Adrienne Monnier (1892-1955), la patrona de los libreros

París rinde homenaje a Adrienne Monnier

Vilma Fuentes

Una placa conmemorativa en honor de Adrienne Monnier (1892-1955), llamada la santa patrona de los libreros por los vecinos y por su biógrafa Laure Murat, será instalada en el frontispicio del edificio situado en el número 7 de la calle de l’Odéon en París. De manera simbólica, este homenaje cae justo cuando la titular de la alcaldía de la capital francesa, la socialista Anne Hidalgo, se esfuerza en exceptuar las librerías del reconfinamiento decidido por el gobierno ante la llamada segunda ola de la pandemia, medida que afecta sobre todo a los pequeños comercios. En efecto, sólo las tiendas de productos de primera necesidad pueden seguir abiertas al público. Desde luego, los aficionados a la lectura no cesan de protestar ante una disposición que no considera indispensable el alimento espiritual, sobre todo cuando se vive el encierro. Numerosas voces se han elevado para denunciar el escándalo: ¿cómo puede decidir el gobierno francés que la compra de un pollo rostizado es más esencial –palabra utilizada en el decreto– que la de un libro para la salud y el equilibrio de la vida cotidiana de la población? Es posible imaginar la respuesta de Adrienne Monnier.

Desde muy joven, Adrienne tuvo el sueño de abrir una librería, pero la falta de capital se lo impedía. Víctima de un accidente, su padre recibe una indemnización que le cede. Así, en 1915, en un pequeño local de la calle de l’Odéon, Adrienne realiza su sueño con el nombre de La Maison des Amis des Livres. Comparte esta aventura azarosa con su primera compañera, Suzanne Bonnière, relación que cesa con el matrimonio de ésta con Gustave Tronche, administrador de la Nouvelle Revue Française. Adrienne queda libre para vivir la gran relación de su vida amorosa con Sylvia Beach.

Adrienne extiende sus actividades a las de biblioteca con préstamo de libros. Ejemplo que toma Sylvia cuando, en 1919, abre su propia librería en la calle Dupuytren, antes de mudarse dos años después al 12 de l’Odéon, con el nombre de Shakespeare and Company. Nada qué ver con la que hoy lleva el legendario nombre, tomado por mi amigo George Whitman en 1962, a la muerte de Beach, para rebautizar su propia librería Le Mistral.

Monnier transforma su espacio en centro de atracción de la crema y nata de poetas y escritores. Paul Léautaud llega acompañado por Apollinaire. Vienen también Fargue, Claudel, Valéry, Romains, Gide (quien la cita numerosas veces en su Journal). Larbaud extiende la librería a depósito de una de las grandes publicaciones de la época La Revue Européenne, donde escriben Mauriac, Drieu La Rochelle o Soupault. Más tarde hará lo mismo por la revista Littérature de Breton. Esto la inspira a crear sus propias publicaciones: Le Navire d’Argent (1925-1926) y La Gazette des Amis du Livre (1938-1940).

Sylvia Beach, al otro lado de la calle, atrae a su librería los autores anglosajones. Hemingway, Fitzgerald, Pound o el fotógrafo Man Ray son familiares. Inventiva como Adrienne, decide extenderse a la edición y publica la primera edición del Ulises de James Joyce, en 1922, con tal éxito que en 1929 edita la primera traducción al francés.

Después de 15 años de vida común, durante un viaje de Sylvia a Estados Unidos, Adrienne conoce a la fotógrafa alemana Giselle Freund. Un amor a primera vista nace entre ellas. Ruptura amorosa con Sylvia que no termina la amistad y complicidad literaria entre estas dos apasionadas de los libros. Freund será la autora de la famosa fotografía de Joyce en la calle de l’Odéon.

Sylvia debe cerrar su librería a causa de la ocupación nazi. La de Adrienne logra subsistir. El 19 de junio de 1955, vencida por el dolor lancinante y una enfermedad incurable, Adrienne Monnier absorbe medicamentos en gran cantidad para darse la muerte.

Deja una carta donde expresa: Voy a la muerte sin miedo, sabiendo que encontré una madre al nacer aquí y encontraré igualmente una madre en la otra vida.

vilmafuentes22@gmail.com

 

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