{"id":8127,"date":"2011-03-31T21:44:51","date_gmt":"2011-04-01T03:44:51","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=8127"},"modified":"2011-03-31T21:44:51","modified_gmt":"2011-04-01T03:44:51","slug":"obtener-riqueza-a-como-de-lugarcapitalismo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=8127","title":{"rendered":"Obtener riqueza a como de lugar:Capitalismo"},"content":{"rendered":"<p>La envidia prometeica <\/p>\n<p>Javier Sicilia<\/p>\n<p>El capitalismo, como lo escrib\u00ed en mi anterior art\u00edculo, Capitalismo y crimen (Proceso 1792), cuya b\u00fasqueda es la producci\u00f3n indiscriminada de mercanc\u00edas para obtener riquezas, va de la mano de un vicio que s\u00f3lo con la emergencia de los fil\u00f3sofos utilitaristas se volvi\u00f3 virtud: la envidia. Envidiar, dicen estos pensadores del bienestar que encontraron su casa en el liberalismo econ\u00f3mico y en el Estado, es provocar la competencia que genera riqueza para un n\u00famero cada vez mayor de personas; es, por lo tanto, transformar el deseo \u2013sobre todo de lo que otros poseen\u2013 en necesidad. Los mercad\u00f3logos y los publicistas lo saben, al grado de que han acu\u00f1ado un verbo terrible: \u201ctantalizar\u201d, mantener al ser humano \u2013como los dioses lo hicieron con T\u00e1ntalo\u2013 en estado de necesidad, en un deseo tan insaciable como eterno. <\/p>\n<p>No es otra cosa lo que hace el capitalismo mediante sus industrias cada vez m\u00e1s sofisticadas y la publicidad: para que la ficci\u00f3n de la riqueza no decaiga debe \u2013en nombre del bienestar\u2013 generar cada vez m\u00e1s productos tan \u201ctantalizables\u201d como absurdos. Pensemos simplemente, y a manera de ejemplo, en esas pr\u00f3tesis electr\u00f3nicas \u2013celulares, computadoras, iPad, internet\u2013 que han invadido la vida humana en los \u00faltimos 20 a\u00f1os. Su invasi\u00f3n ha generado, primero, un mercado que d\u00eda con d\u00eda cambia de manera vertiginosa produciendo envidia y aumentando el consumo de manera exponencial y peligrosa \u2013el BlackBerry, que a juicio de algunos lleva el nombre de la bola de hierro a la que eran atados con una cadena los condenados, y que hace dos a\u00f1os era el s\u00fammum de la telefon\u00eda celular, se ha convertido, con su masificaci\u00f3n y la aparici\u00f3n del iPad, en una pieza casi de museo; la envidia del mercado celular se llama hoy iPad\u2013; segundo, ha producido una nueva clase de analfabetos: los electr\u00f3nicos. Quien no posee una pr\u00f3tesis de esa naturaleza est\u00e1 fuera del mercado, del prestigio y de la vida social. <\/p>\n<p>Fuera del mundo de las pr\u00f3tesis electr\u00f3nicas \u2013dice la Iglesia del capitalismo\u2013 no hay salvaci\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 oportunidades les quedan entonces a aquellos que vienen de una tradici\u00f3n oral y que la explotaci\u00f3n prestigiosa del mundo alfabetizado convirti\u00f3 en analfabetos incapacitados para habitar el mundo \u201ccivilizado\u201d? Su presencia no puede aspirar a la m\u00ednima de las salvaciones. Desterritorializados, orillados a las periferias de las periferias, su destino es morir, delinquir o crear en las m\u00e1rgenes, y a partir de su memoria hist\u00f3rica, un mundo humano, ajeno al artificio irracional de lo civilizado.<\/p>\n<p>Esta forma de la envidia, que est\u00e1 en la base de las fuerzas del capitalismo, ha caminado hasta estas maneras irracionales de \u201cproducir riqueza\u201d, y ha surgido as\u00ed lo que el fil\u00f3sofo G\u00fcnther Anders llam\u00f3 \u201cenvidia prometeica\u201d. Una envidia que, adem\u00e1s de dirigirse a la posesi\u00f3n del nuevo objeto que produce el mercado y que poseen unos cuantos, \u201ctantaliza\u201d la publicidad y se dirige al objeto mismo. Las producciones del capitalismo han llegado a tal grado de \u201cperfecci\u00f3n\u201d en el orden del poder que tienen y que confieren a sus poseedores, que el ser humano comienza a desear parecerse a ellas, a sentir la verg\u00fcenza inconsciente de no ser el producto de una fabricaci\u00f3n, de no haber sido hecho a imagen y semejanza del poder tecnol\u00f3gico. <\/p>\n<p>Vuelto el mundo una m\u00e1quina de producci\u00f3n de aparatos que confieren a su poseedor un poder aparentemente descomunal, el ser humano comienza a desear ser el producto de la inmaculada concepci\u00f3n de la ingenier\u00eda. As\u00ed, junto a la industria de las pr\u00f3tesis electr\u00f3nicas han florecido otras que nos prometen la durabilidad de la m\u00e1quina, la posibilidad de ser mejorados, siempre mejorados, como nuestras pr\u00f3tesis, o simplemente refaccionados para no perder nuestra durabilidad, nuestra ilusi\u00f3n de ser como los aparatos que el mercado produce. Industrias de la belleza, del gym, de la cirug\u00eda pl\u00e1stica, de las vitaminas, de la medicina preventiva, de la alimentaci\u00f3n, del comercio de \u00f3rganos, de la manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica, de la salud: el ser humano vuelto el nuevo mestizo de la era electr\u00f3nica, un hijo de la carne, pero mejorado y administrado por la m\u00e1quina y el dise\u00f1o ingenieril, del que Michael Jackson es su mes\u00edas. <\/p>\n<p>Todas esas industrias, nacidas de la \u201cenvidia prometeica\u201d, crean la ilusi\u00f3n de que es posible mejorarse como un celular o una computadora y mantenerse siempre disponibles y perfectos, sin estados de \u00e1nimo alterados, ajenos a la farragosa angustia de ser hombres.<\/p>\n<p>Lo que Hanna Arendt vio como la esencia del totalitarismo, la planificaci\u00f3n del ser humano desde su nacimiento, G\u00fcnther Anders lo encuentra en el fondo del capitalismo moderno. Esta esencia totalitaria ya no es, como lo se\u00f1ala Fabrice Hadjaj, el producto de una ideolog\u00eda, sino \u201cde la situaci\u00f3n objetiva de la t\u00e9cnica y del mercado que se han vuelto aut\u00f3nomos\u201d y se nos presentan con el rostro del sue\u00f1o de la libertad. La era totalitaria, que buscaba, en su amor por lo perfecto, la cosificaci\u00f3n del hombre, ha dado paso a la era de la personificaci\u00f3n de las mercanc\u00edas que se han vuelto, bajo la apariencia de la libertad del mercado y del utilitarismo capitalista,  \u201cnuestros modelos y matrices\u201d (Hadjaj).<\/p>\n<p>He all\u00ed uno de los grandes puntos ciegos de nuestro mundo, un punto que nos impide ver lo sustancial: la posibilidad de repensarnos en la libertad de nuestros l\u00edmites humanos y de crear pol\u00edticas y econom\u00edas ajenas a las desmesuras del capitalismo. A su intransigencia \u2013aquello que los griegos llamaban la hybris (la desmesura) y el cristianismo la Ca\u00edda\u2013,  habr\u00eda que oponer el sentido del l\u00edmite, hecho de equilibrio y de responsabilidad frente a un mundo que siempre es limitado y que s\u00f3lo podemos conservar al precio de la renuncia y de la preservaci\u00f3n de lo humano.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andr\u00e9s, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los cr\u00edmenes de las asesinadas de Ju\u00e1rez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a todos los presos de la APPO y hacerle juicio pol\u00edtico a Ulises Ruiz.  l  <\/p>\n<p>carajos. \u201cTengo miedo, pero no soy mi miedo\u201d.  <\/p>\n<p>Gracias a Proceso<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La envidia prometeica Javier Sicilia El capitalismo, como lo escrib\u00ed en mi anterior art\u00edculo, Capitalismo y crimen (Proceso 1792), cuya b\u00fasqueda es la producci\u00f3n indiscriminada de mercanc\u00edas para obtener riquezas, va de la mano de un vicio que s\u00f3lo con la emergencia de los fil\u00f3sofos utilitaristas se volvi\u00f3 virtud: la envidia. 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