“Pedí lo que siempre pido, un poema” por Natt Félix

Octubre: Dónde empezar con Louise Glück

Por Natt Félix

“Pedí lo que siempre pido, un poema”.

Cuando uno es joven y escribe y anda y vive… y no imagina que en esas andanzas está la mente del próximo Premio Nobel de Literatura, no se imagina que lo que sale de esa pluma, de ese corazón, de la amargura y la alegría, de la tristeza y del cariño, de la pasión y la voluntad, está forjando el camino que otros tomarán como inspiración; que esas palabras y versos que salen de la mano y del aliento van a influenciar a toda una generación, a la persona misma que lee y escribe sobre ellos; esas líneas que acompañarán madrugadas de otros seres que tal vez hablen una lengua diferente, que tal vez nunca se topen ni temporal ni espacialmente con el creador de cada verso, de cada rima, de cada secreto expuesto y aun así lo sientan suyo y digan: Yo no te conozco pero te celebro. Y sin embargo uno escribe como una necesidad de vomitar que el cuerpo pide, no para nadie sino para uno mismo, como aquel que respira, como aquel que gime, por el simple hecho de exhalar, como un alivio al alma, como un pago a la vida, como caminar. Cada poema permite que podamos conocernos, que el alma resuene, aunque nadie lea, aunque nadie escuche, aunque nadie atienda. Nosotros ya lo hicimos y eso, eso valió ya la pena.

N.F.

De la experiencia vivida a la obra de arte:

El escritor como un testigo de su tiempo, de su realidad, de su psique.

“La necesidad de escribir es el deseo de quedar enredado en una idea. Para un escritor pensar y escribir, como pensar y sentir, son sinónimos”. L.G.

Sobre el Premio Nobel de Literatura

El pasado 13 de octubre, la Academia Sueca que otorga el célebre galardón volvió a mostrar su predilección por consagrar a un autor con poca visibilidad antes que a una celebridad literaria, como en el caso del escritor turco premiado en 2006, Orhan Pamuk. Louise Glück, a diferencia de sus predecesores es poeta y no novelista y, hasta hace unas semanas era solamente una escritora con

reconocimiento local norteamericano, pero con galardones no menos importantes como el Premio Pulitzer de Poesía en 1993 por su colección “The Wild Iris” y la Medalla Nacional de Humanidades que recibiera de manos del Presidente Barack Obama en 2016.

El Premio Nobel de Literatura que se otorga a la obra completa de un escritor y actualmente constituye el galardón literario más prestigioso del mundo también viene con un premio de 10 millones de coronas suecas equivalente a alrededor de $1.1 millones de dólares, con lo que la autora confesó que piensa comprarse una casa en Vermont.

De los 117 Premios Nobel de Literatura otorgados de 1901 a 2020, la mayoría han sido para autores de lengua inglesa, en los que se cuentan ya 30 laureados, el siguiente idioma más popular es el francés con 15 lugares, el alemán con 14 y finalmente el castellano con 11 escritores premiados.

Glück es la primera poeta en recibir el Nobel desde que la polaca Wislawa Szymborska lo obtuvo en 1996 y por su parte los poetas Seamus Heaney en 1995 y más recientemente Tomas Tranströmer en 2011.

Antes del pronunciamiento anual del laurel de literatura de este año, que tradicionalmente se comunica el jueves posterior al anuncio del Premio Nobel de Química y en la víspera del Premio Nobel de la Paz, solo 15 mujeres habían ganado el galardón desde que fue otorgado por primera vez, hace 119 años.

Louise Glück es junto a Olga Tokarczuk, Svetlana Alexiévich y Alice Munro, la cuarta mujer en una década en recibir el galardón. Asimismo, es junto con su compatriota Bob Dylan, el británico Kazuo Ishiguro y la canadiense Munro, la cuarta premiada en esta década que escribe en inglés.

El Nobel de Louise Glück también coincide con el Premio Princesa de Asturias de la canadiense Anne Carson, quien al igual que la norteamericana emplea la mitología griega para hablar de las pequeñas tragedias cotidianas. Soledades adolescentes, tristeza en los suburbios y sueños de grandeza combinando distancia y empatía en crípticos textos que a la vez son transparentes y donde claramente para Glück la escritura representa una forma de “venganza contra las circunstancias”.

Sobre la autora, la poeta y traductora mexicana Nelly Keoseyan menciona “es importantísimo que la Academia llame la atención sobre la importancia de la poesía, sobre todo en estos tiempos aciagos en donde no hay espacio para la vida espiritual y la poesía toma el papel de llevarnos a vivir hacia adentro, lejos del barullo, del ruido, cerca del silencio que hemos olvidado escuchar”.

No quería sacrificar mi vida diaria”, dijo Glück al recibir el premio. “Pero también hay una especie de codicia. Quieres que tu trabajo sea honrado. Todos lo hacen.”

Sobre su vida

Nacida en 1943 bajo el nombre de Louise Elizabeth Glück, ha escrito 12 colecciones de poesía y dos libros de ensayos. Su colección más reciente fue “Faithful and Virtuous Night”, editada en 2014. A lo largo de una carrera que abarca seis décadas, la poeta ha explorado el trauma, la muerte y la sanación, en obras que los académicos han argumentado que son confesionales de manera contraria a lo que mencionó anteriormente Anders Olsson, presidente del Nobel: “Glück no debe ser considerada una poeta confesional, sino alguien en busca la universalidad “. Es así que, la

escritora norteamericana nos da cuenta de que el escritor es un testigo de su tiempo y de su realidad y también de su propia psique.

Su apellido germánico se debe a que es nieta de judíos húngaros que emigraron a Estados Unidos durante principios del siglo XX y como dato curioso su padre fue el inventor junto con un tío del famoso “cutter” o “exacto”, tan usado actualmente para creaciones manuales y artísticas.

La ahora Nobel creció en una casa de Long Island, en el estado de Nueva York, en la que desde muy temprana edad sus padres le leían mitología griega en forma de cuentos antes de dormir y al igual que otro Premio Nobel norteamericano, William Faulkner, sus letras fueron influenciadas profundamente por la lectura de episodios de la Biblia.

Escribió algunos de sus primeros versos cuando tenía 5 años mientras fabricaba a mano los libros que ella misma escribía e ilustraba y se propuso convertirse en poeta llegada la adolescencia. Luchó contra la anorexia nerviosa durante su juventud, un trastorno no relacionado con su imagen sino con su obsesión por la pureza y el control, recuperándose posteriormente mediante la terapia psicoanalítica, lo cual representó un parteaguas de su decisión de dedicarse por completo a las letras.

A lo largo de su obra poética, muchas de las figuras centrales de sus poemas son femeninas, Glück comenzó escribiendo de ella misma y sus esfuerzos por afirmar su independencia de su madre, así como de la muerte de su hermana mayor, que ocurrió antes de que la escritora naciera.

“Yo era una niña solitaria. Mis interacciones con el mundo como ser social eran poco naturales, forzadas, como representaciones, y yo era más feliz cuando leía. Bueno, no todo fue así de sublime, vi mucha televisión y también comí mucho”.

Poeta compleja y simple a la vez, Glück, con los años, ha explicado aquella época de infancia como la pelea de una niña inteligente, criada en una familia culta y afectuosa, pero necesitada de reconocimiento y anhelante de estabilidad. Una vida vulgar y áspera como la de cualquiera pero que encontró en la literatura una distancia que embellecía el dolor.

En una entrevista en 2012, Glück dijo: “Aprendí a leer muy pronto, muy joven, y a mi padre le gustaba escribir versos tontos. Así que nosotros, comenzamos a escribir libros desde muy temprana edad. Mi padre los imprimía y nosotros los ilustrábamos, y muchas veces el texto estaba en verso”.

Una vez describió a su yo joven como “una adolescente no exitosa”. Sintió que otros niños la consideraban extraña. “Me volví bastante retraída y luego me volví severamente anoréxica”, dijo. Pero estaba decidida a ser artista y profesora.

Comenzó a escribir poemas en su adolescencia, donde empezó a enviar versos a revistas de poesía que muchas veces fueron rechazados, aun así, persistió y eligió inscribirse en talleres de poesía en lugar de tomar el camino de una educación universitaria tradicional, desarrollando su voz propia y llegando a publicar su primera colección poética: “Firstborn” en 1968, con tan solo 25 años de edad.

Posteriormente asistió a la Universidad de Columbia, donde tomó clases con el también ganador del Pulitzer, el poeta Stanley Kunitz. Se casó dos veces, tuvo un hijo y trabajó como secretaria para poder costear su oficio de escritora.

Sobre sus traductores al español

El inglés de Louise Glück puede leerse sin demasiada dificultad siempre que se tenga alguna noción de esta lengua, hecho relevante ya que existen solamente siete obras traducidas al español que incluyen los títulos: “Ararat”, “El Iris Salvaje”, “Averno” y “Praderas”. Lamentablemente, dichas ediciones no se encuentran actualmente disponibles en las librerías mexicanas más importantes, por lo que solamente se ofrecen a la venta las versiones digitales en inglés de algunos de sus libros, cualquier obra física habría que importarla.

El mayor talento de Glück es hacer simple lo complejo, ahí radica la genialidad y es peligrosa a la hora de traducirla por su aparente simplicidad al momento de decir las cosas, hay pasajes que suenan cotidianos pero que hay que traducir casi de manera quirúrgica para no arruinarlos.

La austeridad y la autobiografía son los rasgos fundamentales de la obra de la autora que en su versión en castellano es publicada por la editorial independiente española “Pre-Textos”, que ella misma eligió después de quedar encandilada por una edición de un libro de Mark Strand en 2004. Fue entonces cuando le pidió a su agente que les ofreciera sus versos y es por eso que hoy podemos acceder a algunos de ellos en nuestro idioma, siendo su editor el célebre Manuel Borrás. Fue así que dicha casa editorial pudo mostrar la capacidad de universalizar la grandeza de una poeta así, divulgando en Hispanoamérica la gran poesía anglosajona de una manera solemne y digna.

Mucho se sabe también de los traductores de la poeta Norteamérica, después de todo solo un poeta puede traducir a otro poeta, incluyendo escritores como Eduardo Chirinos, Abraham Gragera, Andrés Catalán y más recientemente el venezolano Adalber Salas, quien tradujo su último libro: “A Village Life” durante la pandemia y que fuera publicado recientemente.

De sus obras traducidas podemos mencionar también a los argentinos: Mirta Rosenberg, quien estuvo a cargo de “Las Siete Edades” y el escritor Mariano Peyrou, radicado en España, quien tradujo “Vita Nova”.

Sobre el oficio de escribir

¿Se puede enseñar a un poeta a ser poeta?

No, pero puedes transmitir hábitos, dedicación”.

Cuenta en una entrevista de 1993.

La actual profesora del curso 460 de la Universidad de Yale, correspondiente a la materia de “Escritura de Versos”, en paralelo a su labor poética, se ha dedicado también al ensayo, para retomar a autores como T. S. Eliot o John Keats. El trabajo con los estudiantes la inspiró a empezar a escribir de nuevo y continuó publicando una docena de volúmenes de poesía.

En gran parte de su trabajo, Glück se inspira en figuras mitológicas. En su colección de 1996, “Meadowlands”, entreteje las figuras de Odiseo y Penélope de la Odisea de Homero con la historia de la disolución de un matrimonio moderno. En su colección de 2006, “Averno”, utilizó el mito de Perséfone como lente para las relaciones madre-hija, el sufrimiento, el envejecimiento y la muerte.

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