Los mejores discos de Beethoven 

Los mejores discos de Beethoven

Cada semana ofreceremos once discos elegidos como los imprescindibles, a las que se sumarán recomendaciones brillantes de las obras y música del “genio de Bonn” con diferentes ejecutantes, para recibir el nuevo siglo.

(apro).-

Editorial Grijalbo y el Grupo Random House Mondadori publicaron hacia 2008 en el volumen 1001 Classical Recordings you Must Hear Before You Die (edición castellana coordinada por Luis Suñén y traducida como 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir, 960 páginas), del inglés Matthew Rye. En estas entregas hablaremos de las treinta y tres grabaciones seleccionadas por los compiladores del libro, referidas a Ludwig van Beethoven, para el aniversario 250 de su natalicio. Cada semana ofreceremos once discos elegidos como los imprescindibles, a las que se sumarán recomendaciones brillantes de las obras y música del “genio de Bonn” con diferentes ejecutantes, para recibir el nuevo siglo.

“Claro de Luna” (1801)

El título “Claro de Luna”, por el que se conoce esta pieza, no se lo puso el compositor, sino el poeta y crítico musical alemán Ludwig Rellstab (1799– 1860) cinco años después de la muerte de Beethoven (1827). El disco elegido de la obra (cuyo título es Sonata para piano en do sostenido menor, op. 27, n° 2) fue grabado por el pianista californiano Stephen Kovacevich (1940) en 1999 para el sello EMI.

Franz Gerhard Wegeler (1765-1848), amigo de Beethoven, expresó acerca del “Claro de Luna”: “Beethoven siempre estuvo enamorado de alguien y… en un grado violento”. Otros discos recomendados incluyen a Ivan Moravec (“Una interpretación magistral del gran pianista checo. Vale la pena buscarla”); Solomon (“Remasterización de una grabación clásica con el sonido mejorado), Testament, y Daniel Barenboim (“Inspiración y dominio técnico en abundancia”), EMI.

Sinfonía n.° 2 (1802)

Una de las grandes paradojas del Beethoven creador es que compusiera su Segunda Sinfonía cuando estaba desesperado y pensando incluso en el suicidio por la pérdida del oído. Dijo George Groove: “Cada una de sus cuatro secciones es perfectamente distinta e individual con su propio y exacto carácter.”

En 1961 apareció la grabación “subyugante” de esta obra con la Royal Philarmonic Orchestra, dirigida por el polaco René Leibowitz (1913-1972). Otras destacadas: Roger Norrington y los London Classic Players (“La incursión de Norrington en Beethoven todavía suena fresca y desafiante”), Virgin; Arturo Toscanini con la Orquesta Sinfónica de la NBC (“Lirismo desatado y alta intensidad de 1949-1951”), RCA, y David Zimman y la Zürich Tonhalle Orchestra (“Algo completamente diferente: un atractivo experimento con articulaciones y ornamentación”), Arte Nova.

Concierto para piano n° 3 (1803)

Acerca de la correcta ejecución de todas las obras de Beethoven para piano, el pianista y compositor austríaco Carl Czerny (1791-1857) escribió que “el tema del Largo debe sonar como una armonía sagrada, distante y celestial”. El origen del único concierto de Beethoven escrito en clave menor se remonta a 1796, cuando anotó en uno de sus cuadernos la idea de utilizar el timbal en la cadencia. La pianista Mitsuko Uchida (Tokio, 1948) ofrece en el disco Phillips de 1994 todo el drama que esta obra necesita con la Royal Concertgebouw Orchestra, bajo la batuta del judío-alemán Kurt Sandeling (1912-2011). Otros:

Simon Rattle y la Orquesta Filarmónica de Viena con Alfred Brendel (“La sabiduría, la inteligencia y el humor de Brendel combinan brillantemente con la frescura del enfoque de Rattle”), Phillips; Martha Argerich y la Orquesta de Cámara Mahler con Claudio Abbado (“En cuestión de pura energía y alegría de vivir, sería difícil encontrar algo más electrizante”); Yefim Bronfman y la Zürich Tonhalle Orchestra, dirección de David Zimman (“Una lectura de gran fuerza, con Zimman demostrando una vez más su instinto para interpretar a Beethoven”), Ars Nova.

Sinfonía “Heroica” (1803)

La Sinfonía n° 3, “Heroica” es la primera de las obras orquestales memorables de Beethoven. En 1993, el director inglés John Eliot Gardiner (1943) la grabó con la Orchestre Révolutionnaire et Romantique en Archiv, demostrando “triunfalmente que la ‘Heroica’ exige una combinación de ligereza e intensidad para causar su máximo impacto en el oyente”. Sobresalen también:

Otto Klemperer y la Philharmonia Orchestra (“La famosa grabación de 1955: indomable, colosal, deliberada, decidida”), EMI; Toscanini y la Orquesta Sinfónica de la NBC (“Una versión de 1938, apasionada pero sorprendentemente cálida, melódica y humana”), Music & Arts, y Herbert von Karajan con la Orquesta Filarmónica de Berlín (“Ligera pero imponente, una versión de 1976 supremamente segura y modulada”), Deutsche Grammophon.

Sonata “Kreutzer” (1803)

La pianista bonaerense Martha Argerich (1941) no sólo posee el fuego y virtuosismo necesarios, sino que puede llevar ambas aptitudes al máximo de sus posibilidades en un estudio. El letón Gidon Kremer (1947) tiende a dividir opiniones entre partidarios y detractores, pero su ligera falta de calor no es un inconveniente en esta Sonata para violín en la mayor, op. 47, “Kreutzer” (Deutsche Grammophon, 1994).  Además: Adolf Busch y Rudolf Serkin (“La mejor de las versiones históricas, un logro fulgurante”); Itzhak Perlman y Martha Argerich (“Argerich de nuevo, grabada en directo en París en 1998 con otro gran violinista”), y Augustin Dumay con Maria Joâo Pires (“La mejor de las recopilaciones completas, con una espléndida ‘Kreutzer’”).

“Apassionata” (1805)

Aquí tenemos a Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) en todo su esplendor al teclado interpretando la Sonata para piano en fa menor, op. 57, “Apassionata” en su disco de las sonatas completas de Beethoven (EMI, 1966). Asimismo:

Kovacevich (“Ejecución enérgica y musicalidad consumada de un prestigiosísimo intérprete de Beethoven”), EMI; Arthur Rubinstein (“La aristocrática grabación de 1973, remasterizada en formato híbrido”), RCA, y Melvyn Tan (“Un apasionante y enérgico finale, en particular, tocado en una réplica moderna de un pianoforte vienés de 1814”), Virgin.

Triple concierto (1805)

El Triple concierto fue durante mucho tiempo el “patito feo” entre los conciertos del compositor. Cualquier defecto posible ha quedado vetado por la grabación de 1969 para EMI Records, interpretación de tres ardientes solistas: el moscovita Mstislav Rostropovich (1927-2007) y el ucraniano Sviatoslav Teofílovich Richter (1915-1997) junto a la Filarmónica de Berlín, con el legendario Herbert von Karajan (1908-1989). (https://youtu.be/o1ph_jLOawE)

Concierto para piano n° 4 (1806)

El solo de piano que inicia este concierto es uno de los más temidos de todo el repertorio por los intérpretes actuales, no precisamente por su dificultad, sino por su sencillez. Un pianista que sin lugar a dudas entendió esto fue el gran intérprete ruso Emil Gilels (1916-1985) quien grabó en 1957 esta obra con la Philharmonia Orchestra, de Leopold Ludwig (1908-1979).

Sinfonía n° 4 (1806)

Aunque su actitud general es vigorosa y animada, el director holandés Frans Brüggen (1934-2014) y la Orchestra of the Eighteenth Century dejan espacio a la dulzura y la profundidad cuando es necesario, y la picante sonoridad de los instrumentos de la época aporta un carácter interesante en su interpretación para el sello Phillips, de 1990.

Concierto para violín (1806)

Considerado como el mejor de todos los conciertos para violín, el opus 61 tardó una generación o más para establecerse en las salas de conciertos. El violinista israelita Itzhak Perlman (1945) tiene una amplitud de miras necesaria para el largo movimiento inicial y la grabación en directo con Daniel Barenboim dirigiendo la Berliner Philarmoniker es emblemática por su significado (EMI Classics, 1986). Se trata de “el concierto más reflexivo, necesita que el violinista sea un gran hombre, además de un gran instrumentista”, según Adrian Boult (1889-1983). También destacan:

Thomas Zehetmair, Orquesta del Siglo XVIII con Frans Brüggen (“Una buena versión de época, en la que Zehetmair abandona sus habituales manierismos”), Phillips; Adolf Busch, Orquesta Filarmónica de Nueva York, con Fritz Busch (“Sonido ‘histórico’, ejecución a la antigua, musicalidad imperecedera”), Music & Arts, y Yehudi Menuhin, Orquesta Filarmónica de Viena, Constantin Silvestri (“Probablemente, la de sonido más deslumbrante de las mil versiones de Menuhin”), EMI.

Quinta sinfonía (1807)

La Quinta de Beethoven es, sin duda, la sinfonía más famosa e influyente que jamás se ha compuesto. “Concebida por un genio, expresa con fuerza la naturaleza romántica de la música”, dijo sobre ella E. T. A. Hoffmann (1776?-1822?). La grabación para Deutsche Grammophon de la Wiener Philharmoniker, bajo la batuta de Carlos Kleiber (1930-2004) ejerció hacia 1974 un efecto similar en los intérpretes y el público de finales del siglo XX.

Otras incluyen a la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por George Solzell (“El perfeccionista Szell va por todo en su último concierto en Salzburgo, grabado en 1969”), Orfeo, además de dos discos de Wilhelm Furtwangler: Uno con la Filarmónica de Berlín (“Empuje torrencial y energía triunfal, de 1937”), y el segundo con la de Viena (“Una versión asombrosa por su amplitud, escala, inflexiones y trascendencia moral, de 1954), en EMI.

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