Francisco Toledo visto por sus hijas

Columba Vertiz De La Fuente

Proceso

Con magnas exposiciones, el artista plástico oaxaqueño conmemora los 10 y 20 años de dos centros dedicados a las artes y a la fotografía, respetivamente, San Agustín de Etla y Manuel Álvarez Bravo, a la vez que exhibe textiles con Sabino Guisu en la Bodega Quetzalli. El domingo 17 cumplió 76 años con un festejo en otro centro de su fundación, el IAGO. Sus hijas Natalia y Laureana hablan del también activista, ambientalista, promotor y defensor del patrimonio cultural.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Natalia Toledo (Juchitán, Oaxaca, l967), poeta bilingüe (zapoteco y español), es la hija mayor del pintor, escultor, dibujante, ceramista y activista Francisco Toledo, y sin rodeos manifiesta que admira mucho la capacidad de trabajo de su padre:

“Siempre dice que no hace nada, y cuando uno principia el día, él ya hizo muchas cosas. Se le ve moldeando un pedazo de arcilla o bruñendo el metal. El compromiso de trabajo, de apoyo que entabla con los demás, es enternecedor.”

A su vez, Laureana (Ixtepec, Oaxaca, 1970), su media hermana, es también como su padre artista plástica, al igual que Jerónimo López Ramírez, conocido como el Dr. Lakra; ambos hijos de la poeta, narradora, traductora y socióloga Elisa Ramírez Castañeda. Y revela que su papá está al tanto de sus creaciones, “más de lo que yo creo”.

No obstante, destaca que a su progenitor le cuesta trabajo comentarle, criticarla o alabar sus creaciones porque trabaja con formatos diferentes a los de él: la fotografía, la música, la escritura, el video, en fin.

“Entonces, a veces no sabe, ni entiende”, dice a Proceso, aunque ella sí lo consulta:

“Hablamos mucho de lo que leemos, las películas que vemos, sobre artistas, exposiciones, hay mucha comunicación…”

El domingo 17 el artista juchiteco cumplió 76 años, mismos que los trabajadores de los varios centros fundados por él le celebraron con un pastel en el IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca), con inscripciones que llevaban saludos en varios idiomas regionales:

Sicarú gutiidu’ dxi laní xtiu’(Que pases tu celebración hermosa, en zapoteco del istmo).

Woj santuyjaama (Feliz cumpleaños, en zoque).

Na kunteku va’an ndun (en mixteco).

Y estos otros dos:

Tix mbix chen lu.

Nayeche gutiidu’ dxi laní xtiu rheke nha xha chio.

Laureana y Francisco Toledo. Foto: Especial
Laureana y Francisco Toledo. Foto: Especial
Una decisión natural

Laureana reconoce que su papá le ha enseñado bastante:

“Evidentemente ha sido una gran escuela de arte.”

–Entonces, ¿Francisco Toledo no critica su arte? ¿Le da o no consejos?

–Es curioso… hay cosas a las cuales sí que sabe cómo entrarle y a otras, no. A las menos procesadas, como la fotografía más directa, sí las discute; pero si llego con una pieza y le digo: “¡Papá, mira!, ¡hice esto con John Taylor, el bajista de Durán Durán!”, ni le interesa ni lo entiende. Y como no sabe qué decir, mejor no comenta nada. De hecho, le preguntaba: “¿Vas a ir a la exposición tal?”, y me respondía: “Bueno, qué tal que no me gusta, ¿qué voy a decir?”. Yo le argumentaba: “¿Y qué tal si sí te gusta?”.

“Cuando elaboré hace como tres años una obra para el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), que tenía que ver con el Istmo, indudablemente le pregunté muchísimas cosas. Aunque no vea mi trabajo, sabe qué estoy elaborando, es duro que haya muchas cosas que no entienda pero, bueno, yo lo hago no para que él lo entienda todo el tiempo.”

–¿Cómo fue que decidió ser artista?

–No fue una cosa absolutamente consciente; pero al haber estado rodeada de arte por parte de mis padres, no iba a ser abogada o ingeniera civil. Sin embargo, con los dos había ese ejemplo diario de llevar una disciplina muy dura, una carrera de arte ardua, y creo que yo me veía en algo donde hubiera muchísimas posibilidades de divertirse, inventar y denunciar. Más bien la decisión fue: ‘¿Cómo qué clase de arte voy a hacer? No tengo esa facilidad para dibujar como mi hermano…’ Yo entraba en algo un poco más mecánico, como fue la fotografía con la cual inicié.

“En la casa siempre había cámaras: además, constantemente nos estaban tomando fotos, siempre hubo una relación con eso… En la fotografía sí hay composición, pero no tiene que ver con una destreza como dibujar o esculpir, aunque existe una parte que es más fácil en un sentido, pero más difícil en otro; yo después abarqué más cosas.”

También escribe. Y enseguida, recordó el caso del libro Taller de taquimecanografía, donde colaboró con Aura Estrada, Mónica de la Torre y Gabriela Jáuregui.

“La otra mitad de mi crecimiento es a partir de la literatura”, confía. Rememora que en su casa todos leían todo el tiempo, tanto que aprendió a leer a los 4 años y medio: “Quería saber por qué todo mundo estaba metido con las narices en los libros. Después de la comida todos tomaban un volumen.”

–Al principio usted tomaba fotos a músicos, ¿no es así?

–Estaba alrededor de músicos, era una cosa completamente portátil, podía ir de un lado a otro a fotografiarlos. Después empecé a producir mis proyectos propios. Soy absolutamente melómana, me gusta muchísimo el rock, ha sido como uno de los pilares en mi vida. Parejas mías muy importantes han sido músicos de rock.

Laureana estudió en la Escuela Activa de Fotografía. Tomó cursos en el International Center of Photography con Mary Ellen Mark, Anthony Aziz y Joel-Peter Witkin, en Nueva York. Ha obtenido la Beca de Jóvenes Creadores y el Apoyo a Proyectos, del Fonca; la Residencia del Tiroler Kunstler Schaft en Austria, y vivió en Inglaterra. Sus exposiciones individuales incluyen las galerías OMR, de Arte Mexicano, Juan Martín, de Arte Contemporáneo y la Pinacoteca Diego Rivera de Xalapa (México), y el Schloß Büchsenhaussen (Innsbruck, Austria). Ha participado en exposiciones colectivas no sólo de México, también en Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Suecia.

Hacia 2001 coordinó el Programa Integral de Fotografía del Centro de la Imagen, impartió clases en la Universidad del Claustro de Sor Juana y coordinó también el Programa de Tutorías en Ex-Teresa Arte Actual. Su obra forma parte de importantes colecciones nacionales e internacionales como The Brooklyn Museum of Art, Santa Monica Museum of Art, Centro de la Imagen, Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, La Colección Jumex (México) y Arm & Hammer Museum (Estados Unidos). En 2009, su libro The Limit (El límite) fue publicado por Trolley Books en Londres.

Francisco Toledo en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Foto: Octavio Gómez
Francisco Toledo en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Foto: Octavio Gómez
Herencia artística

–Pero ese arte de Francisco Toledo influye en su carrera, ¿verdad?

–¡Claro!, muchísimo. Por ejemplo, nunca teníamos sala porque mi papá siempre pintaba en la sala. Era su estudio. Ahí estaba todo el tiempo y veíamos lo que manufacturaba y cómo lo hacía, además te explicaba: “Mira, estos son unos mapas de esto, esto es tal cosa…”. Aparte estábamos todo el tiempo metidos en librerías, cines, museos, ¡era muy bonito! Mi papá, el Dr. Lakra, mi hermano, y yo viajamos mucho, íbamos a museos, los tres artistas visuales, cada quien narraba lo que observaba y comparábamos mucho.

–En su carrera artística, ¿influye para bien o para mal que su papá sea Francisco Toledo?

–Realmente no. Eso ha importado más al exterior. Por ejemplo, hay una anécdota de un tutor cuando obtuve una beca de Jóvenes Creadores del Fonca, me dijo: “Felicidades por la beca, pero vas a tener que trabajar doble porque debes demostrar, uno: que eres buena y, dos: que no te dieron la beca por ser hija de Toledo”. Yo trabajo mucho y ya se comprobó desde hace tiempo que todo me lo he ganado con esfuerzo.

Anexa:

“Ojalá y mi papá tuviera ese poder de meterme en exposiciones, aquí y allá, y no. Es algo que yo he hecho.”

Admira las otras facetas de su padre: Francisco Toledo el activista, el luchador social y el ambientalista:

“¡Es absolutamente admirable, es mi padre y tengo que resaltar que no hay hombres como él! ¡Qué maravilla haber crecido con esa ética! Sin duda, sí nos toca algo, y qué pena que no haya más gente como él. Más que copiarle su estilo como pintor, deberían de copiarle el estilo de su lucha.”

–Él ha puesto en peligro su vida de alguna u otra manera, ¿cierto?

–Sí, y no es de ahora, es de siempre y muchas veces. ¡Es una persona indudablemente comprometida! Y sí, lo amenazan… No es que se deba morir por las causas, aunque por este asunto de su fama es más difícil que lo toquen, ¡por fortuna! ¡Si fuera un campesino que lucha por su tierra, ya lo hubieran matado!; pero es como utilizar esa popularidad a su favor, para poder denunciar algunas situaciones que están mal.

Laureana despliega que ella crea un arte que no es catalogable como arte mexicano (“no se puede catalogar tan fácilmente, eso lo hace no tan vendible”). Acepta que la mala situación de México repercute en su trabajo (“a veces en mayor o menor grado, pero la situación es tan espantosa que no hay forma de ignorarla”).

–¿Qué le preocupa de la situación de México?

–Hay un cinismo de unos y la apatía de otros. Los de arriba saben que ni van a salir a protestar, ni pasa nada, mejor se roban los miles de pesos. El ciudadano argumenta: “¿Para qué voy a salir si todo va a seguir igual?” Los de arriba tienen todo bien armado y se mueren de la risa de cómo todos los de abajo se hacen bolas.

Remata en alusión al perdón del mandatario Enrique Peña Nieto por el caso de “La Casa Blanca”:

“Lo que cometió el presidente no fue un error, sino un delito y habría que juzgarlo. En cualquier otro lugar ya estaría fuera del poder hace muchísimo tiempo. Y todos los políticos se siguen saliendo con la suya, y de todos los partidos. ¿Dónde hay un movimiento del que uno pueda decir: “Aquí sí quiero participar”? ¡Nada!, ¡la política está podrida!”.

Francisco Toledo y Laureana. Foto: Francisco Toledo
Francisco Toledo y Laureana. Foto: Francisco Toledo
Natalia, cielo poético del pintor

Natalia Toledo, también diseñadora y cocinera, de madre juchiteca (Olga Paz, la primera esposa del creador comprometido con sus orígenes indígenas), ha trabajado con su padre en lecto-escritura en zapoteco. Según ella, Francisco Toledo acaba de becar a una generación de futuros maestros de la Escuela Normal Bilingüe e Intercultural de Oaxaca (ENBIO).

Premio Nacional de Literatura Nezahualcóyotl 2004 es egresada de la Escuela de la Sociedad General de Escritores Mexicanos (Sogem), ha participado en distintos talleres y cursos como el Taller magistral de poesía, impartido por Elsa Cross, y Ruptura en el Arte con Teresa del Conde, en el Museo de Arte Moderno.

Su papá la pintó. Es un cuadro donde aparece de niña abrazada a un león. El artista se basó en un poema que ella le envió, donde habla de sí misma y se titula “Cielo Min”. A Natalia, de chica le decían Min.

La escritora se encuentra en Vermont, Estados Unidos, y la conversación tiene lugar por Facebook.

Trabajar con su padre, explica, “es un aprendizaje enorme porque es un hombre que sabe muchas cosas y si le dicen ‘maestro’ no es en balde, realmente es un gran conocedor de muchas culturas, libros, técnicas y no esconde las fórmulas de sus hallazgos, porque lo comparte todo”.

Lo resalta como un gran lector y que siempre les propone a los artistas a crear cosas.

“Muchas de las cosas que hago, las produzco porque él me empuja a realizarlas”, enfatiza.

Autora de volúmenes de cuentos como La muerte pies ligeros y El conejo y el coyote (2005 y 2008, Fondo de Cultura Económica, ambos con ilustraciones de Francisco Toledo), relata que su papá “es exigente, trabaja muy rápido y le gusta apoyar a los jóvenes”.

La poeta ha sido becaria del Fonca en 1994, 2001 y 2004 en lenguas indígenas, y del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Oaxaca en 1995, en el área de jóvenes creadores. Desde el 2008 Natalia es miembro del Sistema Nacional de Creadores.

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