Notas de vida: Habla Julio Figueroa…

Notas de vida:

Julio Scherer

 y su terca memoria  

Julio Figueroa 

Para S S       1- Julio Scherer es un boxeador que escribe como estilista y golpea como fajador, con punch en las palabras al hígado. 

    

2- Sabe acumular silencio y explota todo en un solo vocablo, un párrafo, una línea:

     –Primero fue el alcohol, y luego todo lo demás. (p. 95).  

     3- Frecuentemente hay que leerlo y releerlo dos-tres veces para captar todo lo que hay sumergido bajo la punta del iceberg literario. El periodista mexicano escribe sus historias punzocortantes como Hemingway sus relatos. 

     4- Las armas del periodista Julio Scherer García:

     –La sinceridad, la honradez, la información, el reportaje (la investigación) y la crítica. / Más la pluma literaria: hacha y bisturí, cincel sobre la roca, Rodin y Siqueiros, pincel de trazo sutil y fuerte,  con toda la lucidez crítica de que es capaz. / Si Octavio Paz encarna  la otra voz, Scherer representa la otra pasión crítica.  

  

   5- Las manos sucias pero el culo limpio. Allí está el ser, en el hacer. No tanto en lo que se toma y se acepta, como en lo que se da y se construye. Las manos sucias del trabajo limpio. No el cielo puro de las convicciones inmaculadas sino el culo vivo y palpitante de la vida. Entre el Hoederer y el Hugo de Las manos sucias de Sartre, Scherer apuesta por… la verdad de la vida, creo, no la verdad abstracta. 

     6- Ricardo Reis de Pessoa dice en un verso memorable:

     –Sólo pido a los dioses me concedan nada pedirles.      Pero uno como Julio es humano y todos necesitamos tarde o temprano de los otros todos. 

     7- Tal vez como en ninguno de sus otros libros en La terca memoria el yo profundo del periodista, del hombre y del escritor queda temblando en cueros limpiamente. Exponer es exponerse y levantar acta de los otros empezando por nosotros. Esta es mi humilde enseñanza superior que yo recojo de don Julio. 

     8- Las debilidades del otro pueden ser las nuestras. Hay que estar atentos. Y sus fuerzas pueden inyectarnos fuerza.  

     9- A propósito de Gastón García Cantú:

     –Gastón me habló de la vulnerabilidad de la inteligencia, igual que la del cuerpo, pero mucho más sensible a trastornos súbitos. Debíamos mantenernos atentos a nosotros  mismos, a nuestras equivocaciones y torpezas. Deberíamos vigilarnos y hablar uno del otro con cabal honradez. Los amigos, finalmente, son eso, guardianes uno del otro. (p. 22).  

     10- Carlos Quijano y la mirada crítica a Cuba:

     –Fidel, habitado por la vida heroica.

     –La prisión y la muerte sin apelación.

     –Ley cubana de un solo hombre.

     –Yo daría la vida por la Revolución cubana, pero no por los hermanos Castro.  

     –Che Guevara, la helada quimera de un Dios creado por el trabajo y el sacrificio; en las llamas de su propia hoguera murió de muerte natural. (Todas p. 108).

     –Los políticos usan a los hombres y yo no nací para eso. (p. 109).

     –Los políticos no distinguen la línea sutil que separa el uso del abuso. (p. 110). 

     11- Scherer y su retrato solidario de Monsiváis:

     –Carlos Monsiváis me invitó a firmar el documento [un desplegado a favor de los maestros en tiempos de López Mateos, 1960] e iniciamos una amistad que perdura sin sombras ni momentos de encono. Sabía de su fama incipiente y de su arma envenenada, el sarcasmo. Decían que era muy inteligente y hacía gala de su memoria prodigiosa. Decían que no se recordaba alumnos como él en la Escuela Nacional Preparatoria y que de todo estaba enterado. Decían que valía la pena. (p. 155).  

     –Sus anteojos, de grandes cristales redondos y pesada armazón oscura, hacían de Monsiváis un hombre dueño de su fealdad y simpatía. Se comportaba como le daba la gana y la cortedad de su trato obedecía a sus propias decisiones. Sonreía a medias, como diciendo, la mitad va para adentro, solitario como ha sido siempre. Hay temas que apenas hemos tocado. El sufrimiento es uno de ellos. Alguna vez me dijo: “Sin el dolor, no hay crecimiento posible”. (Igual).  

     12- Pequeño diálogo Scherer-Paz:

     –¿Cómo va el ánimo? –le preguntaba a Octavio, cerca del fin.

     –Del cuello para arriba todo está en orden, pero del cuello para abajo reina el caos.

     –Sólo te queda la cabeza, pero sólo con la cabeza has vivido, Octavio.

     –¿Y qué vale la cabeza sin el cuerpo? ¿Cómo hallar la serenidad de la cabeza sin el reposo del cuerpo? (p. 138).  

     13- Duro e implacable en su periodismo contra el poder, hombre tímido Julio Scherer mozo:

     –La mirada insistente de alguna mujer me sonrojaba y me sentía descubierto, torpe. (p. 141).

     Y el consejo del doctor Alfonso Quiroz Cuarón:

     –Si una señora te turba, alude a tu sonrojo y a tu descompostura. Te ríes de ti mismo y quedas listo para enfrentar a cualquiera. (p. 142).

     Dice Scherer que la timidez es soledad, reflexión, dolor y crecimiento… Mientras que el apocamiento es “los guantes colgados, sin gana de pelea, muerto el ímpetu”. (Igual).  

     14- Julio Scherer reportero en vísperas de un suceso mundial, por ejemplo el Papa en Nueva York en los años 60:

     –Viviría el día que los periodistas del mundo querrían vivir. La ceremonia sería irrepetible y yo estaría ahí. No obstante, la responsabilidad me abrumaba. A la hora de escribir, cómo dar con el sustantivo preciso, el verbo rápido, el adverbio que a veces ayuda, el adjetivo, alma del lenguaje. Cómo hacer de las palabras colores y de los colores fantasías y de las fantasías un lenguaje periodístico. Una crónica bien llevada pero con un detalle de más o de menos equivaldría a un derrumbe profesional. Sólo cabría la brillantez. Dormiría entre pesadillas y los rascacielos de Nueva York. (p. 174).

     –Llegaría con material de apoyo… Me valí de escritores y descripciones magníficas de los personajes en sus novelas… “Embelesa, parece Dios”, me había dicho mi madre de Paulo VI, a quien había visto desde la Plaza de San Pedro. (Igual).

     –Tengo certeza de que no hay hombre más libre que el reportero. Los acontecimientos los hace suyos y en esa medida le pertenecen. (…) Por razones de cercanía, porque los tiene enfrente, nadie puede observar como un reportero a los hombres y mujeres que viven para el poder, para hacer lo que les da la gana, hasta apropiarse de lo que no necesitan y desprecian. (pp. 176-177).      

     15- Críptico y seco en su prosa, Scherer nunca chorrea las tintas. Al contrario. Siempre deja con ganas de más. Habla de las humedades sin humedades. Es un maestro del punto y aparte. Como una estocada al corazón del cerebro. La pluma como “bisturí de fuego” (p. 109).  

     16- Con miniaturas nítidas hace el mural del hombre, el político, el empresario, el periodista y el intelectual. Allí estamos todos. Somos parte del cuadro que vemos. Sólo los dioses están fuera. Si no asumimos que el cuadro que vemos es el cuadro que hacemos, estamos jodidos. Scherer lo sabe. Como lo sabía Canetti. Es la conciencia y la responsabilidad de las palabras.    

     17- Preguntas a Scherer:

     –¿Por qué no publicó el panegírico de Xavier Olea Muñoz sobre Carlos Denegri? (pp. 149-150). No alcanzo a comprender. ¿Por demasiado elogioso?

     –¿Por qué golpeó exactamente Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez? (p. 219).

     –¿Finalmente hizo el sexo con los zapatos puestos o no lo hizo, don Julio? (p. 143).

     –¿Por qué no incluyó en el libro su “Ajuste de cuentas” con Echeverría publicado en Proceso en la Edición del 30 Aniversario (octubre-diciembre 2006, pp. 6-11)? Pienso que ese texto debió abrir La terca memoria. Todo su sentimiento en contra del poder está ahí entre el primero y el último párrafo: el gancho al hígado del fajador y el paso en el vacío de Luis…

     –Si Krauze escribió admirablemente en esa misma edición del 30 aniversario de la revista su “Proceso a Proceso”, ¿acaso no faltan las letras libres de Julio Scherer sobre Enrique Krauze (como las escritas sobre Paz: “Años padecí la altivez de Octavio Paz a la que siguió un tiempo sedoso”, p. 138; Aguilar Camín, Gastón García Cantú, su admiración sin atenuantes por el Gabo, etc.)?

     –¿Nos debe pues un texto sobre Krauze tal vez tan conflictivo como el que escribió sobre Juan Sánchez Navarro? (pp. 117-121). ¿Cómo es su amistad hoy con Enrique y cómo lo caracterizaría políticamente?

     –¿Y Marcos?

     –¿Y Obrador?

     –¿Y las elecciones del 2006?

     –¿Y Denise Dresser en Proceso y Reforma, igual que Miguel Ángel Granados Chapa?

     –¿Y la cercanía sin reticencia del Gabo con el poder cubano?

     –¿Y ya quiere y comprende más al güero Zabludovsky (“Eran los tiempos”, p. 120), o no le perdona nada?

     –¿Y José Pagés Llergo?  

     18- ¡Creo que Scherer nos debe un segundo tomo con lo que dejó fuera de su terca memoria! ¿Lo escribirá todavía? Por lo pronto sé que ya tiene un próximo libro en prensa. Y 82 años encima. Su mujer está viva y guapa e irrumpe en varias páginas.        

    19- ¿Qué le reprocharía a Julio Scherer García? ¿Por qué no te gustó el libro, Julio Sentíes Laborde? ¿Le reprocharías más cosas a Scherer que a Rogelio Garfias Ruiz, querido Inocencio Reyes Ruiz? ¿Ya lo leíste, Efraín Mendoza? ¿Piensas leerlo, Juan Antonio Isla? ¡Para nosotros es de lectura obligatoria, Agustín Escobar, Félix Zavala, Arnulfo Moya! ¿Qué cosas del libro llaman más tu atención, S S? ¿Qué le cuestionaría yo a Julio Scherer?     

     20- Si no dices todo, si aceptas que te faltan cosas, que siempre quedan cosas por decir, hoy acabas y puedes seguir después. ¿Comprendes? ¡Qué enseñanza! Acaba hoy y mañana sigues, si hay mañana…  

     21- La enseñanza de Julio:

     –Reportero y crítico del poder y reportero de sus sentimientos. ¿Quién dijo que la objetividad y la crítica están reñidas con los sentimientos más personales? No es un Dios.  

     22- Mira la tarde viva después de la lluvia, en el Jardín de los Platitos. ¿Te gusta la banderola S S a toda mar en la mar de j u l i o? Hoy, es decir ayer, me paré y me acosté con su nombre en el coco, y los pajaritos en las palmeras del jardín entrando con su alboroto hasta mi habitación.     

     23- Después de Octavio Paz y muerto Octavio Paz, Julio Scherer García es digamos mi personaje de hombre vivo recto y contradictorio y ondulante como es la vida. Una silenciosa acumulación explosiva de crítica y creación. Humano por todos lados, no idealmente puro. Con las manos sucias del trabajo limpio y el ser vivo, palpitante.   

     Nota.- Todas las notas son del libro de Julio Scherer García, La terca memoria, México, Edición Debolsillo, junio 2008, 245 pp. (Obsequio de Paco García, al frente de la librería del FCE “Ricardo Pozas” en Querétaro. Gracias, Paco, JF).

  

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