{"id":10164,"date":"2013-07-21T10:22:48","date_gmt":"2013-07-21T16:22:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10164"},"modified":"2013-07-21T10:22:48","modified_gmt":"2013-07-21T16:22:48","slug":"los-80-anos-de-un-hombre-llamado-vicente-lenero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=10164","title":{"rendered":"Los 80 a\u00f1os de un hombre llamado \u00abVicente Le\u00f1ero\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><strong>Vicente Le\u00f1ero en sus 80 a\u00f1os<\/strong><\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Mar\u00eda Espinasa<\/strong><\/p>\n<p>2013 es un a\u00f1o de celebraciones para Vicente Le\u00f1ero, uno de los m\u00e1s importantes narradores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. Le\u00f1ero nace en Guadalajara en 1933 \u2013cumple, pues ochenta a\u00f1os\u2013 y en 1961, despu\u00e9s de terminar sus estudios de ingenier\u00eda, se da a conocer como escritor con el libro La voz adolorida. R\u00e1pidamente se vuelve protagonista de las letras mexicanas, y suma a su incansable trabajo como editor y periodista una constante actividad literaria que no se limitar\u00e1 a la narrativa, sino que se extender\u00e1 con el tiempo a otros g\u00e9neros, como el teatro y el gui\u00f3n de cine.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>la aparici\u00f3n en 1963 de Los alba\u00f1iles, que cumple cincuenta a\u00f1os, distinguida con el Premio Biblioteca Breve, pareci\u00f3 proyectarlo, junto a Carlos Fuentes, como el otro protagonista mexicano del boom. La novela es hoy por hoy un libro de referencia y ha aguantado mucho mejor que otras novelas de sus contempor\u00e1neos el paso del tiempo. Pero Le\u00f1ero no fue el protagonista que se esperaba del boom, simplemente sigui\u00f3 siendo un gran escritor. El libro M\u00e1s gente as\u00ed, de reciente publicaci\u00f3n, se abre precisamente con un retrato de su relaci\u00f3n \u2013sus desencuentros\u2013 con Carmen Balcells, pieza fundamental del tinglado econ\u00f3mico-publicitario que llamamos el boom.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Siempre me ha llamado la atenci\u00f3n el alto nivel cualitativo de la literatura de Le\u00f1ero, y la presencia tan evidente de eso que llamamos oficio. Es, entre los novelistas de su generaci\u00f3n, la que va digamos de Carlos Fuentes (1927) a Fernando del Paso (1935), el m\u00e1s profesional de los escritores. Utilizo, al menos en esta ocasi\u00f3n, el calificativo como un elogio. Cada vez que leo un libro suyo, su capacidad me sorprende, ya sea en sus novelas m\u00e1s directamente literarias o en esas non fiction novel, como Los periodistas o Asesinato. Cuando le\u00ed esta \u00faltima me dej\u00f3 at\u00f3nito que el mamotreto de quinientas p\u00e1ginas me lo hubiera le\u00eddo de corrido y, como dice la cursiler\u00eda popular, en un suspiro. Su condici\u00f3n estrictamente documental no evitaba leerla como un thriller pol\u00edtico-psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ese profesionalismo, ese oficio, est\u00e1 puesto al servicio de la obra con gran inteligencia. Todos los textos de Le\u00f1ero son obra personal, incluso los que se pueden considerar estrictamente pedidos laborales \u2013como un gui\u00f3n de cine, por ejemplo\u2013, y eso los vuelve notable literatura. M\u00e1s all\u00e1 del experimentalismo de algunas de sus novelas, es un autor ligado al realismo, a un realismo deudor de las pr\u00e1cticas del reportero. Hace unos a\u00f1os, cuando apareci\u00f3 Gente as\u00ed, a la que podemos considerar primera parte del libro que la publicaci\u00f3n de M\u00e1s gente as\u00ed completa, mi entusiasmo fue absoluto y lo le\u00ed dos veces una detr\u00e1s de otra, y despu\u00e9s vuelvo a sus relatos-reportajes con frecuencia. Su homenaje a Rulfo me hace re\u00edr con ganas y me permite ver su capacidad para homenajear al amigo y al escritor incluso en la parodia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hacer del chisme una obra maestra requiere sin duda un gran talento. Le\u00f1ero consigue, adem\u00e1s, que al ser extraordinarios retratos de \u00e9poca, dejen de ser chismes. Juegos anecd\u00f3ticos y verbales, entramados referenciales y auto referenciales (en muchos de los textos el protagonista es el propio Le\u00f1ero, como figura p\u00fablica pero tambi\u00e9n como figura familiar o personal, los puentes entre los diferentes niveles est\u00e1n trazados por el trato, la amistad y la admiraci\u00f3n) le permiten distanciar los textos, emotivos y emocionantes, pero sin chantaje dram\u00e1tico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le\u00f1ero es a veces un novelista realista con tintes pol\u00edticos, y rinde por ello homenaje a modelos como Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n, Rulfo o Revueltas, o incluso a compa\u00f1eros de generaci\u00f3n como Ibarg\u00fcengoitia. A la vez es un gran lector de Arreola, de la literatura fant\u00e1stica, de la polic\u00edaca y de la experimental (en \u201cLas uvas estaban verdes\u201d cuenta las desgracias de Estudio Q, cuando el mercado reclama realismo m\u00e1gico). Eso le permite ser muy vers\u00e1til. A eso agrega su capacidad de escuchar el habla, su o\u00eddo para los giros idiom\u00e1ticos (s\u00f3lo comparable al de Ricardo Garibay). Por eso prolonga las b\u00fasquedas de la narrativa de la Revoluci\u00f3n Mexicana en un contexto urbano y con introspecciones psicol\u00f3gicas e intimistas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por eso puede afrontar la vida de Morelos como materia narrativa desde una historia de amor y no desde el car\u00e1cter \u00e9pico de la lucha independentista en M\u00e1s gente as\u00ed. Le\u00f1ero admira el sesgo negro con que Ibarg\u00fcengoitia retrat\u00f3 a Hidalgo en Los pasos de L\u00f3pez, pero no es ese su tono. El guanajuatense humaniza al subrayar en los h\u00e9roes la condici\u00f3n de claroscuro; Le\u00f1ero en cambio los humaniza al volverlos sujetos de pasiones menores en las que se conserva el sino tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este d\u00edptico \u2013Gente as\u00ed y M\u00e1s gente as\u00ed\u2013 Le\u00f1ero muestra su extraordinario nivel como cuentista. A la vez que propone una condici\u00f3n contextual o circunstancial del relato, pues disfraza el cuento de cr\u00f3nica, de reportaje, de confesi\u00f3n, de confidencia e infidencia, o hasta de ensayo, es decir de cuento en un sentido muy intenso. La palabra \u201cgente\u201d en ambos t\u00edtulos encierra una de las claves. Antes, no s\u00e9 si se sigue haciendo ahora, los profesores de redacci\u00f3n se\u00f1alaban el peligro del t\u00e9rmino, su condici\u00f3n de plural singular, y el retint\u00edn un tanto despectivo del t\u00e9rmino: la gente es distinto de las personas, parece darles (a ellas, a quienes designa) un sentido ordinario, gregario, com\u00fan, las despersonaliza precisamente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le\u00f1ero hace exactamente lo contrario: las individualiza y las vuelve relevantes en su condici\u00f3n com\u00fan, \u00e9l incluido. Por eso su Gente as\u00ed resulta profundamente iconoclasta, divertida, con humor y con profundidad al mismo tiempo. La gente se vuelve(n) gentes sin desdoro gramatical. La verdad, con min\u00fascula o con may\u00fascula, es un personaje m\u00e1s de la ficci\u00f3n. El maestro del periodismo y del teatro, del guion cinematogr\u00e1fico y de la novela, es tambi\u00e9n, en una tradici\u00f3n que los tiene extraordinarios, uno de nuestros mejores cuentistas. As\u00ed, agradeci\u00e9ndole el placer de leerlo, me quiero sumar a la celebraci\u00f3n de sus ochenta a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vicente Le\u00f1ero en sus 80 a\u00f1os Jos\u00e9 Mar\u00eda Espinasa 2013 es un a\u00f1o de celebraciones para Vicente Le\u00f1ero, uno de los m\u00e1s importantes narradores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. 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