Interés por una vida secreta… La tierra baldía

 Interés por una vida secreta: La tierra baldía

Para muchos otros, simplemente es el más grande poeta del idioma inglés del siglo XX, y no existe nada en el inglés moderno que iguale el lúgubre dadaismo de La tierra baldía, o la curiosa y perturbadora belleza de la Canción de amor de J. Alfred Prufock.

Eliot era no sólo uno de los grandes poetas modernos, sino un crítico, comentarista político, editor y dramaturgo. Es una gran noticia que se estén abriendo las puertas de un archivo que cambiará la forma en que Eliot es leído y comprendido”.

Las opiniones sobre Eliot como poeta están polarizadas. Hay quienes desprecian su trabajo, casi siempre porque se les obligó a estudiarlo a una edad demasiado temprana para ello.

Su pensamiento político era polémico; sin embargo, su vida personal permanece oculta

“Qué desagradable conocer al señor Eliot”, escribió una vez el poeta sobre sí mismo.

“Con su perro corriente de rabo cortado, su gato, similar a un puercoespín y su sombrero como de chulo italiano; qué desagradable conocer al señor Eliot, lo mismo con la boca abierta o cerrada”.

¿Qué tan desagradable era?

La respuesta es que no lo sabemos.

Era un poeta misterioso.

Otra pregunta que esta montaña de material nos debe responder es qué tan “desagradables” eran las posturas políticas del señor Eliot. Sumamente desagradables, según un libro publicado en 1995 por el abogado, Anthony Julius, quien aseguró que el poeta “era capaz de poner su arte al servicio de su antisemitismo”.

No existe duda de que las visiones políticas de Eliot estaban firmemente enraizadas en la derecha. Uno de sus amigos más queridos era Ezra Pound, el primero al que le mostró la versión final de La tierra baldía. Pound era un antisemita virulento y un propagandista del fascismo quien evitó ser juzgado por traición después de la guerra alegando locura.

Eliot no era un fascista, sobre todo teniendo en cuenta que se convirtió a la Iglesia de Inglaterra en 1927, y que como anglo-católico practicante le estaba prohibido aceptar el fascismo por sus aspectos paganos.

El material que pudo haber arrojado luz sobre su vida personal está encerrado en un enorme archivo del cual ha surgido únicamente, hasta ahora, sólo un volumen de sus documentos y cartas privadas, editado por su viuda, Valerie, y publicado en 1988.

Dicho libro abarca desde 1898, año en que Thomas Stearns Eliot, de 10 años, fue enviado a una escuela en St. Louis, hasta 1922, cuando publicó La tierra baldía.

El vivió otros 43 años y siguió escribiendo hasta la década de los 50.

Eliot escribió muchas cartas. Tan sólo en 1923 su correspondencia fue de 88 mil 388 palabras; la longitud de una novela corta.

En 1926 escribió 112 mil 878 palabras.

Unas 200 cartas del periodo anterior a 1923 han aparecido desde 1988, de modo que hasta esa única fuente documental publicada está incompleta.

No hay, hasta ahora, un biógrafo oficial.

A Peter Ackroyd, quien escribió el que es posiblemente el libro más conocido sobre el poeta, se le ha negado hasta el permiso de citar su poesía.

Hasta ahora, la señora Eliot ha trabajado sola en este proyecto, montando una guardia fiera sobre todo aquel que tenga acceso a los papeles de Eliot.

Pero más que cualquier publicidad desagradable o hiriente que pudieran causar algunas de las indiscreciones de Eliot, está el tema, simplemente, del peso de todo ese material que cae sobre los hombros de una septuagenaria.

De los años que abarcan entre 1922 y 1940, existen aproximadamente dos millones de palabras aún sin publicar.

Ahora, a sólo  meses del aniversario 120 del natalicio de Eliot, se ha acelerado el trabajo sobre los archivos.

Faber and Faber, casa que publicó originalmente a Eliot, y que le dio trabajo durante años como editor literario, está preparando una colección de siete volúmenes de su prosa, editada por el profesor Ron Schuchard, de la Universidad de Emory en Atlanta, Georgia.

Asimismo, Hugh Haughton, del Departamento de Inglés de la Universidad de York ha sido comisionado para ayudar a Valerie Eliot en la creación de una edición de varios volúmenes de sus cartas.

Se usarán todas las misivas, con la única excepción de un paquete oculto que está en una caja, bajo llave.

El paquete y la llave se encuentran en la Universidad de Princeton.

El proyecto comenzará con la redición de una versión ampliada del volumen de 1988.

El señor Haughton señala:

“Es un archivo extraordinario”.

La mayor parte de lo admiradores de T. S. Eliot probablemente no saben que lo son. Si acaso llegan a reconocer el nombre, pueden pensar que Eliot es un letrista, como Tim Rice, conociéndolo sólo como el hombre que hizo la letra de las canciones del musical Cats.

Con su poesía absurda sobre Macavity, Mungojerrie y otros felinos bandidos, Eliot creó un público muy por encima del alcance de cualquier otro de los poetas más importantes del siglo XX.

El hombre en sí no es ampliamente admirado.

Por lo que sabemos de él, sus opiniones políticas y sobre las razas eran abominables, su vida sexual era un fracaso.

El señor Haughton ha prometido que sus cartas reunidas arrojarán luz sobre “las dificultades de su vida personal durante el tiempo que pasó al lado de su primera esposa, Vivien”. Se trata de Vivien Haigh-Wood, con quien Eliot se casó impulsivamente en 1915, meses después de mudarse a Inglaterra. Se separaron legalmente en 1933.

Algunos de los problemas en el matrimonio surgieron a raíz de la proximidad del poeta con el grupo Bloomsbury, esa brillante colección de intelectuales que saltaban de cama en cama con tantos especímenes excesivamente educados y de tendencias homosexual, lesbiana, bisexual y heterosexual.

Vivien Eliot sostuvo un amorío durante años con Bertrand Russell. Su biógrafa, Carole Seymour-Jones ha sugerido, sin aportar mucha evidencia que respalde sus afirmaciones, que Eliot toleraba el romance porque él también se sentía atraído por el viejo Bertie.

Eliot puede o no haber sido homosexual.

Mucha gente cree que lo era, pero la evidencia, al igual que el gato Macavity, no está ahí.

 

ANDY MCSMITH THE INDEPENDENT

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