor mientras arrancaba las c\u00e1maras, no cuando ense\u00f1aba lat\u00edn. Me imagino que Leante no habr\u00eda actuado de esa forma si el prop\u00f3sito hubiese sido filmar la clase para luego distribuirla y estudiarla. Me imagino tambi\u00e9n que su ira habr\u00eda sido menor si acaso existiese \u201cuna \u00e9tica de la videovigilancia\u201d.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">La vigilancia se ha convertido en sello de nuestros tiempos. Hay c\u00e1maras por doquier, la mayor\u00eda escondidas. Algunas de las razones que motivan su instalaci\u00f3n se entienden, aunque no del todo. En los bancos, por ejemplo, las c\u00e1maras protegen a los banqueros y un poco a los usuarios; no protegen del todo a los cuentahabientes, porque a los banqueros, que roban bastante y sin cesar, las c\u00e1maras s\u00f3lo los filman cuando ellos lo disponen. Otro ejemplo: en las oficinas de polic\u00eda, seguramente en la mayor parte del mundo, la videovigilancia es selectiva: no se muestran las atrocidades que comete la polic\u00eda, s\u00f3lo las declaraciones y los actos de los reos.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Los tel\u00e9fonos viejitos y los celulares, las huellas digitales en las aduanas, las credenciales cuando se entra en edificios habitados por ricos o de gobierno, el alto riguroso y la presentaci\u00f3n de identificaciones ad hoc cuando se transita por calles cerradas, as\u00ed como los lindos guardaespaldas que registran hasta el \u00faltimo suspiro de los posibles enemigos son tambi\u00e9n elementos utilizados para que ciertos seres humanos vigilen a otros seres humanos. Ejemplo de vigilancia telef\u00f3nica fue la trampa que tendi\u00f3 el viejo Fidel Castro al novato Vicente Fox cuando el segundo le sugiri\u00f3 que mejor no acudiese a una de las tantas Cumbres (con may\u00fascula) que los latinoamericanos organizamos para decretar el fin de la pobreza; otro ejemplo es el de Mario Mar\u00edn, ilustre gobernador poblano, quien v\u00eda telef\u00f3nica expuso sus repugnantes ideas en relaci\u00f3n con ni\u00f1as y adolescentes.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">La p\u00e9rdida de la privacidad y la irrespirable vigilancia, tal y como le sucedi\u00f3 a Leante, es producto de los muchos tropiezos de la condici\u00f3n humana. Esa p\u00e9rdida puede llegar a convertirse en enfermedad. El problema es doble: atenta contra la libertad de las personas y es utilizada por el poder para perpetuar sus designios. Nefanda combinaci\u00f3n. <o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\">A Marcial Alejandro, un hombre que se preocupaba por los seres humanos<\/span><font face=\"Times New Roman\">.<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adi\u00f3s a la privacidad\u00a0\u00a0 Arnoldo Kraus\u00a0 \u00a0 La Jornada\u00a0 En 1938, cuando se transmiti\u00f3 por radio la adaptaci\u00f3n que hizo Orson Welles de la novela La guerra de los mundos, de H. G. 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