La única fraternidad que tiene sentido: la que no conoce fronteras, sin espacio alguno para la intolerancia

Amor maternal
Vilma Fuentes
Siempre bella y juvenil, Ofelia Medina me saluda, en un café cercano a la Catedral de Notre-Dame de París, con una sonrisa radiante. Irradia la vida en todo su rostro y no sólo en sus labios. Comprendo por qué los años no pueden marchitar la hermosura protegida por una generosa bondad cuando me relata encuentros y actividades en Burdeos, a donde fue invitada por Jean-Luc Gleyze, presidente del Consejo de Gironda, y por la asociación Aquitania-África Iniciativas, cuya meta es hacer vivir la única fraternidad que tiene sentido: la que no conoce fronteras, sin espacio alguno para la intolerancia y las discriminaciones.

Así, en esta séptima edición de la Primavera de la Diversidad, dedicada a las fracturas sociales en América Latina y a la situación de los pueblos autóctonos y afrodescendientes, Ofelia fue invitada junto con Cheikh Tidiane Gadio, presidente del Instituto Panafricano de Estrategias y ex ministro de Relaciones Exteriores de Senegal.

Por fortuna, la seriedad que imponen estos altisonantes títulos fue rota por unos pasos de chachachá que bailó Ofelia, de inmediato acompañados por la música latinoamericana que el diplomático hizo funcionar en su teléfono inteligente.

Pero la causa de la alegría que me muestran la actriz y su asistente Begoña es la unión de trabajo que se forma entre México, Burdeos, Togo y Senegal.

Durante la visita a la ciudad bordelesa, Ofelia presentó la película Frida Kahlo, donde juega el papel de la pintora, antes de leer unos párrafos de los escritos que le inspiró Frida, pues Aquitania-África Iniciativas está dedicada al desarrollo del diálogo intercultural. Y la asociación fundada en 1990 por Francisco Toledo, Ofelia Medina, Juan Pérez Amor y Yolanda García, Fideicomiso para la Nutrición de los Niños Indígenas de México, además de proveer una alimentación nutritiva gracias al cultivo del proteínico amaranto, se ocupa también del desarrollo intelectual de niños y jóvenes de regiones del sur y sureste de la República Mexicana por medio de talleres culturales.

Ahora, con la unión de la ciudad francesa, los países africanos y la asociación mexicana, triángulo intercontinental, se inicia el proyecto de relación cultural con la creación de murales elaborados por niños de Senegal, Togo, Burdeos y la sociedad civil Las Abejas de Acteal, Chiapas.

El entusiasmo desbordante de Ofelia Medina por esta labor humanitaria en favor de los niños me lleva a preguntarle qué la causó, cuál fue el clic que la desencadenó.

Después de unos instantes de reflexión, o más bien de evocación, Ofelia me relata esos minutos cruciales en su vida.

Sentada frente a un aparato de televisión, amamantaba a su hijo. El robusto bebé chupaba con fuerza mientras su manita retenía el seno de su madre. Ofelia podía enorgullecerse del buen crecimiento de la criatura y de la leche que brotaba de sus pechos. En esos momentos, levantó su mirada del niño y, estupefacta, se sintió estrujada, sin poder comprender, ante las imágenes presentadas en la televisión. Niños raquíticos, sucios, los ojos cerrados por las lagañas, chupaban los senos fláccidos y secos de sus madres hambrientas y avejentadas prematuramente. Eran imágenes de la hambruna en Etiopía.

Ofelia bajó la mirada hacia su hijito bien alimentado, limpio, los ojitos vivaces. Decidió, entonces, reunir cuantos costales de trigo pudiera llevar a Etiopía. Ya con una tonelada, a punto de embarcar, se le avisó que no era necesario, pues llegaban recursos de todo el mundo, que mejor los utilizara en el sur de México. Un viaje a Chiapas la hizo comprender la situación de hambre y la clausura de futuro para los niños de la región.

De las palabras de Ofelia Medina retengo la imagen de la madona dando el pecho al niño. Los rasgos afilados y dulces del rostro de la hermosa Virgen, tan semejante a Ofelia. La mano del bebé reteniendo el seno, su boca chupando, los ojillos mirando de reojo, los cachetes mofletudos del querubín. Se trata de la Madonna Litta atribuida a Leonardo da Vinci.

Esta entrada fue publicada en Mundo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.