«EL PADRE ELIAS» por Jaime Septién

«El Padre Elías» 

 por Jaime Septién

Un humilde fraile carmelita es llamado por el Papa para hacerse cargo de la empresa más compleja de la historia presente de la Iglesia católica: buscar, enfrentar y vencer (exorcizar) al anticristo que se ha encarnado en la figura de un poderoso político.

En el transcurso de la búsqueda, enfrentará los fantasmas de su propio pasado, verá al mal cara a cara, descubrirá que la delicada trama de la Esposa de Cristo, su permanencia en la Tierra, depende del amor y que las cosas más profundas las revela Dios a los humildes de corazón.

El Padre Elías (Un Apocalipsis), del canadiense Michael D. O’Brien, es una de las mejores novelas «de ideas» que he tenido ocasión de leer en los últimos tiempos. Una respuesta inteligente y profundamente católica a las patochadas de El Código Da Vinci y sus secuelas de curas monstruosos, sociedades secretas encerradas en las sacristías o catedrales de las que surgen asesinos de siete cabezas… Y eso que estamos hablando de una novela que, en la versión de la editorial española Libros Libres (Madrid), ocupa 636 páginas.

En el transcurso de la trama, el padre Elías, judío, sobreviviente del holocausto, figura de éxito del naciente Estado de Israel hasta la muerte de su esposa en un ataque terrorista, luego convertido en sacerdote y monje católico, tendrá que introducirse, literalmente, en el infierno, a la caza de un político de vanguardia, un líder mundial que busca derrotar al cristianismo sustituyendo al amor por la eficacia, al perdón por el pacifismo y a Dios por un humanismo demasiado parecido al new-age.

No voy a contar la trama, simplemente diré que El Padre Elías es una muestra de que la literatura católica ni tiene por qué ser aburrida ni tiene por qué plegarse a los dictados de la moda. La advertencia de fondo de la novela de O’Brien es muy seria: el demonio se ha metido en todos los rincones de la cultura contemporánea, incluyendo a la propia Iglesia, para iniciar la última batalla, la de la caridad de Cristo en contra de la civilización de la muerte. Es la guerra de todos los días, pero, también, la guerra para instaurar el Reino de Dios o el de las tinieblas. Una aventura apasionante, donde se dirime, ni más ni menos, el futuro de la humanidad, aunque ésta no lo sepa.

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