“La Iglesia en manos de Lutero”

¿Sucesión para mejorar?  

Gilberto Guevara Niebla

 

 

La Jornada  

El cambio en la Secretaría de Educación Pública (SEP) es para que todo siga igual”, como reza el dicho del Gatopardo. O también puede ser para que las cosas empeoren.  

El nuevo titular de la dependencia es un hombre joven, que tiene muchos atributos y méritos personales (tengo el honor de conocerlo), pero su gestión al frente de la secretaría más importante del gabinete parece una ecuación insoluble. 

Dos problemas sobresalientes dificultan la tarea de Alonso Lujambio al frente de la Secretaría de Educación Pública. El primero es que los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) son, al mismo tiempo, los cabecillas de un partido político, el Panal, de modo que la función gremial se ha contaminado con la actividad política (dualidad contradictoria de intereses). El segundo es que uno de los puestos directivos más importantes en la SEP (la Subsecretaría de Educación Básica) fue concedido por el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, a un familiar cercano a la lideresa sindical, de modo que el titular de ese puesto cuenta con una fuerza extraordinaria derivada del apoyo, también extraordinario, del gremio educativo. 

Ahora ocurre la paradójica situación de que el SNTE representa tanto a la autoridad como a los trabajadores. Que los líderes de ese sindicato formen un partido político –con recursos del propio sindicato y acarreo de agremiados– no es solamente un acto ilegal, sino una conducta ajena a la ética que representa un conflicto de principio entre ese liderazgo y sus representados. El partido es, por definición, un ente con una ideología política particular; el sindicato, en cambio, es necesariamente plural en el plano de la política, a menos que se trate de un organismo corporativo de tipo fascista. 

Que el SNTE-Panal controle la Subsecretaría de Educación Básica, que es la mitad de la gestión educativa del país, asegura que el titular de la SEP sólo va a controlar la otra mitad. Eso sucedía bajo la dirección de Josefina Vázquez Mota. ¿Ya no va a suceder? ¿Acaso el SNTE-Panal va adoptar de súbito, inopinadamente, una conducta legal e institucional, sometiéndose con humildad burocrática a la voluntad de Alonso Lujambio?

Esta entrada fue publicada en Mundo.