{"id":4116,"date":"2009-04-03T09:56:28","date_gmt":"2009-04-03T14:56:28","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=4116"},"modified":"2009-04-03T09:56:28","modified_gmt":"2009-04-03T14:56:28","slug":"para-eduardo-galeano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=4116","title":{"rendered":"Para Eduardo Galeano"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\">Carta a Eduardo Galeano<o:p><\/o:p><\/span><\/strong><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">V\u00edctor M. Quintana S.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\"><span style=\"font-family: Arial\">\u00a0<\/span><\/st1:personname><\/p>\n<p><st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\"><span style=\"font-family: Arial\">La Jornada<\/span><\/st1:personname><span style=\"font-family: Arial\"><o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Hace varios a\u00f1os quer\u00eda escribirle esta carta, amigo Galeano. Usted no me conoce, usted ni siquiera se lo imagina, pero usted me salv\u00f3 la vida. La literatura y los chistes me salvaron la vida.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">D\u00e9jeme contarle: en 1997 yo era diputado federal en M\u00e9xico por el Partido de <st1:personname ProductID=\"la Revoluci\u00f3n Democr\u00e1tica.\" w:st=\"on\">la Revoluci\u00f3n Democr\u00e1tica.<\/st1:personname> Form\u00e9 parte de la comisi\u00f3n que investig\u00f3 los innumerables fraudes que se cometieron con la empresa nacional de alimentos populares Conasupo. Sin miedo estuve haciendo fuertes se\u00f1alamientos p\u00fablicos, indicando a los probables responsables del saqueo de nuestros bienes p\u00fablicos y del negocio con la comida de la gente y la sobrevivencia de los campesinos.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Una noche de junio, al llegar a mi departamento en un taxi se subieron dos individuos al veh\u00edculo, me golpearon, me hicieron bajar la cabeza y empezaron a amenazarme. Me condujeron a los cajeros autom\u00e1ticos para sacar dinero y averiguar cu\u00e1nto ten\u00eda en mis cuentas.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Sin dejar de amenazarme y golpearme me llevaron a un hotel de mala muerte. Me ataron con los brazos por atr\u00e1s y me tiraron boca abajo en el suelo, en medio de las dos camas. No cesaban de amenazarme, me pateaban, me insultaban. Ya como a las cinco de la madrugada empezaron a retransmitir por la televisi\u00f3n uno de los partidos de <st1:personname ProductID=\"la Copa Am\u00e9rica\" w:st=\"on\">la Copa Am\u00e9rica<\/st1:personname> de futbol que se celebraba en Bolivia, entre Per\u00fa y Venezuela. En un momento dado comentaron que hab\u00eda un portero muy extravagante en otro equipo, pero no se acordaron del nombre. Al cabo de un rato, se acerc\u00f3 de nuevo el jefe de ellos para golpearme. Antes que llegara le dije: \u201cyo s\u00e9 c\u00f3mo se llama ese portero\u201d. Se extra\u00f1\u00f3 y me dijo: \u201cdime nada m\u00e1s las iniciales\u201d. Tuve que decirle mucho m\u00e1s que las iniciales para que se acordara del portero colombiano Ren\u00e9 Higuita. Vi que eso los calm\u00f3 un poco y entonces les dije: \u201c\u00bfquieren que les cuente una historia de Jorge Campos, el portero mexicano?\u201d Y aqu\u00ed viene lo raro de la historia: unos d\u00edas antes un amigo me hab\u00eda contado que ley\u00f3 una historia que usted, se\u00f1or Galeano, hab\u00eda escrito precisamente en su secci\u00f3n Ventanas de <st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\">La Jornada<\/st1:personname>, con motivo de <st1:personname ProductID=\"la Copa Am\u00e9rica\" w:st=\"on\">la Copa Am\u00e9rica<\/st1:personname>:<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">\u201cAndaba un equipo de la televisi\u00f3n mexicana cubriendo la guerra de Bosnia-Herzegovina. Se encuentran una patrulla de serbios. Como no pueden entenderse, son aprehendidos e incluso los amenazan con fusilarlos. Entonces, el comandante serbio ve que a uno de los mexicanos le sobresale su pasaporte de la camisa. Lo toma, lo lee y exclama emocionado: \u2018M\u00e9xico, Jorge Campos\u2019, y los deja libres.\u201d<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\">Se hizo un silencio sepulcral. El m\u00e1s joven de mis captores afirm\u00f3: \u201c\u00a1No le veo el chiste\u201d, pero el jefe le respondi\u00f3: \u201cNo es chiste, agarra la onda\u201d. \u00c9se fue el parteaguas de mi corto cautiverio. A partir de entonces mis secuestradores dejaron de golpearme y de insultarme. Entonces, s\u00ed, empec\u00e9 a contarles chistes. La tensi\u00f3n se relaj\u00f3 y hasta me dijeron: \u201ct\u00fa nos ca\u00edste bien, t\u00fa sabes perder y vas a salir vivo de esto\u201d.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">A media ma\u00f1ana, una vez que les firm\u00e9 toda una chequera que llevaba conmigo, luego de amenazarme si acud\u00eda a las autoridades, me dejaron atado en el hotelucho y luego se marcharon.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Un a\u00f1o despu\u00e9s un amigo me llama y me dice: \u201cya atraparon a quienes te secuestraron, lee <st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\">La Jornada<\/st1:personname> de hoy\u201d. Es la edici\u00f3n del 7 de junio de 1998 y en la contraportada dice: \u201cPresos, asaltantes de un judicial, un diputado federal y el chofer de Alejandra Guzm\u00e1n\u201d. Humberto Ortiz comienza as\u00ed su nota: \u201cSus rostros inexpresivos, con un aire casi de inocencia, contrastan con la pormenorizada confesi\u00f3n de m\u00e1s de 480 asaltos cometidos en menos de un a\u00f1o, la mayor\u00eda con una sa\u00f1a incre\u00edble sobre sus v\u00edctimas\u201d. M\u00e1s adelante consigna: \u201crecuerdan tambi\u00e9n c\u00f3mo asaltaron a un diputado del PRD, quien, sometido y obligado por sus victimarios, tuvo que contar chistes durante horas para evitar que lo mataran\u201d (<st1:personname ProductID=\"La Jornada\" w:st=\"on\">La Jornada<\/st1:personname>, 7\/06\/98).<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Lo m\u00e1s extra\u00f1o de todo esto es que, una vez libre, empec\u00e9 a buscar el supuesto texto suyo que relat\u00e9 a mis secuestradores, pero nunca lo he encontrado. Ya no s\u00e9 incluso si alguna vez usted lo escribi\u00f3. Lo importante para m\u00ed es que me lo aprend\u00ed y lo narr\u00e9 con toda mi convicci\u00f3n, ya que repaso, disfruto y comparto tantos textos suyos desde que una compatriota de usted puso en mis manos la trilog\u00eda Memoria del fuego en el gris exilio parisino.<o:p><\/o:p><\/span><span style=\"font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify\" class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">As\u00ed pasa con los escritores como usted, amigo Galeano. Llega un momento en que el texto se les independiza y anda ah\u00ed, por el mundo, generando otros nuevos textos, inspirando luchas de la gente, alimentando justas rabias, haciendo m\u00e1s placenteras las vidas de muchos y salvando las de unos cuantos. Por esto \u00faltimo, mi familia, mis amigos y yo le damos las gracias; por lo dem\u00e1s, toda nuestra Am\u00e9rica en lucha.<o:p><\/o:p><\/span><o:p><font face=\"Times New Roman\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carta a Eduardo Galeano\u00a0 V\u00edctor M. Quintana S.\u00a0 \u00a0 La Jornada\u00a0 Hace varios a\u00f1os quer\u00eda escribirle esta carta, amigo Galeano. Usted no me conoce, usted ni siquiera se lo imagina, pero usted me salv\u00f3 la vida. 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