Internet, herramienta múltiple, eficaz, veloz y de alcances prácticamente ilimitados

Pesimismo cibernético y democracia digital

José Rivera Guadarrama

Internet, como herramienta múltiple, eficaz, veloz y de alcances prácticamente ilimitados, sin duda ha transformado y mejorado muchos aspectos de la vida en todo el mundo. Sin embargo, al otro extremo de sus beneficios, tampoco se puede dudar del mal uso que pude darse a la información que reúne, almacena y manipula. De esta oposición nos habla el siguiente artículo.

 

Los rápidos avances en tecnologías digitales han generado dos corrientes de pensamiento respecto a las posibilidades de internet, sobre todo, en cuanto a los procesos de cambios a nivel global. Por una parte están los optimistas, quienes consideran que con estas herramientas puede lograrse la expansión de la democracia a nivel mundial. Por otro lado están los ciberpesimistas, aquellos que postulan que, en realidad, mediante el uso de la web se consolidan el autoritarismo y la represión política.

Las actuales tecnologías digitales alteraron de forma radical el contexto mundial. De ahí que también se les llame tecnologías disruptivas, debido a que tienen la capacidad de desplazar a las innovaciones previas y de provocar cambios importantes en los usuarios en todos sus contextos.

Durante la década de los años noventa, cuando la web era utilizada por grupos reducidos, sobre todo en ambientes militares, académicos y gubernamentales, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, consideraba que con su uso se fortalecerían las democracias, que mediante ella se podrían resolver problemas medioambientales y, además, se podrían generar sentimientos de pertenencia en una única “comunidad humana”.

Esta percepción ciberutópica se fue generalizando en las siguientes décadas. Con la facilidad de uso, los internautas a nivel mundial vislumbraron predicciones optimistas. Entre los acontecimientos más representativos están la llamada revolución naranja, en Ucrania, durante 2004; la revolución de los cedros, en Líbano, 2005; la primavera árabe, en Egipto, 2011; incluso en México, durante las elecciones presidenciales de 2018, se comenzó a hablar de “las benditas redes sociales”.

En esa misma percepción, durante su administración de 2005 a 2009, la exsecretaria de Estado estadunidense Condoleezza Rice consideraba que internet era una de “las más grandes herramientas para la democratización y la libertad individual que nunca antes habíamos visto”. Incluso, su sucesora, la demócrata Hillary Clinton, mantuvo propuestas a favor de “una única red de internet, donde toda la humanidad tenga igual acceso al conocimiento y a las ideas”.

La mayoría de estas declaraciones optimistas provienen de altos funcionarios políticos y empresariales, sobre todo de Estados Unidos, país en donde se desarrolló internet y en donde se han creado las redes sociales digitales que cuentan con el mayor número de usuarios a nivel mundial.

Por otro lado, en años recientes, la visión sobre la naturaleza prodemocrática de internet ha sido confrontada desde otra perspectiva, una postura antagónica: los ciberpesimistas consideran que la tecnología no apoya los procesos de democratización. Al contrario, para ellos posee características que provocan la involución, al dotar a los regímenes autoritarios de recursos que potencian el control social y la persecución eficaz de la disidencia.

 

Optimistas vs. pesimistas

Como apunta el investigador Manuel Torres Soriano, sólo una minoría utiliza internet con una finalidad política. Esta realidad, constatada de manera empírica, “choca con la percepción que
se mantiene desde Occidente sobre la naturaleza de las actividades que llevan a cabo los internautas en países carentes de libertad”, afirma.

En su estudio titulado Internet como motor del cambio político: ciberoptimistas y ciberpesimistas (2013), se puede comprobar que la red facilita las labores de captación de inteligencia y monitorización de la disidencia política. Mediante ella los gobiernos, ayudados por empresas occidentales, han desarrollado mecanismos que les permiten procesar cantidades masivas de datos sobre el uso que realiza su población de esta herramienta. Así, los organismos de seguridad pueden efectuar, de manera simultánea, “un control efectivo y minucioso sobre la vida de cientos de miles de habitantes”.

El espionaje de los hábitos de navegación permite al Estado conocer qué tipo de información consumen y producen los usuarios cibernéticos, además de con quién se relacionan. Buena parte del acceso a internet en los países en desarrollo se lleva a cabo a través de la telefonía móvil, un tipo de acceso que permite la monitorización e identificación del internauta, indica Torres Soriano.

El autor asegura que “la información susceptible de ser utilizada para neutralizar cualquier atisbo de disidencia puede ser captada, procesada y archivada a través de mecanismos automatizados”. A partir de eso, “esta evolución tecnológica elimina el componente humano en los procesos de represión política, algo que la convierte en más implacable debido a que ya no existe espacio para la empatía entre censores y censurados”, indica el autor.

Entonces, para los ciberpesimistas o ciberescépticos, como afirma Evgeny Morozov, internet no “conduce al respeto universal de los derechos humanos”. La web no es liberadora ni democratizadora en sí, sino que puede producir “diferentes resultados políticos en diferentes entornos”; por lo tanto, conviene no dejarse llevar por cierto “solucionismo tecnológico” o ciberutopismo.

Es por eso que los ciberpesimistas vislumbran una especie de desaparición de la acción colectiva, sustituida por un marcado egoísmo solidario, en el que diversas personas se unen en momentos concretos, de forma esporádica y variable, para expresar sus preferencias políticas, sociales o culturales, pero sin una pertenencia auténtica o confiable respecto a las demandas, o exigencias, expresadas en esas manifestaciones.

Cuando internet se expandió por el mundo, la información ahí vertida generó problemas en las altas esferas del poder, sobre todo por la instantaneidad, la ubicuidad y la inmediatez de las transmisiones. Se trata de dinámicas que se podrían conjuntar en la definición de simultaneidad.

Estos acontecimientos propiciaron investigaciones científicas en vías de controlarlos. En el libro Access controlled (2010) se reúnen escritos de diversos especialistas. En ellos se indica que, en 2007, la Unión Europea promulgó una directiva sobre retención de datos. El objetivo es que todos los países miembros exijan la retención, por parte de las empresas de telecomunicaciones, de información del remitente, el destinatario y la hora de todas las comunicaciones de internet u otras telecomunicaciones.

Estas exigencias incluyen la recopilación de la dirección del Protocolo de Internet (IP) del usuario, incluido el número de teléfono, nombre y dirección de cada remitente y destinatario, sin excluir la supervisión del contenido en sí. Además, “todos los datos monitoreados deben conservarse durante un período que oscila entre seis meses y dos años, dependiendo de la ley local de cada Estado miembro”.

El resultado de las investigaciones deja en claro que internet es una tecnología “preparada para la vigilancia” y que “existe una amplia gama de opciones para cualquier Estado que desee saber más sobre sus ciudadanos”, ya que “todos estos grandes sitios recopilan datos sobre sus usuarios”.

En el libro se puede leer, por ejemplo, la forma en la que Google y Yahoo recopilan consultas de búsqueda, mientras que Facebook reúne los mapas sociales de sus usuarios. Wikipedia, por su parte, almacena los historiales de edición de sus usuarios, entre otros.

Esto representa otro tipo de vigilancia en la red, equivalente en alcance a la recopilación de datos que fluyen a través de la web. Una de las líneas de reflexión más estimulantes propuesta desde la perspectiva de los ciberpesimistas es la de indagar cómo afecta la difusión de las tecnologías de la información a los procesos de democratización. De ahí que se hayan desprendido otras formas de abordar el uso de internet a partir de las intenciones por parte de los grandes corporativos, buscando otras categorías de análisis que ayuden a describir y reflexionar sobre experiencias como la realidad virtual, la telepresencia, el ciberespacio y la información.

Estas experiencias están reconfigurando el mundo en la postmodernidad. La ventaja es clara. Son los líderes políticos y empresariales quienes realizan mayores inversiones en el desarrollo de tecnologías digitales, agrupándose en reducidos grupos de investigación. Debido a eso, académicos y expertos están cada vez más interesados en evaluar los rumbos e inconvenientes de las nuevas tecnologías de los medios con fines políticos, y para ello se están empleando variedades de enfoques en cuanto a investigar y aprovechar su evolución dentro de las sociedades contemporáneas.

 

 

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