{"id":4338,"date":"2009-06-02T11:24:24","date_gmt":"2009-06-02T16:24:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=4338"},"modified":"2009-06-02T11:24:24","modified_gmt":"2009-06-02T16:24:24","slug":"un-cuento-breve-desde-villahermosa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=4338","title":{"rendered":"Un cuento breve desde Villahermosa"},"content":{"rendered":"<p class=\"cabeza_princoem\"><strong>Miss Taylor y el poeta<\/strong><\/p>\n<p class=\"floatderecha\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" width=\"300\" src=\"http:\/\/i.oem.com.mx\/5f442470-d408-470b-8bc0-e7acddf71403.jpg\" height=\"250\" id=\"Foto\" \/><\/p>\n<p class=\"piefoto_oem\">Arnulfo estaba desesperado, no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, porque nunca hab\u00eda hecho nada. Se lamentaba de su soledad, le aterraba enfrentarse solo a la vida.<\/p>\n<p class=\"piefoto_oem\">Foto: El Heraldo de Tabasco<\/p>\n<p class=\"balazo\">Cuento breve<\/p>\n<p class=\"fechanota\">El Heraldo de Tabasco<\/p>\n<p class=\"texto\">David S\u00e1nchez May<\/p>\n<p class=\"texto\">Miss Taylor recoge el peri\u00f3dico que un muchacho llamado Rub\u00e9n deja todos los d\u00edas bajo la puerta. Para el poeta Arnulfo, encontrarla fue una bendici\u00f3n del cielo, despu\u00e9s de tantas tribulaciones y desgracias. Sin ella no hubiera podido sobrevivir. Dedicado desde joven a la lectura de los cl\u00e1sicos, de la generaci\u00f3n perdida y sobre todo la generaci\u00f3n del 27; disciplinado a escribir todas las noches un poema y un cuento; frecuentador asiduo de tertulias literarias, no ten\u00eda en la cabeza otro pensamiento que no fuera el de llegar a ser un escritor de culto. A los treinta se cas\u00f3 con Margaret S., quien muri\u00f3 al a\u00f1o siguiente, el mismo d\u00eda que trajo al mundo a una ni\u00f1a. Arnulfo pens\u00f3 abandonarla en las puertas de un convento y luego suicidarse arroj\u00e1ndose desde un edificio de veinte pisos. Tal vez lo hubiera hecho; pero Miss Taylor apareci\u00f3 ese d\u00eda, solicitando trabajo y encontr\u00f3 a la ni\u00f1a llorando, con los pa\u00f1ales sucios y el cuerpecito lleno de salpullido. A sus 80 a\u00f1os a\u00fan recordaba las palabras del poeta: \u00abDios m\u00edo, por fin una mujer\u00bb. Desde aquel momento ella se encarg\u00f3 de las labores dom\u00e9sticas, de la ni\u00f1a y hasta del mismo Arnulfo, que si no fuera por su calidad de escritor, hubiera sido un completo in\u00fatil. Miss Taylor aprendi\u00f3 el espa\u00f1ol en los a\u00f1os cincuenta cuando viaj\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico en busca de trabajo. En casa de Arnulfo, despu\u00e9s de que Margaret (hija) huyera con un argentino a los quince a\u00f1os, sin muchas cosas por hacer, se acostumbr\u00f3 a leer los libros que guardaba el escritor en una biblioteca colosal.<\/p>\n<p class=\"texto\">-Aqu\u00ed est\u00e1 su peri\u00f3dico -dijo miss Taylor-.<\/p>\n<p class=\"texto\">Arnulfo hecho un ovillo en medio de la cama y cubierto con su s\u00e1bana azul, abre el ojo izquierdo, el menos afectado por la catarata, y pregunta:<\/p>\n<p class=\"texto\">-\u00bfQui\u00e9n gan\u00f3 el Nobel de Literatura?<\/p>\n<p class=\"texto\">Miss Taylor sabe que s\u00f3lo le interesa la secci\u00f3n de cultura y los crucigramas que resuelve en las tardes para no aburrirse. Abre el peri\u00f3dico con calma, sus peque\u00f1os ojos azules buscan la informaci\u00f3n; lee algunos t\u00edtulos en voz alta -ya la vista empieza a fallarle-, en lugar de leer \u00abel amor, las mujeres y la vida\u00bb, pronuncia el amor, las mujeres y la viuda. El viejo Arnulfo r\u00ede, pero Miss Taylor lo ignora.<\/p>\n<p class=\"texto\">-\u00bfQui\u00e9n gan\u00f3 el Nobel? -repite el poeta con la esperanza de escuchar su nombre-.<\/p>\n<p class=\"texto\">-Muere Benedetti -lee Miss Taylor sin responder a la pregunta de Arnulfo-.<\/p>\n<p class=\"texto\">-\u00bfMario Benedetti? \u00bfEl gran Benedetti?<\/p>\n<p class=\"texto\">-Muere&#8230;<\/p>\n<p class=\"texto\">-Est\u00e1 bien, est\u00e1 bien, deja el peri\u00f3dico en cualquier lado -la interrumpe. Luego se cubre con la s\u00e1bana y habla solo-. Benedetti, mi amigo, qui\u00e9n iba a imaginarlo. Esta noche escribir\u00e9 un poema para \u00e9l. Se merece todos mis respetos. Pero c\u00f3mo es posible, si la \u00faltima vez que lo vi&#8230; santo dios, eso ya para veinte a\u00f1os, c\u00f3mo pasa el tiempo.<\/p>\n<p class=\"texto\">-Sabes cu\u00e1ndo regresar\u00e1 Margaret -pregunta Arnulfo sin<\/p>\n<p class=\"texto\">descubrirse, pero Miss Taylor ya ha abandonado la habitaci\u00f3n-. Oh Benedetti, s\u00f3lo nos has dejado tu sonrisa y tus poemas.<\/p>\n<p class=\"texto\">Miss Taylor prepara el almuerzo, luego se da una ducha. M\u00e1s tarde, se dirige a la biblioteca y elige el libro de la Odisea, de Homero, que le ha recomendado el poeta. Lee las primeras p\u00e1ginas, pero no entiende nada. De un tiempo para ac\u00e1 la edad le ha pasado factura (escucha voces lejanas, gritos y susurros. A veces siente que alguien la est\u00e1 mirando. Ha visto sombras en la habitaci\u00f3n de la difunta Margaret). Deja el libro y busca otro, camina encorvada perdi\u00e9ndose entre los cerros de libros que no alcanzaron un lugar en los estantes. En una esquina se detiene y con el dedo \u00edndice de la mano derecha va guiando la vista para leer los t\u00edtulos, alza la cara para ver los libros que llegan casi hasta el techo, ve \u00abTierra de poderosos\u00bb, el \u00fanico ejemplar que no ha le\u00eddo de los que escribi\u00f3 el poeta, y por el cual lo mantuvieron en ostracismo p\u00fablico mucho tiempo.<\/p>\n<p class=\"texto\">Se sube sobre una caja con libros, intenta alcanzar su objetivo, s\u00f3lo le hacen falta unos cent\u00edmetros. Se estira, pero cuando cree tener el libro en las manos, siente que los huesos de sus pies se quiebran, grita de dolor y se estrella frente a la columna de libros. \u00abTierra de poderosos\u00bb cae en su cabeza, luego otros libros terminan de sepultarla. Un reguero de polvo se levanta y s\u00f3lo queda un olor indescriptible enrareciendo el escaso aire de la biblioteca.<\/p>\n<p class=\"texto\">En la noche Arnulfo siente un dolor en el est\u00f3mago y ganas de vomitar. Se levanta de la cama y va en busca de la se\u00f1orita Taylor (como \u00e9l prefiere llamarla) que en toda la tarde no se apareci\u00f3. Es extra\u00f1o, pero nunca se hab\u00eda sentido tan solo desde la muerte de su esposa y la fuga de su hija. Se acostumbr\u00f3 a la presencia de Miss Taylor que al no verla en casi todo el d\u00eda experiment\u00f3 una terrible angustia. Fue a la biblioteca, a veces la encontraba durmiendo con un libro en las manos, a punto de caerse de la silla. Esta vez no fue f\u00e1cil encontrarla, sin embargo cuando vio los zapatitos chinos que sobresal\u00edan debajo de un mont\u00f3n de libros empolvados y carcomidos por la polilla, supo que la b\u00fasqueda hab\u00eda terminado. Llev\u00f3 a la se\u00f1orita Taylor a su cama, no a la cama de ella, sino a la de \u00e9l. Su rostro arrugado, con cardenales en la frente y manchas de sangre en la nariz le daban un aspecto terror\u00edfico. Arnulfo estaba desesperado, no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, porque nunca hab\u00eda hecho nada. Se lamentaba de su soledad, le aterraba enfrentarse solo a la vida. Por su mente pasaban muchas ideas descabelladas, una de estas era suicidarse. Busc\u00f3 un cuchillo y se tendi\u00f3 junto a ella, cerr\u00f3 los ojos y pens\u00f3: \u00abla vida de un verdadero escritor siempre es tr\u00e1gica\u00bb. De un tajo se abri\u00f3 una herida mortal en la mano izquierda.<\/p>\n<p class=\"texto\">-\u00a1Que dios se apiade de ti! -dijo el poeta-.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miss Taylor y el poeta Arnulfo estaba desesperado, no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, porque nunca hab\u00eda hecho nada. Se lamentaba de su soledad, le aterraba enfrentarse solo a la vida. Foto: El Heraldo de Tabasco Cuento breve El Heraldo de Tabasco David S\u00e1nchez May Miss Taylor recoge el peri\u00f3dico que un muchacho llamado Rub\u00e9n deja todos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-4338","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4338","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4338"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4338\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4338"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4338"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4338"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}