Vivir en español

Vivir en español 

No todo es tuyo olvido. 

Quiero morir del todoCon este compañeroMi cuerpo. 

Para todos tiene la muerte una mirada 

Vendrá la muerte Moriré rodeado y protegidoPor dulces palabras españolas 

Mi español es barrocoPor su mezcla abrupta de lo mesoamericano 

Quiero incorporarmeA la causa justa de los rebeldes de la lenguaMi barroco culturalMe permite el desperdicio de las palabras 

La libertad se forjaCon la confrontación con la fatalidad y el destino.No me interesa la ley, la regla de lenguaje,Sino la verdad que me da la coherencia.  

Esta reflexión sobre el español como mi lengua madre, ojalá pueda tener la suerte de repensarse entre los profesores de la lengua, desde la facultad de letras de la U A Q hasta el primer grado de educación elemental, en este nuestro Querétaro, en beneficio de nuestra identidad local. 

Nací hablando español y voy a morir en español. Llegado ese momento, para ese momento estoy conciente y reconciliado con la vida,  acudirá en mi ayuda la voz del poeta, No todo es tuyo olvido. Si me tocara padecer una larga enfermedad, probablemente diría, Quiero morir del todo, quiero morir con este compañero, mi cuerpo. 

 No lo sé, afortunadamente no sé, el lugar y las circunstancias de la última cita en la que a lo mejor yo mismo me sorprenderé, repitiendo con el poeta: Para todos tiene la muerte una mirada.  Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Siempre en español, es lo único que doy por cierto. 

Un idioma es una fatalidad, aunque también puede llegar a ser una elección, un destino asumido. El español, se ha dicho y es cierto, tiende al exceso. Somos barrocos, por la España de la contrarreforma y lo es aún más, por la mezcla abrupta con mesoamérica. Disfrutamos por igual el derroche del tiempo, que de las formas y de las palabras. 

Los estudiosos del barroco han reivindicado, como un hecho positivo, ese despilfarro. No es defecto sino virtud, hay belleza y por lo tanto hay placer en lo gratuito y en lo innecesario. 

La cultura barroca no es mejor que la cultura clásica, sólo es diferente y una manera distinta de leer el mundo. El barroco  es nuestra identidad. 

Más de alguno prefiere la claridad, la economía del lenguaje, la palabra justa y necesaria. En diversos autores he percibido la rebeldía contra la fatalidad barroca del español, es su bronca. Reciben armas y financiamiento extranjero, principalmente de los hablantes del inglés. 

Yo pienso que desde los tiempos del Arca de Noé, las diversas lenguas se ayudan, establecen alianzas y pelean entre sí. Pertenecer a este bando de las alianzas, a contracorriente de la tendencia dominante, me ha hecho más libre, pero no abandonar mi español barroco. 

La libertad del lenguaje, se forja en abierta confrontación contra la fatalidad y el destino del purismo. 

La economía del lenguaje y la palabra justa y necesaria, no tienen nada que ver con la corrección y la pureza del idioma. Se trata de algo más profundo o mejor, se trata de la profundidad. 

Hay que tener en cuenta que a los puristas, que son los policías del idioma, no les interesa la verdad sino la ley. Que se cumplan las normas, que se hable un buen español sin extranjerismos, neologismos, barbarismos, vulgarismos. 

Lo que más importa es la coherencia, que se diga lo que se tenga que decir, no importa que se utilicen palabras no aceptadas por las autoridades de la lengua. La lengua evoluciona y frente a eso no hay policía que valga. 

La estructura básica de un idioma reside en su sintaxis y no en su léxico, que es la superficie, la hojarasca. 

Los escritores, el lumpen, el hampa, las clases bajas y en general todos los marginados han sido históricamente los encargados de transgredir el idioma y de esa manera lo han modificado inyectándole vitalidad. 

 “Y ella me hizo cambio de luces y entendí que el adelante, no se había acabado”,  voces que vienen del habla cotidiana y  mantienen viva la llama del idioma.  

Desde que tengo memoria, siempre ha habido esos sujetos sospechosos que están a punto “de acabar con el español”, pero hasta ahora nunca ha sucedido tal desastre. 

Al contrario, según la información que tenemos, el español ha crecido y se ha fortalecido en el mundo. Incluso, ha llegado a asustar al poderoso inglés, hasta el punto de que algunas autoridades cometieron la torpeza de intentar prohibirlo. 

A los sospechosos de antes se les ha agregado ahora un peligroso aliado: Internet. Los puristas del idioma ponen el grito en el cielo y pronostican el desastre definitivo. Por supuesto, nada de esto ocurrirá y tengo la absoluta certeza de que yo y los hijos de mis hijos, moriremos en español. 

“Si los defensores del idioma están tan activos buscando molinos de viento contra los cuales luchar, les aconsejo más bien perseguir a los retóricos que se adornan con palabras que no sienten y a los políticos que usan el lenguaje para ocultarse. No es difícil encontrarlos, ellos salen de sus madrigueras en tiempos de efemérides y congresos de la lengua.”  

Tengamos presente que la lengua española es uno de los idiomas más importantes utilizados para la intercomunicación en el mundo actual. 

El español es actualmente la tercera lengua más estudiada del planeta y una de las pocas que crece en número de estudiantes. Es la lengua de una comunidad de cerca de 400 millones de personas, distribuidas en 23 países que poseen un número todavía indeterminado de culturas regionales, conservadas y trasmitidas  por medio del español. Los países hispanohablantes están ubicados en gran parte de la geografía universal: 

Se habla en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, México, Puerto Rico, asociado a Estados Unidos, Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, El Salvador, Costa Rica, en Belice, en mucha parte de los Estados Unidos de América, en España, en las Islas Filipinas y en varias regiones del Norte de África: Sahara occidental, Guinea Ecuatorial y Marruecos  y en algunas zonas del Medio Oriente, especialmente en comunidades sefardíes, judíos orientales de origen español. 

Sin embargo, el español hablado en países separados entre sí por cientos de kilómetros y poseedores de características socioculturales tan diversas, es una totalidad, con un núcleo común que garantiza su unidad dentro de su necesaria diversidad. 

Es un hecho real que el español como todas las lenguas del mundo, presenta variaciones. 

“La lengua española es un extenso conjunto dialectal en que se entrelazan y contienen numerosas normas dialectales locales, regionales, nacionales y pan hispánicas, niveles socio-culturales y estilos o disfasias que varían de un lugar a otro y de una situación a otra.”  

 “La lengua no es un sistema autónomo sino que, por el contrario, está sujeta a alteraciones permanentes, motivadas por variables de índole social, cultural, geográfica y temporal, entre otras”. Estas variaciones son la expresión simbólica de la variación de las sociedades que utilizan esta lengua, son creadas por ellas y son signo de riqueza y vitalidad del idioma. 

Pero pese a esa real diversidad lingüística, el español, como ya se ha visto, presenta un fondo lingüístico común que garantiza su unidad. 

“Esa lengua es de todos nosotros y no de un solo grupo geográfico o social. Entre todos la hemos hecho, la cultivamos, la transmitimos, la conservamos y mantenemos su unidad esencial, no obstante las distancias que nos separan, los diez siglos de tradición lingüística que posee esta lengua y la diversidad socio-cultural de sus usuarios”  

Los idiomas de extenso desarrollo temporal y espacial, como el español, llegan a formar un dialecto normativo que no coincide exactamente con ningún dialecto territorial, aunque sus rasgos fundamentales si sean los de uno de ellos. Es un tanto artificioso en cuanto a que sus normas no se realizan generalmente en el habla real de ningún lugar, sino que son solo el patrón ideal a que aspira todo usuario de la lengua como modelo de máximo prestigio. 

“Una lengua histórica es un conjunto de dialectos subordinados a un dialecto literario normativo común que se usa para algunas formas exigentes de la comunicación, de la administración, de la educación, de la literatura”  

Este dialecto se impone sobre los dialectos regionales y nacionales y por esta razón puede ser catalogado como una lengua superpuesta. Algunos autores lo denominan dialecto estándar y es un dialecto que ha alcanzado una posición distintiva. 

Es un dialecto ideal y elimina marcas de edad, grupo social, lugar de origen o nivel educacional, es transregional y trans-social. 

En el dialecto estándar o dialecto normativo literario se apoya la unidad lingüística, puesto que cada individuo que lo use debe aprender una serie de normas impuestas por la sociedad para diferenciar su lengua de la de otras comunidades lingüísticas y poder así conservar una lengua que, pese a sus variedades, posee un fondo lingüístico común.  

“El individuo hablante siempre es miembro de una comunidad parlante; por lo tanto, la libertad lingüística del individuo tiene sus límites en las normas derivadas del conjunto de hábitos y valores lingüísticos típicos de la comunidad y sentidos por ésta, en forma implícita o explicita, como cauterizantes”   

Además del dialecto estándar, existen  variaciones lingüísticas como las diatópticas,  la variedad diastrático que se refiere a las variaciones de una lengua según la clase social a las que pertenecen sus hablantes “de lengua culta, semiculta, vulgar”, la variedad diafásica o de estilo, familiar, coloquial, formal, literario, solemne. Recordemos que toda diatopía o variedad territorial se acompaña de diastratías y de disfasias. 

En los últimos años se ha organizado una toma de conciencia sobre la necesidad de realizar investigaciones con el propósito de conocer no sólo lo diverso, sino también lo común que posee nuestra lengua: 

Como se ha dicho, son los fenómenos comunes los que sostienen la unidad lingüística y mucho más en el caso de un universo lingüístico tan extenso como es el hablante del español. 

Sobre esta necesidad es necesario reconocer que existen marcadas diferencias entre el español con  el nivel léxico-semántico. 

Las variedades de la lengua hay que describirlas en forma exacta y completa, y en este campo hay un gran déficit en la investigación, que hay que subsanar,

Con más datos  sobre el español, así será más fácil saber el verdadero grado de convergencia y de divergencia que existe en el uso de la lengua entre los  hispanohablantes. 

Existe una rica diversidad dentro de nuestra unidad lingüística, unidad cuya conservación y consolidación debería ser el deseo y la preocupación de todos. 

Hacen falta  datos de toda la lengua española, sin discriminación de usos, tanto de Latinoamérica como de España, para ver las características lingüísticas que nos diferencian y las que nos unen. 

Desde el punto de vista práctico, así es como se puede definir una lengua internacional que buscará la fórmula para ser usada en la educación en nuestros sistemas escolares, de enseñanza a hablantes de otras lenguas y de eficiencia en la comunicación entre todos los países hablantes del español. 

Primeramente reconociendo los elementos que pertenecen al fondo lingüístico común y aquellos propios de las diversas variedades.  

Todos los hablantes de la lengua española constituimos una unidad lingüística internacional y utilizamos una lengua de gran riqueza, que evoluciona y se transforma, con la contribución de todos sus usuarios. 

Por lo tanto es necesario reconocer que el español, tiene como característica, una gran variedad de usos, que son manifestación de la gran variedad de nuestra cultura hispánica. 

Casi doscientos años de independencia americana debía ser prueba suficiente de que la verdadera lengua española de cada uno de los hablantes del español americano  se volvió seña de identidad cultural, cuna y habitación de nuestros sentimientos de comunidad, pero también de libertad. 

Se puede deducir con la premisa anterior que aunque el español tiene incontables dialectos, sin embargo, posee una gran tendencia integradora y conserva una gran unidad dentro de la necesaria diversidad. Presentando un fondo común, pero también muchas variedades que se usan en las situaciones que así lo exigen. 

Es importante saber como ha sido el proceso de introducción del español como lengua materna, entre una gran cantidad de lenguas, entre ellas unas mucho muy valiosas como el maya, el zapoteco, entre otras. 

Es necesario tener en cuenta que con el encuentro de Europa con América, el español llega al llamado Nuevo Mundo en boca de soldados, navegantes, sacerdotes y colonos y se encuentra con centenares de lenguas aborígenes muy diferentes entres sí y de esos primeros hablantes de español en América se aprenderá la lengua materna sustituta. 

Las lenguas originales de América no pudieron resistir la invasión española que se implantó con relativa facilidad pero no eliminó las lenguas indígenas. Por el contrario, se nutrió y se enriqueció con ellas durante los periodos de la conquista y de la colonia. 

A lo largo de los siglos XVl, XVll y XVlll, la lengua española se extendió, se arraigó y se volvió fue la lengua dominante y madre. 

Los mesoamericanos la aprendieron porque la necesitaban como vehiculo de comunicación por ser lengua franca, en regiones en donde se hablaban y se hablan varias lenguas. 

Sin embargo, en la actualidad el español sigue viviendo en América, conviviendo con una gran cantidad de lenguas indígenas, que son muestra de la diversidad de etnias y culturas que todavía existen en nuestros países hispanoamericanos. 

Esta situación se presenta a pesar de que con la llegada de la lengua española al territorio americano se inició un proceso de mortandad lingüística que redujo notablemente el número de idiomas y dialectos indígenas hablados en estas tierras. 

Actualmente en la mayoría de los países hispanoamericanos se tiene una política lingüística. 

El español es la lengua nacional que deben aprender los grupos no hablantes de español actualmente, para integrarse a la nación, pero debe haber una educación bilingüe y bicultural o intercultural, utilizando su propia lengua como lengua materna y el español como segunda lengua. 

De otro lado, es necesario tener en cuenta que desde el siglo XVI hasta el XIX existió el comercio entre África y América permitiendo la llegada de africanos procedentes de distintas etnias de ese continente y hablantes de diversos idiomas. 

Estos  transmitieron al español, de las distintas regiones, una serie de rasgos de sus lenguas nativas que se han conocido con el nombre de afronegrismo y se presentan tanto en la fonética como en la morfosintaxis y en el léxico. Este aporte de los  africanos  contribuyó notablemente al enriquecimiento del español. 

Después de la independencia se pensó en que cada país tuviera una lengua nacional derivada del español. Sin embargo, esta idea se desechó y se reemplazó por la de promover una lengua emancipada de la península.  

En el presente siglo, nueve de cada diez hablantes de español, viven en América, y esta lengua internacional se habla en diecinueve países americanos que tiene fronteras comunes en muchos casos. 

Existen importantes diferencias entre el español peninsular y el español de América, pero también entre el español de los distintos países hispanoamericanos. 

“Hay una evolución diversificada del español hablado en los países hispanoamericanos que corresponde a la vida normal de una lengua circunscrita al territorio de un país con sus instituciones, sus leyes, su sistema de educación y su régimen económico y político” 

Esos particularismos del español de América se encuentran tanto en el dominio fonético como en el morfológico, el sintáctico y el léxico. 

Se forman así subsistemas diferenciados del español pero que poseen tantos elementos comunes que permiten la comunicación de todos los hispanohablantes mediante esta lengua internacional 

El español peninsular es uno de los subsistemas y hoy en día no tiene ninguna superioridad jerárquica sobre las variantes americanas del español. Por consiguiente, todas las variantes están en igualdad de importancia. Toda la comunidad lingüística española debe mantener y fomentar la unidad de la lengua, respetando las peculiaridades de cada subsistema. 

Es necesario anotar que principalmente a nivel del léxico, existen grandes diferencias entre el español peninsular y el americano. Estas diferencias no se pueden eliminar, ni minimizar. Es necesario aceptarlas e integrar los elementos léxicos propios del español de América al Diccionario de La Academia Española de la Lengua. 

Los diccionarios tienen que seguir enriqueciéndose con la integración del léxico americano, como se ha venido haciendo. 

A pesar de la gran riqueza y diversidad de usos del español, es innegable que podemos entendemos sin gran dificultad todos los hablantes de la lengua española. Esto se logra mediante el español estándar que es el español que comprendemos y usamos todos los hablantes de la lengua española sin distingos de nacionalidad o lugar de origen y que se mantiene en la literatura, en la producción académica y, en general, en la composición escrita. 

Pero, además, utilizando las variedades lingüísticas y los aportes ya mencionados que han contribuido al enriquecimiento de la lengua española. 

“Si los esfuerzos que hoy se hacen por coordinar y unificar la economía, la cultura y la política de Hispanoamérica logran éxito y se crea una comunidad hispánica fuerte y responsable que defienda solidariamente su cultura y su idioma, y que además se logre un desarrollo que haga de nuestras naciones productoras y no simple receptoras de técnicas y ciencia, la suerte del español estará asegurada porque son la política y la economía las que le dan vida.” 

Como se puede observar, existe en Hispanoamérica una integración lingüística porque en este territorio la lengua española es la única dominante y prestigiosa y es utilizada por una comunidad muy grande tanto demográficamente como geográficamente. 

Esta unidad debe respetar la necesaria diversidad lingüística existente en todos los países que son subsistemas de este grande y complejo sistema de países donde se habla la lengua española. 

Por lo anteriormente dicho, quiero vivir y morir en español.   

José Félix Zavala     Si no se está escribiendo,No se está viviendo,No se está respirando.Bien detenida la mirada en la vida y en la obra de Ricardo Garibay, se divisa en un instante, “la fiera infancia” que de alguna forma es “la senda del perdedor”, y al mismo tiempo es la admiración del mexicano por la mujer, se nota su coqueteo con el cine, del que luego se burla, es  la crónica del lujo y el hambre en el México que recrea, es su entrada tardía al camino de la literatura, siendo ésta, su liberación del infierno de la infecundidad.Denostado por su personalidad y su comportamiento irreverente y pendenciero,   murió haciendo lo único que siempre quiso:Leer y Escribir “Cualquier idea, grande, chica, elemental o muy elaborada es veneno para la literatura. La literatura se hace con emociones, con intuiciones, con dolores, con felicidades o alegrías es muy difícil lograrla. La literatura es el pantano, es el vicio”.Así pensaba y así vivió Ricardo Garibay, hijo predilecto de Tulancingo, Hidalgo, su ciudad natal, a la que regresó muchos años después, nada más porque le iban a poner su nombre a un callejón lodoso, a espaldas de un cine. Desde luego, rechazó el gesto y le indicó al gobernador que por lo menos se merecía una calle de cien metros “con un camelloncito”.  ¿Por qué escribo?, se preguntaba Ricardo Garibay y se contestaba así mismo: “Es un hondo placer escribir. El que haya logrado el adjetivo imprescindible, la imagen exacta, la idea claramente expresada me creerá. También me creerá el que haya languidecido tras el poema o el que haya anhelado el mundo de la calle, despreocupado, placentero, mientras maldice su vocación y pelea consigo mismo”.En una larga entrevista que sostuvo Ricardo Garibay con Javier Sicilia y Patricia Gutiérrez-Otero para la revista Ixtus en 1997, en la que el punto de partida fue la espiritualidad, ocurrió algo insólito al hablar sobre la nostalgia que sentía por no haber cumplido con el dogmatismo cristiano. El hombre de recio carácter lloró ante sus entrevistadores, se derrumbó el intelecto y la jactancia del gran escritor.En la literatura de Garibay es casi impensable hablar de las mujeres sin un nexo con la divinidad, “es el lado secreto de la luna”, aseguraba. Creyente sin credo, su estilo de vida le costó una tremenda carga de culpas.Falleció, hace ocho años, el 3 de mayo de 1999, a los setenta y seis años, vencido por el cáncer, pero haciendo hasta el último momento lo que siempre quiso: leer y escribir. Y aunque un poco tarde, se han venido sucediendo poco a poco las cosas que se le negaron en vida: los homenajes, los reconocimientos, los estudios académicos, las antologías y las recopilaciones.   “Un hombre ama a una mujer. La mujer lo despide. El hombre se queda sin la más bella razón de existir, que era esa mujer. Nada podrá devolverle el sentido de la vida. Eso es desesperación”.Rubén Bonifaz Nuño, amigo y compañero de Ricardo Garibay en la preparatoria, señaló que era necesario “el reconocimiento público a Garibay, como escritor” yo lo oí después de su muerte, cuando un funcionario de La Secretaría de Educación lo puso al mismo nivel de Octavio Paz y Jaime Sabines.Ricardo Garibay era con mucho, más sabio y opulento que Jaime Sabines como escritor, y sin embargo, durante mucho tiempo trataron de considerarlo como si no fuera nadie.¿Por qué? Por su manera de ser, por sus ganas de estar continuamente en violencia contra el mundo. Simplemente, si podían premiar a otro en vez de  él, lo premiaban.Era una manera de no hacerle caso. No había nada expreso contra él, más que el silencio”. Pero Ricardo Garibay contestó así cuando se le preguntó al respecto: “A mí no me ningunean, yo soy el que los ninguneo a ellos.” Sin embargo, todo eso y el recuerdo de sus desplantes y su soberbia, con el tiempo, darán paso a la permanencia de su obra.Polígrafo consumado, se abismó en todos los géneros (quizá sólo le faltó incursionar a fondo en la poesía) y todos dominó: novela, cuento, crónica, ensayo, memorias, artículo periodístico, semblanza, comentario, viñeta, retrato, reportaje, guión cinematográfico, teatro…  “Nada es tan fascinante como contar lo que hace un ser humano en la vida, en cualquier día. Si hay lucidez literaria, ahí estará todo, todos los secretos de la existencia estarán ahí”. Manuel Gutiérrez Oropeza afirmó: “Por la rotundez con que aborda el género, porque sabe convertir lo cotidiano en extraordinario, los cuentos de Ricardo Garibay deberán ocupar un sitio de memoria en una sociedad con mejores lectores.” El hidalguense publicó casi sesenta libros y lamentablemente, como bien lo apuntó Emmanuel Carballo, lo eclipsó la gloria de sus condiscípulos en el Centro Mexicano de Escritores en 1952-53, Juan José Arreola y Juan Rulfo, autores “más bien estreñidos”, en sus palabras.Al principio los tres subían como la espuma, uno tras otro, se sucedían cuentos de cada uno de ellos, a cuál más valioso. Así fue hasta que en 1955 Garibay  se detiene.La obra de Ricardo Garibay es paradójica, controvertida y desigual, como su propia personalidad.En el largo estante que ocupan sus libros, al lado de obras eminentemente alimenticias, como algunas recopilaciones de sus artículos periodísticos y reportajes hechos por encargo de algún funcionario, se encuentran novelas y cuentos fundamentales de la literatura mexicana: Beber un Cáliz, La casa que arde de noche, Triste domingo, Fiera infancia y otros años, Par de Reyes…  En los 10 volúmenes que conforman las Obras Reunidas de Ricardo Garibay, el autor comparte sus propias visiones y sentires acerca de la literatura y la vocación del escritor, experiencias a las que asistió no como quien tiene una revelación sino a través de una poderosa necesidad, acaso una necedad, que él mismo expresaba de la siguiente manera:  “El oficio hay que practicarlo una vez y otra vez, y otra vez, y todos los días, y no tener más afán que esa necesidad de seguir escribiendo”. Nunca, nadie, en la historia de la literatura mexicana, escribió tanto y tan bien como él, y a pesar de ello nunca una obra fue tan ninguneada por la cultura oficial, los suplementos culturales, las revistas literarias y los estudios académicos como la suya. A los jóvenes escritores recomendaba: “Ser sumamente humildes frente a su oficio y sumamente soberbios frente a los demás, no arrodillarse jamás ante nadie, ser verdaderamente un lépero ante la autoridad y un perro con la cola entre las piernas ante el propio afán de escribir; nada más.” Dice Vicente Leñero: “El de Tulancingo Hidalgo nunca llegó a ser lo que quería y debió ser por derecho propio: un escritor reconocido arrolladoramente, premiado y aplaudido por un público unánime, en punta de los que conforman su generación y de los que vinieron después y no alcanzaron a forjar un estilo tan propio, una prosa de cadencias tan bravas, un amor tan perfecto al oleaje feliz de las palabras.” Al citar un pasaje de una novela de Bukowski, Ricardo Garibay le concede el reconocimiento de “una abismación literaria que es erotismo de limpia especie”.  José Félix Zavala 

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