La poesía como eco del mundo

Louise Glück: la poesía como eco del mundo

Javier Aranda Luna

Una voz poética sin estridencias, profunda, como los infiernos personales, y con una maestría formal sin rigideces que el facilismo ha intentado borrar dan cuenta de los poemas de Louise Glück.

Es una poeta del Yo más radical que sólo puede ser colectivo. Ese Yo que ha descubierto la ecocrítica en el que cabe todo: la soledad, el sufrimiento, el paso del tiempo, la muerte, la maternidad, la familia, la pareja, pero también la piedra que persiste en su ser, la luna y sus reflejos, el sol tembloroso que miramos en lo alto o la flor menuda. Con ella el mundo habla y cada uno habla desde su naturaleza.

Louise Glück es la poeta que se alimenta de lo diario pero también de los grandes poetas de la tradición clásica.

“El deseo, la soledad, el viento en el

almendro en flor,

seguramente son los grandes temas, los

temas inagotables

de los que mis predecesores aprendieron.

Yo los escucho, nos dice, hacer eco en mi

propio corazón.”

Por eso es capaz de descender al infierno para rehacerlo con su poemario Averno, donde no pocos lectores han encontrado intertextualidades, diálogos con grandes poetas clásicos, para acercarnos los grandes mitos con palabras claras y una sonoridad que aun en las traducciones asombra.

Agustina Gurevich ha hecho de El iris salvaje, otro de sus libros de poemas, una lectura interesante. Las voces que se escuchan, nos dice, corresponden a las flores que nombran los poemas; los Matines, a la voz de la jardinera; los demás a una voz divina que conoce el misterio de las cosas.

Pero unas y otras voces, aunque independientes, se alimentan entre sí; finalmente, los ecos duran más que la voz: se pueden escuchar en las otras, como en estos versos de El iris salvaje traducidos por el también poeta Eduardo Chirinos: Al final del sufrimiento / me esperaba una puerta. / Escúchame bien: lo que llamas muerte / lo recuerdo.

Para Glück, la escritura es una venganza contra las circunstancias. Venganza de la madre dominante que la asfixia.

Necesitaba quitarme a mi madre de encima, ha dicho en una entrevista. Pero no sólo de ella quería vengarse, sino de esas parejas funcionales que no funcionan, como nos hace ver en el espléndido poema Una novela, donde el héroe es el único protagonista en un mundo cuya historia diaria hacen las mujeres.

Helen Vendler dice con precisión que los poemas de Glück no son confesionales ni intelectuales. Son poemas donde todos y todo tiene voz, ese rumor de sílabas que nos justifica en el mundo.

Es cierto lo que dijo Anders Olsson, el presidente del comité Nobel cuando anunció el premio: Louise Glück es una poeta del cambio radical y del renacimiento. Los grandes temas de todos los tiempos siempre son nuevos en voz de los poetas. Louise Glück lo demuestra sin proponérselo con sus poemas: con October, que escribió a propósito de los atentados del 11 de septiembre, en Averno, en El iris salvaje.

 

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