{"id":534,"date":"2008-07-15T08:24:50","date_gmt":"2008-07-15T13:24:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=534"},"modified":"2008-07-15T08:24:50","modified_gmt":"2008-07-15T13:24:50","slug":"de-libros-lectores-y-libreros","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=534","title":{"rendered":"De libros, lectores y libreros"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\" style=\"margin: auto 0cm; text-align: center\"><strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\">De libros, lectores y libreros<\/span><\/strong><\/h1>\n<h1 align=\"center\" style=\"margin: auto 0cm; text-align: center\"><strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\"><\/span><\/strong><\/h1>\n<h1 align=\"center\" style=\"margin: auto 0cm; text-align: center\"><strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\"><\/span><\/strong><span style=\"font-size: 18pt; font-family: Arial\"><o:p>\u00a0<\/o:p><\/span><\/h1>\n<p><strong><span style=\"font-family: Arial\">N<\/span><\/strong><span style=\"font-family: Arial\">o se equivocaba el historiador alem\u00e1n F\u00e9lix Dahn cuando afirmaba que la tarea m\u00e1s ardua que puede emprenderse es la de vender un libro. En todo caso, vale la pena insistir en esto que, aunque sabido, no siempre se pondera lo suficiente: \u00abLas librer\u00edas suelen ser un negocio de baja rentabilidad y de muy altas exigencias, tanto culturales como financieras\u00bb, tal como lo afirman Giorgio Brunetti, Umberto Collesei, Tiziano Vescovi y Ugo S\u00f2stero en el excelente volumen <em>La librer\u00eda como negocio<\/em> (M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2004).<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">En efecto, la librer\u00eda como negocio exige ciertas condiciones y formalidades que no deben soslayarse, como tampoco debe olvidarse que, adem\u00e1s de negocio, la librer\u00eda es un centro irradiador de cultura que, no por ello, queda libre de la exigencia de ser, en mayor o menor medida, redituable.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Los autores del libro citado son enf\u00e1ticos al insistir en que la rentabilidad de una librer\u00eda no es asunto de menor importancia, pues sin ella es imposible que se alcancen los objetivos de estabilidad y autonom\u00eda. Dicho de otro modo, en palabras de Brunetti, Collesei, Vescovi y S\u00f2stero: \u00abComo todas las empresas, la librer\u00eda no puede ser un hecho espor\u00e1dico, temporal. Abrir o adquirir una librer\u00eda en una ciudad es muy distinto de poner, ocasionalmente, un puesto de venta de libros en una feria. En el primer caso se constituye una organizaci\u00f3n destinada a durar en el tiempo; en el segundo, por el contrario, se trata de una actividad ocasional, a menos que constituya una actividad de comercio ambulante con caracter\u00edsticas de continuidad.\u00bb<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Tampoco debe soslayarse que los libros est\u00e1n entre las mercanc\u00edas menos mercantiles, si esto es posible decirlo as\u00ed, y que quienes los venden est\u00e1n entre los comerciantes m\u00e1s excepcionales. Todo ello por el escaso aprecio social e individual que se concede al libro en comparaci\u00f3n con otros bienes de consumo. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">El oficio de librero no s\u00f3lo es un oficio especializado, sino sobre todo especializado en minor\u00edas m\u00e1s o menos ilustradas. En pa\u00edses donde, por ejemplo, el analfabetismo funcional es grande, abrir una librer\u00eda es un negocio de alto riesgo para cualquiera que emprenda tal aventura. En estas circunstancias, el libro no posee un valor significativo m\u00e1s que para un muy reducido n\u00famero de personas; tal es la clientela real y potencial de una librer\u00eda en medios analfabetos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Si un comerciante tiene como principal prop\u00f3sito el de hacerse rico de la manera m\u00e1s f\u00e1cil y r\u00e1pida, es seguro que no pensar\u00e1 dedicarse a vender libros. Quienes piensan decididamente en ocuparse de la venta de esta mercanc\u00eda, tambi\u00e9n excepcional, es porque encuentran en el libro todos los atributos intelectuales y espirituales que a los dem\u00e1s comerciantes, probablemente, les tienen sin cuidado. En el alma de todo buen librero habita, casi con seguridad, el esp\u00edritu de un lector.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">\u00bfPero c\u00f3mo y d\u00f3nde inici\u00f3 esta aventura de vender libros en vez de dedicar el tiempo a hacer dinero de una manera m\u00e1s segura, menos azarosa? Inici\u00f3 en el mismo \u00e1mbito de los que gustaban de los libros y que deseaban compartir con otros los objetos de su deseo: entre autores, encuadernadores, copistas y amanuenses que se hicieron, tambi\u00e9n, vendedores. Es as\u00ed, en realidad, como naci\u00f3 el oficio, la profesi\u00f3n de librero. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">En su <em>Historia del libro<\/em> (M\u00e9xico, Siglo XXI, 2002), Albert Labarre se\u00f1ala que este oficio, ya como tal, se desarrollar\u00e1 sobre todo a partir de la invenci\u00f3n de la imprenta, y lo documenta del siguiente modo: \u00abLa multiplicaci\u00f3n de los libros impresos trajo consigo a lo largo del siglo XVI un aumento de los lugares de venta. De ser escasos en la \u00e9poca de los manuscritos, los libreros pasan a ser m\u00e1s numerosos. Despu\u00e9s de 1550 se ve incluso a los comerciantes merceros vendiendo, entre mercanc\u00edas muy diversas, libros de Horas a bajo precio y folletines de unas cuantas p\u00e1ginas que relatan noticias sensacionales o sucesos prodigiosos.\u00bb <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Todo esto como una se\u00f1al de la divulgaci\u00f3n y popularizaci\u00f3n del libro, opuestas al \u00e1mbito herm\u00e9tico de los cl\u00e9rigos, que es donde se concentraban mayormente, hasta entonces, el uso y el disfrute del libro.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">A\u00f1ade Labarre <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">La primera clientela del libro impreso segu\u00eda siendo la misma del manuscrito: personas que sab\u00edan leer o que necesitaban el libro. Sin embargo, la imprenta les permiti\u00f3 adquirir mayor cantidad de libros y las bibliotecas se volvieron m\u00e1s amplias y m\u00e1s variadas. Pero la divulgaci\u00f3n del libro acarrea tambi\u00e9n una ampliaci\u00f3n de su p\u00fablico. Penetra el estrato de la burgues\u00eda de comerciantes, entre quienes se pod\u00edan encontrar op\u00fasculos de piedad, novelas de caballer\u00eda, cr\u00f3nica, textos de medicina popular. Los mismos artesanos se acercan al libro por razones pr\u00e1cticas, orfebres, vidrieros, iluminadores, pintores, fabricantes de cofres, carpinteros, alba\u00f1iles, armeros poseen obras de \u00abportraiture\u00bb que son compilaciones de modelos, pero tambi\u00e9n obras ilustradas que sirven para darles el mismo uso. Finalmente, el libro, si bien no precisamente se extendi\u00f3, por lo menos se introdujo a las clases populares.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Aun entonces, los libreros pod\u00edan ser, al mismo tiempo, los escribientes, impresores y maestros de diverso oficio que manten\u00edan una estrecha relaci\u00f3n con el libro. Tuvieron que pasar muchos a\u00f1os para que la profesi\u00f3n de librero se especializara en aquel que vend\u00eda los libros \u2013dentro de un establecimiento concebido ex profeso\u2013, sin necesariamente haberlos escrito, impreso o publicado.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">A decir de Labarre, \u00abcomo nuevo oficio, la imprenta no se integr\u00f3 de un solo golpe dentro de un marco preestablecido, pero su extensi\u00f3n la hizo entrar en relaci\u00f3n con los antiguos oficios del libro: copistas (se les llamaba entonces escribientes), iluminadores y libreros pasaron progresivamente de la fabricaci\u00f3n y el tr\u00e1fico de los manuscritos al comercio del libro impreso\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">En su <em>Historia social de la literatura y el arte<\/em> (Madrid, Debate, 1998), Arnold Hauser asegura que hacia la mitad del siglo XVII el n\u00famero de lectores crece a ojos vistas; entonces, \u00abaparecen cada vez m\u00e1s libros, que, a juzgar por la prosperidad del negocio de librer\u00eda, debieron de encontrar compradores. Hacia el fin de siglo la lectura es ya una necesidad vital para las clases superiores, y la posesi\u00f3n de libros es, en los c\u00edrculos que Jane Austen describe, una cosa tan natural como sorprendente hubiera sido en el mundo de Fielding\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Gabriel Zaid ha definido extraordinariamente los atributos ideales de un librero. Un librero, como todos los lectores quisi\u00e9ramos hallarlo, es aquel \u00abque sabe provocar encuentros felices con una sabia mezcla de adivino, maestro y comerciante\u00bb. Justamente el ideal que es cada vez m\u00e1s dif\u00edcil encontrar, el due\u00f1o de un oficio que ha ido desapareciendo conforme han ido cerrando las peque\u00f1as librer\u00edas para dejar su lugar a las amplias librer\u00edas de cadena, los grandes almacenes, los supermercados y, en general, las extensas superficies de venta de libros que ya no necesitan ni de un adivino ni de un maestro, sino tan s\u00f3lo de un administrador a quien los encuentros felices del lector con el libro ni le van ni le vienen, en tanto agote sus existencias de los libros de flujo r\u00e1pido que pasan por las mesas y por las cajas, del modo m\u00e1s veloz, para convertirse en ganancias.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Acerca de la paulatina desaparici\u00f3n de las librer\u00edas independientes en todo el mundo se ha escrito bastante \u00faltimamente, y con no poca preocupaci\u00f3n desde el punto de vista cultural. Alguien que sabe mucho de esto es Jason Epstein, uno de los m\u00e1s importantes editores del siglo XX, creador de Anchor Books, fundador de <em>The New York Review of Books<\/em> y, durante muchos a\u00f1os, director editorial de Random House. Al \u00e9l se debe una buena parte de la denominada revoluci\u00f3n del libro en r\u00fastica, que puso en manos de un gran n\u00famero de lectores obras de calidad. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">En <em>La industria del libro: Pasado, presente y futuro de la edici\u00f3n<\/em> (Barcelona, Anagrama, 2002), Epstein lamenta que, en casi todo el mundo, \u00ablas cadenas de librer\u00edas que ofrecen dr\u00e1sticos descuentos en t\u00edtulos populares, han obligado a cerrar a centenares de librer\u00edas independientes\u00bb. Y todo ello ha venido ocurriendo, dice, en un tiempo en el que \u00abla edici\u00f3n de libros se ha desviado de su verdadera naturaleza cultural, y ha adoptado la actitud de un negocio como cualquier otro, bajo el dictado de unas condiciones de mercado poco favorables y los desprop\u00f3sitos de unos directivos que desconocen el medio\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Frente a estas condiciones de mercado desfavorables y en medio de estos desprop\u00f3sitos editoriales, lo que mayormente est\u00e1 en v\u00edas de extinci\u00f3n, junto con la peque\u00f1a librer\u00eda tradicional de barrio, no es el librero en general, sino el librero rom\u00e1ntico que proviene, muchas veces, de una larga tradici\u00f3n familiar. Muchos de estos libreros idealistas debieron cerrar las cortinas de sus microempresas cuando la realidad econ\u00f3mica los derrot\u00f3, hasta convencerlos, amargamente \u2013con la evidencia de la quiebra y la acumulaci\u00f3n de deudas\u2013, de que un negocio que no deja hay que dejarlo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">La desigual competencia o m\u00e1s bien la imposibilidad de competir con las grandes superficies y las pr\u00f3speras cadenas libreras, que fundan su prosperidad en la pol\u00edtica de los amplios descuentos, ha llevado a los libreros peque\u00f1os y medianos a cuestionar su raz\u00f3n de ser y, en muchas ocasiones, a replantear su quehacer, pero en todos los casos resisti\u00e9ndose a dejar de ser libreros.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">En <em>La edici\u00f3n sin editores: Las grandes corporaciones y la cultura<\/em> (M\u00e9xico, Era, 2001), Andr\u00e9 Schiffrin ha llamado la atenci\u00f3n sobre un hecho mundial en los pa\u00edses donde opera e impera la liberaci\u00f3n del precio del libro. Advierte que las grandes cadenas libreras al controlar la producci\u00f3n de novedades, exigen a los editores condiciones cada vez m\u00e1s favorables, que les dan una ventaja claramente desleal sobre las peque\u00f1as y medianas librer\u00edas independientes. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Asegura Schiffrin que hay cadenas, como Barnes &amp; Noble, que llegan al extremo de exigir a los editores un d\u00f3lar por ejemplar para colocar sus libros en un lugar bien visible de la tienda. Otras \u00abllegan incluso a pedir a los editores que limiten las giras de sus autores a sus propias tiendas, incit\u00e1ndolos a no entrar en contacto con las peque\u00f1as librer\u00edas\u00bb. El poder de estas grandes cadenas exige derechos de exclusividad y \u00abpayola\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Entre otros muchos editores y libreros, el escritor y editor argentino Mario Muchnik ha enfatizado la importancia que tiene para las librer\u00edas y las casas editoras la implantaci\u00f3n del precio fijo o \u00fanico del libro, que beneficia por igual a los grandes, medianos y peque\u00f1os libreros; y que, adem\u00e1s, puede beneficiar a toda la cadena productiva del libro (incluidos los editores), pero que va en directo beneficio sobre todo del lector. En cambio, la liberaci\u00f3n del precio en los libros s\u00f3lo beneficia a las grandes superficies o <em>libr\u00f3dromos<\/em> (el t\u00e9rmino es de Muchnik) que, en muchas ocasiones no venden \u00fanicamente libros sino tambi\u00e9n una gran cantidad de otros productos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Explica Muchnik que las grandes superficies pueden ofrecer los libros a precios muy reducidos \u2013no es raro un veinticinco y aun un treinta y cinco por ciento de descuento\u2013, precios que las dem\u00e1s librer\u00edas (las medianas y las peque\u00f1as) no se pueden permitir. E ilustra este exceso, aparentemente ben\u00e9fico para todos, del siguiente modo: \u00abAunque parezca absurdo, una gran superficie podr\u00eda pr\u00e1cticamente <em>regalar<\/em> los libros y seguir haciendo ping\u00fces beneficios compensatorios con los zapatos, los tomates, las macetas o las mu\u00f1ecas Barbie. Un librero peque\u00f1o, en cambio, que no ofrece zapatos ni tomates ni macetas ni mu\u00f1ecas, no se puede permitir semejantes descuentos, de manera que los clientes lo abandonan y acuden a la gran superficie. Y si, para impedir la p\u00e9rdida de clientes y la quiebra, los hiciera, morder\u00eda hasta tal punto en su cuenta de resultados anual que en lugar de beneficios tendr\u00eda p\u00e9rdidas.\u00bb<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Es por la falta de equidad o por la imposibilidad de competir que muchas librer\u00edas peque\u00f1as y medianas han cerrado en todo el mundo. Los editores tambi\u00e9n padecen con este esquema, pues para poder soportar una pol\u00edtica de grandes descuentos, lo primero que tiene que hacer un editor (sabiendo que el gran librero le impondr\u00e1 condiciones de amplio margen para su ganancia) es multiplicar el costo de producci\u00f3n en factores de ocho o de diez para llegar a un precio de venta al p\u00fablico que, aun con descuentos, le permita obtener rendimientos. Todo lo cual repercute desfavorablemente en el consumidor, es decir en el lector, pues el precio artificial fijado por el editor, para poder amortiguar los descuentos que hace a la gran librer\u00eda, va de cualquier forma en detrimento del comprador minoritario y, por supuesto, del comprador al menudeo, es decir del lector. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Aun con un descuento del veinticinco por ciento, el libro sigue siendo m\u00e1s caro que si su precio fuera real y sin descuento. El problema es que la librer\u00eda mediana y la peque\u00f1a, por la cantidad m\u00ednima de ejemplares que exhiben, no pueden imponer condiciones de ning\u00fan tipo al editor, y el precio elevado que fija \u00e9ste es el que, finalmente, le ofrece a su clientela, que, en efecto, lo abandona y lo hace quebrar, sin posibilidad de competencia. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">La conclusi\u00f3n es clara: la pol\u00edtica del libre descuento sobre el llamado precio de tapa, \u00fanicamente beneficia a las grandes librer\u00edas de cadena y a los almacenes que venden, entre otras cosas, libros, pues son los que tienen el poder de poner condiciones al editor. Para Muchnik, si de reducir el precio de los libros se trata, hay que empezar, sin demora, por adoptar el precio fijo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Algunos se escandalizan de que en el mercado del libre comercio se pretenda beneficiar al comprador con el precio \u00fanico (sin que se escandalicen en absoluto porque los peri\u00f3dicos, las revistas y los cigarrillos, entre otros productos, tengan precio \u00fanico). Se olvidan \u2013o de plano lo ignoran\u2013 que desde el surgimiento de la imprenta este mecanismo se emple\u00f3 sin ninguna duda. Lo que sucede es que algunos de los que se oponen al precio fijo no han le\u00eddo, por ejemplo, las primeras l\u00edneas de cualquier edici\u00f3n facsimilar del <em>Quijote<\/em>, de Cervantes, que datan de 1605.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">De haberlo hecho estar\u00edan enterados que ah\u00ed, en la primera p\u00e1gina de la obra inmortal de Cervantes, antes de la dedicatoria y el pr\u00f3logo del autor, se incluye la tasa o precio de venta al p\u00fablico que era, como nos advierte el cervantista Florencio Sevilla Arroyo, \u00abuno de los cuatro requisitos necesarios para imprimir un libro en los Siglos de Oro\u00bb. (Los otros tres eran la aprobaci\u00f3n o censura, el privilegio o los derechos de autor y la fe de erratas.)<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">El precio fijo o \u00fanico ya exist\u00eda en tiempos de Cervantes, y queda establecido del siguiente modo, respecto del <em>Quijote<\/em>: \u00abYo, Juan Gallo de Andrada, escribano de c\u00e1mara del Rey nuestro se\u00f1or, de los que residen en su Consejo, certifico y doy fe que, habiendo visto por los se\u00f1ores d\u00e9l un libro intitulado <em>El ingenioso hidalgo de <st1:personname ProductID=\"la Mancha\" w:st=\"on\">la Mancha<\/st1:personname><\/em>, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho libro a tres maraved\u00eds y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, que al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa maraved\u00eds y medio, en que se ha de vender en papel; y dieron licencia para que a este precio se pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicho libro, y no se pueda vender sin ella. Y, para que dello conste, di la presente en Valladolid, a veinte d\u00edas del mes de diciembre de mil y seiscientos y cuatro a\u00f1os.\u00bb<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Y esto no fue exclusividad del <em>Quijote<\/em>. Los que tengan curiosidad, vayan y lean: el precio fijo o \u00fanico de las <em>Novelas ejemplares<\/em>, de Cervantes, fue de 286 maraved\u00edes, y Hernando de Vallejo, escribano del Consejo Real, que tambi\u00e9n firm\u00f3 en 1615 la tasa de la segunda parte del <em>Quijote<\/em> (en 292 maraved\u00edes), sentenci\u00f3 que \u00aba este precio, y no m\u00e1s, se venda, y que esta tasa se ponga al principio de cada volumen del dicho libro, para que se sepa y entienda lo que por el se ha de pedir y llevar\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Ese mismo a\u00f1o, Hernando de Vallejo tambi\u00e9n firmar\u00eda la suma de la tasa de las <em>Ocho comedias y entremeses<\/em>, de Cervantes, a cuatro maraved\u00edes cada uno de los sesenta y seis pliegos, para un precio fijo y \u00fanico de 264 maraved\u00edes. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, en 1616, Jer\u00f3nimo N\u00fa\u00f1ez de Le\u00f3n firmar\u00eda la tasa de <em>Los trabajos de Persiles y Sigismunda<\/em>, cuyo precio fijo fue de 232 maraved\u00edes. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">No faltar\u00e1 quien argumente, a partir de estos datos, que la tasa del libro en tiempos de Cervantes ten\u00eda el prop\u00f3sito de fijar \u00fanicamente un tope para proteger al comprador de posibles abusos. Pero este argumento ser\u00eda endeble: en ning\u00fan lado se dice que ese precio pudiese variar a la baja, como consecuencia de descuentos especiales. Era un precio \u00fanico, y nada m\u00e1s, pues el precio final del libro era resultado de la suma que produc\u00eda la tasa parcial de pliegos. Y si estos precios eran justos (sin ning\u00fan incremento oculto), no hab\u00eda raz\u00f3n para ning\u00fan tipo de descuento. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Quienes compraron el <em>Quijote<\/em> en 1605 pagaron exactamente 290 maraved\u00edes y medio. Los que adquirieron la segunda parte, en 1615, pagaron por su ejemplar 292 maraved\u00edes. Si la primera parte de la obra maestra de Cervantes const\u00f3 de ochenta y tres pliegos, a tres maraved\u00edes y medio, y la segunda parte ten\u00eda setenta y tres pliegos, con precio de cuatro maraved\u00edes cada uno, debe hacerse notar tambi\u00e9n que, en diez a\u00f1os, la inflaci\u00f3n fue insignificante: en una d\u00e9cada, apenas medio maraved\u00ed por pliego. La historia puede ser muy buena consejera para quien desee realmente leer en ella.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Para el caso de M\u00e9xico, en el ensayo \u00abHacia un pa\u00eds sin librer\u00edas\u00bb (<em>Letras Libres<\/em>, noviembre de 2006), Gabriel Zaid advierte que \u00abhay algo quijotesco en el empe\u00f1o de sostener una librer\u00eda en un pa\u00eds al que no le importan las librer\u00edas\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Pero los libreros y las librer\u00edas constituyen elementos fundamentales no \u00fanicamente en la cadena comercial del libro, sino tambi\u00e9n y sobre todo en el desarrollo de nuestra cultura. Y habr\u00eda que hacer todos los esfuerzos que est\u00e9n en nuestras manos para evitar que desaparezcan producto de pol\u00edticas err\u00e1ticas que se basan tan s\u00f3lo en criterios y en dogmas del mercado. No es que el libro est\u00e9 fuera de los mecanismos del mercado, sino que desde siempre ha tenido un trato particular porque se trata, precisamente, de una mercanc\u00eda especial.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Para Epstein, la industria del libro est\u00e1 muy lejos de ser un negocio convencional: \u00abSe asemeja m\u00e1s a una vocaci\u00f3n o a un deporte de aficionados cuyo objetivo primordial es la actividad en s\u00ed misma m\u00e1s que su resultado econ\u00f3mico.\u00bb<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">El librero en particular es, adem\u00e1s de un comerciante, un elemento muy importante en el desarrollo de la cultura. En 1974, en <em>El libro ayer, hoy y ma\u00f1ana<\/em> (Barcelona, Salvat), Guillermo D\u00edaz-Plaja escribi\u00f3: \u00abEl primer problema de la profesi\u00f3n librera es el de la informaci\u00f3n. El cliente de una librer\u00eda, que es un hombre de preocupaciones intelectuales, entra en el establecimiento con una cierta idea previa. En su peri\u00f3dico ha visto el anuncio de un libro o ha le\u00eddo el comentario sobre otro que acaba de aparecer. Es un hombre que est\u00e1 al d\u00eda. El presunto lector, pues, entra a comprar una obra de reciente aparici\u00f3n. Pero acaso no ha retenido los elementos necesarios para localizarla. El librero debe estar en situaci\u00f3n de hacerlo en seguida.\u00bb<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Para D\u00edaz-Plaja la profesi\u00f3n de librero entra\u00f1a un trabajo complejo que, en su grado m\u00e1s noble, desemboca en ser \u00abun consejero de su cliente\u00bb, es decir, un asesor del lector. La misi\u00f3n del librero es, pues, orientarse y orientarnos en el laberinto de los libros. En este sentido, el librero, si hace bien su trabajo, puede ser fundamental para que el lector llegue a la obra que desea, y resulta tambi\u00e9n decisivo, si hace mal su trabajo, para que un lector no consiga su prop\u00f3sito de encontrar la obra que busca.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">A veces, incluso, un librero con buen conocimiento de lo que vende, puede guiar la lectura de sus clientes, aunque \u00e9sta no sea naturalmente su obligaci\u00f3n, pues para ello est\u00e1 la cr\u00edtica. Y, sin embargo, no son pocos los libreros que pueden hablar, con autoridad, de los m\u00e9ritos o falta de m\u00e9ritos de los libros que venden.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Lo que dir\u00e9 a continuaci\u00f3n es una perogrullada, pero lo asombroso es que mucha gente no entienda las perogrulladas. Entonces la dir\u00e9, confiando en que, para algunos, de algo puedan servir hoy en d\u00eda las perogrulladas. \u00c9sta consiste en lo siguiente: Comprar libros, lo mismo que leerlos, se vuelve adicci\u00f3n. Pero es claro que los libroadictos, que gozan realmente la lectura, el libro y su posesi\u00f3n, comprar\u00e1n, a lo largo de su existencia, muchos m\u00e1s libros que los que realmente pueden leer. Y los comprar\u00e1n porque adquirirlos se les convierte en una necesidad, con la esperanza de que alg\u00fan d\u00eda puedan leerlos. Es as\u00ed como se forman las bibliotecas particulares que luego, sin duda, tarde o temprano, beneficiar\u00e1n a muchos otros lectores. Y si comprar libros puede constituir toda una adicci\u00f3n, venderlos es algo parecido. \u00bfPor qu\u00e9 ciertos libreros empecinados no cierran su librer\u00eda \u2013tan poco rentable\u2013 y ponen, en su lugar, un expendio de hamburguesas. Porque son libreros. Es decir, por la misma raz\u00f3n por la que un campesino \u2013con tierra escasa y poco productiva\u2013 no se hace pescador, y por la misma raz\u00f3n por la que un pescador \u2013en situaci\u00f3n cr\u00edtica\u2013 no se hace campesino. El oficio de librero es, muchas veces, un oficio de familia que proviene de una muy noble tradici\u00f3n cultural.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Por lo dem\u00e1s, vender libros es un arte m\u00e1s que un simple comercio. Aunque pueda haber excepciones que me desmientan, creo que puedo decir que, en el caso de las librer\u00edas llamadas independientes, s\u00f3lo venden libros los que aman estos objetos irradiadores de cultura. Y, a lo largo de la historia, los libreros han contribuido de manera decisiva al fomento de la lectura, incluso en lugares y circunstancias donde lo m\u00e1s peligroso es abrir una librer\u00eda y pretender vender libros. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">Es ilustrativa, en este sentido, la obra de la escritora y periodista noruega Asne Seierstad, <em>El librero de Kabul<\/em> (M\u00e9xico, Oc\u00e9ano\/Maeva, 2004), en la cual relata las venturas y desventuras del librero afgano Sult\u00e1n Khan, quien en alg\u00fan momento sintetiza del siguiente modo la tragedia de vivir en un pa\u00eds donde el poder est\u00e1 en manos de fan\u00e1ticos ideol\u00f3gicos y religiosos, que a fin de cuentas son lo mismo: \u00abPrimero, los comunistas me quemaron los libros, luego los mujaidines saquearon la librer\u00eda y, finalmente, los talib\u00e1n volvieron a quemar mis libros.\u00bb Y, pese a todo, contra delaciones, c\u00e1rcel, hogueras y destrucciones, Sult\u00e1n Kahn sigui\u00f3 siendo librero, porque, como explica Seierstad, \u00ablos libros representaban la raz\u00f3n de ser de Sult\u00e1n; siempre hab\u00eda sido as\u00ed desde que vio su primer libro en la escuela\u00bb.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">El oficio de librero no tiene que ver nada m\u00e1s con p\u00e9rdidas y ganancias econ\u00f3micas; tiene que ver, y en gran medida, con el desarrollo cultural de un pa\u00eds que mientras menos librer\u00edas tenga menos posibilidades tendr\u00e1 de brindar a los lectores un satisfactorio acceso al libro. \u00abUn libro aunque est\u00e9 en el comercio trasciende el comercio\u00bb, ha escrito, con irrefutable verdad, Carlos Fuentes. As\u00ed ha sido desde los tiempos de Cervantes, y aun mucho tiempo atr\u00e1s. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-family: Arial\"><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-family: Arial\">No basta con publicar libros si \u00e9stos s\u00f3lo est\u00e1n al alcance de los que habitan los grandes centros urbanos. Una peque\u00f1a o una mediana librer\u00eda en una peque\u00f1a o una mediana poblaci\u00f3n detonan sin duda el desarrollo educativo y cultural de ese lugar. Es verdad que el libro sigue siendo asunto de minor\u00edas, pero no debemos olvidar que la cultura del libro acaba beneficiando incluso a los que no leen, o, para decirlo mucho mejor con palabras de Alberto Manguel: \u00abLos lectores son una \u00e9lite, pero una \u00e9lite a la cual todo el mundo puede pertenecer.\u00bb<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<h3 style=\"margin: auto 0cm; text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial\"><\/span><\/h3>\n<h3 style=\"margin: auto 0cm; text-align: justify\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: Arial\">Juan Domingo Arg\u00fcelles<o:p><\/o:p><\/span><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De libros, lectores y libreros \u00a0 No se equivocaba el historiador alem\u00e1n F\u00e9lix Dahn cuando afirmaba que la tarea m\u00e1s ardua que puede emprenderse es la de vender un libro. 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