{"id":10025,"date":"2013-07-03T08:51:13","date_gmt":"2013-07-03T14:51:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10025"},"modified":"2013-07-03T08:51:13","modified_gmt":"2013-07-03T14:51:13","slug":"el-amor-y-la-aventura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10025","title":{"rendered":"El amor y la aventura"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>El \u00faltimo aventurero rom\u00e1ntico<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>H\u00e9roe de la Segunda Guerra Mundial, viajero incansable, escritor y vividor, Sir Patrick Leigh Fermor fue un Lord Byron del siglo XX. Una biograf\u00eda recorre la intimidad de su arrolladora existencia<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>\u00a0<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em><strong>\u00a0\u00a0\u00a0 Obituario, el viajero eterno a Bizancio<\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jacinto Ant\u00f3n<\/p>\n<p>Es el efecto que provoca el recuerdo del viejo aventurero rom\u00e1ntico, \u00a1diablo de hombre! Mientras hablamos de sir Patrick Leigh Fermor (Londres, 1915- Dumbleton, 2011) evocando sus haza\u00f1as, sus l\u00edos de faldas, sus viajes, la belleza de sus escritos, sus grandezas y debilidades, la admiraci\u00f3n y, s\u00ed, el amor, que sent\u00edamos por \u00e9l, su amiga y bi\u00f3grafa Artemis Cooper se pone de pie extempor\u00e1neamente y se pone \u00a1a bailar una danza griega! Yo dir\u00eda que un sirtaki.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La escena resulta inesperada y sorprendente en esta tarde londinense en la peque\u00f1a librer\u00eda Nomad Books de Fulham, donde tomamos los dos un t\u00e9 en tazas con portadas de Penguin rodeados de libros y silencio. La librera y los dem\u00e1s clientes nos miran con disimulo. La historiadora y editora Artemis Cooper, autora de la extraordinaria biograf\u00eda Patrick Leigh Fermor, una aventura, recibida con un\u00e1nimes elogios en Reino Unido y reci\u00e9n aparecida en Espa\u00f1a (RBA), es bien conocida en el barrio, donde vive con su marido, el c\u00e9lebre historiador militar Antony Beevor (inmerso, por cierto, en la batalla de las Ardenas), y su arrebato es recibido con brit\u00e1nica flema. La observo danzar aferrado a mi cuaderno de notas, sin saber si he de sumarme al baile.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Habl\u00e1bamos de la vitalidad de Leigh Fermor, el sensible y curioso adolescente que cruz\u00f3 Europa andando en los a\u00f1os treinta, code\u00e1ndose con arist\u00f3cratas y domadores ambulantes de osos, el oficial de inteligencia, el valiente soldado de operaciones especiales que secuestr\u00f3 en un golpe de mano audaz al comandante de las tropas nazis en Creta, el guapo amante que conquist\u00f3 a tantas bellas mujeres, el refinado, culto y pol\u00edglota escritor que nos ha dejado libros tan hermosos como El tiempo de los regalos, Mani, Roumeli o Un tiempo para guardar silencio, el filoheleno \u00e9mulo de Lord Byron que rescat\u00f3 las zapatillas del poeta y cruz\u00f3 nadando el Helesponto a los 69 a\u00f1os. \u201cAl entrar \u00e9l en una habitaci\u00f3n, todo el mundo se sent\u00eda m\u00e1s vivo, ligero\u201d, recordaba la escritora. \u201cEn Atenas, cuando era peque\u00f1a, \u00edbamos por las tardes a las tabernas y \u00e9l hablaba con la gente, y pasaban cosas. Empezaba a cantar, canciones griegas que interpretaba de manera fenomenal. Y se pon\u00eda a bailar. Bailaba maravillosamente\u201d. \u00bfComo Zorba?, le he preguntado interrumpiendo sus recuerdos. \u201cExacto. Mejor. Anthony Quinn bailaba de manera algo dejada, abandon\u00e1ndose. Paddy era m\u00e1s decoroso. Sus movimientos, majestuosos, en\u00e9rgicos\u201d. Y es entonces cuando Artemis Cooper, una mujer madura (1953), atractiva, culta y de refinada elegancia \u2013no en balde, nacida como la honorable Alice Clare Antonia Opportune, es hija del segundo vizconde Norwich y nieta de Lady Diane Cooper\u2013 , ha retirado su silla con resuelta determinaci\u00f3n, se ha levantado y ha ejemplificado c\u00f3mo danzaba Leigh Fermor poni\u00e9ndose ella a bailar. Observo que calza deportivas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cLo lamento, me temo que soy una bailarina muy incapaz, a helpless dancer\u201d, dice luego sent\u00e1ndose de nuevo y atajando con la mano mis protestas, que expreso en un ingl\u00e9s que pretende in\u00fatilmente sonar a personaje de Evelyn Waugh \u2013\u201cOh, no, my God, you\u2019re a delicious dancer indeed\u201d\u2013. \u201cTodo el mundo lo quer\u00eda\u201d, afirma como para s\u00ed. Ahora cae una sombra sobre nosotros. Patrick Leigh Fermor est\u00e1 muerto, y ni todos los recuerdos ni todas las danzas del mundo podr\u00e1n devolv\u00e9rnoslo. Nos ensimismamos. No s\u00e9 en qu\u00e9 momento de la fabulosa vida de Paddy, \u201cel genuino bucanero\u201d, como lo denomin\u00f3 Freya Stark, piensa ella. Se lo pregunto. \u00bfAquella vez cuando, en el monte Ida, mientras se escond\u00edan de las patrullas alemanas, el general Kreipe, que llevaban preso, recit\u00f3 el primer verso de la oda 9 de Horacio, Ad Thaliarcum, y Paddy, erudito y travieso, la continu\u00f3 hasta el final para asombro del militar germano? \u201cOh, no, es un momento muy t\u00edpico; quiz\u00e1 aquel reencuentro tan emotivo en un asilo de Budapest con su viejo amigo Elem\u00e9r von Klobusitzky, exh\u00fasar enfrentado al r\u00e9gimen de B\u00e9la Kun, que no le reconoci\u00f3 y se empe\u00f1\u00f3 en insistir en que su amigo Paddy era mucho m\u00e1s joven y estaba en Grecia. O la primera lectura que dio en Corf\u00fa tras la guerra de sus aventuras militares y en la que no par\u00f3 de beber ouzo para regocijo de la audiencia griega\u201d. Yo elijo evocarlo de muchacho, jugando a polo en bicicleta, en compa\u00f1\u00eda de nobles h\u00fangaros de etiqueta en el gran sal\u00f3n de baile de la mansi\u00f3n O\u2019K\u00efgy\u00f6s, del conde J\u00f3zsi Wenckheim, uno de los muchos momentos inolvidables de Entre los bosques y el agua, la segunda parte de su gran viaje europeo iniciado en El tiempo de los regalos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Artemis Cooper es una excelente escritora que ha recopilado las cartas de sus abuelos Duff y Diane Cooper (\u00e9l fue el primer embajador brit\u00e1nico en Par\u00eds tras la liberaci\u00f3n, el matrimonio denominaba entre s\u00ed a De Gaulle Carlitos el Bilioso). Tambi\u00e9n se ha encargado de seleccionar y anotar los textos de esa maravillosa antolog\u00eda de Paddy que es The words of Mercury. Su libro Cairo at war, sobre la vida en el Egipto durante la II Guerra Mundial, es una delicia, como lo es Par\u00eds despu\u00e9s de la liberaci\u00f3n: 1944-1949, escrito a cuatro manos con Beevor. Cooper no ha publicado la biograf\u00eda de Leigh Fermor hasta la desaparici\u00f3n de este. \u201cTen\u00edamos ese acuerdo, que no apareciera hasta la muerte de \u00e9l y de su mujer, Joan Eyres Monsell. Ambos eran personas cort\u00e9smente privadas, especialmente Paddy\u201d. Hay cosas muy \u00edntimas en el libro, y otras que muestran la dimensi\u00f3n muy humana y oscura del h\u00e9roe y aventurero solar. No hay que olvidar que se tatu\u00f3 en el brazo una gorgona, la peligrosa sirena de doble cola de los pescadores griegos. Su estrella no pierde brillo en esta profunda, mod\u00e9lica, investigaci\u00f3n de su vida \u2013que aclara algunos hechos\u2013, pero no puedes dejar de decirte a menudo: \u00a1Caramba, Paddy!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cNo hay grandes revelaciones ni secretos, aunque s\u00ed algunas cosas que \u00e9l no habr\u00eda juzgado conveniente ver publicadas en vida, pese a que la gente las conoc\u00eda\u201d. El tono general es bastante elegiaco. \u201cEs la consecuencia de revisar una vida tan larga, plena y fulgurante, y m\u00e1s si es la de alguien a quien conoc\u00edas y apreciabas\u201d. La vida amorosa de Leigh Fermor se revela muy prolija, m\u00e1s incluso de lo que imagin\u00e1bamos. Le muestro a Artemis Cooper una lista que he confeccionado con los nombres de las amantes que aparecen identificadas en su libro. Elizabeth Pelly, con la que perdi\u00f3 la virginidad; Nellie Lemar, la hija del verdulero de Dover Street, el romance que condujo a su expulsi\u00f3n de la King\u2019s School, pese a que la cosa no pas\u00f3 por lo visto a mayores; Xenia Csernovits, Penka Krachanova, Angy Dancos, la encantadora princesa Balasha Cantacuzeno \u201316 a\u00f1os mayor, casada con un diplom\u00e1tico espa\u00f1ol, con la que vivi\u00f3, apenas veintea\u00f1ero, un hermoso romance en Baleni, la finca de la familia de ella, en Besarabia\u2013, Denise Menasce; Juliette Gr\u00e9co \u2013con la que tuvo un asunto durante el rodaje en \u00c1frica de Las ra\u00edces del cielo, filme del que fue guionista\u2013, Judy Montagu, Lyn\u00ad\u00addall Birch, Ricki Huston\u2026 \u201cTuvo muchas amantes, s\u00ed, solteras y casadas, siempre result\u00f3 muy atractivo para las mujeres, obviamente. En su relaci\u00f3n con Joan no hab\u00eda celos sexuales. En su caso, el matrimonio era una especie de forma elevada de la amistad. Joan sinti\u00f3 mucho no tener hijos, pero Paddy no demasiado. Eran un poco como Peter Pan y Wendy. Paddy tuvo siempre algo de ni\u00f1o eterno, algo de \u00e9l nunca creci\u00f3, y Joan se encarg\u00f3 de cuidarlo\u201d. De hecho, mucho tiempo lo mantuvo. Joan, hija del vizconde Monsell, era una mujer fascinante a la que le encantaban el viaje y la fotograf\u00eda. Ocho a\u00f1os mayor que Paddy, nunca fue posesiva, ni celosa. Aunque Cooper cita un \u00e1spero episodio en el que le lanz\u00f3 billetes para que se buscara una chica. Paddy pas\u00f3 etapas desatado, y alguna an\u00e9cdota del libro es elocuente de su promiscuidad, como cuando una amante le reproch\u00f3 haberle contagiado ladillas (uno de los felices animalillos se lo encontr\u00f3 la chica en una ceja) y \u00e9l le explic\u00f3, campechano, que se las hab\u00eda pasado \u201cuna zorra\u201d en Atenas. La bi\u00f3grafa recoge \u00edntegra una divertida carta de Paddy sobre los embarazosos par\u00e1sitos que sorprender\u00e1 a los lectores de El tiempo de los regalos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abHab\u00eda un loco valor en \u00e9l. Su intrepidez le llevaba a pedir fuego en lso bares a los soldados alemanes\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cooper recuerda que Paddy hab\u00eda sido casi abandonado a los cinco a\u00f1os al separarse sus padres. Su madre era una actriz y mujer de car\u00e1cter. \u201cMi abuela, que era mayor para ser su amante, lo adopt\u00f3 de alguna manera\u201d. La bi\u00f3grafa no deja de mostrar en el libro el lado muy triste, amargo y hasta ocasionalmente s\u00f3rdido que tuvo la (por otro lado, felic\u00edsima) relaci\u00f3n entre Paddy y Joan. Cuando \u00e9l consider\u00f3 que ya estaba maduro para ser padre, ella tuvo que someterse a una histerectom\u00eda. \u201cPero Paddy no era un hombre destructivo\u201d. Cuando hab\u00eda rupturas no entend\u00eda nada. La muerte de Joan, en 2003, al resbalar en el ba\u00f1o y golpearse la cabeza, fue una de las grandes tragedias de su vida. Comprendi\u00f3 finalmente cu\u00e1n irremplazable era.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le digo a Artemis Cooper que se me hace raro el que con tantas aventuras y haza\u00f1as militares \u2013acab\u00f3 la guerra con el rango de mayor y condecorado\u2013, por no hablar de las \u00e1guilas doradas, las cig\u00fce\u00f1as, los monasterios de Meteora, los vaivodas y los pechenegos, hayamos empezado hablando del coraz\u00f3n de Paddy. \u201cTodo es igualmente interesante en su vida. El h\u00e9roe arrojado&#8230; Hab\u00eda un loco valor en Paddy. Recuerdo a un guerrillero cretense horriblemente asustado de esa intrepidez que le llevaba a pedir fuego en los bares a los soldados alemanes. Le encantaba jugar con el peligro. Hab\u00eda mucho de bravuconer\u00eda. De gallard\u00eda, de panache, lo que los griegos denominan leventeia. Era su lado Lord Byron. Paddy pensaba que no hab\u00eda nada imposible. El secreto de la operaci\u00f3n de secuestro de Kreipe fue que Paddy se neg\u00f3 a creer que no pudiera hacerse. En realidad tuvieron mucha, much\u00edsima, suerte; fue algo incre\u00edble\u201d. La emboscada, con \u00e9l y Moss (de gatillo m\u00e1s f\u00e1cil) vestidos con uniformes de sargentos alemanes, funcion\u00f3, y luego atravesaron 22 puestos de control en el mismo coche del general, que calific\u00f3 la acci\u00f3n de \u201cardid de h\u00fasar\u201d. Las haza\u00f1as b\u00e9licas tienen su reverso siniestro: provocaban muertes y represalias. Al ch\u00f3fer de Kreipe, en esa aventura con ribetes de pel\u00edcula [y de la que precisamente se hizo un filme, con Dirk Bogarde (!) en el papel de Paddy], lo degollaron los partisanos cretenses. \u201cOh, s\u00ed, es algo oscuro, no pod\u00edan llevarlo con ellos, ni dispararlo, as\u00ed que usaron el cuchillo\u201d. Otro episodio lamentable, que Cooper explica con detalle, fue el accidente que provoc\u00f3 la muerte de uno de los l\u00edderes guerrilleros, Yanni Tsangarakis, al dispar\u00e1rsele el arma a Paddy en un escondite y alcanzar toda una r\u00e1faga de seis balas, que ya son balas, al cretense. La cosa ser\u00eda risible si no fuera tan terrible. Durante muchos a\u00f1os, Leigh Fermor estuvo expuesto a la venganza de sangre de los parientes del muerto. El hermano una vez le acech\u00f3 con un rifle. Cooper tambi\u00e9n revela la animosidad entre nuestro hombre y los comunistas, que aprovecharon el suceso para denostarlo como traidor. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, alguien le puso una bomba en el coche en Grecia, a \u00e9l, que tanto amaba a los griegos y tan amado era por la mayor\u00eda de ellos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la guerra hizo muchas otras cosas que han quedado oscurecidas por el secuestro de Kreipe. Salv\u00f3 un ca\u00f1\u00f3n (lo que siempre es un punto en el historial militar de un brit\u00e1nico) durante la retirada de Grecia, comand\u00f3 un caique armado en el que evacu\u00f3 al pr\u00edncipe Peter y abdujo, con su consentimiento, a otro general, el italiano Carta, que se pas\u00f3 a los Aliados. Se adapt\u00f3 bien a la lucha clandestina organizando a los andartes, los fieros guerrilleros cretenses, bajo el nom de guerre de Mihali y ataviado un tanto carnavalescamente \u2013le encantaba disfrazarse\u2013. Dec\u00eda que solo echaba en falta en la dura vida en las monta\u00f1as el cepillo de dientes. Parece que sus andanzas inspiraron en parte Los ca\u00f1ones de Navarone. Entre las operaciones en las que se vio luego involucrado figuran un intento de rescate en Colditz y la persecuci\u00f3n de los Werewolfen, la resistencia nazi. El guerrillero sigui\u00f3 siempre en \u00e9l y era capaz de moverse con un sigilo asombroso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hab\u00eda un punto muy esnob en \u00e9l. Le encantaba la gente rica y con apellidos, los arist\u00f3cratas que le invitaban a sus castillos, alternar con la cream de la sociedad, de cualquier sociedad. \u201cPor supuesto. Aunque esnobismo quiz\u00e1 no es la palabra. Le fascinaban los personajes de las grandes familias. Era como una extensi\u00f3n de su pasi\u00f3n por la historia. Los ve\u00eda como historia viva. La idea de que Balasha estuviera en contacto directo din\u00e1sticamente con los emperadores de Bizancio en toda su gloria a\u00f1ad\u00eda glamour a su amor por ella. Se sent\u00eda cercano a los Cantacuzeno, parte de la familia. Hab\u00eda, claro, una gran dosis de romanticismo en todo eso. Paddy era un gran rom\u00e1ntico\u201d. Leigh Fermor ten\u00eda el secreto, el knack, de resultar irresistible a toda esa gente, seguramente porque conjuraba, con su alegr\u00eda, ganas de vivir e insaciable curiosidad, su inveterado aburrimiento. Ten\u00eda grandes contactos \u2013era un especialista en cre\u00e1rselos\u2013 que le facilitaron la vida. Una vida pijibohemia. Era un hombre optimista y divertido, y junto a los episodios \u00e9picos y rom\u00e1nticos hay en su vida momentos c\u00f3micos dignos de un Tartarin o un Cacaseno. Hay tambi\u00e9n innumerables farras y borracheras memorables. En Alejandr\u00eda, \u00e9l y sus compa\u00f1eros del Special Operations Executive (SOE) se ganaron una reputaci\u00f3n de fiesteros \u2013inventando c\u00f3cteles con benzedrinas\u2013, paralela a la fama de su arrojo en el mundo proceloso de la guerra de guerrillas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La biograf\u00eda recorre magistralmente la vida de Paddy y su obra y est\u00e1 llena de an\u00e9cdotas apasionantes y de encuentros. Kim Philby, Robert Byron, Paul Morand, Laurens van der Post, John Pendlebury, Woodhouse, Katsimbalis, Seferis, Runciman, Toynbee, Dylan Thomas, Ian Fleming, Lucian Freud, Errol Flynn, John Huston, Balthus, Chatwin\u2026 La amistad con Lawrence Durrell ocupa varios pasajes. De Paddy alguien dijo que ser\u00eda fant\u00e1stico convertirlo en p\u00edldoras para darle a la gente cuando se sintiera deprimida. A veces se le iba la mano, como cuando brome\u00f3 con la tartamudez de Somerset Maugham y este lo ech\u00f3 de su casa. Tuvo una vida muy n\u00f3mada. Le gustaba Espa\u00f1a y pas\u00f3 temporadas en casa de amigos en Andaluc\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Paddy, que carec\u00eda de estudios, tampoco tuvo nunca un trabajo fijo estable. El dinero aparece como una preocupaci\u00f3n constante en buena parte de su vida. \u201cNo ten\u00eda ning\u00fan apoyo econ\u00f3mico, al contrario, ten\u00eda que apoyar a su madre. Joan le respaldaba, pero la asignaci\u00f3n de ella no permit\u00eda vivir desahogadamente a dos personas de su nivel. Hizo algo de periodismo, tradujo. La \u00fanica vez que tuvo un trabajo fijo, en Atenas, fue un desastre. De hecho, lo despidieron. Decidieron irse a vivir al extranjero porque era m\u00e1s barato. Era una vida de artista. En realidad tuvo mucha suerte\u201d. No dud\u00f3 en vivir del dinero de Joan y en pedir prestado. \u201cY a menudo no devolv\u00eda lo que le daban. Ten\u00eda amigos ricos. Viv\u00eda en un mundo de ilusiones alejado de la realidad. Al mismo tiempo hay que recordar que era un hombre de una gran generosidad de esp\u00edritu, siempre capaz de ofrecer amistad y hospitalidad\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde el punto de vista literario, Artemis Cooper confirma algo que sospech\u00e1bamos: Paddy fabul\u00f3 mucho de ese inolvidable paseo de adolescente por Europa que recoge en El tiempo de los regalos y su continuaci\u00f3n Entre los bosques y el agua (escritos, respectivamente, cuarenta y cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s del viaje), como de hecho hizo con otros sucesos de su vida. \u201cHay muchos ejemplos en el libro de interacci\u00f3n entre su recuerdo y su imaginaci\u00f3n, por ejemplo, en el episodio de la cabalgada en la llanura h\u00fangara, en un trayecto que en realidad hizo a pie\u201d. En la biograf\u00eda, Cooper reconstruye todo el viaje \u2013que Leigh Fermor, a la vez perezoso y patol\u00f3gico perfeccionista de la escritura, dej\u00f3 literariamente inconcluso\u2013 y recoge la llegada de Paddy a Constantinopla el 31 de diciembre de 1935 y su visita de la ciudad, que era el so\u00f1ado objetivo de su periplo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En septiembre aparecer\u00e1 The broken road, la esperad\u00edsima tercera parte del viaje de Leigh Fermor caminando por Europa a los 18 a\u00f1os. As\u00ed, despu\u00e9s de muerto culminar\u00e1 literariamente ese incre\u00edble trayecto que realiz\u00f3 en 1933-1934. \u201cEs un material extraordinario\u201d, dice Cooper, que se ha encargado con Colin Thubron de la edici\u00f3n de ese m\u00edtico tercer libro, de cuyas escritura y complejas vicisitudes trata abundantemente en la biograf\u00eda. El trayecto de The broken road (el t\u00edtulo es de Cooper y Thubron y hace referencia a la calidad de la obra inacabada del manuscrito de Leigh Fermor, aunque es un texto bell\u00edsimo) lleva desde las Puertas de Hierro del Danubio, donde nos hab\u00edamos quedado, hasta la anhelada Constantinopla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras Artemis Cooper apura su t\u00e9, abro la carpeta que llevo y extiendo sobre la mesa algunas de las cartas que me envi\u00f3 Paddy a lo largo de los a\u00f1os. Juntos miramos en silencio la letra caracter\u00edstica. \u00bfC\u00f3mo fue su muerte? \u201cMuri\u00f3 en paz y plenamente consciente. Los \u00faltimos d\u00edas en Grecia estaba muy delicado. El tumor de garganta que le hab\u00edan extirpado volvi\u00f3 a crecer, hubo que hacerle una traqueotom\u00eda. Quer\u00eda volver a Inglaterra a toda costa. Traerlo fue muy complicado, casi como una operaci\u00f3n militar. Muri\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente de regresar a Dumbleton\u201d. Paddy hab\u00eda seleccionado para su funeral las mismas lecturas que para el entierro de su esposa. La ceremonia fue en la iglesia de Saint Peters. Su amigo, albacea y tambi\u00e9n grand\u00edsimo escritor de viajes, Colin Thubron ley\u00f3 The garden of cyprus, de Sir Thomas Browne, el complejo discurso neoplat\u00f3nico sobre el arte y la naturaleza que tan bien se correspond\u00eda con la personalidad culta hasta la extravagancia de Paddy. Luego se cant\u00f3 el Vedrai carino, de Don Giovanni (!), y un m\u00fasico de los Irish Guards, el que fuera su regimiento, interpret\u00f3 The last post con la corneta. \u201c\u00cdbamos a ponerle una rosa en las manos, pero al final le colocamos en ellas un ejemplar de El tiempo de los regalos. El regalo que nos hizo a todos. Con su amistad, su vida, sus libros\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Vuelvo a mirar las cartas, con membrete de Kardamyli o de The Mill House, la casa de Dumbleton, en el Worcestershire, la letra temblorosa, \u201cDear Jacinto\u201d. Una vez me hizo leerle Horacio en lat\u00edn para ver c\u00f3mo sonaba dicho por alguien que hablaba espa\u00f1ol. Me regal\u00f3 la edici\u00f3n original de Ill met by moonlight, el libro de Moss sobre la Operaci\u00f3n Kreipe. Otra vez le habl\u00e9 de una atractiva joven rumana que hab\u00eda conocido \u2013seguramente por emularle, ya que no pod\u00eda secuestrar a un general nazi (no sabr\u00eda por d\u00f3nde empezar)- y que me hab\u00eda iniciado en la lectura de Blaga y Eminescu. Yo le consideraba un amigo. Nunca tendr\u00e9 otro igual. \u201cEra una gran persona\u201d. Se me humedecen los ojos, y al levantar la vista veo que a Artemis Cooper, tambi\u00e9n. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda en \u00e9l? \u201cEra generoso\u201d. Anhel\u00e1bamos reflejarnos en el h\u00e9roe, el aventurero, el seductor, el rom\u00e1ntico, el hombre que escrib\u00eda cosas tan hermosas, el ni\u00f1o lleno de amor por la vida. Artemis Cooper se vuelve a levantar, pero esta vez no para bailar, sino para buscar una servilleta con la que se enjuga las l\u00e1grimas sin disimulo. Paddy\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El \u00faltimo aventurero rom\u00e1ntico H\u00e9roe de la Segunda Guerra Mundial, viajero incansable, escritor y vividor, Sir Patrick Leigh Fermor fue un Lord Byron del siglo XX. Una biograf\u00eda recorre la intimidad de su arrolladora existencia \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0 Obituario, el viajero eterno a Bizancio &nbsp; Jacinto Ant\u00f3n Es el efecto que provoca el recuerdo del [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-10025","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10025","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10025"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10025\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10026,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10025\/revisions\/10026"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10025"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10025"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10025"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}