Tlatelolco, la noche antes

Tlatelolco, la noche antes

Javier Bustillos Zamorano

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PERSONAJES: Presidente de la República, Secretario de la Defensa Nacional, Jefe del Estado Mayor Presidencial.

LUGAR: residencia oficial de Los Pinos, México, Distrito Federal, octubre de 1968.

PRESIDENTE: (Está en su despacho con el Secretario de la Defensa Nacional) …que vendrán más de 10 mil revoltosos de Puebla y Tlaxcala y que se juntaran con otros 10 mil en Ecatepec y la Ciudadela; que asaltarán las armerías del Centro, ¿qué sabe de esto?

SECRETARIO: Bueno, eso dice el secretario de Gobernación pero, con todo respeto, creo que exagera, señor. En la intervención de las preparatorias 1, 2 y 3, no se soltó un solo tiro y los estudiantes…

PRESIDENTE: ¡Conspiradores!, es lo que son, conspiradores que quieren sembrar el desorden, la confusión y el encono para impedir la atención y la solución de los problemas, con el fin de desprestigiar a México e impedir la realización de los Juegos Olímpicos.

SECRETARIO: Creo que debemos mantener la calma, señor.

PRESIDENTE: ¿Calma? Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados; pero todo tiene su límite y no podemos permitir ya que sigan quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de todo mundo ha venido sucediendo. Hay que acabar con estos desmanes.

SECRETARIO: Estamos preparados, señor presidente.

PRESIDENTE: ¿Cuál es su plan para mañana en la concentración en Tlatelolco?

SECRETARIO: Actuar con suma prudencia al hacer contacto con las masas, si el ataque es con piedras, varillas o bombas molotov, buscar el combate cuerpo a cuerpo, sin emplear la bayoneta, aunque haya disparos de parte de los estudiantes, no se hará fuego hasta tener cinco bajas causadas, y si atacaran con fuego aislado y sin consecuencias, contestar al aire, solamente oficiales…

PRESIDENTE: ¡Con los cabecillas! ¡¿Cómo los detendrán?!

SECRETARIO: Ellos estarán en el tercer piso del edificio Chihuahua, desde ahí hablarán; ya ordené la ocupación de tres departamentos, uno en el tercer piso y otros dos en el cuarto. Ahí los capturarán militares bien adiestrados y vestidos de paisano; no habrá muertos ni heridos, se lo puedo asegurar, señor presidente.

PRESIDENTE: No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos. Es todo, General, le ruego me tenga informado.

SECRETARIO: Señor, si me permite, quisiera exponerle una queja respecto del general Gutiérrez Oropeza.

PRESIDENTE: ¿Qué pasa?

SECRETARIO: No obedece mis órdenes; las cambia, pareciera que se manda solo…

PRESIDENTE: General, el horno no está para bollos, lo vemos después. (El secretario se cuadra, saluda militarmente y sale del despacho)

PRESIDENTE: (Espera unos minutos y luego ordena hacia una puerta lateral) Ya puede salir, Luis. (La puerta se abre y entra el jefe del Estado Mayor Presidencial.)

PRESIDENTE: Siéntese, ya oyó al general García (sonríe), cree que usted se manda solo, que interviene sin mi consentimiento, sin mis órdenes.

JEFE: Señor presidente, le agradezco su confianza y…

PRESIDENTE: Dada la organización o división del trabajo, no permito que un secretario de Estado me quiera tratar asuntos que no sean inherentes a su cometido. A usted es al único que le permito tratarme de todo, pero tenga mucho cuidado en no picarme la cresta porque mis decisiones equivocadas podrían tener graves consecuencias.

JEFE: (Tenso, pálido de pronto) Señor presidente…

PRESIDENTE: Vayamos al punto que nos interesa. Ya escuchó el plan del general García para el mitin de Tlatelolco. Quiere arreglar las cosas sin romper un solo vidrio, como si estos hijos de la chingada entendieran con palabras. ¡Quieren crear un clima de intranquilidad social, propicio para disturbios callejeros o para acciones de mayor envergadura; es evidente que intervienen manos no estudiantiles; existen fuerzas externas; es parte de una conjura internacional!

JEFE: (Se mueve incómodo en su silla) Señor presidente…

PRESIDENTE: He buscado salidas pacíficas, los convoqué al diálogo, les he ofrecido mi mano franca, sincera. No advirtieron que nada pedía para mí y tomaron este gesto amistoso como signo de debilidad, respondiendo con calumnias, insultos y mezquindades…

JEFE: La paz interior del país está en riesgo, señor presidente.

PRESIDENTE: Sí.

JEFE: El Artículo 89 de la Constitución, fracción vi, dice que…

PRESIDENTE: … Es facultad y obligación del presidente preservar la seguridad nacional, en los términos de la ley respectiva, y disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente o sea del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación.

JEFE: Estoy a sus órdenes, señor.

PRESIDENTE: Dé a esto un arreglo definitivo.

JEFE: ¿Arreglo definitivo? (El presidente lo taladra con una mirada) Sí, señor, arreglo definitivo… pondré a diez oficiales del Estado Mayor Presidencial, armados con metralletas, y a francotiradores…

PRESIDENTE: No me diga más, Luis, haga lo que tenga que hacer.

JEFE: Si señor, pero…

PRESIDENTE: General: si en el desempeño de sus funciones tiene que violar la Constitución no me lo consulte porque yo, el presidente, nunca le autorizaré que la viole; pero si se trata de la seguridad de México o de la vida de mis familiares, viólela: pero donde yo me entere, yo, el presidente, lo corro y lo proceso, pero su amigo Gustavo Díaz Ordaz le vivirá agradecido. ¿Estamos de acuerdo, general?

JEFE: Sí, señor, a la orden, señor presidente…

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